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  Carlos Somigliana    
 
  De la navegación
 
La acción transcurre en el otoño de 1480, en la galeota veneciana "Ego Sum", que navega por el mar Adriático.


ACTO PRIMERO



(Una tarde del otoño de 1480, sobre las aguas del mar Adriático navega la galeota "Ego Sum", dedicada habitualmente al transporte de mercancías entre Bari y Venecia. La vela latina está recogida en el único mástil de la embarcación y los remos se mueven rítmicamente, acompañados por el sordo jadeo de los galeotes, al compás de los golpes de tambor. El murmullo del mar acompañará toda la navegación.

Al levantarse el telón, un marinero se halla al timón, mientras otros dos cuchichean junto al mástil de la latina. Un rojo sol ilumina la tarde. Se oyen ruidos y órdenes confusas en el interior del barco. Luego, los remos se aquietan. Los dos marineros que están junto a la borda se aproximan al timonel)

MARINERO 1º
¿Oyes...? Se han callado...

MARINERO 2º
(Que está al timón) Sí, han dejado de remar.

MARINERO 3º
¡La peste los consume!

MARINERO 2º
¡Bah, la peste! Simplemente, han dejado de remar.

MARINERO 1º
Hoy han muerto otros dos.

(Una tensa pausa)

MARINERO 2º
¿Pero es la peste, realmente? ¿O la miseria?

MARINERO 1º
¿Qué quieres decir?

MARINERO 2º
Sólo a ellos los ataca.

MARINERO 3º
Sea peste o miseria, algo debemos hacer.

MARINERO 2º
No es cosa nuestra...

MARINERO 1º
Sí, lo es.

MARINERO 2º
No te entiendo.

MARINERO 3º
¡Me entiendes perfectamente, pero te haces el idiota!

MARINERO 2º
¡Te voy a bajar los dientes!

MARINERO 1º
Escúchame, no te enojes...El tiene razón. Durante tres días, desde que zarpamos de Ancona, a pesar del esfuerzo de los remeros, de los palos del Cómitre, de los gritos del Capitán y de nuestra propia pericia, un maldito viento del oeste nos empujó sobre la costa dálmata. Ahora ya estamos cerca de los escollos de Lussino...¡Y no sopla una gota de viento sobre el mar Adriático...! ¡Y nos estamos quedando sin galeotes, sea o no por la peste...!

MARINERO 2º
Los escollos de Lussino...Se habla tanto de ellos...

MARINERO 1º
¡Existen, puedo asegurártelo! Y sus dientes han masticado más barcos que pelos tienes en la cabeza...

MARINERO 3º
¡Yo iba en uno de ellos! El "Invicta", una galera de ochenta remos...Aún debe estar allí, con su casco partido como una cáscara de nuez...¡Puedo explicarte lo que pasa! Si te acercas a menos de tres mil metros, los escollos te sorben, te tragan...¡No hay pericia ni fuerza que consiga evitarlo!

(Por una escotilla aparece sobre cubierta el Cómitre)

COMITRE
¿Qué hacéis aquí?

MARINERO 1º
Conversamos, Cómitre, conversamos.

COMITRE
No es el puente de un barco el lugar apropiado para que los marineros conversen. Olvidáis que podría usar mi látigo también con vosotros.

MARINERO 3º
Hablábamos de un tema que tal vez te interese.

COMITRE
¿Cuál era?

MARINERO 2º
Los escollos de Lussino...

COMITRE
(Sombrío) Aún están lejos.

MARINERO 1º
¿Lejos? No lo creo...Pero, además, pronto estarán cerca, y tú lo sabes...

COMITRE
¡No es verdad! ¡El Capitán lo sabría! El ha estudiado náutica, ha estudiado astronomía...

MARINERO 2º
¡Bah, el Capitán ha estudiado mucho, pero ha navegado poco!

COMITRE
¡Cállate!

MARINERO 1º
¡No me importa lo que digan la náutica y la astronomía! ¡Los escollos de Lussino están cerca!

COMITRE
Vamos abajo.

MARINERO 3º
Tú lo sabes...Hace treinta años que navegas por el Adriático...

COMITRE
¡Vamos abajo! La cólera del Capitán está más cerca que los escollos de Lussino. Y si os sorprende aquí...

MARINERO 1º
Estábamos arreglando la vela latina.

(Se abre la puerta de la cámara principal y aparece el Capitán)

CAPITAN
¡Cómitre! ¿Qué hacen aquí estos hombres?

MARINERO 2º
Yo estoy a cargo del timón, señor.

CAPITAN
Bien, dejá yo me haré cargo. (A los marineros 1º y 3º) ¿Y vosotros

COMITRE
(Tras una vacilación) Los mandé que arreglaran la vela latina.

CAPITAN
Que se vayan.

(Los tres Marineros se retiran por la escotilla. El Capitán queda al timón)

COMITRE
Señor...

CAPITAN
Sí, Cómitre. (Pausa) ¿Descansan los galeotes?

COMITRE
Sí, señor, tal como lo ordenasteis.

CAPITAN
Bien, déjalos descansar un rato.

COMITRE
No sopla una gota de viento.

CAPITAN
Ya soplará. Y ellos remarán mejor después de haber descansado.

COMITRE
Señor...

CAPITAN
¿Todo marcha bien?

COMITRE
Bueno, en realidad...

CAPITAN
¡Eres responsable de que todo marche bien! (Pausa) Todo marcha bien, supongo...

COMITRE
Sí, sí, todo marcha bien. Pero quisiera hablar con vos...

CAPITAN
Sí, ya hablaremos luego. Ahora estoy ocupado.

COMITRE
Es importante.

CAPITAN
Nada puede ser importante, si todo marcha bien. Luego te llamaré.

COMITRE
(De mala gana) De acuerdo, señor. Espero vuestro llamado.

CAPITAN
(Solo) Sí, Cómitre, espera...Ya veremos. Por el momento, asuntos realmente importantes me reclaman. Por ejemplo, la riqueza de mi pasajero y la belleza de mi pasajera. Bah, todo marcha bien...Por el agujero del sol, el ojo benévolo de Dios contempla el mundo y mi galeota "Ego Sum" surca orgullosa las aguas del Adriático...(Se asoma al interior de la cámara) Venid, nobles señores. Asomaos a disfrutar de esta dulce brisa marina.

MICER ANTONINO
(Asomando la cabeza) ¿No hay riesgo en salir a cubierta, Capitán?

CAPITAN
Ninguno, micer Antonino. La tarde está magnífica.

MICER ANTONINO
Prueba tú, Julieta. Tú eres joven y fuerte. No, espera, querida. ¿Seguro que no hay riesgo ninguno, Capitán?

CAPITAN
Os lo aseguro, señor.

MICER ANTONINO
Entonces, saldré yo primero.

(Salen de la cámara Micer Antonino y su bella esposa Julieta)

JULIETA
(Suspirando) Realmente, la tarde está magnífica.

CAPITAN
Casi tan bella como vos, señora Julieta.

JULIETA
(Aparentando ruborizarse) ¡Capitán!

MICER ANTONINO
Espero que no atribuyáis a cobardía mis precauciones. Mi adorada Julieta sabe que, en ocasiones, soy tan valiente como el que más. ¿No es verdad, Julieta?

JULIETA
Es verdad, esposo mío.

MICER ANTONINO
Soy prudente, eso sí. No me gusta correr riesgos inútiles. Además, debo confesaros que los viajes marítimos no me seducen.

JULIETA
Yo, en cambio, adoro la navegación.

MICER ANTONINO
Si mis cuantiosos intereses y la necesidad de vigilar personalmente mis cargamentos no me obligasen a viajar con alguna frecuencia, jamás me movería de Venecia.

CAPITAN
¡Cuánto hubiese lamentado que no realizaseis este viaje! Hubiese perdido la oportunidad de conoceros. Y, además, hubierais privado de un placer a vuestra bella esposa, a quien le gusta la navegación.

MICER ANTONINO
Sí. Dicho sea de paso, os ruego que cuando os refiráis a mi Julieta, no le digáis "mi bella esposa", sino simplemente "mi esposa". Suprimid la adjetivación.

CAPITAN
(Calurosamente) ¡Pero la señora Julieta es realmente bella, muy bella!

MICER ANTONINO
Ya lo sé. Es suficiente con que yo lo sepa, Capitán.

JULIETA
¡Antonino! ¿No te parece que exageras? El Capitán ha querido simplemente hacerme un cumplido.

CAPITAN
Me asombráis, señor.

MICER ANTONINO
(Sin prestarle atención) No soy celoso, Julieta, y tú lo sabes. Pero odio la envidia. La ponderación de las virtudes y posesiones ajenas es una forma de la envidia.

CAPITAN
No deseo otra cosa sino complaceros, Micer Antonino. ¿Estáis conforme con el trato que se os ha dispensado a bordo?

MICER ANTONINO
Salvada la excesiva adjetivación, estoy conforme.

CAPITAN
¿Y vos señora?

JULIETA
(Falsamente modesta) Si mi esposo está conforme...

MICER ANTONINO
¿Cuándo llegaremos a Venecia, Capitán?

CAPITAN
En dos días, a lo sumo.

MICER ANTONINO
Un poco más de lo previsto.

CAPITAN
Los vientos no nos han favorecido...

MICER ANTONINO
¿Y con eso?

CAPITAN
No soy responsable de los vientos.

MICER ANTONINO
Sois responsable de los vientos, Capitán...Aunque no lo seáis. Cada uno es responsable de su negocio, enteramente. ¿Me comprendéis?

CAPITAN
Me he desvelado, señor, me seguiré desvelando por que lleguemos en término.

MICER ANTONINO
Esta galeota se llama "Ego Sum", ¿no es verdad?

CAPITAN
Es verdad.

MICER ANTONINO
Mi educación clásica ha sido deficiente, ya que desde que era casi un niño me dediqué a los negocios. Pero, si mis recuerdos no fallan, eso en latín quiere decir "Yo soy".

CAPITAN
Así es, señor.

MICER ANTONINO
Tácitamente, una divisa semejante significa "Yo soy, y lo demás me importa un bledo". (El Capitán intenta un gesto de protesta) No, no, Capitán, no protestéis. Yo estoy de acuerdo con vuestra divisa. Pero, entonces, sois responsable de los vientos. Ante mí sois responsable de todo lo que me impida llegar a Venecia antes de dos días, a mí, a mi bella esposa y a mi precioso cargamento.

CAPITAN
No sois nada tonto, Micer Antonino. (Riendo) No sois nada tonto, en verdad.

MICER ANTONINO
¿Sabéis que vuestra galeota transporta un precioso, un costosísimo cargamento: Sedas, perfumes, joyas, porcelanas...?

CAPITAN
Lo sé. Vuestra confianza me honra.

MICER ANTONINO
Os equivocáis otra vez. No os honra mi confianza, sino mi necesidad de transportar estas mercancías a Venecia en el tiempo más breve posible.

CAPITAN
Sea como fuere, mi divisa, nuestra divisa mejor dicho, no excluye la posibilidad de una asociación provechosa.

MICER ANTONINO
Basada en el beneficio mutuo.

CAPITAN
Evidentemente.

JULIETA
(Que ha estado mirando por la borda) ¡Mirad qué bello está el mar ahora!

MICER ANTONINO
Estamos hablando de negocios, querida mía.

JULIETA
Los negocios me aburren.

MICER ANTONINO
Querida Julieta, mis negocios te aburren, pero adornan tu cuello, tus brazos y tus orejas. ¿Nos permites seguir hablando de negocios?

JULIETA
(Con un mohín aniñado) Haced lo que queráis.

CAPITAN
¡Vuestra esposa es...! (Se interrumpe ante la mirada de Micer Antonino)...Vuestra esposa.

MICER ANTONINO
Empezamos a entendernos. ¿Cuál era vuestro proyecto, Capitán?

CAPITAN
Vos transportáis regularmente mercancías entre Bari y Venecia. Mi galeota viaja regularmente entre Bari y Venecia. Nuestra coincidencia de intereses es obvia.

MICER ANTONINO
¿Sugerís una especie de...exclusividad?

CAPITAN
Exactamente. Y vos os ahorraríais los viajes marítimos porque yo asumiría la total responsabilidad por el cargamento mientras estuviese a bordo.

MICER ANTONINO
Ante notario público.

CAPITAN
Ante notario público.

MICER ANTONINO
No es una mala idea, Capitán. Más aún, en principio, la acepto. La discutiremos en Venecia, porque sobre tierra firme mis piernas están más fuertes y mis ideas más claras. Pero, desde ya, el éxito de nuestras conversaciones depende de tres condiciones previas, que vos debéis cumplir religiosamente.

CAPITAN
Os escucho.

MICER ANTONINO
Primera: Debemos llegar a Venecia en dos días más, a lo sumo.

CAPITAN
Llegaremos.

MICER ANTONINO
Segunda: Discutiremos los fletes sobre bases razonables, más razonables que las actuales.

CAPITAN
No habrá discusiones, Micer Antonino. Ambos somos hombres prácticos.

MICER ANTONINO
Sois un joven razonable. Llegaréis a ser un hombre de provecho.

JULIETA
¡Mirad qué hermoso! El Sol ya se está poniendo.

MICER ANTONINO
Estamos hablando de negocios, querida. Pero, sin embargo, mi estimado joven, advertid en la frase trivial de mi adorada esposa, una lección que la naturaleza nos brinda. El mundo es una inmensa alcancía. Cada día, por la rajadura del horizonte, el mundo engulle al Sol, como a una enorme moneda de oro.

CAPITAN
Pero, de noche, lanza al cielo la Luna y la malgasta.

MICER ANTONINO
(Irritado) ¡De noche, los hombres honestos duermen! Pero, aun admitiendo vuestra inoportuna metáfora, tened presente que el Sol es de oro y la Luna de plata. El mundo gana durante el día una moneda de oro, y disipa durante la noche una de plata.

CAPITAN
Sois astuto, Micer Antonino.

MICER ANTONINO
Soy rico.

CAPITAN
¿Y la tercera condición?

MICER ANTONINO
Cierto, la tercera condición...Es ésta: no adjetivéis a mi esposa, Capitán.

(Pausa)

CAPITAN
No la adjetivaré, Micer Antonino.

MICER ANTONINO
¿Vuestra palabra de honor?

CAPITAN
Mi palabra de honor.

MICER ANTONINO
¿Sabéis...? No creo en las palabras de honor. Pero hay gente que cree en ellas, y no es cuestión de desperdiciar ninguna ventaja...(Se palmea la frente) Me estoy poniendo viejo. Os estoy revelando los secretos del oficio.

CAPITAN
No os arrepentiréis.

MICER ANTONINO
¿Qué importa eso? (Pausa) ¿Falta mucho para la comida?

CAPITAN
Cuando vos queráis...

MICER ANTONINO
No, esperaré, esperaré...Me gusta comer, pero amo el orden. Mientras tanto, me retiraré a mi cámara. (A Julieta) ¿Vienes, querida?

JULIETA
¿No me permites quedarme en el puente un rato más, esposo mío? Tú lo sabes: amo la navegación.

MICER ANTONINO
(Con doble intención) ¿No es peligroso, Capitán?

CAPITAN
Os aseguro que no, señor.

MICER ANTONINO
En fin, quédate, amor mío, si así lo prefieres. Para los amantes de la navegación los crepúsculos son encantadores. ¿No es así, Capitán?

CAPITAN
Así lo creo.

MICER ANTONINO
El mar no es para mí, evidentemente. (Baja por la escotilla y desaparece)

CAPITAN
(Riendo alegremente) ¡Vuestro marido es astuto, señora Julieta! ¡Muy astuto!

JULIETA
Sí. Espero que vos también lo seáis.

CAPITAN
¡Claro que lo soy! ¿No habéis oído? Le he arrancado casi un contrato que, a todas luces, nos favorece a ambos...

JULIETA
¡Ah...! Creí que os referíais a otra cosa.

CAPITAN
¿Qué otra cosa, señora?

JULIETA
Otra cosa...

CAPITAN
¡Sois tan...! Ah, si mis labios pudieran abrir paso a los dictados de mi corazón...Pero no, he prometido no adjetivaros. He dado mi palabra de honor. Soy un caballero, señora Julieta.

JULIETA
Sí, sois un caballero.

CAPITAN
¡Pero soy un hombre también!

JULIETA
(Desinteresadamente) ¿Realmente?

CAPITAN
¡Señora!

JULIETA
Será mejor que me calle. Una dama...

CAPITAN
(Interrumpiéndola) ¡No, por favor, hablad!

JULIETA
¿Qué podría deciros, Capitán? Hace seis días que nos embarcamos en Bari. Durante estos seis días, no habéis cesado de decir que soy hermosa, que mis ojos son luceros, que mi talle es de junco. Pero aún no sé, Capitán, si se lo decíais a mi marido o a mí.

JULIETA
Habéis llegado a suscitar su recelo, sin por eso haber ganado mi confianza.

CAPITAN
Tenéis razón. Soy un torpe.

JULIETA
Sí.

CAPITAN
(Tomándole las manos) ¡Julieta! Si ahora, ahora que estamos solos pudiera hablaros...Pero no puedo. Soy un torpe, pero además soy un caballero.

JULIETA
No hagáis nada que hayáis prometido no hacer. Yo no os lo perdonaría. (Reparando en que el Capitán retiene sus manos, aparentemente escandalizada) ¡Pero, cómo...! ¿Habéis tomado mis manos? (El quiere soltarla, pero ella lo retiene) ¿Luego, hay cosas que no habéis prometido?

CAPITAN
¡Julieta! ¡Sois un...! (Ella le tapa la boca con la mano. Se besan) Os amo. Eso no es un adjetivo, ¿verdad?

JULIETA
Creo que no. Aprecio vuestro amor, Capitán.

CAPITAN
¡Si pudiera deciros!

JULIETA
Pero no podéis, ni hace falta. Lo diré yo. Soy hermosa, lo sé. Y astuta.

CAPITAN
Como sólo una veneciana puede serlo. Escuchadme, Julieta. Esta noche vuestro marido beberá mucho vino.

JULIETA
Sí, suele hacerlo. Para contrarrestar los efectos del mareo...

CAPITAN
Pero, además, beberá sin darse cuenta una poción que lo hará dormir como nunca lo ha hecho. La puerta de mi cámara permanecerá abierta durante toda la noche. ¿Puedo esperar...?

JULIETA
(Poniéndose un dedo en los labios) Sssh...Podéis esperar.

CAPITAN
¡Julieta!

JULIETA
Esperad, Capitán. Adoro la navegación.

(Por la escotilla aparece el Cómitre)

COMITRE
¡Capitán!

CAPITAN
¿Quién te ha llamado?

COMITRE
Perdón, señor. Necesito hablaros.

CAPITAN
Te dije que te llamaría.

COMITRE
Es urgente.

CAPITAN
Soy yo quien determina la urgencia de nuestras conversaciones. Ahora estoy hablando con esta señora.

COMITRE
Sí, señor. Perdonad, señora. Pero es asunto de vida o muerte.

CAPITAN
(Fastidiado) Está bien, habla.

JULIETA
Me retiro, Capitán.

CAPITAN
¡No me privéis de vuestra presencia!

COMITRE
Creo, señor...

CAPITAN
(Sin hacerle caso) Ni este barco ni su Capitán tienen secretos para vos, señora Julieta.

JULIETA
Sois gentil.

CAPITAN
(En voz baja) Os amo.

JULIETA
(Idem) Demostrádmelo.

CAPITAN
(Idem) Dadme la oportunidad.

JULIETA
(Idem) Os he dicho que luego la tendréis.

CAPITAN
¿Quiere decir que puedo estar seguro...?

JULIETA
No me hagáis decir más de lo que el pudor y la discreción soportan.

COMITRE
(Carraspeando) Señor....

CAPITAN
¡Ah, sí, tú...! Habla. ¿Todo marcha bien?

COMITRE
En realidad, todo marcha endemoniadamente mal.

CAPITAN
¡Cierra tu boca, deslenguado, y no blasfemes! ¡Una dama se está dignando escucharte!

COMITRE
Disculpadme, señora, pero realmente todo marcha muy mal.

CAPITAN
(Empezando a darse cuenta de que las cosas andan realmente mal) ¿No queréis retiraos a vuestra cámara, señora Julieta?

JULIETA
¡Pero no, Capitán...! Os he dicho que amo la navegación...

CAPITAN
Sí, pero los detalles prácticos...A veces son sucios, engorrosos...

JULIETA
Me interesan. ¿Por qué han dejado de remar los galeotes? Su canto me fascina.

COMITRE
Descansan, señora (Al Capitán) Hoy han muerto dos más.

CAPITAN
¡Dios los acoja en su seno y perdone sus pecados!

COMITRE
Amén. Pero los marineros murmuran. Dicen que hay peste.

JULIETA
(Aterrorizada) ¡Peste!

CAPITAN
¡Pamplinas! ¡Son unos imbéciles y tú el primero! Diles que no murmuren, que no hay peste.

JULIETA
¡Peste!

CAPITAN
Tranquilizaos, señora. Estoy seguro de que no hay peste. (Al Comitre) Tú viste los cadáveres...Dime la verdad. ¿Era peste?

COMITRE
No, no era peste.

CAPITAN
¿Lo veis, señora? No os dejéis sugestionar. Es lamentable pero normal que mueran algunos galeotes. Se trata de gente miserable, corrompida, que llega a quí consumida por los excesos y la vida disipada.

COMITRE
Yo ya lo sé, señor, pero los marineros murmuran.

CAPITAN
¡Diles que no murmuren! ¿Cuántos galeotes nos quedan?

COMITRE
En buen estado, solamente doce o trece.

CAPITAN
¡Y tú, tú debes haber abusado de tu látigo!

COMITRE
Es el único lenguaje que entienden.

CAPITAN
Por lo menos, es el único lenguaje que tú les hablas.

COMITRE
¡Fue para vuestro servicio, señor!

JULIETA
¡Pero, cómo...! ¿Les pegáis?

CAPITAN
Es para provecho de los negocios de vuestro marido, señora Julieta.

JULIETA
No sé...Amo la navegación pero ahora veo que sus detalles son engorrosos.

CAPITAN
(Al Comitre) Sea como fuere, esta galeota debe estar en Venecia dentro de dos días.

COMITRE
¡Si soplara el alisio! ¡O al menos el mistral!

CAPITAN
¡Aunque no soplen el alisio ni el mistral! ¡Aunque Dios haya deshojado la rosa de los vientos!

COMITRE
Señor, vayamos por partes. Traigo la voz de la tripulación.

CAPITAN
¿Qué dices? ¡La tripulación de este barco es muda!

COMITRE
Los escollos de Lussino les han hecho crecer la lengua.

JULIETA
¿Los escollos de Lussino? ¿Qué es eso?

CAPITAN
(Apresuradamente, al Comitre) Espera...(A Julieta) Es...un paisaje. Eso es. Señora Julieta, os lo ruego, retiraos a vuestra cámara. Se trata, de detalles técnicos, tediosos, insignificantes, que os llevarían a aborrecer la navegación...

JULIETA
Pero...

CAPITAN
Os lo ruego. Vuestra presencia me perturba. Si os quedáis, no tendré más remedio que adjetivaros, y faltaría a mi palabra.

JULIETA
¡No, eso nunca!

CAPITAN
Esta noche, mi inadjetivable Julieta, disiparemos nuestra moneda de plata. (La conduce hasta la escotilla, por donde Julieta desaparece) Los escollos de Lussino, decías...¿Qué pasa con ellos?

COMITRE
Están muy próximos.

CAPITAN
¡Eso es mentira! He echado mis cálculos esta mañana y, según mis cálculos, todavía estamos lejos de la costa dálmata...

COMITRE
Vuestros cálculos están equivocados...

CAPITAN
¿Cómo te atreves...?

COMITRE
Señor, hace treinta años que navego este mar.

CAPITAN
¡Y yo he estudiado matemáticas, náutica, geografía y astronomía!

COMITRE
¿Apostáis vuestra vida?

(Pausa tensa)

CAPITAN
No, Cómitre, no apuesto mi vida...(Pausa) ¿Estás seguro?

COMITRE
La corriente nos arrastra hacia allá...Si no sopla viento, en un par de horas los tendremos encima nuestro.

CAPITAN
Debajo nuestro, querrás decir.

COMITRE
Sí, eso es.

CAPITAN
¿Soplará el alisio? ¿O el mistral, por lo menos?

COMITRE
(Encogiéndose de hombros) Puede ser, señor, pero lo dudo.

CAPITAN
Luego, estamos perdidos...(Para sí mismo) Oh, mi noche de amor...

COMITRE
¿Vuestra noche de amor?

CAPITAN
Estaba hablando conmigo mismo.

COMITRE
Temo, señor, si no cambian las cosas, que esta noche dormiréis entre sábanas de agua y recibiréis las frías caricias de los peces...

CAPITAN
¡Cállate, condenado! ¡No todo está perdido! ¡Tenemos que hacer algo!

COMITRE
Si tuviésemos treinta remeros, dispuestos a remar como sesenta durante cuatro horas, los escollos serían sólo un fantasma.

CAPITAN
Pero tenemos doce.

COMITRE
Que apenas reman como seis. Los marineros se allanan a remar, yo me allano a remar.

CAPITAN
También yo.

COMITRE
Disculpadme, señor, pero no sabéis empuñar un remo. Al fin y al cabo, sois un caballero. Por lo demás, es necesario que alguien timonee.

CAPITAN
Es verdad.

COMITRE
Pero no basta. Es preciso que esos doce remen como demonios.

CAPITAN
Están agotados. Desde que salimos de Bari hemos avanzado prácticamente a fuerza de remos.

COMITRE
Ya lo sé, señor, pero es preciso que remen.

CAPITAN
¿Cómo piensas lograrlo?

COMITRE
(Enarbola el látigo) Así.

CAPITAN
No, Cómitre, así no. Fracasarías.

COMITRE
(Burlón) ¿Conocéis otro método, señor?

CAPITAN
Sí, conozco otro método. Te recuerdo, además que, aunque los escollos de Lussino estén cerca, aún soy el Capitán de este barco.

COMITRE
Bien, señor.

CAPITAN
Bajaré a la sentina. Hablaré con ellos.

COMITRE
¿A la sentina? Aún tienen fuerzas para escupir, los condenados. Al menos, señor, morid limpio.

CAPITAN
Sí, tienes razón, allí abajo...(Pausa) ¿No tienen algún jefe?

COMITRE
¿Jefe?

CAPITAN
Algún influyente, alguien a quien respeten, quiero decir...Siempre hay un cabecilla entre los galeotes.

COMITRE
¿El más hijo de puta de todos ellos, queréis decir?

CAPITAN
¡Ese!

COMITRE
Sí, hay uno. Si pudieseis convencer a ése...

CAPITAN
Tráelo.

COMITRE
Pero no podréis.

CAPITAN
¡Tráelo! (El Cómitre desaparece por la escotilla) Oh, Dios mío, ojalá tú estés temiendo tanto por nuestras almas como yo temo por nuestros cuerpos...

(Por la escotilla aparecen Micer Antonino y Julieta)

MICER ANTONINO
¿No es aún la hora de la comida, Capitán? Debo comer a horas regulares. ¿No es así, Julieta?

JULIETA
Así es, esposo mío.

CAPITAN
Creedme que lo deploro, señor, pero es posible que hoy haya un pequeño retraso en la hora de la comida.

MICER ANTONINO
¿Qué sucede?

CAPITAN
Nada de importancia, Micer Antonino.

MICER ANTONINO
Dejadme juzgar a mí, Capitán.

CAPITAN
Es un asunto que no os concierne, señor, una insignificancia que no merece vuestra preocupación.

MICER ANTONINO
¡Una insignificancia que provoca el atraso de la comida! Creo que me estáis engañando, Capitán.

CAPITAN
Volved a vuestra cámara, señor, y ordenaré que se os sirva de inmediato.

MICER ANTONINO
Capitán, os exijo que me digáis que sucede.

CAPITAN
(Rindiéndose con un suspiro) En fin, quizás sea mejor que lo sepáis. Lamento perturbar vuestros hábitos, Micer Antonino, pero cuando os enteréis de la causa lo comprenderéis perfectamente y es posible incluso que perdáis el apetito.

MICER ANTONINO
Lo dudo. ¿Cuál es la causa?

CAPITAN
Aquí viene. Escuchad atentamente y os enteraréis de los que sucede.

(Por la escotilla aparecen el Cómitre y Nicolás, éste con las manos engrilladas)

COMITRE
Aquí está el hombre, señor.

CAPITAN
Bien. (A Nicolás) ¿Cómo te llamás?

NICOLAS
Nicolás.

CAPITAN
¿Por qué estás aquí?

NICOLAS
Porque me condenaron a veinte años de galeras.

COMITRE
¡No te hagas el idiota!

CAPITAN
Deja, Cómitre, no tiene importancia.

JULIETA
Este hombre me impresiona. (A Nicolás) ¿Por qué me miras así?

NICOLAS
¿Cómo te miro?

JULIETA
Bueno... Así.

NICOLAS
Eres hermosa, veneciana. Seguramente tu hermosura ha despertado mi lujuria. Perdóname.

MICER ANTONINO
¡No te perdono! ¿Qué clase de barco es éste, Capitán? Si los galeotes se expresan así de mi esposa, ¿qué debo esperar de la marinería?

CAPITAN
No abuses de mi paciencia, Nicolás.

NICOLAS
(A Micer Antonino) No eres tú quien debe perdonarme, mercader, puesto que no eres el objeto de mi lujuria.

MICER ANTONINO
¡Insolente! ¿Permitiréis esto impunemente, Capitán?

COMITRE
(A Nicolás, por lo bajo) ¡Ya pagarás tu audacia!

CAPITAN
(A Micer Antonino) Se trata de una emergencia, señor. Lamento estas insolencias pero os aseguro que el problema es espinoso. Dejadme tratarlo a mi manera. (A Nicolás) Me han dicho que eres el jefe de tus compañeros.

NICOLAS
Somos todos iguales.

CAPITAN
Sí, pero tienes alguna influencia sobre ellos.

NICOLAS
(Encogiéndose de hombros) A veces me escuchan.

CAPITAN
¿Conoces los escollos de Lussino?

NICOLAS
Hace seis años que soy galeote. He oído hablar de ellos.

CAPITAN
Nuestra galeota está muy próxima a ellos.

(Micer Antonino y Julieta se miran aterrados y cuchichean entre sí)

NICOLAS
Tu galeota.

CAPITAN
De acuerdo, mi galeota. Los vientos no nos ayudan...

MICER ANTONINO
¿Quiere decir, Capitán...?

CAPITAN
Esperad, Micer Antonino. (A Nicolás) ¿Qué me dices?

NICOLAS
¿Qué quieres que te diga? Lamentaré morir debiendo catorce años de condena.

CAPITAN
¿Eso es todo? (Nicolás se encoge de hombros. ¿No amas la vida, Nicolás?

(Pausa larga)

NICOLAS
¿Me preguntas...? ¿Me preguntas en serio si amo la vida? ¿Pero tú sabes lo que es la sentina? ¿Te parece que no me hubiera destrozado yo mismo la cabeza contra el cabo de mi remo, si no amara definitivamente la vida?

CAPITAN
Comprendo que la condición de galeote es lamentable, aun cuando sea el castigo de crímenes cometidos. Pero, aun así, tú y tus compañeros amáis la vida. No deseáis morir.

NICOLAS
Sí, es incomprensible, pero amamos la vida. No deseamos morir.

CAPITAN
Bien, la cuestión es ésta. Un barco, Nicolás´s, es un poco como una gran familia, salvando las distancias que nos separan y las condiciones particulares que nos distinguen. Todos vamos encima del mismo barco y nuestro destino es común. Todos amamos la existencia.

NICOLAS
Sí, pero tu proposición es errónea, Capitán. Todos amamos la vida y todos deseamos conservarla. Pero si esta galeota se estrella contra los escollos de Lussino, quienes menos perdemos somos yo y mis compañeros. Nuestra vida es nuestra única posesión, y ni siquiera ella es excesivamente deseable.

MICER ANTONINO
Eres un astuto razonador. Te deben haber condenado por estafa.

NICOLAS
Sí, fue una especie de estafa.

CAPITAN
¡Pero en este barco vamos todos, Nicolás! Micer Antonino con su riqueza, la señora Julieta con su hermosura, yo con mi ambición, pero tú con tu vida, tú con tu vida...

NICOLAS
...Y el Cómitre con su látigo, y las bodegas con sus mercancías, y el pabellón de Venecia con su león de San Marcos rugiendo a los pequeños y maullando a los grandes.

CAPITAN
¡Todos perderemos todo!

NICOLAS
Vosotros os hundiréis más pronto, Capitán. Vuestras vidas tienen más peso.

CAPITAN
¿Nuestras pérdidas te consuelan de las tuyas? ¿Es eso lo único que te importa?

(Pausa larga)

NICOLAS
No. Concretamente, ¿qué quieres de mí?

CAPITAN
Que tú y tus compañeros remen como demonios para que esquivemos los escollos de Lussino.

MICER ANTONINO
Y antes de dos días estemos en Venecia.

NICOLAS
(Al Capitán) ¿Qué nos ofreces?

CAPITAN
La vida. Pero, además, no habrá más látigo. ¿Oyes, Cómitre? No habrá más látigo. Desde esta noche, doble ración. Me han dicho que os quejáis por la escasez de comida. Y Micer Antonino, que conoce al Dux de Venecia y es su amigo, interpondrá su influencia para lograr la conmutación de vuestras penas.

NICOLAS
¿Cuál es la garantía?

CAPITAN
Mi palabra.

NICOLAS
¿No hay otra garantía?

CAPITAN
Te abusas de la situación para faltarme al respeto. No hay otra garantía. ¿Qué decides?

NICOLAS
Hablaré con mis compañeros.

CAPITAN
(Al cabo de la paciencia) ¿Pero qué decides tú?

NICOLAS
Remaremos.

CAPITAN
¡Bravo, muchacho! No te arrepentirás.

NICOLAS
Espero que tú tampoco.

CAPITAN
(Al Cómitre) Llévalo abajo. Cuelga tu látigo y que comiencen a remar sin pérdida de tiempo.

(El Cómitre y Nicolás se van por la escotilla)

MICER ANTONINO
Seguís siendo responsable ante mí por todo lo que suceda.

CAPITAN
Lo recuerdo, señor. ¿Subsiste nuestro convenio?

MICER ANTONINO
Si subsistimos nosotros, hablaremos...¿Puedo hacer algo por vos?

CAPITAN
Nada. Estamos en manos de Dios...y de los galeotes.

MICER ANTONINO
Entonces, me iré a comer. Eso me reconforta y, por último, prefiero morir con el estómago lleno. Si llegamos a chocar contra los escollos, avisadme.

CAPITAN
No hará falta, señor. Sentiréis apenas un crujido y de pronto os daréis cuenta de que, en lugar de estar tragando vino, estáis tragando agua.

MICER ANTONINO
¿Pretendéis asustarme?

CAPITAN
Al contrario, admiro vuestra presencia de ánimo.

MICER ANTONINO
No admiréis nada, Capitán. Siempre trato de no correr riesgos inútiles, pero ahora...Además, os confieso que tengo tanto miedo como hambre.

(Baja por la escotilla)

JULIETA
¿Y yo, Capitán? ¿Puedo hacer algo?

CAPITAN
Rezad, señora. Rezad por que se levante viento. Los ruegos de las mujeres son más livianos y llegan más rápido al corazón de Dios.

(Julieta se arrodilla junto a la borda y reza en voz baja. El Capitán empuña el timón con firmeza)

MARINERO 1º
(Off) ¡Los escollos de Lussino se divisan a babor! ¡Los escollos de Lussino se divisan a babor!

CAPITAN
(Gritando) ¡A los remos! ¡A los remos!

(Los remos se ponen lentamente en movimiento y van acelerando su ritmo, siguiendo los golpes isócronos del tambor. Marinero 2º y Marinero 3º suben al puente y comienzan a desplegar la vela latina. A los gritos, el Capitán domina los sonidos mencionados) ¡Animo, muchachos! ¡Animo! ¡La galeota "Ego Sum" eludirá los escollos de Lussino y en dos días reposará en el puerto de Venecia! ¡Animo!


(Cae el telón)



ACTO SEGUNDO

(Ahora es de noche. La luna y las farolas iluminan tenuemente el puente de la galeota. Conduciendo el timón aún está el Capitán; a su lado, el Cómitre aguarda órdenes)

COMITRE
El mistral no ha soplado ni el alisio tampoco...Pero los escollos de Lussino han quedado atrás.

CAPITAN
¡Felizmente! Dios ha sido piadoso con nosotros, una vez más.

COMITRE
Y los galeotes han remado como demonios, debo reconocerlo.

CAPITAN
Es verdad (Pausa) No les pegues.

COMITRE
¿Cómo?

CAPITAN
Que no les pegues.

COMITRE
Siempre habéis dicho que ellos no están aquí sólo para nuestro provecho, sino para purgar sus crímenes.

CAPITAN
¿Eso qué tiene que ver con que tú goces pegándoles?

COMITRE
¡No gozo pegándoles!

CAPITAN
Vamos, no me lo niegues, te conozco...Nada te gusta tanto como llegar al hueso con tu látigo.

COMITRE
¡No es verdad! Es mi deber. Es mi oficio. Hace veinte años que soy Cómitre de barcos venecianos. En todo caso, me he acostumbrado. Es mi oficio, trato de hacerlo bien.

CAPITAN
Pero, además, te gusta.

COMITRE
¡Me gusta castigarlos cuando merecen ser castigados! ¡Es fácil sentirse benévolo en cubierta! ¡Vos no bajáis a la sentina, no los conocéis!

CAPITAN
Sí, puede ser.

COMITRE
Os lo aseguro. También yo tengo sentimientos, y esposa, e hijos...Pero con ellos...

CAPITAN
En fin, no tiene importancia. De cualquier modo, deja que el látigo descanse hasta que lleguemos a Venecia. Se lo han ganado y, si Dios quiere, pasado mañana al amanecer estaremos en puerto.

COMITRE
Bien, señor.

CAPITAN
¿Se han retirado ya a descansar Micer Antonino y su esposa?

COMITRE
Así lo creo.

CAPITAN
Tú te quedarás de guardia en el timón, esta noche.

COMITRE
Tal como lo habéis ordenado.

CAPITAN
Bien. A lo mejor ves o escuchas cosas extrañas. No debes ver ni escuchar nada.

COMITRE
(Con una risotada de complicidad) ¡Ah, Capitán, siempre sois el mismo! Supongo que mañana podremos colgar una vela adicional en los cuernos de Micer Antonino. Así, el viejo estará contento y llegaremos antes a Venecia.

CAPITAN
¡Cállate, imbécil, pueden oírte! De aquí en adelante eres ciego, sordo y mudo. ¿Lo recuerdas?

COMITRE
Lo recuerdo.

CAPITAN
Tendrás tu recompensa, por supuesto.

COMITRE
También lo recordaré.

CAPITAN
Ahora vete y permanece atento hasta que yo te llame.

COMITRE
¡Sois un hombre afortunado, Capitán!

(Sale por la escotilla)

CAPITAN
(Solo) ¡Yo soy mi propia fortuna, Cómitre! Mi galeota "Ego Sum" es, en su porte, la más bella de Venecia, y Venecia es la más hermosa ciudad de Italia. La vida es hermosa. Ah, deben tener razón los nuevos geógrafos...La tierra debe ser redonda, para que la mano de Dios la acaricie como yo acariciaré dentro de un rato los senos perfectos de Julieta...¿Cuál es mi fortuna, sino la de ser yo mismo?

(Entra Julieta)

JULIETA
Hermosa noche, Capitán.

CAPITAN
Sí, señora Julieta, hermosa noche, sobre todo ahora que vos habéis aparecido.

JULIETA
¡Adulador...!

CAPITAN
Nada de eso. ¿No oís los lamentos de la luna?

JULIETA
¿Los lamentos de la luna?

CAPITAN
Porque vuestra belleza la ha eclipsado. Por favor, señora, entrad en mi cámara para que, al no veros, sus celos se disipen. ¿Vuestro marido se ha dormido?

JULIETA
¡Capitán! ¡Oís los lamentos de la luna y no escucháis los ronquidos de Micer Antonino?

CAPITAN
No os burléis de mí.

JULIETA
Sabéis que no me burlo. ¿Dormirá toda la noche mi marido?

CAPITAN
Profundamente, os lo aseguro.

JULIETA
Ah, feliz de él...A mí me conmueve todavía el peligro que acabamos de sortear.

CAPITAN
Ya ha pasado por completo, señora Julieta.

JULIETA
Pero la angustia subsiste.

CAPITAN
Yo sabré calmarla.

JULIETA
Jactancioso...

CAPITAN
No, apasionado. Entrad en mi cámara, señora.

JULIETA
Os espero. (Entra en la cámara)

CAPITAN
Enseguida estaré con vos. (Llamando) ¡Cómitre! (Pausa) ¡Cómitre! (Aparece el Cómitre por la escotilla) Toma, hazte cargo del timón.

COMITRE
Sí, señor.

CAPITAN
Que no se me moleste por ningún motivo. ¿Comprendes?

COMITRE
He comprendido, señor.

CAPITAN
Espero que pases una noche tranquila.

COMITRE
Y yo a vos, os deseo lo contrario. (Ambos ríen mientras el Capitán se introduce en su cámara) Descuida, Capitán, no te molestaré...Yo haré tu trabajo mientras tú fornicas. Algún día tendré mi propia nave y daré órdenes, beberé, fornicaré y haré todo lo que se me dé la gana...Sólo hace falta un buen Cómitre...al que le guste pegar, como tú dices! (Se escuchan ruidos metálicos y algunos gritos en el interior del barco) ¿Y eso? ¿Qué sucede? ¿Debo estar yo en todas partes?

(Por la escotilla aparece el Marinero 1º)

MARINERO 1º
¡Eh, Cómitre! ¡Ven a hacer tú mismo tu trabajo!

COMITRE
¿Qué sucede?

MARINERO 1º
Los galeotes se quejan de la comida.

COMITRE
¿Ah, los señores se quejan de la comida...?

MARINERO 1º
Dicen que se les ha prometido doble ración.

COMITRE
Diles que si yo bajo...

MARINERO 1º
Dicen que el Capitán les ha prometido doble ración...¡Están armando un escándalo infernal!

COMITRE
¿Crees que soy sordo? El Capitán no me ha ordenado nada...(Pausa) Expresamente, no me ha dicho nada, ¿comprendes?

MARINERO 1º
A mí no me importa. Baja y convéncelos.

COMITRE
No puedo. Estoy a cargo del timón por orden del Capitán.

(El ruido aumenta)

MARINERO 1º
Bueno, yo te he avisado...Pero te advierto que están furiosos. Creo que nunca los he visto así.

COMITRE
Toma mi látigo y hazlo chasquear una o dos veces...Verás como se callan.

MARINERO 1º
Ese es tu trabajo.

COMITRE
¡Te estoy haciendo el honor de delegártelo, imbécil!

MARINERO 1º
Ese tal Nicolás me ha dicho que el Capitán ordenó que no se los azotara.

COMITRE
¡Ese tal Nicolás...! (Va hasta la cámara del Capitán y llama a la puerta, quizás demasiado sonoramente. Espera un momento y vuelve a llamar) ¡Eh, Capitán!

(Pausa. Se abre la puerta de la cámara y aparece el Capitán, en mangas de camisa, notoriamente alterado)

CAPITAN
¡Escúchame, imbécil! ¿No te he dicho que no me molestaras?

COMITRE
Señor...

CAPITAN
(Interrumpiéndole) ¿Y es ésa la forma de llamar a la puerta de tu Capitán?

COMITRE
Es un asunto urgente. Los galeotes se quejan de la comida y se han amotinado.

CAPITAN
(Amenazante) ¿No te advertí que no me molestaras?

COMITRE
Bien, señor, sois el Capitán. Me pareció...

CAPITAN
¡Oh, Dios mío, sí, soy el Capitán! ¿Pero debo ser también el Cómitre? ¿No sabes tu oficio?

COMITRE
¡Señor!

CAPITAN
¡Les pegas por todo, Cómitre, pero ahora que sabes que estoy ocupado, vienes a buscarme lloriqueando...!

COMITRE
¡Basta...! Yo no estoy lloriqueando, Capitán.

CAPITAN
¡Usa tu látigo y déjame en paz! (Cierra violentamente la puerta en las narices del Cómitre)

COMITRE
(Para sí mismo) No pido otra cosa, señor, no pido otra cosa...(Al Marinero 1º) Cuida el timón.

(Baja por la escotilla. Al tumulto anterior, que ha seguido creciendo, se suma el chasquido del látigo, las imprecaciones del Cómitre y los ayes de dolor de los galeotes; pero el tumulto no disminuye, sino que aumenta)

MARINERO 1º
Mala está la cosa, muy mala...Nunca los he visto así...

(Por la escotilla aparece el Marinero 2º)

MARINERO 2º
¿Oyes?

MARINERO 1º
Sí.

MARINERO 2º
¡Los está matando a latigazos! ¿Pero esta vez no ceden!

MARINERO 1º
Mala está la cosa...

MARINERO 2º
Es una imprudencia excitarlos a tal punto.

MARINERO 1º
Los matará.

MARINERO 2º
¿Y quién remará entonces? Te digo que es una imprudencia.

(El ruido aumenta todavía. Se abre violentamente la puerta de la cámara y sale el Capitán)

CAPITAN
¿Pero qué diablos pasa en este barco? (Hacia adentro de la cámara) No os inquietéis, Julieta. Veré qué sucede y enseguida volveré a vuestro lado. Mi impaciencia no es menos que la vuestra. (Cierra la puerta y se aproxima a los Marineros) ¿Qué sucede?

MARINERO 1º
Los galeotes se han amotinado. Se quejan de la comida.

CAPITAN
¿Y el Cómitre?

MARINERO 2º
Abajo, señor.

CAPITAN
Llámalo.

(El Marinero 2º desaparece por la escotilla, mientras el Capitán se pasea por la cubierta) ¿Sabes algo del alma, Marinero?

MARINERO 1º
¿Eh...?

CAPITAN
Nada, pensaba...Cuando el buen Dios no sopla sus vientos en el mar, el Diablo desata los suyos en el alma de los hombres.

MARINERO 1º
Prefiero los últimos, señor, aunque sea una irreverencia. Por lo menos, no hunden embarcaciones.

CAPITAN
No lo sé, Marinero, no lo sé...Por esta noche hubiese preferido que Dios y el Diablo permaneciesen con la boca cerrada. (Suspira. Por la escotilla reaparece el Cómitre, jadeante, con el látigo en la mano)

COMITRE
¿Señor...?

CAPITAN
Parece que tu látigo ha vuelto a fracasar.

COMITRE
Por lo menos, dejadme terminar mi tarea.

CAPITAN
¿Qué sucede allí abajo?

COMITRE
¡Están armando un alboroto de mil demonios! ¡Pero mi látigo no fracasará! ¡Os aseguro que no fracasará!

CAPITAN
Sí, terminarás matándolos a todos.

COMITRE
¡Puah...! (Escupe) Disculpadme que os lo diga, pero en una nave donde hubiese verdadero rigor, verdadera disciplina, mi látigo ya los hubiese domado.

CAPITAN
(Fríamente) ¿Y si tu látigo fracasara?

COMITRE
Entonces, señor, un buen Capitán adornaría su arboladura con dos o tres de ellos.

CAPITAN
Cuida tu lengua, Cómitre, o quizás termines adornándola tú.

COMITRE
(De mala gana) No fue mi intención ofenderos.

CAPITAN
¿Por qué se han alborotado esta vez?

COMITRE
Dicen que les prometisteis doble ración.

CAPITAN
Es verdad...¿Por qué no se la diste?

COMITRE
No recibí ninguna orden expresa en tal sentido.

CAPITAN
Sí, lo olvidé. Pero tú oíste que yo lo había prometido.

COMITRE
(Encogiéndose de hombros) No me ordenasteis nada.

CAPITAN
(Colérico) ¡Pero tú oíste...!

COMITRE
(Interrumpiéndole) Además, la navegación se ha demorado y no hay seguridad total de cuándo llegaremos a Venecia. Las provisiones escasean y pueden llegar a faltar.

(Pausa larga)

CAPITAN
¿Cómo se llama el jefe, el influyente? (Pausa) Ese con el que hablé esta tarde.

COMITRE
(Sombrío) Nicolás, se llama.

CAPITAN
Bien, tráelo. Hablaré con él otra vez.

COMITRE
Es inútil

CAPITAN
¡Tráelo!

COMITRE
Veré si puede subir.

(Vuelve a bajar por la escotilla. El Capitán va hasta su cámara, golpea ligeramente y abre la puerta)

JULIETA
(Off) ¿Qué sucede, señor? Os estoy esperando.

CAPITAN
Ya está casi todo resuelto. Un momento más y estaré de regreso.

JULIETA
(Off) ¿No hay peligro?

CAPITAN
¿Peligro? (Se ríe) Ninguno, señora, no temáis nada.

JULIETA
(Off) Ahora yo tengo celos de la luna, pues ella os acapara.

(El Capitán la mira con el apasionamiento de un galán del cine mudo, y vuelve a cerrar la puerta. Simultáneamente ascienden por la escotilla el Cómitre y Nicolás, este último con las ropas más detrozadas aun que en el acto primero, y demostrando haber recibido una gran paliza. Lleva un plato de metal en las manos)

NICOLAS
(Arroja el plato a los pies del Capitán, casi llorando de furia y dolor) ¿Esta es tu doble ración de comida, Capitán?

CAPITAN
Escúchame, Nicolás...

NICOLAS
¿Esta es tu doble ración de comida?

CAPITAN
¡Escúchame, Nicolás! No quiero enfurecerme, Nicolás , no quiero perder la calma. Estoy apurado. Escúchame.

NICOLAS
¿Esta es tu doble ración de comida?

CAPITAN
Ha habido una equivocación. El Cómitre no escuchó...Es decir, no interpretó mi orden de que se os diese doble ración.

(Pausa larga)

NICOLAS
Bien, dásela.

CAPITAN
¡Cállate! Escúchame, Nicolás...Te estoy demostrando mi buena voluntad, ¿te das cuenta?, pero no puedo perder mucho tiempo contigo. Yo te prometí de buena fe la doble ración. El Cómitre no me interpretó ¿Comprendes?

NICOLAS
Sí.

CAPITAN
Bien. Pero sucede que nuestras provisiones escasean. Yo no lo sabía, pero no podemos daros doble ración porque una nueva demora pondría en peligro la subsistencia de todos. ¿Comprendes?

NICOLAS
(Con una calma trágica) Me engañaste. Peor aún, me hiciste engañar a mis compañeros.

CAPITAN
Yo no te engañé, Nicolás, no me hagas perder la paciencia.

NICOLAS
¿Qué más podemos perder nosotros, Capitán, aunque tú pierdas la paciencia?

CAPITAN
No abuses de mí...

NICOLAS
(Interrumpiéndole) ¡Prometiste también que no habría más azotes! (Mostrándole) ¡Mira mis brazos, mi espalda...!

(El Capitán mira al Cómitre)

COMITRE
¡Yo cumplí vuestras órdenes!

(Pausa larga)

CAPITAN
Es cierto. Cumplió mis órdenes...

NICOLAS
Y yo te creí...

CAPITAN
Lo confieso, olvidé mi promesa. Estoy apurado, ¿sabes? y olvidé que había prometido que no habría más azotes hasta que llegáramos a Venecia. (Pausa) Fue sólo un arranque de ira...Me exasperó vuestra rebelión y olvidé mi promesa.

NICOLAS
Y yo te creí...

CAPITAN
Lo lamento.

NICOLAS
¡Pero nosotros prometimos remar, y lo cumplimos!

CAPITAN
Es cierto. No puedo explicártelo todo, Nicolás, estoy apurado...¿Sabes lo que es la política? (Nicolás calla) Es el arte de conducir un barco cuando no hay viento, ni velas, ni remeros...Es el arte de la navegación, cuando no hay barco inclusive. (Pausa) Yo te engañé, si quieres...Involuntariamente, ya te lo he explicado. Pero, aunque así no fuera, salvé tu vida. Gracias a mí, tú y tus compañeros de abajo, nosotros aquí sobre la cubierta, el León de San Marcos allí arriba, todos seguimos navegando. De lo contrario...Yo salvé tu vida, Nicolás, piénsalo. Eso al menos deberías agradecerme.

NICOLAS
Mi vida se salvó sola. A ti no te importaba salvarla o perderla.

COMITRE
¡Basta, señor! ¡Me avergonzáis! ¡Sois un caballero, el Capitán de una nave veneciana! Disculpadme, señor, pero no puedo escucharos dando explicaciones a un sucio galeote.

CAPITAN
¡Cállate, Cómitre! ¡No olvido mis deberes! Soy el Capitán de esta nave y, como tal, soy responsable también de mis galeotes...Soy responsable de sus cuerpos ante Venecia, y de sus almas ante Dios. ¿Me escuchas, Nicolás? Lamento lo sucedido. Te estoy hablando de buena fe.

NICOLAS
Mi cuerpo y mi alma se cagan en tu buena fe.

COMITRE
(Blandiendo su látigo) ¿Lo veis, señor? ¡Dejadme a mí!

CAPITAN
(Glacialmente, lo detiene con un gesto) No. Realmente, Nicolás, eres un recalcitrante. Por lo visto, el Cómitre tiene razón. Te he hablado como a un amigo, pero tú no eres capaz de entenderme. (Pausa) ¿Sabes?, en el fondo me haces un favor, ya que me relevas de todas mis buenas intenciones. (Pausa) Ahora irás allí abajo y convencerás a tus compañeros de que depongan su actitud. Explícales lo de la doble ración, diles que hubo un equívoco.

NICOLAS
No.

CAPITAN
Está bien, no voy a discutir contigo. ¿Sabes lo que te espera?

NICOLAS
Puedo imaginarlo.

CAPITAN
No, no te lo imaginas. Nada de azotes, Nicolás. Cumpliré mi promesa. Te haré cortar las orejas , en cambio. Te haré arrancar los ojos...Y yo mismo te cortaré los testículos. (Pausa) Contéstame. (Espera la contestación de Nicolás, pero ésta no se produce) Bien. Hasta que cese la rebelión, cada vez que suene la campana indicando la hora, un galeote irá al agua. Tú será el primero.

NICOLAS
Los que queden, seguirán gritando. Y cuando no quede ninguno, Capitán, ¡qué Dios te ayude! ¡Que Dios abra su boca y sople, porque de lo contrario no sé si llegarás a Venecia!

CAPITAN
(Le da un golpe en la boca y lo derriba) ¡Dios abrirá su boca! ¡Cierra tú la tuya! (Nicolás empieza a levantarse dificultosamente) Llévalo abajo, Cómitre. Es tuyo.

COMITRE
(Terminando de levantar a Nicolás) Vamos.

(Por la escotilla aparece el Marinero 2º, despavorido)

MARINERO 2º
(Señalando hacia abajo, al interior del barco) ¡Cómitre! ¡Los galeotes se han rebelado! ¡Han arrancado sus...!

(Por la escotilla aparecen Anselmo, Bernardo, Bartolomé y el Negro -galeotes-, blandiendo en forma amenazadora las cadenas que les aprisionan los brazos. El Cómitre enarbola su látigo y el Capitán intenta desenvainar su espada. Se oye ruido de lucha en el interior del barco.)

CAPITAN
¡A ellos, Cómitre!

(Nicolás da un salto y enlaza con su cadena el pescuezo del Capitán)

NICOLAS
¡Quédate quieto! ¡Quédate quieto o te estrangulo!

(El Cómitre se vuelve sorprendido y los galeotes aprovechan el momento para desarmarlo y aprisionarlo. El Marinero 2º ha quedado junto al timón, pero sin hacerse cargo de él, no repuesto todavía de la sorpresa y el terror)

CAPITAN
¡Escuchadme, galeotes! ¿Os habéis vuelto locos!

NICOLAS
(Apretando la cadena) ¡Cállate!

CAPITAN
¡Nicolás, escúchame! (Pausa. Nicolás afloja un poco la cadena) ¡Os doy una última oportunidad de recapacitar! ¡Deponed vuestra actitud! ¡Os ahorcarán!

NICOLAS
(A los galeotes) ¿Escucháis?

ANSELMO
(Escupiendo en el suelo) ¡Puah...!

CAPITAN
¡Prometo que no habrá represalias! (Los galeotes se miran y se ríen) Escuchadme...

NICOLAS
(Apretando la cadena) ¡Cállate!

BERNARDO
¡Y tú, Cómitre! Ya no nos pegarás más, ¿no es cierto?

(Los galeotes vuelven su atención al Cómitre. Este, pálido, no contesta)

ANSELMO
¿Te han comido la lengua, querido Cómitre?

BERNARDO
¡Antes eras tan elocuente!

BARTOLOME
¿Eras tú el que movía el látigo, o el látigo te movía a ti?

COMITRE
(Balbuceando) Yo...Yo sólo cumplía órdenes.

CAPITAN
¡Miserable! ¡Al menos muere como un hombre!

COMITRE
¡Yo sólo cumplía vuestras órdenes!

ANSELMO
Bien, Cómitre, ahora comprenderás que a veces es preciso desobedecer.

BERNARDO
¡No cumplir tan fielmente las órdenes recibidas!

BARTOLOME
¿Sabes qué vamos a hacer contigo?

COMITRE
(Aterrorizado) ¡Os ahorcarán...!

(Los galeotes murmuran insultos entre dientes, masticando las palabras que no alcanzan a expresar su resentimiento, mientras van empujando al Cómitre -sin tocarlo- hasta acorralarlo junto a la borda)

BERNARDO
Eso te preocupa, ¿verdad?

ANSELMO
Sí, se aflige por nosotros.

BARTOLOME
¡Miserable!

COMITRE
(Débilmente, presintiendo su fin) No...

ANSELMO
¡Canalla! ¡Hijo de puta!

BERNARDO
¡Rufián! ¡Asesino!

COMITRE
(Idem) No, no...(Un gran silencio invade la cubierta. El Cómitre se halla aplastado contra la borda y finalmente ante la creciente proximidad de los galeotes, cae por sobre la barandilla al agua con un chillido de terror) ¡No...!

ANSELMO
(Se da vuelta, persignándose) ¡Sólo deseo que no se pudra el mar!

BERNARDO
(Recoge el látigo que ha quedado sobre la cubierta y lo arroja al mar) ¡Toma! (A los otros) Satanás se extrañaría de verlo llegar sin su látigo.

BARTOLOME
Y ahora Nicolás, ¿qué haremos? (Nicolás suelta al Capitán y recoge su espada)

CAPITAN
¿Qué harás con nosotros, Nicolás? ¿Qué harás conmigo?

NICOLAS
(Sin prestarle atención, se dirige a Anselmo) ¿Los Marineros, Anselmo?

ANSELMO
Uno murió en el combate. Los demás, están encerrados en la sentina.

NICOLAS
(Señalando al Marinero 2º) Lleva a éste también...(Anselmo y el Marinero 2º se encaminan hacia la escotilla . Antes de que lleguen, Nicolás llama) Marinero...

MARINERO 2º
(Se da vuelta, muy asustado) ¿Señor...?

NICOLAS
(Con asombro) ¿Señor? (Ríe estrepitosamente) ¿Te das cuenta Capitán? ¿Te das cuenta qué fácil es? (Pausa. Al Marinero) No tengas miedo, Marinero. Diles a tus compañeros que nada tienen que temer. Llévalo, Anselmo.

(Anselmo y Marinero 2º salen por la escotilla)

CAPITAN
¿Y nosotros, Nicolás?

NICOLAS
(Sin prestarle atención) Bernardo, trae al mercader y a su esposa. Los encerraremos a los tres en la cámara del Capitán.

CAPITAN
Nicolás, os doy una última oportunidad. Prometo ser clemente...

NICOLAS
(Interrumpiéndole) ¡Basta, Capitán! ¡Si me prometes algo más, te mato!

BERNARDO
(Abre la puerta de la cámara y señala hacia adentro, sin mirar) Adentro, Capitán (Mira hacia adentro y descubre a Julieta) ¡Eh, mirad lo que encontré! (Pausa) Ven aquí, preciosa, donde te podamos ver bien.

JULIETA
(Saliendo de la cámara, muy atemorizada) ¿Qué sucede? (Al ver al Capitán) Capitán, ¿qué sucede?

CAPITAN
¿No lo veis, señora? Los galeotes se han apoderado de la nave.

JULIETA
¿Los galeotes? (Mira a su alrededor, histéricamente asustada) Dios mío, ¿qué será de nosotros? ¿qué será de mi? ¡Los galeotes! ¡Violan y matan mujeres!

CAPITAN
Señora...

NICOLAS
Nadie te tocará.

JULIETA
¡Sí, lo sé, violan y matan! (Mira a su alrededor con repugnancia. Su mirada se detiene en Nicolás) ¡Nicolás! ¡Tú me deseas! ¡Lo dijiste! (En voz baja) Si me violan, prefiero que seas tú...

NICOLAS
(La rechaza) Y si te matan, ¿quién prefieres que sea?

JULIETA
¡No, Nicolás! ¡Yo me quedaré contigo! ¡Me quedaré aquí en la galeota para siempre!

NICOLAS
¡Basta, ramera! ¡Vuelve a encerrarte!

JULIETA
(Retrocediendo atemorizada hacia el interior de la cámara) Déjame entonces regresar a Venecia...

NICOLAS
(Sin prestarle atención) ¿Venecia? ¿Venecia? (Mira hacia el tope del mástil y luego a su alrededor, hasta que se dirige al Negro) Negro, ¿me entiendes? (El Negro lo mira fijamente sin contestar. Nicolás señala el tope del mástil) ¿Ves allí arriba? (Pausa. El Negro mira hacia donde Nicolás indica) Súbete y tráeme ese trapo que flamea en la punta del mástil...¿Me entiendes, Negro? (El Negro, sin contestar, comienza a ejecutar lo ordenado por Nicolás. Simultáneamente, aparecen por la escotilla Micer Antonino y Anselmo)

ANSELMO
He traído a este caballero que quiere saber qué pasa.

MICER ANTONINO
Capitán, os hago responsable...

CAPITAN
Señor, ya sólo soy responsable de mi alma...

BERNARDO
¡Vamos, adentro! Allí podréis discutirlo a gusto.

(Julieta, Micer Antonino y el Capitán penetran en la cámara y Bernardo cierra la puerta)

BARTOLOME
¿Y ahora, Nicolás?

NICOLAS
Espera...¿Los otros galeotes...?

ANSELMO
Abajo. No han podido soltar sus cadenas.

NICOLAS
Bien, ahora los soltaremos.

(En ese momento cae sobre cubierta el pabellón de Venecia, arrojado desde la punta del palo por el Negro. Nicolás lo levanta y lo despliega)

BARTOLOME
(Con un dejo de temor) ¡El León de San Marcos!

NICOLAS
Sí, el León de San Marcos. ¿Veis, compañeros? Ya no ruge ni lanza zarpazos ni sacude la melena. Ronronea y arquea el lomo esperando que le rasquen la cabeza. Quiere jugar con nosotros...(Arroja el pabellón por la borda) ¡Vé y maúllales a los peces! (Mira a su alrededor como si descubriera el mundo, lentamente. Va tocando a sus compañeros a medida que los nombra) Anselmo...Bernardo...Bartolomé...(Mira hacia arriba) Y tú, Negro...Parece un sueño de galeote, pero es verdad...¡Este es un barco de hombres libres!

(Cae el telón)



ACTO TERCERO

(Amanece sobre la galeota. Sopla una suave brisa que amenaza ya ser viento. Junto al timón se halla Anselmo, aunque no intenta conducir el barco, cuya vela latina aún está plegada; a su lado, el Negro lo escucha atentamente, sentado sobre un rollo de cuerdas. Los galeotes ya no tienen las cadenas que exhibieron en los actos anteriores, y están armados)

ANSELMO
...Entonces, Jesús..., que era Hijo de Dios, ¿recuerdas?..., dijo: "Antes pasará un camello por el ojo de una aguja, que un blanco entrará en el reino de los cielos" (El Negro ríe y aplaude complacido) ¿Así te gusta? (El Negro asiente) Pero no es cierto, negro. Yo soy blanco. ¿No quieres que yo también entre en el reino? (El Negro comienza a hacer gestos incomprensibles, al mismo tiempo que, por la escotilla, aparece Bartolomé, sin ser visto ni oído por los otros. Anselmo sigue tratando de entender las morisquetas del Negro) ¿Qué dices?

BARTOLOME
Dice que no es cierto, que tú también eres negro.

ANSELMO
¡Bartolomé! ¿Qué pasa? ¿Y Nicolás?

BARTOLOME
Abajo, discutiendo...

ANSELMO
¿No los ha convencido?

BARTOLOME
No.

ANSELMO
¿Pero por qué? ¿Qué dicen?

BARTOLOME
No quieren...Dicen que no arriesgarán su pescuezo...Que los dejemos tranquilos.

ANSELMO
¿Pero no se dan cuenta...?

BARTOLOME
No. Están convencidos de que fracasaremos, Anselmo, y prefieren seguir encadenados antes que perder la vida.

ANSELMO
Si nos atrapan, los ahorcarán de todas maneras. ¡Están locos!

BARTOLOME
Razón de más para dejarlos encadenados...O para tirarlos al agua, como a esos tres que están ahí...(Señala la cámara del Capitán)

ANSELMO
¡No, eso no, Bartolomé...! Al fin y al cabo, son nuestros hermanos.

BARTOLOME
¿Hermanos? ¡Puah...! (Escupe por sobre la borda) ¡Son unos hijos de puta! Si nos salvamos, se salvarán con nosotros; si nos perdemos, se salvarán contra nosotros.

ANSELMO
Me dan lástima, Bartolomé.

BARTOLOME
A mí, no.

(Por la escotilla aparece Nicolás, con aire cansado)

ANSELMO
¡Aquí está Nicolás! ¿No los pudiste convencer?

NICOLAS
No, están pegados a sus remos. Creo que, en cierto modo, añoran el chasquido del látigo.

BARTOLOME
¡Yo les daría el gusto!

NICOLAS
Quizás ellos merecen eso, pero tú no.

ANSELMO
No sé, no los entiendo.

NICOLAS
Poco entiendes, entonces. Hace miles de años que tratan de conseguir un lugar bajo el sol, inútilmente...¿Qué tiene de extraño que ahora sus almas sean raquíticas?

BARTOLOME
¿Y yo, entonces, Nicolás? ¿Y nosotros?

NICOLAS
No sé, Bartolomé, quizás seamos un milagro. Esa es nuestra responsabilidad.

BARTOLOME
¿Cómo?

NICOLAS
Llevar a cabo nuestra posibilidad de ser algo distinto.

BARTOLOME
No entiendo.

NICOLAS
Entonces, no me hagas caso. (Pausa) ¿Y Bernardo?

ANSELMO
(Temerosamente) Duerme.

NICOLAS
¿Se ha emborrachado?

ANSELMO
(Vacila) No...¡No pude evitarlo, Nicolás!

NICOLAS
¡Te dije que lo vigilaras! ¡Y a ti, Negro!

ANSELMO
No pude evitarlo.

NICOLAS
(Resignado) Está bien, ya no importa. (Pausa) Empieza a soplar viento, ¿no?

BARTOLOME
Sí, puede ser...

NICOLAS
Bueno...¿Qué haremos?

ANSELMO
Tú eres el jefe.

(Nicolás mira a Bartolomé)

BARTOLOME
Sí, tú eres el jefe.

NICOLAS
Decidámoslo entre todos.

BARTOLOME
Escucha, Nicolás, estuve pensando...El Mediterráneo está plagado de barcos piratas que hacen su agosto...

NICOLAS
¿Y con eso?

BARTOLOME
Bueno, tenemos un barco, ¿no? Y valor no nos falta...

NICOLAS
Nos sobra valor, Bartolomé. Nos sobra valor para hacer eso.

BARTOLOME
A nadie le debemos nada. No veo motivo para no hacerlo, y así podríamos seguir juntos, ganarnos la vida y vengarnos de todas las injusticias padecidas.

NICOLAS
(Violento) ¡Basta! ¿No entiendes nada, Bartolomé?

BARTOLOME
Creo que entiendo perfectamente...

NICOLAS
¡Estás loco tú también!

BARTOLOME
Bueno, fue sólo una idea, pero ya te dijimos que tú eres el jefe...

NICOLAS
¡No es eso! ¡Aunque yo no fuera el jefe, tú no deberías pensar eso!

BARTOLOME
(Azorado) Pero...¿por qué?

ANSELMO
Séptimo mandamiento: no robarás.

NICOLAS
¡Tú, déjate de sermones! ¡Tampoco es eso! (Pausa) Disculpadme, estoy cansado y me irrito con facilidad...(Pausa) Bartolomé, ¿recuerdas a aquel galeote que hace dos años, por una discusión sin importancia, mató a golpes a su compañero de remo?

BARTOLOME
Sí, lo ahorcaron.

NICOLAS
El Cómitre lo había tenido a mal traer toda la tarde, golpeándolo sin asco. ¡Pero como no podía desquitarse con el verdadero culpable, con el Cómitre, y estaba irritado, y se sentía maltratado y rabioso, mató a golpes por una cuestión sin importancia a quien no era su enemigo!

BARTOLOME
Sí, eso es malo.

NICOLAS
Hay algo quizás peor: fue inútil, gratuito...Y, a su enemigo, no le hizo nada...

BARTOLOME
Está bien, Nicolás...

ANSELMO
¿Qué haremos?

NICOLAS
Bueno, he pensado que podemos dirigirnos hasta la costa dálmata. Está relativamente cerca y el poder de Venecia no se extiende hasta allí. Elegiremos un lugar en la costa apropiado para el desembarco y hundiremos el barco para que no quede huella de nosotros. Luego decidiremos qué hacer: si seguimos juntos o nos dispersamos.

ANSELMO
¿Y los otros galeotes?

NICOLAS
Desembarcarán con nosotros, si no quieren hundirse con el barco.

ANSELMO
De acuerdo.

BARTOLOME
De acuerdo. ¿Pero cómo iremos...?

NICOLAS
Sí, ya sé, para eso es preciso contar con la ayuda de los marineros, de alguno de ellos, por lo menos. Nosotros no sabríamos seguir el rumbo preciso ni realizar las maniobras necesarias.

ANSELMO
¿Aceptarán hacerlo?

BARTOLOME
¡Tendrán que hacerlo! ¡Los obligaremos, si es preciso!

NICOLAS
Creo que si les garantizamos la vida, desembarcando con nosotros y regresando a Venecia si lo desean, podremos contar con su ayuda. ¿De acuerdo?

ANSELMO
Sí, por supuesto.

BARTOLOME
De acuerdo.

NICOLAS
Luego hablaremos con ellos. Antes, debemos decidir... (Señala hacia la cámara del Capitán) ¿Qué hacemos con esos tres?

BARTOLOME
Creí que eso ya estaba resuelto de antemano. A la mujer, la guardamos con nosotros; a los otros, ¡al agua!

ANSELMO
¡No, me opongo! ¡Es una crueldad inútil, Nicolás! ¡Nada ganamos con eso!

BARTOLOME
¡Vamos, Anselmo! ¿No crees que se lo han ganado? ¿Te olvidas de los palos, del hambre, de los insultos, de las falsas promesas? ¿Acaso merecen clemencia, esos canallas?

ANSELMO
Todo el mundo merece clemencia...

BARTOLOME
No estoy de acuerdo. ¿Qué pretendes que hagamos? ¿Que les entreguemos el barco y volvamos a nuestros remos como corderitos?

ANSELMO
¡No he dicho eso! ¡Pero podemos desembarcarlos a ellos también en la costa dálmata!

BARTOLOME
¡Eres un imbécil, Anselmo! ¿No te das cuenta de que volverían a Venecia de inmediato, como bestias enfurecidas, clamando venganza?

(Pausa larga)

ANSELMO
De todos modos, los marineros volverán a Venecia y allí contarán todo lo que ha pasado.

BARTOLOME
Tienes razón. ¡Matemos también a los marineros!

ANSELMO
¡No seas animal!

BARTOLOME
¡Además, es distinto! ¿No es distinto, Nicolás? (Nicolás calla) Los Marineros no tienen dinero, ni relaciones, ni influencia...Tardarán muchos meses en volver a Venecia y, para entonces, el asunto se habrá olvidado. No pueden armar una flotilla, ni levantar un ejército, ni mover a los embajadores del Dux para que nos encuentren dondequiera que nos hayamos metido. ¿No es distinto, Nicolás?

(Pausa larga)

NICOLAS
Sí, es distinto...

ANSELMO
De todos modos...La vida humana es sagrada.

BARTOLOME
¡Bah, tonterías...! ¿No matamos al Cómitre? ¿No ayudaste tú a eliminar a esa bestia?

ANSELMO
¡Eso era distinto! Pero así, fríamente...

NICOLAS
La vida humana es sagrada. La vida, simplemente, es sagrada. Pero hay una prioridad necesaria, Anselmo, indiscutible: la propia vida.

ANSELMO
¿Quiere decir, entonces...?

NICOLAS
(Sombrío) Creo que Bartolomé tiene razón. Creo, con dolor, que hay que matarlos...

BARTOLOME
¡Yo los mataré con alegría!

NICOLAS
No tienes derecho a decir eso. No tienes derecho a sentir eso. Si no los amas, no tienes derecho a matarlos.

BARTOLOME
¡Si los amara, no los mataría!

NICOLAS
¡No es así! No es así, Bartolomé...(Exaltado) Escúchame...Si tu amor embota tu justicia, es un amor infame; pero si tu justicia carece de amor, es una falsa justicia...

ANSELMO
Nicolás, te ruego...

NICOLAS
No, Anselmo, no me ruegues. Con amor, con dolor, con asco, con lástima de ellos y de nosotros, pero hay que matarlos...Creo que debo hacerlo.

BARTOLOME
Bah, todo eso es muy complicado. Tú eres muy complicado.

NICOLAS
¿Complicado?

BARTOLOME
Con amor o sin é, no creo que haya ninguna diferencia.

NICOLAS
Para ellos, no. Pero para nosotros, los que sobrevivimos, creo que es terriblemente importante. Si no, nada tendría sentido...

(Pausa larga)

BARTOLOME
Puede ser...Hablas como un cura, Nicolás.

ANSELMO
El fue realmente un cura.

NICOLAS
¡Anselmo!

ANSELMO
¿Qué tiene de malo? ¿Por qué no decirlo, ahora...?

BARTOLOME
(Ríe burlonamente pero sin agresividad) ¿De modo que fuiste cura? ¡Algo te ha quedado!

ANSELMO
¡Déjalo tranquilo!

BARTOLOME
¿Y cómo, siendo cura, descendiste a galeote? (Pausa. Nicolás no contesta) ¡Vamos, cuéntame! ¡No te hagas el orgulloso, Nicolás! ¡Te juro que no me burlaré! ¿Acaso no somos compañeros? ¿Cómo viniste a parar acá?

NICOLAS
(Hoscamente) A veces, he fornicado con una muchacha del lugar.

ANSELMO
¡No fue por eso!

BARTOLOME
¡Claro que no! ¡Dime la verdad!

NICOLAS
Algunos días, bebía hasta embriagarme...

BARTOLOME
¡Vamos...! ¡Cómo si a todos los curas borrachos los condenasen a galeras!

ANSELMO
Dile la verdad...

NICOLAS
Ya no recuerdo bien cual es la verdad, Anselmo (Pausa) Los campesinos de mi pueblo tenían hambre. Se apoderaron de las tierras del Arzobispo. Yo los apoyé.

(Pausa larga)

BARTOLOME
Discúlpame...No quise burlarme de ti.

ANSELMO
¡Confía en Dios, Nicolás!

NICOLAS
¡Bah, Dios...!

BARTOLOME
¿Has perdido la fe?

NICOLAS
¿Qué importa que yo crea en El, si El no cree en mí?

ANSELMO
¡Nicolás!

BARTOLOME
Bueno, es hora de poner manos a la obra.

NICOLAS
Tienes razón. (Va hasta la cámara y abre la puerta) ¡Salid! (De la cámara salen el Capitán, Micer Antonino y Julieta)

CAPITAN
(Arrogante) ¡Ya era hora! ¿Qué sucede? ¿No os poníais de acuerdo?

NICOLAS
Vais a morir.

CAPITAN
Por supuesto.

MICER ANTONINO
¡Un momento! Estoy dispuesto a pagar mi rescate y el de mi esposa.

NICOLAS
No, mercader, no hay rescate.

MICER ANTONINO
Espera, no te apresures. Puedo haceros ricos a todos.

NICOLAS
No hay rescate.

JULIETA
¡Quiero hablar contigo, Nicolás!

MICER ANTONINO
¡Cállate, Julieta! ¡Déjame hablar a mí!

JULIETA
¡Déjame tranquila!

MICER ANTONINO
(Le da un bofetón) ¡Te he dicho que te calles, ramera! ¿Por qué habríais de hacer eso conmigo? ¿Por qué vais a matarme? ¿Por qué rechazáis mi rescate? (Abyectamente) Al fin y al cabo...¿qué os he hecho? He tomado este barco como podría haber tomado otro cualquiera. (Señalando al Capitán) ¡El es el responsable! ¿Por qué tengo que pagar yo sus crueldades e injusticias?

NICOLAS
(Al Capitán) ¿Qué dices tú?

CAPITAN
Es cierto. Yo soy enteramente responsable de todo.

MICER ANTONINO
¿Veis? ¿Veis que tengo razón? ¡El mismo reconoce su culpa!

CAPITAN
(Con desprecio) ¡No exageréis, Micer Antonino! Reconozco mi responsabilidad, no mi culpa.

MICER ANTONINO
¡Es lo mismo! (A Nicolás) Ya veis, señores, que nada tengo que ver con los maltratos y sinsabores que habéis sufrido. Aceptad mi rescate.

ANSELMO
Si no tienes nada que ver...¿por qué nos ofreces rescate?

MICER ANTONINO
(Queda desconcertado pero enseguida se rehace) Como...¡Como compensación por vuestros sufrimientos!

NICOLAS
¡Basta, cerdo! Realmente, matándote a tí es difícil no alegrarse.

MICER ANTONINO
(Al borde del llanto) Señor...

NICOLAS
¡Basta!

JULIETA
¿Puedo hablar yo, Nicolás?

NICOLAS
Te escucho.

JULIETA
Quiero hablar contigo...

NICOLAS
Sí.

JULIETA
No, en privado.

NICOLAS
Habla aquí.

JULIETA
¿No me quieres, Nicolás?

MICER ANTONINO
(Gimiendo) Julieta...

JULIETA
¡Déjame en paz, cerdo! Contéstame, Nicolás...¿No me quieres? ¿No quieres que me quede contigo?

NICOLAS
No.

JULIETA
(Dirigiéndose a los otros galeotes) Y vosotros...¿No me queréis? Puedo quedarme con vosotros...

BARTOLOME
Nicolás...

NICOLAS
No.

JULIETA
¡Por favor...! Mirad mis senos...(Descubre los senos) Mis piernas...(Levanta su falda y exhibe las piernas)

CAPITAN
¡Basta! ¡Me dais asco, todos! (Irónicamente) ¡Decido desembarcarme...voluntariamente! (Se encamina hacia la borda)

NICOLAS
(Deteniendo a Anselmo y Bartolomé, que quieren detener al Capitán) ¡Dejadlo!

CAPITAN
Lamento desilusionarte, Nicolás...He decidido no darte el gusto de verme a mí también berreando y gimiendo, como éstos...Moriré como un caballero.

NICOLAS
No me desilusionas, Capitán... Al contrario, me alegra que seas valiente. Es una virtud, y tú necesitas desesperadamente poder exhibir alguna. Pero no te envanezcas demasiado. Morir como un hombre no te exime de haber vivido como una rata.

CAPITAN
(Jactancioso) ¿Y yo soy una rata?

NICOLAS
Sí, Capitán, eres una rata. Admito que hermosa, fuerte astuta e incluso valiente; pero una rata.

CAPITAN
Es posible que conozcas bien a las ratas, pues siempre has vivido entre ellas... ¡Pero qué sabes tú de los hombres, galeote!

NICOLAS
Te diré lo que sé...Cada hombre, Capitán, es una columna de sangre. Todas juntas sirven para sustentar una empresa común. La palabra "nosotros" -¿comprendes, Capitán?- corona y justifica a cada uno...Porque privadas de eso ya no tienen sentido... Ya no son columnas de sangre, sino muñones mutilados de su razón de ser...

CAPITAN
No me arrepiento de nada, sino de lo que Dios pueda reprocharme. He vivido y he gozado de mi vida.

NICOLAS
Has gozado de tu vida, y de una porción de la nuestra. Por eso mueres. ¡Al agua, Capitán!

CAPITAN
(De pie sobre la borda) Adiós...¡Nos veremos en el infierno!

(Salta al mar. Se escucha el chapoteo de su caída)

NICOLAS
(Dirigiéndose hacia el lugar donde está el mercader) Ahora tú , mercader...(Micer Antonino se desploma con un gemido de angustia)

ANSELMO
¡Se ha desmayado!

NICOLAS
Mejor así...Sufrirá menos. Ayudadme.

(Entre todos levantan el cuerpo de Micer Antonino y lo arrojan por encima de la borda. Se escucha el sordo chapoteo de la caída)

JULIETA
(Aterrorizada) ¡Por favor, Nicolás! ¡Nunca te he hecho daño? ¡No quiero morir! ¡No quiero morir!

ANSELMO
¡Perdónala, Nicolás!

(El Negro se coloca ante Nicolás y hace gestos asintiendo al pedido de Anselmo)

NICOLAS
Creo que nos arrepentiremos...

JULIETA
¡No, Nicolás! ¡Te juro que no!

NICOLAS
¡Cállate! (A Bartolomé) ¿Qué dices tú?

BARTOLOME
Sí, perdonémosla.

NICOLAS
Está bien.

JULIETA
(Cayendo de rodillas) ¡Gracias, Nicolás! ¡Os juro que no tendréis que arrepentiros!

NICOLAS
Lo veremos. (Pausa) Escuchadme, esta mujer no será usada por ninguno. (Todos guardan silencio. Nicolás los va mirando uno por uno) Está claro, ¿no? (A Julieta) Y tú también...¿Oíste? (Ella asiente en silencio) Si llegas a tener ganas, te las aguantas. O te prometo que te tiraré al agua sin más trámite.

JULIETA
Sí, Nicolás, lo que tú digas.

ANSELMO
Ven, veneciana, enciérrate (La acompaña hasta la cámara y cierra la puerta luego que ella entra)

BARTOLOME
Bien...¿Y ahora?

NICOLAS
Los Marineros...Vete a buscarlos. Negro, acompaña a Bartolomé. Tened cuidado.

BARTOLOME
No te preocupes.

(Por la escotilla descienden al interior de la nave Bartolomé y el Negro)

ANSELMO
¡Qué sucio es todo esto!

NICOLAS
¿Y qué, Anselmo...? ¿Creías que sería limpio?

ANSELMO
No sé...

NICOLAS
Confórmate con que sea justo... Y, por último, ¿te parece más sucia esta libertad de hoy que la esclavitud de ayer?

(En el interior de la nave comienzan a sonar acompasados ruidos metálicos)

Escucha...

ANSELMO
(Alarmado) ¿Qué es eso?

NICOLAS
(Amargamente) ¿Ya te has olvidado? (Señala el horizonte) Fíjate, ya ha amanecido. Los galeotes reclaman su comida. ¡Nos reclaman la comida a nosotros!

ANSELMO
¿Qué hacemos, Nicolás?

NICOLAS
¿Qué vamos a hacer? Baja y dales su comida. (Anselmo, refunfuñando, desaparece por la escotilla)

(Por la escotilla aparecen los tres Marineros, custodiados por Bartolomé)

BARTOLOME
Aquí están los hombres.

NICOLAS
¿Les has explicado?

BARTOLOME
No les he dicho nada.

NICOLAS
Bien...(A los Marineros) Escuchadme...Sabéis que nos hemos apoderado del barco (Pausa). Queremos dirigirnos hacia un lugar deshabitado de la costa dálmata, desembarcar y hundir el barco.

MARINERO 1º
¿Qué queréis de nosotros?

NICOLAS
Necesitamos que conduzcáis el barco. (Pausa) Os garantizamos la vida. Una vez que desembarquemos, si queréis, podréis regresar a Venecia. (Pausa larga) ¿Qué decís?

MARINERO 2º
(Al Marinero 1º) Habla tú.

MARINERO 3º
Sí, habla.

MARINERO 1º
Bien, yo hablaré...(Se aclara la garganta) Nosotros somos hombres honestos, súbditos fieles del Dux de Venecia, temerosos de Dios...Tenemos, mujer, e hijos, y familia, y vecinos, y nuestras casitas en Lido, en Murano o en Torcello...Somos pobres pero honrados...

NICOLAS
(Irónico) Os felicito. ¿Y con eso?

MARINERO 1º
Quiero decir...Nosotros no podemos participar en ésto, ayudar a un motín de galeotes...¿Te imaginas? Nos ahorcarían.

MARINERO 2º
Y aunque no nos ahorquen...¿Qué diremos a nuestros parientes, a nuestros compañeros, a nuestros vecinos...?

MARINERO 3º
Lo menos que nos pasaría es que nos condenaran a galeras.

BARTOLOME
¿Prefieres, entonces, que te ahorquemos nosotros?

MARINERO 1º
Eso es distinto...Si nos amenazáis, no tenemos más remedio que ceder...

NICOLAS
Os amenazamos, entonces.

MARINERO 1º
¡Pero que conste que lo hacemos obligados por la violencia!

NICOLAS
No te preocupes, Marinero, consta. ¿Qué es necesario hacer?

MARINERO 1º
¿Hay remeros?

NICOLAS
No, no hay remeros.

MARINERO 1º
En tal caso, bastará con desplegar la vela y esperar que sople el viento, mientras uno de nosotros permanece al timón.

NICOLAS
Bien, os turnaréis. (A los Marineros 2º y 3º) Vosotros, izad la vela. (Al Marinero 1º) Hazte cargo del timón. Tú serás el primero.

MARINERO 1º
Bien, señor. (Se hace cargo del timón, mientras los otros dos izan la vela latina)

NICOLAS
¿Sopla el viento, Marinero?

MARINERO 1º
Sí, algo sopla.

NICOLAS
¿Servirá?

MARINERO 1º
(Oteando el horizonte) Es un viento de bolina...Sí, servirá.

NICOLAS
Entonces, Marinero, manos a la obra...Fíjate, Marinero, vamos al mismo sitio...Pero para ti la proa apunta a la costa dálmata; para nosotros a la libertad.

BARTOLOME
(Señalando a los dos Marineros que han terminado de izar la vela) ¿Qué hago con éstos?

NICOLAS
Llévalos abajo. (Bartolomé baja por la escotilla con los dos Marineros) ¿Cuánto tardaremos?

MARINERO 1º
Yo no soy piloto...

NICOLAS
¿Pero cuánto calculas?

(Por la escotilla aparece el Negro, se acerca a la borda y otea el horizonte)

MARINERO 1º
Yo creo que en una singladura...

NICOLAS
¿Qué es eso?

MARINERO 1º
Un día, una jornada de navegación...

NICOLAS
Enfila bien el rumbo, entonces...Quizá sea la más importante singladura de tu vida. (El Negro ha divisado algo. Se acerca a Nicolás y trata de llamarle la atención) ¿Qué te sucede, Negro? ¿Escuchaste? Un día de navegación y pisaremos tierra...¿Te das cuenta, Negro? Un día de navegación y podremos empezar a ser hombres, otra vez...(El Negro se desespera por hacerse entender) ¿Qué te pasa? (El Negro señala el horizonte. Nicolás, finalmente, se acerca a la borda y mira hacia donde el Negro le señala. Luego, se vuelve alarmado hacia el Marinero 1º) ¿Dónde hay un catalejo?

MARINERO 1º
En la cámara del Capitán...

(Nicolás va hacia la cámara del Capitán, entra y vuelve a salir de inmediato, con un catalejo en la mano, dejando la puerta abierta. Detrás suyo sale Julieta)

JULIETA
¿Qué sucede?

NICOLAS
¡Vete adentro! (Vuelve y encierra nuevamente a Julieta. Se aproxima a la borda y mira por el catalejo. Sin dejar de hacerlo, ordena al Negro) ¡Llama a los otros! (Sigue mirando. El Negro desaparece por la escotilla)

MARINERO 1º
¿Qué sucede?

NICOLAS
Ven, deja el timón...(El Marinero 1º deja el timón y se aproxima a la borda) Toma...(Le entrega el catalejo)

MARINERO 1º
(Mirando) Un barco...

NICOLAS
¿Qué barco es?

MARINERO 1º
Una galera de guerra...Viene a favor del viento y a fuerza de remos...Pronto estará sobre nosotros.

NICOLAS
¿Divisas el pabellón?

MARINERO 1º
(Se esfuerza por divisarlo. Luego baja el catalejo) Veneciano.

NICOLAS
¿Estás seguro?

MARINERO 1º
Sí.

NICOLAS
¿Podemos eludirlo? (El Marinero lo mira sin responder) Sí, comprendo. Vete abajo y enciérrate con tus compañeros. Seguramente nos abordarán y si te sorprenden aquí, creerán que eres de los nuestros.

MARINERO 1º
(Devolviéndole el catalejo) Gracias...Lo lamento por vosotros.

NICOLAS
No te preocupes (El Marinero 1º desaparece por la escotilla. Nicolás vuelve a mirar por el catalejo) Ah, León de San Marcos...Ahora vuelvo a escuchar otra vez tus rugidos...(Por la escotilla aparecen Bartolomé, Anselmo, Bernardo y el Negro, este último muy excitado)

BARTOLOME
¿Qué sucede?

ANSELMO
(Señalando a Bernardo) Conseguí despertar a este borracho...Aún está mareado...

NICOLAS
Ah, Bernardo, has despertado al fin...Aprovecha este minuto, Bernardo, disfrútalo intensamente, cuenta sus segundos...Es tu primer minuto de libertad, borracho, pero tu último de vida...

BARTOLOME
¿Qué quieres decir?

NICOLAS
Un barco veneciano nos persigue...(Todos se precipitan hacia la borda, donde ya está el Negro) Bah, nos persigue...(Hace girar con rabia la rueda del timón) Nos da caza, simplemente...

(Los otros se dan vuelta perplejos)

ANSELMO
¿Qué hacemos, Nicolás?

NICOLAS
¿Qué hacemos? Nada...Pronto acabará todo.

BARTOLOME
(Con un rugido) ¡Pero no puede ser! ¡No puede ser! ¡No es justo!

ANSELMO
Seis horas de libertad.

BERNARDO
Realmente, no valía la pena.

NICOLAS
¡No digas eso! ¡Valía la pena! ¡Aunque hubiese durado un segundo, valía la pena! ¡Aunque hubiese costado más todavía de lo que costó, valía la pena! ¡Aunque arriesgásemos la salvación eterna, valía la pena!

ANSELMO
(Cayendo de rodillas) ¡No digas eso, Nicolás! ¡No seas soberbio! ¡Ruega a Dios que te perdone!

NICOLAS
¿Dios? ¡Yo no muero por su gloria, Anselmo, sino por la gloria de los hombres. (Pausa) Adiós, Anselmo...Has sido un amigo fiel! (Lo abraza y lo besa) Bartolomé...Discúlpame si alguna vez te grité...(Lo abraza y lo besa) Y tú, Negro...Ya no podrás volver a ver tus selvas...Pero, alégrate...Morirás como un guerrero, no como un esclavo (Lo abraza y lo besa) Ya todo va a terminar, muchachos, pero quiero deciros...Debemos tener ánimo, debemos morir con orgullo. Porque durante un rato hemos levantado con esfuerzo la palabra "nosotros" por encima de nuestras cabezas..."Nosotros" es la palabra más hermosa, más cálida, más pura...¡Sirvamos de testimonio! ¡Sirvamos de testimonio! ¡Sirvamos de testimonio!

(Los galeotes yerguen sus cabezas y rodean a Nicolás. En ese momento, la nave veneciana dispara un cañonazo de advertencia que pasa muy cerca de la galeota y se hunde levantando una oleada de espuma. Enseguida, llega la voz de advertencia)

VOZ
(Off) ¡Ah, de la galeota...! ¡Ah, de la galeota...! ¡Izad vuestro pabellón...! (Pausa. Los galeotes se miran sin hablar) ¡Identificaos o abriremos el fuego...! (Pausa) ¡Identificaos o echamos a pique la galeota...!

(Nicolás trepa sobre la borda, tomado de una soga, y encara a los atacantes.)

NICOLAS
¡Escuchadme!

VOZ
(Off) ¡Izad vuestro pabellón...!

NICOLAS
¡Escuchad, venecianos...! ¡Este es un barco de hombres libres!

VOZ
(Off) ¡Izad vuestro pabellón...!

NICOLAS
¡Yo soy el pabellón de este barco! ¡Este es un barco de hombres libres!

(Suena un cañonazo. A partir de este momento comienza el bombardeo y la voz de Nicolás se verá interrumpida regularmente por el ruido de los cañonazos)

NICOLAS
¡Este es un barco de hombres libres! ¡Va a ser hundido porque es un barco de hombres libres! ¡Escuchad, venecianos! ¡Otros barcos navegan por el Adriático! ¡Otros galeotes los tripulan! ¡Hundiréis este barco, pero la navegación continúa! ¿Somos testimonio!

(Los cañonazos apagan la voz de Nicolás. Las luces van decreciendo hasta apagarse, mientras se desata una tempestad de hierro, humo y sangre sobre la galeota "Ego Sum", y cae el telón. Pero la navegación continúa)


Buenos Aires, 20 de noviembre de 1966.


DE LA NAVEGACION, se estrenó en 1969 en el Teatro Payró de Buenos Aires.
 
 
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