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¿Quién le teme a Copi?
Por Silvia Hopenhayn
 

¡No al matriarcado! ¡Abajo el trabajo!¡Viva la muerte!¡La familia a la basura! El comic es un género que no le teme a las exclamaciones. Copi es un autor de comic que no le teme ni a la madre. Sus tiras comenzaron a aparecer en Le Nouvel Observateur cuando tenía veintitrés años y pocos pesos. Antes las vendía en la calle. En 1962, instalado en París luego del exilio en uruguay con su familia tras el ascenso de Perón (de quien otrora el padre de Copi, Raul Damonte Taborda fuera hombre de confianza), Copi repartía sus dibujos por la ciudad. Ya en Le Nouvel Observateur, donde nació La mujer sentada, seguían pidiéndole colaboraciones de otras revistas como Linus o Hara Kiri. Para el diario Liberation inventó el personaje Liberett. Pero su obsesión gráfica era con las mujeres y los animales (Las viejas putas y ¿Por qué yo no tengo una banana?). Siempre hay algún bicho en sus páginas, con o sin patas, con o sin sexo, listo para parodiar a los humanos..
Otro rasgo de su historieta es la ausencia de límites. Los personajes se sostienen solos, en un blanco firme, sin cuadritos que marquen el final de una situación. Son personajes que se entienden mejor sin referentes. Al igual que Copi. Inclasificable en Francia (ni hablar en la Argentina) fue, sin embargo, muy respetado por autores de cómic importantísimos, como el épico sádico Gotlieb.

HUMOR O MUERTE
En cuanto al texto que flota en sus historietas, tiene algo de sarcástico, pero también resuena la voz de un niño que pregunta por qué. Y el niño se vuelve niña y la madre se vuelve frígida y al padre lo violan cuatro vagabundos y no vuelve nunca más. Se cuelan cuentos infantiles, como la versión de Caperucita Roja. La madre usurpa el lugar de la hija que visita a la abuela cuando se entera de que el lobo es amante de su madre y juguetea con su hija. Busca al lobo para satisfacerse, pero lo que más quiere es casarse, aunque el lobo sea impotente. En otra página, esa misma madre (que no es otra que que la mujer sentada) atiende a su hijo que le pregunta acerca de la masturbación. Como las madres son liberales a falta de juicios (y, nuevamente, referentes) le dice que haga lo que su maestro le sugiera. Y ahí la vemos, presenciando como su pequeño muere de un infarto al masturbarse frente a ella.
En la historieta de Copi las cosas de la vida son siempre los extremos de la vida. Es como si la tomara de las puntas y la plegara hasta convertirla en un paquetito que con el tiempo se volviera redondo y alguno de sus animales sin brazos lo pateara hasta olvidarlo.
La vida de los dibujos de Copi es tiempo y cultura. Exilio y Freud, pero sobre todo los tics de la clase media. Otro ejemplo: Jerome cuenta con prevención a su madre que tuvo malos pensamientos. Ella lo tranquiliza diciéndole que todos los tenemos, que no se haga problema y lo deja ir. La curiosidad mata a la madre, a falta de gato. “Decime, Jerome, en qué pensaste?

El responde que la imaginó haciendo el amor con su papá. La madre, indignada vocifera: “¡Para eso pago cuatrocientos dólares por mes en ese colegio progre, para que creas que eso es un mal pensamiento!” Jerome, extrañado, le advierte que ahí no termina la escena, que en realidad todo es gracias al animal. Que su padre está teniendo sexo con un caballo y que el caballo tiene sexo con su madre y que él, Jerome, está montado sobre el lomo del caballo, gritando, feliz, y que finalmente les corta la cabeza a los dos. La cultura liberal no descansa en paz en Copi. Y, sin embargo, el amor está al alcance de la mano )lector, ¡no tenga usted también malos pensamientos!). El amor es ese sentimiento despojado de cultura. Es amor por ausencia. Un cuadrito en blanco.

¡OH! DE HOMOSEXUAL
La homosexualidad siempre está presente en las historietas de Copi, como pregunta o como respuesta. Donde mejor desarrolla el tema es en una obra de teatro que podría haber sido una historieta: El homosexual o la dificultad para expresarse (1971), no traducida al castellano. La protagonista lleva un apellido que después se volverá famoso en otro dibujito, también transgresor, a la manera americana: Madame Simpson. Es la historia entre Mme. Simpson, su hija Irina y la profesora de piano, Mme Garbo (Puig está cerca y quizá también el Cocteau de la Tour Eiffel). Tres mujeres que pelean por ser mujeres. Termina siendo una historia de transexuales, de víctimas y victimarios. Y de amor: Garbo quiere llevarse a Irina a Siberia. Es en esta obra donde Copi condensa sus apetitos literarios con una velocidad similar a la del cómic. César Aira, en su libro sobre Copi, escribe “(Copi) es sublime en esa veloz falta de esfuerzo, en la que Ruskin veía la marca del artista verdadero”.

¡MARILU!
La gracia de Copi es que libera los lenguajes (al soltar los burgueses a las fieras). Eso significa que se puede asar de la historieta a sus obras de teatro, de sus cuentos a la novela. La facilidad es la consigna del entendimiento (la facilidad, no la simpleza). La versión teatral que realizaron Alfredo Arias y Marilú Marini en la Sala Casacuberta del Teatro General San Martín es prueba de ello. La voz humana de estos actores –amigos de Copi en Paris- hace hablar a todos los animales que se rien del desencuentro esencial entre hombre y mujeres y juegan en ese vacío, intercambiando roles, partes del cuerpo, vestidos y costumbres. La escenografía, réplica fiel de los tres ascensores del propio teatro San Martín, permite que los dos actores entren y salgan sin otro límite que el del escenario mismo. La silla, único objeto, funciona como referente a la manera de Beckett, de la soledad en el espacio. Pero la silla, en la versión teatral del cómic, produce una simetría que en la historieta pasa inadvertida: el público también está sentado, como Ella.

Fuente: Revista Teatro, Bs.As. Año 4, Nº 7, junio 1998

 
 

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