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Investigación-Cuestionario:
Mauricio Kartun y Carlos Gorostiza
Fuente: Juana Arancibia y Zulema Mirkin, 1992.
“Teatro argentino durante el proceso 1976-1983”
Bs.As. Editorial Vinciguerra.
 

MAURICIO KARTUN

1. ¿Bajo qué circunstancias comenzaste tu labor teatral?
En 1971 habiendo terminado un primer ciclo de estudios hice la dirección y el libro en una creación colectiva que nunca llegó a estrenarse. Se llamaba Agua de Colonia. Y su tema, que es una constante en mi obra, era el del dominio colonial sobre América Latina.

2. ¿Cuáles fueron las bases de tu formación como dramaturgo/a?
Comencé estudiando dramaturgia con pedro D’Alessandro en Nuevo Teatro. Luego dirección con Oscar Fessler. Técnica teatral con Augusto Boal. De allí en más mi formación fue de carácter práctico.

3. ¿Qué obras escribiste durante el Proceso?
Las consignadas más arriba, entre 1976 y 1983.

4. De esa producción dramática, ¿cuántas pudieron ser estrenadas?
Todas ellas fueron estrenadas.

5. ¿La presión del contexto socio-político hizo necesario que adoptaras nuevas técnicas de comunicación o experimentaras con otros medios?
El cine, la radio y la televisión fueron terreno vedado para la mayoría de los artistas argentinos, durante esa época. En teatro, opté como la mayoría de mis compañeros dramaturgos por el uso de metáforas más o menos elocuentes, que intentaban reflejar el estado de las cosas por entonces.

6. ¿Cuál era durante ese período histórico, según tu criterio, la función del teatro?
Como en todo período histórico: la de catalizador de las imágenes de la cultura que la genera.

7. ¿La presión política llegó a ser tan asfixiante que te obligó a salir del país?
No. Permanecí en mi país durante todo esos años.

8. ¿Cómo lograste sobrevivir en un ambiente tan adverso a la creación artística?
Es cierto que la situación era adversa para la creación artística, pero mucho más lo fue en otros campos. Salarios de hambre, industrias desmanteladas, desaparecidos, corrupción política y administrativa. Al fin y al cabo es posible pasar algunos años sin crear, pero no es posible hacerlo sin comer. Sobreviví como la mayoría de mis compatriotas: aguantando y trabajando.

9. ¿Cuál es tu opinión sobre el fenómeno del Teatro Abierto?
Participé en Teatro Abierto con La casita de los viejos en el ’82 y con Cumbia morena cumbia, en el ’83. Teatro Abierto fue el gran fenómeno de solidaridad de los artistas contemporáneos argentinos. El ejemplo más claro de lo que puede la unidad. Chau Misterix, La casita… y Cumbia… responden a un sector común de mi imaginario: la evocación de imágenes de mi barrio natal. Las tres tienen ámbitos comunes, y en algún caso los personajes también lo son. En realidad todas ellas están escritas desde el mismo rincón de una vereda de San Andrés.

10. ¿Cuál es tu mensaje para los dramaturgos/as que recién se inician?
Que confíen más en sus imágenes y menos en sus ideas: es decir que se animen a ser poetas de la escena.



CARLOS GOROSTIZA

1. ¿Bajo qué circunstancias comenzaste tu labor teatral?
Desde 1943 en la lucha del Teatro Independiente para liberar a la escena argentina de los malos influjos del teatro totalmente comercial imperante en aquella época. En 1949 estrené en el conjunto La Máscara mi primera obra: El Puente.

2.¿Cuáles fueron las bases de tu formación como dramaturgo/a?
Sólo mis inquietudes personales, desarrolladas en la escritura de cuentos, poemas, y una novela interrumpida a raíz de mi repentina incursión en la dramaturgia. Además, mis actividades en el movimiento en calidad de actor.

3. ¿Qué obras escribiste durante el Proceso?
Los hermanos queridos (1978), El acompañamiento (1981-Teatro Abierto), Matar al tiempo (1982), Hay que apagar el fuego (1982-Teatro Abierto)

4. De esa producción dramática ¿cuántas pudieron ser estrenadas?
Todas menos Juana y Pedro. A pesar de las bombas y los incendios.

5. ¿La presión del contexto socio-político hizo necesario que adoptaras nuevas técnicas de comunicación o experimentaras con otros medios?
Evidentemente utilizamos la metáfora como forma posible de decir nuestras cosas. En cuanto a los otros medios, personalmente estaba prohibido mi nombre en el cine, la televisión y las radios oficiales.

6. ¿Cuál era durante ese período histórico, según tu criterio, la función del teatro?
La función de nuestro teatro durante ese período fue la de convertirse en punto de encuentro con un público –una ciudadanía- que necesitaba expresarse por lo menos viviendo la catarsis de un espectáculo.

7. ¿La presión política llegó a ser tan asfixiante que te obligó a salir del país?
Me vi obligado a salir del país durante unos duros meses de 1978, después de mis estrenos, como autor y director en la temporada del Teatro Lasalle.

8. ¿Cómo lograste sobrevivir en un ambiente tan adverso a la creación artística?

9. ¿Cuál es tu opinión sobre el fenómeno del Teatro Abierto?
Algo que me ayudó muchísimo : poder al fin, con tiempo y espacio cerrado, dedicarme a escribir mi primera novela, tarea que me debía desde mi adolescencia. Lego, aprovechando el mismo estado de cosas y un personal gusto por el primer trabajo, escribí la segunda novela: Cuerpos presentes. Olvido  decir que la primera llevó como título: Los cuartos oscuros. Otro hecho que me ayudó mucho: colaborar en la creación y realización de Teatro Abierto, un movimiento que se convirtió en una auténtica militancia política más allá de nuestras iniciales intenciones concientes. Aquí participé también como autor: El acompañamiento (1981) y Hay que apagar el fuego (1982). Después me alejé de la participación porque entendí que la razón de ser de Teatro Abierto había ya caducado ante el surgimiento del estado democrático. Acabo de terminar una obra: El Frac Rojo, que estrenaré –ya está el contrato firmado- en abril de 1988. Estoy terminando una novela cuyo título es Basural y que espero publicar también en el próximo año. Estas dos tareas fueron emprendidas por mí a mi regreso a la vida “normal”, después de más de dos años de entrega y colaboración con el fortalecimiento del estado democrático ocupando el cargo de Secretario de Estado de Cultura en el gabinete del doctor Alfonsín.

10. ¿Cuál es tu mensaje para los dramaturgos que recién se inician?
No creo que haya mensajes válidos para los más jóvenes. Tal vez sólo uno: escucharse a sí mismo. Lo mejor está allí adentro. Pero no olvidarse de cotejarlo con los “adentros” de los demás. Y después… trabajar, trabajar, trabajar.

 
 

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