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  Carlos Somigliana    
 
  La democracia en el tocador
 
(El tocador del Marqués de Sade, recubierto de espejos y convencionalmente amueblado. Se destaca la presencia de un rebuscado y no demasiado cómodo canapé, sobre el que hay un bulto de mediano tamaño, envuelto en una sábana. El Marqués está en penumbras, de espaldas al público, encendiendo las velas de un candelabro. Una vez que lo hace se vuelve y, sin excesiva sorpresa, parece descubrir la presencia de los espectadores.)


MARQUES
Queridos degenerados...¿Ya están ustedes ahí? Quizás alguno de los presentes me recuerde todavía...Soy Donatien Alphonse Francois, marqués de Sade...Célebre filósofo y hombre de mundo y, como dice el Pequeño Larousse Ilustrado, "autor de novelas cuyos protagonistas viven obsesionados por el placer satánico de hacer sufrir a las almas inocentes". Como quizás también recuerden, hace algunos años conseguí escapar del manicomio de Charenton, donde mis enemigos me habían encerrado, y arribé a estas dulces y mórbidas tierras del Nuevo Mundo... Florecía entonces una férrea y, según algunos, cruel dictadura...Pero debo admitir que, tras algunos sobresaltos, yo conseguí ubicarme al amparo de un amable y benévolo gobernante...(Con un suspiro) En fin, no quisiera ponerme nostálgico, pero todo eso ya pasó...Ahora dicen que ha llegado la democracia, que los aborígenes han recuperado la libertad...¡La liberté...! (Entona algunos compases del "Ca ira") Et bien...¡Aquí me tienen! ¿Quién mejor que el marqués de Sade para ilustrar a estos inexpertos nativos sobre el ejercicio sublime de la libertad? Aquí, en la sagrada intimidad de mi boudoir, yo efectuaré la demostración teórica y práctica de los goces de la libertad, mientras ustedes...(Se enternece) Ustedes, mis adorados, enfermos...Mis incurables voyeurs...Mis curiosos insaciables...Mis eternos reprimidos...(Retoma su discurso) Ustedes, previo pago del módico estipendio que ya han abonado, podrán vichar discretamente, a gusto y placer...Pero basta de cháchara...¡Manos a la obra! (Golpea las manos y llama) ¡Aniceto...!

(Entra Aniceto, una especie de gaucho rotoso, grandote pero consumido)

ANICETO
(Algo ansioso) La despensa está vacía, patrón. ¿No quiere que vaya hasta el almacén y...?

MARQUES
(Interrumpiéndolo) No hace falta. Todavía tenemos media botella de pernod. (Sorpresivamente, Aniceto se precipita hacia un rincón de la habitación, recoge algo del suelo y se lo lleva a la boca. Muerde y hace un gesto de desagrado) ¿Qué te sucede?

ANICETO
Un botón...

MARQUES
¡Bestia!

ANICETO
(Disculpándose) Creí que era una cuchara, patrón...

MARQUES
¡Basta , Aniceto! (Aniceto baja la cabeza) ¿Ha llegado ya mi encantadora discípula?

ANICETO
Sí, patrón.

MARQUES
(Restregándose las manos) Ah, qué dulce expectativa...Qué placentera ansiedad...(A Aniceto, mientras señala el bulto que está sobre el canapé) Bien, Aniceto...Retira ese doloroso recuerdo y, luego, hazla pasar...(Mientras Aniceto se lleva el bulto, el Marqués explica al público) Una deliciosa jubilada de ciento cuatro años que falleció anoche entre mis brazos mientras nos proporcionábamos goces inenarrables, vaya a saber por qué malhadado accidente...(Medita) No sé...Era de condición humilde...Quizás fue víctima del síndrome de PAMI...


(Lo interrumpe la entrada de Daniela, una tímida y agraciada jovencita)

DANIELA
Buenas tardes, maestro.

MARQUES
(Precipitándose sobre ella y tomándole las manos) ¡Mi adorable Daniela...! (La rodea) ¡Qué encantadora estás...!

DANIELA
(Modestamente) Gracias.

MARQUES
¡Bienvenida al templo de la libertad! Recuérdalo, Daniela...Aquí eres libre...¡Debes ser libre!

DANIELA
Lo recuerdo, maestro.

MARQUES
Bien...Creo, Daniela, que ya hemos agotado las enseñanzas teóricas...Te he leído , con ademanes, mis libros. "La filosofía en el tocador" y "Los 120 días de Sodoma"...Te he enseñado a recitar de memoria "Les chansons de Bilitis"...Hemos cantado juntos "El cuyanito"...Tu formación académica es impecable.

DANIELA
Entonces, maestro...¿Hemos terminado?

MARQUES
¡No, no...! Ha llegado el momento de comenzar los trabajos prácticos (Daniela baja los ojos púdicamente) ¿Estás preparada, ma cherie?

DANIELA
(Con un suspiro) Creo que sí, maestro.

MARQUES
Recuérdalo, Daniela...¡Aquí eres libre! Comenzaremos con la más rústica e insípida de las expresiones amatorias...El beso ¿Recuerdas qué es el beso?

DANIELA
(Mecánicamente) Es el sustantivo que corresponde a la acción de besar.

MARQUES
(Aprobatorio) ¿Y cómo describirías el besar?

DANIELA
(Lo mismo que antes) Es "tocar alguna cosa con los labios contrayéndolos y dilatándolos suavemente, en señal de amor, amistad o reverencia".

MARQUES
Bien...Olvidemos por ahora la amistad y la reverencia. En la práctica, mi querida Daniela, el beso es esto. (Se aproxima y la besa ligeramente en los labios) ¿Lo has comprendido?

DANIELA
(Algo decepcionada) Casi no he podido sentirlo , maestro.

MARQUES
Probaremos otra vez. (La vuelve a besar. Ella devuelve el beso con entusiasmo, hasta que el Marqués consigue apartarla con algún esfuerzo) ¿Te ha gustado, Daniela? (La chica vuelve a bajar los ojos) Habla...Aquí eres libre.

DANIELA
Me resultó...Muy agradable...¿Podemos hacerlo de nuevo?

MARQUES
Si te parece necesario...(Daniela toma la iniciativa y lo besa con ferocidad, hasta que el Marqués consigue desprenderse, casi asfixiado) Espera, pequeña pícara...No podemos agotar toda la teoría en el primer ejercicio...

DANIELA
(Resignándose a duras penas) Entonces, maestro...¿Esto es todo por hoy?

MARQUES
(Paciente) Aguarda un poco...Déjame recuperar mi equilibrio bio-energético...(Se tranquiliza y retoma su aire magistral) El beso, mi querida Daniela, no sólo se propina en los labios...Se deposita también en las manos...(Lo hace) En los hombros...(Lo hace) En el cuello...(Lo hace y comienza a desvestirla, a lo cual Daniela se presta dócilmente e incluso colabora cuando es necesario. Esta acción continuará hasta el límite máximo que permita la censura de turno. El Marqués va haciendo lo que describe con frialdad y rigor casi académicos, mientras la muchachita se va calentando en forma acelerada y nada académica, emitiendo gemidos y suspiros que atestiguan la eficacia erótica de su iniciador) En estas frutillas pálidas que florecen en las crestas del latido...(Le besa los pezones) En este botón de nácar que te abrocha la cintura...(Le besa el ombligo y luego la contempla, satisfecho de su obra) Y en la sombra dulce y cálida dibujada entre tus piernas...(Se yergue, apartándose) A la que oportunamente llegaremos.

DANIELA
(Jadeante) No, por favor...¡Lleguemos ahora mismo!

MARQUES
No seas impaciente, mi adorada criatura.

(Trata de volver a vestirla, pero Daniela se resiste con energía)

DANIELA
¡Necesito más...!

MARQUES
Oh, tenemos muchos trabajos prácticos por delante...

DANIELA
¡Usted me llenó la cabeza! ¡Lléneme todo lo demás!

MARQUES
(Sobresaltado) ¡Ah, no, ma cherie...!

DANIELA
(Suplicante) Pero, maestro...¡Mire cómo me ha puesto...!

MARQUES
Yo no tengo la culpa de tu naturaleza excesivamente fogosa...Recuerda el viejo proverbio..."La paja en el ojo ajeno..."

DANIELA
(Casi maullando, se pone la mano entre las piernas y empieza a masturbarse con creciente exasperación) ¡Y la viga en el propio!

MARQUES
Ya llegaremos a eso...El ejercicio número 274 versa precisamente sobre "Introducción de cuerpos duros en las diversas cavidades naturales"

DANIELA
(En lo suyo) ¡Poséame, maestro...!

MARQUES
Pero, Daniela...

DANIELA
(Fuera de sí) ¡Hágame lo que el caballero de Mirval le hacía a Madame de Saint-Ange...!

MARQUES
Todo a su tiempo. Esa ansiedad es peligrosa.

DANIELA
(Tirándosele encima) ¡Destróceme como hizo el perverso Dolmancé con Eugenia...!

MARQUES
(Defendiéndose como puede) ¡No puedo, Daniela, no puedo!

DANIELA
¡Sea libre usted también, maestro...!

MARQUES
(Desprendiéndose de ella, con un esfuerzo titánico) ¿Libre...? (Se aleja, dándole la espalda) En fin, me obligas a desnudarme...(frenando con un gesto el entusiasmo de Daniela) ¡No! Quiero decir que me obligas a confesarme... En un tiempo, Daniela, yo fui un superdotado...Pero los años, ¿sabes...? Los excesos de la juventud, ¿comprendes...? Los avatares de la existencia, ¿está claro...? No me permiten complacerte como tú lo deseas...(Daniela comienza a sollozar dulcemente. El Marqués trata infructuosamente de consolarla) Pero además, Daniela, ma petite... Hay otras maneras más refinadas...Más ingeniosas...Más sofisticadas...De satisfacer esos ardores que ahora te atormentan...Dame un poco de tiempo y yo te enseñaré formas menos vulgares de alcanzar el placer...

DANIELA
(Entrecortadamente, mientras sigue llorando) ¡Quiero coger...!

MARQUES
(Despechado) Bah...Debo admitir que me decepcionas... No te creí tan frívola y superficial...Ahora comprendo el desdén y la desconfianza que inspiran los jóvenes en estas latitudes...(El llanto de Daniela se acentúa) Pero, en fin... Con tal de no oírte llorar más, yo te daré lo que me pides...(Instantáneamente Daniela se calla) Tengo un magnífico semental a tu disposición...(Llamando) ¡Aniceto...! (Breve pausa) ¡Aniceto...!

(Entra Aniceto, exultante)

ANICETO
¡Cacé una laucha, patrón, cacé una laucha...!

MARQUES
¡Cállate, palurdo! (Aniceto obedece, mientras Daniela lo observa con interés. El Marqués señala a la jovencita) Mírala bien...(Aniceto la mira) Huélela...(Aniceto la huele) Tócala...(Aniceto la toca; pero, tentado, le da un mordiscón. Daniela, confundiéndolo con un juego erótico, se queja un poquito, pero no demasiado) ¡Cuidado, bestia...! No la lastimes todavía...

ANICETO
Disculpe, patrón...

MARQUES
Y bien...¿No es linda? (Aniceto permanece inmutable) ¿No es deseable? (Lo mismo) ¿No es voluptuosa?

ANICETO
Es blandita...Y parece jugosa.

MARQUES
No perdamos más tiempo, borrico...¡Poséela!

ANICETO
¿Cómo?

MARQUES
¡Hazla tuya!

ANICETO
Pero, patrón...

MARQUES
(Impaciente, dando una patada en el suelo) ¡Que te la fifes, parbleu...!

DANIELA
(Entusiasmada, dando saltitos de excitación) ¡Sí, sí...!

ANICETO
(Mientras derrama un grueso lagrimón) Me gustaría, patrón...Pero no puedo (Daniela lanza un grito de desesperación)

MARQUES
(Incrédulo) ¿Qué dices?

ANICETO
Tenga tanta hambre...Hace tanto que no como...Estoy hecho un trapo de piso, patrón...

MARQUES
(Nuevamente decepcionado) Te desprecio, Aniceto...

ANICETO
Yo, con un espiral de salame y queso, volvería a ser el de antes...

MARQUES
Eres de un materialismo obsceno y degradante...

ANICETO
(Cayendo de rodillas) ¡Quiero comer, patrón...!

(Daniela aprovecha la posición de Aniceto y se le monta en el pescuezo, refregándose contra él)

DANIELA
¡Quiero coger, maestro...!

MARQUES
(Meneando la cabeza, desconsolado) Ustedes confunden libertad con libertinaje...Igualdad con mediocridad...Fraternidad con promiscuidad...(Se vuelve hacia el público, dándoles la espalda, mientras siguen resonando el "Quiero comer" de Aniceto y el "Quiero coger" de Daniela) Qué fracaso...Qué triste fracaso...Creo que debo regresar al Viejo Mundo...Estos torpes aborígenes todavía no están preparados para la democracia...


Buenos Aires, 29 de agosto de 1984
 
 
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