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En boca cerrada
de Juan Carlos Badillo
 


BADILLO, Juan Carlos (Buenos Aires, 1943) Escribió cuentos y poesías. Estudió teatro con Agustín Alezzo y dramaturgia con Ricardo Monti. Su obra "En Boca Cerrada" fue estrenada en Buenos Aires en 1984, con dirección de Agustín Alezzo y fue nominada para el premio Moliere de ese año. Fue representada también en el interior del país y Uruguay.



REPARTO:
Víctor (33 años)
Paula (62 años)
Celia (59 años)
Vicente (63 años)
Beatriz (28 años)
Fernando (33 años)


(EL PRESENTE DE LA OBRA TRANSCURRE A FINES DE 1975)
(LA ESCENA MUESTRA PARTE DE UNA CASA MODESTA DE PROVINCIA, ESTILO AÑOS CUARENTA. EN LA PARTE CENTRAL DEL ESCENARIO SE ENCUENTRA EL COMEDOR, QUE ES AL MISMO TIEMPO SALA DE ESTAR Y SALA DE COSTURA. EN EL CENTRO, UNA MESA CON CARPETA TEJIDA AL CROCHET, UN JARRON Y SEIS SILLAS. A LA DERECHA DEL ESPECTADOR, "EL RINCON DE CELIA", EN EL QUE SE VE UNA VIEJA MAQUINA DE COSER, UNA SILLA, UN PEQUEÑO BANQUITO, UN MANIQUI QUE LLEVA UN VIEJO VESTIDO Y AL LADO DE LA MAQUINA, UNA MESA BAJA SOBRE LA QUE SE ENCUENTRA UNA RADIO ANTIGUA. SOBRE LA IZQUIERDA, UN "ESTAR" INTEGRADO POR UNA MESA RATONA, UN SILLON -"EL SILLON DE VICENTE"-, UNA SILLA Y UN PERCHERO. AL FONDO Y TAMBIEN A LA IZQUIERDA, EN UN PLANO ELEVADO, AL QUE CONDUCE UNA ESCALERA DE CUATRO O CINCO ESCALONES, EL DORMITORIO MATRIMONIAL, CON UNA GRAN CAMA ANTIGUA CON RESPALDAR DE BRONCE, UNA MESA DE LUZ, UN ROPERO Y VIEJAS FOTOS EN LAS PAREDES)
(EN EL LIVING, SOBRE LA PARED QUE DIVIDE Y MARCA LA ELEVACION DEL DORMITORIO, UN PEQUEÑO ARMARIO BAJO DE COMEDOR)
(AL FONDO Y LA DERECHA, EL PATIO-JARDIN, EN EL QUE SE DESTACA UNA MECEDORA. NO HAY PUERTAS, PERO HAY "FUGAS": AL FONDO -QUE CONDUCE A LA COCINA-, A LA IZQUIERDA -QUE CONDUCE A LOS CUARTOS INTERIORES, Y EN EL DORMITORIO)
(HAY DESORDEN EN EL AMBIENTE: TAZAS DE CAFE SOBRE LOS MUEBLES, BOTELLAS, CENICEROS)
(AL COMENZAR LA ACCION EL ESCENARIO ESTA VACIO)
(ENTRA PAULA, APOYANDOSE EN CELIA; DETRAS, BEATRIZ - EMBARAZADA- Y VICTOR. TODOS SE SIENTAN EN SILENCIO, SALVO VICTOR QUE, DE PIE, FUMA. LUEGO PAULA TOMA UNA VALIJA QUE ESTA JUNTO A LA MAQUINA, LA LLEVA A LA MESA, LA ABRE Y COMIENZA A SACAR ROPA DE SU INTERIOR)


VICTOR : ¡Mamá!, ¿qué estás haciendo?
PAULA : Saco la ropa. Se va a arrugar toda.
VICTOR : ¡Mamá, por favor! Después la arreglo yo. Andá a acostarte.
BEATRIZ : Sí, mamá. ¿Por qué no te acostás, mejor?
PAULA : No tengo nada de sueño. (VA ORDENANDO LA ROPA. SILENCIO)
BEATRIZ : (A VICTOR) ¿Cuántos días te quedás?
VICTOR : Tres días.
BEATRIZ : ¿Tan poco?
VICTOR : Y... es el reglamento. Además, justo ahora es la época de más trabajo. ¡No sé cómo me dieron estos días!
CELIA : ¡Cómo no te los iban a dar!
VICTOR : Sí, claro.
(SILENCIO. PAULA, QUE SIGUE ORDENANDO LA ROPA, COMIENZA A SOLLOZAR. TODOS LA MIRAN)
CELIA : ¡Bueno, Paula!
PAULA : (LLORANDO) ¡Cómo puede ser, Dios mío! ¡Cómo puede ser!
(TODOS TRATAN DE CONSOLARLA. SALVO BEATRIZ, QUE COMIENZA A SOLLOZAR)
PAULA : Ayer a esta hora estaba allí, sentado en el jardín, y hoy...
CELIA : Sí, cuando se levanto de la siesta me dijo: "Dormí como nunca..."
PAULA : (A VICTOR) ¿Ves? yo estaba justo parada acá, planchando. El estaba sentado en la mecedora, ahí en el jardín. (LA LUZ DESCIENDE. LA ACCION SE RALENTA. LA MECEDORA COMIENZA A OSCILAR DESPACIOSAMENTE. SUBE LA LUZ) Ya eran las seis de la tarde. Le grité desde acá: "Querés que te sirva ahora el vermucito?" No me contestó. Le repetí la pregunta, y nada. Corrí al jardín y cuando lo vi me quise morir: hacía gestos con la boca y tenía los ojos en blanco. ¡Creí que me volvía loca! Empecé a los gritos.
CELIA : ¡Yo casi me muero!
PAULA : Vino Norberto, lo alzo y lo llevó en su auto a lo del doctor Pirán. Yo sabía que ya estaba muerto en el auto. (SOLLOZA)
VICTOR : Sí, ya sé. Calmate, mamá. ¿Querés un tranquilizante?
CELIA : Sí, Victor, que tome algo porque esta mujer se va a enfermar. Voy a buscar un Valium.
PAULA : No, no quiero nada.
(CELIA HACE UN GESTO Y SE LEVANTA. BEATRIZ SOLLOZA)
CELIA : (A BEATRIZ) y vos también tranquilizate, que te va a hacer mal. (ALUDE CON UN GESTO AL EMBARAZO)
PAULA : (A VICTOR) ¡Después vos decís que la vida es linda! ¡Qué va a ser! ¡Es una mierda! ¡Justo ahora que estábamos tan bien! Ya no trabajaba casi en el taller. Por primera vez estábamos bien de plata. Tía Celia y yo vivíamos para él. ¿Qué problemas tenía? Al contrario: tu hermana se recibió de abogada. Está bien casada. Vos no terminaste la Facultad porque no quisiste: se te dio por irte a Buenos Aires; pero si hubieras querido, él te hubiera mantenido hasta que te recibieras. (REFLEXIONA UN INSTANTE) Dentro de lo pobre que hemos sido, nunca nos faltó nada, ¿no?
VICTOR : Sí, sí, claro.
PAULA : (A BEATRIZ) Ustedes tuvieron una linda niñez, ¿no?
BEATRIZ : Claro, mamá.
(ENTRA CELIA Y LE DA UN VALIUM A PAULA. ESTA LO TOMA)
CELIA : (A BEATRIZ) ¿Querés uno?
BEATRIZ : No.
PAULA : El se desvivió siempre por ustedes.
CELIA : Sí, primero ese almacén, después el camión y al final. el taller, ¡Pobre! ¡Siempre metido entre esos fierros!
(BAJA LA LUZ. LA ACCION SE RALENTA. SE OYEN RUIDOS DE UN TORNO Y UN MARTILLO GOLPEANDO RITMICAMENTE. SUBE LA LUZ)
PAULA : ¡Estaba tan ilusionado con ser abuelo y no pudo ver a su nieto! (SOLLOZA)
VICTOR : Bueno, ¡vamos, mamá! Sí, es una desgracia, pero pensá en el hecho de que no sufrió nada. ¡Ni siquiera pudo darse cuenta de que se moría!
CELIA : ¡Claro, Paula! Tiene razón Víctor.
PAULA : Sí, pero, ¿no hubiera sido mejor que no se hubiera muerto? (SILENCIO) voy a traer un poco de té. (SALE)
CELIA : (A VICTOR) ¿Qué sentiste cuando te lo dijeron?
VICTOR : Imaginate.
CELIA : Yo, lo primero que pensé cuando pasó todo fue en vos. Le dije a Ezequiel que te llamara enseguida. Le dejó dicho al muchacho que vive con vos. ¿A qué hora volviste?
VICTOR : A la una.
CELIA : ¡A la una! ¿Dónde habías ido?
VICTOR : Al cine.
CELIA : ¿Y cómo te lo dijo tu amigo?
VICTOR : Y... directamente. Que había llamado mi cuñado para avisar que papá había fallecido.
CELIA : ¡Qué bruto!
VICTOR : ¿Por qué?
CELIA : Podía haberte dicho que tu padre había sufrido una descompostura.
VICTOR : ¿Para qué? ¿Para viajar con la esperanza de que no hubiera pasado nada y al llegar encontrarme con...
CELIA : ¡Sí, claro...! ¿Y qué hiciste?
VICTOR : Me fui volando a Once y tomé un micro que salía justo.
CELIA : Mamá tenía miedo de que no volvieras a tu casa y no te enteraras enseguida.
VICTOR : ¡Cómo no iba a ir a casa!
CELIA : ¡Qué se yo! (SILENCIO) Ahora que no está tu madre, BEATRIZ : ¡qué estúpida es tu suegra! ¿Sabés qué decía a cada rato? "Parece que su sobrino no llega, ¿eh? ¡Con tal de que venga antes de que cierren el cajón!" ¡Me lo repitió como cinco veces! ¡Qué imbécil! ¡Me daban ganas de matarla! ¿Me querés decir para qué se quedó toda la noche? ¡Para chusmear! Se la pasó riéndose del vestido que se había puesto María Luisa. ¡Justo ella! ¡Esa mamarracha!
BEATRIZ : ¡Si ya sabés cómo es!
CELIA : (A VICTOR) ¡qué alegría cuando te vi entrar! Justo ella estaba sentada al lado mío. ¡Le chanté una mirada, que se quedó dura! ¿Y sabés qué me dijo? "¡Qué desmejorado está Víctor!" ¡No! ¡Si después de viajar toda la noche y con semejante noticia, ibas a estar hecho un pimpollo!
(SILENCIO)
VICTOR : ¡Qué raro que no haya estado Fernando!
CELIA : La madre estuvo temprano. Me dijo que Fernando había viajado a La Plata... ¡Si vieras lo avejentada que está doña Carmen!
VICTOR : Y Fernando, ¿cómo está?
(EN EL DORMITORIO COMIENZA A SUBIR LA LUZ DE UN CENITAL SOBRE FERNANDO, ESTATICO, VESTIDO DE COSACO RUSO. VICTOR LO MIRA)
CELIA : Como siempre: buenmocísimo. Me contó doña Carmen que le va bastante bien con la profesión. ¿Vos hace mucho que no lo ves?
VICTOR : Sí. Años.
(LA LUZ DESCIENDE SOBRE FERNANDO, LENTAMENTE. ENTRA PAULA)
PAULA : ¿No quieren comer algo?
BEATRIZ : Mamá, ¡no te vas a poner a cocina ahora!
PAULA : ¡No! Algo rápido. Hago unos sánguches.
BEATRIZ : No, yo me voy enseguida. Ezequiel ya debe estar en casa.
PAULA : ¿Qué tenía la madre?
BEATRIZ : Nada. Parece que la bajó un poco la presión.
CELIA : ¡Sí!
PAULA : Esperá un rato que te doy la ropa limpia para que te la lleves.
BEATRIZ : No. Dámela mañana. No traje el bolso.
PAULA : No, mejor llevala ahora. Ezequiel casi no tiene camisas limpias. Te hago un paquete en dos minutos. Vení, ayudame, Celia. De paso traé la valija y la ropa de Víctor.
(CELIA RECOGE LAS COSAS DE LA MESA Y SALE CON PAULA. BEATRIZ Y VICTOR QUEDAN SOLOS. SILENCIO EMBARAZOSO)
VICTOR : ¿Y vos cómo estás?
BEATRIZ : ¿Cómo querés que esté?
VICTOR : No. Del embarazo te digo.
BEATRIZ : ¡Ah! Bien. Los primeros meses no tanto. Sentía náuseas, mareos. Pero ahora estoy bien.
VICTOR : ¿Para cuándo va a ser?
BEATRIZ : La doctora dice que para los primeros días de marzo.
VICTOR : Picis.
BEATRIZ : Sí. (SILENCIO)
VICTOR : ¿Ezequiel está contento?
BEATRIZ : (SE QUEDA PENSATIVA) Creo que sí.
VICTOR : ¿Qué?, ¿pasa algo con Ezequiel?
BEATRIZ : (SIN CONVICCION) No. No pasa nada.
(SILENCIO. BEATRIZ ESTA INQUIETA RUMIANDO ALGO)
BEATRIZ : (ENERGICA) Víctor, ahora vas a tener que venir más seguido.
VICTOR : ¿Adónde?
BEATRIZ : Aquí, a casa de mamá. Esto va a ser muy duro para ella. Tenés que acompañarla.
VICTOR : Sí, voy a hacer todo lo posible.
BEATRIZ : Te digo todo esto porque últimamente venís tan poco. ¿Cuándo fue la última vez?
VICTOR : Hace casi justo un año: para las fiestas.
BEATRIZ : ¿ESte año no pensabas venir para las fiestas?
VICTOR : ¡Te dije que tengo un montón de trabajo!
BEATRIZ : ¡Vamos, Víctor! ¡Ya tenés 33 años! Hasta los 25 ó 30 años podés culpar a los demás de las cosas que te pasan, ¡pero después de los 30...!
VICTOR : ¿Por qué me decís todo esto?
BEATRIZ : ¡Porque estoy cansada de que nunca se pueda contar con vos! ¡De tener que cargar con todo yo sola!
(APARECE PAULA CON EL PAQUETE DE ROPAS, SEGUIDA DE CELIA)
PAULA : (A BEATRIZ) Bueno, acá está todo. Comé algo y acostate enseguida.
BEATRIZ : Sí, no te preocupés. Paso mañana a la mañana. (BESA A VICTOR Y A CELIA)
PAULA : Te acompaño hasta la puerta.
BEATRIZ : Chau. (SALE)
CELIA : ¡Pobre Beatriz!
VICTOR : ¿Por qué pobre?
CELIA : Justo ahora esto de tu padre, con todo lo que le está pasando.
VICTOR : ¡Ah! ¿No te contó nada?
VICTOR : No. Contame vos.
CELIA : Yo no sé mucho. Viste que ella es muy reservada. Pero parece que tiene problemas con Ezequiel. ¿No viste que casi ni se quedó?
VICTOR : ¿Qué problemas tienen?
CELIA : No sé. Problemas. ¡Víctor, por favor!, no le digás nada a tu madre de que yo te conté. ¡Jurame!
VICTOR : Te lo juro. (ENTRA PAULA)
CELIA : ¿Y si en lugar de tomar té, hacemos unos churrascos con papas fritas? ¡Tengo un hambre!
PAULA : (A VICTOR) ¿Tenés ganas?
VICTOR : Hagan lo que quieran.
CELIA : ¡Sí! ¡Vamos a comer!
(PAULA Y CELIA SALEN HACIA LA COCINA. VICTOR QUEDA SOLO. LA LUZ DESCIENDE SALVO SOBRE EL. EL RESTO DE LA ESCENA QUEDA CON UN TENUE COLOR AZULADO. DESPUES DE UNOS SEGUNDOS APARECE VICENTE CON UN DIARIO EN LA MANO. BAJA AL COMEDOR, SE ACERCA A LA MESA, SE SIENTA Y COMIENZA A LEER. VICTOR LO MIRA)
PAULA : (EN OFF) ¡Víctor! ¡Beatriz! ¡Chicos! ¡A comer!
(APARECE PAULA. TRAE UN MANTEL Y VAJILLA. COMIENZA A PONER LA MESA. LA LUZ COMIENZA A SUBIR LENTAMENTE)
PAULA : Víctor andá a lavarte las manos que la comida ya esta lista.
VICTOR : (COMO SI LE COSTARA ENTRAR EN EL JUEGO) ¡Ya me las lavé, mamá!
PAULA : A ver, mostrámelas.
(VICTOR SE LAS MUESTRA)
PAULA : Víctor, ¡otra vez estuviste jugando con barro en el jardín! ¡Mirá cómo tenés esas uñas! ¡Andá a pasarte un cepillo!
VICTOR : ¡Pero, mama!
PAULA : ¡Víctor, andá!
(LE HACE UN GESTO INDICANDOLE QUE EL PADRE ESTA ENOJADO. VICTOR PREGUNTA CON UN GESTO POR QUE. CON OTRO GESTO PAULA LE DICE QUE NO SABE. SALE VICTOR. ENTRA CELIA CON UNA FUENTE DE COMIDA. LA DEJA SOBRE LA MESA Y SE ACERCA A LA RADIO. LA ENCIENDE. SE ESCUCHAN LOS ULTIMOS COMPASES DE UN TANGO. A LOS POCOS SEGUNDOS SE OYE LA VOZ DEL LOCUTOR)
LOCUTOR : "El Glostora Tango Club, cita de la juventud triunfadora".
(AVISOS PUBLICITARIOS)
PAULA : ¡Betty! ¡La comida ya está servida! (APARECEN BEATRIZ Y VICTOR. TODOS SE SIENTAN Y COMEN EN SILENCIO, MIENTRAS SE ESCUCHA OTRO TANGO)
VICENTE : ¡Víctor, apagá esa radio!
CELIA : Pero, ¡después están "Los Pérez García"!
(PAULA HACE UN GESTO A CELIA PARA QUE SE CALLE. ESTA PONE CARA DE DISGUSTO. VICTOR SE LEVANTA Y APAGA LA RADIO. SIGUEN COMIENDO EN SILENCIO. VICTOR Y BEATRIZ COMIENZAN A TENTARSE HASTA QUE VICTOR ESTALLA EN RISAS)
VICTOR : ¡La puta que lo parió! ¡Cuántas veces les dije que no hay que reírse en la mesa!
CELIA : Vicente, ¡son chicos!
VICENTE : ¡Usted se calla, carajo!
CELIA : (ENOJADA) Está bien. ¡Qué boca!
VICENTE : ¡En mi casa se hace lo que yo digo! ¿Entienden? (SILENCIO) ¡A mi viejo le iban a hacer esto! ¡No volaba una mosca en la mesa! ¡Y éramos ocho! Un día vino chinchudo de la calle. Ernesto se puso a silbar mientras comíamos. El viejo no dijo una palabra, agarró el mantel y tiró todo al suelo.
CELIA : (IRONICA) ¡Qué rico!
VICENTE : (LA MIRA COMO FULMINANDOLA. SIGUE) ¡Nos quedamos todos mudos! La vieja no dijo ni mu. El era capaz de matar a alguien cuando se ponía así. ¡Qué carácter! (EVOCA CON TERNURA) Un día estábamos trabajando en una obra, y él se puso a cantar. Yo empecé a tararear, haciéndole burlas. ¿Sabés qué hizo? Me tiró un balde de mezcla y me hizo caer del andamio. Estuve tres días en que casi no podía caminar. (SE SONRIE)
PAULA : ¡Qué bruto! ¿Y a vos te causa gracia eso?
VICENTE : Sí, me causa gracia. ¿Qué hay? Me causa gracia que el viejo las tuviese bien puestas.
PAULA : ¡Bien puestas! ¿Eso es ser un hombre para vos? Eso es ser una bestia.
VICENTE : (ENERGICO) Paula, ¡terminala! ¿eh?
PAULA : ¡Escuchame! ¡Yo no soy cómo tu mamá, que se callaba todo! Yo no.
VICENTE : ¡Pero la puta que lo parió! ¡No tengo derecho a hacer lo que se me cante en mi propia casa!
PAULA : ¡Nuestra propia casa! ¡"Nuestra", en todo caso!
VICENTE : (SE PONE DE PIE. GOLPEA CON EL PUÑO SOBRE LA MESA) ¡Carajo! ¡No tengo derecho a venir enojado de la calle! ¡No tengo derecho a tener mis problemas y querer comer tranquilo!
PAULA : (GRITA) ¡Pero no tenés derecho a tratarnos a todos de esa manera!
VICENTE : (TERRIBLEMENTE ALTERADO) Paula, ¡callate de una vez!
PAULA : ¿Por qué me voy a callar?
VICENTE : (TOMA UNA BOTELLA DE LA MESA Y AMENAZA CON ELLA A PAULA) Paula, ¡te callás o te reviento esta botella en la cara!
PAULA : (LE OFRECE LA MEJILLA DESAFIANTE) ¡A ver cómo me la reventás! ¡A ver!
(VICTOR SE LEVANTA DE LA MESA PARA IRSE. VICENTE DEJA LA BOTELLA. LO TOMA DE UN BRAZO Y LO ABOFETEA)
VICENTE : ¡Te quedás ahí! ¡No te di permiso para que te levantaras!
(DA UNA PATADA A LA SILLA Y SALE FURIOSO. VICTOR, ATERRADO, ESTA FIJO A SU SILLA. BEATRIZ SALE CORRIENDO HACIA EL INTERIOR)
CELIA : (A PAULA) ¡También vos! ¿Por qué no te callaste la boca? ¿No sabés cómo es?
PAULA : ¡Porque estoy podrida de que me hable de esos viejos de mierda como si fueran dos maravillas!
(LA LUZ CAMBIA DE TONALIDAD. PAULA LEVANTA LA MESA. CELIA VA RECOGIENDO LAS TAZAS QUE ESTAN DISEMINADAS POR TODO EL AMBIENTE)
CELIA : ¡Qué bochinche! Ordenamos un poco esto, pero lo lavamos mañana, ¿eh? Estoy muerta.
PAULA : ¡Sí, claro! (AL PASAR ACARICIA EL PELO DE VICTOR) ¡Tenés el pelo tan suave como cuando tenías cinco años! ¡Qué cosa la vida...! ¡Ya sos un hombre! ¡Cómo pasó el tiempo!
CELIA : De chiquito eras muy llorón: una noche no dejaste dormir a nadie, entonces le dije a mamá: "¿Cuándo tendrá cuarenta años?" ¿Y qué falta ya?
VICTOR : ¡Sí! ¡Qué rápido pasa todo!
PAULA : ¡Mi bebe! ¡Eras tan rico de chiquito! ¡Hablabas tanto!
CELIA : "Quero abua de la tanilla". (TODOS RIEN)
PAULA : Un día la señorita Clementina me dijo: "Señora, quisiera vivir muchos años para ver a qué va a llegar Víctor cuando sea grande".
(LA LUZ DESCIENDE SALVO SOBRE VICTOR. SE ILUMINA EL PATIO, DONDE APARECE FERNANDO. VICTOR SE INCORPORA, TOMA UN CUADERNO DEL ARMARIO Y CORRE HACIA FERNANDO)
FERNANDO : Terminé el segundo, ¿cuánto te dio?
VICTOR : A mí me dio 18.614 centímetros cuadrados.
FERNANDO : No, es 9.307 centímetros cuadrados.
VICTOR : ¿Estás seguro?
(FERNANDO TOMA EL CUADERNO DE VICTOR)
FERNANDO : ¡Víctor! La superficie del trapecio es: base mayor más base menor por altura sobre dos. ¡Sobre dos!
PAULA : (A FERNANDO, CON TONO IRONICO) ¿Qué? ¿Se equivocó? ¡jamás se equivoca! No es por decir ni porque yo sea la madre, pero, ¡qué inteligente es mi hijo! ¿no, Fernando?
(COMIENZAN A REIR A CARCAJADAS. SALE FERNANDO. SUBE LA LUZ. APARECE CELIA EN EL DORMITORIO, SACA SABANAS DEL ARMARIO)
PAULA : ¡Celia!
CELIA : Estoy aquí. Voy a hacer la cama.
(PAULA SUBE AL DORMITORIO. VICTOR ENTRA AL LIVING. LAS MUJERES COMIENZAN A HACER LA CAMA. VICTOR SUBE AL DORMITORIO. PAULA LO MIRA. SOLO EL DORMITORIO QUEDA ILUMINADO)
PAULA : ¿Sabés qué estaba pensando? ¡Qué pena que no terminaste la Facultad!
CELIA : ¡Pero a él no le gusta la medicina!
PAULA : Ya estaría recibido. ¡Mira la plata que hizo el doctor Pirán! Porque la música será muy linda, pero no da de comer.
CELIA : La plata no es todo en la vida... ¡Pero si te falta!
PAULA : Decime la verdad: ¿estás bien en Buenos Aires? ¿No me mentís?
VICTOR : Por supuesto, mamá.
CELIA : ¡Las veces que no pude dormir pensando en vos!
VICTOR : ¿Por qué?
PAULA : Porque pienso cómo estarás, si estarás pasando hambre.
VICTOR : (SE RIE) ¡Mamá! ¡Qué exagerada!
PAULA : Pienso que estás solo, que nadie te puede dar una mano.
CELIA : Sí, porque los amigos no son la familia, no son los padres.
(VICTOR SE QUEDA EN SILENCIO)
PAULA : Víctor, ¿por qué no te casaste todavía? Me gustaría tanto que te casaras antes de que yo me muera.
CELIA : ¡No te vayas a quedar solo! Un hombre solo es una cosa muy triste...
PAULA : Los otros días le decía a BEATRIZ : "Si yo me muero te encargo a tu hermano. Cuidalo".
VICTOR : ¡Mamá, por Dios!
(VICTOR MOLESTO BAJA AL LIVING. CELIA SALE DE ESCENA. PAULA SIGUE A VICTOR. SOLO ELLOS QUEDAN ILUMINADOS)
PAULA : (CON TEMOR) Víctor, ¿te puedo hacer una pregunta?
VICTOR : (EXPECTANTE) Sí.
PAULA : ¿Me vas a decir la verdad?
VICTOR : ¡Sí, claro!
PAULA : Vos no te fuiste a Buenos Aires porque querías estudiar música. Vos te fuiste porque te sentías mal en esta casa, ¿no?
VICTOR : ¿Estás loca? ¿De dónde sacaste eso?
PAULA : No sé. Es algo que siempre pensé.
VICTOR : ¡No seas tonta! Me fui porque acá no podía estudiar música. Por eso.
(LA LUZ CAMBIA DE TONALIDAD. SE ENCIENDE EL DORMITORIO. VICENTE ESTA TIRADO EN LA CAMA LEYENDO EL DIARIO. ENTRA CELIA AL COMEDOR CON UNA VALIJA)
CELIA : La valija está casi lista. (VUELVE A SALIR. ENTRA AHORA CON UNA PILA DE CAMISAS) Las camisas ya están planchadas. (LAS DEJA SOBRE UNA SILLA)
PAULA : ¿Ves? Aquí están los pañuelos junto con las ballenitas. ¡Ah! En este paquete te puse unas milanesas para que comás cuando llegués.
VICTOR : Bueno.
(PAULA ESTA MUY CONMOVIDA)
PAULA : Escribime enseguida.
VICTOR : Sí. Apenas llegue.
(PAULA VUELVE A ORDENAR LA VALIJA)
PAULA : ¿No hablaste con él?
VICTOR : ¿Qué querés que le diga?
PAULA : ¡Víctor! ¡Es tu padre! ¡Cómo te vas a ir así, sin decirle nada!
VICTOR : ¿Cómo sin decirle nada? Pienso despedirme de él.
PAULA : ¡Pero no es eso, Víctor! ¡No le contaste nada sobre qué pensás hacer en Buenos Aires, cómo vas a vivir!
VICTOR : ¡Pero si ya lo sabe!
PAULA : ¡Sí, porque se lo conté yo!
VICTOR : ¡Es lo mismo!
PAULA : ¡Vos sabés muy bien que no es lo mismo!
VICTOR : ¡mamá, por favor!
PAULA : (CORTANTE) Está bien, Víctor; hacé lo que quieras.
(PAULA CIERRA LA VALIJA. SUBE AL DORMITORIO. VICENTE LA OBSERVA. PAULA ESTA LLORANDO)
VICENTE : ¡Paula! ¡Otra vez!
PAULA : ¡Dejame...! Acá cada uno piensa en sí mismo.
VICENTE : Dejalo que haga lo que quiera. Ya tiene veintidós años. Es un hombre.
PAULA : ¿Quiere decir que no le vas a hablar?
VICENTE : ¿Para qué? Ya lo tiene decidido.
PAULA : ¡Vicente! ¡Es un chico!
(PAULA SE SIENTA EN LA CAMA. AMBOS QUEDAN UN INSTANTE EN SILENCIO)
PAULA : Decile que se cuide... Decile algo... ¿Por qué no le das unos pesos? Lleva poca plata.
VICENTE : (PENSATIVO) Bueno.
(EN EL COMEDOR APARECEN BEATRIZ Y CELIA)
BEATRIZ : Che, vamos yendo: es tarde.
VICTOR : Bueno. (A CELIA) ¿vos también venís?
CELIA : ¡Claro!
BEATRIZ : (GRITANDO) ¡mamá! ¡Papá!
(PAULA Y VICENTE BAJAN DEL DORMITORIO)
BEATRIZ : ¡mamá! ¿No te cambiaste? Es tardísimo.
PAULA : No. Yo no voy.
BEATRIZ : ¿Por qué?
PAULA : Me dan tristeza las despedidas.
BEATRIZ : (A VICTOR Y CELIA) Bueno, vamos.
PAULA : (A BEATRIZ) Nena, andá a buscar un taxi.
VICENTE : (VIOLENTO) ¿Para ir a la estación necesitan un taxi?
PAULA : ¿Es qué si no, con esa valija?
VICENTE : ¡Cómo se ve que sobra la plata en esta casa!
VICTOR : Papá tiene razón. ¡Si el ómnibus tarda diez minutos!
PAULA : El taxi es más seguro. Andá, nena. (A CELIA) Vos también. (SALEN) ¡Mirá sin van a ir en ómnibus!
VICENTE : ¡Claro, a ver si se les cae la corona!
PAULA : ¡Vicente!
VICENTE : ¡Así los vecinos ven bien que el nene se va a Buenos Aires!... ¡Vamos a ver en qué venís a la vuelta!... ¡A pata se va a tener que venir! ¡Claro, a no ser que le avise a la mamita y a la tía y vayan a buscarlo! ¡Entonces sí van a tomar taxi! ¡Total... ellas se rompen el lomo para ganar la guita!
PAULA : ¡Pero, viejo!, ¿a vos te parece que es momento...?
VICENTE : (ENERGICO) ¿Desde cuándo me tienen que decir si es o no el momento de hablar?
VICTOR : Papá, yo...
VICENTE : ¿Qué? ¿También me tenés que reprochar algo?
VICTOR : No. Sólo... quería despedirme.
VICENTE : ¡Ah, gracias!
VICTOR : No tenés por qué agradecerme. (PAUSA) Vos sabés que yo... (MUY NERVIOSO. PAULA LO MIRA) ... para lo que yo quiero hacer, aquí no tengo posibilidades.
VICENTE : ¿Quién te ha dicho algo? (PAUSA)
VICTOR : Bueno, hasta pronto. (VA A BESARLO. VICENTE, TURBADO, LE TIENDE LA MANO)
VICENTE : Que te vaya bien. (VIOLENTO) Si lo que vos querés hacer te deja tiempo, escribí. Por ésta. (SEÑALA A PAULA) No tengo ganas de aguantar las tragedias que va a hacer cuando no tenga noticias del nene.
PAULA : (A VICTOR) ¡No le hagás caso!
VICENTE : ¡Qué! ¿No es así? ¡Si ya estás casi llorando y todavía no se fue...! ¿Alguien lo echa...? Entonces que se joda.
BEATRIZ : (EN OFF) ¡El taxi! ¡Vamos!
VICTOR : Chau. (ABRAZA A PAULA Y SALE. QUEDA DETENIDO, DE ESPALDAS, EN EL PATIO. PAULA, ANGUSTIADA, SE SIENTA EN LA MESA)
PAULA : ¿Por qué lo trataste así?
VICENTE : ¿Cómo lo traté...? Ya es hora de que se acostumbre a ser un hombre, ¿no? ¡A lo mejor le viene bien morirse de hambre en Buenos Aires!
PAULA : ¡No digás eso!
VICENTE : ¡El cree que se las va a poder arreglar solo! ¡Ya veremos!
(AMBOS SE QUEDAN UNOS SEGUNDOS PENSATIVOS, EN SILENCIO)
VICENTE : ¿Y este florero?
PAULA : ¿Recién lo ves? Me lo regaló Florencia.
VICENTE : Es una cagada. ¿No sabía qué hacer con él, no?
(ARROJA EL JARRON CON VIOLENCIA CONTRA LA PARED. SALE. LAS LUCES COMIENZAN A DESCENDER. PAULA SOLLOZA. TODA LA LUZ SE CENTRA SOBRE ELLA. CUANDO LA LUZ SUBE. VICTOR ESTA A SU LADO)
VICTOR : ¡Mamá! ¡Por favor! ¡Otra vez!
PAULA : ¡No! ¡Ya se me pasa! ¡Me agarra por momentos! (SE LEVANTA. VA ORDENANDO LA MESA)
VICTOR : ¿Y? ¿Pensaste si querés venirte a vivir conmigo a Buenos Aires?
PAULA : ¡No! ¡Estás loco! ¿Qué voy a hacer en Buenos Aires? Yo tengo todo acá.
VICTOR : ¿Y no te vas a sentir mal estando sola?
PAULA : ¿Cómo sola? ¿Acaso no la tengo a Celia?
VICTOR : Sí, pero ella...
PAULA : ¿Y acaso vos no viviste solo?
VICTOR : Pero es distinto. (ELUDE HABLAR DE EL) ¿Y por qué no te vas a vivir con la nena?
PAULA : ¿Estás loco? Tu hermana y Ezequiel son muy buenos. Pero ellos no hace tanto que están casados y tienen que hacer sus vidas.
VICTOR : Mamá, ¿pasa algo entre Beatriz y Ezequiel?
PAULA : No. ¿Por qué? ¿Ella te contó algo?
VICTOR : No, pero, por la forma en que habló de él...
PAULA : ¡No! Las pavadas que pasan siempre en un matrimonio. Pero nada importante. (DESVIANDO EL TEMA. SE SIENTA EN EL SILLON DE VICENTE) Por eso, yo me quedo acá, con Celia. No quiero jorobar a nadie. Ya les dije... No, déjenme, déjenme.
VICTOR : Está bien. Hacé lo que quieras. Es tu vida... (SE SIENTA JUNTO A PAULA) Pero escuchame bien una cosa: si te pasa algo a vos yo me muero. Vos sos lo único que tengo ahora.
PAULA : (TIERNAMENTE) ¿Quiere decir que tampoco me puedo morir?
VICTOR : Quiero decir que tenés que ser fuerte y no abandonarte.
PAULA : No. Quedate tranquilo. ¿Qué gano con abandonarme? Voy a ser fuerte por ustedes.
VICTOR : ¡Claro! Tenés que hacerlo por nosotros.
PAULA : Además estoy tranquila. No tengo ningún remordimiento con él. Yo fui una buena mujer. Creo que fui mejor con él que él conmigo. Estos últimos años estaba muy cambiado. Pero cuando vos eras chico me hizo sufrir mucho. Vos te acordás, ¿no?
(LA LUZ DESCIENDE SALVO SOBRE ELLOS. MIENTRAS SE VA ILUMINANDO EL "RINCON DE CELIA". ENTRA CELIA. SE DIRIGE A LA MAQUINA Y COMIENZA A COSER. ENTRA VICENTE. SE ALTERNAN LOS DIALOGOS DE AMBOS CON EL MONOLOGO DE PAULA. VICTOR TIENE LA MIRADA FIJA SOBRE VICENTE Y CELIA)
VICENTE : ¿Y Paula? ¿Y los chicos?
CELIA : Paula llevó la nena al médico. Tenía 38 de fiebre. Otra vez anginas. Víctor está en lo de los Cufré.
PAULA : Pero fue un buen hombre. Nunca nos hizo faltar nada. Vivía para nosotros.
(VICENTE SE ACERCA A CELIA, QUE SIGUE COSIENDO. LA OBSERVA EN SILENCIO. PAULA SE LEVANTA)
PAULA : ¡Todo el día metido en ese taller! ¡Con ese olor a grasa! ¡Te acordás cómo tenía las uñas! (SALE)
(VICENTE ALARGA SU MANO Y TOCA EL CUELLO DE CELIA. ELLA QUEDA ATERIDA SOLO UN SEGUNDO Y DETIENE LA MAQUINA. VICENTE DESLIZA LA MANO HACIA EL ESCOTE. CELIA SE LEVANTA DE UN SALTO)
CELIA : ¡No sea asqueroso! ¡No tiene un poco de verguenza!
VICENTE : ¿Qué le pasa? ¿No me va a decir que no tiene ganas?
CELIA : ¡No sea degenerado! ¡Mire si lo viera Paula!
VICENTE : No se haga la estrecha. ¡Bien que le gusta provocarme!
CELIA : ¿Yo, provocarlo? ¡Está loco! ¡Me da asco!
(VICENTE SE ACERCA, LA ABRAZA, COMIENZA A MANOSEARLA. CELIA LO RECHAZA VIOLENTAMENTE. VICTOR AVANZA CON FIRMEZA. AMBOS AL VERLO QUEDAN ESTATICOS, CON CARA DE ESPANTO. CELIA SE VA LLORANDO)
VICENTE : ¡Mocoso de mierda! ¿Dónde estabas? (SILENCIO) Escuchame una cosa, Víctor: Ya sos un hombrecito; vos no viste nada, ¿me entendés? No tenés que contarle nada de esto a tu madre, ¿entendiste? Si se entera de algo juro que te mato. ¿Está claro? ¡Te mato! (SALE)
(VICTOR QUEDA ESTATICO UNOS SEGUNDOS. SE SIGUEN ESCUCHANDO EN OFF LOS SOLLOZOS DE CELIA, QUE ENTRA POR EL PATIO, ANEGADA EN LAGRIMAS)
CELIA : ¡Paula! ¡Paula!
(ENTRA PAULA)
PAULA : Celia, ¿qué pasa, por Dios?
CELIA : ¡PAULA : la radio dijo que murió Evita! ¡A las 8 y 25 se murió Evita!
(LA LUZ SE VA APAGANDO LENTAMENTE, SOLO LA RADIO QUEDA ILUMINADA. SE ESCUCHA UN RADIOTEATRO. LA LUZ SUBE. CELIA ESTA COSIENDO A MAQUINA. VICTOR, 9 AÑOS, SENTADO EN EL SUELO, RECORTA FOTOS DE RADIOLANDIA)
O. CASCO : Isabel, usted es una mujer joven, llena de vida, bonita, aunque trate por todos los medios de disimularlo.
S. KENT : ¿Por qué me dice todo esto justamente hoy?
O. CASCO : No sé, Isabel, hace mucho que quería hablar con usted. Pero no tenía coraje. ¡Tengo tantas cosas que decirle!
S. KENT : ¿Qué cosas, Juan José?
O. CASCO : Isabel, creo que ha llegado el momento. Quiero que hablemos usted y yo.
(CORTINA MUSICAL)
LOCUTOR : El Teatro Palmolive del Aire presentó... (MUSICA) "Secreto de amor"... con la actuación estelar de Susy Kent y Oscar Casco.
(CELIA SE LEVANTA Y APAGA LA RADIO)
CELIA : ¡Por Dios! ¡Y ahora hay que esperar hasta el lunes! ¿Te parece que se va a animar a decírcelo?
VICTOR : Yo pienso que no.
CELIA : ¿Por qué no? Además ya falta poco para que termine.
(CELIA TOMA EL VESTIDO, LO COLOCA SOBRE EL MANIQUI. HACE UNOS ARREGLOS CON ALFILERES)
VICTOR : ¿Dónde está el engrudo?
CELIA : ¿Qué vas a hacer?
VICTOR : Voy a pegar éstas en el álbum. (SEÑALA LAS FOTOS)
CELIA : ¿Por qué no te vas a dormir? Ya son las diez y media.
VICTOR : Dejame un rato más. Total mañana no voy al colegio.
CELIA : Bueno, pero si tu padre se enoja, te las arreglás con él, ¿no?
(VICTOR ASIENTE CON MIEDO. SALE. CELIA ABRE N CAJON DEL ARMARIO. SACA UN ESPEJO REDONDO, CON PIE, UN CEPILLO PARA EL PELO Y UN POTE DE CREMA. SE SIENTA A LA MESA Y COMIENZA A CEPILLARSE EL PELO. ENTRA VICTOR CON EL ENGRUDO Y UN ALBUM. VUELVE A SENTARSE EN EL SUELO, EN EL MISMO LUGAR)
CELIA : (CEPILLANDOSE) ¿Sabés qué me dijo hoy María Luisa?
VICTOR : (ENSIMISMADO) No.
CELIA : Que me parezco a Laura Hidalgo. (SE SONRIE) Puede ser por el pelo... Yo tengo los ojos más chiquitos.
VICTOR : ¡Qué linda es Laura Hidalgo!
CELIA : ¡Preciosa! ¿Te acordás en "Más allá del olvido", cuando está muerta sobre la cama, con ese vestido blanco de tul, con el pelo suelto lleno de flores. ¡Parecía un ángel!
VICTOR : Pero siempre hace de mala.
CELIA : Sí, como en "La Orquidea", que sale con todo el pelo tirante y Santiago Gómez Cou se vuelve loco por ella.
VICTOR : ¿Y en "Armiño Negro"?
CELIA : ¡Ay! ¡Saca todos esos tapados que son un sueño!
VICTOR : A mí me gusta más Lolita Torres.
CELIA : ¿Leíste en la Radiolandia que el padre no la deja besarse con los actores de sus películas? (COMIENZA A ENCREMARSE LA CARA)
VICTOR : ¿Por qué?
CELIA : (SIN ESCUCHAR) Hace bien. ¡Flor de atorrantas deben ser todas ésas! Como la María Félix. Vino a filmar "La pasión desnuda" con Carlos Thompson y parece que anda con él.
VICTOR : Sí, aquí recorté la foto con ella. ¿La pego?
CELIA : No, a ella cortala. (MIENTRAS MIRA LA FOTO) ¡Qué cosa divina! ¡Qué cuerpo! ¡Y esa cara! ¡Con esa sonrisa! (LE DEVUELVE LA FOTO)
VICTOR : (LA CONTEMPLA) Sí, es muy lindo.
(LA LUZ COMIENZA A DESCENDER SOBRE ELLOS. EL RESTO DE LA ESCENA TOMA UN TONO ROSADO; APARECE FERNANDO, VESTIDO DE ESPADACHIN. SE ESCUCHA MUSICA DE PELICULA DE ACCION. FERNANDO RECORRE EL ESCENARIO HACIENDO JUEGOS CON SU ESPADA. SE ACERCA A VICTOR. LO APUNTA CON SU ESPADA. VICTOR LEVANTA LOS BRAZOS EN SEÑAL DE RENDICION. LA MUSICA DESCIENDE)
FERNANDO : Tengo muchas cosas que decirle.
VICTOR : ¿Qué cosas?
FERNANDO : Creo que ha llegado el momento. Quiero que hablemos usted y yo. (FERNANDO SALE. LA LUZ VUELVE A CAMBIAR. VICTOR Y CELIA CONTINUAN CON LA SITUACION ANTERIOR)
VICTOR : ¿Te acordaste de la película que faltaba?
CELIA : A ver, leeme.
VICTOR : (LEE EN EL ALBUM) "Los pulpos", "La trampa", El crimen de Oribe", "Una viuda casi alegre"
CELIA : ¡Ahí estaba tan lindo! Hacía de profesor de filosofía.
VICTOR : "Abuso de confianza", "La indeseable", "Sala de guardia", "La de los ojos color del tiempo"
CELIA : ¿Cuántas anotaste?
VICTOR : Ocho.
CELIA : Falta una. Son nueve. ¿Pusiste "La trampa"?
VICTOR : Sí.
CELIA : Esperá. (PIENSA. CUENTA CON LOS DEDOS) ¡Ya sé! ¡"El túnel"! ¡Justo "El túnel"!
VICTOR : (RIENDO) ¡Justo "El túnel"! ¡La vimos como siete veces!
CELIA : (ACTUANDO) ¡Juan Pablo! ¿Cómo se atrevió a venir?"
VICTOR : "María, me sentía como una fiera acorralada".
CELIA : "¡Por favor! ¡Baje la voz! ¡Pueden oirlo!".
VICTOR : "¿Cómo, no está sola?"
CELIA : "¡No!"
(SE ILUMINA EL DORMITORIO. PAULA Y VICENTE DISCUTEN ASPERAMENTE)
CELIA : Víctor, escondé ese álbum, ¡a ver si lo ve tu padre!
(VICTOR SE APRESURA A ESCONDERLO DENTRO DEL ARMARIO)
PAULA : (CASI SOLLOZANDO) Vicente, ¿vas a ir al club? ¡Son las diez y media! ¡Y está lloviendo a cántaros!
VICENTE : ¡Pero si vuelvo enseguida! Me tomo un cafecito, charlo un rato con los muchachos... ¡A las doce estoy de vuelta!
PAULA : ¿No te podés quedar una sola noche en tu casa? ¡A las doce! ¡Seguro que no vas a volver antes de las dos! ¡Después, a la mañana estás muerto de sueño!
VICENTE : (IRRITADO) Paula, ¡no me hinchés las pelotas!
PAULA : ¡Ma sí, hacé lo que quieras! ¡Andá, andá nomás con tus amigotes! ¡Qué me importa!
VICENTE : ¡Andá al carajo!
(SILENCIO. VICENTE SE CAMBIA DE ROPA SIN INMUTARSE. CELIA Y VICTOR HAN QUEDADO ESTATICOS DURANTE LA DISCUSION. VICTOR ESTA MUY ACONGOJADO)
CELIA : (TRATANDO DE DISTRAERLO) ¿Vamos a leer los "Dialoguitos telefónicos"?
VICTOR : No tengo ganas.
CELIA : (TIERNA) No seas tonto. ¿Todavía no sabés cómo es tu padre? ¡Vamos, leamos!
(TOMA RADIOLANDIA Y BUSCA LA PAGINA DE "DIALOGUITOS". HACE UN GESTO A VICTOR DE SENTARSE A SU LADO. SONRIE. VICTOR TRATA DE SONREIR. SE SIENTA. AMBOS SOSTIENEN RADIOLANDIA CON LAS MANOS)
VICTOR : "¡Hola! ¿Olguita Zubarry? ¡Cómo le va buena moza!"
CELIA : "¡Nunca mejor que ahora, don Hugo del Carril! ¡Qué alegría oírle!"
VICTOR : "Gracias, Olga. ¿Qué pasa en nuestro mundo?"
CELIA : "¡Dicha en el corazón de todos!"
VICTOR : "¡Magnífico! ¿Debido a...?"
(APARECE VICENTE DETRAS DE ELLOS Y OBSERVA LA ESCENA)
CELIA : "Pues, ¡a la nena que acaba de llevarles la cigüeña a Luisito y Malvina!"
VICENTE : ¡Celia! ¡Se deja de hacer esas pelotudeces con el chico! ¡Ya se lo dije mil veces! (A VICTOR) ¡Y vos andate a dormir, maricón! ¡Y no te olvidés de ir a pishar! ¡Después largás todo en la cama! (SE VA DANDO UN PORTAZO. CELIA FURIOSA SE DIRIGE AL ARMARIO A GUARDAR EL ESPEJO Y LA CREMA)
CELIA : ¡Qué estúpido! ¡Qué ordinario! ¡No sé cómo tu madre se pudo casar con semejante bestia! ¡Las mujeres con tal de casarse agarran cualquier cosa! Pero yo no. Yo no quiero casarme. Ni con Carlos Thompson.
(LA LUZ DESCIENDE. SOLO VICTOR Y CELIA QUEDAN ILUMINADOS)
CELIA : ¿Todavía no te acostaste?
VICTOR : No. (SUBE LA LUZ)
(PAULA, EN CAMISON, BAJA DEL DORMITORIO)
CELIA : Paula, ¡estás muy cansada! ¿Por qué no vamos a dormir?
PAULA : ¡No tengo sueño!
CELIA : Por lo menos tirate, descansá. ¡Mirá cómo tenés los pies hinchados! (PAULA SE QUEDA UNOS SEGUNDOS EN SILENCIO)
PAULA : ¿Sabés? ¡Me da una angustia meterme en esa cama! (SEÑALA EL DORMITORIO CON LA CABEZA)... Sola.
CELIA : Vamos a mi pieza. Te dejo mi cama. Yo tiro un colchón en el suelo.
PAULA : No, dejá.
VICTOR : Mamá, hacemos una cosa: vamos a tu pieza, te acostás y yo me quedo con vos hasta que te duermas. ¿Querés?
PAULA : (ENTERNECIDA) Bueno.
CELIA : Hasta mañana. (SALE)
(VICTOR Y PAULA SUBEN AL DORMITORIO. PAULA SE ACUESTA. TOMA LAS MANOS DE VICTOR. LA LUZ COMIENZA A DESCENDER MUY LENTAMENTE)
PAULA : ¡qué triste es la vida!, ¿no?
VICTOR : No. ¡La vida es maravillosa!
(MIENTRAS LA LUZ VA DESCENDIENDO HASTA EL APAGON EN EL DORMITORIO, VA SUBIENDO MUY LENTAMENTE EN EL JARDIN: ES EL AMANECER. VICTOR ESTA SENTADO EN LA MECEDORA. SE ESCUCHAN RUIDOS DENTRO DE LA CASA. ENTRAN CELIA Y PAULA, EN CAMISON. ESTA TRAE UNA CAJA DE CARTON EN UNA MANO Y EN LA OTRA LLEVA TARJETAS Y CINTAS VIOLETAS Y DORADAS DE LAS CORONAS. LAS DEPOSITA SOBRE LA MESA. CELIA TOMA MATE. VICTOR SE LEVANTA Y ENTRA AL COMEDOR)
CELIA : ¿Ya estás levantado, tan temprano?
VICTOR : No pude dormir nada. Esa pieza es un horno.
CELIA : ¿Por qué no llevaste el ventilador?
VICTOR : No puedo dormir con ventilador.
CELIA : ¿Querés un mate?
VICTOR : Bueno.
(SALE CELIA. PAULA COMIENZA A ORDENAR LAS CINTAS Y A LEER UNO A UNO LOS TELEGRAMAS Y TARJETAS DE PESAME)
PAULA : Llegó un telegrama de Marta, ¡pobre! (SILENCIO)
(ENTRA CELIA CON EL SERVICIO DE MATE. TIENDE UNO A VICTOR)
CELIA : Traje unos bizcochitos.
(PAULA SIGUE LEYENDO LAS TARJETAS)
PAULA : ¡Estuvo el doctor Borgonovo!
CELIA : ¡Claro! ¡Si yo lo vi cuando te saludó!
PAULA : No me acuerdo... ¡Como para acordarme! (SILENCIO)
CELIA : ¡Hoy va a ser otro día insoportable! ¡Y no hay una nube en el cielo!
(SUENA EL TIMBRE. CELIA SALE A ABRIR. VUELVE A ENTRAR CON BEATRIZ)
PAULA : ¡Nena! ¿Qué hacés tan temprano?
BEATRIZ : Vine un ratito a ver cómo estaban.
PAULA : Bien.Yo estoy bien.
CELIA : ¿Querés un mate?
BEATRIZ : Bueno. (LO TOMA)
CELIA : ¿Viste qué calor anoche?
BEATRIZ : ¡Uf! ¡Y para colmo éste no se quedó quieto en toda la noche!
(TOCANDOSE EL VIENTRE)
CELIA : (LE TOCA LA CABEZA) ¡Pobrecita!
(SE QUEDAN EN SILENCIO. VICTOR OBSERVA A BEATRIZ)
PAULA : Voy a guardar esto. (SALE CON LA CAJA HACIA EL INTERIOR. CELIA TIENDE UN MATE A VICTOR)
VICTOR : No, no quiero más.
CELIA : (A BEATRIZ) Tomalo vos. (BEATRIZ LO TOMA)
VICTOR : Bueno, ¡basta de mate! Hace mal con tanto calor... Andá, tía, ayudala un poco a mamá.
(BEATRIZ LO MIRA FIJAMENTE. SALE CELIA)
VICTOR : ¿Por qué no vino Ezequiel?
BEATRIZ : Tenía que hacer unas cosas en casa.
VICTOR : ¿No viene porque estoy yo?
BEATRIZ : ¿Por qué decís eso?
VICTOR : Pregunto. Como no le caigo muy simpático.
BEATRIZ : Son ideas tuyas.
VICTOR : Bueno, entonces contame qué pasa.
BEATRIZ : (MOLESTA) ¡No pasa nada, Víctor!
VICTOR : ¡Nena! ¡Yo sé que pasa algo!
BEATRIZ : ¿Qué, te contaron algo acá?
VICTOR : ¡Ah! ¿Tenían algo que contarme? No, no me contaron nada. vos me tenés que contar.
BEATRIZ : (NERVIOSA) No, estamos bien. En serio. el estudio funciona bárbaro. ¡Y ahora lo del chico! Lo único, que Ezequiel está con un poco de miedo porque se chimenta que los milicos la quieren rajar a Isabel... (PAUSA) ¡Y ese puesto es fantástico!
VICTOR : ¡Te tiembla la voz! ¡Hablá!
BEATRIZ : (MUY ALTERADA) ¿Para qué, Víctor? Son pavadas. ¡Por tres días que venís acá, te vas a llevar otro problema!
VICTOR : ¿Qué estás diciendo? ¡Yo viví 22 años acá! ¡Mirá si tuve problemas! Beatriz, ¡Nunca se habló de verdad en esta casa! ¿Vamos a repetir la misma historia? ¡Por favor, hablemos!
BEATRIZ : (CON UN LLANTO PROFUNDO Y SOFOCADO PARA NO SER OIDO POR PAULA Y CELIA) ¡Me estoy por separar de Ezequiel!
VICTOR : ¿Por qué? ¿Qué pasó?
BEATRIZ : ¡Tiene otra mujer!
VICTOR : (SORPRENDIDO) Pero, ¿Cómo...? ¿Cómo lo supiste?
BEATRIZ : (SOLLOZANDO) hace un tiempo empezó a cambiar conmigo. Estaba frío, distante. Comencé a sospechar algo. Lo controlaba. Lo descubrí en dos o tres mentiras. Una noche lo seguí. Se metió en una casa. Estuve casi dos horas esperando. Salió con una mujer... Del brazo y riéndose... ¿Se reía! (LLORA)
VICTOR : ¿Y lo hablaste con él?
BEATRIZ : ¡Claro! Me dijo que esa mujer no significaba nada para él. Que era solamente una aventura. Que ella lo había provocado y él no había podido negarse. Que después de todo era un hombre. ¡Sí, eso dijo! (SE SONRIE LLORANDO) ¡Desde ese día le tomé como asco!
VICTOR : ¡Entonces, separate de él!
BEATRIZ : No es tan fácil. Y más ahora... ¡con esto! (SE TOCA EL VIENTRE) Si todo hubiera ocurrido un poco antes... lo hubiera... evitado.
VICTOR : ¡No digás eso, por favor! ¿De qué tenés miedo? ¡No vas a tener problemas para criarlo. Te va bien con la profesión. Además sos una mujer muy fuerte.
BEATRIZ : (ESTALLA) ¡Pero, por Dios! ¿De dónde inventaron todos que yo soy una mujer muy fuerte? ¡Hasta yo me lo creí! ¡Y ya no puedo más! ¡Siempre estuve sola, Víctor! ¡Y ahora estoy sola! ¡Yo necesito que alguien me banque!
(APARECE PAULA)
PAULA : ¿Qué pasa?
BEATRIZ : ¡Nada, mama! ¡No pasa nada! (SE RECOMPONE RÁPIDAMENTE) Bueno, me voy al estudio a llevar unos papeles.
PAULA : ¿Venís a comer? Voy a hacer pollo a la portuguesa.
BEATRIZ : Bueno. (TOMA SUS COSAS. SE ACERCA A VICTOR. LO BESA) Chau.
PAULA : Te acompaño hasta la puerta.
(BEATRIZ VA A SALIR. SE VUELVE DE GOLPE HACIA VICTOR)
BEATRIZ : ¡Ah! ESta mañana me encontré con doña Carmen. Me dijo que Fernando llega esta noche y que seguro mañana a la mañana viene a verte.
VICTOR : ¡Ah, bueno!
(SALEN PAULA Y BEATRIZ. COMIENZA A SUBIR LA LUZ EN EL DORMITORIO DONDE ESTA FERNANDO. MIENTRAS SE ESCUCHAN EN OFF LAS VOCES DE PAULA Y BEATRIZ. FERNANDO BAJA LAS ESCALERAS, SE ACERCA AL ARMARIO, TOMA UN LIBRO, LO LEE)
PAULA : ¡No vengás después de la una!
BEATRIZ : No. ¿Querés que traiga algo?
PAULA : No. No hace falta.
FERNANDO : (LEYENDO EN VOZ ALTA) "El primer indicio de que la célula está a punto de multiplicarse por cariocinesis es que se pone de manifiesto un corpúsculo esferoide y brillante: la centroesfera, provisto de un núcleo central o centrosoma".
VICTOR : ¡Todavía seguís con eso!
FERNANDO : Ya me falta poco.
VICTOR : ¿No estas cansado?
FERNANDO : Nunca me canso. (SE RIE)
VICTOR : ¿Querés tomar algo? Mi vieja dejó limonada preparada en la heladera.
FERNANDO : ¿Cuándo vuelven?
VICTOR : Esta noche.
FERNANDO : Tu vieja estaba muy preocupada por lo de tu abuela.
VICTOR : Y, ya es el segundo ataque que le da. ¡Y ya tiene más de 70!
FERNANDO : ¡Ah, es muy vieja!
VICTOR : ¡Sí, pero es bárbara!
(VICTOR SALE HACIA LA COCINA. FERNANDO COMIENZA A HOJEAR EL LIBRO QUE ESTA SOBRE LA MESA. ENCUENTRA UN PAPEL. COMIENZA A LEERLO REAPARECE VICTOR)
VICTOR : Hay un poco de flan. ¿No querés un cacho?
FERNANDO : (SIGUE LEYENDO) ¡Che, es muy bueno esto!
VICTOR : ¿Qué cosa?
FERNANDO : Esto. (LEE) "¿Y para qué mis dedos, si no siento el calor de tu piel bajo mi mano?"
VICTOR : (AVERGONZADO) ¿De dónde sacaste eso?
FERNANDO : Estaba aquí, en el libro.
VICTOR : Dámelo.
FERNANDO : Es muy bueno. ¿Lo escribiste vos?
VICTOR : Sí, pero dámelo.
FERNANDO : No sabía que escribieras versos. (SIGUE LEYENDO)
VICTOR : (FURIOSO) ¡Por favor! ¡Te dije que me lo des! (TRATA DE ARREBATARSELO. FERNANDO SE LO IMPIDE)
FERNANDO : ¡Que! ¿Te da verguenza escribir versos? ¡No seas imbécil! Dejame leerlos.
VICTOR : ¡Fernando, te lo pido por favor!
(SE ABALANZA SOBRE FERNANDO. ESTE SE LEVANTA DE UN SALTO Y COMIENZA A CORRER POR TODO EL COMEDOR, EVITANDO QUE VICTOR LO ALCANCE. GIRAN ALREDEDOR DE LA MESA. FERNANDO NO CESA DE REIR. EN UN MOMENTO ESTE SUBE LAS ESCALERAS, SE INTRODUCE EN EL DORMITORIO, SE METE DEBAJO DE LA CAMA. VICTOR LO SIGUE. FERNANDO SUBE A LA CAMA Y COMIENZA A SALTAR SOBRE ELLA, CON EL PAPEL EN ALTO. VICTOR FORCEJEA CON EL. RUEDAN SOBRE LA CAMA. VICTOR QUEDA SOBRE FERNANDO, AMBOS JADEANTES. ESTE DEJA DE REIR. VICTOR ESTIRA LA MANO, TOMA EL PAPEL QUE SUJETA FERNANDO, LO HACE UN BOLLO Y LO TIRA. AMBOS SE MIRAN. VICTOR VA BAJANDO LA CABEZA HASTA APOYARLA EN EL PECHO DE FERNANDO. ESTE LEVANTA EL BRAZO Y COMIENZA A ACARICIAR LA CABEZA DE VICTOR, MIENTRAS LA LUZ VA DESCENDIENDO MUY LENTAMENTE)
(SE ILUMINA EL PATIO. CELIA ESTA BARRIENDO. ENTRA PAULA. ESTA PREOCUPADA. VICTOR COMIENZA A BAJAR DEL DORMITORIO)
PAULA : ¡Mira cómo quedó ese piso! ¿Saldrán esas manchas?
CELIA : No sé. ¡La gente no tiene el menor cuidado! Tendríamos que haberlo velado en la funeraria.
PAULA : ¡Qué decís, Celia! ¡A los muertos se los vela en la casa! (SE QUEDA PENSATIVA. SE DECIDE) ¿Oíste de qué hablaba Beatriz con Víctor?
CELIA : No. Supongo que le contaba los problemas que tiene en el estudio.
VICTOR : (APARECIENDO DE IMPROVISO EN EL PATIO) Sí, de los líos que tiene con los empleados.
PAULA : ¡Qué susto! ¿Estabas ahí? Mirá, siempre le digo a tu hermana que no se lo tome tan a pecho, que haga un poco la vista gorda. ¡Pero viste cómo es ella! ¡Con ese carácter!
CELIA : ¡Es el vivo retrato del padre!
(LA LUZ CAMBIA DE TONALIDAD. LOS TRES ENTRAN AL LIVING. APARECE VICENTE EN EL PATIO. ESTA NERVIOSO. CONSULTA EL RELOJ)
PAULA : ¿A vos te parece? ¡Ya son las diez y media!
CELIA : ¡Quedate tranquila! ¡Qué le puede haber pasado!
PAULA : ¡Y mirá que le tengo dicho!
CELIA : ¡Por lo menos podría haber llamado por teléfono!
PAULA : ¡Después aquel otro se la agarra conmigo! ¡Mirá si nosotras le hubiéramos hecho esto a "mamá"!
CELIA : ¡Uh! ¡Te imaginás!
VICTOR : ¡Bueno, mamá, no es para tanto!
PAULA : ¿Ah, no? ¿Te parece? ¡Una mocosa de diecisiete años, sola a esta hora por la calle!
VICTOR : ¿No salió con Gustavo?
PAULA : ¡Por eso!
CELIA : ¡Justamente!
VICTOR : ¿Y de qué tienen miedo?
PAULA : ¡A veces preguntás cada pavada! ¿De qué voy a tener miedo?
VICTOR : ¡Mamá, por favor! ¡Esas cosas se pueden hacer a las cinco de la tarde!
PAULA : ¡Callate, Víctor!
VICTOR : ¿Cuánto hace que están de novios?
PAULA : Apenas dos años.
VICTOR : Mamá, ¡realmente! Son jóvenes, hermósos, se quieren. ¡Si todavía no lo hicieron son realmente dos tarados!
(CELIA SE RIE)
PAULA : (SEÑALANDOLA) ¡Mirá la otra estúpida! (A VICTOR) ¡Las cosas que decís! ¿Estás loco?
VICTOR : ¡Mamá, ponete una mano en el corazón!
PAULA : ¡Yo ya no entiendo a los jóvenes de ahora! ¡En mis tiempos un hermano era capaz de matar a la hermana si pasaba algo así!
VICTOR : ¡Qué exagerada!
PAULA : Celia, ¿no era así?
CELIA : ¡Claro que sí!
PAULA : ¡Ahí tenés!
(VICENTE SE LEVANTA DE LA MECEDORA Y ENTRA AL LIVING)
VICENTE : ¡Qué hija de puta! ¡Mirá la hora que es!
PAULA : ¡Me tiene cansada esa mocosa!
VICENTE : ¡Vos tenés la culpa también!
PAULA : ¿Por qué yo?
VICENTE : Le das demasiadas alas.
PAULA : ¡Por el caso que te hace a vos! ¡Mirá el escándalo que le armaste la semana pasada! ¡Para lo que sirvió!
VICTOR : ¡Bueno, no es tan tarde!
VICENTE : (FURIOSO, A VICTOR) ¡Te parece que éstas son horas para que una chica de diecisiete años ande sola por la calle!
(VICTOR, ATEMORIZADO, NO LE CONTESTA. SE ESCUCHA EL RUIDO DE LA PUERTA DE CALLE)
PAULA : ¡Ahí viene!
(ENTRA BEATRIZ, RESUELTA. TODOS LA MIRAN EN SILENCIO)
BEATRIZ : ¡Buenas!
VICENTE : (FURIOSO) ¿A vos te parece que éstas son horas de llegar?
BEATRIZ : ¡Papá, por favor!
VICENTE : ¿No te tengo dicho que a la hora de comer quiero que todo el mundo esté en casa?
BEATRIZ : ¡Papá, no seas antiguo!
VICENTE : (A LOS GRITOS) ¡Escuchá una cosa, imbécil! ¡En mi casa todavía mando yo! ¿Entendés bien? El día que te casés o te vayás de aquí, vas a hacer lo que quieras. Pero mientras vivas acá, vas a hacer lo que yo diga. ¿Está claro?
PAULA : ¡Podrías haber llamado por teléfono!
BEATRIZ : (DESAFIANTE) No pude.
VICENTE : ¿Dónde estuviste hasta esta hora?
BEATRIZ : Son cosas mías.
VICENTE : (A LOS GRITOS) ¡Cómo que son cosas tuyas, mocosa de mierda! ¡Contestáme! ¿Dónde estuviste?
BEATRIZ : (DESCONTROLADA) ¡Estuve donde se me dió la gana!
¿Entendés? Escuchame una cosa, papa: ¡yo hago de mi vida lo que se me cante! ¡No te voy a permitir ni a vos ni a nadie que se metan en mis cosas! ¿Sí?
VICENTE : ¡Callate, hija de puta!
(HACE ADEMAN DE PEGARLE. BEATRIZ LE SUJETA LA MANO)
BEATRIZ : ¡Papá! ¡Ni se te ocurra!
VICENTE : ¡Andate a tu pieza antes de que te mate! ¡Andate!
PAULA : (DESESPERADA) ¡Camine a su pieza!
(BEATRIZ SE DIRIGE ENERGICA HACIA LOS CUARTOS INTERIORES. TODOS QUEDAN UNOS SEGUNDOS EN SILENCIO. VICENTE HACE ADEMAN DE IRSE. PAULA CORRE A ALCANZARLE EL SACO Y LA GORRA)
VICENTE : (A PAULA) ¡Qué carácter tiene la petisa! ¡Parece un macho!
(SE SONRIE SATISFECHO. SALE. CAMBIAN LAS LUCES. SE ESCUCHA EN OFF LA VOZ DE BEATRIZ)
BEATRIZ : Ya está el café. (ENTRA CON LA BANDEJA)
CELIA : ¿Te gustó el pollito mi amor?
VICTOR : ¡Una exquisitez!
(CELIA SE SONRIE. QUEDAN TODOS EN SILENCIO. SE ESCUCHA EL SONIDO DE UNA TROMPETA QUE VIENE DE LA CALLE)
VICTOR : ¡El churrero! ¡No me digan que todavía pasa el churrero!
PAULA : ¡Claro! En esta aldea, como decís vos, todo sigue igual. ¿Querés que compre algunos para la tarde?

VICTOR : ¡No, por favor! ¿Sabés cómo engordan?
PAULA : ¿qué es esa pavada de que ahora todo el mundo hace régimen? (CON TONO INFANTIL) ¡Te compro!
BEATRIZ : ¡Mamá! ¡TE dijo que no!
PAULA : (MOLESTA) ¡A vos no te pregunté nada!
(BEATRIZ NO RESPONDE. SE CREA UN SILENCIO TENSO. PAULA TRATA DE ARREGLAR LA SITUACION)
PAULA : Hoy estaba revisando la ropa de papá. ¿Sabés cuántas camisas tenía? ¡Como treinta! (A VICTOR) ¿No querés llevarte algunas?
VICTOR : Me van a quedar enormes.
PAULA : Hacelas arreglar en Buenos Aires. Te las haría Celia, pero ¡de acá a que vengas vos!
VICTOR : Te sale más barato comprártela nuevas.
PAULA : ¿Sí...? A Ezequiel le pueden quedar bien. Hay unas de verano casi nuevas. Si se van a Mar del Plata en febrero, le van a venir bien.
BEATRIZ : (LA MIRA FIJAMENTE) No vamos a ir a Mar del Plata.
PAULA : (NERVIOSA) ¿Por qué?
VICTOR : Mama, no hace falta que disimulés más: ya sé todo.
PAULA : (AGRESIVA, A BEATRIZ) ¡Ya se lo tuviste que contar!
BEATRIZ : ¡Yo no le conté nada! El me preguntó.
PAULA : Mirá que te pedí, ¿eh?
VICTOR : ¡Pero, mamá!, ¿cómo no me iban a contar?
PAULA : ¡Por tres días que venís acá, otro drama! ¡No es suficiente con esto de tu padre!
(CAMBIAN LAS LUCES. ENTRA VICENTE CON EL DIARIO EN LA MANO. LA ESCENA QUE SIGUE DEBE TENER UN TONO EXASPERADO, AL BORDE DEL GROTESCO)
VICENTE : ¿Qué pasa acá? ¿Qué son esos gritos?
PAULA : Nada, Vicente, nada.
VICENTE : ¿Como, nada? ¿Entonces por qué gritan?
CELIA : Porque la nena le contó a Isabel que andábamos mal de plata.
PAULA : (A CELIA) Callate, vos.
CELIA : Sí, "callate vos, callate vos". Yo no soy nadie en esta casa.
(SALE LLORANDO)
VICENTE : ¿Por eso tanto lío? ¿Qué te importa lo que piense Isabel? ¡ay, Dios! "¡La tapujera!"
PAULA : ¡Claro, encima dale la razón!
(VICENTE SE RIE A CARCAJADAS)
PAULA : Mirá: la mujer es el bicho más malo que hay sobre la tierra. ¡Con esa lengua!
BEATRIZ : (INDIGNADA)¡Mamá, terminala con eso! ¡Sí! ¡Hubiera sido mejor que no me hubieras tenido!
VICENTE : ¡Terminala vos también!
BEATRIZ : ¡No! (A VICENTE) ¿Sabés qué dice mamá cuando una mujer tiene una nena? "¡Pobre, una nena! (A PAULA) ¡Me dan ganas de matarte! ¡Mamá está chocha con el varoncito!
VICTOR : ¡Ahora te la agarrás conmigo!
PAULA : ¡Qué decís! Yo los quiero a los dos igual.
BEATRIZ : ¡Mamá, por Dios! Nunca me diste ni cinco de pelotas. me regalaste a tía Celia. ¿Vos no te acordás que yo dormí hasta los doce años con tía Celia en una cama de matrimonio? ¡Y era una señorita!
PAULA : ¡Lo único que te falta, celosa!
BEATRIZ : ¿Qué? ¿Acaso no vivías para él?
PAULA : Lo que pasa es que Víctor era tan enfermo de chico. ¡Con el asma que tenía!
BEATRIZ : ¡Si éste nunca tuvo asma!
VICTOR : ¿Cómo que no? ¿Y esos ahogos que tenía?
VICENTE : ¡Lo que tiene que hacer es deportes! ¡Qué asma ni que mierda! Yo creo que le va a hacer bien. Má, ¡hacé lo que quieras! ¡Después quién te aguanta si le pasa algo al chico! Las viejas de antes criaban mejor a los hijos. Mi vieja crió seis y ¡minga de Opovital ni aceite de hígado de bacalao! ¡Y salimos seis toros!
PAULA : Por lo visto hoy todos estan en contra mía. Me voy a la cama. ¡Tengo la depresión! (SUBE AL DORMITORIO)
BEATRIZ : ¡Otra vez la depresión! Ahora se va a pasar días enteros encerrada en su pieza sin bajar ni a comer!
(ENTRA CELIA CON UNA PALANGANA Y PAÑOS BLANCOS!
CELIA : Chicos, por favor, no hagan ruido, vayan a jugar al jardín porque mamá está otra vez con la neuralgia. Necesita silencio.
(CELIA SUBE AL CUARTO DE PAULA MIENTRAS VICTOR Y BEATRIZ QUEDAN EN SILENCIO, MIRANDO HACIA EL CUARTO)
CELIA : Paula, te traje unas compresas de agua y amoníaco. Te van a hacer bien.
PAULA : Andate y dejame sola.
CELIA : Paula, vas a ver que te van a hacer bien.
(PAULA SE DEJA HACER. CELIA LE VA APLICANDO LAS COMPRESAS)
BEATRIZ : (LLORANDO) ¡Dios mío! ¡Hacé que mamita no se muera! ¡Hacé que mamita no se muera!
VICTOR : ¡Betty! ¡Mamita no se va a morir! Le duele mucho la cabeza, nada más. ¡No llorés que te va a oír!
(VICENTE SUBE AL DORMITORIO)
VICENTE : (RIENDOSE) ¡Paula! ¡Ya te internaste en la cama! ¡Qué mujer! ¡Sos de otra época! ¡Menos mal que las mujeres vienen distintas ahora! ¡Se te regalan! ¡Y uno no es di fierro!
(CELIA BAJA Y ENCUENTRA A LOS CHICOS ABRAZADOS)
CELIA : ¡No lloren, chicos! ¡No lloren! Mamita se va a poner pronto bien.
(BEATRIZ SE LEVANTA Y SE VA CORRIENDO. SE APAGAN LAS LUCES DEL DORMITORIO Y CAMBIAN DE COLOR LAS DEL LIVING)
CELIA : Así que ya mañana te vas.
VICTOR : Ajá.
CELIA : Vení pronto, ¿eh?
VICTOR : Sí, sí. (LA MIRA CON TERNURA) Se te ve muy bien.
CELIA : ¿En serio? (SONRIE HALAGADA)
VICTOR : Sí, te encuentro muy bien.
CELIA : Sin embargo yo me veo horrenda. ¡Mirá cómo tengo el pelo! Parece paja.
VICTOR : No tenés ni una cana.
CELIA : "Las canas envejecen: ¡OMANOL Rejuvenecen" (SE RIE A CARCAJADAS)
VICTOR : (RIENDO) ¡Ah! ¿Te teñís?
CELIA : ¡Claro! Tendría el pelo blanco si no.
(VICTOR SE SONRIE)
CELIA : ¿Te acordás el pelo que tenía cuando vos eras chico? Los muchachos del club, cuando yo pasaba, me gritaba: "¡Adiós, Mireya!"
VICTOR : ¡Y las cosas que te decían! (CELIA SONRIE SATISFECHA) Todos creían que eras mi mamá, "Nene, cuidámela a tu mamita". (SE SONRIE) Nunca me voy a olvidar de una cosa que te dijeron. En ese momento me dio mucha vergüenza: yo tendría ocho años.
CELIA : (ANSIOSA) ¿Qué dijeron?
VICTOR : "¡Qué divina! ¿Por dónde se empieza a chupar una cosa tan rica?
CELIA : (ENTRE AVERGONZADA Y ORGULLOSA) ¡qué guarango!
VICTOR : Es un lindo piropo.
CELIA : Es una guasada. Debía de ser Antonio. Siempre me decía cosas de ese tono. Estaba loco por mí. ¡Hasta habló con tu padre para que le hiciera gancho!
VICTOR : ¿Y papá qué hizo?
CELIA : Lo sacó carpiendo.
VICTOR : ¿Por qué?
CELIA : Porque era un vago. Y encima le encantaban las carreras.
VICTOR : ¿Y a vos te gustaba?
CELIA : Era muy churro. Se parecía a Juan José Míguez.
VICTOR : ¿Y por qué no le diste bolilla?
CELIA : No sé. (SE QUEDA PENSATIVA) Yo estaba u poco chiflada en esa época.
VICTOR : ¿Por qué?
CELIA : Porque me había puesto que no me iba a casar nunca.
VICTOR : ¿Y por qué?
CELIA : No lo sé. ¡Sabés que no lo sé! A lo mejor porque nunca me llegó el hombre que yo esperaba. ¡Todos me parecían tan ordinarios! ¡Pensaban solamente en una cosa!
VICTOR : ¡Pero ni siquiera tuviste un novio!
CELIA : ¡Porque no quise!
VICTOR : Sí, ya sé.
CELIA : Además el matrimonio me pareció siempre una cosa horrible. ¡Aguantar a un hombre toda la vida! Al principio todo anda bien. ¡Pero después...! ¡Y encima los hijos!
VICTOR : ¿Qué pasa con los hijos?
CELIA : ¡Tener un chico! ¡Qué miedo!
VICTOR : ¿Miedo de qué?
CELIA : ¿De qué va a ser? ¡Del parto! ¿Ves? Esa es otra de las cosas por las que no quise casarme. Jamás hubiera podido tener un hijo. Nunca hubiera soportado un parto. ¡Si hasta me da miedo sacarme una muela!
VICTOR : ¡Pero tener un hijo es una cosa maravillosa!
CELIA : Sí, maravillosa, porque no tenés que tenerlo vos. ¡Los hombres tienen todas las ventajas! Nosotras, los hijos, la... menstruación ¡todos los meses! Pensar que algunas se desesperan cuando les viene la menopausia!
VICTOR : (RIENDO) ¡Estás loca!
CELIA : Sí, reíte. ¿Y vos por qué no te casaste todavía?
VICTOR : ¿Yo? Todavía estoy a tiempo, ¿no?
CELIA : Si no te apurás...
VICTOR : (DESVIA EL TEMA) Pero el matrimonio también tiene sus ventajas.
CELIA : ¿Cuál?
VICTOR : En la vejez... No te sentís tan solo.
CELIA : Sí, eso lo pensé. Sobre todo ahora, con lo que pasó con tu padre. Si ahora le pasa algo a Paula, ¡Dios no lo permita! ¿qué voy a hacer yo?
VICTOR : (ENTERNECIDO) Todavía estás a tiempo de casarte. ¡EStás muy linda!
CELIA : ¡Linda! (RIENDO) Ya estoy vieja, Víctor. No me engaño. Mirá: ya me están saliendo manchas marrones en las manos. ¿Sabés cómo las llamaba mi mamá? ¡ROÑAS DE VIEJA! (SE SONRIE LASTIMOSAMENTE) ¡Roñas de vieja!
VICTOR : ¡No te preocupés! Ahora se sacan con electricidad.
CELIA : ¡Sí...! (SE QUEDA PENSATIVA) Es increíble cómo pasa el tiempo... A veces me miro en el espejo y me parece mentira que pronto voy a tener sesenta años. Y, sin embargo, por dentro me siento como una chica. ¡Y dentro de diez años voy a tener setenta!
VICTOR : ¡Por Dios! ¡Faltan diez años todavía!
CELIA : ¡Y qué son diez años! ¡Si fue ayer que cumplí cincuenta! ¡Pasa tan rápido! (SILENCIO) Víctor, ¿todavía le seguís teniendo miedo a la muerte?
VICTOR : Sí, cada vez más.
CELIA : ¿Te acordás? De chiquito llorabas cuando pensabas en la muerte.
VICTOR : Y ahora, casi, casi.
CELIA : A lo mejor es un descanso. (CASI LLOROSA) ¡Pensar que Vicente ya lo sabe...! ¡Pobre Vicente! ¡Justo ahora! ¡Si vieras lo cambiado que estaba! ¡Siempre contento! ¡Siempre con un chiste en los labios! ¡Parecía un chico...! ¡Ahora nos vamos a quedar tan solas tu madre y yo...! ¡Es muy triste una casa sin un hombre! Por suerte Paula está tranquila. ¡A veces le envidio esa fortaleza! Yo estaría muerta en su lugar. Si por mí fuera me quedaría todo el día en cama. No tengo ganas de hacer nada... ¿Sabés qué había pensado hace un tiempo? Volver a dar clases de piano... No por la plata... ¡Me gustaba tanto...! ¡Hasta había hecho unos cartelitos para poner en el barrio! Pero... ¿para qué...? ¿para qué?
(VICTOR SE QUEDA ENSIMISMADO. CELIA SE DIRIGE A LA MAQUINA Y COMIENZA A COSER. SILENCIO)
VICTOR : ¿Seguís yendo al cine como antes?
CELIA : No, no voy casi nunca. Ni siquiera miro televisión. ¡Dan cada porquería! (SE QUEDA PENSATIVA) ¿Por qué ya no se hacen películas como antes? ¡Esas películas de Amadori! ¡De manuel Romero...! ¿Te acordás de "Dios se lo pague"? ¡Nunca se hizo una película más linda que "Dios se lo pague"! (ESTA PROFUNDAMENTE CONMOVIDA) No. Ya no se hacen películas como antes. (SE QUEDA UN RATO EN SILENCIO) Bueno, será mejor que me vaya a dormir. Hasta mañana. (LO BESA)
VICTOR : Hasta mañana. (SALE CELIA)
(VICTOR APAGA TODAS LAS LUCES. UNA LUZ AZULADA MUY TENUE RECUBRE EL PATIO. VICTOR SE DIRIGE A EL. SE SIENTA EN LA MECEDORA Y COMIENZA A HAMACARSE DESPACIOSAMENTE MIENTRAS LA LUZ AZUL VA DISMINUYENDO GRADUALMENTE HASTA EL APAGON)
(ES DE MAÑANA. PAULA, EN CAMISON, ESTA REVISANDO, UNA A UNA, UNA ALTA PILA DE CAMISAS. CELIA BARRE, EL PATIO. ENTRA VICTOR DESDE LA CALLE)
CELIA : ¡Cómo tardaste! ¡Parece que te gustó!
VICTOR : ¡Es increíble! ¡Está todo igual!
PAULA : ¿Por dónde anduviste?
VICTOR : Fui a la plaza. Después tomé por la avenida Sarmiento. Llegué hasta el río.
CELIA : ¿qué te pareció el nuevo hotel que construyeron sobre la Pavón?
VICTOR : ¡Ah, sí! Es hermoso.
PAULA : ¡Viste que algo cambió! (SE SONRIE)
VICTOR : (SE SIENTA) ¡Ah! ¡Me cansé!
PAULA : ¿Querés unos mates?
VICTOR : No, no tengo ganas.
(SE ESCUCHA EL TIMBRE DE LA PUERTA. CELIA, EN OFF, DICE: "YA VA". AL RATO SE ESCUCHAN SUS EXCLAMACIONES DE SORPRESA. ENTRA SEGUIDA DE FERNANDO)
CELIA : ¡Paula! ¡Víctor! ¡Miren quién vino!
(VICTOR, AL VER A FERNANDO, QUEDA COMO UNA IMAGEN DETENIDA)
PAULA : ¡Fernando! ¡Querido! ¡Viste qué desgracia tan grande!
FERNANDO : (ABRAZA A PAULA) ¡Paula!
PAULA : Pasá, Fernando. ¡Acá está Víctor!
(FERNANDO Y VICTOR SE CONTEMPLAN UN INSTANTE. SE ABRAZAN CON TERNURA)
FERNANDO : Lo siento mucho, Víctor. Realmente.
VICTOR : Vení, Fernando, sentate. (TODOS SE SIENTAN)
FERNANDO : Acabo de enterarme. Esta madrugada llegué de La Plata y mi vieja me dio la noticia. ¿Cómo fue?
PAULA : Un paro cardíaco, Fernando. Estaba hablando conmigo, ahí sentado en el jardín. De golpe puso los ojos en blanco y la cabeza se le cayó a un costado. ¡CReí que me volvía loca! Empecé a los gritos. Vino el chico de Cufré, ¡pobrecito!, lo alzó y lo llevó en su auto a lo del Dr. Pirán. Cuando llegamos ya estaba muerto.
FERNANDO : ¡Qué terrible, Dios mío!
CELIA : Tu papá murió igual, ¿no Fernando?
FERNANDO : Sí.
PAULA : ¿Cuanto hace ya?
FERNANDO : Van a hacer cuatro años.
CELIA : El 29 de marzo.
FERNANDO : ¿Cómo se acuerda?
CELIA : (ORGULLOSA) ¡Tengo una memoria para las fechas!
PAULA : Dentro de todo es la mejor muerte. Pero para los que quedan. ¡es tan terrible!, ¿no?
FERNANDO : Ya lo creo.
(LA CONVERSACION LANGUIDECE UN SEGUNDO. VICTOR QUE NO HA DEJADO DE MIRAR A FERNANDO, SIN HABLAR, BAJA LOS OJOS)
PAULA : ¿Cuántos años hace que no se veían con Víctor, Fernando?
FERNANDO : Prácticamente desde que se fue a vivir a Buenos Aires. (DIRIGIENDOSE A VICTOR) ¿Cuánto hace?
CELIA : Once años.
FERNANDO : ¡Once años!
PAULA : ¡Viste cómo pasa el tiempo! Me parece ayer cuando venías con pantalones cortos. Te pasabas el día entero aquí. Tu madre siempre me decís: "¡Echelo, Paula!" ¡Si eras un encanto de chico! ¡Tan estudioso! ¡Tan inteligente!
FERNANDO : (CON SORNA) Sí, pero no tanto como Víctor.
PAULA : (RIENDO) ¡Qué rencoroso! ¡Todavía te acordás!
CELIA : ¿Todavía seguís practicando esgrima, Fernando?
FERNANDO : ¡No, por Dios! Dejé cuando empecé la FAcultad.
CELIA : ¡ERas una maravilla! Fui varias veces a verte con Víctor cuando hacían esos campeonatos tan lindos en el Club Mitre.
FERNANDO : ¡Uh! ¡Hace tanto tiempo!
CELIA : Sí. En el 55.
PAULA : ¿Y cómo te va con la profesión?
FERNANDO : (A VICTOR) ¿Sabías que me recibí de arquitecto, no? (VICTOR ASIENTE) (A PAULA) Y... como a todos en esta época: de regular para abajo. En el estudio tengo bastante trabajo, pero la gente no paga. ¡Vivo corriendo de acá para allá! ¡Hasta hago algunos trabajos en Buenos Aires!
VICTOR : ¿Vas seguido a Buenos Aires?
FERNANDO : Sí... bastante. (INCOMODO) Vos sabés que muchas veces pensé en ir a verte, o llamarte. ¿Se acuerda, Paula, que un día ud. me dio la dirección y el teléfono? Pero ya sabés cómo es ese infierno de Buenos Aires. Llego temprano y paso toda la mañana haciendo trámites. Como un sandwich a los piques y a la tarde visito obras. Termino tan loco que no veo la hora de volver a casa. Pero te prometo que un día de éstos voy a arreglar las cosas como para ir a visitarte. (INSTANTE DE SILENCIO)
PAULA : ¿Te sirvo una tacita de té, Fernando?
FERNANDO : No. Le agradezco. Acabo de tomar.
PAULA : ¿En serio? ¡No hagás cumplidos!
FERNANDO : No. De verdad.
PAULA : (LEVANTANDOSE) Bueno, voy a terminar con la cocina... Celia, venía ayudarme. Los chicos tienen que hablar sus cosas.
(CELIA SE LEVANTA LIGERAMENTE MOLESTA Y SE DIRIGE A LA COCINA JUNTO CON PAULA. AL QUEDAR SOLOS, VICTOR Y FERNANDO SE MIRAN FIJAMENTE)
FERNANDO : Está bastante bien tu vieja dentro de todo, ¿no?
VICTOR : Lo que tengo miedo es que, dentro de unos días, cuando tome conciencia, se venga abajo... (PAUSA) ¡Te están empezando a salir canas!
FERNANDO : (BAJA LOS OJOS) No creo. Ella fue siempre una mujer muy fuerte.
VICTOR : Pero por momentos la veo bastante mal... parece ayer cuando nos conocimos en sexto grado. ¡Teníamos once años!
FERNANDO : ¡Vos sabés que mi vieja al principio también estaba así! Después con el tiempo...
VICTOR : ¿Sabés de qué me acuerdo siempre? De una vez que te fui a ver bailar en el Club Mitre. (SE SONRIE) Bailaste una danza rusa, vestido de cosaco, y tenías un gorro de piel negra en la cabeza. ¡Te aplaudieron tanto esa noche!
FERNANDO : Mamá nunca quiso venir a vivir con nosotros. No se llevaba bien con Marisa. Sabés que me casé con Marisa, ¿no?
VICTOR : (SUMERGIDO EN LOS RECUERDOS) Sí, por supuesto... ¿Y sabés qué pensaba en aquel momento?
FERNANDO : ¿Qué me llevaba mal? Muy mal. Estamos por separarnos.
(VICTOR SE DA CUENTA DE LA IMPOSIBILIDAD DE DIALOGO)
VICTOR : ¡Qué macana! ¿Tienen chicos?
FERNANDO : No. Ella no podía quedar embarazada. Fue imposible. Hasta la hice ver con un médico en Buenos Aires. No hubo caso.
VICTOR : Bueno, en estos momentos es una suerte para uds...
FERNANDO : Sí, con chicos hubiera sido mucho mas difícil.
VICTOR : ¿Y cuándo se separan?
FERNANDO : No sé. Pronto. Casi ni nos hablamos. ¡Es imposible vivir así!
VICTOR : ¿Y adónde te vas a ir?
FERNANDO : No lo tengo decidido. Quizá me vaya a lo de mi vieja. A esta altura no soportaría vivir solo.
VICTOR : Y sí... es difícil. (SILENCIO)
FERNANDO : ¿Y vos cómo estás?
VICTOR : Ahora un poco mejor, pero esto me dejó muy mal. ¡Fue todo tan sorpresivo!
FERNANDO : No es para menos. (SILENCIO) ¿Te quedás muchos días?
VICTOR : No: me voy esta noche. Me dieron solamente tres días en el trabajo.
FERNANDO : Te dieron pocos días. ¡Qué lástima! (SILENCIO) ¿Dónde estás trabajando?
VICTOR : En una compañía importadora.
FERNANDO : ¡Ah, qué bien! (SILENCIO) ¿Terminaste la FAcultad?
VICTOR : No, dejé en tercer año.
FERNANDO : ¡Qué macana, che! Y bueno. ¡Para lo que te sirve un título en este país! (SILENCIO)
(FERNANDO, MOLESTO, SE LEVANTA Y COMIENZA A PASEARSE POR EL CUARTO MIRANDO LOS OBJETOS. VICTOR, SENTADO, LO OBSERVA)
FERNANDO : ¿Qué dice la gente en Buenos Aires?
VICTOR : ¿De qué?
FERNANDO : De la situación.
VICTOR : ¿Qué van a decir? ¡Lo mismo que aquí!
FERNANDO : ¡Qué desastre! ¡Viene fulera la mano! Hoy leí en el diario que un juez pidió la captura de López Rega. Se corre la bola de que va a haber un golpe de Estado antes de fin de año.
VICTOR : Sí, eso dicen.
FERNANDO : ¡Además la falta de guita! En Buenos Aires se nota más. A las diez de la noche ya no hay un alma por la calle...
VICTOR : No sé. Salgo poco de noche.
FERNANDO : Che, ¿no te casaste todavía?
VICTOR : No.
FERNANDO : ¡qué raro! ¡Con las hembras divinas que hay en Buenos Aires!
(VICTOR LO MIRA SERIO A LOS OJOS Y AL CABO DE UN SEGUNDO ESBOZA UNA SONRISA COMO DE PIEDAD)
VICTOR : (EN VOZ ALTA) ¡Mamá! ¡Tía Celia! ¡Fernando quiere despedirse!
(FERNANDO LO MIRA ATONITO. VICTOR LE SOSTIENE LA MIRADA. AQUEL BAJA LOS OJOS. APARECEN CELIA Y PAULA)
PAULA : ¿Ya te vas? ¿Tan pronto?
FERNANDO : Sí. Tengo cosas que hacer.
PAULA : Mandale un beso grande a tu mamá. Espero que no te pierdas y vengas de vez en cuando.
FERNANDO : Sí, por supuesto. (BESA A PAULA)
CELIA : Te acompaño hasta la puerta. (FERNANDO MIRA A VICTOR UN INSTANTE Y SALE CON CELIA. VICTOR SE QUEDA UNOS SEGUNDOS EN SILENCIO)
PAULA : ¿En qué estás pensando?
VICTOR : En nada.
PAULA : Estás caiducho... ¿Te hizo mal la visita de Fernando?
VICTOR : No.
PAULA : Me pareció.
VICTOR : No.
(SE QUEDAN UN SEGUNDO EN SILENCIO)
PAULA : Víctor, ¿te pasa algo? No te vi bien en estos tres días.
VICTOR : ¿Y cómo querés que esté?
PAULA : ¿Estás así por lo de tu padre? ¿Realmente?
(VICTOR LA MIRA FIJAMENTE)
PAULA : ¿Sabés qué me dijo la madre de Ezequiel en el velorio? "¿Víctor no se llevaba bien con Vicente, no?", "¡Sí! ¿Por qué?", le pregunté. "No. ¡Cómo está tan tranquilo! No derramó una lágrima".
VICTOR : ¿Y?
PAULA : No, nada... Pero me quedé pensando... Me puse a pensar y me dije: "¡No, si ellos nunca discutían, ni se peleaban". Y entonces me dí cuenta de algo: nunca hablaban tampoco. No pude recordar ningún momento en que estuvieran los dos conversando o riéndose.
VICTOR : ¿Cómo no?
PAULA : ¡No me acuerdo, Víctor!
VICTOR : ¿Y cuando me llevaba a ver películas de con-boy?
PAULA : Sí, pero entonces eras muy chico. (SILENCIO) Víctor, ¿vos lo querías realmente a papá?
VICTOR : (SORPRENDIDO) ¡Cómo no lo iba a querer!
PAULA : Víctor, ya sos un hombre. ¡Podés decirme la verdad!
VICTOR : ¡Era mi padre! ¿no?
PAULA : ¿Y eso que tiene que ver?
(VICTOR LA MIRA FIJAMENTE UN SEGUNDO)
VICTOR : Era precisamente al revés: era él el que no me quería a mí.
PAULA : ¡Estás loco! ¿Qué estás diciendo? ¡Pero si él te adoraba! ¡Pobre Vicente!... Estaba tan orgulloso de vos, de tu inteligencia.
VICTOR : (EN UN ESTALLIDO QUE CRECE) ¿De mi inteligencia? ¡Si a papa nunca le preocupó mi inteligencia! Nunca le interesó nada de lo que yo hacía. Al contrario, le molestaba. Siempre había algo en mí que a papá le molestaba. Que me gustara la música, por ejemplo... El hubiera querido un hijo distinto. Lo sentí desde chico. A él le hubiese gustado que yo hubiese sido más fuerte... agresivo. Un gran deportista. ¡Qué sé yo!... Algo así como Ringo Bonavena. (EXALTADO) El me veía muy débil, muy flojo... ¡Y yo le tenía pánico, mamá! ¡No podía hablar con él! Un día te fuiste al campo con Beatriz y tía Celia porque la abuela estaba muy grave y tuve que quedarme todo el día aquí, a solas, con él. ¡Fué espantoso!
PAULA : ¡Víctor, nunca me imaginé...!
VICTOR : (LA INTERRUMPE) Sentía una pelota en la boca del estómago. Me sudaban las manos. Tartamudeaba al hablar. ¡Y él se ponía furioso cuando yo tartamudeaba!... ¡Fue terrible, mamá!... ¡Y lo sentí desde siempre!... ¡Esa violencia que él tenía! ¡Esa voz! ¡Tan grave! ¡Esa voz! ¡Cuando lo oía de improviso me sobresaltaba! ¡Esa fuerza que él tenía!... ¡Y nunca una palabra de aliento! ¡Nunca!
PAULA : ¿Y conmigo cómo era? Le daba vergüenza mostrar sus sentimientos, pero los tenía. Sobre todo por vos. ¡Pero, Víctor!, ¿no conocías a tu padre? ¡Cómo iba a demostrártelo! ¡El! ¡Tan gallego!... Querés que te diga más: al principio él no quería que te fueras a Buenos Aires. Tenía miedo.
VICTOR : ¿Pero por qué no me lo dijo? ¿Por qué no me lo pidió?
PAULA : Porque no se animó.
VICTOR : ¡Cómo no se animó!
PAULA : ¡Porque vos lo cohibías, Víctor!
VICTOR : (ATONITO) ¡Que yo lo cohibía!
PAULA : ¡Sí, víctor!
(LAS LUCES CAMBIAN LENTAMENTE DE TONALIDAD. SE ILUMINA EL DORMITORIO. VICENTE ESTA TIRADO EN LA CAMA LEYENDO EL DIARIO. ENTRA CELIA CON LA VALIJA)
CELIA : La valija está casi lista. (SALE)
PAULA : ¡Cómo te vas a ir así, sin decirle nada!
VICTOR : ¿Cómo sin decirle nada? Pienso despedirme de él.
PAULA : ¡Pero no es eso, Víctor! ¡No le contaste nada sobre qué pensás hacer en Buenos Aires, cómo vas a vivir!
VICTOR : ¡Pero si ya lo sabe!
PAULA : Sí. Porque se lo conté yo.
VICTOR : Es lo mismo.
PAULA : Vos sabés muy bien que no es lo mismo.
VICTOR : ¡mama, por favor!
PAULA : (CORTANTE) ¡Está bien, Víctor, hacé lo que quieras!
(PAULA SUBE AL DORMITORIO. ESTA LLORANDO. VICENTE LA MIRA. VICTOR OBSERVA ATENTAMENTE LA ESCENA)
VICENTE : ¡Paula! ¡Otra vez!
PAULA : ¡Dejame!... ¡Acá cada uno piensa en sí mismo!
VICENTE : ¿Y qué querés que haga?
PAULA : ¿Quiere decir que no le vas a hablar?
VICENTE : ¿Para qué? Ya lo tiene decidido.
PAULA : ¡Vicente, es un chico!
VICENTE : Y criado entre algodones.
PAULA : Y Buenos Aires es una ciudad terrible... Y no tenemos un peso para mandarle. ¡Es una locura, Vicente! ¿Lo llamo y le hablás?
VICENTE : No. No le voy a decir nada.
PAULA : Pero, Vicente, ¡ayer me juraste!...
VICENTE : Lo estuve pensando toda la noche. Y creo que lo mejor es que se vaya. ¡Que haga su carrera!
PAULA : ¡qué decís!... ¡La música! ¡Qué linda carrera!
VICENTE : ¡Qué sabés!... Si mis viejos hubieran tenido guita, a mí me hubiera gustado estudiar de abogado. Por eso quiero que los chicos estudien, para que no pasen lo que pasamos nosotros. Ellos tienen que vivir mejor, ser algo en la vida. ¿No ves que lo estás jodiendo, Paula? Si se queda acá se va a convertir en un tarado. Dejalo que se vaya, que haga su vida. Que se haga un hombre.
PAULA : (HISTERICA) ¡Claro, ahora es muy fácil echarme la culpa a mí! ¿Cuándo te ocupaste vos de él?
VICENTE : ¡Si nunca me dejaste que me ocupara de él! ¡Si hasta te daba miedo que lo tuviera en brazos! (FURIOSO) ¡No! ¡Pero esta vez no te voy a dejar!, ¿eh? ¡el es hijo mío también!
VICTOR : ¡No! ¡No es cierto! ¡papa no pudo haber dicho eso!
PAULA : (A VICTOR) ¡Sí, lo dijo! (A VICENTE) ¡Qué injusticia! ¡Yo que solamente viví para ustedes!
VICENTE : ¡Terminala, Paula! ¡Ese cuento de la víctima, sabés cómo me lo conozco! Si hay una víctima en esta casa, soy yo. ¿Creés que no me daba cuenta cómo se avergonzaban de mí vos y tu hermana? ¡Me han hecho sentir una bestia!
PAULA : ¿Qué decís? ¡Estás loco!
VICENTE : Sí, una bestia. ¿Y sabés una cosa? A veces pienso que tienen razón.
PAULA : ¿Cómo vas a pensar eso?
VICENTE : A veces me veo y comprendo que se avergüencen de mí. ¡Si yo no soy más que una bestia, Paula! ¡Una bestia!
(SE ESCUCHAN EN OFF LAS VOCES DE CELIA Y BEATRIZ)
CELIA : ¡Vamos! ¡Es tarde!
BEATRIZ : ¡Mamá! ¡Papá!
(VICENTE Y PAULA BAJAN AL LIVING. VICENTE SE SIENTA EN EL SILLON CON SU DIARIO)
BEATRIZ : ¡Mamá! ¿No te cambiaste? ¡Es tardísimo! (EN OFF)
PAULA : No. Yo no voy.
BEATRIZ : (OFF) ¿Por qué?
PAULA : Me dan tristeza las despedidas... Nena, andá a buscar un taxi.
VICENTE : ¿Para ir a la estación necesitan un taxi?
(CAMBIAN LAS LUCES)
VICTOR : ¡Mamá, por Dios! ¿Y por qué no me contaste esto?
PAULA : Por no hacerte sufrir.
VICTOR : ¡Por no hacerme sufrir! ¡Por Dios mamá! ¡Vos no sabés todo lo que yo sufrí durante años! ¡Vos tenías que saber que eso era muy importante para mí!... ¡Yo no me fui de esta casa porque quería estudiar música en Buenos Aires! ¡Me fui porque no podía vivir más aquí! ¡Yo me moría aquí adentro! ¡Y tampoco te lo dije para no hacerte sufrir! ¿Te das cuenta? ¡Nos hemos destrozado la vida en silencio por no hacernos sufrir!
PAULA : Víctor, yo soy una mujer ignorante. Hice con vos lo que, más o menos, hicieron mis padres conmigo.
VICTOR : ¡Pero hemos vivido de mentiras, mamá! ¡Nunca nos hemos mirado y hablado realmente!
PAULA : ¡Yo nunca te mentí, Víctor!
VICTOR : Hay muchas formas de mentir... ¡siempre ese temor de decir lo que uno siente! ¡Siempre esa vergüenza por sentir!
PAULA : ¡Víctor, yo no tuve la culpa!
VICTOR : (IRRITADO) ¡La culpa! ¡Esa es otra historia! ¡Siempre la culpa! ¡Todos pagando culpas por cosas que no habíamos hecho!... La única culpa que todos tenemos es no habernos mirado bien de frente. (SILENCIO) La otra noche lo miraba a papá en el cajón y casi no lo reconocía: nunca me había dado cuenta de que ya era casi un viejito. ¡Y sentí una pena tan grande! No tanto porque estuviese muerto, sino porque nunca supe quién era él...
(CAMBIAN LAS LUCES)
VICENTE : ¿Qué estará haciendo en Buenos Aires?
PAULA : ¡Vicente parecés un baboso!
VICENTE : A veces me preocupa que esté tan solo. ¿Quién le va a dar una mano si se enferma o le falta la guita. Ya tiene más de treinta. Ojalá encuentre una buena piba y se case pronto.
PAULA : Vicente, te voy a contar algo que me dijo la última vez que vino: está saliendo con una chica.
VICENTE : ¿Sí? (SE RIE)
PAULA : Pero mirá que es un secreto. Me pidió que no dijera nada acá hasta que no fuera una cosa más segura. Vicente, ¡jurame que no vas a decir nada!
VICENTE : (CONTENTO) Te lo juro. (SALE SILBANDO)
(CAMBIAN LAS LUCES)
VICTOR : (ALELADO) ¿Por qué hiciste eso?
PAULA : Para que no sufriera.
VICTOR : (INDIGNADO) ¡Estás loca! ¿Por qué le dijiste esa mentira?
PAULA : Para dejarlo tranquilo. ¡Por eso! ¿Por qué va a ser?
(VICTOR SE MESA LOS CABELLOS. SABE QUE TIENE QUE SEGUIR ADELANTE)
VICTOR : ¿Papá sospechaba algo?
PAULA : (ATEMORIZADA) ¿Que sospechaba qué?
VICTOR : (DESAFIANTE) ¡Vos lo sabés, mamá!
PAULA : ¡Yo no sé nada, Víctor!
VICTOR : ¡Mamá, por favor! ¡Por primera vez enfrentemos la verdad!
PAULA : (PROFUNDAMENTE ALTERADA) ¡No sé de qué estás hablando!
VICTOR : ¡Vos sabés muy bien de qué estamos hablando!... ¡Vos sabés muy bien que no estoy de novio! ¡Ni lo voy a estar nunca!
PAULA : (LARGA PAUSA) ¿Por qué Dios me castiga justo con lo que más temía? ¿Por qué, Víctor?... ¿Por qué nos hiciste esto?...
VICTOR : ¡Yo no les hice nada! (PAUSA) ¿Papá no lo sabía?
PAULA : No. Te juro que no. (SILENCIO) Víctor: esto tiene que quedar entre vos y yo. Que no lo sepan ni Celia ni Beatriz.
VICTOR : Beatriz ya lo sabe.
PAULA : ¿Cuándo lo supo?
VICTOR : Hace años. Yo vivía aquí todavía.
PAULA : ¿Y cómo lo supo?
(SE ILUMINA EL DORMITORIO, EN EL QUE APARECE BEATRIZ, DE PIE, MUY ALTERADA)
BEATRIZ : Contestame, ¿es verdad o no?
(VICTOR LA MIRA. SUBE AL DORMITORIO)
VICTOR : Sí, es verdad.
BEATRIZ : ¡Dios mío! (SE TOMA LA CARA CON LAS MANOS)
PAULA : (SUBIENDO AL DORMITORIO) ¿Y cómo lo supo?
BEATRIZ : Ezequiel me lo dijo.
VICTOR : Ezequiel se lo dijo.
PAULA : ¿Y él cómo lo sabía?
VICTOR : Se dio cuenta. Siempre la familia es la última en darse cuenta.
PAULA : ¡Dios mío!
BEATRIZ : ¡Tenés que irte de acá, Víctor! ¡Si papá se entera se muere! ¡Tenés que irte a Buenos Aires, Víctor!
(SE APAGA LA LUZ SALVO EL DORMITORIO. PAULA MIRA A VICTOR. SE ACERCA A EL E INTENTA ACARICIARLO. INSTANTANEAMENTE CAMBIAN LAS LUCES. VICTOR SE AGACHA Y COMIENZA A CORRETEAR ALREDEDOR DE LA CAMA)
PAULA : ¡un ratón! ¡hay un ratón en esta pieza! (JUGUETEAN UN RATO SOBRE LA CAMA. ABRAZANDOLO A VICTOR) ¡Lo agarré! ¡Lo agarré!... Bueno, es muy feo que los chicos sean tan mimosos. (SE SEPARA DE VICTOR) Vamos, ¡a la cama! ¡que son casi las diez!
VICTOR : ¿Mami, me dejás dormir con vos esta noche?
PAULA : ¿Y tu padre?
VICTOR : ¡Hasta que vuelva!
PAULA : ¡Sabés que a tu padre no le gusta!
VICTOR : Cuando me duerma me llevás a mi cama.
PAULA : Víctor, ¡ya estás pesado para llevarte alzado!
VICTOR : ¡Mamita, por favor!
PAULA : (DESVISTIENDO A VICTOR) No, Víctor. ¿Y si llega tu padre y te encuentra en mi cama?
VICTOR : ¡Si nunca vuelve antes de las dos!
PAULA : Sí. Nunca vuelve antes de las dos.
VICTOR : ¿Me dejás? ¿Sí? ¡Me da miedo dormir solo!
PAULA : ¿De qué tenés miedo?
VICTOR : No sé. De la oscuridad. Y tengo miedo de que se me pare el corazón.
PAULA : ¿De que se te pare el corazón?
VICTOR : Sí. Siempre que me acuesto solo me pongo una mano en el pecho porque tengo miedo de que se me pare el corazón. No me puedo dormir.
PAULA : (LE COLOCA EL CAMISON) Bueno, vení un ratito a mi cama. Pero en cuanto veas que te viene el sueño te vas solito a la tuya.
VICTOR : (RADIANTE) ¡Sí! ¡Sí!
(VICTOR COMIENZA A GIRAR ALREDEDOR DE LA CAMA CON SU CAMISON DE AMPLIO VUELO MIENTRAS CANTURREA UNA CANCION. PAULA LO CONTEMPLA SONRIENTE. VICTOR SE ARROJA DE UN SALTO SOBRE LA CAMA)
VICTOR : ¡Me encanta esta cama!
PAULA : ¿Por qué?
VICTOR : ¡Porque es tan grande!
(VICTOR SE SACUDE. AMBOS SE RIEN. PAULA LO BESA)
PAULA : ¡Mirá que sos mimoso! (PAULA ABRE UN CAJON DE LA MESA DE LUZ. TOMA UN FRASCO DE ACETONA Y COMIENZA A DESPINTARSE LAS UÑAS)
VICTOR : Mamá, ¿por qué papá viene siempre tan tarde?
PAULA : Porque va al club a jugar a las cartas con sus amigos.
VICTOR : Y a vos, ¿no te da miedo acostarte sola?
PAULA : (SONRIE EMOCIONADA) ¡Víctor, sos un tesoro! Ojalá no crezcas: cuando la gente crece se pone mala. Vos tenés que ser siempre mi nene. ¿Vos no la vas a hacer sufrir a mamita como papá? ¿Vos la vas a cuidar siempre a mamita? Las mujeres somos muy desgraciadas, Víctor. Si vas a hacer sufrir a una mujer, mejor no te casas nunca. (LLORA)
VICTOR : ¿Por qué llorás, mamá?
PAULA : No, no lloro. L:a acetona me hace mal a la vista.
VICTOR : Mami, pintame las uñas de los pies, como la otra vez.
PAULA : No, Víctor. ¿No te acordás del escándalo que hizo tu padre?
VICTOR : Después me lo sacás con ese líquido que vos tenés.
PAULA : ¿Con acetona?
VICTOR : ¡Sí!
PAULA : Bueno, pero ni se te ocurra contárselo a tu padre.
(VICTOR SE PONE FRENTE A SU MADRE. ESTA LE ACARICIA LOS PIES. LA LUZ COMIENZA A DESCENDER MUY LENTAMENTE. SOLO UN POTENTE CENITAL QUEDA SOBRE LOS DOS. PAULA TOMA EL FRASCO DE ESMALTE. AMBOS SE MIRAN Y SONRIEN)
PAULA : ¿Sabés una cosa, Víctor? ¡A veces yo también tengo miedo de que me pare el corazón!
LA LUZ DESCIENDE HASTA EL APAGON. CUANDO LA LUZ VUELVE A ENCENDERSE SOBRE EL ESCENARIO, SE VE LA VALIJA DE VICTOR, ABIERTA SOBRE LA MESA. ENTRA CELIA, ACARICIA LA VALIJA CON TRISTEZA. ENTRA BEATRIZ)
BEATRIZ : ¿Y por qué no quiere que vayamos a despedirlo a la estación?
CELIA : Porque dice que mamá se va a poner muy mal. Tiene razón.
BEATRIZ : ¡Qué le vamos a hacer! ¡Pero vamos a ir igual!
CELIA : ¡Ay, sí! (SILENCIO) BEATRIZ : hablá con él, decile que ahora venga un poco más seguido. Por mamá, te digo. ¡Ultimamente viene tan poco!
BEATRIZ : sí, ya le dije.
CELIA : ¿Sí, le dijiste? ¿Y qué te contestó?
BEATRIZ : Que sí. Que va a tratar.
CELIA : ¡Qué suerte! ¡Ahora que no está tu padre, nos vamos a quedar tan solas tu madre y yo! (SOLLOZA)
(ENTRA VICTOR, AL OIRLO, CELIA, QUE ESTA DE ESPALDAS A EL, SE LEVANTA PARA QUE NO LA VEA LLORANDO)
CELIA : Voy a ver qué hace Paula. (SALE)
VICTOR : ¿Estaba llorando?
BEATRIZ : Sí.
VICTOR : ¿Por qué?
BEATRIZ : Creo que por ella.
(VICTOR ORDENA LA VALIJA. SE QUEDAN UNOS INSTANTES EN SILENCIO)
VICTOR : Beatriz, esta mañana fui a hablar con Ezequiel.
BEATRIZ : ¿Cómo?
VICTOR : Sí. Lo fui a buscar a la oficina. Fuimos a un bar y charlamos un rato largo.
BEATRIZ : (ANSIOSA) ¿Y de qué hablaron?
VICTOR : De ustedes... El te quiere mucho, Beatriz. Me dijo que esa aventura no significaba nada para él. Que estaba desesperado... y más ahora por lo del bebé... (SE SIENTA JUNTO A ELLA) Cuando se puso a hablar del chico empezó a llorar como una criatura.
BEATRIZ : (MUY EMOCIONADA) ¿Lloraba?
VICTOR : Sí... Todo el mundo lo miraba en el bar.
(BEATRIZ ESTA MUY CONMOVIDA)
BEATRIZ : ¿Por qué hiciste todo esto?
VICTOR : Porque quiero que seas feliz... Hablá con él, Beatriz. ¡Ahora sé que hay que hablarlo todo! Siempre lo supe, pero terminé de comprenderlo en estos tres días. Lo que no se habla se te pudre adentro.
(VICTOR INTENTA LEVANTARSE. BEATRIZ LO DETIENE)
BEATRIZ : ¡Víctor! Cuando vos te fuiste yo tenía apenas diecisiete años... Era casi una chica... ¡Yo no comprendía tantas cosas!... A veces me siento un poco culpable por no haberte ayudado... ¡Es que es tan difícil todo!... ¡apenas si uno puede con su vida! (TRANSICION) ¿Cuando yo vaya a Buenos Aires, me vas a dejar que vaya a verte?
VICTOR : AMBOS ESTAN MUY EMOCIONADOS. DE REPENTE BEATRIZ TIENE UN PEQUEÑO ESPASMO)
BEATRIZ : ¡Se movió! (SEÑALA EL VIENTRE. SE PALPA) ¡Uy, sentí las pataditas que da!
(VICTOR TOCA CON TEMOR EL VIENTRE DE BEATRIZ. ENTRA PAULA CON UN IMPERMEABLE EN LA MANO, LO COLOCA SOBRE UNA SILLA. CONTEMPLA A SUS HIJOS)
VICTOR : (PALPANDO EL VIENTRE DE BEATRIZ) ¡Qué maravilla!
PAULA : ¡Viste qué lindo! (COMIENZA A COLOCAR ROPA DE VICTOR EN LA VALIJA)
PAULA : ¿Ves? Aquí estan los pañuelos junto con las ballenitas. ¡ah! En este paquete te puse unas milanesas para que comás cuando llegués a tu casa.
VICTOR : Está bien. ¿Falta poner algo?
PAULA : No. ¡Ah! Esperá. (LEVANTA EL IMPERMEABLE DE LA SILLA) ¿No querés llevártelo? Lo compró el año pasado. La tela es finísima. Habrá que achicarlo un poco. Con unos arreglitos te va a quedar muy bien.
VICTOR : ¿Por qué no se lo das a Ezequiel mejor? El es más grande que yo. (MIRA A BEATRIZ)
PAULA : ¡No! Llevátelo vos. ¿No te gusta?... ¿O te da impresión?
VICTOR : No, no es eso. Dámelo. (LO TOMA Y LO EXAMINA CUIDADOSAMENTE. LO COLOCA SOBRE EL RESPALDO DE UNA SILLA)
(PAULA HACE UNA SEÑA A BEATRIZ PARA QUE LOS DEJE SOLOS)
BEATRIZ : Voy a ver si pasa un taxi. se está haciendo tarde. (SALE)
(PAULA ESTA AL BORDE DEL LLANTO)
VICTOR : (EN DULCE REPROCHE) ¡Mamá! ¡No me aflojés justo ahora que me voy!
PAULA : ¡No! ¡Ya se me pasa!
VICTOR : Te prometo que ahora voy a venir mucho más seguido, aunque sea un domingo.
PAULA : ¡No te preocupés! Voy a ser fuerte por ustedes... Víctor: yo traté de no ser egoísta... ¡Pero me costó tanto!... ¿Sabés que hacía todos los domingos a las cinco de la tarde, durante años? Iba con Celia a la estación para ver el tren que llegaba de Buenos Aires. ¡Era como sentir que nos traía algo tuyo!... Yo traté de ser una buena madre. Supongo que me equivoqué muchas veces. ¡Es que es tan difícil ser padres! Todos nos enseñan a ser buenos hijos, pero nadie nos enseña a ser buenos padres... Víctor, ¿yo fui una buena madre para vos?
VICTOR : Sí, tonta.
PAULA : Además quiero que sepas otra cosa. (TURBADA) Y es que no existe nada en este mundo, pero nada, oíme bien, que pueda hacer cambiar este amor que yo te tengo. (SE RECOMPONE BRUSCAMENTE) ¡Me olvidaba de las latas de duraznos!¡Qué idiota! ¡Te vamos a hacer perder el tren todavía!
(SALE. APARECE CELIA. VICTOR ESTA CERRANDO LA VALIJA)
CELIA : ¿Así que mi amor se va?
VICTOR : ¡Así es!
CELIA : ¡Volvé pronto!
VICTOR : ¡Sí, muy pronto!
CELIA : Te voy a hacer la carne con romero que te gusta tanto.
VICTOR : ¡Me parece bárbaro! Porque esta vez... ni noticias.
CELIA : ¿Qué hace Paula que no viene? ¡Es tarde!
VICTOR : Me dijo que se olvido de poner no sé qué.
CELIA : ¡Cuándo no!
PAULA : (EN OFF) Celia, ¿dónde están las latas de durazno?
CELIA : ¡Ay, tu madre! ¡si las dejaste en el mueblecito de la cocina!
(SALE)
(VICTOR TOMA LA VALIJA Y SE DISPONE A SALIR. APARECE VICENTE EN EL DORMITORIO)
VICENTE : (SUAVEMENTE) ¡Víctor!
(VICTOR SE VUELVE Y VE A SU PADRE. LO CONTEMPLA MUY CONMOVIDO)
VICTOR : (ANHELANTE) ¿Qué, papá?
VICENTE : (CON VOZ MUY TIERNA) ¡Te olvidás el impermeable!
VICTOR : ¡Ah! ¡Sí!
(VICTOR SE DIRIGE A LA SILLA, TOMA EL IMPERMEABLE. LO EXAMINA. ENTRA CELIA. A PARTIR DE ESTE MOMENTO TODOS LOS PERSONAJES HABLARAN EN UN TONO SUSURRANTE, COMO SI VINIESEN DEL PASADO)
CELIA : ¡Vamos! ¡Es tarde!
(ENTRA BEATRIZ)
BEATRIZ : ¡Mamá! ¡Tía Celia! ¡el taxi! ¡Vamos!
(ENTRA PAULA)
BEATRIZ : ¡Mamá! ¿No te cambiaste?
PAULA : No. Yo no voy.
BEATRIZ : ¿Por qué?
PAULA : Me dan tristeza las despedidas.
(TODOS QUEDAN FIJOS. SALVO VICTOR, QUE COMIENZA A MIRAR DETENIDAMENTE A UNO POR UNO. TOMA LA VALIJA. DA UNA ULTIMA MIRADA A TODO EL AMBIENTE Y SALE. APAGON)


FIN
 
 
 

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