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PERSONAJES
Profesor
Antonio


LA ACCION TRANSCURRE, ALTERNATIVAMENTE, EN EL DEPARTAMENTO DEL PROFESOR Y EN UN BAR CUALQUIERA DE BUENOS AIRES.
PERO LOS AMBITOS ESTAN APENAS SUGERIDOS. PARA EL DEPARTAMENTO DEL PROFESOR BASTA UNA CAMA Y UNA MESITA DE LUZ CARGADA DE CAJAS Y FRASCOS DE REMEDIOS. HAY, ADEMAS, UNA PEQUEÑA BIBLIOTECA Y LIBROS DESPARRAMADOS POR LA CAMA Y EL SUELO. EL BAR ESTA INDICADO POR UNA MESA REDONDA Y DOS SILLAS "THONET" , LO QUE INDICA QUE SE TRATA DE UNO DE LOS POCOS CAFES ANTIGUOS QUE SUPERVIVEN EN LA CIUDAD.
LOS POCOS ELEMENTOS PUEDEN SERVIR PARA UNO Y OTRO AMBIENTE, DE ACUERDO CON LAS NECESIDADES DE LOS PERSONAJES.
CUANDO LAS LUCES CONECTAN AL ESPECTADOR CON EL ESCENARIO ESTAN LOS DOS PERSONAJES EN ACTITUD DIAMETRALMENTE OPUESTA.
EL PROFESOR ES UN HOMBRE DE ALGO MAS DE CINCUENTA AÑOS. NO ES NECESARIO QUE TENGA LA CLASICA FIGURA DEL INTELECTUAL. MAS BIEN PARECE UN TIPO DE BARRIO Y -QUIZAS- UN EX FUTBOLISTA.
FISICAMENTE REPRESENTA LA EDAD QUE TIENE PERO CUANDO HABLA Y ACTUA PARECE UNOS AÑOS MENOR. ESTA TIRADO EN LA CAMA, ESCRIBIENDO A MANO EN UN CUADERNO, CON SUS ANTEOJITOS PARA VER DE CERCA CALADOS EN LA PUNTA DE LA NARIZ.
ANTONIO ESTA SENTADO EN LA MESA DEL BAR BEBIENDO CONTINUAMENTE GINEBRA. ES UN JOVEN DE VEINTE AÑOS QUE ESTA A PUNTO DE EXPLOTAR. VISTE UN ATUENDO DEPORTIVO Y A SUS PIES DESCANSA UN BOLSO AJADO POR EL USO. TIENE UN ROSTRO SENSIBLE E INTELIGENTE, PERO CON UNA EXPRESION QUE, A PRIMERA VISTA, HACE PRESUMIR UN TIPO VIOLENTO. EN REALIDAD, NO ES MAS QUE UN CHICO ACORRALADO, CON UNA GRAN IRRITACION.
DURANTE UN INSTANTE, EL ESPECTADOR TENDRA ANTE SI ESTAS DOS IMAGENES CONTRAPUESTAS.
HASTA QUE EL PROFESOR, LUEGO DE LEER LO QUE ESTA ESCRIBIENDO DICE, PARA SI:

PROFESOR : Que el tutor esté enamorado de Julio, está claro... Ella es muy joven... hermosa... ¿Pero qué es lo que a Julia le atrae del tutor? ¿Nada más que la inteligencia? Desea físicamente al teniente de húsares, pero se siente atraída intelectualmente por el viejo tutor. (PIENSA) Es muy convencional.
(ARRANCA LA HOJA, LA ESTRUJA Y LA TIRA AL SUELO. VUELVE A ESCRIBIR)
(ANTONIO, AJENO AL PROFESOR, HA ESTADO BEBIENDO HASTA QUE ESTALLA)
ANTONIO : (CON VIOLENCIA CONTENIDA) ¡Déjela tranquila a Cecilia, viejo degenerado! ¡O le rompo el alma a patadas!
(EL PROFESOR -DESTINATARIO DE LA AGRESION- DEJA DE ESCRIBIR, SE QUITA LOS ANTEOJOS Y DICE TRANQUILAMENTE)
PROFESOR : Me parece una conversación desagradable.
(EN TODA LA ESCENA SIGUIENTE EL PROFESOR SE LEVANTA DE LA CAMA Y PRACTICARA TODAS LAS ACCIONES DE QUIEN SE PREPARA PARA SALIR)
ANTONIO : ¿Por qué le dice las cosas que le dice?
PROFESOR : (MIENTRAS SE CEPILLA LOS DIENTES) No quiero mantener una conversación en ese tono. Si querés hablar, hablamos. Dijiste que querías hablar conmigo.
(MIENTRAS EL PROFESOR CONTINUA CON SUS PREPARATIVOS ANTONIO LO OBSERVA)
ANTONIO : (CON TONO DE COMPROBACION) ¡Es un viejo! Cecilia me dijo: "es un hombre grande" Pero es un viejo.
PROFESOR : Depende para qué. A mi edad Thomas Mann escribió "La Montaña Mágica". Goya pintó "Los Fusilamientos" y Tchaikovsky compuso la sinfonía "Patética". Y Bach tuvo hijos. Así que para eso también estoy en edad.
(EL PROFESOR ESTA EN CALZONCILLOS, PONIENDOSE LOS PANTALONES. ANTONIO VUELVE A OBSERVARLO)
ANTONIO : No la entiendo a Cecilia... Se puede ser viejo, pero tener pinta.
PROFESOR : Nunca recibí tantos elogios juntos. Viejo y viejo de mierda al mismo tiempo.
(EL PROFESOR SEGUIRA VISTIENDOSE)
ANTONIO : ¿Pero no se da cuenta que es una nena?
PROFESOR : Supongo que si está en la universidad, es mayorcita. La ley me protege.
ANTONIO : ¡Tiene diecisiete años! Y usted lo sabe. Ella se lo dijo el día que se fueron a caminar por los bosques de Palermo.
PROFESOR : ¿Por los bosques de Palermo?
ANTONIO : Usted le preguntó: "¿qué edad tenés? Ella le dijo: diecisiete. Y usted le dijo: "¿No te da vergüenza?" A ella le pareció muy gracioso.
PROFESOR : ¡Es muy gracioso! Tener diecisiete años es casi una obscenidad.
ANTONIO : (AMENAZANTE) ¡Lo único que le digo es que la deje tranquila!
PROFESOR : ¡Bueno, basta! Cuando me llamaste por teléfono dijiste que querías hablar conmigo. ¡Hablar!
ANTONIO : ¿Sabe de qué tengo ganas ahora? ¡De pegarle una trompada!
PROFESOR : ¿Y por qué no me pegás?
ANTONIO : Porque es un viejo.
PROFESOR : Eso es una ventaja. Espero que el año que viene ya me empiecen a dar el asiento en los colectivos.
ANTONIO : ¿La va a dejar tranquila?
PROFESOR : Insisto en que se trata de una conversación desagradable. Cecilia es una alumna que tiene ganas de charlar con su profesor. Eso es todo. ¡Pero, de pronto, aparece Otelo dispuesto a clavar su daga en el cuello de un inocente que sólo desea que Desdémona entienda, de una vez por todas, que la literatura es un arte cuyo único secreto está en que la palabra alcance la estatura de la imagen! Entre paréntesis... ¿Sabés quiénes fueron Otelo, Yago y Desdémona?
(ANTONIO SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR)
ANTONIO : Usted se la quiere coger.
PROFESOR : (DESPUES DE RECIBIR EL IMPACTO, RECUPERA SU HUMOR) ¡Ah, por supuesto! ¿Qué hombre de mi edad, con sus hormonas en condiciones, rechazaría acostarse con una joven de diecisiete años? Yo tengo seis cursos... En total... (CALCULA) Más de sesenta mujercitas menores de veinte años. Te diré que, salvo tres o cuatro, no rechazaría a ninguna.
ANTONIO : ¡Usted es un viejo degenerado!
PROFESOR : (MANTIENE SU TONO BURLON) ¡Pero con algunos principios! (CAMBIA EL TONO, PARA DEMOSTRAR QUE HABLA EN SERIO) Jamás me acuesto con mis alumnas. (RECUPERA SU ESTILO IRONICO) Ahora... una vez que se gradúan... Conozco el caso de algunas alumnas que terminaron su carrera con el único propósito de conocer mi cama. ¡No sabés lo que es mi casa la semana siguiente a la finalización de los cursos! ¡Un desfile! (A PARTIR DE AQUI MIMARA EL RELATO) Suena el timbre... ¿Señorita? "Soy licenciada en letras". ¿Su diploma? ¡Muy bien! ¡A la cama! (LE HABLA CONFIDENCIALMENTE) Es más... Yo reprobé a Simone De Beauvoir porque pensé... "Esta vieja fulera estudia letras para poder acostarse conmigo". ¿Sabés quién fue Simone De Beauvoir?
ANTONIO : No.
PROFESOR : Lo lamento. Te perdiste un buen chiste.
(EL PROFESOR SE SIGUE PREPARANDO PARA SALIR. ANTONIO NO DEJA DE MIRARLO)
ANTONIO : En la foto parecía más joven.
PROFESOR : ¿Qué foto?
ANTONIO : La que salió en el diario.
PROFESOR : (SIMULA NO RECORDAR) ¿Qué diario?
ANTONIO : La vez pasada... ¡Que se hablaba de usted! Cecilia me la mostró.
PROFESOR : (MIENTE) ¿En el diario...?
ANTONIO : Recortó el artículo y lo lleva en el cuaderno. Se la pasa mirando su foto.
PROFESOR : ¿Pero qué foto?
ANTONIO : Esta. (SEÑALA UNA FOTO PEGADA EN LA PARED)
PROFESOR : ¡Ah...! ¡Pobre Cecilia! Cree en el prestigio de los suplementos literarios. Es muy ingenua.
ANTONIO : Cuando vi la foto se lo dije. No es tan viejo.
PROFESOR : Es una foto de archivo. En esa época todavía no me orinaba encima. Y tenía más pelo.
(SE HACE UNA PAUSA. EL PROFESOR TOMA UN REMEDIO Y SE SIRVE UNA TAZA DE TE. ANTONIO SIGUE BEBIENDO GINEBRA. AL FINAL DICE:)
ANTONIO : Cecilia dice siempre que usted es muy seductor. No la entiendo.
PROFESOR : Ah... No pretendas entender nunca a una mujer. No lo vas a conseguir. Mi primera esposa me dijo un día: "quiero tomar un helado en Plaza Francia". Yo no tenía muchas ganas, pero... ¡bue! ¡Fuimos a tomar un helado en Plaza Francia". Estábamos tomando el helado y, de pronto, se puso a llorar. "¿Pero qué te pasa? ¿Por qué llorás?" "Porque vos no me comprendés" "¿Pero, por qué. Qué te hice?" "¿Como no te diste cuenta que lo que yo quería era tomar un café en San Telmo?" Nos separamos, por supuesto. Mi segunda mujer, me dijo un día... "Quiero tomar un helado en Plaza Francia" A esa altura, te imaginás, yo era un hombre de experiencia. Le dije: "Bueno". Agarré el auto y... (HACE GESTO DE ANDAR) Cuando vió que cruzábamos Independencia se empezó a poner inquieta. "¿A dónde me llevás?" "Esto no es Plaza Francia" (COMPONE A UN DURO) "Yo sé lo que a vos te gusta" La bajé del auto a cachetazos y la metí en un bar de San Telmo. Pedí dos cafés. Ella empezó a tirar sillas contra la pared... rompió dos espejos... arañó a cuatro mozos, mientras gritaba: "¡Quiero tomar un helado en Plaza Francia!" Así terminó mi segundo matrimonio... Con las mujeres hay dos momentos maravillosos: el primero cuando las tenés encima y el segundo cuando te las sacás de encima.
(COLOCA LA TAZA DE TE SOBRE LA MESA Y SE SIENTA FRENTE A ANTONIO QUE SIGUE MUY TENSO Y BEBE CON ANSIEDAD)
Calmate.
ANTONIO : (SE AFLOJA) Quiero pedirle perdón por lo que le dije.
PROFESOR : A mi edad, viejo degenerado suena casi a un elogio. No hubiera soportado que me dijeras viejo aburrido.
(PAUSA)
PROFESOR : ¿Cómo te llamás?
ANTONIO : Antonio.
PROFESOR : Como Machado.
ANTONIO : ¿Cómo quién?
(EL PROFESOR SONRIE IRONICAMENTE, ANTONIO REGISTRA EL GESTO Y REACCIONA AGRESIVO:)
ANTONIO : No. Como Alzamendi.
PROFESOR : ¿El puntero de River...? ¿El uruguayo? A mí me gustaba cuando jugaba en Independiente, pero ya no tiene la misma velocidad de antes.
(ANTONIO RECIBE EL IMPACTO. NO ESPERABA QUE ESTE INTELECTUAL SUPIERA TAMBIEN DE FUTBOL. EL PROFESOR LO ADVIERTE Y DIRA CON LA MISMA PEDANTERIA) ¿Qué te extraña? Siempre les digo a mis alumnos que vean fútbol. Es un espectáculo hermoso. (ANTONIO NO RESPONDE) Hay un tiempo para Shakespeare... otro tiempo para Bach... y otro para Pelé. ¿Sabés quién era Pelé?
ANTONIO : No me cargue más.
PROFESOR : La vez pasada dije en una clase que el mayor placer que puede vivir el hombre contemporáneo es ver el gol que Maradona le hizo a los ingleses... Pero las cien mil personas no gritan "gol". Corean, armónicamente, el Canto a la Alegría de la novena sinfonía de Beethoven. (COREA LA NOVENA SINFONIA DICIENDO GOL, GOL, GOL) ¡Un orgasmo intelectual!
(EL PROFESOR, MUY SATISFECHO CONSIGO MISMO, SACA UNA CAPSULA Y LA BEBE CON EL TE. ANTONIO NO LE SACA LOS OJOS DE ENCIMA, HASTA QUE DICE:)
ANTONIO : ¿La va a dejar tranquila?
PROFESOR : ¿Qué querés decir?
ANTONIO : (SE ALTERA) Que no la joda. Que no la busque más. Que no la lleve a pasear por los bosques de Palermo.
PROFESOR : ¡Y dale con los bosques de Palermo! ¿Acaso Sócrates no le enseñaba a sus alumnos caminando por los jardines de Atenas?
ANTONIO : Eso es lo que usted le dijo para llevársela a los bosques de Palermo.
(EL PROFESOR QUEDA DESCOLOCADO, PERO MANTIENE SU GESTO IRONICO. ANTONIO INSISTE:)
ANTONIO : Cecilia me lo contó. Que usted le dijo: vamos a caminar por los bosques de Palermo. Como Sócrates.
PROFESOR : Y si...
ANTONIO : Y después le contó que Sócrates fue condenado por pervertir a la juventud.
PROFESOR : ¡Es un hecho histórico! (POR PRIMERA VEZ PIERDE SU POSTURA) ¡Pero qué situación desagradable! ¿Qué es esto? Un jovencito me viene a mi casa... primero me insulta... después me invita a tomar un café para charlar... Y termina diciéndome que trato de seducir a su noviecita. Una muchacha que, por otra parte, sabe lo que quiere.
ANTONIO : (EXPLOTA) ¡No sabe lo que quiere! Está confundida.
PROFESOR : De última... ¡es una alumna! Es mi responsabilidad. Esa chica tiene talento. Pero va a tener que trabajar en serio.
ANTONIO : Cuando empezaron las clases me dijo que usted la miraba mucho.
PROFESOR : ¡Pero no te digo! Esa chica tiene algo. Oíme... estoy cansado de darle clases a chiquilines mediocres... Uno se pregunta para qué mierda se dedican a la literatura.
ANTONIO : Y cuando charlaron en el tren...
PROFESOR : (LE RESTA IMPORTANCIA) Ah, sí... Nos encontramos de casualidad.
ANTONIO : Cecilia me contó que usted iba para el centro y ella para Pilar, a la casa de la tía. Que le dijo desde el andén de enfrente que lo esperara... Usted cruzó las vías.
PROFESOR : ¿Cómo que crucé las vías? ¿Qué? ¿Voy a hacer un papelón delante de todo el mundo? Crucé el andén como se debe cruzar.
ANTONIO : (OBCECADO) Pero cruzó el andén.
PROFESOR : ¡Y sí! Tenía que hacer tiempo. Me daba lo mismo ir al centro que ir a Pilar.
ANTONIO : Cuando me lo contó, le dije: te quiere coger. (EL PROFESOR VA A PROTESTAR. ANTONIO SIGUE Y DICE, COMO SI LE HABLARA A CECILIA:)
Escuchame... un tipo que se cruza la vía...
PROFESOR : ¡No crucé la vía!
ANTONIO : Que se cruza el andén... a la edad de él...
PROFESOR : (EXPLOTA) ¡Qué tiene que ver la edad! Hay viejos de ochenta... y pibes de quince... ¡y se la pasan de un andén a otro!
ANTONIO : (INSISTE) Lo que yo le explicaba a Cecilia... Un tipo como él... un profesor... un escritor... que tiene miles de cosas que hacer... Está en el andén de enfrente... Te ve. Se cruza... y se va hasta Pilar... ¡Dejame de joder! ¿Para qué? ¿Para hablarte de literatura?
PROFESOR : Y sí. Hablamos de literatura.
ANTONIO : (SIGUE EN LO SUYO) ¡Ese tipo te quiere coger! Después te invita a caminar por los bosques de Palermo...
PROFESOR : ¡Y dale con los bosques de Palermo! Ya te lo expliqué.
ANTONIO : ¿Qué está buscando? ¡Te quiere coger! Y se lo dije: acostate con él.
PROFESOR : (RECUPERA SU TONO CINICO) No sería mala idea. Pero ya te dije: jamás me acuesto con mis alumnas. Es una cuestión de principios.
(EL PROFESOR COMENZARA A DESPRENDERSE DEL BAR. TOMA LA TAZA DE TE Y LA COLOCA SOBRE LA MESITA DE LUZ. INGIERE UN REMEDIO Y SE TIRA EN LA CAMA. SACA UN CUADERNO Y SE PONE A ESCRIBIR. AL MISMO TIEMPO DICE:)
Eso sí: hacé esfuerzos para que no se gradúe.
ANTONIO : (CON DOLOR) Yo la amo, profesor. Y no quiero perderla.
PROFESOR : No seas convencional.
(EL PROFESOR YA ESTA ACOSTADO ESCRIBIENDO. ANTONIO BEBE. SE HACE UNA PAUSA. HASTA QUE ANTONIO TOMA UNA DECISION. SALE DEL BAR Y SE QUEDA PARADO UN INSTANTE FRENTE A LA CAMA DEL PROFESOR QUE SIGUE ESCRIBIENDO. FINALMENTE, EL PROFESOR DEJA A UN COSTADO EL CUADERNO Y DICE:)
PROFESOR : Pasá y sentate.
(ANTONIO TOMA LA SILLA DEL BAR, LA ACERCA A LA CAMA Y SE SIENTA)
(EL PROFESOR SIGUE ESCRIBIENDO)
ANTONIO : Lo interrumpí.
PROFESOR : (DEJA EL CUADERNO A UN COSTADO) Está bien. (ECHA GOTAS DE UN REMEDIO EN UN VASO)
ANTONIO : Lo siento.
PROFESOR : No importa.
ANTONIO : Justo estaba escribiendo.
PROFESOR : Y te lo agradezco. Me aburre escribir.
(ANTONIO HACE UN GESTO DE INCREDULIDAD)
¡En serio! ¡No sabés que alivio cuando alguien me interrumpe! ¡Y lo que me cuesta, a veces, encontrar una excusa para no escribir! ¡Te agradezco que hayas venido!
(EL PROFESOR BEBE EL REMEDIO. ANTONIO LO MIRA)
ANTONIO : En serio. No quise interrumpirlo.
PROFESOR : (LE GRITA) ¡Y yo te lo agradezco! ¡Me aburre escribir! ¡Porque soy un escritor aburrido! ¡Y el primero que se aburre soy yo! Imaginate los lectores... (BREVE PAUSA) Me divierte la idea que la gente tiene de los escritores. Influencia del cine norteamericano. ¿No viste esas películas? ¡Dostoiewsky! Escribe... escribe... sufre... se caga de frío... Pasan las carillas... pasan las carillas... ¡En cinco minutos se escribió "Crimen y castigo"! ¡Y claro! No se podía interrumpirlo. Si alguien golpeaba la puerta en el momento en que Raskolnikov iba a matar a la vieja... No había crimen... y entonces Dostoiewsky hubiera escrito una novela titulada "La tranquila vida del señor Raskolnikov". Y nos perdíamos uno de los monumentos de la literatura. (MIRA A ANTONIO) ¿Entendiste? (ANTONIO HACE UN GESTO DE ACEPTACION) Cecilia se hubiera reído a carcajadas. Esa chica me entiende. (TRANSICION) Ah, te aclaro. No me acosté con ella. Ni siquiera pude hablarle. Hace una semana que no viene a mis clases.
ANTONIO : Por eso quería hablarle.
(SE PRODUCE UNA PAUSA CREADA POR EL TIEMPO QUE SE TOMA ANTONIO PARA HABLAR. PEDIRA PERMISO PARA SERVIRSE UNA GINEBRA DE LA BOTELLA QUE ESTA EN LA MESA DEL BAR. LUEGO DIRA:)
Cecilia estuvo muy mal. Quería dejar las clases. (EL PROFESOR LO MIRA) Sus clases.
PROFESOR : (AMENAZANTE) Sos vos el que no quiere que venga a mis clases...
ANTONIO : (SE ENCRESPA) ¡Eso no es cierto!
PROFESOR : ¿No te das cuenta que para ella es muy importante...? Como escritora...
ANTONIO : (SE IMPONE) ¡No es cierto! ¿Quiere que le diga una cosa? ¡Estuvimos dos días hablando...! ¡Dos días sin parar! ¡Y no le estoy exagerando! Desde el miércoles a las dos de la tarde hasta el viernes al mediodía.
PROFESOR : A tu edad yo era capaz de estar dos días...
ANTONIO : (SE IMPONE) Ella me dijo que quería dejar sus clases. Así empezó todo. Yo le dije que no. ¡Que nos iba a joder! (SE ALTERA) ¿No se da cuenta que yo quiero lo mejor para ella?
PROFESOR : No creo en la bondad. Y menos en la tuya.
(ANTONIO BEBE. SE HACE UNA PAUSA)
PROFESOR : ¿Va a volver a las clases?
(ANTONIO ASIENTE. EL PROFESOR, ABSTRAIDO, SE SIRVE GINEBRA Y ALZA LA COPA HACIA ANTONIO) Por el amor de los jóvenes. (BEBE) (MIRA A ANTONIO) Cuarenta y ocho horas... (SABIENDO QUE NO ES ASÍ) ¿Qué? ¿Se recorrieron todos los bares de Buenos Aires?
ANTONIO : Un amigo me prestó el departamento. Se va de viaje. Pero fue muy hermoso. Es la primera vez que toco fondo con alguien.
PROFESOR : Nunca vas a tocar fondo con nadie, salvo que quieras conocer el infierno. ¿Leíste a Sartre?
(ANTONIO NIEGA)
Era mi escritor preferido cuando tenía tu edad. (LE ACLARA:) Un escritor de este siglo, ¿eh?
(ANTONIO SONRIE)
No te creas... Siempre pienso que uno de estos días algún alumno me va a preguntar si conocí personalmente a José Hernández.
(ANTONIO RIE FRANCAMENTE)
¿Te reís? El año pasado una alumna, una enana miserable, me preguntó si había conocido a Roberto Arlt.
(COMO SI LE HABLARA A LA ALUMNA:)
¡Nena...! Roberto Arlt murió en 1942.
ANTONIO : El año que nació mi viejo. Pero usted parece mayor que él.
PROFESOR : (SE PONE MAL) Yo soy mayor que todos.
ANTONIO : Digo... Pudo haberlo conocido.
PROFESOR : (SE VA CARGANDO) ¡Lo conocí! Yo salía del colegio con un globo en la mano y Roberto Arlt me lo hizo explotar con un cigarrillo. Yo me puse a llorar y Roberto Arlt salió corriendo mientras gritaba: "Ya tengo la idea para el `Juguete Rabioso'".
(ANTONIO RIE FRANCAMENTE. EL PROFESOR BEBE. LA RISA DE ANTONIO LO AFLOJA. TOMA EL CUADERNO Y HACE UNA ANOTACION. LE ACLARA:)
Me puede servir para un cuento.
(EL PROFESOR SE QUEDA UN INSTANTE MIRANDO AL JOVEN)
Me caés bien. Y es raro, porque los jóvenes me rompen las pelotas.
ANTONIO : (INSINUANTE) Pero las jóvenes, no.
PROFESOR : Las jóvenes también me rompen las pelotas. Sólo que con las lindas soy más tolerante. La vez pasada vino a verme una ex alumna... Hermoso mujer... Un poco vieja... Veintisiete años...
(ANTONIO COMENZARA A DIVERTIRSE)
Bueno... estábamos en la cama, a punto ya de... Y no va y me dice: "Quiero recorrer la geografía de tu piel". (EXPLOTA) ¡Ah, no! ¡Cursilerías, no! ¡No pude! ¡La eché! Y estaba muy buena. Pero si la dejaba me iba a decir: "penétrame", "hazme tuya", "correteemos desnudos por las verdes colinas de Yonshire". ¡Un disparate!
(ANTONIO RIE A CARCAJADAS. ESTO ESTIMULA AL PROFESOR)
Y tendría que haberme dado cuenta. ¡Pero soy un pelotudo! Porque me trajo un cuento... ¡No sabés! (FALSAMENTE LLOROSO) ¡Cómo se puede escribir "cual la salida del sol"! ¡"Cual la salida del sol"! Se lo dije: "Es como vender choripanes en la Capilla Sixtina mientras tocan `El Mesías' de Haëndel".
(ANTONIO LANZA OTRA CARCAJADA. EL PROFESOR BEBE SATISFECHO POR EL EFECTO DEL CUENTO. ADMITE:)
Fue una frase feliz. Ella también se rió. Como vos. Inclusive, ahí empezó todo. Porque, como ella se rió... yo la abracé y... El humor es una buena estrategia. Afloja. Es permisivo, ¿entendés?
(ANTONIO LO MIRA SIN ENTENDER)
Quiero decir... Vos a una mujer no le podés decir brutalmente, ¡vamos a la cama!
ANTONIO : ¿Por qué no?
PROFESOR : ¿¡Cómo por qué!? Porque no es manera. ¿Cómo vas a llegar a la cama sin una frase inteligente?
ANTONIO : Yo a Cecilia nunca le dije una frase inteligente.
PROFESOR : ¿Y qué? ¿Le dijiste vamos a la cama y ella fue a la cama? ¡Como una puta!
ANTONIO : No. Le dije "qué hermosa sos".
PROFESOR : No es muy original. ¿Y ella qué dijo?
ANTONIO : Vos también sos hermoso.
PROFESOR : ¡Y se fueron a la cama!
ANTONIO : No... La historia empezó en un colectivo. Ahí la conocí. Yo me senté al lado. Nos miramos... Yo le dije: "qué hermosa sos". Ella me dijo: "vos también sos hermoso".
PROFESOR : (ENOJADO) ¡Y se acostaron en el colectivo!
ANTONIO : (DIVERTIDO) No... Fuimos a tomar un café. Charlamos... Y terminamos en el departamento de un amigo.
PROFESOR : ¡El que se va de Buenos Aires!
ANTONIO : No... en la casa de otro amigo. Es músico.
PROFESOR : ¿Y qué? ¿Les tocaba la marcha nupcial en el armonio?
ANTONIO : (RIENDO) No... Tiene guita. Bah... la familia tiene guita. Vive en una casa muy grande... En el fondo tiene un estudio para él solo.
PROFESOR : De todas maneras... Lo que quiero decirte es que las palabras ejercen seducción. Yo me acuerdo... (BEBE OTRO TRAGO Y REFLEXIONA) Puta... No tendría que tomar. (SIGUE CON EL RELATO:) Una hermosa mujer... ¡Pero complicada! Salimos varias veces... Le gustaba mucho la pintura. Ibamos a exposiciones... coloquios sobre plástica... (CAMBIA DE CONVERSACION) Le dije a Cecilia que tiene que acercarse a la pintura. La imagen pura. Como la poesía. La palabra pura. Sólo hay arte en la poesía y en la pintura. Todo lo demás es pura estrategia. El puto ingenio. (DA POR TERMINADA LA CONVERSACION)
ANTONIO : ¿Y qué pasó con la mujer ésa?
PROFESOR : ¿Qué mujer? ¡Ah, sí...! Ibamos a exposiciones... prácticamente todos los días. Y también le gustaba la música medieval. Me acuerdo que en esa época había un conjunto muy bueno Zárate. Y los sábados íbamos a escucharlo.
(SE QUEDA UN INSTANTE MIRANDO A ANTONIO)
No sé por qué te cuento todo esto.
ANTONIO : Porque a las mujeres hay que hablarles.
PROFESOR : ¡Ah! Una mujer que ni dejaba que le agarraran la mano. Y una noche... eran como las tres de la mañana... estábamos en un bar... ya no teníamos de qué hablar y salió el tema de la ecología... (EL PROFESOR HA COMENZADO A PONER EN MARCHA SU HISTRIONISMO. ANTONIO LO ADVIERTE)
Con una intelectual a las tres de la mañana... O estás en la cama o hablás de ecología.
(ANTONIO SE RIE)
¡Ecologista! ¡Preocupada por la extinción de las ballenas! ¡Qué carajo me importan las ballenas!
(ESPERA, BEBIENDO OTRO TRAGO, QUE ANTONIO CALME SU RISA)
Bue... después que lloramos durante horas por los pobres cetáceos... Me pregunta: "¿Cómo se mata a las ballenas?". (MIMA LA RESPUESTA QUE LE DIO A LA MUJER) "Con la indiferencia".
(ANTONIO LANZA LA CARCAJADA. EL PROFESOR RIE TAMBIEN)
¡Y ahí le agarré la mano! A la hora estábamos en la cama. Me dijo: ¡Fue una frase brillante! (BEBE) Una vieja como de treinta años. Y los pechos más hermosos que vi en mi vida. Grandes, pero como si fueran de una adolescente.
(SE HACE UNA PAUSA. EL PROFESOR COMENTA, COMO AL PASAR:)
Cecilia... quiero decir... (SE ROZA EL TORSO) Es más bien chata...
ANTONIO : ¿Cecilia?
PROFESOR : ¡Oíme...! Yo no ando mirando. Digo... las clases son en invierno... ella usa esos pulóveres amplios...
ANTONIO : Cecilia es tetona. Anda jodiendo con que se las quiere achicar. Está loca. Primero, que a mí me gustan grandes...
PROFESOR : (ALCANZA A DECIR) A mí también...
ANTONIO : Además... Si las tiene duras. Pero le da vergüenza. Entonces se las esconde.
(SE HACE UNA PAUSA. EL PROFESOR SE QUEDA PENSATIVO)
PROFESOR : Esa chica tiene talento. Escribió un poema... (LE DICE COMO SI ANTONIO SUPIERA DE CUAL SE TRATA) El de los adolescentes en la playa.
ANTONIO : (ALGO RESENTIDO) Ella no me muestra lo que escribe.
(NUEVA PAUSA. ANTONIO SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR:)
Una vez me mostró uno y le dije "no sé, no lo entiendo". Me dijo que a usted le había gustado mucho. Uno que hablaba sobre el "pito del tipo".
PROFESOR : Uno de los primeros.
ANTONIO : No lo entendí.
PROFESOR : Son búsquedas. Ella está buscando su propio lenguaje. Su identidad.
ANTONIO : Todo lo que le pregunté era si el tipo del pito era yo. Me dijo que no lo sabía.
PROFESOR : ¡También! ¿A quién se le ocurre preguntarle a un escritor sobre el origen de sus imágenes? La gente no acepta la locura del creador. ¡Todo tiene que tener una explicación! Uno de mis primeros cuentos empezaba: "Yo tenía un tío que tocaba el trombón". ¡Si supieras la cantidad de parientes que me llamaron para preguntarme cuál era el tío que tocaba el trombón!
(RIE SATISFECHO POR LA HUMORADA)
ANTONIO : Cecilia me dijo que usted le preguntó lo mismo.
(EL PROFESOR LO MIRA DESCONCERTADO. ANTONIO LE ACLARA:)
Que usted le preguntó si el tipo del pito era usted.
PROFESOR : Pero cómo yo... ¡Justo yo que lo único que les enseño es que un escritor es la palabra en libertad! Eso es todo lo que quiero que aprendan. Se los digo en cada clase... se los repito... ¡Liberen la palabra! ¡No se pregunten de dónde sale! ¡La palabra en libertad! ¡Eso es un escritor: la palabra en libertad!
ANTONIO : (INSISTENTE) Cecilia me lo contó.
PROFESOR : ¡Habrá sido una broma! Cecilia es muy joven y... (EXPLOTA) ¡Pero te cuenta todo!
ANTONIO : Cada cosa que usted le dice.
(EL PROFESOR LO MIRA UN INSTANTE)
Nosotros siempre nos decimos la verdad.
PROFESOR : (SE ENCRESPA) ¿Qué verdad? ¡La verdad no existe! Lo único que existe es la poesía. Proust dice que lo que nos atrae de los demás es su parte desconocida. ¿Leíste "En busca del tiempo perdido"?
(ANTONIO APENAS ALCANZA A DECIR QUE NO. EL PROFESOR REVUELVE ENTRE SUS LIBROS. MIENTRAS DICE:)
PROFESOR : Tiene que estar por acá. Hace poco lo estuve releyendo.
(DESCUBRE UN LIBRO Y SE LO TIENDE A ANTONIO)
¿Lo leíste?
(ANTONIO TOMA EL LIBRO, LO MIRA Y NIEGA CON LA CABEZA)
Se pronuncia Bodeler.
ANTONIO : (MOLESTO) Lo conozco.Cecilia me prestó uno que se llamaba "Las flores del mal". También leí a Rimbaud. (LO PRONUNCIA CORRECTAMENTE)
(EL PROFESOR LO MIRA UN INSTANTE)
Pero se lo dije a Cecilia. Me gustan más las novelas policiales. Ella se enojó.
PROFESOR : Eso te pasa por decir la verdad. Nunca hay que decir la verdad. Y menos a una mujer.
(EL PROFESOR ENCUENTRA EL LIBRO QUE BUSCABA Y LO HOJEA)
ANTONIO : Yo no le conté a Cecilia que usted y yo nos vimos.
PROFESOR : (MIENTRAS SIGUE BUSCANDO) Me parece muy bien.
ANTONIO : Pero tengo que contárselo.
PROFESOR : ¿Para qué? (ENCONTRO EL PARRAFO QUE BUSCABA) ¡Escuchá! (LEE) "Se ha dicho que el silencio es una fuerza terrible" (LEVANTA LOS OJOS DEL LIBRO Y LE REPITE) ¡Terrible! (VUELVE AL LIBRO) "Cuando está a disposición de aquéllos que son amados" ¡El silencio!
ANTONIO : ¿Y si se lo cuenta usted? (ACLARA) si usted le cuenta a Cecilia que nos vimos.
PROFESOR : No tengo por qué contárselo.
(PAUSA)
ANTONIO : ¿Va a volver a hablar con ella?
PROFESOR : ¿Por qué no? (LO MIRA) ¿Vos no querés que hable con ella?
(ANTONIO BEBE UN TRAGO DE GINEBRA. SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR:)
ANTONIO : Yo creo que Cecilia está enamorada de usted.
(EL PROFESOR SE QUEDA UN INSTANTE MIRANDOLO)
PROFESOR : ¿Por qué suponés que está enamorada de mí?
ANTONIO : (EXPLOTA) ¡Porque está enamorada de usted! Yo no soy ningún boludo. ¡Está enamorada de usted! Me acuerdo el día que empezó las clases. Yo la estaba esperando a la salida y le pregunté ¿qué tal el nuevo profesor? ¿Sabe qué me contestó? "Cuando entró pensé: tiene cara de aburrido. A los diez minutos me dí cuenta que era un hombre del que podía enamorarme". Así me dijo.
PROFESOR : Me suele suceder. Pasar desapercibido, hasta que me dejan hablar. Pero no te preocupes. Al tiempo dicen: "Es cierto. Era aburrido". Como un personaje de Chejov.
(EL PROFESOR SE QUEDA MIRANDO A ANTONIO QUE HA VUELTO A CAER EN UN ESTADO DE CONTENIDA ANGUSTIA. SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR:)
Yo voy a hablar con Cecilia.
ANTONIO : (EXPLOTA) ¡No! ¡Justamente, no! No hable con ella... No le diga nada. Ella va a ir a sus clases, porque son importantes. Pero, por favor... ¡Déjela tranquila! Todo está bien ahora entre nosotros.
PROFESOR : Pero yo sólo quiero hablarle para ayudarte.
ANTONIO : ¡Por favor! (BREVE PAUSA. LE RECLAMA:) Prométame que no le va a hablar, prométamelo... Prométamelo.
PROFESOR : Está bien. Te lo prometo. Empeño el silencio.
(EL PROFESOR SE TIRA EN LA CAMA A ESCRIBIR. ANTONIO SACA DEL BOLSO ALGUNA PRENDA Y SE CAMBIA HASTA ADQUIRIR UN ASPECTO DE ALGUIEN QUE PRACTICA DEPORTES. EXTRAE UNA TOALLA Y SE "SECA" EL PELO. ENTRETANTO MIRA AL PROFESOR QUE ESCRIBE)
ANTONIO : Supongo que no me estará poniendo como personaje... (EL PROFESOR LO MIRA. LE ACLARA:) Lo que escribe. No me estará escribiendo a mí.
PROFESOR : No. Esta historia pasa durante las invasiones inglesas. No tenés lugar en esta historia. Salvo que convierta al teniente de húsares en un pendejo, gran fornicador. (TRANSICION) ¿Y por qué no?
ANTONIO : Debe ser lindo escribir. Usted tendría que conocer mi familia. ¡Qué novela escribiría!
PROFESOR : ¡Yo no sé qué cree la gente de los escritores! "Ay, señor, si conociera mi vida, qué novela escribiría"... Tendría que conocer a mi familia. En realidad no quieren escribir a la familia. Quieren destruirla. Y le piden a uno que sea el verdugo.
(EL PROFESOR SE HA QUEDADO RELEYENDO LO QUE ESCRIBIO. ARRANCA LA HOJA, LA ESTRUJA Y LA TIRA AL SUELO)
PROFESOR : ¿Qué pasa con Cecilia? Yo no la veo nada bien. Esa chica está muy angustiada.
ANTONIO : Ayer pasamos la noche juntos. En el departamento de mi amigo. Cogimos como nunca. Después se puso a llorar, se abrazó a mí y se quedó dormida. Esta mañana estaba bien.
PROFESOR : Tomemos unas ginebras, ¿eh?
(ANTONIO SE SIENTA JUNTO A LA MESA DEL BAR. EL PROFESOR TOMA LA BOTELLA DE GINEBRA, UN VASO Y OCUPA LA OTRA SILLA. EL PROFESOR BEBE UN LARGO TRAGO. SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR:)
Lo estuve pensando... Voy a invitarla a Cecilia a tomar un café. Quiero hablar con ella.
ANTONIO : (SE PONE MUY MAL) ¿Pero para qué?
PROFESOR : ¡Porque quiero hablar con ella! ¿O acaso te tengo que pedir permiso?
ANTONIO : La va a joder. ¿No se da cuenta que la va a joder?
PROFESOR : ¿Pero en qué la voy a joder? ¿No me dijiste que está bien? Anoche fornicaron hasta las cinco de la mañana... ella lloró... Pero esta mañana estaba bien.
ANTONIO : Usted me prometió que no le iba a hablar.
PROFESOR : ¡Pero por Dios! Esa chica puede ser una gran poeta, ¿me oíste? Una gran poeta. Y cuando hablo de gran poeta no estoy hablando de un artesano de las palabras. ¡Está lleno de artesanos de las palabras! ¡Cientos! ¡Miles! En la escuela primaria... Escriben una composición sobre la vaca y ya parecen escritores. (GRITA) ¡Pero eso es mierda! A ver si nos entendemos. ¡Pura mierda!
(BEBE UN LARGO TRAGO. EL ALCOHOL COMIENZA A HACER EFECTO)
Yo escribí: "Tengo un tío que tocaba el trombón". ¿Dónde está la poesía? ¿En trombón? ¡Mierda! Para lo único que me sirvió es para que me llamara un primo (SE CARGA DE ODIO:) que ni siquiera era primo... Hijo de una prima de mi madre... ¡Tampoco! Está casado con la hija de una prima de mi madre... (IMITA AL PERSONAJE:) "Gracias por acordarte del tío Cholo..." ¿Qué tío Cholo? (VUELVE AL PERSONAJE) "¿Te acordás que éramos pibes...?" "El día que se casó la tía Delfina". (SE INDIGNA) "¿Qué tía Delfina?" (OTRA VEZ EL PERSONAJE) "¡Y el tío Cholo tocó el trombón!" (EXPLOTA) ¡Qué tío Cholo! ¡Qué tía Delfina! Pero el hijo de puta... el que está casado con una prima de mi madre... ¡Me estaba diciendo que yo tenía un tío que tocaba el trombón! ¡Me cago en la realidad! (CON DOLOR:) Yo había inventado una imagen poética. Pero todo se achata. Se vuelve cotidiano.
(EL PROFESOR SE PONE DE PIE. ES EVIDENTE QUE SE SIENTE MAL)
ANTONIO : ¿Le pasa algo?
PROFESOR : No tengo que tomar.
(ANTONIO VA HACIA EL. LO AYUDA A RECOSTARSE EN LA CAMA. EL PROFESOR LE SAÑALA LA MESITA DE LUZ)
PROFESOR : Alcanzame ese frasco.
(EL PROFESOR SE COLOCA UNA PASTILLA EN LA BOCA)
Esta puta presión... En fin... La crisis de la presbicia la atravesé bien. De última... un escritor con anteojos es casi un lugar común... Pero la presión...
ANTONIO : ¿Quiere que llame a un médico?
PROFESOR : ¡¿Médico?! ¡¡Nooo!! No soy un enfermo. Es un poco de presión nada más. (POR EL REMEDIO) Esta mierda me hace bien. Ya te puedo correr una carrera.
(ANTONIO LE DEVUELVE UN GESTO SOBRADOR)
¿Qué? Cuando tenía tu edad jugaba al rugby. Y era bastante bueno.
ANTONIO : (IRONICO) ¿Cuando usted tenía mi edad ya se había inventado el rugby?
PROFESOR : (MOLESTO) Ese es un chiste mío. No pretendas imitarme. A Cecilia le gusta como sos.
ANTONIO : ¿Qué quiere decir?
PROFESOR : Que vos ganás.
ANTONIO : Claro que gano.
PROFESOR : Porque yo te dejo ganar.
ANTONIO : ¿Cómo que me deja ganar?
(EL PROFESOR SALTA DE LA CAMA. SE TIRA AL SUELO Y QUEDA ERGUIDO, APOYADO SOBRE LOS BRAZOS EXTENDIDOS)
PROFESOR : ¡Flexiones!
(ANTONIO LO MIRA SIN ENTENDER)
Vamos a hacer flexiones. A ver quién aguanta más.
(EL PROFESOR COMIENZA A HACER FLEXIONES, AL MISMO TIEMPO QUE CUENTA CADA UNO DE LOS EJERCICIOS)
ANTONIO : ¡Por favor! ¡Le puede hacer mal!
PROFESOR : ¡Andate a la mierda!
(LOS MOVIMIENTOS DEL PROFESOR SE VAN HACIENDO MAS LENTOS HASTA QUE SUS BRAZOS NO RESPONDEN. SE LEVANTA PESADAMENTE)
PROFESOR : A ver cuántas hacés vos.
ANTONIO : ¿Para qué?
PROFESOR : Para ver cuántas hacés. A ver tu juventud. A verla. ¡Vamos!
ANTONIO : (SONRIENDO) Yo puedo hacer muchas más.
PROFESOR : Seguramente. Pero quiero verlo. A ver esa juventud.
ANTONIO : No le encuentro sentido.
PROFESOR : ¿Pero por qué las cosas tienen que tener sentido? Eso es un síntoma de vejez. La racionalidad. Sólo hago lo que tiene sentido. ¡A tu edad! ¡Cagate en las cosas que tienen sentido! ¡Jugá!
ANTONIO : No sé... Me parece tan absurdo, ponerme a hacer flexiones como un pelotudo.
PROFESOR : ¿No te das cuenta que yo soy más joven que vos? Quincuagenario, présbite e hipertenso... Y soy más joven que vos. (AGRESIVO) ¿No será que Cecilia se habrá dado cuenta? ¿No será por eso que llora?
(ANTONIO SE ARROJA AL SUELO Y COMENZARA A HACER FLEXIONES CON LA SEGURIDAD DE UN DEPORTISTA PROFESIONAL. UNA VEZ QUE SUPERO LA CIFRA DE EJERCICIOS DEL PROFESOR LO MIRA:)
ANTONIO : ¿Quiere más?
(PEGA UN SALTO Y SE PONE DE PIE IMITANDO, CON LOS BRAZOS EN ALTO, EL SALUDO DE LOS ARTISTAS DE CIRCO. LUEGO LE DICE AL PROFESOR :)
En los cien metros estoy a dos décimas de la marca profesional.
PROFESOR : (SE RIE) Yo no estoy hablando del cuerpo. (SE GOLPEA LA FRENTE) La juventud está acá. (SE BURLA:) Dos décimas de la marca profesional. ¿Y para qué sirve eso? Corrés... corrés... ¿Y qué? ¡Al pedo! Nunca entedí a esos pelotudos que corren... corren... ¿A dónde van?
ANTONIO : Yo me siento libre cuando corro.
PROFESOR : (SE ENCRESPA Y SE GOLPEA NUEVAMENTE LA FRENTE) ¡La libertad está acá, pelotudo!
(ANTONIO, MOLESTO, TOMA EL BOLSO Y VA A SENTARSE EN EL CAFE. EL PROFESOR LO MIRA UN INSTANTE. LUEGO LO LLAMA AFECTUOSAMENTE)
Antonio... Tenemos que charlar, vos y yo.
ANTONIO : ¿Para qué? ¿Qué necesidad tiene de hablar con un pelotudo?
PROFESOR : ¡Vamos...! ¿Vos sabés que yo me doy cuenta que empiezo a querer a alguien cuando lo insulto? Hasta que no le digo pelotudo es porque me resulta indiferente.
(EL PROFESOR TOMA EL CUADERNO Y SE PONE A ESCRIBIR. ARRANCA LA HOJA, LA ESTRUJA Y LA TIRA. MIRA UN INSTANTE A ANTONIO)
¿Y Cecilia qué dice de eso de que corras?
(ANTONIO LO MIRA CON ODIO Y NO CONTESTA)
¿No me vas a contestar? ¿Preferís que se lo pregunte yo? ¿Que le hable? (PAUSA) ¿Querés que se lo pregunte?
(ANTONIO TOMA UNA DECISION. VA HACIA EL DEPARTAMENTO DEL PROFESOR)
(SE QUEDA MIRANDOLO UN INSTANTE. EL PROFESOR DEJA DE ESCRIBIR)
PROFESOR : Me alegra que hayas venido. no encontraba un motivo para dejar de escribir.
ANTONIO : (ALGO AGRESIVO) Habló con Cecilia.
(EL PROFESOR LO MIRA Y DIRA CON TONO SINCERO)
PROFESOR : No.
(ANTONIO LE CREE Y SE AFLOJA)
Yo pertenezco a la generación de la barra de café. Cuando dábamos una palabra la cumplíamos. Sobre todo en materia de minas. Empeñábamos el silencio.
(HAY UN TIEMPO. ES EVIDENTE QUE ANTONIO QUIERE DECIRLE ALGO AL PROFESOR. ESTE LO ADVIERTE. TOMA LA BOTELLA Y SIRVE DOS VASOS)
¿Una ginebrita?
(BEBEN. EL PROFESOR ESPERA QUE ANTONIO SE DECIDA. FINALMENTE, ESTE SACA UN PAPEL Y SE LO TIENDE AL PROFESOR.)
ANTONIO : Son cosas que anoté.
(EL PROFESOR SE CALA LOS ANTEOJOS Y LEE. ANTONIO ESTA ANSIOSO)
(EL PROFESOR LE DEVUELVE EL PAPEL)
PROFESOR : (COMO DICIENDO "QUE QUERES QUE TE DIGA") Está bien.
(OTRA PAUSA. ANTONIO SE SIRVE Y BEBE ANSIOSAMENTE)
¿Se lo mostraste a Cecilia?
(ANTONIO NIEGA CON LA CABEZA)
¿Por qué?
ANTONIO : Anoche nos encontramos a las ocho de la noche y empezamos a caminar... Caminamos... caminamos... Hablamos todo el tiempo. Vimos el amanecer en La Boca. Casi se lo muestro. Pero... ¡Qué sé yo! Quería que usted lo viera antes. Yo no soy un escritor.
PROFESOR : Yo tampoco.
(ANTONIO SE PONE MAL)
Hijo... Un escritor no es más que las ganas de escribir. Y yo no tengo ganas de escribir. (LO MIRA) ¡Y a vos te gusta correr! ¡Corré!
ANTONIO : ¡Qué sé yo lo que me gusta! Ahora me gusta escribir.
PROFESOR : Y bueno... En esta ciudad la mitad de la gente quiere escribir y la otra mitad poner un restaurante. Pero ninguno se decide. Por eso encontrás mozos que son poetas y poetas que terminan como dueños de un carrito de la Costanera.
(ANTONIO NO ENTIENDE LA HUMORADA O NO LE PRODUCE GRACIA. EL PROFESOR SE RIE Y ANOTA)
Me puede servir para un cuento.
ANTONIO : Cecilia me dice lo mismo. Si te gusta correr, corré.
(EL PROFESOR SE QUEDA MIRANDOLO UN INSTANTE. SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIRLE:)
PROFESOR : A Cecilia le gusta mirarte desnudo ¿no?
(ANTONIO SE SORPRENDE. EL PROFESOR ADVIERTE QUE HA DADO EN EL CLAVO)
Hace que te pares desnudo arriba de una mesa y te contempla.
(ANTONIO SE PONE MAL)
PROFESOR : Como si fueras una estatua. (PAUSA) ¿No es así?
ANTONIO : (MOLESTO) Tengo que irme.
PROFESOR : (INCISIVO) ¿Es así o no es así?
ANTONIO : Ya es hora...
PROFESOR : ¡Te pregunté si es así o no es así!
ANTONIO : (EXPLOTA) ¡Y yo quiero irme!
(TOMA EL BOLSO E INTENTA LA SALIDA)
PROFESOR : (ES CASI UN RECLAMO) Antonio...
(ANTONIO VUELVE)
Quedate un rato... Nos tomamos unos buenas ginebras, ¿eh?
(ANTONIO ESTA INDECISO. EL PROFESOR SIRVE DOS VASOS. LE TIENDE UNO A ANTONIO. LUEGO HABLA CON NATURALIDAD:)
¿Conocés Devoto? (ANTONIO LO MIRA SIN ENTENDER) Era mi barrio... Ahí me crié. Tiene una plaza hermosa... Y enfrente la biblioteca. Cuando tenía tu edad me pasaba las horas leyendo bajo los árboles... Y del otro lado había un boliche... Vaya a saber si está. (MIRA A ANTONIO) Digo... A vos y a Cecilia que les gusta caminar... Váyanse un día.
(EL PROFESOR DEJA DE HABLAR. SU ROSTRO REVELA QUE NO SE SIENTE BIEN)
(INGIERE UNA PASTILLA, ANTONIO LO OBSERVA)
ANTONIO : ¿No se siente bien?
(EL PROFESOR NIEGA CON LA CABEZA PERO NO PUEDE OCULTAR EL MALESTAR)
(ANTONIO SE ANIMA A PREGUNTARLE:)
¿Puedo hacer algo por usted?
(EL PROFESOR MIRA A ANTONIO UN INSTANTE)
PROFESOR : ¿Cómo?
ANTONIO : Le pregunté si puedo hacer algo por usted.
(EL PROFESOR SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR:)
PROFESOR : Desnudate.
(ANTONIO QUEDA SORPRENDIDO. EL PROFESOR INSISTE)
Desnudate. (ANTE LA SORPRESA DE ANTONIO, INSISTE) Me preguntaste qué podés hacer por mí. Bueno... Si querés hacer algo por mí, desnudate.
(ANTONIO TRANSFORMA LA SORPRESA EN CIERTO TEMOR QUE EL PROFESOR ADVIERTE:)
¡No soy homosexual! No me gustan los hombres... ni los jóvenes. Me gustan las mujeres. ¡Todas las mujeres! Si son capaces de generar una poética de la sensualidad.
ANTONIO : Como Cecilia.
PROFESOR : Cecilia es una niña. Y las niñas vienen con la sensualidad puesta, aunque no se lo propongan. ¡Pero las hijas de puta se lo proponen! Descubren la sensualidad cuando cumplen tres años y saben cómo ejercerla hasta que se mueren. Salvo Paula Albarracín de Sarmiento.
(ANTONIO LANZA UNA CARCAJADA. EL PROFESOR SE MUESTRA SATISFECHO POR LA HUMORADA)
¿Ves? También el amor tiene que justificarse, al menos, en una frase ingeniosa. Y, lo ideal, en una imagen poética. Como cuando Cecilia escribe: "Vino hacia mí como una estatua desnuda". ¡Eso! Fijate que no escribió "una estatua de mármol". "Una estatua desnuda". Estaba hablando de un ser humano.
(BREVE PAUSA. BEBE) (MORDAZ) ¿De quién estaba hablando?
(ANTONIO SE PONE A LA DEFENSIVA, PERO NO CONTESTA. EL PROFESOR ESPERA:)
De vos.
ANTONIO : Yo no leí el poema.
PROFESOR : (SE ENCRESPA) ¡Pero de quién carajo estaba hablando sino de vos! ¿No te hace parar sobre la mesa para admirar tu cuerpo desnudo?
ANTONIO : A ella le gusta admirar mi cuerpo. ¡Eso es cierto! ¡Pero yo no me paro sobre la mesa! ¿Qué soy...? Un...
(NO ENCUENTRA LA PALABRA)
PROFESOR : Exhibicionista. ¿Cómo admira tu cuerpo?
ANTONIO : Lo mira... Dice que le gusta mi cuerpo.
PROFESOR : Si lo admira es porque le gusta verlo. ¿Cómo te lo ve?
ANTONIO : ¡Me le ve! Si nos acostamos...
PROFESOR : ¡Eso ya lo sé! Pero... ¿qué? Uno al lado del otro, en la cama, desnudos... Si yo me tiro boca arriba en la cama, no se me nota la panza... Si me paro... Ella dice: "Vino a mí como una estatua desnuda". Las estatuas uno las ve. Las admira. No las toca. No las abraza. ¡¡Las contempla!! ¡Son un hecho estético!
ANTONIO : Usted quiere decir que para Cecilia no soy más que una estatua...
PROFESOR : No lo sé. ¿Por qué no te muestra sus poemas?
(ANTONIO SE PONE MUY MAL. EL PROFESOR SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR:)
Desnudate.
(ANTONIO, MUY ALTERADO, SE DESNUDA Y DICE:)
ANTONIO : ¿Sabe qué me pide? Que me ponga así. Para poder hacer el amor yo me tengo que poner así.
(HA QUEDADO DESNUDO CON LAS MANOS CRUZADAS DETRAS DE LA CABEZA. SU CUERPO ES REALMENTE PERFECTO. EL PROFESOR LO MIRA)
PROFESOR : Yo no entiendo de hombres. Pero sos realmente muy bello. (CAMBIA DE TONO) ¿Sabés como sigue el poema? "Y se convirtió en un puñado de sal".
ANTONIO : (HA VUELTO A VESTIRSE. MIRA AL PROFESOR) La estatua desnuda soy yo. ¿Qué quiere decir que me convierto en un puñado de sal?
PROFESOR : Esa pendeja te está jodiendo.
(ANTONIO BEBE UN LARGO TRAGO. SE TOMA SU TIEMPO PARA EXPLOTAR)
ANTONIO : ¡Eso tiene que ver con usted! ¡Es usted el que le llena la cabeza! Usted es un viejo degenerado.
PROFESOR : Tuteame, si querés.
ANTONIO : ¡Pero yo me cojo a Cecilia! ¡¡Yo!! ¿Y quiere que le cuente lo que le hago? ¿Cómo lo hago? ¿Quiere que se lo cuente?
(ANTONIO SALE DE LA HABITACION DEL PROFESOR Y VA A SENTARSE EN EL BAR. EL PROFESOR ESCRIBE)
PROFESOR : (POR LO QUE ESTA ESCRIBIENDO) ¿Por qué el tutor tiene que ser un hombre joven? Julia podría enamorarse de un hombre mayor...
(ANTONIO SE ESTA SECANDO EL PELO CON UNA TOALLA. ACABA DE ENTRENAR)
ANTONIO : Quiero hablar con usted.
PROFESOR : Estoy escribiendo. (SIGUE CON EL CUENTO) Julia y el teniente de húsares hacen el amor en la playa... El tutor los ve...
ANTONIO : (ALGO AMENAZANTE) Tenemos que hablar...
PROFESOR : (LO CHISTA) ¡Después! Julia se deja deslumbrar por las palabras del tutor... Las palabras... Las palabras... El tutor dice: El arte de amar no es más que eso. La palabra justa en el momento preciso.
(ANTONIO, ALTERADO, INVADE LA HABITACION DEL PROFESOR)
ANTONIO : ¡Me va a escuchar! (LO MIRA) ¿Así que el silencio empeñado?
PROFESOR : ¿Qué te pasa?
ANTONIO : Le habló. (PAUSA) ¡La citó en un bar y le habló!
PROFESOR : ¡No es cierto! ¡Yo no le dí ninguna cita! Yo estaba en el bar haciendo tiempo...
ANTONIO : ¡Pero usted se la pasa haciendo tiempo!
PROFESOR : ¡Y sí! Esta es mi vida. Terminar una clase y hacer tiempo hasta la otra. Este mes me releí "La guerra y la paz".
ANTONIO : Ella me dijo que usted la citó.
PROFESOR : ¡Y eso no es cierto! Se sentó a mi mesa...
ANTONIO : Usted me prometió que la iba a dejar tranquila.
PROFESOR : ¡Se sentó a mi mesa!
ANTONIO : ¡Dejó de ir a una clase para estar con ella!
PROFESOR : Nos quedamos charlando...
ANTONIO : ¡Dos horas!
PROFESOR : ¡Y sí! es más útil dedicarle dos horas a esa chica que esos otros veinte mediocres que en su puta vida van a escribir una línea propia. ¡Mediocres! Cuando encuentran una imagen que vale la pena, la achatan. ¡Parece que lo hicieran a propósito! Y, de pronto, cuando aparece el riesgo de la palabra... ¡Ya está escrito!
(SE CALMA. MIRA A ANTONIO QUE ESTA MUY ALTERADO)
No fue más que una conversación entre un profesor y una alumna.
ANTONIO : (VIOLENTO) ¿¡Ah, sí!? ¿Y por qué la llama Cosette? ¿Qué necesidad tiene de llamarla Cosette?
PROFESOR : ¡No es nada más que un personaje!
ANTONIO : ¡Lo sé! ¡De "Los miserables"! Cecilia me lo dijo. Y me leí la novela.
PROFESOR : Ya lo ves.
ANTONIO : ¡Es una historia de amor!
PROFESOR : Sí... Pero como literatura es pobre. Admitámoslo. Cuando tenía quince años la leí tres veces. Ni Víctor Hugo fue capaz de esa hazaña.
ANTONIO : Cecilia no se parece a Cosette.
PROFESOR : ¡Qué sé yo! Es el recuerdo que yo tengo. De última... Si ella es Cosette, vos serás el joven Mario y yo el viejo Jean Valjean. ¿Qué te preocupa?
(ANTONIO BEBE UN TRAGO. SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR:)
ANTONIO : El fin de semana lo pasamos juntos...
PROFESOR : Ya me lo contaste. (MOLESTO) Hicieron el amor en la playa. Se habrán cagado de frío, supongo.
ANTONIO : (DESCONCERTADO) ¿Qué playa? En el departamento de mi amigo... Se fue de Buenos Aires y...
PROFESOR : ¿No era en la playa? (RECAPACITA) No, está bien... En el departamento del hijo de puta ese que se va de Buenos Aires...
(ANTONIO SE HA QUEDADO MIRANDOLO. EL PROFESOR BEBE)
¡Seguí!
ANTONIO : Bueno... De pronto, Cecilia se puso muy mal... Empezó a llorar y a decirme que quería estar con usted. Que necesitaba hablar con usted. Que era el único hombre verdaderamente inteligente que conocía. ¡Se puso como loca! Tuve que pegarle.
PROFESOR : (ALTERADO) ¿Cómo tuviste que pegarle?
ANTONIO : Estaba como loca.
PROFESOR : (INDIGNADO) ¿Le pegaste?
ANTONIO : Un cachetazo. Nada más que un cachetazo. Pero le hizo bien. Porque se abrazó a mí. Me dijo que todo lo que quería era estar conmigo. Cogimos como nunca. (DIVERTIDO) Diez, veinte veces. No bajamos ni a comer... Lo único que había en el departamento eran galletitas y té. Fue bárbaro.
(EL PROFESOR HA ESTADO BEBIENDO. LA HISTORIA DE ANTONIO LO PUSO MUY MAL. HACE ESFUERZOS PARA PARECER NORMAL:)
PROFESOR : Por lo visto. Cecilia nos precisa a los dos.
ANTONIO : (A LA DEFENSIVA) ¿Qué quiere decir?
PROFESOR : Es como un bello cuento. Julia ama a su tutor, pero se acuesta con el joven teniente de húsares. Mientras los ingleses invaden Buenos Aires.
ANTONIO : ¿Quién es Julia?
PROFESOR : Eso no te importa. (DE PRONTO, EXULTANTE:) Salgamos un día los tres. (ANTONIO LO MIRA) Cecilia, vos y yo.
ANTONIO : ¿Para qué?
PROFESOR : ¿Cómo para qué?
ANTONIO : Habíamos quedado en no decirle nada de...
PROFESOR : ¡No hay nada que decirle! Es más... Vos la citás en un bar... Y yo aparezco, como si fuera una coincidencia. Y nos vamos los tres al cine. El sábado dan "Alejandro Nievsky". ¿Viste "Alejandro Nievsky"?
(ANTONIO ALCANZA A DECIR QUE NO)
¡La película que inventó el cine! ¡Y que lo mató para siempre! La escena de la batalla... Todo lo que ustedes ven hoy... Bergman, Visconti... ¡Está todo ahí!
ANTONIO : ¿Pero para qué?
PROFESOR : ¡Oíme...! Cecilia tiene que ver esa película. La escena de la batalla... Es la única que es poesía pura. Como un cuadro... Yo le expliqué a Cecilia: el cine está muerto. Como esta muerta la novela. Porque necesitan de lo narrativo. ¡Y la anécdota pudre todo! ¡El puto ingenio! Por eso lo único vivo es la pintura... La imagen pura. Y la poesía. La palabra pura. Pero "Alejandro Nievsky"... La escena de la batalla... ¡Cecilia tiene que verla! ¡Vamos los tres! Yo los invito. Después nos vamos a cenar y a tomar un café. Yo los invito.
ANTONIO : ¿Para qué? ¿Para demostrarle a Cecilia que usted es un genio y yo un pobre tipo?
PROFESOR : No... No, hijo, no. Salgamos los tres, ¿eh? Me gusta oír a los jóvenes.
ANTONIO : No es cierto. Lo que le gusta es que los jóvenes lo escuchen a usted.
PROFESOR : Vieja manía de profesor. (PAUSA) "Mas la noche ventosa, la límpida noche que el recuerdo rozaba solamente, está remota, es un recuerdo".
ANTONIO : Eso es muy hermoso, profesor.
PROFESOR : Lo escribió Pavese... ¿Cuándo salimos los tres?
(EL PROFESOR INGIERE UN REMEDIO Y SE TIRA EN LA CAMA)
ANTONIO : Yo no voy a hacer el papel de boludo. Salga usted con ella. Invítela al cine.
PROFESOR : La invité.
(ANTONIO QUEDA PARALIZADO. MIRA AL PROFESOR)
Me dijo que no. Bah... No fue así. Yo le dije: "Algún día me gustaría ir al cine con vos". Se sonrió y me contestó: "Cuando cumpla los dieciocho y me dejen entrar". (YA ESTA SEMIDORMIDO Y ALCANZA A DECIR:) Esa pendeja entiende.
(EL PROFESOR SE QUEDA DORMIDO)
ANTONIO : Cecilia no me dijo nada. ¿Por qué no me dijo que la invitó a ir al cine? ¿Por qué no me lo dijo? ¡¡Por qué me mienten los dos!!
(ANTONIO SE SIENTA EN LA MESA DEL BAR Y SE PONE A ESCRIBIR)
(EL PROFESOR LO MIRA. HABLA POR ANTONIO)
PROFESOR : Anoche fuimos a la plaza Devoto... cogimos en un banco, bajo los árboles... El mismo banco donde el profesor se sentaba a leer "Los Miserables". ¡Ese viejo de mierda! (PAUSA)
(ANTONIO DEJA DE ESCRIBIR Y ALTERADO INVADE LA HABITACION DEL PROFESOR)
ANTONIO : ¡Usted se acostó con Cecilia!
(EL PROFESOR LO MIRA ASOMBRADO PERO NO TIENE TIEMPO PARA CONTESTAR)
(ANTONIO COMIENZA A "ROMPERLE" LA HABITACION)
¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué me lo ocultaron?
PROFESOR : (ALCANZA A DECIR) ¿Qué te pasa...? ¿Te volviste loco?
(ANTONIO SIGUE EN LO SUYO. TIRANDO TODO LO QUE ENCUENTRA EN SU CAMINO)
ANTONIO : Gepeto... (LO DIRA TEXTUALMENTE) Gepeto...
PROFESOR : ¿Quién es Gepeto...?
ANTONIO : ¿Por qué no la dejó tranquila? ¡La amo! ¿No se da cuenta? ¡La amo! ¡Viejo farsante!
(SE PONE A LLORAR)
PROFESOR : ¿Qué estás diciendo...? (INTENTA TOCARLO)
(ANTONIO SE DESPRENDE Y LE GRITA)
ANTONIO : Lo logró... ¡Ganó usted! Hace una semana que no la veo.
PROFESOR : Yo no tengo nada que ver...
ANTONIO : ¡¡No me mienta más!! (LE GRITA) "Por fin anoche, mi admirado profesor, mi amado Gepeto se metió en mi cama, me penetró e hizo de mí un ser humano".
(EL PROFESOR LO MIRA SIN ENTENDER)
Leí el poema... Lo leí.
(EL PROFESOR SE TOMA SU TIEMPO PARA ENTENDER)
PROFESOR : ¡Yepeto...! El viejo carpintero... El que inventó a Pinocho.
(ANTONIO SE CALMA ANTE LA EXPLOSION DEL PROFESOR. LO MIRA)
PROFESOR : No es Gepeto... Es Yepeto... el de los anteojitos... el carcamán... ¡Viejo bondadoso hijo de puta! (A ANTONIO) ¿Cómo decía el poema?
(ANTONIO LO MIRA SIN REACCIONAR)
El poema que escribió Cecilia... El admirado profesor... que la penetró... Repetilo. ¡Repetilo carajo!
ANTONIO : (AHORA MAS CALMADO) "Por fin anoche, mi admirado profesor, mi amado Gepeto..."
PROFESOR : (A PESAR SUYO LE SALE EL PROFESOR) Yepeto, Se pronuncia Yepeto. Seguí.
ANTONIO : "Mi amado Yepeto se metió en mi cama, me penetró e hizo de mí un ser humano".
(SE HACE UNA PAUSA PROLONGADA. EL PROFESOR BEBE. ANTONIO VA A SENTARSE AL BAR. EL PROFESOR -AL BORDE DE LAS LAGRIMAS- DIRA:)
PROFESOR : Para ella no soy más que un viejo titiritero.
(EL PROFESOR NECESITA ACOSTARSE. SE SIENTE FISICAMENTE MAL)
(TOMA UNA PASTILLA. ANTONIO ESCRIBE. TIRA LO QUE ESCRIBIO)
(AMBOS SE QUEDAN EN SILENCIO. HASTA QUE EL PROFESOR DICE:)
Antonio... ¿Qué pasa que no venías a verme?
ANTONIO : Profesor... Necesitaría hablar con usted.
PROFESOR : Antonio, no debería decírtelo, pero tenés que saberlo: ella va a elegir al más vulnerable.
(PAUSA. HASTA QUE ANTONIO, ALEGREMENTE, INVADE LA HABITACION DEL PROFESOR)
ANTONIO : Hola...
PROFESOR : (CONTENTO) Antonio.
ANTONIO : ¿Cómo anda?
PROFESOR : Jodido... (TOMA UNA PASTILLA) Esta es para la presión. Pero me hace mal al hígado. (TOMA OTRA) Esta me cura el hígado... Pero me levanta la presión.
(ANTONIO SE RIE. ESTO ALEGRA EL PROFESOR)
Pero estoy bien. Todo lo que tengo que hacer es dejar el cigarrillo, la bebida, la actividad sexual, caminar cuarenta cuadras por día, comer verdura y leer "Platero y yo". Así puedo llegar a los sesenta.
(ANTONIO RIE FRANCAMENTE. ESTO HACE BIEN AL PROFESOR)
¿Y vos?
ANTONIO : Bien.
PROFESOR : ¿Entrenás?
ANTONIO : A veces.
PROFESOR : ¡Entrená! ¿No era que estabas a dos décimas de... no sé qué?
ANTONIO : De la marca profesional.
PROFESOR : Dos décimas no es nada.
ANTONIO : Eso es lo que usted cree.
PROFESOR : Pensá en mí, correcaminos. Estoy a cien años de Flaubert y a cuatrocientos de Cervantes.
(ANTONIO SACA UN RECORTE DEL BOLSILLO Y SE LO EXTIENDE AL PROFESOR)
ANTONIO : ¿Lo vio?
PROFESOR : Sí... sí...
ANTONIO : Habla muy bien de usted.
PROFESOR : ¡Pero mirá la foto! Parezco el padre de Sábato.
ANTONIO : (COMO SI LE DIERA LA GRAN NOTICIA) Dicen que es un habilidoso estratega del lenguaje.
PROFESOR : Lo leí... (PAUSA) ¿Sabés quién fue Paganini?
ANTONIO : Un músico.
PROFESOR : ¡Bien, correcaminos! Bueno... según se cuenta, Paganini estaba una vez tocando un concierto y se le rompió la cuerda del violín. Pero siguió tocando. Pero hete aquí que se le rompió otra cuerda. ¡Y siguió tocando! ¡Y no va y se le rompe la tercera cuerda! (COMENTA:) Puta que hay que tener mala suerte... ¡Y se le rompe otra cuerda! En fin... lo cierto es que terminó el concierto tocando en una sola cuerda. (PAUSA) Ahora, digo yo... Paganini equivocó la profesión. Tendría que haber sido equilibrista de circo. Moraleja: Paganini fue un habilidoso estratega de la cuerda del violín. (LO MIRA) ¿Entendiste?
ANTONIO : Más o menos.
PROFESOR : No entendiste un carajo, correcaminos. Pero no importa.
(EL PROFESOR LO MIRA)
ANTONIO : (ALEGREMENTE) Queremos invitarlo a salir un día los tres.
PROFESOR : (REACCIONA) ¿Cómo los tres?
ANTONIO : Y sí... Salir una noche los tres. Ir al cine... a comer algo... a charlar...
PROFESOR : (SE VA PONIENDO MAL) ¿De quién fue la idea?
ANTONIO : Mía. Y a Cecilia le pareció bien. Le encantó.
(SE HACE UNA PAUSA PROLONGADA. EL PROFESOR ESTA TOMANDO UNA DECISION HASTA QUE DICE:)
PROFESOR : Dame una ginebra.
ANTONIO : No puede tomar, profesor.
PROFESOR : ¡Que me des una ginebra, carajo!
(ANTONIO LE TIENDE UN VASO)
Por lo menos que me den el derecho a elegir mi presión. Quiero llegar a 28. Batir el record. ¡En algo tengo que ser el mejor!
(EL PROFESOR BEBE UN LARGO TRAGO QUE PARECE CALMARLO. SIN EMBARGO NO PIERDE SU TONO IRONICO:)
Salir los tres... ¡Qué bien! ¿Cómo lo decidieron, correcaminos? Contame.
ANTONIO : Pasamos dos días en el departamento de ese amigo que se va...
PROFESOR : (EXPLOTA) ¡¿Pero dónde carajo se va ese hijo de puta?!
ANTONIO : Al interior... Es viajante de comercio.
PROFESOR : Seguí.
ANTONIO : Y bueno... Hablamos... hablamos mucho de lo que nos pasa... Del futuro... Esas cosas, ¿no? (BREVE PAUSA) Y hablamos de usted. Hablamos mucho de usted.
PROFESOR : Y le contaste que vos y yo nos vemos.
ANTONIO : (DIVERTIDO) Sí.
PROFESOR : Le contaste todo. Desde el primer día que nos encontramos.
ANTONIO : Sí... Desde el día que lo llamé para putearlo.
PROFESOR : ¿Y Cecilia qué dijo?
ANTONIO : Se cagó de risa.
PROFESOR : (CON AMARGURA) No tenías derecho...
ANTONIO : No lo entiendo.
PROFESOR : ¿Por qué le contaste todo?
ANTONIO : Nosotros nos decimos siempre la verdad.
PROFESOR : (ESTALLA) ¡¡Me cago en la verdad de ustedes!! ¿¡Y yo qué soy!? ¿Un sorete?
ANTONIO : (ASOMBRADO) ¿Por qué dice eso, profesor?
PROFESOR : Son dos hijos de puta... Dos pendejos hijos de puta... Ahora sí... Ahora salgamos los tres. Ahora que ella sabe que yo soy el viejo Yepeto. ¡Salgamos los tres! Vamos a ver la retrospectiva del cine sueco así el profesor nos explica el mundo místico de Bergman y su relación con... ¡La concha de su hermana!
ANTONIO : (ALCANZA A DECIR) ¿Qué le pasa, profesor?
PROFESOR : (SIGUE DESCARGANDO) Y después vamos a cenar y el profesor nos va a contar que estuvo presente el día que Flaubert, en un viejo café de París, le contó a Balzac que tenía una idea para una novela sobre la vida de una mujer... Y Balzac le preguntó: "¿Qué título le vas a poner?". Madame Bovary. Y Balzac le dijo: "Es un título de mierda. No la escribas".
ANTONIO : No lo entiendo, profesor...
PROFESOR : ¡Sí que entendés! ¡entendés todo! Cuando salgamos los tres, haceme acordar que se lo cuente a Cecilia. Ella se va a reír. Y después de la cena nos vamos a tomar un café al viejo bar de Villa Devoto donde el profesor iba cuando tenía la edad de ustedes... Y ahí, el viejo titiritero se toma dos ginebras y los puede hacer reír, con frases propias, otras copiadas y, quizás... ¡quizás! si está inspirado, con una frase original. Hasta que, a cierta hora, suelo orinarme encima. En ese caso, por favor, me traen hasta casa. Y después, ustedes se van a copular cuatro días seguidos a la casa del hijo de puta ese del viajante de comercio.
(EL PROFESOR ESTA AGOTADO. SU MEZCLA DE MALESTAR FISICO Y DOLOR ES EVIDENTE. BEBE. ANTONIO LO MIRA UN INSTANTE Y LUEGO DIRA CON TODA INGENUIDAD)
ANTONIO : Cecilia y yo lo queremos mucho.
EL PROFESOR LO MIRA UN INSTANTE. COMENZARA A TIRARLE CON TODO LO QUE TIENE A MANO)
PROFESOR : Es lo peor que podías decirme... ¡Imbécil! (SE LE VA ACERCANDO E INTENTA PEGARLE) ¡¡Imbécil!!
(EL MANOSEO LOS HA ACERCADO FISICAMENTE HASTA QUE EL PROFESOR CONVIERTE LA AGRESION EN UN ABRAZO. POR FIN, EL AFECTO ESTALLA)
Yo también los quiero mucho, correcaminos.
(HAY UN TIEMPO HASTA QUE EL PROFESOR SE ARREPIENTE DE SU DESBORDE EMOCIONAL. SE SEPARA. BEBE)
(ANTONIO, ANTE LA CONFESION DEL PROFESOR, SE SIENTE HABILITADO PARA CONFESAR:)
ANTONIO : Profesor... (SACA UN PAPEL DEL BOLSILLO Y SE LO ENTREGA)
PROFESOR : ¿Qué es esto?
ANTONIO : Le escribí un poema a Cecilia.
PROFESOR : (IRONICO) ¿Pero, por qué, pobre chica? ¿Qué te hizo?
(EL PROFESOR TOMA EL PAPEL, SE CALA LOS ANTEOJITOS Y LEE)
No está mal, correcaminos... No está mal. Claro que "abandonado como un niño en el desierto...". No es muy feliz. No, no. En principio, "abandonado como...". Olvídalo. En 1924 Neruda escribió "abandonado como los muelles en el alba". No es una genialidad, pero hay que superar esa imagen.
ANTONIO : Pero yo no voy a escribir un buen poema...
PROFESOR : ¡Pero Cecilia te lo va a exigir!
(SIGUE LEYENDO)
Mierda... mierda... (LO MIRA COMPASIVAMENTE) ¿Cómo se puede poner la palabra "azabache"? Deberían prohibírsela hasta a los vendedores de artesanías. (LEE Y SE DETIENE) "Desde la profundidad de tu mirada oscura..." (A ANTONIO) Si es profunda es oscura. (TACHA, ESCRIBE Y AL MISMO TIEMPO DICE) "Desde la profundidad de tu mirada azul..."
ANTONIO : (PROTESTA) Pero Cecilia tiene los ojos oscuros...
PROFESOR : ¡Y qué carajo importa Cecilia! ¡Estamos hablando de poesía!
(SIGUE LEYENDO)
Alta mierda... alta mierda... (SE DETIENE Y EXPLOTA) ¡¿Qué es esto?! ¿Lunas redondas? ¿Las tetas? ¿Las tetas dos lunas redondas? ¡Es deplorable! André Breton escribió: "Mi mujer con senos de crisol de rubíes. Con senos de espectro de la rosa bajo el rocío". ¿Cómo podés llamarlas lunas redondas?
ANTONIO : (MOLESTO) Para mí son dos lunas redondas...
PROFESOR : (INDIGNADO) ¡Entonces poné las tetas de Cecilia! ¡Las grandes tetas de Cecilia! ¡Y dejémonos de joder!
(ESTRUJA EL PAPEL Y LO TIRA)
¡Esto es mierda! ¡Pura mierda!
(ANTONIO HA QUEDADO RESENTIDO. EL PROFESOR BEBE. LO MIRA UN INSTANTE. LUEGO DICE:)
¿Para qué le escribiste un poema si podés hacerle el amor?
(AHORA ES ANTONIO EL QUE BEBE Y SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR:)
ANTONIO : Usted está enamorado de Cecilia.
(EL PROFESOR LO MIRA. POR PRIMERA VEZ NO SABE QUE CONTESTAR)
Yo le pregunté a Cecilia si estaba enamorada de usted.
PROFESOR : ¿Y qué te contestó?
ANTONIO : Que no. Entonces le pregunté: pero estuviste enamorada de él. "Estuve enamorada del misterio", me contestó. ¿Qué me quiso decir?
PROFESOR : Esa pendeja es una hija de puta. Sabe mucho.
ANTONIO : Yo no sé si no está enamorada de usted.
PROFESOR : Ya no. Cuando ella escribió el poema mató el misterio. Ya no.
(SE HACE UNA PAUSA PROLONGADA. EL PROFESOR BEBE, PROFUNDAMENTE ANGUSTIADO)
En definitiva, un escritor se apasiona con la realidad sólo cuando le sirve para escribirla. Y, cuando la escribe, deja de apasionarlo. Se acabó el misterio.
(EL PROFESOR SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR:)
Y ahora andate, que tengo que trabajar.
(ANTONIO VA HACIA EL BAR. SE SIENTA JUNTO A LA MESA DONDE PERMANECERA EN LA ACTITUD DE QUIEN ESPERA A ALGUIEN. ESTA TRANQUILO. EL PROFESOR COMENZARA A RECOGER LOS PAPELES QUE FUE TIRANDO AL PISO DURANTE LA OBRA. LOS REVISA. SE SIRVE UN VASO DE GINEBRA Y BEBE. MIRA LOS PAPELES Y ANOTA. DE PRONTO EXCLAMA, ALEGRE:)
¡Claro...! Cuando Julia revela su amor por el teniente de húsares, se acaba el misterio. El tutor deja de amarla. Se libera de su amor. Se libera. Porque se acabó el misterio. Ahí está todo. (PAUSA) Como dijo Prevert: "Sólo amo a aquellos que me aman".
(EL PROFESOR ESCRIBE FRENETICAMENTE. LEE LO QUE ESCRIBIO)
Y el Tutor se preguntará... "¿Cómo pude, alguna vez, amar a Julia?"
(EL PROFESOR ESTA FELIZ. MIRA A ANTONIO Y LE DICE:)
Podés copular con Julia hasta el día de tu muerte.
(VUELVE AL PAPEL. SU ROSTRO SE ENSOMBRECE)
¿Y para qué me sirve? En el mejor de los casos, será un cuento genial.
(SE TOMA SU TIEMPO PARA DECIR ALGO QUE, A ESTA ALTURA DE SU VIDA, ES LA MAS DOLOROSA DE LAS CONCLUSIONES:)
¡Me cago en la literatura!
FIN
 
 

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