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La historia de El Galpón
porJorge Dubatti
 

La nueva visita de mítico grupo uruguayo al Teatro San Martín y el reciente homenaje a uno de sus fundadores, Atahualpa del Cioppo, en este mismo teatro constituyen una ocasión ideal para repasar la trayectoria de esa institución emblemática.
Aquí se detallan los momentos más importantes de su historia y el sustento ideológico de su trabajo ejemplar.

La Institución Teatral El Galpón, fundada en Montevideo el 2 de septiembre de 1949, es uno de los equipos de teatro más importantes de toda la historia de la escena latinoamericana, no sólo en tanto colectivo de trabajo sino también por las notables individualidades artísticas surgidas de su seno o a él estrechamente vinculadas: Atahualpa del Cioppo, Hugo Ulive, Jorge Curi, César Campodónico, Mauricio Rosencof, Villanueva Cosse, Bernardo Galli, Rubén Yánez, Júver Salcedo, Mercedes Rein, Arturo Fleitas y muchos otros.

INDEPENDIENTES URUGUAYOS
El Galpón es sinónimo de teatro independiente. Se trata del elenco independiente de mayor permanencia y prestigio en el Río de la Plata y en el resto de Latinoamérica. Su génesis fue posible gracias a la fuerza con que se materializó el movimiento de teatro independiente en Uruguay a partir de 1937, al comienzo bajo el modelo propuesto en la Argentina siete años antes por Leónidas Barletta y su Teatro del Pueblo.
En Montevideo, el punto de partida fue el Teatro del Pueblo del Uruguay. Diez años después, en 1947, se creó la Federación de Teatros Independientes del Uruguay (FUTI), que reunió ya 18 instituciones. Andrés Castillo recuerda que en la Segunda Reunión General de Consejos Directivos, realizada en 1963, se establecieron definitivamente los llamados “Principios generales del Teatro Independiente Uruguayo”.

  1. Independencia: de toda sujeción comercial, de toda ingerencia estatal limitativa, de toda explotación publicitaria, de todo interés particular de grupos o personas, de toda presión que obstaculice la difusión de la cultura, entendida ésta como ingrediente de la liberación individual y colectiva.
  2. Teatro de arte: buscar por medio de la continua experimentación la elevación cultural, técnica e institucional, manteniendo una estricta categoría de buen teatro y una línea elevada de arte.
  3. Teatro nacional: actuar a modo de fermento sobre la colectividad, promoviendo los valores humanos, atendiendo a la necesidad de la acción pública, mediante una temática y un lenguaje de raíz y destino nacional con proyección americana, propiciando un teatro que se apoye en esas bases y, en especial, el de autores nacionales que las cumplan.
  4. Teatro popular: obtener la popularización del Teatro, en el sentido de que un instrumento de cultura es la expresión de un país en tanto sea patrimonio de su pueblo.
  5. Organización democrática: debe manifestarse por el sistema de institución, entendiendo por tal la agrupación voluntaria de personas organizadas democráticamente, trabajando con afán colectivo, sin preeminencias personales.
  6. Intercambio cultural: el teatro independiente debe ser un elemento activo en el intercambio espiritual entre los pueblos, propendiendo a la difusión en el exterior de los auténticos valores de nuestra cultura.
  7. Militancia: los teatros independientes son organismos dinámicos que atienden y militan en el proceso de la situación del hombre en la comunidad misma, en tal sentido tratarán de crear en sus integrantes la conciencia de hombres de su país y de su tiempo y el movimiento, como organismo, luchará por la libertad, la justicia y la cultura”

En su artículo “El teatro independiente”, Jorge Abbondanza ha escrito con acierto que “lo que hoy parece portentoso es la perduración de aquella mística inicial, la convicción con que una oleada de luchadores de la cultura supo mantener entera su intuición y sus métodos de trabajo, para contagiarla a las generaciones que han llegado después y han continuado la marcha sin degradar sus principios”. Estas palabras valen especialmente para los cincuenta y cinco años de trayectoria de El Galpón, que reafirma en el presente sus raíces estéticas e ideológicas, una ratificación que no es producto del aislamiento del devenir mundial, sino de la lúcida conciencia de los cambios históricos y culturales. Desde fines de los sesenta, frente a una adversidad política, económica y social cada vez mayor, ya fuera por los embates de la dictadura o de la posterior posmodernidad, la actividad de El Galpón se convirtió en un ejercicio constante de resistencia.

PRIMEROS AÑOS
Según la periodización propuesta por Roger Mirza, El Galpón ha atravesado desde su fundación cuatro etapas principales. La primera corresponde a los años de “formación y primeros éxitos” (1949-1968). Los miembros del grupo La isla, jóvenes dirigidos por Atahualpa del Cioppo, se sumaron a algunos integrantes del Teatro del Pueblo y fundaron El Galpón. Se pusieron ese nombre en alusión a la vieja caballeriza alquilada como espacio de trabajo. Mirza relata: “Una de las primeras tareas del nuevo grupo será la de construir, a partir de ese galpón, un teatro. Así sus integrantes –alrededor de veinte- convertidos en improvisados albañiles, carpinteros, electricistas y pintores, levantarán poco a poco las paredes, la sala y el escenario, con la ayuda y colaboración de vecinos, amigos, simpatizantes y el trabajo desinteresado de los técnicos y de todo el equipo que vuelca su energía en la empresa, dedicándole todas sus horas libres después del horario de trabajo”.
En diciembre de 1951, El Galpón inauguró su primer teatro con una capacidad de 170 espectadores: la Sala de Mercedes, ubicada en la calle del mismo nombre. La temporada se abrió con Héroes, de George Bernard Shaw. Atendiendo a la necesidad de formación y la promoción de un nuevo teatro uruguayo, El Galpón creó una Escuela de Arte Dramático, un elenco de títeres con escuela, y un seminario permanente de autores. Progresivamente, la experiencia sobre las tablas fue dando al grupo solidez y profesionalismo, con primeras muestras de excepción en versiones de Las brujas de Salem (1955) de Arthur Millar y La ópera de dos centavos (1957) de Bertolt Brecht. De 1959 data una puesta memorable: El círculo de tiza caucasiano, de Brecht, dirigida por Del Cioppo, premiada en el Uruguay y la Argentina. También fue muy recordada Los caballos (1967) de Mauricio Rosencof, en la puesta de Hugo Ulive. El Galpón combinó los grandes autores extranjeros con los nacionales y latinoamericanos y pronto se convirtió en institución central del campo teatral uruguayo.

PROHIBICION Y EXILIO
La segunda etapa (1969-1976) tuvo menor duración por la censura y la opresión de la dictadura. Se inició con la apertura de un espacio propio, la Sala 18 de Julio, ubicada sobre la mayor avenida de Montevideo y resultado de la remodelación teatral de un cine. Este período marcó la madurez y la excelencia artística de El Galpón, que brindó en esos años sus productos más decantados y completos. La inauguración de la sala mayor (650 butacas) se realizó el 9 de enero de 1969 con El señor Puntila y su criado Mati, la pieza de Brecht. Ese mismo año, obtuvo gran éxito Fuenteovejuna, con Antonio “Taco” Larreta como director invitado. Otros espectáculos destacados son Delicado equilibrio de Edgard Albee (dirigida por Bernardo Galli) y La resistible ascensión de Arturo Ui (1972) de Brecht, con celebrado protagónico de Villanueva Cosse y dirección de Rubén Yañez, también aplaudida en Buenos Aires.
Desde 1973, inicio de la dictadura, El Galpón trabajó “en medio de amenazas, atentados de bandas parapoliciales, detenciones de actores por la policía, interdicciones para algunos de ellos, ante lo cual el elenco siguió trabajando sustituyendo actores, multiplicando su actividad y comprometiéndose con un repertorio claramente contestatario, al que el público adhería” (Mirza, artículo citado).
El 7 de mayo de 1976, un decreto del gobierno de facto disolvió el elenco, confiscó sus bienes y prohibió toda actividad teatral y cultural a sus integrantes, muchos de los cuales se exiliaron en México.
Los años del exilio (tercera etapa de la institución) se extendieron entre 1976 y 1984. El Galpón presentó sus espectáculos en centenares de ciudades de todo México y en varios países de Latinoamérica. La nueva circulación y el contacto con otras culturas del continente profundizaron la visión latinoamericana del equipo y le abrieron nuevas perspectivas. Entrevistado por Mariana Bianca, Atahualpa del Cioppo expresó la importancia del contacto con otras concepciones de teatro.
El Galpón abrió su sala mexicana en 1979 y pronto la convirtió en un espacio de reunión de exiliados latinoamericanos y en un centro de difusión de información contra las dictaduras. En gira, recorrió veinte países de América y Europa con sus espectáculos, ofreciendo además actividades docentes y las jornadas Culturales del Exilio Uruguayo. “Nuestra misión era informar a la gente cuál era nuestra situación. Porque había plásticos, bailarines, científicos, técnicos, profesores, maestros, obreros calificados, escritores, poetas, novelistas, ensayistas”, afirma Del Cioppo. El Galpón recibió en esos años numerosas distinciones internacionales.

EL GALPON EN EL SAN MARTIN
Los escenarios del Teatro San Martín han tenido la fortuna de ser huéspedes de algunas de las mejores expresiones del teatro uruguayo: el Teatro Circular de Montevideo, la Comedia Nacional uruguaya y la institución Teatral El Galpón de Montevideo. La Compañía de El Galpón llegó a Buenos Aires, invitada por el Teatro San Martín en 1984, cuando todavía se encontraba proscripta en su país y exiliada en México. Con la presencia de uno de sus fundadores, Atahualpa del Cioppo, en esa ocasión El Galpón ofreció en la Sala Martín Coronado una versión de Pluto de Aristófanes que dirigió Roberto Yañez, y Artigas, general del pueblo, creación colectiva sobre el prócer oriental dirigida por Del Cioppo y César Campodónico. Además, en la Sala Cunill Cabanellas, presentó un collage de relatos y canciones de autores latinoamericanos titulado Puro cuento y Comino va a la selva, un espectáculo de títeres para los más chicos.
Más allá del indudable hecho artístico, aquella visita de El Galpón al San Martín se transformó en un acontecimiento político, con centenares de uruguayos que cruzaron especialmente el Río de la Plata para encontrarse con el grupo luego de muchos años de exilio.

EL REGRESO Y EL SUEÑO
Hacia 1983, la dictadura uruguaya tambaleaba. El 1 de septiembre de 1984 Atahualpa del Cioppo regresó al Uruguay y poco después lo siguieron otros integrantes de El Galpón. En marzo de 1985, el primer decreto del nuevo gobierno democrático restituyó a El Galpón su sala, reinaugurada con el espectáculo Artigas, general del pueblo. Progresivamente, el grupo reorganizó todas sus actividades artísticas, docentes y de promoción de la cultura uruguaya y universal. Y resiste ahora, en las democracias de la globalización y el neoliberalismo.
En 1988, en el diálogo con Bianca, Atahualpa del Cioppo expresó el ideario que alienta el trabajo de El Galpón en ese período y en el presente: “Me interesan mucho las cosas de la vida, pero cuando hago un espectáculo, rato de hacerlo de la manera más elevada posible. Nunca hice un teatro que llamaran “de rascada”. Siempre un teatro de nivel. Siempre latente ese respeto por el público, por la influencia de la belleza, de la emoción, del sueño. Ahora, el sueño tiene direcciones. El sueño es el sustento para que se alimente nuestro reposo y podamos seguir trabajando. No hay que soñar entonces de espalda a la vida para olvidar lo horrible que es la vida actual, sino soñar hacia la vida. Para proponerle cambios que la hagan más bella, justa, más a la medida del hombre. Que la vida sea tan hermosa como un sueño”. Del Cioppo sintetiza el espíritu que sin duda define el montaje de Las cartas que no llegaron y la fuerza que anima a El Galpón: “Es necesario volver a tener la capacidad creadora de renovar las cosas”.

Fuente: Revista Teatro.Año XXVI
Nº 80 –Junio-

 
 

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