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  Carlos Somigliana    
 
  La bolsa de agua caliente
 
ACTO UNICO

(Una cocina modesta: mesa, sillas, un almanaque. Al comenzar la acción, Aurora está preparando la comida.)

AURORA
Ah, la vida es como los viejos enseres de una casa...Comprarlos cuesta caro, pero después, cuando la necesidad obliga a desprenderse de ellos, una tiene que venderlos por nada...Y mientras tanto, vuelan raros objetos por el cielo, los jóvenes bailan esas cosas frenéticas, las papas vienen de Holanda...Las vacas argentinas tienen aftosa y en Inglaterra no las quieren...No entiendo...En el país hay cada vez más políticos y menos gobierno, más economistas y menos dinero, más abogados y menos justicia...

(Entra Ramón con sobretodo, sombrero y bufanda, empapado y tiritando de frío)

RAMON
¡Qué noche de perros!

AURORA
Sí, llueve. ¿Cobraste?

RAMON
Llueve y sopla un viento frío que se te cuela hasta los huesos. ¿No llegará nunca la primavera?

AURORA
¿Te pagaron?

RAMON
¿Y me lo preguntás?

AURORA
Sí, ya me imagino...

RAMON
¿Entonces...? (Pausa) Estoy achuchado.

AURORA
¿Qué te dijeron?

RAMON
Qué sé yo, lo de siempre...La semana que viene.

AURORA
Hace dos meses que están con la misma historia.

RAMON
Ya lo sé...¿Qué querés que haga? Yo no escribo esa historia.

AURORA
(Extrañada) ¿Qué tiene que ver...?

RAMON
Mirá, cambiemos de tema, querés? No me siento bien...

AURORA
¿Qué te pasa?

RAMON
Nada...

AURORA
¡Menos mal que tenemos al profesor como pensionista! ¿Te acordás que vos no querías?

RAMON
Yo no podía adivinar...

AURORA
Gracias a él nos defendemos.

RAMON
¿Nos defendemos?

AURORA
Vamos tirando, al menos. En fin, ya saldremos de ésta...

RAMON
Sí, con los pies para adelante.

AURORA
Hemos salido de otras peores.

RAMON
Cuando éramos más jóvenes, Aurora. Cuando se es joven se puede dar la espalda a muchas dificultades. ¡Qué sé yo...! El invierno, por ejemplo...¿Qué importancia tenía?

AURORA
Si por lo menos a mamá le pagaran la pensión.

RAMON
¡La pensión! ¡No te hagás ilusiones! Si no nos pagan a nosotros, menos les van a pagar a los jubilados.

AURORA
Le deben casi un año.

RAMON
No creo que les importe mucho. ¿Te das cuenta? ¿De qué se creen que vivimos, de que vive la gente? ¡Ellos no saben que tenemos el pensionista! ¡A veces me dan ganas de mandar todo a la mierda!

AURORA
Bueno, no te pongás así...

RAMON
¿Y cómo querés que me ponga? ¡Si encima vos sos la primera en meter el dedo en la llaga! Llego de la calle empapado, muerto de frío, y ni siquiera me prestás atención...Lo primero que hacés, lo único que hacés, es preguntarme si cobré...¡Como si no me conociera en la cara, en las manos vacías, en los zapatos, que no cobré!

AURORA
¡Ahora te la agarrás conmigo!

RAMON
No, vieja, no me la agarro con vos, pero reconocé que te empeñás en nombrar la soga en casa del ahorcado.

AURORA
Está bien, está bien...No te preguntaré nada.

RAMON
¿Sabés lo que me saca de quicio, Aurora? Si en este país hubiera hambre, pero hambre en serio, quiero decir, hambre para todos, yo entendería lo que pasa. Incluso aceptaría nuestra hambre con resignación. Casi con alegría, porque sentiría que estaba poniéndole el hombro a algo, y que era justo que así fuese...Pero lo que me subleva es saber que en este preciso momento hay tipos que están haciendo su agosto, lucrando con tu hambre, vieja, eructando de llenos...

AURORA
Bueno, no es para tanto, Ramón. No estamos pasando hambre.

RAMON
(Abrumado) No entendés nada, vieja.

AURORA
¿Qué ganarías con que otros estuviesen tan mal como nosotros? (Pausa)

RAMON
No sé. Sería justo.

AURORA
En fin...¿Querés un café bien caliente?

RAMON
Si ya está hecho, sí. Y, por favor, preparame la bolsa de agua caliente. Tengo los pies helados y en esta casa hace un frío de mil demonios.

AURORA
No puedo Ramón. Se rompió.

RAMON
¿Cómo, se rompió?

AURORA
Sí, se rompió. Ya estaba muy gastada, la pobre. Esta tarde fui a cargar para ponérmela en la falda mientras tejía y empezó a chorrear como una regadera.

RAMON
Y, bueno; preparame la otra...

AURORA
¿Qué otra?

RAMON
Querida, en casa hay dos bolsas de agua caliente. Siempre la ha habido.

AURORA
Sí, pero...La otra la tiene mamá.

RAMON
¿Qué le pasa? ¿Está enferma?

AURORA
No.

RAMON
Pedísela, entonces.

AURORA
Pero, Ramón, ¿cómo se la voy a pedir...? Siempre la usa ella.

RAMON
¿Y a mí qué me importa que siempre la use ella?

AURORA
¡Ramón!

RAMON
No soy un desconsiderado, Aurora. Te digo que estoy muerto de frío, achuchado. Creo que tengo un poco de fiebre...

AURORA
A ver...(Le toca la frente) Sí, unas décimas quizás...

RAMON
¿Te das cuenta?

AURORA
Es que...Vos no te ponés nunca bolsa de agua caliente.

RAMON
Precisamente. ¡Caramba, ésta es mi casa! Me parece que tengo derecho, que es lo justo.

AURORA
Sí, sí, tenés derecho, es lo justo...Pero ella es mi madre y es una mujer vieja. Vos sabés que todos los viejos son un poco maniáticos...Hay que respetarla.

RAMON
¡Pero, carajo...! ¿Estamos todos locos? ¿Yo no la respeto?

AURORA
No es eso...

RAMON
¿Te parece una falta de respeto pedirle que me preste mi bolsa?

AURORA
Bueno, está bien, voy a pedírsela...Poné agua a calentar y cuidá que no hierva el café. (Saliendo) Vas a ver que vamos a tener un lío.

RAMON
(Solo) ¡Un lío! ¡Esto es el colmo! Yo ya no entiendo nada...Claro, las cosas han cambiado...Y, sobre todo, yo he cambiado. A medida que uno envejece, necesita más cosas. Peor poseer las cosas es ser poseído por ellas; servirse de las cosas, es servirlas. No es justo. ¿Cómo hacer, simplemente, para usarlas? ¿Para usarnos, sin poseernos?

(Mientras habla, pone el agua a calentar, se sirve el café en una taza y comienza a tomarlo a pequeños sorbos. Entran Aurora y doña Gertrudis, esta última apretando una bolsa de agua caliente contra su pecho)

DOÑA GERTRUDIS
Oiga, Ramón...¿Está enfermo?

RAMON
No ando bien, doña Gertrudis.

DOÑA GERTRUDIS
No ha de ser nada.

RAMON
Seguramente, pero no me siento bien.

DOÑA GERTRUDIS
Mire, esta bolsa la tengo yo...

RAMON
Sí, ya lo sé. ¿Le explicó Aurora?

DOÑA GERTRUDIS
¿Explicarme? Sí, me dijo que usted no andaba bien. Y, dicho sea de paso, se hizo la sorprendida cuando me vio con la bolsa.

AURORA
¡Mamá!

DOÑA GERTRUDIS
Ustedes saben que yo siempre uso esta bolsa.

RAMON
¿Me la puede prestar por esta noche? Mañana compraremos otra.

AURORA
Ramón está enfermo, mamá.

DOÑA GERTRUDIS
Los hombres no usan bolsa de agua caliente.

RAMON
(Reprimiéndose) ¿Sabe lo que pasa, Doña Gertrudis? Recién llego de la calle y no me siento nada bien. Creo que tengo un poco de fiebre.

DOÑA GERTRUDIS
Mi difunto esposo era fuerte como un roble y jamás lo vi ponerse una bolsa de agua caliente. Ni siquiera usaba camiseta en invierno.

AURORA
¿Qué tiene que ver, mamá?

RAMON
¡Pero se murió de pulmonía a los cuarenta años!

DOÑA GERTRUDIS
¡No diga estupideces! ¡Eso fue porque se cayó al agua!

RAMON
¡Y a mí me han caído toneladas de agua encima!

DOÑA GERTRUDIS
Los hombres de ahora...En mis tiempos, no sólo se respetaba a las damas, más aún si eran ancianas, sino que los hombres eran verdaderos hombres. Hombres y caballeros.

RAMON
Señora...¿Quiere darme mi bolsa?

AURORA
Por favor, no discutan de esa manera por una pavada.

DOÑA GERTRUDIS
Mire, métase en la cama. Es lo mejor que puede hacer.

RAMON
¡No tengo ganas de meterme en la cama! ¿Me hace el favor de darme la bolsa?

DOÑA GERTRUDIS
No.

RAMON
Señora, le conocía muchos defectos, pero no la creía capaz de este egoísmo monstruoso...

DOÑA GERTRUDIS
¿Cómo dice...? ¡Usted es un desconsiderado! ¡Por mí puede morirse de frío! ¡No le daré la bolsa!

RAMON
¡Sí me la dará! ¡Ya lo creo que me la dará!

AURORA
¿Pero se han vuelto locos los dos?

DOÑA GERTRUDIS
¿Y vos dejás que me grite de este modo?

AURORA
(Suplicante) Mamá...

DOÑA GERTRUDIS
(Sollozante) Claro, como soy una pobre vieja inútil...Como me mantiene de lástima...Como ni siquiera cobro la pensión...

AURORA
Mamá...

RAMON
No diga pavadas, señora.

AURORA
Dejala, Ramón. ¿No ves que está llorando?

RAMON
Bah, lágrimas de cocodrilo...

DOÑA GERTRUDIS
Ya me voy a ir de esta casa. O mejor todavía, me voy a morir...

RAMON
¿No le parece que esto es absurdo, desproporcionado?

DOÑA GERTRUDIS
No me dirija la palabra.

AURORA
Basta, Ramón.

RAMON
Basta, sí, basta. Será lo mejor. Quédese con la bolsa, señora.

DOÑA GERTRUDIS
No necesito su permiso.

AURORA
¡Por favor! ¡No comencemos otra vez!

RAMON
Me voy a recostar un poco, Aurora.

AURORA
Bueno, viejo. Tomate dos genioles y ponete el termómetro.

RAMON
Avisame cuando esté lista la comida. (Sale)

DOÑA GERTRUDIS
Te digo en serio, Aurora, que me voy a ir de esta casa. No sé adónde, pero me voy a ir.

AURORA
No me aflijas más de lo que estoy, mamá. No digas tonterías.

DOÑA GERTRUDIS
Después de lo de esta noche...

AURORA
Ramón te aprecia mucho. Nunca habían discutido antes de hoy.

DOÑA GERTRUDIS
Entonces, es un loco. ¡Pobre hija! No sé cómo lo aguantás...

AURORA
No debés hablar de ese modo.

DOÑA GERTRUDIS
¿Pero no te das cuenta de que es un maniático?

AURORA
¡Basta, mamá! Vos sabés que Ramón no es un loco. La plata no alcanza, hace dos meses que no le pagan el sueldo y ni siquiera sabe cuándo se lo van a pagar. Está preocupado, eso es todo. Y encima, hoy no se siente bien.

DOÑA GERTRUDIS
Debería buscarse otro trabajo, una changa.

AURORA
Mamá...

DOÑA GERTRUDIS
Hay tanta gente que tiene dos empleos...Hoy día es la única forma de ir tirando...

AURORA
También hay mucha gente que no tiene ningún trabajo. ¡Linda época para conseguir otro empleo!

DOÑA GERTRUDIS
Sí, tenés razón. Se tendría que haber acordado antes...

AURORA
¿Hablamos de otra cosa?

DOÑA GERTRUDIS
¡Menos mal que no estaba el profesor! Un hombre tan fino, tan educado...(Pausa. Aurora no contesta) Mirá la opinión que se hubiera formado de nosotros si oía los gritos y lo veía a Ramón enloquecido, con los ojos fuera de las órbitas, babeándose, como quien dice...

AURORA
¡Basta, mamá!

DOÑA GERTRUDIS
Está bien, está bien...Ni siquiera hablar se puede. ¿Qué hay de comer?

AURORA
Albóndigas.

(Se oye la puerta de calle que se abre y se cierra)

DOÑA GERTRUDIS
¿Escuchaste la puerta? Debe ser el profesor...

AURORA
Sí, debe ser él.

(Entra el profesor Morales)

MORALES
(A Aurora) Buenas noches, señora.

AURORA
Buenas noches.

MORALES
¿Cómo está usted, doña Gertrudis?

DOÑA GERTRUDIS
¿Qué tal, profesor? Al fin veo una cara sonriente en esta casa...

MORALES
Usted sabe, señora Gertrudis, que yo acepto filosóficamente los eventos existenciales...La filosofía, amables señoras, es la alforja de Crates, el manto de Antístenes, el tonel de Diógenes...

DOÑA GERTRUDIS
¿Oís Aurora? Con filosofía, como cuadra a un hombre ilustrado,, a un caballero...

MORALES
Gracias, señora Gertrudis. Es usted siempre tan indulgente...

DOÑA GERTRUDIS
¿Cómo le fue hoy en sus clases?

MORALES
Ah, no me hable...Hoy, mi filosofía estuvo a punto de derrumbarse. Tuve clase de francés en ese Colegio de Avellaneda...¡Ese colegio! Les juro que a fin de año renuncio y no me ven más el pelo ¡Todos cabecitas negras! Discúlpenme, pero ésa es la única expresión que se me ocurre...

DOÑA GERTRUDIS
Me imagino...¡Qué chusma!

MORALES
Les empecé a recitar ese maravillosos poema de Lamartine, ese de "Pourquoi le prononcer, ce nom de la Patrie? - Dans son brillant exil, mon coeur en a frémi...", y de repente uno de esos cuadrúpedos hizo un ruido obsceno, y todos se pusieron a reír como hienas...Ya no pude más, después fue imposible organizar la clase...

DOÑA GERTRUDIS
¡Qué gente asquerosa, con perdón de la palabra!

MORALES
Ya lo decía Luciano de Samosata en su Diálogo del Pescador o de los Resucitados -que por ambos nombres se conoce-: "Condición del vulgo es, en efecto, regocijarse con los escarnecedores e injuriosos, y más si sus ataques van contra lo más augusto..."

DOÑA GERTRUDIS
Claro que sí. Eso demuestra la clase de persona que es usted, y lo que son ellos.

AURORA
¿Se mojó mucho, profesor?

MORALES
No, me trajeron en auto, felizmente. Pero, eso sí, tengo los pies helados. ¡Qué envidia me da esa bolsa, señora Gertrudis!

DOÑA GERTRUDIS
(Cortada) Caramba, profesor...

MORALES
(A Aurora) ¿No tendría otra bolsita para mí, señora?

AURORA
No, profesor. Lo lamento muchísimo, pero hoy, casualmente, se rompió la otra que había en casa...

MORALES
No tiene importancia, señora.

AURORA
Sí, pero...De veras, lo lamento mucho. Justamente, hoy mi marido no se sentía bien y también quería ponerse una bolsa de agua caliente. Pero la única que nos queda es ésta y, como es lógico, la tiene mamá.

DOÑA GERTRUDIS
No, profesor. Permítame que le ceda mi bolsa.

AURORA
Pero, mamá...

MORALES
No, señora Gertrudis, no faltaba más.

DOÑA GERTRUDIS
¡Claro que sí, hombre! Usted viene de la calle, muerto de frío, después de haberse disgustado en ese inmundo colegio...Se la cedo con todo gusto.

AURORA
Pero, mamá, hace un rato te pusiste como una fiera porque Ramón se atrevió a pedírtela.

DOÑA GERTRUDIS
¡Aurora! ¡Como una fiera! ¿Qué va a pensar el profesor Morales?

MORALES
No, señora, no se preocupe por mí. Me doy cuenta perfectamente de que se trata de una cariñosa exageración. (A Aurora) ¿Qué le pasa a su marido?

AURORA
Nada, tenía frío y no se sentía bien. Y mamá no le quiso prestar la bolsa.

MORALES
En tal caso, señora Gertrudis, permítame que se la ceda a mi vez al señor Ramón.

DOÑA GERTRUDIS
¡No faltaba más!

AURORA
Ah, cada vez te entiendo menos.

DOÑA GERTRUDIS
Mirá, Aurora; será mejor que no toquemos el tema. A mí me enferma la prepotencia, ¿sabés? Y además, esto es completamente distinto. El profesor Morales es nuestro pensionista, y nosotros, todos, tenemos la obligación de atenderlo lo mejor que podamos.

AURORA
Sí, claro; pero...(Al profesor) Discúlpeme que discutamos esto en su presencia...

DOÑA GERTRUDIS
Hay que saber darle a cada uno el lugar que le corresponde.

MORALES
¡Qué bello aforismo, señora! ¡Qué grato es oírle decir esas palabras! Siempre se las repito a mis alumnos. Eso es lo que falta en este país: sentido de la responsabilidad, de la ubicación, del sitio que a cada uno le corresponde por derecho propio. Hoy en día hay una verdadera subversión, todo está trastocado: los valores, todo...Los mozos de café quieren gobernar el país y los maestros de escuela primaria pretenden codearse con los profesores diplomados...

DOÑA GERTRUDIS
Sí, es una vergüenza.

MORALES
De todos modos, señora Gertrudis, permítame que decline su generoso ofrecimiento.

DOÑA GERTRUDIS
No, de ninguna manera, es necesario que lo acepte. Hay que predicar con el ejemplo.

MORALES
Señora...

DOÑA GERTRUDIS
Lo consideraría un desaire.

MORALES
En tal caso...(Toma la bolsa) En fin, como dijo Eduardo III: "Honni soit qui mal y pense".

AURORA
Démela, profesor. Le cambiaré el agua. (Morales le entrega la bolsa)

MORALES
Son ustedes abrumadoramente amables. Consiguen casi hacerme olvidar el hogar que hace tantos años abandoné, los afectos perdidos, la dulce melancolía de las cosas pasadas...

DOÑA GERTRUDIS
¡Qué bien lo dice usted, profesor!

MORALES
Soy totalmente sincero. (Recibe nuevamente la bolsa de manos de Aurora y la acomoda sobre su abdomen) Ah, esta tibia y agradable sensación que se desparrama por mi plexo solar...

(Entra Ramón)

RAMON
No voy a comer, Aurora. Siento escalofríos.

MORALES
(Solícito) ¿Cómo se siente, señor García?

RAMON
(Advirtiéndolo recién) Qué hace usted con esa bolsa?

MORALES
La señora Gertrudis tuvo la amabilidad de cedérmela. Debí rendirme ante su exquisita insistencia.

DOÑA GERTRUDIS
Sí. Yo se la di.

RAMON
¿Usted se la dio?

AURORA
Ramón...

MORALES
Es una anciana absolutamente encantadora. Me recuerda a la viejecita de la tapa del té "Mazawattee".

RAMON
(Sordamente) Démela...

MORALES
(Sin entender) ¿Perdón?

AURORA
Querido...¿No te sentís bien? ¿No sería preferible que te acostaras?

RAMON
Dejame, Aurora. (A Morales) Déme esa bolsa.

MORALES
No lo entiendo, señor García. La señora Gertrudis...

RAMON
Démela.

DOÑA GERTRUDIS
¡Le prohibo, Ramón! ¿Me entiende? ¡Le prohibo...!

RAMON
(Explotando) ¡Usted cállese la boca, vieja arpía insoportable!

AURORA
¡Ramón!

DOÑA GERTRUDIS
¡Infame! ¡Miserable!

MORALES
¡Esto es un atropello incalificable!

RAMON
(A doña Gertrudis) Cállese, señora, o me dará el pretexto que necesito para estrangularla. (A Morales, amenazante) Y usted, déme esa bolsa...

AURORA
Ramón...(Le toca la frente) ¡Estás volando de fiebre!

RAMON
Estoy volando, sí, Aurora, estoy volando y los veo desde lejos, desde muy arriba, como pequeñas hormiguitas indefensas y ridículas...(A Morales) ¡Por última vez, déme esa bolsa!

MORALES
¿Pero qué se ha creído? ¡Con fiebre o sin ella, no logrará intimidarme!

RAMON
(Arrancándole la bolsa) Vamos, asno pomposo, no quiero lastimarlo.

MORALES
Si es una broma, señor García, es la más absurda y de peor gusto que yo recuerde. Merecería usted ser alumno de mi colegio de Avellaneda...

DOÑA GERTRUDIS
Nada más cierto.

RAMON
Haga una cita de Aristóteles, o de algún otro cráneo de ésos, profesor. Vamos, dése el gusto.

AURORA
Por favor, Ramón...

RAMON
Dejame, Aurora; dejame. Ahora comprendo un montón de cosas.

DOÑA GERTRUDIS
¿Ves lo que yo te decía? ¡Es un loco!

RAMON
¡Es la última vez que se lo digo! ¡Cállese! (Tomando un cuchillo de cocina) ¡Cállese, o la degüello!

AURORA
¡Tiene razón! ¡Estás loco!

RAMON
¡Basta! Vos también, callate.

MORALES
¡Esto es un atropello! Señor García, yo también insisto por última vez. Devuélvame la bolsa, recobre la serenidad, y olvidaré lo sucedido. La bolsa no me importa, entiéndame, pero no estoy dispuesto a permitir que me pisoteen.

RAMON
Tengo dos cosas que decirle, profesor. Primera: usted es un imbécil que no entiende nada.

MORALES
¡No tiene derecho! ¡Soy profesor diplomado, y usted...!

RAMON
(Interrumpiéndolo) ¡Déjeme de joder! Segunda: no le daré la bolsa.

MORALES
Señora, como usted comprenderá, mi permanencia en su casa es imposible por más tiempo. Su marido me ha injuriado grave y reiteradamente y, por otra parte, temo por mi integridad física habitando bajo el mismo techo que un enfermo mental. Mañana a primera hora arreglaré mis cuentas y me iré.

AURORA
Sí, profesor. No sé qué decirle...

MORALES
Me retiro a mi habitación. Señoras, las compadezco: háganlo tratar. Buenas noches.

RAMON
Usted se queda aquí...

MORALES
No se acerque o pediré auxilio.

RAMON
¡Siéntese! Siéntese, señora. Sentate, Aurora. Tengo que explicarles. (Los tres se sientan rodeando la mesa) Así, muy bien. Aquí está la bolsa. Aquí, sobre mi pecho. Calentando los latidos de mi corazón. Todo está bien ahora. Aparentemente. Pero...Ustedes piensan que, al fin y al cabo, yo soy el dueño de la bolsa, y me he sacado el gusto. Pero no.

AURORA
(Echándose a llorar) ¡Pobre Ramón!

RAMON
No llorés, Aurora. Dejame que te explique. a ver, usted, profesor, que presume de inteligente...¿Para qué piensa que le saqué la bolsa?

MORALES
¿Cómo puedo saberlo? Supongo que para saciar sus groseras apetencias.

RAMON
No lo entiendo, pero querrá decir que fue para calentarme. Pero no. ¿Y usted, suegra?

DOÑA GERTRUDIS
(Apasionadamente) ¡Porque es un resentido social, un sádico, un grosero, un prepotente matón asesino cobarde...!

RAMON
¡Basta! Está bien, ya he entendido lo que quiere decir...Pero no, pero no. ¿Y vos, Aurora? ¿Vos que me conocés mejor que nadie? ¿No decís nada?

AURORA
¡Estás enfermo, Ramón!

RAMON
¡Pero, no...! ¡No estoy loco! ¡Ustedes no entienden nada! (Exasperado, lírico, terrible) Yo, Ramón García, oficial tercero de la Dirección de Lechería del Ministerio de Agricultura, después de cuarenta y nueve años de una vida estúpida, gris, incomprensible, he tenido una oportunidad de comprender, y he comprendido. ¡Voy a hacer una revolución!

AURORA
¡No te metás en esas cosas, Ramón! ¡Es lo único que nos faltaba!

RAMON
¡Nadie usará esta bolsa! ¡Nadie se apropiará de su calor, grato para uno solo, hostil para todos los demás! ¡Compartiremos lo que tenemos, y destruiremos lo que no podamos compartir!

MORALES
¡La sombra de Eróstrato! ¡Es absurdo, monstruoso! ¡El nihilismo! ¡La maldad gratuita! ¡La solidaridad del frío, de la miseria, de la muerte...!

RAMON
Sí. El reparto de lo que se tiene. Si la dicha, la dicha; si la abundancia, la abundancia; si el calor, el calor. ¡Pero también el frío, la miseria, la muerte! ¡Claro que sí! ¿Por qué no? Escúchenme...Los hombres distribuyen aviones, Coca-Cola, petróleo, profilácticos y pan dulce. Cosas. Cosas que algunas veces son útiles, pero siempre son innecesarias, prescindibles...Cosas que no alcanzan para todos, que crean barreras, que separan...Eso no importa, entiéndanlo. Hay una cosa necesaria, imprescindible, que alcanza para todos...La única que alcanza siempre para todos, que no se agota nunca, que derriba murallas, que une...La llamamos Justicia. Hace felices a los hombres. Aunque no haya aviones, ni Coca-Cola, ni petróleo, ni profilácticos, ni pan dulce. Justicia. En su nombre, yo destruyo esta bolsa de donde brotaban el calor y la discordia...(Destroza la bolsa con el cuchillo) Justicia...¡Qué hermosa palabra! De pie sobre ella, los hombres podrán amarse. (Suplicante) ¿Entienden ahora? ¿Entienden?

AURORA
(Con escasa convicción) Sí, Ramón. No te excites.

RAMON
Sentémonos alrededor de la mesa. Tomémonos las manos. (Apretando los puños) Así, apretadamente, hasta que no sepamos dónde termina nuestra piel y comienza la ajena. No importan los pies fríos, porque es el frío el que nos une. Apretémonos las manos. (Los otros no hacen el menor movimiento) No entienden...No quieren entender...(Pausa) Hoy no voy a cenar, Aurora. Me parece que lo mejor será acostarme...




TELON



LA BOLSA DE AGUA CALIENTE, se estrenó el 26 de agosto de 1966 en El Teatro "Candilejas", de Dolores, provincia de Buenos Aires.
 
 
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