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Dramaturgia
 
Teatristas fundamentales (*)
por Bernardo Carey
 
La mesa redonda de hoy es una invitación a mirar hacia atrás. "Una mirada atrás vale más que una hacia delante", decía Arquímedes. Pero el pasado no se entrega rápidamente, uno mira hacia atrás y por más que se esfuerce sólo ve sombras. Sombras alfabéticas... o cronológicas pero, a simple vista, indescifrables para mi. ¿Confundo la sombra de Arlt con la sombra de Esquilo? ¿Aquella es la sombra de Dioniso? ¿Esta otra, la de Amapolas, el gigante? ¡Y más sombras! Siguen en mi cabeza dando vuelta sombras... de ayer nomás, sombras de hace unos minutos! Miles de sombras. Miles de sombras inabarcables. ¡Qué confusión de sombras! Para peor uno es corto de vista. ¿Con qué linterna iluminaré esas palideces? ¿Habrá alguna luminaria cuyo haz de luz no esté acotado? O, finalmente, sin remedio y sin pudor, omitiré sombras viajeras, efímeras... ¿Debo castigarme por estas flaquezas de la memoria? No, no, no. ¿De qué vale saber si esas omisiones son justas o injustas? ¿Los jacobinos no echaron a Goldoni, junto a Luis XVI por la ventana de la revolución? ¿Cuántos fundamentales arrojaré yo por la ventana en esta retrospectiva sombría? Seguramente a muchos. Acepto esta limitación. Simplemente se reducen entonces los postulantes en esta pasarela del recuerdo.

Veamos. La propuesta procura que las sombras sean "fundamentales", nada de sombras de un día, nada de admiraciones pasajeras derrumbadas por la realidad o por el comportamiento posterior del admirado o por nuestras propias opiniones cambiantes. Nada de eso. Sombras sólidas es lo que se pretende. "Fun-da-men-ta-les".

Para ir rumbeando los recuerdos, lo mejor, entonces, es, por mis costumbres... digamos... librescas, acudir a la etimología de la palabra "fundamentales". Según Corominas la palabreja "fundamentales" aparece en la segunda mitad del siglo XIV, digamos entre el año 1350 y el año 1399. "Fundamentales" es tomado del latín "fundare", poner los fundamentos y hacia 1440 da lugar a "de profundo": "profundidad". "Fundare" viene, a su vez, del sustantivo "fondo", de 1220-50, que viene del latín "fündus". No hay registros previos. Nada de griego ni de arameo en el origen de "fundamentales". La aparición de esta palabra coincide -siglo XII, XIII, XIV- con la aparición de la "mercancía" capitalista, con el nacimiento de la burguesía en Europa Occidental, con el comienzo del período "moderno" en sentido amplio, según los historiadores contemporáneos. Recalco: comienzo del período moderno.Pero-Grullo: ¡Hay "fundamentales" sólo entre los modernos! Dejo afuera todo el espectro griego. Plauto incluso, Séneca... La pasarela de mi sombría elección se achica en grado sumo.

Se achica. ¿Pero lo necesario? Me parece que no. Me han dicho, que hay ciertos indicios de que una adhesión metódica, persistente, a la vida de las sombras, una capacidad para identificarse profunda y críticamente con sombras pasadas, frena nuestra capacidad imaginativa, nuestra libertad creadora, nuestro... no se como llamarlo... romanticismo... He visto hombres que lloraban con Shakespeare o con Florencio Sánchez, y que se movían, sin darse cuenta, en un infierno material.

Impulsado más que nunca por este pensamiento limitador volví a mi Corominas a la pesca de la palabra "teatrista". Sólo encontré "teatro" del latín "theätrum", 1275, tomado a su vez del griego "théatron" derivado de la voz "yo miro, contemplo". (En griego, naturalmente.) Nada de "teatrista". "Teatrista"... "teatrista"... artista... oficinista... no, no. No puede ser. Pero hay, en uso, una palabra parecida que creo haber oído en lugares más bastos que éste: "teatrero". ¿Será lo mismo? Lo busco en el Corominas. No hay caso Corominas sólo acepta, además de teatro, como ya hemos visto, "teatral" -siglo XVI- "teatralidad"y "anfiteatro" -1490-. ¡"Teatrero"! "Teatrero"... "teatrero"... ¿Compañero..? Compañero... ¿Montonero? En fin: palabras... ¿Neologismos? En la inauguración de este Congreso escuché también una palabra tan extraña como "teatrista", como "teatrero". Escuchen bien. La dijo mi amigo Pellettieri. "Maestrandos...". A uno se le redondea la boca diciéndolo. "Maestrando". Tiene que ver con la maestría. Equivale a maestro con chapa, recibido, creo. Si le pregunto a Corominas temo que me conteste con la consabida chuscada: "¿Maestro? ¡Más maestro será usted!"

En fin... la pasarela se redujo aún más, mi linterna se quedó sin pilas. Avanzo en busca de las sombras que restan. Busco en la opacidad la sombra salvador que me permita salir airoso de esta mesa. Si. Hay un espectro todavía, una silueta gigantesca. Al fin. Me acerco no sin cierto temor. Levanto mi mano. Tanteo su rostro. Es mi amigo, lo que llamamos el amigo del alma, es el fantasma de Carlos Correas, profesor de filosofía de esta Facultad de Filosofía y Letras donde nunca obtuvo la titularidad, ensayista, novelista, colaborador de la revista "El Ojo Mocho", escritor maldito que se suicidó en la mañana del domingo 17 de diciembre último cortándose la yugular primero y al no conseguir sus fines arrojándose por el aire-luz de su departamentito del barrio del Once, al estilo de la pelandusca Sofía de "300 millones", y que, como Zaratustra, me dice, con voz cavernosa: "No, no. Prescindí de mi, prescindí de mi..." y desaparece en la OSCURIDAD TOTAL, tras el TELÓN FINAL.

Quedaron sus libros. De uno de ellos "Arlt, literato", ediciones Atuel, Buenos Aires, 1995, rescato para la ocasión: "El lenguaje teatral es presentación de actos convertidos en objeto, es decir actos contemplados por un público, o, de otro modo, gestos. En teatro no hay más que gestos y la palabra es sólo una clase, la más nítida y unívoca de esos gestos.Por eso el público, al igual que el actor, crea la obra y le da, en el modo de revelar, el sentido. Es lo que llamaremos la modestia o el repliegue estético del lenguaje teatral."

Sólo gestos, entonces, ni teatristas ni teatreros. Gestos. Nada.

Les agradezco.

(*) Leído en la mesa redonda homónima, durante el "X CONGRESO INTERNACIONAL DE TEATRO IBEROAMERICANO Y ARGENTINO", organizado por el Grupo de Estudios de Teatro Argentino e Iberoamericano (GETEA) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, el 4 de agosto de 2001.
 
 

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