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Teatro: ¿una experiencia frustrada de Manzi?
por Bernardo Carey
 

Homero Manzi escribe en 1923,  a los dieciséis años de edad,  su primer tango: “Viejo ciego”. En 1937, a los treinta, junto a Hugo McDougall, adapta al cine sonoro la película muda “Nobleza gaucha”. Desde esas fechas y en  ambos géneros desarrolla una larga, profunda, creativa actividad. También milita en FORJA, produce filmes e integra SADAIC. Un hombre del Renacimiento como he dicho en otro lado, que desde muchacho se compromete con su tiempo.

No es de extrañar entonces que junto a su laureado amigo,  también de nombre egregio, Ulises Petit de Murat, con quien colabora en numerosos proyectos fílmicos, intente en 1945  la escritura de  una obra teatral.

No había cumplido, entonces, cuarenta años –Ulises tampoco- cuando   escriben y  estrenan   “La novia de arena”, poema dramático en tres actos sobre el romance de Elisa Brown, hija del Almirante Brown, quien, según la leyenda,  se suicidó de amor  internándose en el mar.  El estreno se produjo el 7 de marzo de 1945 en el  Teatro Odeón por la Compañía Argentina de Comedia de Delia Garcés con puesta en escena de Alberto de Zavalía y actuación,  entre otros, de la misma Delia Garcés, Milagros de la Vega, Alba Castellanos, Margarita Corona, Alita Román, Domingo Sapelli, Enrique Alvarez Diosdado y Orestes Caviglia en el papel del Almirante. Un elenco de lujo.

 Las críticas salvo “La Nación” que la califica de “obra de jerarquía” y “un bello espectáculo de teatro nacional”  les fue muy esquiva. “La Prensa” observa “Es sensible que la anécdota resulte pobre, con repetición e insistencia en idénticos motivos” y “el diálogo, frondoso por momento abusó de frases rebuscadas y poco sólidas”. “Crítica” disculpa que haya “cierta cargazón en el elemento dramático y algún exceso de imágenes y metáforas, con (sic) detrimento de la naturalidad y la sencillez que deben  primar en el teatro.” El diario“La Razón” es lapidario: “Transcurre “La novia de la (sic) arena” en permanente clima de letanía y total predominio de ese tipo de prosa lírica … vieja y en desuso.” El colmo del insulto, de la defenestración, tan cara, siempre, a nuestra crítica, es la de “El Nacional”: “Homero Manzi y Ulises Petit de Murat son dos señores que están muy bien ubicados en el cine, ganan dinero, y como en el cine “el bombo” se maneja más que en las bandas de los circos, gozan de favorable notoriedad… (y) creen que es de una belleza penetrante una literatura que resulta a veces de tarjeta postal y otras la rebuscada letra de ciertos tangos modernos…”.

Ajenas estas diatribas a la transparencia, claridad y colorido de sus poemas hechos letras de tango y de sus guiones cinematográficos. De su vida misma. Pero como hombre de su tiempo es posible que estuviera atrapado por las dos tendencias que más allá del  teatro independiente en gestación, durante mucho tiempo imperaron en  la escena porteña.

Desde fines del siglo XIX la literatura teatral había  florecido vigorosamente tanto en el campo llamado culto siguiendo líneas trazadas ya desde la Sociedad del Buen Gusto del Teatro (1817) como en el campo popular  que a través de los primitivos espectáculos circenses desembocaron (1880) en los espectáculos teatrales saineteros y grotescos de principios del siglo XX.

 El texto de Homero y Ulises se acerca al llamado teatro culto, al de Vicente Barbieri que prologa la edición de su obra , al de Zavalía, de Ponferrada, de Rojas,  de incluso Eichelbaum. La obra, es cierto,  carece de lo que hoy llamaríamos técnica teatral; el “capricho” autoral supera la organicidad de las acciones, la historia, muy literaria y edificante, lo dice “todo”, como si fuera dirigida a un público reciente, campesino devenido burgués. 

 ¿Por qué empalma Homero con el llamado teatro “culto” y no con el “popular”? ¿Por excesos literatosos como dice la crítica?    ¿O porque lo “popular” estaba satisfecho con sus tangos y su cine y buscaba en lo “culto” un reconocimiento a su estatura intelectual? ¿O estaba construyendo su propio público?  

Cuatro años después –11 de junio de 1949- parece soslayar ese tropiezo y junto a Pedro M. Bruno y Antonio de Bassi con música de Francisco Canaro escribe “la letra” –al decir de las reseñas periodísticas-  de  la “revista musical” “Con la música en el alma”, subtitulada “Cinematográfica”, que cuenta con crítica más o menos complaciente por las características “populares” –el viejo arrabal de Mataderos y los estudios cinematográficos a la moda- de “corte habitual en el repertorio viejo y nuevo de Canaro”. No se sabe si hubo director de escena pero el elenco, muy popular, estuvo integrado por  Andrés Poggio “Toscanito”, Mecha Delgado,  Gloria Ramírez, Ubaldo Martínez, Alberto Dalbes,  Lalo Malcolm,  Félix Mutarelli y los cantores Francisco Amor, Alberto Arenas y Enrique Lucero y cuerpo de baile. ¿Es el comienzo de su incursión en un teatro más cercano a lo popular? (2). Sin embargo,  con una vuelta de tuerca convierte la propuesta teatral en una película que, con el mismo nombre,  estrena el 10 de enero de 1951. 

Cuatro meses después el destino troncha su joven vida y deja, por ahora, mis interrogantes sin respuesta y al teatro  sin un posible autor fecundo.

  1. “La novia de  arena”, editorial “El Quijote”, Buenos Aires, se puede consultar en la Biblioteca de Argentores.

(2)        El joven Gorostiza en el mismo mes de junio de 1949 inicia  con el estreno de “El puente” la aspiración de las generaciones posteriores a Homero de unir lo culto con lo popular , satisfecha todavía a medias.

 
 

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