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Ver ficha de la obra en Obras estrenadas del Teatro del Pueblo


A la memoria de
LUISITO EPELBAUM

Estrenada en septiembre de 2010 en la Sala “CarlosSomigliana” del Teatro del Pueblo

           

 La acción se desarrolla entre l964 y 1978, a la hora de cierre de una librería  de la avenida Santa Fé, cerca de los lugares que en la década del 70 se conocían como Villa Freud.
ESCENA 1:
Oscuridad. Voces. Cierto bullicio. Música lejana  de circunstancias. Junto a telón de boca, en proscenio un par de luces caen sobre DON ELÍAS y DAVID, ambos con copas de vino blanco en la mano y vestidos como para una reunión social.

DON ELÍAS:    La Editorial Derecho y Cooperativas me ha dado referencias tuyas. Tres años de Derecho. Un libro de cuentos. Y estás a punto de formar una familia.

DAVID:            Espero… voy… a casarme. Marilú… (MARILÚ aparece en otro sector con ropa de ensayo.) ¡Estudia danza!

DON ELÍAS:    ¡Marilú… Marilú…! ¡Bien, muy bien! Marilú y David… ¿Tu nombre es David, verdad?

DAVID:            Sí, David.

DON ELÍAS:    ¿Paisano?

DAVID:            No, señor, creo que no. Mi apellido es vasco. Espeche. David Espeche.

DON ELÍAS:    Me gusta tu franqueza.

DAVID:            Lamento.

DON ELÍAS:    Me gusta tu mirada. Es honesta. Estás incorporado a Librerías del Sol.

DAVID:            Gracias. (Le tiende la mano.)

DON ELÍAS:    (Ídem.) Elías Travnik, un gusto.

DAVID:            (Con un apretón.) David Espeche, a sus órdenes.

DON ELÍAS:    (Brinda.) ¡Crisol de razas! ¡Ja, ja!

DAVID:            (Brinda.) ¿Lo puedo llamar Don Elías?

DON ELÍAS:    ¡Todos en el gremio me llaman Don Elías! La sucursal estará a tu cargo  David. Escucha hijo: La sucursal debe ser una librería nocturna. Intelectual. Hasta el mediodía el contador y un cadete. Con eso basta. Este barrio es dormilón. Le dicen Villa Freud ¿sabés? Hay artistas, escritores, analistas y señoras gordas. A las señoras gordas, les vende la librería  central, les vendo yo. Te cae una y me la mandás a mí. ¿Entendido?

DAVID:            Un alivio.

DON ELÍAS:    ¡Vos con los intelectuales nocturnos!

DAVID:            ¡Qué más quiero!

DON ELÍAS:    Yo… ¡no los aguanto más! ¡Ja, ja! Te va a ir bien con nosotros. Viene bien el libro. Viene bien  este año. Viene bien el gobierno de don Arturo Illia. Un gobierno honesto sin censura.

JORGITO:        (A Marilú y Beatriz.) Viene bien el gobierno de don Arturo Illia. Un gobierno honesto sin censura.

DON ELÍAS:    Hay una izquierda que escribe y que edita. Una izquierda batalladora. Hay editoriales con jóvenes al frente. Vos mismo has publicado esos cuentitos.

DAVID:            ¡Bueno...! Edición del autor.

DON ELÍAS:    Yo también escribo. Escribo  poemas. ¿Sabías?

DAVID:            No. Pero pasemelos. Quiero leerlos.

DON ELÍAS:    No ahondemos las diferencias generacionales. ¡Ja, ja! En nuestro país y en Latinoamérica bulle la nueva escritura. Viene bien, viene bien… para esta Argentina… ¡Qué tiempos! ¡Qué tiempos David los que nos tocan! ¡Qué tiempo para el libro! ¿Militancia política?

DAVID:            Eh… anarquista.

DON ELÍAS:    ¿Anarquista?

DAVID:            Anarquista… social.

DON ELÍAS;    ¿Malatesta? ¿Bakunin?

DAVID:            Camus… ¡Sábato…!

DON ELÍAS:    ¡No se te puede negar imaginación...! Empezás el lunes. Agosto entrenamiento en la central, conmigo. Septiembre inauguramos… ¡A cargo de la sucursal…David!

DAVID:            Gracias Don Elías, Era… era… ¡la aspiración de Marilú!

DON ELÍAS:    Una muchacha de mi patria ¿eh?

DAVID:            Estudia danza en el  Di Tella…

DON ELÍAS:    Ya me lo dijiste.

DAVID:            Perdón.

DON ELÍAS:    ¡Tendrás toda la responsabilidad, qué joder! Encargado  de la librería nocturna. ¡David Es…! Te llamaremos David. Nada de Espeche. Hay mucho moishe, mucho paisano entre los clientes. ¡Para nosotros serás David! Sólo David. Te felicito. Completás mi familia, David. Vicky y Samuel mis hijos son muy tiernos. Tienen que terminar la secundaria. Y la universidad, como se debe… Cuando Vicky y Samuel estén en condiciones ¡tendremos dos sucursales más! ¡Sos mi socio David! Sos el hermano mayor. ¡Ah! Eso sí. Colaborará con vos la hija de un amigo: Beatriz,

BEATRIZ:         Sí, don Elías.

DON ELÍAS:    Es estudiante de psicología. Buena piba. Te presento a David. Y un cadete, naturalmente, Jorgito.

JORGITO:        ¿Qué pasa, don Elías?

DON ELÍAS:    Te presento a David.

JORGITO:        ¿Qué tal? Mucho gusto. Discúlpenme, pero me llevo un momento a Beatriz.

DON ELÍAS:    Eh… Una pregunta… ¿Te gusta el fútbol...?

DAVID:            Y… si…

DON ELÍAS:    ¿Hincha de River...?

DAVID:            Claro.

DON ELÍAS:    ¡Por nosotros!

Brindan. Aparece SEÑOR ROSATO con una copa de vino blanco junto a ellos.

SR. ROSATO:  ¡Qué reunión don Elías! No falta ningún artista.

DON ELÍAS:    Veinte años de mostrador, señor, señor…

SR. ROSATO:  (Bajo.) Rosato.

DON ELÍAS:    ¡Ah, sí...! David se hará cargo del local que abrimos para la primavera.

DAVID:            Mucho gusto.

DON ELÍAS:    (A DAVID.) El señor Rosato. Un amigo de la casa.

SR. ROSATO:  ¡Salud!

DON ELÍAS:    ¡Salud! ¡Por Argentina tierra de promisión!

DAVID:            ¡Qué antiguo don Elías!

SR. ROSATO:  ¡Por la patria! ¡Por hoy! Hoy mismo. (Se siente observado.) ¡Por la República Argentina!

PEREYRA:       ¡Por el compañero don Elías!

Brindan los tres. DAVID sale hacia MARILÚ. Oscuridad.

 

Escena 2:
Luz. La librería. En proscenio, al centro, hay un  mostrador  con  libros en un extremo,  un talonario de facturas a la mitad y una máquina de escribir portátil en el otro extremo. Frente al mostrador, hacia la derecha,  hay una vieja registradora.  Hacia el fondo del escenario hay varias mesas con libros exhibidores altos y giratorios y una escalera de  mano. Se vislumbra  la puerta de entrada  de dos hojas de vidrio y madera de la  que cuelgan revistas extranjeras. A la izquierda   está el ingreso a la trastienda. Hay   un silloncito y un banco alto. DAVID, ensimismado, teclea a los tropezones en la vieja máquina de escribir. BEATRIZ, parada en la puerta del local, mira hacia la calle. JORGITO acomoda/limpia estanterías.

BEATRIZ:         (Viene hacia proscenio.) Son las doce menos cuarto. No hay un puto burgués en la calle. ¿Cerramos?

DAVID:            ¡Pará, pará…! Ya termino. (Teclea.) ¡Hoy cualquiera edita!

BEATRIZ:         ¿Cerramos?

DAVID:            Ya te escuché, Beatriz. ¡No puedo cerrar antes! ¡Un día cierro diez minutos antes! ¡Otro día quince! ¡Y así y así y así! ¡No!
(Un tiempo. Arranca la hoja de la máquina, hace un bollo y la tira. Va hacia la registradora.)

JORGITO:        ¿Cerramos?

DAVID:            ¡Hago la caja, carajo! (Abre la registradora.) ¿Te esperan… Beatriz?

BEATRIZ:         Hay un grupo nuevo en La Cueva.

DAVID:            ¿La Cueva? Otro  sótano…

BEATRIZ:         Acá a la vuelta. Pasando Las Heras. Empieza a las doce. Me voy ¿eh? (Besa, mima, franelea a DAVID.) ¡Dale… dale...!

DAVID:            ¡Me calentás… Beatriche!

BEATRIZ:         (Mimosa.) Me voy… Cerrás con Jorgito.

DAVID:            (Mimoso.) ¡Me calentás!

BEATRIZ:         Vos también me calentás. Pero te espera Marilú… Besito. (Marca salida.)

JORGITO:        A mí no me espera nadie, Beatriz.

Entra el SEÑOR ROSATO

BEATRIZ:         Estoy cerrando, señor Son  las doce. Cerramos  a las doce. Desde que abrimos. Ahí tiene el cartelito.

SR. ROSATO:  No son todavía las doce. Nada más que una consulta.

BEATRIZ:         ¡Jorgito ayudá al señor!

BEATRIZ sale y entorna la puerta con cuidado. JORGITO se queda a la expectativa cerca del SEÑOR ROSATO. Suena el timbre del teléfono.

DAVID:            (Levanta el auricular.) Librería del Sol. (Escucha y habla.) Qué tal Don Elías.

En otro sector aparece DON ELÍAS caminando nervioso, con el teléfono en la mano.

DAVID:            ¿Cómo voy a estar solo? Estoy con  Jorgito y Beatriz,  como siempre. ¿Quiere hablar con Beatriz? ¡Beatriz está en la puerta! Bueno, bueno... A ver… espere….se fue ya... ¡Se acaba de ir! Tenía  jam session… música… ¡Twist, pop-art, zen! ¡Qué sé yo! Está bien, mañana le digo que se comunique con su hija.

El SEÑOR ROSATO vigilado de cerca por JORGITO ha intentado encontrar el libro que busca.

DAVID:            Si, si, don Elías. ¡Cómo no va a tener Beatriz el teléfono de Vicky! ¡Se hablan todos los días!

PEREYRA:       (A David.) ¡Capitalistas del barrio, unite a la Revolución!

Al SEÑOR ROSATO se le caen al piso, con estrépito, un par de   tomos apilados.

SR. ROSATO:  (A JORGITO.) ¡Perdoná, hijito,  eh!

JORGITO:        (A DAVID.) ¡Otro más! ¿Los echo?

DAVID:            Un minuto don Elías. Tengo gente. (A JORGITO.) Pará, pará. Uno es Pereyra. El otro, el del sombrerito, lo conozco de alguna parte.

JORGITO:        ¿Quién carajo es Pereyra?

DAVID:            Abogado defensor de presos políticos. Le dicen El Pelado. (Mira la tira de la registradora. Al teléfono.) Don Elías ya le digo: (Lee.) Veintidos setecientos veinte. Poco a poco llegaremos a veinticinco mil. No pierda la esperanza. Cuelgo. Tengo la puerta abierta. Y Jorgito… ¡está limpiando el depósito! Si me afanan es  culpa  suya. Mañana hablamos. Si, hablamos. Chau, Don Elías. Si, si…ya me dijo: que Beatriz llame a su hija… ¡que Beatriz llame a Vicky! (Corta. DON ELÍAS desaparece. Marca número telefónico.) ¿Marilú? (Aparece MARILÚ, sin teléfono, absorta en sus pensamientos.) Estoy saliendo. Poné el bife en la plancha. Chau, chau, chau. (Cuelga y avanza hacia el fondo del escenario. A PEREYRA.) Me estoy yendo viejo. Fue un día de locos. (Vacila.) ¿Buscabas algo en especial?

PEREYRA:       Nada de libros. ¿Me cambiás un cheque compañero?

DAVID:            Cerré la caja.

PEREYRA:       Estoy en la vía.

DAVID:            ¡Cerré la caja...!

PEREYRA:       (Muestra el cheque.) Es poca plata.

JORGITO:        (A DAVID.) Le dije al señor  grandote que estaba cerrado.
 
SR. ROSATO:  ¿Qué tiene sobre platos voladores?

DAVID:            ¿Platos voladores? Nada, nada, nada. Ya cerramos. (A PEREYRA.) Dame. (Mete la mano en el bolsillo. A PEREYRA. Dándole unos pesos y guardando el cheque en su bolsillo.) Tomá.

SR. ROSATO:  Los platos voladores son el misterio más apasionante del siglo veinte.

PEREYRA:       (Emocionado.) Gracias. (Marca salida urgente, tropieza con el SR. ROSATO.) Perdone.

SR. ROSATO:  ¡Atropellado… el mozo! Diga… ¿Nada?

DAVID:            Nada. Lamento.

JORGITO:        ¿Cierro atrás?

SR. ROSATO:  Hasta octubre del año pasado. Exactamente el veintiuno de octubre de mil nueve sesenta y tres, a las veintiuna y treinta… Soy un fenómeno para las fechas. Ese día bajaron siete OVNIS en una estancia en la provincia de Tucumán, cerca de Trancas, una población que está a unos cincuenta kilómetros de San Miguel de Tucumán.

DAVID:            Nada sobre el tema. Lamento. (Señalando la puerta con gentileza.) Hagame el favor.

SR. ROSATO:  Soy Rosato. El señor Rosato. ¿No se acuerda de mi?

DAVID:            Me parece…

SR. ROSATO:  No puede ser que no tenga nada sobre OVNIS. Disciplinas de apertura… (Saca un papel. Lee.) Hay un libro del Mayor Donald Keyhoe.

DAVID:            ¿Mayor...?

SR. ROSATO:  Keyhoe. De la marina de guerra norteamericana.

DAVID:            No sé quién es… Lamento realmente… No lo conozco…

SR. ROSATO:  Me dijeron que hasta en los quioscos...

DAVID:            En la esquina tiene un quiosco. (Lo empuja con cortesía.)

SR. ROSATO:  (Deteniéndose.) ¡Y sobre el avión negro no salió nada! ¡Ja, ja, ja! ¡Viene Perón en el avión negro! ¡Ja,ja,ja!

DAVID:            En la esquina, señor… señor...

SR. ROSATO:  Rosato.

DAVID:            Ahora cerramos. (Con cortesía empuja a SEÑOR ROSATO hasta la calle.)

SR. ROSATO:  Bueno gracias. ¿Cómo es que no se acuerda de mí? (Marca salida. Un tiempo.) Volveré. (Sale.)

DAVID:            A última hora… ¡qué quilombo!

JORGITO:        Rajemos antes de que entre otro boludo. (Exhibe un libro.) Me llevo éste.

DAVID:            ¿Qué es?

JORGITO:        Baran y Szweezy. Hay otro. Mañana lo devuelvo. (Marca salida.) El viejo…

DAVID:            ¿Qué...?

JORGITO:        Don Elías…

DAVID:            ¿Qué?

JORGITO:        ¿Le dijo algo de Vicky?

DAVID:            ¡Que Beatriz llame a Vicky!

JORGITO:        Ah…

DAVID:            Quedate tranquilo. No sospecha nada.

JORGITO:        Por ahí Vicky se queda… a dormir  conmigo  esta noche. Beatriz me cubre.

DAVID:            Mañana te necesito temprano ¿eh?

JORGITO:        A primera hora, como siempre.

DAVID:            (Por el libro.) No lo descuajeringues. ¡Que la pasés bien! ¡Ja, ja! (Va hacia el interruptor de la luz.)

 

ESCENA 3:
BEATRIZ:         Gerardi dio clase en plena calle. Es un fenómeno. Recepción, estructuralismo e ideología.

DAVID:            ¿Y la cana?

JORGITO:        ¿Qué importa la cana?

BEATRIZ:         La cana miraba de lejos. Cortamos el tránsito. ¡Sentados en medio de la avenida  Independencia!

DAVID:            Me parece al pedo.

BEATRIZ:         ¿Cuál es tu crítica?

JORGITO:        Gerardi utiliza el estructuralismo como una herramienta de crítica ideológica.

DAVID:            ¡Vos qué sabés!

JORGITO:        Beatriz estaba conmigo y con Vicky

DAVID:            ¿Estructuralismo? No me interesa Piaget.

BEATRIZ:         A Gerardi tampoco. A Gerardi le interesa Levy-Strauss, Roland Barthes.

DAVID:            ¿No tendrá razón Jaureche cuando dice que los intelectuales argentinos reproducen pasivamente los textos recibidos de las… de las… metrópolis extranjeras?

JORGITO:        ¿Metrópolis? ¡Qué antiguo! No me digas que eso dice Jaureche.

DAVID:            Algo así…

BEATRIZ:         ¡Qué culto sos David!

DAVID:            Más o menos…

BEATRIZ:         Jaureche es un boludo. Los estructuralistas consideran al texto como un objeto prestado.

JORGITO:        Siempre prestado.

BEATRIZ:         Siempre es de otro. Nunca mío…

JORGITO:        Nuestro.

BEATRIZ:         Es… lo normal.

DAVID:            Lo normal para… la metrópolis.

BEATRIZ:         Le dije a Gerardi que trabajaba acá y que le podíamos hacer el veinte. Y a Manolo también.

DAVID:            ¿Manuel Maldonado? ¿A ese también le hacés el veinte? Don Elías nos va a matar.

BEATRIZ:         Manolo es un amigo.

DAVID:            ¿Desde cuándo le decís Manolo a Manuel?

BEATRIZ:         Cosa mía…

DAVID:            Manuel   es jauretchiano. Nada que ver con Gerardi. Apenas un poco de Hegel.

JORGITO:        ¡Nacional y popular...!

BEATRIZ:         Cosa mía… (Va hacia la puerta.)

DAVID:            ¿Anda con Maldonado?

JORGITO:        Tch… Hace rato.

DAVID:            ¡Con ese jovato...!

JORGITO:        ¡Cosa de ella!

 

ESCENA 4:
Cambio. DAVID intenta escribir en la máquina. Se detiene. Piensa. Intenta escribir. Se detiene. Abandona. De la trastienda llega un murmullo de voces. Luego el sonido de una botella de champaña  que se descorcha.

BEATRIZ:         (Entra desde la trastienda con una copa en la mano.) Tomá. ¡Brindá!

DAVID:            (Arrojando un bollo de papel al suelo.) ¡Shhh...! Les dije que no hicieran despelote.

BEATRIZ:         (Por el salón vacío.) ¡No hay nadie...!

DAVID:            Vos sabés como es esto… en cualquier momento… ¿Sidra?

BEATRIZ:         Champán.

DAVID:            ¿Había en la heladera?

BEATRIZ:         Lo trajo Manolo ¡Salud!

DAVID:            ¡Salud! ¡Te casás…!

BEATRIZ:         ¡Tiraron a Illia, diota...!

JORGITO:        (Entra desde la trastienda con una pequeña radio portátil a pilas.) Prenda la radio. Están rajando a la tortuga.

BEATRIZ:         Lo fueron a Illía Trajo la noticia Manolo.

DAVID:            Podría haber dicho…

BEATRIZ:         Me lo dijo a mí.

DAVID:            No soy de palo.

BEATRIZ:         Quería que yo lo supiera primero. ¿Te arreglás solo no? Manolo quiere brindar por Vandor.

JORGITO:        (Sacude la portátil.) ¿Quién es Vandor?

BEATRIZ:         El compañero Vandor.  El “lobo”. Líder obrero.

JORGITO:        Si es el de los metalúrgicos me hablaron como el culo de él. (Sale a la trastienda con la portátil.)

BEATRIZ:         Algún gorila. Vuelvo. (Sale a la trastienda.)

DAVID:            (Toma el teléfono y marca.) ¿Marilú? ¿Así que lo tiraron a Illia? ¿El General Onganía o el General Alsogaray? Mejor cierro. Por las dudas. Poné el bife en la plancha. Chau, chau, chau. (A la trastienda.) ¡Cerramos Jorgito! ¡La caja queda para mañana! ¡Maldonado! ¡Beatriz! ¡Rajamos! (Entra JORGITO.) ¡Apagá la luz antes de que se meta alguien!

 

ESCENA 5:

BEATRIZ:         (Aparte.) Me voy Jorgito.

JORGITO:        Para que estoy tratando de encontrar radio Colonia.

BEATRIZ:         Jorgito, me voy.

JORGITO:        Sí, está bien, Beatriz. Andá que yo cierro. Nos vemos mañana a primera hora.

BEATRIZ:         Me voy, y no vuelvo más. Viajo a Madrid. Nos vamos con Manolo a Puerta de Hierro.

JORGITO:        ¿Cómo?

BEATRIZ:         Sí. Me voy y no vuelvo más. Despedime de David.

JORGITO:        Pero te va a extrañar mucho. Se va a poner como loco.

BEATRIZ:         No importa. Total tiene a Marilú. Cuidate mucho. Chau.

 

ESCENA 6:

JORGITO:        Beatriz no vuelve más.

DAVID:            Fue al velorio de Cooke. En la otra cuadra.

JORGITO:        No vuelve.

DAVID:            Ya sé que no vuelve. Fue con Maldonado al velorio de Cooke. Tienen para rato.

JORGITO:        Con Maldonado. Se va a Madrid. No vuelve.

DAVID:            ¿A sí…?

JORGITO:        A Puerta de Hierro.

DAVID:            ¿Sin avisar?

JORGITO:        Beatriz  no avisa. Te la zampa.

DAVID:            No te creo.

JORGITO:        Espérela sentado.

DAVID:            No te pavoniés. ¿Y vos no vas al velorio?

JORGITO:        Voy más tarde. Con Vicky. Quedó en encontrarse primero con… ¿Por...?

DAVID:            Por nada. (Se sienta.)

MARILÚ:         (Entrando.) David.

DAVID:            Marilú. Te dije que no vengas sin avisar.

MARILÚ:         Tenemos que hablar. Es algo importante.

DAVID:           Ahora no puedo. Tengo que terminar un arqueo para mañana. Se lo prometí a don Elías.

MARILÚ:         ¡Basta! ¡Me tenés podrida con la librería! Es muy importante… Estoy embarazada… ¿Qué vamos hacer?

DAVID:            ¡Andá para casa, Marilú!

MARILÚ:         ¡Vos no cambiás más! (sale.)

DAVID:            (La corre.) ¡Marilú!

 

ESCENA 7:
Entran DAVID y MARILÚ con un cochecito. De la calle entra PEREYRA.

PEREYRA:       ¡Vamos David! ¡A la calle, viejo! ¡Cerrá este maldito boliche! ¡Estamos dando vuelta Córdoba! ¡De las barricadas en el comedor universitario, a la huelga general! ¿Qué te parece? ¡A degüello, a degüello! ¡Ya está, ya está, compañero! Las bases otra vez en combate. La CGT se moviliza. ¡Mañana paro de veinticuatro horas! ¿Quién dice que no  vamos a ver la revolución, Davisito? ¡La vida está en la calle! Argentina cambia. (Transición.) ¿Y ese nene?

DAVID:            Nena, Pereyra

PEREYRA:       ¿Evita?

DAVID:            Isadora, Pereyra.

PEREYRA:       ¿Es tuya?

DAVID:            Y….si…

PEREYRA:       ¿Cómo se te ocurrió David? ¿Por qué no Evita?

DAVID:            ¡Y…!

PEREYRA:       ¡Isidora! Si querías un nombre criollo tenías... ¡Manuelita! ¡Remedios...! ¡Hasta Camila...! ¡Pero Isidora…! Nombre de Patoruzú le pusiste.

DAVID:            Isa. Isa-do-ra.

MARILÚ:         (Entra, desde la trastienda,  con una mamadera de leche caliente en la mano.) Por Isadora Duncan. O Dancan, como prefieran.

DAVID:            Mi mujer, Marilú. Doctor Pereyra. Marilú es bailarina.

MARILÚ:         Doy clase en el Di Tella.

PEREYRA:       (Bajándose de la escalera.) Doctor Rodolfo  Pereyra  a sus órdenes.

MARILÚ:         (Extendiéndole la mano.) ¡Qué tal!

PEREYRA:       ¡Con la revolución en el horizonte!

MARILÚ:         Lo mismo dice David. (La bebé llora.)

PEREYRA:       (A DAVID.) ¿Qué pasa con Beatriz? ¿Dónde está? ¿La rajó el judío?

DAVID:            Te cagaron.

PEREYRA:       ¿A mí?

DAVID:            A vos.

PEREYRA:       ¿Quién? ¿Quiénes?

DAVID:            Maldonado. Se fue con Manolo Maldonado a Puerta de Hierro. Están más cerca de Perón que vos.

PEREYRA:       Verso.

DAVID:            Maldonado trabaja para Vandor.

PEREYRA:       ¡Un reformista! Quiere armar un partido laborista. ¡Dentro de la partidocracia!

MARILÚ:         (A la bebé que llora.) ¿Qué tal la bebita?

DAVID:            ¿Y el médico que dijo?

MARILÚ:         Como siempre. No dice nada. (A la bebé.) ¿Quiere su lechita?

DAVID:            ¿Cómo nada?

MARILÚ:         Nada. Mandó hacer más estudios.

DAVID:            ¿Quién los paga?

MARILÚ:         Vos. (Sacude la mamadera, como una sortija,  delante de la cara del bebé.) A ver, pidamela. ¡Maaaa...má, maaaa...má! Isa quiere la lechita, calentita. Isa... Isa quiere la lechita... (Un tiempo.) Cuando mamita tenía tu edad abría la boca y decía pa..pa. Pa... pa.

DAVID:            ¿No habrá que cambiar de médico?

MARILÚ:         ¡No quiere comer...! ¡No habla! No sé si vale la pena.

PEREYRA:       No se preocupe. “El pueblo es una fuerza de la naturaleza: cuando se desborda no hay nada ni nadie que pueda detenerlo.” Juan Perón. Ya tomará su leche. ¡Ya dirá da-da! ¡Da-da! ¡Pe-pe! ¡Perón-Perón! ¡Perón Perón...!

MARILÚ:         Doctor, déjese de joder, ¿sí?

PEREYRA:       (A la beba, ampuloso.) ¡La mujer nueva!

MARILÚ:         ¿La mujer nueva? ¡Qué lindo! Te dijeron un piropo, Isa.

PEREYRA:       ¡La mujer nueva! ¡Usted también!

PEREYRA:       ¡David! ¿Qué tenés de Paulo Freyre?

DAVID:            Te muestro. Pero vení al depósito. (Desaparece entre los exhibidores.)

JORGITO:        (Viene de la trastienda.) Cada día tiene  más lindo el culo... Marilú.

MARILÚ:         ¡Cómo te va Jorgito! (Sin darse vuelta.)

JORGITO:        Bien...

MARILÚ:         ¿Y,  Juancito cómo está?... ¿Bien?

JORGITO:        Con ganas de salir a pasear...

MARILÚ:         (Se da vuelta.) Y bueno, sacalo. ¿Qué esperás?

JORGITO:        Acá... Puede venir el Sr. David...

MARILÚ:         La última vez fue, acá, contra esa columna.

JORGITO:        Pero si viene el Sr. David...

MARILÚ:         David está en el depósito dando clase de un tal Paulo Freire.

JORGITO:        No sé por qué hoy no me animo.

MARILÚ:         Vení de una vez boludo. (Lo lleva.) ¿No sabés que estoy totalmente loca? (Comienza a llorar la beba. Marilú la va a buscar.) Pendeja de mierda... vos seguí en lo tuyo boludo. 

Vienen corriendo PEREYRA y DAVID.  MARILÚ levanta el cochecito, acomoda a la beba.

PEREYRA:       (Algo desorbitado.) ¿Se lastimó?

DAVID:            (Detrás.) ¿Por qué llora Isadora?

ROSATO:        ¡Se cayó la criatura!

DAVID:            (Grita hacia la trastienda.) ¡Jorgito, Jorgito! ¡Hasta cuándo! ¡Te la pasás en el baño! ¡Estoy solo! (A Marilú.) ¡Pajeándose como siempre!

MARILÚ:         (Mira la hora.) ¡La puta que lo parió! Se me hace tarde para ver la novela de Barreiro. Después la agarro empezada y no entiendo nada. Ay, David, me asusté mucho. ¿Me das plata para hacer las compras?

DAVID:            ¡Jorge, Jorgito! (Desde la trastienda entra JORGITO, secándose las manos.) Ocupate.

JORGITO:        Estoy leyendo Borges.

DAVID:            Haciéndote la paja.

JORGITO:        (Avanza rápidamente hacia el interior del local.) ¿Puedo ayudarlo en algo?

DAVID:            ¡Es el doctor Pereyra!

JORGITO:        ¿Quién carajo es el doctor Pereyra?

DAVID:            ¡Ya te  dije! ¡Hace años que te  dije! No te hagás el boludo. Abogado defensor de presos políticos. Le dicen El Pelado. ¡Está buscando Paulo Freyre!

ROSATO:        Mejor vuelvo más tarde.

MARILÚ:         ¿Por qué te peleas? ¿Por qué no dejás que haga lo que se le canta?

DAVID:            ¡Me deja solo! ¿Y si viene don Elías? ¡Tengo quilombo al pedo! ¡Por un pendejo con la regla…!

MARILÚ:         Mañana tengo danza temprano. Acordate que tenés que quedarte con la nena.

DAVID:            ¡No va a ser la primera vez!

MARILÚ:         te espero en casa. (Marca salida.) Cerrá antes y listo, boludo. (A PERYRA.) ¡Adiós señor…!

PEREYRA:       ¡Felicitaciones! ¡Preciosa la nena…!

MARILÚ:         Adiós Juancito. (Sale.)

DAVID:            ¿Qué Juancito? ¡Jorgito!

JORGITO:        (Señalando.) Ahí tiene. Este de Galeano está en una onda similar. Y le bajo Lewis. Recomendado. (En seguida, acercándose a DAVID.) Avíseme. Quedé pagando.

DAVID:            ¡Llevás años con nosotros! ¡Tenés que aprender a separar a los clientes de los amigos, y a los clientes de los habitués! Los clientes son los clientes. Y el Pelado es… El Pelado. Tenés que  reconocer, Jorgito, que este es un negocio como cualquier otro. Y no seguir metido en tus abstracciones. ¡Acá la inteligencia vale lo mismo que la verdurita!

JORGITO:        Su famoso Pelado ya tiene Paulo Freyre. Y le mostré Galeano Y le mostré “Los hijos de Sánchez”. ¡Lewis! Le mostré todo. Termine usted de atenderlo. Yo me voy.  Ahora.

DAVID:            ¿Cómo ahora?

JORGITO:        Tengo…  ¡mesa redonda! Discusión sobre “Nueva ola francesa y nuevo teatro argentino. Similitudes y diferencias.” (Marca salida.)

DAVID:            ¡Recién son las once!

JORGITO:        El Suárez no cierra en toda la noche.

DAVID:            El Suárez es un bar.

JORGITO:        ¿Me está cargando? ¿Qué quiere que sea? ¿La Sorbona?

DAVID:            Dijiste mesa redonda.

JORGITO:        Mesa con los amigos. Voy a largar lo que ya le largué a usted.

DAVID:            ¡Qué, te querés ir ahora!

JORGITO:        Lo de Michel Butor.

DAVID:            ¿Qué cosa de Michel Butor?

JORGITO:        ¡Lo sabe bien! ¿Quiere  discutirlo otra vez?

DAVID:            Dentro de cincuenta minutos, a las doce de la noche, cerramos y te vas. Ahora, quietito en el laburo.

JORGITO:        ¡Se terminaron los protagonismos...  dijo Butor!

DAVID:            Mirá Jorgito, mientras estemos acá dentro,  yo mando y vos obedecés.

JORGITO:        Michel Butor demostró la muerte de las concatenaciones. No hay posibilidad de relación entre usted y yo. (Saca un libro ajado del bolsillo.) “Répertoire, II. Édition de Minuit, París, 1964, página 214”. Y no me venga con reproches. ¡Se acabó también la narración de  la aventura  individual! Aunque a usted le joda.

DAVID:            ¡Vos te quedás acá hasta las doce! Para eso te pagan.

JORGITO:        ¿Va a alcahuetearle a don Elías?

DAVID:            ¡Para eso te pagan!

JORGITO:        ¡Alcahuete! Y me voy. (Sale.)

DAVID:            (Lo corre.) ¡Jorgito!

JORGITO hace mutis por la puerta de entrada.

PEREYRA:       (Con un libro en la mano.) ¡Che David!

DAVID:            ¿Qué querés? Perdoname, decime.

PEREYRA:       Es bueno este tipo Paulo Freyre. (Lee.) “Los oprimidos deben luchar como hombres que son y no como objetos” ¿A cuánto me lo dejás?

DAVID:            (Toma el libro, se fija en la primera página.) En este no puedo. Es importado.

PEREYRA:       (Sacando unos billetes arrugados del bolsillo de su pantalón.) ¿Qué tiene que sea importado?

DAVID:            ¡Tengo menos margen!

PEREYRA:       ¡Qué lo parió! ¡Vos sos la cara adusta de la violencia y de la lucha…! En cambio, yo no pierdo la esperanza de ver la revolución.

DAVID:            ¿Vos creés que vamos a ver la revolución?

PEREYRA:       ¡La revolución no está en el horizonte! ¡Está acá nomás, a la vuelta de la esquina! Hay que salir a buscarla, viejo. A la vuelta de la esquina... de cualquier esquina de nuestra Argentina. La evolución, la historia, la investigación... etcétera..., no se detienen jamás. Nosotros tampoco podemos ni debemos detenernos. La Argentina está en juego.

DAVID:            Ah… ¿Hay muchos en la pila?

PEREYRA:       ¿Qué cosa?

DAVID:            “Pedagogía del oprimido” ¿Hay muchos?

PEREYRA:       ¡Qué sé yo! Como seis, diez, no sé. Un montón.

DAVID:            Llevatelo.

PEREYRA:       ¿Me lo regalás?

DAVID:            No. Llevatelo. Yo no veo nada.

PEREYRA:       (Guardando el libro rápidamente en su portafolio.) Comprendido. (Marca salida.) Los dos vamos a ver la revolución. Vos con Isidora, bueno... y tu mujer.

DAVID:            Isadora.

PEREYRA:       ¡La mujer nueva! Chau. (Sale.)

Suena la campanilla del teléfono.

DAVID:            (Atiende el teléfono. Aparece DON ELÍAS.) Librería del Sol. Ah, es usted don Elías. No, nada, nada. Ya le digo don Elías. (Mira la tira de la caja registradora.) Veinticinco quinientos veinte. No podemos llegar a los treinta ¿vio? ¿Cómo? (DON ELÍAS camina  nervioso.) ¿Vicky? No, no Vicky no estuvo por acá. No la vi en todo el día. A Samuel tampoco. Ni a su hija ni a su hijo. ¡Usted sabe cómo son los muchachos de hoy! Se está volviendo viejo. ¿Para qué andar corriendo detrás de  los hijos? Mucho Neustadt don Elías. Largue la televisión,  lea a Valery como antes,  escriba sus poemas… ¡bueno...! Escriba sus memorias entonces. ¡El librero más antiguo de Buenos Aires! A sus memorias las espera el premio municipal. Mire… ya que llamó. La calle está desierta. No hay un alma. Van a ser y media. Once y media. No me siento bien. Alguna boludez que comí. Me la paso en el baño con diarrea... y no quiero dejar al pelotudo de Jorgito solo. Está muy tiernito... ¿Seis años ya? ¿Cómo va a ser culpa mía? ¡Ya le voy a enseñar, ya le voy a enseñar...! Tiene condiciones.  Jorgito va a ser el mejor librero de Buenos Aires. Bueno. Después de usted… y de mi. Oiga don Elías… me voy media hora antes... (Mira la tira de la caja registradora.) Ya le dije: Veinticinco quinientos veinte. Bueno... ¡Me suenan las tripas don Elías! Gracias, gracias… Hasta mañana, don Elías.
(Cuelga el teléfono. Recoge el dinero de la “registradora” y lo pone dentro de una bolsa que esconde  tras unos libros de la estantería. Acomoda papeles, talonarios de factura y libros que hay sobre el escritorio. Va al teléfono. Marca. Aparece MARILÚ mirando TV.)
¿Marilú? Estoy saliendo. Poné el bife en la plancha. Chau, chau, chau.
(Va al interruptor general de la luz cuando lo va a bajar se asoma  el SEÑOR ROSATO a la puerta.) Ya cerré.

SR. ROSATO:  Soy yo.

DAVID:            No lo reconocí.

SR. ROSATO:  Me estoy sacando las patillas. ¿Todo tranquilo? Dentro de poco… ¿Usted sabe...?

DAVID:            (Apaga la luz.) Sí, todo tranquilo.

SR. ROSATO:  ¿Está solo?

DAVID:            ¡Hubo una multitud! Jorgito se acaba de ir. (Empujándolo delicadamente.) Chau, buenas noches. Gracias por su preocupación.

SEÑOR ROSATO sale, DAVID detrás. Llega el sonido de   detonaciones lejanas.

 

ESCENA 8:
DAVID se sienta frente a la máquina de escribir. Pone papel. Piensa. Teclea lentamente.

DAVID:            (Abre una carta, lee.) “Querida Beatriz: ¡Mirá vos que te extraño! Desde que te fuiste la librería es otra.

BEATRIZ:         ¿El ruso no te reemplazó?

DAVID:            No. Me las arreglo solo. Con un cadete,  claro, Beto, que reemplazó a Jorgito que no se por donde anda.

BEATRIZ:         No te hagas el boludo. ¿Y vos?

DAVID:            No escribo. No me sale nada. Converso conmigo mismo,  locamente. Ya no te tengo.

BEATRIZ:         Bueno nosotros nos mirábamos más que nos hablábamos.

DAVID:            ¡Gracias por mandarme tu dirección! Estuviste bien. Te extraño.

BEATRIZ:         Yo también te extraño.

 

ESCENA 9:
Entra GERARDI, BETO está subido a una escalera. Limpiando libros de la estantería.

GERARDI:        ¿Ibas a cerrar la puerta?

DAVID:            No. Estaba controlando la vidriera. A esta hora vienen solo amigos, como vos Gerardi. Cerrar antes,  es sospechoso.

GERARDI:        ¿Sospechoso para quién? ¡Hay tantos negocios cerrados a esta hora!

DAVID:            Sospechoso para la cana. Garpamos vigilancia, Gerardi. Saben que cerramos a las doce de la noche. Todavía no son las once. Ven cerrado, llaman a don Elías y se pudre todo.

GERARDI:        Hace rato que no veo a Beatriz por la Facultad. ¿Sabés algo de ella?

DAVID:            ¡Beatriz! ¡Supongo que en Puerta de Hierro dándole lecciones de filosofía a Perón!

GERARDI:        ¡Dándole mis clases, mis lecciones! Beatriz parecía la mejor. Ella y Jorgito. (Ve a BETO.) ¿Jorgito también se fugó?

DAVID:            ¡Ja, ja...! Venías por él.

GERARDI:        ¡No digas eso! Te pueden oír. Hoy… Vos sabés… Si hacés correr esa… bola termino en un pozo.

DAVID:            Es una broma.

GERARDI:        ¡No lo digas por ahí, por favor!

DAVID:            ¿Pero te gustan o no te gustan los tipos?

GERARDI:        Vos sabés bien que sí. Pero soy discreto. (Saca un papel.) Necesito esta lista. Para el curso.

DAVID:            (Mira la lista sumando precios.) ¿Sobre Gramsci?

GERARDI:        Los periodistas son los eclesiásticos del siglo veinte. La masa de los campesinos aunque hoy cumple una función esencial en el mundo de la producción, no genera intelectuales propios, orgánicos. Ahí aparece el periodista moderno. Es el intelectual de esa clase. De los campesinos. Eso es Gramsci. ¿Eh...? ¿Qué te parece?

DAVID:            Beto, dejá ese teléfono. Y andá para el depósito.

BETO:              Estoy hablando con mi mamá.

DAVID:            Al depósito.

BETO:              Después te llamo, mamita. (Cuelga…) Ni un llamado familiar se puede hacer.

DAVID:            (Deja de hacer cuentas.) Tengo todos, Gerardi

GERARDI:        ¿Me hacés  precio?

DAVID:            Bueno…

GERARDI:        Por lo menos el veinte  me hacía Beatriz.

DAVID:            Beatriz ya no está.

GERARDI:        Ustedes están lejos de la facultad. ¡Yo los conocí por ella!

DAVID:            Pero acá encontrás todo. ¿Dónde vas a encontrar todo Gramsci?

GERARDI:        (Mira la cuenta.) ¡Es un montón de plata! ¿Cuánto me hacés?

DAVID:            Más del veinte no puedo. El veinte es una gentileza…  profesional.

GERARDI:        ¿Los podés mandar a casa mañana?

DAVID:            Mañana a la tarde… con Beto.

GERARDI:        Nuevo cadete…

DAVID:            Buen pibe. No es Jorgito claro. Es un pibe de barrio.

GERARDI:        Mientras no sea futbolero.

DAVID:            Es  futbolero como yo. Hincha de River. ¿Sabés lo que es eso?

GERARDI:        No lo sé, ni lo quiero saber.

PEREYRA:       (Entra.) ¡Un éxito! ¡El operativo es un éxito! ¡Dante se apuntó un poroto! ¡Un poroto de la madona! ¡Davisito, por favor! Prestame el teléfono. Es muy urgente.

DAVID:            Le vamos a tener que poner candado.

PEREYRA:       Es un minuto.

DAVID:            Bueno. Sé breve.

PEREYRA:       (Va a tomar el teléfono y descubre a  GERARDI.) ¡Ah! (Cauteloso.) Hola ¿cómo estás Gerardi?

GERARDI:        (Ídem.) Qué tal Pereyra.

PEREYRA:       Permiso. (Marca.) ¡Hola! ¿General Guglielmeni? ¡Qué día General Guglielmeni...! ¿Lo vió a Dante...? ¿Habló con el General Carcagno? Un éxito el Operativo Dorrego. ¿Cómo? (Hace pantalla con su mano. No se le oye.)

GERARDI:        (Aparte.) ¿Viene seguido El Pelado?

DAVID:            (Idem.) Más que vos Gerardi.

GERARDI:        ¿Gasta como yo?

DAVID:            Es un seco. No gasta.

PEREYRA trata de no perderse el diálogo entre Gerardi y David.

GERARDI:        Eso no me preocupa. Me preocupa lo que piensa. El Pelado está loco. Cree que el nacionalismo puede ser verdaderamente universal. ¡Y pacifista! Se cree Wagner.

PEREYRA:       (A GERARDI.) Y vos te creés el Lenin de la Argentina. (Al teléfono.) Lo escucho General, lo escucho. El operativo Dorrego es un paso hacia  la alianza definitiva de las masas populares con el ejército nacional. Resultado de la lucidez política del compañero Dante y del compañero General Carcagno.

GERARDI:        (A DAVID.) Se aplauden entre ellos.

PEREYRA:       (Tapa el auricular con la mano. A GERARDI.) ¡Estamos haciendo el hombre nuevo! (Sigue hablando, inaudible. Oye. Tapa el auricular con la mano. A Gerardi.) ¡Intelectual vendepatria!

GERARDI:        ¡La derecha espera el momento para devorarlos! (PEREYRA  sigue hablando.) ¡Usted Doctor Pereyra terminará en una zanja!

PEREYRA:       (Tapa el auricular con la mano.) ¡Construiremos un nuevo humanismo! ¡La Nueva Argentina!

GERARDI:        ¡En una zanja!

PEREYRA:       (Ídem.) ¡La nueva realidad impedirá que su cerebro funcione durante veinte años por lo menos!

GERARDI:        ¡Quiero ver la receta!

PEREYRA:       General Guglielmeni lo felicito en nombre de la futura Unión Americana. (Cuelga. A GERARDI.) ¡Usted  no tiene ni idea de lo que es el ejército nacional, de lo que fue Mosconi, de lo que fue Baldrich! ¡Usted Gerardi como siempre es un mísero internacional! (Marca salida.) ¡Gracias por el teléfono David! (Se detiene.) ¡Mucha teoría y poca praxis! (Sale.)

GERARDI:        ¡Lo nuevo, la nueva, lo nuevo, la nueva…! ¡Pensar que militamos juntos en la Fede!

DAVID:            ¿Vos te fuiste?

GERARDI:        Yo me quedé.

DAVID:            Se fue él.

GERARDI:        Como ahora. Siempre fue medio histérico… (Un tiempo.) Yo me fui después. ¿Y vos?

DAVID:            ¿Yo?

GERARDI:        Si vos.

DAVID:            Anarco, viejo, anarco. (Va hacia el mostrador con la lista. Busca y aparta los libros. Agarra el teléfono.) En seguida hacemos cuentas. (Marca. Aparece MARILÚ. No atiende el teléfono.) ¡Suena, suena y suena! ¿Dónde se habrá metido Marilú? (Cuelga.)

BETO:              ¿Nos vamos?

DAVID:            ¡Terminá de limpiar haceme el favor! Tu cuenta Gerardi…

 

ESCENA 9:

DAVID está tecleando frente a la máquina de escribir.

DAVID:            Querida Beatriz: Las cosas han empeorado. Acá dicen  y desea todo el mundo, que se viene un golpe militar.

BEATRIZ:         Es un disparate.

DAVID:            Un golpe militar muy fuerte. Es una suerte que hayas decidido quedarte en Europa.

BEATRIZ:         Yo no lo decidí. Lo decidieron ustedes.

DAVID:            A mí me gustaría verte.

BEATRIZ:         A mí, también.

DAVID:            Podrías contestar más seguido. Supongo que muchos te necesitamos. Descubro que en lugar de escribir cuentos escribo cartas. Estoy vacío.

BEATRIZ:         Todos los porteños están vacíos.

DAVID:            Gracias a estas cartas por ahí nos encontramos realmente. ¡Nos cruzábamos miradas, como dos chicos en la playa… y alguna vez aceptabas un  mimo, al pie de la caja registradora!

BEATRIZ:         ¡Caja registradora…! Sos un amante capitalista.

DAVID:            ¡No dejes de escribirme entrañable amiga… literaria… David…!

 

 

ESCENA 10:

DAVID:            (Escribiendo.) ¡Perfecta! (Pone papel en la máquina.)

GERARDI:        (Entra.) Tranquilo. Tranquilo… No te jodo. (Acomoda la escalera.) Reviso filosofía. Por ahí tenés una perlita.

DAVID:            Dale… Dale… (Trata de reiniciar lo interrumpido.)

PEREYRA:       (Entra. Lo ve a David escribiendo.) ¡Me arreglo solo escritor!

DAVID:            Claro… Claro…

PEREYRA:       (Tropieza con la escalera. Lo ve a GERARDI.) ¡Usted Gerardi!

GERARDI:        No joda.

PEREYRA:       Nunca jodo. Para mí, la revolución es algo serio. No para ustedes evidentemente.

GERARDI:        Para ustedes es más que serio… ¡es solemne! ¡Abogados! (Busca.)

PEREYRA:       (Toma otra escalera y se ubica junto a Gerardi. Busca.) Defendemos a los compañeros mientras ustedes miran el techo.

GERARDI:        No leyó a Gramsci. No leyó a Galvano Della Volpe. ¡Pobres presos!

PERYRA:         Mi lectura fundamental son las actas del sindicato, Gerardi. Lo demás es la espuma de los días.

GERARDI:        ¡Vian! ¡”La Espuma de los Días” es un título de Boris Vian! ¡Cita a Boris Vian!

PEREYRA:       La revolución nacional no desdeña ni intelectuales ni grupos sociales, Gerardi.

GERARDI:        Ya lo sé Pereyra: Ni a Millan de Astray, ni al fascio.

PEREYRA:       ¡No es capaz de buscar lo suyo sin meterse en lo mío, Gerardi!

GERARDI:        (Tambaleándose.) ¡No omita la estructura significativa, Pereyra!

PEREYRA:       (Tambaleándose.) ¡Ni usted el ser nacional, Gerardi!

DAVID:            ¡Cuidado!

GERARDI:        (Resbala hacia los escalones inferiores.) ¡Acuerdista!

PEREYRA:       (Cayéndose.) ¡Crítico literario!

DAVID:            ¡Paren!

GERARDI:        (En el piso.) A usted ni siquiera en sueños lo imagino. (Sale.)

PEREYRA:       (En el piso.) ¡Y yo a usted ni siquiera lo pienso! (Sale.)

DAVID:            ¡El libro! (Recoge los libros caídos.)

SR. ROSATO:  (Entra.) ¿Puedo ayudarlo en algo David?

 

ESCENA 11:

SR. ROSATO:  (Entra. Vocea.) ¡Se cortó la luz de la cuadra! (Vuelve la luz.) ¿Está por cerrar David?

DAVID:            No. Algo pasó con la luz. ¿Apagón otra vez?

SR. ROSATO:  Las usinas ya no aguantan.
 
Viene la luz. Aparece BETO. Acomoda los libros.      
                  
SR. ROSATO:  ¿La lista de best-sellers de  vidriera es de esta semana?

DAVID:            ¿Quiere verlos?

SR. ROSATO:  ¿Me los va a regalar?

DAVID:            No.

SR. ROSATO:  Sólo verlos. Como siempre. Ja, ja…

DAVID:            Beto alcanzale al señor.

BETO:              ¿Qué cosa?

DAVID:            ¡Los best-sellers! ¡Horangel, Morris West, Poldy Byrd!

BETO  alcanza los libros a SEÑOR ROSATO poniéndolos sobre una mesa de exhibición y regresando a su lectura.

SR. ROSATO:  Medio vago... ¿no?

DAVID:            Nuevito. Un buen pibe.

SR. ROSATO:  ¿Hace mucho que no ve al Pelado?

A espaldas del SEÑOR ROSATO, entra GERARDI con una bolsa de mercado. Ve al SEÑOR ROSATO y trata de pasar desapercibido. Observa libros, simulando.

DAVID:            ¿El Pelado?

SR. ROSATO:  (Saca una tarjeta personal doblada en cuatro, la abre, lee.) Doctor  Rodolfo Pereyra. Abogado defensor de… de… de  presos... políticos…

DAVID:            Rodolfo ¡ah! Hace mucho que no viene.

SR. ROSATO:  ¡El Pelado, es  su nombre de guerra! ¡Qué asco! ¿Sabías? Te puedo tutear ¿no?

DAVID:            Bueno... la calvicie… es una descripción…  fisonómica.

SR. ROSATO:  Los abogados se llaman por su apellido.

DAVID:            Que quiere  que le diga …

SR. ROSATO:  Diga.

DAVID:            ¿No supo...? Lo mataron hace un tiempo. Acá nomás, a la vuelta de la esquina.

SR. ROSATO:  ¡Ah! ¡Muerto...! ¿Muerte súbita?

DAVID:            ¿Cómo no se enteró?

SR. ROSATO:  ¿Acaso, te dije que lo conocía?

DAVID:            Salió en todos los diarios.

SR. ROSATO:  Leo poco los  diarios.

DAVID:            Fue noticia de tapa. ¡En los noticiosos...!

SR. ROSATO:  ¿Y  supiste quién lo mató?

DAVID:            Se dijo... Sólo se dijo. Conjeturas.

SR. ROSATO:  ¿Qué se dijo?

DAVID:            Algo de la Triple A... No sé. Cosas del momento.

SR. ROSATO:  ¡Qué época vivimos hasta hace poco! Suerte que salimos... Gracias a las fuerzas armadas, gracias aVidela, hijito. ¿Suerte no?

DAVID:            Claro.

SR. ROSATO:  ¡Así que al Pelado lo fusilaron el treinta y uno de julio de mil novecientos setenta y cuatro!

DAVID:            ¿Cómo?

SR. ROSATO:  El treinta y uno de julio de mil novecientos setenta y cuatro.

DAVID:            ¡Ah...! Creo que fue para esa fecha, si.

SR. ROSATO:  Soy un fenómeno para las fechas… ¿eh?

DAVID:            Acá... a la vuelta de la esquina...

SR. ROSATO:  ¡Me voy a hacer cliente tuyo! Ahora sos  una persona informada.

DAVID:            Menos que usted.

SR. ROSATO:  Y si hay algo que no sabés te gusta investigar ¿no? La historia, esas cosas... ¡Siempre ví en vos un librero con veleidades..-! Hoy temprano, a la tarde, te ví por plaza de Mayo. Yo salía de la Municipalidad. Eras vos.

DAVID:            Puede ser. Sí, creo que sí.

SR. ROSATO:  Había unas viejas locas dando vuelta a la pirámide.

DAVID:            No me fijé.

SR. ROSATO:  ¿Así que, hijito,  lo bajaron al Pelado?

DAVID:            Acá a la vuelta...

SR. ROSATO:  ¡Tch... tch..! No hace un tiempito, David. Hoy  es treinta de...

DAVID:            De abril.

SR. ROSATO:  De mil nueve...

DAVID:            Setenta y seis.

SR. ROSATO:  ¡Setenta y seis! ¿No te digo David? Hace más de un año. Soy un apasionado por las fechas. Se la fecha de casamiento de mis viejos. También la de mis abuelos. La fecha exacta de mi primer día de clase. La del nacimiento de Hugo del Carril. La de la muerte… de Vandor.

DAVID:            Yo tengo mala memoria.

SR. ROSATO:  Te falta concentración. ¿Cuándo murió Bartolomé Mitre?

DAVID:            No me acuerdo.

SR. ROSATO:  ¿Cuándo lo degollaron a Facundo Quiroga?

DAVID:            No me acuerdo.

SR. ROSATO:  ¿Cuándo lo bajaron a Aramburu?

DAVID:            No me acuerdo.

SR. ROSATO:  ¡Ay, David, David! ¡Seguro que El Pelado lo sabía!

DAVID:            ¿Hojeó ya  los libros? ¿Lleva alguno?

SR. ROSATO:  ¡Oime, David!  ¡Te dije bien claro que no iba a comprar! ¡Que  quería mirarlos!

DAVID:            (Recogiendo los libros.) Bueno, ya los miró.

SR. ROSATO:  (Reteniendo los libros bruscamente.) ¡No metás las manos! ¡No me toqués! (Bajo.) Sobre El Pelado lo sé todo. ¿Te diste cuenta? ¿Dónde está ese otro? Ese tal Raúl Gerardi. ¿Dónde? ¿Qué datos tenés de ese Raúl? ¡Estaba todos los días flirteando con vos!

GERARDI se ”hunde” entre los libros.

BETO:                         ¡Pare viejo! ¿Qué  le pasa? ¿Quiere afanar? ¿Quiere que llame a la policía? Vaya para el fondo don  David.

DAVID:            ¡No me digas don!

BETO:              Dejemelo a mí. Vamos, turro, rajá, rajá.

SR. ROSATO:  ¡Cuidado! Cuidado... cuidado... Ya me voy, ya me voy. Ojo con Raúl ¿eh? Y si viene Don Elías… dejale saludos… Chau... hijito... (Sale.)

BETO:              ¡Qué ganas de joder! ¡Le decía hijito el caradura! ¿Lo conoce don David?

DAVID:            Me parece. De vista. No sé... ¡No me digas don!

BETO:              Anduvo husmeando. ¿No lo habrá mandado su mujer?

DAVID:            Me parece que no. Marilú no es de hacer esas cosas.

BETO:              Por ahí se lo aconsejó el abogado. Querrá saber cómo está. Cuánto gana. Si le puede sacar más guita. ¡Estos picapleitos son capaces de cualquier cosa! Y las minitas también.

GERARDI:        ¿Quién era ese tipo?

DAVID:            No te vi entrar. Estoy perdiendo los reflejos.

GERARDI:        ¿Quién era ese tipo?

DAVID:            Un cliente. En una época era vigilador del barrio. No se ahora. Informante… ¡qué se yo! Nunca compra nada. Preguntó por vos.

GERARDI:        Lo oí. Tuve visitas en el edificio.

DAVID:            ¿Y?

GERARDI:        Se equivocaron de departamento. Le revolvieron todo a la piba de abajo y la llevaron a la comisaría. Por suerte volvió. Me voy a México.

DAVID:            Dejate de joder.

GERARDI:        Me voy a México.

DAVID:            ¡Dentro de un año Videla no está más! Ahora están haciéndole la limpieza al enfermo.
 
GERARDI:        ¿Al enfermo?

DAVID:            El país.

GERARDI:        Me voy a México… a España…

DAVID:            Beatriz está en Italia. Cursos, becas… ¡qué se yo!

GERARDI:        No se adónde pero me voy.

DAVID:            No te apures. Dentro de un año los milicos llaman a elecciones. Ganan los radicales y se aplaca todo. Y pasará Videla, como pasó Lonardi, como pasó Onganía, como pasó Levingston, como pasó  Lanusse…

GERARDI:        Estos dicen que van a durar…

DAVID:            Todos dijeron que iban a durar…

GERARDI:        Tengo mucho miedo.

DAVID:            El miedo es mal consejero. ¡Qué vas a hacer con la biblioteca!

GERARDI:        La vendo. A eso vine.

DAVID:            ¡La mejor biblioteca de Buenos Aires!

GERARDI:        ¿Comprás?

DAVID:            ¿Qué…? ¿Qué… título? ¿Por ejemplo..?

GERARDI:        (Saca de la bolsa:) “Daniel Hamiche. Le théâtre et la Révolution”

DAVID:            Mmmmm…

GERARDI:        (Saca otro:) “Eugenio Levi. Il comico di carattere da Teofrasto a Pirandello”.

DAVID:            Teatro.

GERARDI:        Ediciones Einaudi.

DAVID:            Teatro.

GERARDI:        Fray Mocho no los quiso.

DAVID:            ¡Justamente! Acá teatro no sale. Vos mandaste pedir a Francia, Daniel Lagache… Lacan… Dolto… Para eso tengo compradores. Tráemelos.

GERARDI:        No, no… Algo me  llevo. No me puedo ir con las manos vacías.

DAVID:            Teatro no.

GERARDI:        Lamento. Me quiero ir. (Marca salida.) Espero un amigo en la esquina.

DAVID:            Cuidate. Y ya sabés, Dolto… Lagache… Lacan… Con los brazos abiertos.

GERARDI:        No… no. Hasta la vuelta.

DAVID:            Chau.

GERARDI:        Chau. (Sale.)

BETO:                         (Piensa.) ¿Sabe… David a quien me bajé el otro día? A la rubia del rodete. Esa peticita, de boca grande, tetuda...

DAVID:            ¿La de Campobasso?

BETO:              Campo... Campo... creo que sí.

DAVID:            Es una señora... señora. Fundadora de no sé qué. No la atiendas vos.

BETO:               No la atiendo. Pide brolis por teléfono. A la Central. Señora gorda, dice Don Elías, llama y me manda a la casa. Envueltito para regalo. ¡Y yo... trácate! A las cinco de la tarde no hay marido que vuelva... (Se toma un tiempo.) ¿Sabe a quién también?

DAVID:            ¡Uh...!

BETO:             La del coronel de la Riestra. También pide por teléfono. ¡Se corrió la voz! No se ría. De usted depende que vuelva al turno de día. ¡Qué turno! Me tiene que poner diez ¿eh? ¡Recuperado! Don Elías es medio boludo ¿no?

DAVID:            Es Faja de Honor de la Sade. Es poeta. En cualquier momento le dan el premio municipal. Es un  maestro. Y cuida sus negocios. ¿Vos creés que puede vivir de la poesía?

BETO:              ¡Qué sé yo...!

DAVID:            Si no cuida su negocio...

BETO:             ¿Más que como se lo cuido yo? (Hace un gesto obsceno.) Usted… David… cuídese también. (Súbitamente se apaga la luz.) ¡Otro corte!

DAVID:            Traé las velas.

BETO:              ¡Este ruso podría comprar “Luz de noche”, eh! (Sale a la trastienda.)

DAVID:            ¿Por un ratito? La luz en seguida vuelve. ¡Qué quilombo!

BETO:              (Prende velas y va hasta la puerta de calle.) Hay mucha cana. Deben estar haciendo un procedimiento. ¡Zona liberada!

DAVID:            Mejor entorná una de las puertas.

BETO:             No se preocupe. No va a entrar ningún loquito. (BETO queda en la puerta. DAVID ordena el mostrador y súbitamente, como se fue, vuelve la luz. BETO apaga y recoge las velas.) Son las nueve.

DAVID:            No son. Antes cerrábamos a las doce. Ahora a las nueve. ¡Pero antes de las nueve!

BETO:              Hay mucha cana.

DAVID:            Está bien. Cerramos. Metele llave a la puerta que hago la caja.

DAVID repite la rutina, acomoda el escritorio, guarda el dinero en una bolsa y lo esconde, etc. BETO se demora algo más cerrando la puerta.

BETO:              Se llevaron por lo menos un tipo. ¡Se lo llevaron arrastrando! De los pelos. Algo habrá hecho. (Se oye una sucesión de disparos y luego una explosión.) ¡A la puta! ¿Oyó?

DAVID:            No salgas.

BETO sale. Se oye otra explosión más fuerte. Vuelve con una bolsa.

DAVID:            ¿Y?

BETO:              ¿Esta bolsa no era de Gerardi?

DAVID:            (Toma la bolsa, saca dos libros. Los mira.) Ponelos en teatro. Mañana le marcamos el precio. (BETO lo hace.) Mejor rajemos para el lado de Pueyrredón. (Apaga las luces, junto a BETO se asoma a la puerta, dudan un minuto, cierran con llave  y salen, se supone, corriendo hacia la derecha.)

 

ESCENA 12:
Se oye girar una llave y alguien abre la puerta de calle. Entra DON ELÍAS, a tientas. Se acerca al mostrador, busca una vela, la enciende para conseguir una débil iluminación.  Saca la bolsa con el dinero del escondite,  lo cuenta y guarda.

DON ELÍAS:    (Cuenta nuevamente.) ¡Tres! Tres y cinco son... (Ha sacado un fajo de dinero de su bolsillo.) Tres y cinco son ocho. No llego a diez. (Camina, nervioso, mira el reloj, se muestra impaciente. Se sienta junto a la vela. Saca un papel y un bolígrafo. Borronea, tacha, escribe.)
“Negra desdicha, hermano. Andamos por la ciudad envueltos en espesas nieblas. El ojo humano no puede nunca entrar. Ciego enloquece el aguijón de la furiosa y desenfrenada    ansia de poder. Negra desdicha. ¿Caerán estos hombres desde las altas torres de su soberbia? Negra desdicha.”
(Una figura tantea la puerta cerrada sin llave. Hay una pequeña espera y se abre lentamente. DON ELÍAS guarda el papel.) ¡Al fin!

SR. ROSATO:  ¿Está ahí? ¡Señor Elías!

DON ELÍAS:    Elías Travnik. Estoy aquí. Pase. Ya sabe Rosato que esta es su casa.

SR. ROSATO:  Nunca le pregunté… ¿Travnik con ce ka?

DON ELÍAS:    No, no, sólo con k.

SR. ROSATO:  ¡Con estos apellidos europeos uno nunca sabe!

DON ELÍAS:    Hace un buen rato que estoy esperándolo.

SR. ROSATO:  Tuve que dar un rodeo. Hacer una pausa ¿entiende? Ni a usted ni a mi nos conviene que me vean mis camaradas. ¿Tiene los dinerillos?

DON ELÍAS:    ¿Cómo está Vicky?

SR. ROSATO:  Viva... Pero un poco triste... ¿Cómo va a estar? ¡Viudita…! Al chico  lo bajaron.

DON ELÍAS:    Jorgito… ¿Quién  mató a Jorgito?

SR. ROSATO:  Lo mataron. No hubo otro remedio. Se resistió.

DON ELÍAS:    ¡Un chico...! Incapaz de matar una mosca.

SR. ROSATO:  ¡Linda ficha tenía ese chico! Hubo una refriega. Quiso escapar... Su hija se salvó por un pelito.

DON ELÍAS:    Jorgito... ¡Pobre Jorgito...!

SR. ROSATO:  No llore, señor Travnik. Tenía un arsenal encima. No era de su clase... ni tampoco era israelita. ¡Qué quiere!

DON ELÍAS:    ¡Era un estudiante! Se rompía la cabeza. Todo lo que sabía lo aprendió en estos libros...

SR. ROSATO:  No empeore la situación, señor Travnik.

DON ELÍAS:    ¡Debí defenderlo!

SR. ROSATO:  Se cogía a su hija, una pendejita, y encima quiere defenderlo. En el fondo ustedes se lo merecen.

DON ELÍAS:    ¿Vicky está bien?

SR. ROSATO:  Tuvo suerte que pasó a nuestras manos. Cuestión de jurisdicción ¿no? (Un tiempo.) ¿Está embarazada?

DON ELÍAS:    ¿Cómo va a estar embarazada? (Un tiempo.) No creo. (Otro tiempo.) No sé.

SR. ROSATO:  Hay que moverse con urgencia. Si no está embarazada la vamos a tener que  buscar en  el río de la Plata. Muerta. ¡Argentina: tierra de ángeles caídos! ¡De los OVNIS! ¡Ja, ja, ja, ja! (Un tiempo.) Si está embarazada por ahí se salva. Depende de mi intervención.

DON ELÍAS:    Tome. Ocho. No tengo más.

SR. ROSATO:  Tiene que ser diez. Quedamos en diez. Vaya a buscar lo dos que faltan.

DON ELÍAS:    No tengo. No tengo más.

SR. ROSATO:  No me diga que vive al día. Dos librerías en pleno barrio norte.

DON ELÍAS:    Estoy en descubierto. Acabo de hacer una compra grande, al contado, de infantiles, postales, de libros para la Navidad y Año Nuevo. Postales con música. “¡Jingle bells, jingle bells, jingle bells…” ¡Ay…!

SR. ROSATO:  ¿No le digo? Ustedes no aprenden más. Los va a agarrar la guerra otra vez y no van a tener con qué escapar.

DON ELÍAS:    Si me da unas horas más... puedo buscar un amigo... Alguien me prestará, seguro... Incluso, por Borges… por Sábato…  puedo llegar a Videla.

SR. ROSATO:  Usted está “michínegue”. Esto se decide antes del amanecer. Deme los ocho. Vamos a ver qué puedo hacer con ellos.

DON ELÍAS:    Voy con usted.

SR. ROSATO:  Usted me espera aquí.

DON ELÍAS:    ¡Devolveme  mi hija, hijo de puta! (Se abalanza sobre SEÑOR ROSATO.)

SR. ROSATO:  (Sacándoselo de encima con un empellón que lo despatarra.) ¿Qué hace? ¿Está loco, flaco boludo? ¡Las órdenes ya están! Ante la orden obedecemos o negociamos. ¡Nosotros! (Un tiempo.) Veremos si con esto alcanza.

DON ELÍAS:    Disculpe. ¿Cómo se...?

SR. ROSATO:  No lo sabe.

DON ELÍAS:    Pero...

SR. ROSATO:  ¡Yo tampoco lo se! Voy a repartir. Que se yo si alcanzará. Depende del humor del día. Tampoco se con certeza si todavía está viva. Estamos en manos de Dios. ¿Usted cree?

DON ELÍAS:    Hace mucho que perdí la fe...

SR. ROSATO:  ¡No ve! ¡Otra contra! No se mueva de acá. (Marca salida.) Ni prenda la luz. (Sale.)

 

ESCENA 13:

DAVID:            No me dejó ni cambio, el viejo. (Toma el teléfono, marca. Nadie contesta. Un tiempo.) ¡Pobre don Elías…!

Entra BETO.

DAVID:            ¡Tarde!

BETO:                         (Alcanzándole un sobre.) Para usted. Me lo dio una mina. Una mina grandecita. Le dije pase, pase. La librería acaba de abrir. Se fue corriendo. Usted tiene cada amiga.
 
DAVID rompe el sobre. Sorpresa. Aparece BEATRIZ.

DAVID lee:      “Querido  David: Estas cartas que nos hemos cruzado apuraron mi vuelta  Buenos Aires. Como te imaginarás, clandestinamente. Después de la muerte de Maldonado no tengo nada que perder… Estoy acá en Buenos Aires. Me quiero juntar con los viejos compañeros. ¿Sabés como ver a los muchachos de la Columna Capital? Algunos de ellos iban por la librería. ¿Los ves? Vos siempre fuiste afectuoso conmigo y con los compañeros. No ando buscando laburo ahí en la librería. Ya no podría bancarme al ruso. Quiero reinsertarme  en el trabajo político y social ¿Me das una mano? Paso a verte en cualquier momento. En el fondo te extraño. Quiero que participes de esta lucha. Cuento con vos. Un abrazo… compañero. ¡Hasta la victoria o muerte! Beatriz.”

BEATRIZ desaparece.
DAVID guarda rápidamente  la carta en un bolsillo. El salón está desordenado, parece haber sido abandonado precipitadamente. DAVID comprueba que la caja registradora funciona. Se queda un momento contemplando el cajón abierto y vacío. Gira sobre si mismo, va hacia los libros que tapan el escondite con la bolsa de dinero, retira los libros, encuentra la bolsa, la abre, observa en su interior. Da vuelta la bolsa. No hay dinero.

MARILÚ:         (Entra.) Hola.

DAVID:            Hola. ¿Cómo está Isa?

MARILÚ:         ¿Te importa?

DAVID:            ¿Viniste para agredirme? Yo pago el tratamiento. Puedo preguntar como está.

MARILÚ:         Va y viene. ¡Bien sabés que es irreversible!

DAVID:            ¿Habla?

MARILÚ:         ¡Yo le entiendo!

DAVID:            Iba a cerrar. Me encontrás de casualidad.

MARILÚ:         Hago lo que quiero.

DAVID:            Cuando te mantengás por tu cuenta, podrás hacer lo que quieras.

MARILÚ:         Me voy con Lucas.

DAVID:            Ah. Lo esperaba. ¿Informaste al Juzgado?

MARILÚ:         Quería que primero lo supieras vos.

DAVID:            ¿Lucas se hace cargo?

MARILÚ:         Vamos a trabajar.

DAVID:            Podés perder la custodia.

MARILÚ:         ¿Vas a reclamarla para vos?

DAVID:            ¡La nena tiene que estar con la madre!

MARILÚ:         Un tiempito con el padre no le vendrá mal…

DAVID:            ¿Van a vivir en la casa de Lucas?

MARILÚ:         Lucas vendió la casa. Nos vamos al Bolsón.

DAVID:            ¿Al Bolsón? ¡Con los hippies al Bolsón! ¡A cultivar la tierra! ¡Frutillas, guindas, frambuesas... cerezas! ¿O van a criar gallinas? ¡Chanchos por ahí! ¡Al Bolsón...!

MARILÚ:         Mañana voy al Juzgado. Isa se queda con vos.
 
DAVID:            ¡Sos la madre! ¡El juzgado no te va a dar bola!.

MARILÚ:         Se queda con vos.

DAVID:            ¿La querés matar? ¿Qué va a hacer conmigo? La voy a tener que internar.

MARILÚ:         Con permiso o sin permiso ¡me voy! ¡Listo!

DAVID:            ¡Listo! ¡Qué fácil lo hacés! ¿Isa va a dejar el tratamiento?

MARILÚ:         No necesita tratamiento. Isa es un vegetal, David. Tenés que dejarla vivir, simplemente. Chau.

Hay una pausa embarazosa.

DAVID:            (Dándole un beso en la mejilla.) Cuidate.

MARILÚ:         Si. Chau.

DAVID:            Saludos a Lucas.

MARILÚ:         Serán dados. Chau.

DAVID:            Chau. (MARILÚ sale. DAVID la mira salir. Queda en la puerta mirando la calle. Entra.) ¡Isadora… Isadora...!

 

ESCENA 14:
 BETO entra, ordena, acomoda los libros.

BETO:                         ¡A quién se lo ocurre  abrir! (Masculla, tomándose tiempo entre frase y frase.) ¡Justo hoy!  ¡Qué es la final del mundo! ¿Quién va a venir  un día como hoy? ¡Lo enterraron y a otra cosa! ¡Tch...! (A DAVID.) ¿El duelo ruso no es un día más? ¡Caliente debe estar en el cajón,  el pobrecito! ¿Los meten en un cajón como nosotros? ¿No podían haber esperado hasta mañana?

DAVID:            Orden sucesorio, Beto. Ya no está el patrón,  ahora manda Samuelito, Sammy, el patroncito.

BETO:                         ¡Hoy juega Argentina! ¡La final…! ¡La final del mundial!

DAVID:            ¿Vas a trabajar con esa mortaja?

BETO:              ¡Es la bandera argentina!

DAVID:            Tomá el plumero.

BETO:                         Usted no parece hincha de River. (A desgano, limpia las estanterías.) ¿Quién va a entrar hoy? ¡Ni mongo...!

DAVID:            Rogá que entren y que gasten. Si no, no cobramos el sueldo.

BETO:                         ¿Quién dijo? ¿Por qué no vamos a cobrar? ¿Qué tenemos que ver nosotros con los quilombos del finado? ¡Y de la hija finada del finado!

DAVID:            ¡No hay tal quilombo! ¡Oíme bien!

BETO:              ¡Vamos...! ¡Un año estuvo el ruso como loco...!

DAVID:            ¡Nada  de ruso! ¡Tenía nombre el ruso!

BETO:                         ¡Un año estuvo el judío como loco! ¡Con ojos de loco! ¡Con mirada de loco! ¡Como si todos fuéramos asesinos! ¡Como si yo hubiese matado a Vicky!

DAVID:            ¡Punto! Punto... ¡Vicky está viva, se fue con su novio  a la India! ¡A hacer una experiencia espiritual! ¡Nadie  sabía que don Elías tenía una insuficiencia vascular! Ni su hijo Samuel. ¡Y don Elías no pudo resistir la separación! Esa es la historia. Para los clientes. ¿Quedó claro?

BETO:              ¡Dele.., vamos..! Que me viene a mi…

DAVID:            ¡Y tiene que quedar claro para la de Campobaso, para... para... todos! ¡Carajo! Orden de Sammy… ¿Quedamos?

BETO:                         Este Sammmy  no tiene idea de nada. ¡Peor que el... ru... de su padre! Que por lo menos era poeta.

DAVID:            Bueno, empezá a limpiar.

BETO:              ¡Estoy limpiando Marketing! ¿No me pidió que limpiara Marketing?

DAVID:            ¿Qué? ¿Ya liquidaste Autoayuda?

BETO:                         ¡Soy una luz! (Cerca.) ¿Qué le dije? (Mira a diestra y siniestra.) ¡Hoy no viene ni  un cliente!

DAVID:            La vidriera está llena de polvo.

BETO:              Hoy se juega la final. ¡Campeones mundiales!

DAVID:            ¡La vidriera está llena de polvo!

BETO:              Ahora le paso el plumero. (Sale hacia la puerta. Mutis.)

DAVID:            (Saca del bolsillo la carta de Beatriz. Le arrima un fósforo. Aparecen PEREYRA, BEATRIZ, JORGE, GERARDI,  MARILÚ... La llama consume la carta.) ¡Pobre… Beatriz! Jorgito… Vicky... Pobre… pobres… Isadora. Ah…ah…ah. ¡Ah...!
(Las apariciones se van. Gime desconsoladamente en un largo alarido casi sin fin. Luego va hasta la puerta.  Se oye, a lo lejos, la Marcha del Mundial 78.)

BETO:              ¿Ve? ¡Ni un puto cliente! (DAVID regresa hacia el sector del mostrador.)
¿Cerramos? Dele… don David. Hay medio equipo de River. El “Pato” Fillol, Alonso, Luque… Ortiz… ¡Pasarella!

DAVID:            No me digas don David.

BETO:                         Usted… don… Usted que le da por  escribir… ¡tendría que escribir sobre fútbol! Unos cuentitos. ¡Se los sacarían de la mano! (Sale a la calle y canta: Vamos, vamos, Argentina.)

DAVID:            Pereyra, Gerardi, don Elías, Vicky, Jorgito, Beatriz, Marilú…

BETO:              (Entra.) ¡Cerremos, David! ¡Argentina es una fiesta!

DAVID:            ¡Argentina es un cementerio! Está bien, cerremos.

BETO lo hace. DAVID cruza el salón hacia la puerta de calle. La Marcha del Mundial 78 ahora atruena

BETO:                         (Canta.) ¡Veinticinco millones de argentinos jugaremos el mundial! ¡Mundial...! La justa deportiva sin igual… ¡Mundial…! Un grito de entusiasmo universal…

DAVID:            Linda canción, che… ¡Verdaderamente linda! Los argentinos para las marchas somos fenómenos. ¿Cómo es?

BETO:              (Salta y canta.) ¡Veinticinco millones de argentinos jugaremos el mundial!

DAVID:            ¡Mundial…! Un grito de entusiasmo…

BETO:              ¡Universal...!

DAVID:            ¡Universal!

Saltan y cantan. Salen. Queda la librería sola.

 

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