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El bizco
de Marta Degracia
 

PERSONAJES
ANA 50 años
ALBERTO 50 años
ESTEBAN 50 años
LAURA 20 años

EL AMBITO ES UN COMEDOR CONVENCIONAL DE TIPICA CLASE MEDIA ARGENTINA.
UNA MESA, CUATRO SILLAS, UN BARGUEÑO, ETC.
SOBRE LATERAL IZQUIERDO UN CORTE A LA COCINA; A LA DERECHA UNA PUERTA DE INGRESO A LOS DORMITORIOS Y, AL FONDO, LA PUERTA DE ACCESO DESDE LA CALLE. DESDE LA ENTRADA DE LOS DOS PERSONAJES VISITANTES, OSEA ESTEBAN Y LAURA, SE DEBE PERCIBIR QUE EN EL EXTERIOR ESTA GESTANDOSE UNA TORMENTA QUE SE IRA ACENTUANDO A LA MEDIDA QUE EL CLIMA O SITUACION DRAMATICA LO REQUIERA Y A JUICIO DEL DIRECTOR DE LA PIEZA.
AL COMENZAR LA ACCION, ANA ESTA SENTADA FRENTE A UN ESPEJITO DE MESA, TRATANDO DE HACER EJERCICIOS ISOMETRICOS Y GESTICULANDO EXAGERADAMENTE.

ANA : AEIOU, AEIOU, AEIOU... (VA CONTANDO CON LOS DEDOS HASTA DIEZ)
ALBERTO : ¿Qué hacés?
ANA : AEIOU, AEIOU, AEIOU...
ALBERTO : ¿Qué es eso? (REPITE BURLONAMENTE) AEIOU, AEIOU... ¿Para qué te sirve?
ANA : (TERMINANDO) AEIOU, AEIOU... Para la flaccidez.
ALBERTO : ¿Para qué?
ANA : La flaccidez.
ALBERTO : ¿Qué flaccidez?
ANA : Estoy fláccida. ¿No te diste cuenta? Toda la parte de abajo se me vino en banda. (SE MANOSEA EL CUELLO Y LA PAPADA) ¿No ves? Parece gelatina.
ALBERTO : (LA MIRA CON ATENCION) Sí, es cierto, parece gelatina.
ANA : (LUEGO DE UNA PAUSA) Andate a la puta que te parió.
ALBERTO : ¡Pero si vos dijiste lo de la gelatina! ¡¿Y ahora me puteás a mí?!
ANA : En vez de levantarme el ánimo y decirme "¡no es para tanto!" o algo así...
ALBERTO : No me jodas.
ANA : No te vayas a creer que vos estás hecho una pinturita.
ALBERTO : Tan mal no estoy. Si no fuera por el pelo estaría fenómeno.
ANA : El pelo es lo de menos.
ALBERTO : ¡Qué gracia!... Porque a vos te sobra, mirá si fueras pelada.
ANA : Las mujeres no se quedan peladas.
ALBERTO : Eso no es cierto. Mi tía Pepa no tenía ni un pelo, pobre. Cuando era joven se ponía una peluca. Pero se le resbalaba y le quedaba torcida. Así que encima se encajaba un pañuelo. Mi viejo la jodía... ¡Cómo la jodía pobre Pepa! Cuando la veía, en vez de darle un beso le pegaba palmaditas en la cabeza y el pañuelo se le iba a la mierda. (SE RIE)
ANA : ¡Era un jodón tu viejo!
ALBERTO : Pobre Pepa. Una vez le dijeron que para que le creciera el pelo se tenía que poner querosén. Y se lo puso... Apestaba a las tres cuadras. Mamá le prohibió que se sentara a comer con nosotros y el tío Francisco ni bien la veía sacaba los fósforos y Pepa salía corriendo a todo lo que daba...
ANA : Buena gente tu familia...
ALBERTO : Por lo menos tenían sentido del humor.
ANA : (CON INTENCION) Eso es cierto. ¿Sabés que no me olvido cuando se trenzaron el día de las elecciones y tu viejo se puso a gritar furioso. ¡Viva Perón, carajo! y se resbaló por la escalera... No me olvido más mirá... Cuando volvió del sanatorio con el yeso, toda tu familia cantándole la marchita... ¡Tenía una cara de joda tu viejo! ¡Lleno de humor estaba!
ALBERTO : ¿Y qué querés? Se quebró la gamba.
ANA : (RIENDOSE) Perón, Perón, qué grande sos,
mi general, cuánto valés...
ALBERTO : Bueno, terminála.
ANA : Larilalá, larilalá, larilarilarilalá...
ALBERTO : Te dije que la termines.
ANA : ¡Y cómo gritaba la tía Pepa! Se quedó afónica una semana.
ALBERTO : (RESENTIDO) Sí, y vos bien que la cantaste.
ANA : ¡Ah, sí! Me la iba a perder. ¡Cómo no! Si me iba a olvidar de la cara de asco que puso cuando me preguntó a qué se dedicaba mi papá y yo le dije que era obrero de la construcción.
¡Ahí llegó la morochita!, decía. Por no decir la negrita.
ALBERTO : Estás macaneando... Era una manera cariñosa de llamarte.
ANA : ¡Vamos!
ALBERTO : ¡Andá... Jean Harlow!
(PAUSA. ANA, RESENTIDA, BUSCA CON VIOLENCIA ENTRE SUS POTES DE CREMA. SE ENCREMA. ALBERTO, FURIOSO, ABRE UN DIARIO Y TRATA DE CONCENTRARSE EN LA LECTURA)
ALBERTO : (LUEGO DE UN RATO. LANZANDO UNA EXCLAMACION) ¡Ché... Orlando García!
ANA : ¿Qué?
ALBERTO : ¿Te acordás de Orlando García?
ANA : ¿Cuál?... ¡Ah, sí!, el Bizco. ¿Qué le pasa ?
ALBERTO : Acá dice que se murió.
ANA : (SE DA VUELTA Y LO MIRA FIJAMENTE) ¿Cómo que se murió?
ALBERTO : Sí, acá dice Orlando García, que en paz descanse. Su esposa Celina Pérez, sus hijos Clara y Orlando...
ANA : No puede ser el Bizco.
ALBERTO : ¿Cómo sabés? ¿Cuánto hace que no lo vemos? Como diez años. En diez años tuvo tiempo de casarse y de tener hijos.
ANA : (LUEGO DE UNA PAUSA) ¡Pero no! ¡Quién le iba a dar pelota a ese...!
ALBERTO : ¡Ah, sí! Porque los bizcos no se casan según vos.
ANA : No es por eso.
(ALBERTO LA MIRA INTERROGANTE)
ANA : Era un roñoso.
ALBERTO : ¿Qué estás diciendo? Era un tipo fenómeno.
ANA : Sería. Pero era un roñoso. No podías estar al lado de él. Siempre olía a no sé qué, a transpiración, a cebolla , a qué sé yo. Y cuando iba al baño, se mojaba los pantalones.
ALBERTO : ¿Cómo sabés? ¿Le mirabas la bragueta?
ANA : Tenía gotas de pis.
ALBERTO : (ASOMBRADO) ¡Le miraste la bragueta!
ANA : Y... sí ¿y qué? Yo miraba las braguetas. A vos también te la miré.
ALBERTO :(EN EL COLMO DE LA INDIGNACION) ¿Que me miraste la bragueta?
ANA : ¿Por qué no? ¿Acaso vos no me miraste las tetas cuando me conociste? No me sacabas los ojos de encima. Me daba la impresión de tener cuatro.
ALBERTO : Pero las mujeres no andan por ahí mirando las braguetas.
ANA : ¿Quién te dijo? Miramos... con más delicadeza, pero miramos.
ALBERTO : Cualquiera diría que se puede ver algo...
ANA : Se ve, se ve... O en todo caso se adivina. Claro que no es como con las tetas. Pero algo se adivina.
ALBERTO : ¿Y conmigo adivinaste?
ANA : Sí... pero como tenías otras cualidades...
(ALBERTO DESCONCERTADO NO SABE QUE CONTESTAR. PAUSA LARGA, SE QUEDA MEDITANDO)
ALBERTO : El bizco García, pobre... Me acuerdo en la colimba, había un cabo que lo tenía loco. ¡Vista al frente, recluta! le gritaba y lo tenía practicando todo el día... ¡Hijo de puta!... ¡El Bizco carajo!, era un tipo fenómeno. La verdad es que tendría que ir al velorio.
ANA : Pero, ¿cómo vas a ir al velorio? ¿Y si es otro tipo? Orlando GArcía debe haber millones.
ALBERTO : Bueno, es cuestión de fijarse.
ANA : Vos estás loco. Andá a saber de qué se murió. Hay muertos que cambian mucho. Sin ir más lejos, tu tía Pepa. Pesaba como treinta kilos menos. Si no hubiera sido por la pelada, no la reconocía ni la madre.
ALBERTO : Pero el Bizco...
ANA : Alberto, los velan con los ojos cerrados.
ALBERTO : (DERROTADO) Es cierto.
ANA : Además Esteban me dijo que venía.
ALBERTO : (QUE NO REGISTRA LA INFORMACION) Pero es una joda, date cuenta. Mirá si un día me lo cruzo por la calle. Me voy a pegar un susto bárbaro.
ANA : Dijo que venía a tomar unos mates. Le pedí que traiga las facturas.
ALBERTO : (EN LO SUYO) ¿Y yo qué le digo? Mirá si se me escapa... ¡Che Bizco... qué suerte que estás vivo!
ANA : Peor va a ser que le digas que estuviste en el velorio.
ALBERTO : Son las cosas de esta ciudad... Acá te dejás de ver un tiempo y pasan los años. ¿Ves? Esto en Villaguay no te pasa. Ahí te estás viendo todo el tiempo aunque no quieras. Y cuando se muere alguien podés tener la seguridad de que está muerto.
ANA : Y claro, si a la mañana pasan lista.
ALBERTO : (QUE NO LA OYE) Cuando se murió el abuelo, me acuerdo, era chico pero me acuerdo... todo el pueblo desfiló por la casa. Todo el mundo de luto, bien empilchado, parecía una fiesta...
ANA : Oíme Alberto, no sé por qué, pero esta conversación empieza a deprimirme...
ALBERTO : Y bueno, ché, son las cosas de la vida ¿No?
ANA : No.
(ALBERTO VA A CONTESTAR ALGO PERO SE CALLA. VA HACIA EL COSTURERO, SACA LA TIJERA, TOMA EL DIARIO Y, PROLIJAMENTE, RECORTA EL AVISO FUNEBRE Y LO GUARDA EN SU BILLETERA. EN ESE MOMENTO SE OYEN UNOS GOLPECITOS EN LA PUERTA. ALBERTO LA MIRA A ANA INTERROGANTE)
ANA : Esteban.
(ALBERTO VA HACIA LA PUERTA, ABRE. ES ESTEBAN, UN CINCUENTON IMPECABLEMENTE EMPILCHADO. TRAE EN LAS MANOS UN PAQUETE)
ALBERTO : Mi mujer es bruja.
ESTEBAN : ¿Por qué lo decís?
ALBERTO : Ni bien oyó los golpes en la puerta dijo: ¡Esteban!
ANA : Sí. Y vas a ver que el paquete que tres son facturas.
(ESTEBAN INGRESA Y RECIEN EN ESE MOMENTO, LOS OTROS DOS ADVIERTEN LA FIGURA DE UNA MUJER JOVEN, UNOS VEINTE AÑOS, QUE SE ENCOGE TIMIDAMENTE FRENTE A LA PUERTA)
ESTEBAN : (ENTRANDO Y DIRIGIENDOSE A LA JOVEN CON CIERTA IRRITACION) Adelante, adelante...
(LA MUJER ENTRA, ESTEBAN CON DISPLICENCIA HACE LAS PRESENTACIONES)
ESTEBAN : Mis amigos Alberto y Ana. Ella es Laura.
LAURA : (TIMIDAMENTE) Mucho gusto.
(ALBERTO Y ANA RESPONDEN VAGAMENTE, SIN MUCHA SIMPATIA. ESTEBAN LE ENTREGA EL PAQUETE A ANA, QUE SE RETIRA A PREPARAR EL MATE)
ALBERTO : (A LAURA) Puede sentarse donde quiera.
(LAURA ELIGE UNA SILLA, SE SIENTA, SE LA VE INCOMODA)
LAURA : (COMO PARA INICIAR UNA CONVERSACION, A NADIE EN PARTICULAR) Afuera hace un frío horrible...
ESTEBAN : (CON DUREZA) No hace nada de frío. Parece frío porque hay viento.
LAURA : Bueno, a mí me pareció...
ALBERTO : ¿Nos disculpa un momento? (A ESTEBAN EMPUJANDOLO HACIA UN RINCON Y SACANDO EL AVISO FUNEBRE) Oíme Esteban. ¿Te acordás de Orlando García?
ESTEBAN : ¿Quién?
ALBERTO : García, el Bizco García.
ESTEBAN : No sé de quién me hablás.
ALBERTO : Hicimos la colimba juntos. Que el cabo Gómez lo tenía cagando, "¡Vista al frente!", le decía. ¿Te acordás? Que después vendía televisores.
ESTEBAN : ¡Ah, sí, ese plomo! Me quiso encajar uno a mí.
ALBERTO : ¿SAbés que se murió, pobre?
ESTEBAN : (QUE LE IMPORTA UN PITO) No me digas.
ALBERTO : Pobre Bizco. Tanto luchar para morirse en el fracaso. La última vez que lo vi fue hace como diez años. Estaba en la lona. "Esta vez tiro la toalla hermano", me dijo. Hace dos meses que no vendo nada"
ESTEBAN : También, a quién se le ocurre... poner un bizco a vender televisores. Se hubiera hecho enderezar el ojo y, a lo mejor, la cosa mejoraba.
ALBERTO : Pero no entendés. No tenía guita... para hacerse enderezar el ojo, no tenía guita.
ESTEBAN : (COMPLETAMENTE DESINTERESADO) Buá ¡Qué tragedia!
ALBERTO : A vos te quería mucho.
ESTEBAN : ¿A mí? (PAUSA) ¿De veras?
ALBERTO : Y, sí. Cuando lo vi esa vez, me preguntó por vos. ¿Y Esteban? Me dijo. ¿Siempre tan elegante, siempre con esa pinta, siempre tan fino?
ESTEBAN : Así que se murió el Bizco. Pero qué cosa ché, no era un mal tipo.
ALBERTO : Era un tipo fenómeno.
ESTEBAN : Y bueno, pobre, qué le vamos a hacer.
ANA : (QUE VIENE TRAYENDO UN MATE) ¿Quién pobre? ¿De quién están hablando?
ESTEBAN : Del bizco García.
ANA : (CON DESCONFIANZA) ¿Qué le pasa?
ESTEBAN : ¿Cómo no lo sabías? Se murió.
ANA : Ah, ¿vos también te enteraste? (A ALBERTO) Así que se murió nomás. Tenía razón el diario.
(LOS TRES SE QUEDAN UN MOMENTO ENSIMISMADOS, CADA UNO EN SU RECUERDO)
LAURA : (DESDE LA SILLA, TIMIDAMENTE) Yo también era bizca. (LOS TRES LA MIRAN)
ALBERTO : (DURO) ¿Qué dijo?
LAURA : Usaba anteojos. Y me ponían un parche, después me hacían hacer ejercicios con un lápiz. (SIMULA EL EJERCICIO CON UN DEDO) Uno, dos, tres...
ESTEBAN : (INDIGNADO) ¿Y eso qué tiene que ver?
LAURA : No, yo decía nomás. Hacía ejercicios con un lápiz.
ANA : ¡Pero por favor! (LE SIRVE UN MATE A ESTEBAN)
ESTEBAN : Está frío.
ANA : También, con tanta charla al pedo. (VA HACIA LA COCINA MIENTRAS LE DICE A ALBERTO) Vamos a tener que ir al velatorio.
ALBERTO : (CAUTO) Bueno, no sé, así de golpe...
ANA : Pero oíme, ¿hace un rato estabas decidido y ahora no sabés?
ALBERTO : Es que cuando no estaba seguro era una cosa, ahora que se confirmó... no sé, me agarró una impresión... Tengo como una cosa acá. (SE SEÑALA EL PECHO)
ESTEBAN : Ah, conmigo no cuenten. Esta semana tuve tres, cuatro con el del abuelo de ésta. (SEÑALA A LAURA CON LA CABEZA) Y siempre los mismos chistes. ¡Será posible! ¡Qué falta de imaginación!
ALBERTO : (INTERESADO. A LAURA) Así que se murió su abuelo.
LAURA : Sí.
ALBERTO : (AFIRMANDO) Era muy viejo.
LAURA : Y sí, tenía 57 años.
ALBERTO : (MUY IMPRESIONADO) ¿Cincuenta y siete? (PAUSA) ¡Seguro que fumaba como un hijo de puta!
LAURA : No fumaba.
ALBERTO : A que chupaba y morfaba como un cerdo.
LAURA : No. Era naturista. Se levantaba a las cinco de la mañana y se iba a hacer footing a Palermo. (CON ORGULLO) A mí me enseñó a masticar 33 veces la comida.
ALBERTO : (LUEGO DE UNA PAUSA, A ANA) ¡¿Dónde carajo me escondiste los cigarrillos?!
ANA : ¡Pero qué tiene que ver Alberto? Y bajá el tono. El médico te dijo que tenías que largar el faso y hacer una vida sana, que hicieras ejercicios. (ALBERTO LA MIRA CON FEROCIDAD) En el cajón de abajo del bargueño.
(ALBERTO ABRE EL BARGUEÑO, SACA LOS CIGARRILLOS, ENCIENDE UNO Y LO FUMA CON FRUICION)
ALBERTO : ¡Ahhhhhh! (PAUSA)
ESTEBAN : El que fumaba como un loco era García.
ALBERTO : (QUE SE QUEDA CON EL CIGARRILLO EN SUSPENSO) ¿Qué estás diciendo? El Bizco no fumaba.
ANA : Sí que fumaba. Como si lo estuviera viendo. Se tiraba toda la ceniza encima. Ese asqueroso, que en paz descanse, aplastaba las colillas en el plato.
ALBERTO : Te digo que no fumaba. Yo estaba todo el día con él y jamás lo vi acercarse a un kiosco para comprar un atado.
ESTEBAN : Yo no dije que compraba. Dije que fumaba, que no es lo mismo. Siempre decía "Me tirás un faso, hermano, que estoy dejando de fumar". Y se lo fumaba.
ALBERTO : (TRIUNFANTE) ¡Ahhhhhh! Estaba dejando de fumar...
(PAUSA)
LAURA : (INSINUANDO, YA QUE NADIE SE LO HA OFRECIDO) Yo tomo mate. (ANA SE HACE LA DESENTENDIDA)
LAURA : Sobre todo cuando hace frío. Me gusta mucho el mate.
ANA : Nosotros no tomamos mate con extraños. No es higiénico.
LAURA : Yo soy sana. No tengo ni una carie...
ANA : (A ESTEBAN) ¿Es cierto lo que dice?
ESTEBAN : (SOMBRIAMENTE) Es joven.
ANA : No es ninguna garantía. Si quiere le puedo hacer un té.
LAURA : (RESIGNADA) Bueno.
(ANA PREPARA EL TE Y SE LO SIRVE. SE HACE UNA PAUSA)
ESTEBAN : ¡Cincuenta pirulos...!
ALBERTO : ¿Qué?
ESTEBAN : Digo, el Bizco, cincuenta pirulos ¿no? si hizo la colimba con nosotros tenía nuestra edad.
ANA : Es que éste era un viejo desde que nació. Siempre llorando miserias...
ESTEBAN : Es lo que yo digo. Es el bocho, viejo, el bocho. Si estás bien de acá (SE TOCA LA CABEZA) todo funciona bien. Si no (HACE EL GESTO DEL PULGAR PARA ABAJO) ¡50 pirulos!
Como quién dice, un pibe. Hoy día estás en lo mejor de la vida. Tenés... Qué sé yo... 50 años por delante.
LAURA : Veinte.
ESTEBAN : ¿Cómo veinte?
LAURA : El término promedio de la vida se elevó a los setenta. Si tenía cincuenta, le quedaban veinte.
ALBERTO : ¿Le quedaban veinte? ¿Al Bizco le quedaban veinte?
LAURA : Si uno tiene cincuenta, le quedan veinte. (ORGULLOSA) A mí me quedan cincuenta.
(SE HACE UN SILENCIO. LOS TRES LA MIRAN CON ODIO)
ANA : (CON MALIGNIDAD) ¿Eso también se lo enseñó su abuelo?
LAURA : Le voy a mostrar lo que me enseñó mi abuelo. (SE LEVANTA DE LA SILLA Y, SIN AVISO PREVIO, SE TIRA UN SONORO PEDO. LUEGO SE VUELVE A SENTAR CON MUCHA DELICADEZA. TODOS SE HAN QUEDADO CONGELADOS SIN PODER DAR CREDITO A LO QUE OYERON)
LAURA : (SIEMPRE MUY DELICADA) Mi abuelito decía que no hay nada peor para la salud que retener los gases.
(SE HACE UNA PAUSA MUY LARGA Y MUY TENSA. LUEGO ANA, GRITANDO)
ANA : ¡Pero, cómo es posible! Esta desvergonzada. Esta inmoral que no tiene el menor respeto por los muertos...
ALBERTO : Bajá la voz que te van a oír los vecinos...
ANA : (AULLANDO) Cállate. Le importa un pito que estemos de duelo por nuestro amigo del alma.
ALBERTO : No es para tanto.
ANA : Para vos, porque vos hacés lo mismo. Si te creés que no te oigo, en vez de ir al baño y tirar la cadena como la gente decente...
ALBERTO : ¡Pero qué venís a hablar de decencia vos que le mirabas la bragueta al Bizco!
ESTEBAN : (MUY INTERESADO A ANA) ¿Vos le mirabas la bragueta al Bizco?
ALBERTO : (GRITANDO) A todos, me podés creer, a todos. Era una miradora de braguetas.
ESTEBAN : ¿Y a mí también me la miraste?
ANA : (AULLANDO) Siiií, a vos también te la miré.
ESTEBAN : (FURIOSO) ¡No te lo permito!
ALBERTO : (SIEMPRE GRITANDO) ¡Eso fue hace veinte años!
(EL "VEINTE AÑOS" SUENA COMO UN ESCOPETAZO. LOS TRES SE QUEDAN EN SUSPENSO)
ANA : (LUEGO DE UNA PAUSA, LLOROSA) Veinte años, Dios mío. Era tan joven. Tenía treinta. Me quedaban 40. Ahora me quedan 20...
ESTEBAN : (SERENO) Nunca se me ocurrió que nadie pudiera mirarme la bragueta. Me hace sentir... indigno.
ALBERTO : (CONCILIADOR A ESTEBAN) Bueno, no te vas a enojar por eso. Después de todo nosotros le mirábamos las tetas.
ESTEBAN : (DIGNO) Yo nunca le miré las tetas a nadie.
ANA : (SIEMPRE LLOROSA) Ya me parecía...
ALBERTO : (A ESTEBAN) ¿Qué estás diciendo?
ESTEBAN : Y mucho menos a las tetonas. (MIRANDO CON MALIGNIDAD A ANA) Odio las tetonas.
ALBERTO : Está bien, tranquilizate...
ESTEBAN : Son... groseras.
(SE HACE UNA PAUSA MUY LARGA. LUEGO ANA, SIEMPRE LLOROSA PERO CONCILIADORA, A ESTEBAN)
ANA : ¿Querés un mate?
ESTEBAN : (SIN MIRARLO SIQUIERA) Está frío.
ANA : Caliento el agua.
ESTEBAN : Bueno.
(PAUSA)
LAURA : Estaba pensando...
ALBERTO : Ni se le ocurra.
LAURA : Pero yo...
ALBERTO : Está en mi casa. Si quiere pensar váyase afuera.
(LAURA SE LEVANTA, LO MIRA A ESTEBAN, ESTEBAN ELUDE LA MIRADA Y BAJA LA CABEZA. LAURA DEJA OSTENSIBLEMENTE LA CARTERA SOBRE LA SILLA Y SALE. SE HACE UNA PAUSA)
ALBERTO : Bué... Habría que mandar flores, ché, o un telegrama.
ANA : Telegrama... las flores son muy caras. Además hay que llevarlas.
ESTEBAN : La florería te las manda.
ANA : Así te cobran.
ALBERTO : No te vayas a creer que un telegrama te sale muy barato.
ESTEBAN : Y hay que ir al Correo.
ANA : (A ALBERTO, QUE ESTA REVOLVIENDO EN EL BARGUEÑO) ¿Qué estás buscando?
ALBERTO : La caja de las fotos. ¿Dónde las pusiste?
ANA : Está arriba de todo. ¿Para qué la querés ahora?
ALBERTO : Tiene que estar la foto de la colimba... (ENCONTRANDOLA) ¡Ah, aquí está!
(SE SIENTA, REVUELVE UN POCO Y TERMINA SACANDO LA FOTO DE LA COLIMBA. SE SIENTAN LOS TRES APRETADOS PARA MIRARLA)
ESTEBAN : A ver, a ver...
ANA : Se ven todos iguales (A ALBERTO) Ni a vos te reconozco.
ALBERTO : Es fácil, tenés que buscar un bizco.
ANA : Mirá... acá aparecen todos bizcos. Será la foto que es muy chica.
ESTEBAN : (SEÑALANDO) Este soy yo. Mirá qué pinta que tenía, con el birrete y todo.
ALBERTO : Y éste soy yo. Qué flaco... y, claro, me la pasaba de joda en esa época.
ANA : Yo no me puedo dar cuenta si hay un bizco. Te digo en serio, es muy chica esta foto.
ALBERTO : Atrás están los nombres. Dale fijate.
ANA : (LEE) Susin
Peyrano
Almeida
Ronco
Felice
Russo
Cicognini
Paz
Bustamante
Ponce
Alonso
Laurencena
Báez
Dubois
Perdomo
Pita
Mariani
De la Cruz
Scarinci
Aragón
Villanueva
Bonato
Martínez
Ríos
Luque
Sampaio
ALBERTO : ¿Y?
ANA : Nada más.
ALBERTO : ¿Cómo nada más? No puede ser, leé de nuevo.
ANA : Ay, Alberto, leí perfectamente. No está García.
ALBERTO : ¡Pero me hacés el favor de leer de nuevo y despacio...!
ANA : (DESPACIO) Susin
Peyrano
Almeida
Ronco
Felice
Russo
Cicognini
Paz
Bustamante
Ponce
Alonso
Laurencena
Báez
Dubois
Perdomo
Pita
Mariani
De la Cruz
Scarinci
Aragón
Villanueva
Bonato
Martínez
Ríos
Luque
Sampaio
(CUANDO TERMINA, LOS TRES SE MIRAN DESCONCERTADOS)
ALBERTO : Es imposible. Tiene que estar y se olvidó de poner el nombre. (MIRA LA FOTO TRATANDO DE UBICAR AL BIZCO) ¡Puta ché, tengo que ir al oculista!
(DURANTE UNOS MOMENTOS SE PASAN LA FOTO ENTRE ELLOS SIN RESULTADO)
ALBERTO : No sé, no entiendo. Habrá estado enfermo o algo así...
ESTEBAN : Oíme Alberto... ¿vos estás seguro que hizo la colimba con nosotros?
ALBERTO : Pero si vos mismo te acordaste cuando te lo dije. ¿No me dijiste "que el cabo Gómez lo tenía cagando"? "Vista al frente" le decía. Te acordaste solito.
ESTEBAN : No... si... Que vendía televisores. Cómo no me voy a acordar si me quiso encajar uno a mí.
ALBERTO : Estaría enfermo ese día. Digo, el día de la foto. Siempre estaba enfermo el Bizco, si no era una cosa era la otra.
ESTEBAN : Seguro. Estaría enfermo.
(EN ESE MOMENTO SE ABRE LA PUERTA Y REINGRESA LAURA QUE SE VUELVE A SENTAR EN SU SILLA)
ALBERTO : ¿Terminó de pensar ya?
LAURA : Afuera hace mucho frío... Además empezó a llover.
ESTEBAN : Seguro, seguro... (NO ESTA SEGURO DE NADA) Estaba pensando Alberto, no te pongas violento... Yo digo, digo nomás...
Y si nos confundimos de apellido y el Bizco era, qué sé yo, sampaio o Laurencena...
(ALBERTO LO MIRA)
ESTEBAN : Entonces no estaría muerto.
ALBERTO : ¿Pero qué estás diciendo, viejo? ¿Me vas a decir a mí? Como si fuera hoy me acuerdo que le cantábamos en la cancha:
García, García
la chucha de tu tía...
ANA : ¡Qué fineza!
ALBERTO : ¡Por favor! Me lo vas a decir a mí. ¡Cuántas veces lo llevé borracho hasta la casa y el viejo salía a abrirle la puerta y yo le decía, "Buenas noches, don García, aquí se lo traigo a Orlando". Y el viejo lo entraba a las patadas.
ESTEBAN : Bueno, no te pongas así. Yo decía nomás. Por un momento creí que...
ANA : A mí me lo presentó como García.
ALBERTO : (EN UN ATAQUE) Era García, era García, era García... ¡Carajo! Todas las veces que tuve que sacar de la cana a ese hijo de puta, todas las veces que me cagó con la guita. ¡¿No voy a saber yo quién era García?!
ANA : Calmate Alberto, la presión.,
ALBERTO : Ese miserable que nunca me devolvió la bicicleta. Y yo que se la había prestado por la hermana y nada más que por la hermana.
ANA : ¿Qué hermana?
ALBERTO : (SERENANDOSE DE GOLPE) La hermana de García.
ANA : ¿Y vos qué tenías que ver con la hermana de García?
ALBERTO : Nada.
ANA : (CON INTENSA SOSPECHA) ¿Y cómo se llamaba la hermana de García?
ALBERTO : No me acuerdo.
ANA : (MUY CALMADA) Dame el aviso.
ALBERTO : ¿Qué aviso?
ANA : El aviso que recortaste del diario.
ALBERTO : No sé dónde lo puse.
(ANA FORCEJEA CON ALBERTO, LE METE LA MANO EN EL BOLSILLO Y LE ARRANCA EL AVISO FUNEBRE) (LEE EN VOZ ALTA)
ANA : Su esposa Celina Pérez, sus hijos Clara y Orlando, su hermana Stella Maris... ¡hijo de puta!
ESTEBAN : ¿Pero, qué pasa, por Dios, qué está pasando?
ANA : Así que se llamaba Stella Maris.
ALBERTO : ¿Quién se llamaba Stella Maris?
ANA : La desgraciada esa que me llamaba por teléfono y me decía cornuda y me colgaba.
ALBERTO : Pero por amor de Dios, ¿de dónde sacás eso?
ANA : ¡Porque me ocultaste que García tenía una hermana! Tiene que ser ella.
ALBERTO : Vos estás loca. Yo estaba leyendo el aviso en voz alta y vos me interrumpiste para decirme que García era soltero.
ESTEBAN : (GRITANDO) Pero tranquilícense, si siguen gritando va a venir la cana.
ANA : ¡Vos no te metas en esto, maricón de mierda!
(SE HACE UN SILENCIO MUY PESADO. ESTEBAN SE PONE SU ABRIGO LENTAMENTE. COMIENZA A CAMINAR HACIA LA PUERTA)
ALBERTO : Pero no, Esteban, estoy seguro que no quiso decir eso.
ESTEBAN : (MUY SERENO) Te lo dije antes que te casaras. Es una ordinaria. Y tu viejo te lo dijo también, un millón de veces. Es una chiruza. Una negrita cualquiera sin educación y sin cultura.
(ANA SE LARGA A LLORAR. ESTEBAN TAMBIEN SE AFLOJA Y LLORA)
ALBERTO : (SACANDOLE EL ABRIGO A ESTEBAN Y HABLANDOLES A LOS DOS COMO A DOS CHICOS) Bueno, ya está, ya pasó. Ahora nos tomamos unos ricos mates ¿no, Ana? (ANA ASIENTE CON LA CABEZA)
Bien calentitos que hace mucho frío...
LAURA : (APROVECHANDO) Ay, afuera hace un frío horrible.
ALBERTO : ¡Cállese la boca! (A ESTEBAN) ¿Querés una ginebra?
ESTEBAN : (ENCULADO NO CONTESTA)
ALBERTO : Te va a hacer bien. Dale, te traigo una ginebra.
ESTEBAN : Sabés de sobra que no me gusta la ginebra.
ALBERTO : ¿Un cognacito?
(ESTEBAN NO CONTESTA)
ALBERTO : (DESESPERADO) ¿Un whiskicito?
ESTEBAN : Licor de huevo.
(ALBERTO LA MIRA A ANA, ESTA ABRE EL BARGUEÑO Y SACA VARIAS BOTELLAS, ALBERTO LE SIRVE EL LICOR DE HUEVO A ESTEBAN Y LE DEJA AL LADO LA BOTELLA. PARA EL ELIGE LA GINEBRA, SE SIRVE, SE DEJA AL LADO LA BOTELLA. ANA ELIGE UNA DE COGNAC, SE SIRVE, SE DEJA AL LADO LA BOTELLA. CADA UNO CON SU BOTELLA)
LAURA : (TIMIDAMENTE SE LEVANTA DE SU SILLA CON LA INTENCION DE ACERCARSE AL BARGUEÑO, PERO ANTES DE QUE LLEGUE A DAR UN PASO, ANA LE DICE:)
ANA : Esto no es un despacho de bebidas.
(LAURA SE SIENTA)
(SE HACE UN LARGO SILENCIO. CADA UNO QUEDA CON SUS PENSAMIENTOS)
ESTEBAN : (DE PRONTO, COMO QUIEN TIENE UNA REVELACION) No vendía televisores.
ALBERTO : ¿Qué?
ESTEBAN : El Bizco. No vendía televisores.
ANA : Esteban tiene razón.
ALBERTO : ¡Pero y vos qué sabés de eso!
ANA : Vos mismo lo dijiste. ¿Cómo un bizco va a vender televisores?
ESTEBAN : Correteaba vinos.
ALBERTO : ¿Cuándo correteaba vinos?
ESTEBAN : Cuando estábamos en la colimba. Cuando trajiste la botella me acordé.
ALBERTO : (ACORDANDOSE) ¡Pero no! Eso fue antes. Pero después lo echaron. Acordate.
ESTEBAN : (INSEGURO) ¿Lo echaron?
ALBERTO : Sí. Porque se chupaba la mitad de las muestras y las completaba con agua. Como que te estoy viendo que me acuerdo cuando me lo contó. "Pero si les estoy haciendo un favor, hermano", me dijo. "Si lo que venden es querosén puro". Después vendía televisores.
ESTEBAN : Ah, fue después...
ALBERTO : Sí, después, después. Además qué importancia tiene, si era antes o después. Acá lo que importa es que se murió. Que el Bizco se murió. (NO SABE COMO SEGUIR, LA EMOCION LO AHOGA, SE DERRUMBA SOBRE UNA SILLA Y SE PONE A LLORAR)
ESTEBAN : No te pongas así, te va a hacer mal.
ALBERTO : No sé que estoy haciendo acá. Tendría que ir al velorio.
ANA : Me parece bien. Así de paso le pedís la bicicleta a la hermana.
ALBERTO : (MIRANDOLA CON ODIO) ¡No seas miserable!
ESTEBAN : Bueno, ché, no se van a pelear ahora por una bicicleta.
ANA : A mí ni me contó que tenía bicicleta. No sé de dónde saca esa historia ahora.
ALBERTO : (FURIOSO) ¿Qué querés decir?
ANA : Cuando nos compramos el auto me dijiste, "Pensar que yo nunca tuve nada, ni una miserable bicicleta".
ALBERTO : (DESPUES DE UNA PAUSA) Triciclo te dije, triciclo.
ANA : Es lo mismo. Si no tuviste triciclo menos ibas a tener bicicleta. Está bien claro lo que me quisiste decir.
ALBERTO : ¡Tenía una bicicleta, azul, con el timbre cromado y un banderín de Boca! Me la regaló mi viejo cuando cumplí los dieciocho. El día que la estrené me pegué un porrazo bárbaro y me lastimé con la cadena. Todavía debo tener la marca.
(FURIOSAMENTE SE ARREMANGA LOS PANTALONES. NO SABE EN QUE PIERNA BUSCAR. SE FIJA EN LAS DOS. FINALMENTE SE SACA UN ZAPATO, SE BAJA LA MEDIA. ENCUENTRA ALGO, SE LO MUESTRA A ANA)
ALBERTO : Fijate, para que veas, acá está.
(ANA NO QUIERE AGACHARSE PARA MIRAR. SE QUEDA MUY DERECHA EN LA SILLA. ALBERTO PARA OBLIGARLA, LEVANTA UNA PIERNA A LA ALTURA DE LOS OJOS DE ANA COMO EN UN PASO DE CAN-CAN)
ALBERTO : Fijate, fijate, para que veas...
(EN ESE MOMENTO PIERDE PIE Y SE CAE ESTREPITOSAMENTE, ANA Y ESTEBAN LANZAN UNA CARCAJADA)
ANA : (A ESTEBAN RIENDOSE HASTA LAS LAGRIMAS) Eso se lo hizo en Mar del Plata, en La Perla. Me estaba por sacar una foto. Caminó para atrás y no vió una lata de sardinas. La foto salió igual. Esperá que te la muestro. (RIENDOSE SIN PARA BUSCA EN LA CAJA, LA ENCUENTRA, SE LA MUESTRA A ESTEBAN) ¡Mirá la cara que puse!
(LOS DOS SE RIEN OLVIDANDOSE DE ALBERTO QUE SE LEVANTA DEL SUELO MUY ENOJADO, SE ARREGLA LA ROPA Y SALE DE LA HABITACION DANDO UN PORTAZO. ANA Y ESTEBAN SE QUEDAN CALLADOS. EN ESE MOMENTO LAURA QUE HA ESTADO CALLADA TODO EL TIEMPO, SE EMPIEZA A REIR)
LAURA : (RIENDOSE A MAS NO PODER) Uno por uno, uno
Uno por dos, dos
Uno por tres, tres
Uno por cuatro, cuatro
Uno por cinco, cinco
ANA : ¿Qué dice?
LAURA : Es para distraerme. Su marido me dijo que no pensara:
Uno por seis, seis
Uno por siete, siete
Uno por ocho, ocho
Uno por nueve, nueve
ANA : (A ESTEBAN) ¿Pero de dónde la sacaste?
ESTEBAN : Ya te dije. Estaba en el velorio del abuelo.
ANA : Sí. ¿Y?
ESTEBAN : ¿Y qué?
ANA : Que estabas en el velorio del abuelo. ¿Y?
ESTEBAN : Yo no dije que YO estaba en el velorio. Ella estaba. Yo pasaba por la puerta.
ANA : ¿Y?
ESTEBAN : Hacía mucho frío. Así que entré.
ANA : ¿Entonces?
ESTEBAN : Entonces nada.
ANA : ¿Cómo nada?
ESTEBAN : Tomé café. Con licor de huevo.
ANA : ¿Y?
ESTEBAN : Tomé café con mucho licor de huevo...
ANA : ¿Entonces?
ESTEBAN : (MUY IRRITADO) No me acuerdo.
ANA : (A LAURA) ¡Pero usted se tiene que acordar!
LAURA : (VA A CONTESTAR, PIENSA) tres por cinco, quince
Tres por seis, dieciocho
Tres por siete, veintiuno.
(EN ESE MOMENTO SE ABRE LA PUERTA Y ENTRA ALBERTO. EN LA MANO TRAE UN BANDERIN)
ALBERTO : Acá está. Yo sabía que lo había guardado. Vamos a ver quién tiene razón ahora (LEVANTA TRIUNFANTE EL BANDERIN) Cuando le presté la bicicleta se lo saqué porque el Bizco era de River.
(SE LO PONE A ANA DELANTE DE LA NARIZ)
ALBERTO : Mirá, para que veas.
ANA : Lo único que veo es un banderín de Boca, eso no demuestra nada.
ALBERTO : ¿Cómo que no demuestra nada? Si te conté que la bicicleta era azul, con el timbre cromado y un banderín de Boca.
ANA : Vos me estás cargando.
ALBERTO : Lo tenía atado al manubrio. Cuando corría fuerte se agitaba y yo me sentía como en la gloria. Sentía que toda la hinchada me miraba... Así, ¿ves?, así. (CON DESESPERACION DA VUELTA UNA SILLA, SE SIENTA AL REVES, A HORCAJADAS Y SIMULA LA BICICLETA AGITANDO LAS PIERNAS MIENTRAS GRITA) ¡Boca, Boca, Boca!
ESTEBAN : (DE PRONTO, GRITANDO) ¡Defensores del Barrio Nébel!
ALBERTO : (QUE SIGUE PEDALEANDO) ¿Qué decís?
ESTEBAN : (PONIENDOSE DELANTE DE ALBERTO Y AGARRANDO EL RESPALDO DE LA SILLA COMO SI FRENARA UNA BICICLETA) Pará, Alberto, pará...
Defensores del Barrio Nébel. El club, Alberto, era del club. Por eso no estaba en la foto de la colimba. El Bizco era del club.
(ALBERTO, DEJANDO DE PEDALEAR MUY AGITADO, SE BAJA LENTAMENTE DE LA BICICLETA)
ESTEBAN : Atendía el barcito. Era ahí que se mamaba y rellenaba las botellas con agua. De ahí que lo echaron.
ALBERTO : (SENTANDOSE EN LA SILLA) Ya no tengo edad para correr.
ESTEBAN : (INSISTIENDO) Era del club, estoy seguro.
ANA : Si fuera del club, yo me acordaría. Estaba al lado de mi casa. En verano iba todos los días, y en invierno los domingos a verlo a mi viejo a jugar a las bochas.
ALBERTO : (JADEANDO) ¿Y vos decís que atendía el barcito? Estás loco. El tipo del barcito tenía como setenta años, era jubilado del ferrocarril y le decían Pancho.
ANA : (EN LO SUYO) Además nunca me perdí un baile. (A ESTEBAN) Fue ahí que me puse de novia con Alberto. Era un 9 de julio. Yo había ido con Alicia, con un vestido de plumetí celeste con pintitas blancas. Estaban tocando un bolero y Alberto me sacó. ¿Te acordás, amorcito? (UN POCO ACHISPADA, CANTA) "Y voy, por la vereda tropical, la noche llena de quietud, larilarilarilalá...(MUY ENGANCHADA EN SU RECUERDO, SE PONE A BAILAR SOLA MIENTRAS SIGUE TARAREANDO EL BOLERO) Larilarilarilaláaaa...
ALBERTO : Estaba en una mesa con Cuqui, la hija del panadero. Era rubia, pecosa, con los ojos azules. ¡Me tenía loco! Yo cabeceé de lejos ¿viste?, como se usaba entonces. En ese momento Cuqui miró para otro lado, la que salió fue Ana.
ANA : (QUE NO REGISTRA EL COMENTARIO DE ALBERTO, SIEMPRE TARAREANDO) Larilarilarilarilalá... Vení, vamos a bailar.
ALBERTO : No me jodas.
ANA :(TIRONEANDOLO DE UN BRAZO) Dale, vení, como si estuviéramos en el club.,..
ALBERTO : No me jodas, carajo, ¡Estoy de duelo!
ANA : No seas ridículo. Hace más de diez años que no lo veíamos.
ALBERTO : Más de diez años no. Diez años. Además qué tiene que ver. Se trata de mis sentimientos.
ANA : Yo también te estoy hablando de tus sentimientos., Estoy recordando cuando nos conocimos. (LUEGO DE UNA PAUSA, SE PONE A BAILAR DELANTE DE EL, DESAFIANTE Y AGRESIVA) "Y voy por la vereda tropical, la noche llena de quietud, larilarilarilaláaaaa...
ALBERTO : Estás borracha.
ANA : No estoy borracha. ¿Y si estuviera, qué? Si a vos te gustan los borrachos. Siempre tu gustaron. Me acuerdo como te reías cuando me puse en pedo en el cumpleaños de tu hermano: "Mi mujer pisa un corcho y se mama"... Se lo contabas a todo el mundo...
ALBERTO : Es distinto.
ANA : ¿Qué es distinto?
ALBERTO : Eramos jóvenes.
ANA : ¿Y eso qué tiene que ver?
ALBERTO : Los jóvenes cuando se ponen en pedo son divertidos. Los viejos son patéticos.
(ANA, DESPUES DE UN SILENCIO DE MUERTE, SE VA DA LA HABITACION DANDO UN PORTAZO)
ESTEBAN : (QUE EN TODO ESTE TIEMPO HA ESTADO REVOLVIENDO LA CAJA DE FOTOS CON MUCHA ANSIEDAD) Ni una foto mía tienen, ni una. Ya no digo una del Bizco, pero mía... Con razón no se acuerdan de nada ustedes.
ALBERTO : Está bien, Esteban...
ESTEBAN : Si no viviera en Berazategui...
ALBERTO : La próxima vez que vengas, nos traés una y listo.
ESTEBAN : Las del club estoy buscando. Las del club.
(ALBERTO LO MIRA INTERROGANTE)
ESTEBAN : En alguna debe estar el Bizco.
(SE HACE UNA PAUSA. ALBERTO SE SIRVE UNA COPA, BEBE, SE SIENTA EN UNA SILLA ACONGOJADO)
ALBERTO : ¡El Bizco, carajo! Era un tipo fenómeno.
(PAUSA. EN EL SILENCIO SE OYE TENUAMENTE LA VOZ DE LAURA QUE MULTIPLICA)
LAURA : Cinco por cuatro, veinte
Seis por cuatro, veinticuatro,
Siete por cuatro, veintiocho,
Ocho por cuatro, treinta y dos...
ALBERTO : (A ESTEBAN) ¿Pero, me querés decir de dónde la sacaste?
ESTEBAN : ¡Pero si te lo acabo de explicar! Con pelos y señales.
ALBERTO : (PIENSA) No me acuerdo.
ESTEBAN : Te lo dije. Yo estaba en el velorio del abuelo. Y ella entró.
ALBERTO : ¿Y?
ESTEBAN : Qué sé yo. Estaba llorando... Me dió lástima.
ALBERTO : Entonces la invitaste.
ESTEBAN : ¿Adónde?
ALBERTO : A mi casa. La invitaste a mi casa.
ESTEBAN : ¡Estás loco! ¡Cómo voy a invitar a tu casa a una tipa que no conozco!
(EN ESE MOMENTO SE ABRE LA PUERTA Y APARECE ANA VESTIDA COMO PARA SALIR. ABRIGO, CARTERA, ETC... CAMINA VACILANTE HACIA LA PUERTA DE CALLE)
ALBERTO : ¿Adónde vas?
ANA : Al velorio.
ALBERTO : (ALARMADO) ¿A qué velorio?
ANA : Al velorio del Bizco. ¡Ya me va a oír la desgraciada esa!
ALBERTO : ¡Pero vos estás loca! ¿Cómo podés estar segura que es el Bizco?
ANA : Es cuestión de fijarse.
ALBERTO : (GRITANDO) ¡Ya te dije que los velan con los ojos cerrados!
ANA : No me grites, no soy sorda.
ESTEBAN : (OBLIGANDOLA A SENTARSE) Pero estás borracha, Ana ¿Cómo vas a caer borracha en un velorio?
ANA : (FORCEJEANDO PARA LEVANTARSE) Ah, sí... Y quién se va a dar cuenta, si están todos borrachos... ¡Meta licor de huevo!
ESTEBAN : (SOSTENIENDOLA EN LA SILLA) Además no estás segura, pensálo. Mirá si es otro tipo. Orlando García debe haber millones.
ANA : Es cuestión de fijarse. Alguno de los hijos debe ser bizco. Esas cosas se heredan.
ESTEBAN : ¿Quién te lo dijo?
ANA : Mi papá sufría del hígado, yo sufro del hígado y Alberto también sufre del hígado.
ALBERTO : ¿Y yo qué tengo que ver? Yo soy pariente político. ¿Cómo voy a heredar de tu papá?
ANA : Heredaste más de lo que merecías, desgraciado. (A ESTEBAN, LLOROSA) La casita de Boulogne... La levantó mi viejo con sus propias manos, hasta el último ladrillo. Ocho años de esfuerzo de sol a sol, todos los domingos y dice que no heredó nada. ¡Miserable!
ALBERTO : (A ESTEBAN) La guita que me costó esa casa... ¡la guita!... manchas de humedad por todos lados, llena de goteras, las puertas no encajaban...
ANA : (SIEMPRE LLOROSA) Ni un sólo domingo dejó de ir en ocho años. Esto va a ser para mis hijos Ana y Alberto, decía, para que las disfruten mis nietos.
ESTEBAN : ¿Qué nietos?
ANA : Los que íbamos a tener nosotros.
ALBERTO : Tu padre querrás decir...
ANA : Nosotros. (A ESTEBAN) Para los nietos de mis nietos, decía... ¡Pobre papá! En el último minuto me llamó, "Mirá Concetta..."
ESTEBAN : ¿Como Concetta?
ANA : Tenía arterioesclerosis, me confundía con una novia que había tenido allá, en Italia, cuando era jóven... ¡Pero yo sabía muy bien de lo que me estaba hablando! "Per el figli de la mia figlia", me dijo, y se murió.
(ESTEBAN LO MIRA A ALBERTO DESCONCERTADO)
ALBERTO : Se lo dijo en italiano... Dos meses antes de morirse empezó a hablar en italiano, y no hubo caso hasta el final. Para colmo era un dialecto de la baja Italia, más cerrado que la mierda. Los médicos se volvían locos, imaginate... Y como no lo entendían se enculaba. Les gritaba "mascalzone, sporcaccione". Se armaba cada quilombo... Al final lo medicaban al tuntún.
ESTEBAN : Y sí, igual que mi abuelo. A mí no me reconocía. Creía que era el pensionista, y me cobraba alquiler.
ANA : ¡Pobre hombre!
ESTEBAN : No te vayas a creer. Cuando me cobraba el alquiler se ponía chocho. El problema era cuando se olvidaba y me quería cobrar de nuevo. Ahí se armaba la rosca. Me quería desalojar. Una vez me tiró la ropa a la calle, un despelote. (PAUSA) Yo, al final, le pedía el recibo.
ALBERTO : Y bueno, qué le vamos a hacer. Cada uno su cruz. Nosotros el tío Francisco. Y eso que no era tan viejo. Se le había puesto que tenía los pies de vidrio, se metió en la cama y no hubo manera que se levantara, hasta el final.
ANA : Y eso por no hablar del resto de la familia.
ALBERTO : ¿Qué tenés que decir del resto de la familia?
ANA : (A ESTEBAN) Vos la conociste a la tía Pepa. No se bañaba nunca. Según ella tenía la piel tan delicada, que el agua le sacaba ronchas.
ALBERTO : Estás mintiendo.
ANA : Me lo contó ella misma, la bombacha se la cambiaba cuando tenía que salir. "Por las dudas me pase algo", me decía.
ALBERTO : (COMO AVERGONZADO, A ESTEBAN) Tenía como ochenta años... (SE HACE UNA PAUSA. EN EL SILENCIO SE OYE SOLLOZAR A LAURA. NINGUNO DE LOS TRES LA MIRA)
LAURA : (SOLLOZANDO E HIPANDO) Mi abuelito decía que...
ANA : (INTERRUMPIENDOLA BRUTALMENTE) La grasa.
ESTEBAN : ¿Qué?
ANA : Viste como se comía antes. Pura grasa, pura manteca, puro frito. El colesterol. De ahí te viene la arterioesclerosis. Hoy día eso no te pasa. Con una alimentación sana, eso no te pasa.
ALBERTO : Por supuesto que no. ¡Hoy día tenemos la suerte de morirnos bien sanos!
ANA : No se trata de eso, se trata de...
ESTEBAN : Oíme, Ana, no sé por qué, pero esta conversación empieza a deprimirme.
ANA : Y bueno, ché. Son las cosas de la vida ¿no?
ESTEBAN : No.
(SE HACE UNA PAUSA. SE OYE A LAURA SOLLOZAR INTENSAMENTE. NADIE LA MIRA. SORPRESIVAMENTE, ALBERTO SE LARGA A LLORAR)
ANA : Pero, qué te pasa, por Dios (A ESTEBAN, COMPUNGIDA) La culpa es mía.
ALBERTO : No, la culpa es mía.
ANA : Es mía. No tenía por qué hacerte acordar de la tía Pepa.
ALBERTO : No estoy pensando en la tía Pepa. (ANA LO MIRA INTERROGANTE) Es el Bizco... (SE SECA LAS LAGRIMAS) Si él no se quería venir a Buenos Aires. Yo lo convencí.
ANA : ¿Y eso qué tiene que ver?
ALBERTO : ¿Cómo qué tiene que ver? A lo mejor si se quedaba allá no le pasaba nada.
ANA : Las cosas pasan cuando tienen que pasar. Es el destino.
ALBERTO : No es tan así... acordate lo que le pasó al Beto.
ESTEBAN : ¿Qué Beto?
ANA : Mi primo. El hijo de mi tía Elisa. El que tenía el mercadito.
ESTEBAN : ¿Qué le pasó? Yo no me enteré de nada.
ANA : Vos no estabas acá...
ALBERTO : (CASI LLORANDO) ¿Te acordás que no salía nunca? De la casa al mercadito, del mercadito a casa. La vieja lo hinchaba, que por qué no salís, que así no te vas a casar nunca, que ya tenés más de cuarenta años... Al final lo convenció. Había un baile en la Rural. El Beto se empilchó de punta en blanco, salió de la casa, caminó tres cuadras, hasta Alvear y Vélez Sarsfield. Recién habían terminado de poner las vías del tranvía. Había un pozo como de 2 metros y como había llovido toda la semana estaba lleno de agua. Parece que el Beto se le dio por hacer euilibrio. Se trepó a la vía, empezó a caminar, perdió pie y se fue al agua...
ANA : No sabía nada...
ESTEBAN : No me digas que se ahogó.
ALBERTO : En pleno centro, Alvear y Velez sársfielf. Enfrente de la municipalidad.
ANA : (SORPRENDIDA) ¿Cómo enfrente de la municipalidad?
ALBERTO : (MAS SORPRENDIDO TODAVIA) Alvear y Vélez Sarsfield. ¡Enfrente de la Municipalidad!
ANA : Estás loco. La Municipalidad estaba en San Martín y Entre Ríos. (DANDOSE IMPORTANCIA) El Beto se ahogó frente a la Catedral... Además, el tranvía no pasó nunca por donde vos decís.
¿No es cierto, Esteban? (ESTEBAN HACE UN GESTO VAGO)
ALBERTO : ¡Qué estás diciendo! ¿Cómo que... (A ESTEBAN) Pero decime, Esteban... el tranvía pasaba o no pasaba por ahí, ¿tengo razón o no?
ESTEBAN : (QUE TRATA DESESPERADAMENTE DE ACORDARSE Y NO PUEDE)... Bueno, Alberto, eso qué importa... fue un accidente y nada más...
ANA : Es lo que yo decía. No tiene nada que ver. Fue un accidente. A cualquiera le pasa. (SE HACE UNA PAUSA)
ALBERTO : A lo mejor lo del Bizco fue un accidente...
ANA : ¡Pero por favor, ni siquiera estás seguro que es el Bizco!
ALBERTO : (COMO PARA SI) Estoy a tiempo. Tengo toda la noche para asegurarme y mañana decido.
ESTEBAN : Sí, ¿pero cómo te asegurás?... (PAUSA LARGA)
ANA : (A ALBERTO) Ché... ¿vos te acordás dónde vivía el Bizco? Esa noche nos invitó a la casa y anotó la dirección en una servilleta.
ALBERTO : La perdí.
ANA : Ya sé. Pero yo digo si te acordás, aunque sea más o menos, el barrio, qué sé yo, si era la provincia...
ALBERTO : ¿Pero qué pretendés? Que toque el timbre en una casa y que pregunte si hay un muerto.
LAURA : La guía. (SECANDOSE LAS LAGRIMAS)
ALBERTO : (CON FEROCIDAD) Ya le dije que...
ESTEBAN : ¿Qué guía?
(LAURA VA A DECIR ALGO Y ANA LA INTERRUMPE)
ANA : (MOLESTA) Lo que yo decía, Alberto. La guía de teléfonos.
ALBERTO : (FURIOSO) No tenía teléfono.
ANA : ¿Estás seguro? (ALBERTO VACILA. HACE UN GESTO VAGO) Si te acordás de la calle y tiene teléfono...
ALBERTO : No me acuerdo.
ANA : Hacé un esfuerzo.
ALBERTO : No sé. Me parece que era lejos.
ANA : Lejos para dónde.
ALBERTO : ¡Te digo que no me acuerdo! (PAUSA)
ESTEBAN : (QUE HA IDO A FIJARSE EN LA GUIA) Hay diecinueve.
ANA : ¿Qué?
ESTEBAN : Diecinueve Orlando García. (A ALBERTO) ¿Querés que te los lea?
ALBERTO : (ENCOGIENDOSE DE HOMBROS) Dale...
ESTEBAN : Membrillar, Bacacay, Viamonte, Concordia, Acevedo, Mármol, Juan B. Justo, Anchorena, Salta, Juramento, Paso, Condarco, Córdoba, Darwin, Maipú, Independencia, Lope de Vega, Agrelo, Pampa. (SON CALLES DE BUENOS AIRES)
ALBERTO : (QUE HA ESTADO ASINTIENDO CON LA CABEZA TODO EL TIEMPO) No me acuerdo.
ANA : Pensá un poco.
ALBERTO : (AL BORDE DE UN ATAQUE) ¡Te digo que no me acuerdo!
ANA : ¿Lope de Vega no?
ALBERTO : Para nada.
ANA : ¿Pampa?
ALBERTO : Tampoco.
ANA : ¿Juan B. Justo?
ALBERTO : No, es al pedo. No me suena y no me suena.
ESTEBAN : A lo mejor si te la leo de nuevo, despacio...
ALBERTO : ¡Pero no, terminala!..., si te digo que no me acuerdo... (SE QUEDA EN SUSPENSO)... Membrillar... Membrillar me suena... Membrillar al 400... (TRIUNFANTE) ¡Membrillar 425 9º "C"!
ANA : Ahí vive tu hermano.
(ALBERTO HACE UN GESTO DE DESILUSION)
ESTEBAN : Qué querés que te diga. Yo los llamaría a todos y preguntaría por el Bizco.
ALBERTO : Por Orlando.
ESTEBAN : No. Orlando son todos, hay que particularizar.
ALBERTO : Son las diez de la noche, Esteban, date cuenta. Suena a joda. Además imaginate que está vivo y me atiende la señora. A lo mejor no le gusta que lo llamen así al marido. O los hijos, que son chicos. Es como humillarlo al viejo. No, Esteban, no va, no va...
ESTEBAN : Hacé una cosa. Si te atiende un tipo, le decís ¿habla el Bizco? Si te atiende una mujer, cortás.
ALBERTO : (LUEGO DE UNA PAUSA) No es mala idea.
(ALBERTO SE INSTALA FRENTE AL TELEFONO CON LA GUIA Y EMPIEZA A LLAMAR)
ALBERTO : (MARCA UN NUMERO, ESPERA, LO ATIENDEN) Hola, ¿habla el Bizco? (CUELGA, EXPLICA) Te lo dije, me colgó.
ESTEBAN : Dale.
ALBERTO : (MARCA LO ATIENDE, CUELGA RAPIDO) Una mina...
(MARCA, ESPERA LARGO RATO)
ALBERTO : No contestan.
ESTEBAN : Marcalo.
ALBERTO : ¿Para qué?
ESTEBAN : A lo mejor están todos en el velorio.
(ALBERTO BUSCA UN LAPIZ, LO MARCA)
ALBERTO : (MARCA OTRO NUMERO) Hola, ¿quién habla?, ¿el Bizco?... No, el Bizco... Quiero hablar con el Bizco (GRITANDO) ¡El Bizco! (CUELGA FURIOSO) ¡Sordo de mierda!
(MARCA. LE DA OCUPADO. NO ENGANCHA LA CARACTERISTICA, ETC...)
ALBERTO : Hola, ¿habla el Bizco? (LUEGO DE UN MOMENTO CUELGA MUY OFUSCADO)
ALBERTO : (A ESTEBAN) La puta que te parió.
ESTEBAN : Bueno, ¿qué te la agarrás conmigo? Estoy tratando de ayudarte. Al final era más amigo tuyo que mío.
ALBERTO : Me mandó a la mierda.
ANA : No te pongás así. Ya se sabe que la gente es grosera.
ALBERTO : No va, Esteban, no va.
(CIERRA LA GUIA DE UN GOLPE Y LA TIRA SOBRE UNA SILLA. LAURA SE ACERCA PARA TOMARLA. VELOZMENTE ALBERTO SE SIENTA ENCIMA Y SE AGARRA LA CABEZA CON LAS MANOS)
ALBERTO : ¡Qué desgracia, Dios mío, qué desgracia!
ANA : Bueno, no te pongas así, te va a hacer mal...
(SE HACE UNA PAUSA MUY LARGA. SE QUEDAN ENSIMISMADOS EN EL RECUERDO)
ALBERTO : Pobre Bizco... todo le salía para la mierda... Tenía mala suerte. (PAUSA)
ANA : Y sí... la verdad...
ALBERTO : (CON INTENCION) Todos lo jodían.
ANA : Bueno, todos no. Vos lo querías mucho.
ALBERTO : (CON SORNA) Sí, lo quería mucho, cómo no, pero bien que lo jodí yo también...
ANA : ¿Qué estás diciendo?
ALBERTO : Pobre Bizco..., lo que más quería en la vida era estar en el equipo del club, y yo bien que lo cagué.
ESTEBAN : ¿Qué equipo?
ANA : El de básquet... ¿Te acordás? Cuando Alberto era el Director Técnico...
ALBERTO : (TRAGICO) En la vida me lo voy a perdonar.
ANA : Bueno, no es para tanto.
ALBERTO : Vos qué sabés... estaba loco. Una noche vino a casa, desesperado, me pidió por la madre. Pero qué podía saber yo... ¡Cómo iba a adivinar! (SE AGARRA LA CABEZA ENTRE LAS MANOS)
ANA : Ay, Alberto, ¿qué podías hacer? Yo me acuerdo bien que me dijiste: "Con lo petiso que es, me van a acusar que lo metí por amiguismo". ¿No me dijiste así? Como si fuera hoy me acuerdo.
ESTEBAN : ¿De quién están hablando?
ALBERTO : (SORPRENDIDO) Del Bizco. ¿De quién va a ser si no?
ESTEBAN : Como hablabas de un petiso... y el Bizco era más alto que yo.
ANA : (CON SORNA) Buá...
ALBERTO : ¿Qué estás diciendo? Si a mí me llegaba acá. (SE TOCA LA MANDIBULA)
ESTEBAN : Pero si cuando estábamos en el colegio formábamos atrás de todos.
ALBERTO : ¿De qué colegio me hablás?
ESTEBAN : Del Nacional 24.
ALBERTO : Serían todos enanos. Yo te digo que me llegaba acá. (SE VUELVE A TOCAR LA MANDIBULA CON VIOLENCIA)
ANA : Bué... Alberto tiene razón. En los bailes siempre la sacaba a la Pirucha que era la más petisa de todas para no hacer papelones.
ESTEBAN : Justamente. Siempre la sacaba a la Pirucha y todos lo cargábamos. Una vez el Toto les dijo cuando pasaban: "Miren, el elefante y la hormiguita", y se escupió la mano con saliva. Y la Pirucha le dio un carterazo que lo dejó frito.
ANA : Bué... No hacía falta ser muy alto para dejar petisa a la Pirucha. Esa mina era un tarugo.
ALBERTO : (CASI APOPLETICO) Yo lo único que te digo es que me llegaba acá. (SE TROMPEA LA MANDIBULA)
ESTEBAN : Y bueno, de últimas si te llegaba acá, (SE TOCA LA MANDIBULA) tan petiso no era. ¿O qué? ¿Vos sos petiso acaso?
ALBERTO : (AGRANDADO) Mido un metro setenta y cinco.
ESTEBAN : Si vos medís un metro setenta y cinco y te llegaba acá (SE TOCA LA MANDIBULA), debía medir un metro setenta. Con un metro setenta, nadie es petiso.
ALBERTO : Ma qué un metro setenta, si me llegaba acá. ¿Qué querés decir? ¿Que mi cabeza mide cinco centímetros?
ANA : Alberto tiene razón. Esperá que te mido. (VA HACIA EL COSTURERO, SACA EL CENTIMETRO, LO HACE PARAR A ALBERTO, LO MIDE)
¿No ves? Hasta acá (POR LA MANDIBULA DE ALBERTO) Son un metro cincuenta y siete.
ESTEBAN : (OBCECADO) No era petiso.
ANA : Oíme, cuando bailaba con la Pirucha...
ESTEBAN : (MUY IRRITADO) Cuando bailábamos con la Pirucha todos nos agachábamos. Así y todo las tetas te llegaban acá (SE SEÑALA LA CINTURA) ¡Tenía una tetas la Pirucha! (LO RECORRE UN ESTREMECIMIENTO) Todos nos agachábamos, (EXTASIADO) Y después te dolían tres días los riñones...
ANA : (SACANDOSE CON VIOLENCIA LOS ZAPATOS DE TACO ALTO Y DOBLANDO LAS RODILLAS) A ver, vení, yo soy la Pirucha, a ver...
ESTEBAN : (ACERCANDOSE A ANA LA TOMA COMO PARA BAILAR Y SE INCLINA EXAGERADAMENTE)
ESTEBAN :(BAILANDO) ¿No ves lo que te digo? (TERMINA Y SE ENDEREZA) No demuestra nada. Yo mido uno setenta y siete.
ALBERTO : ¿Me permitís Esteban? (LE QUITA EL CENTIMETRO A ANA Y LO MIDE A ESTEBAN) ¿Cuánto dijiste que medías?
ESTEBAN :(SEGURO) Uno setenta y siete.
ALBERTO : No te hagas ilusiones. Uno setenta y cuatro y gracias.
ESTEBAN : No puede ser. Te digo que uno setenta y siete.
(ALBERTO LO VUELVE A MEDIR)
ALBERTO : (TRIUNFANTE) Uno setenta y cuatro, ni un milímetro más.
ESTEBAN : ¿Qué querés decir? ¿Que soy más petiso que vos?
ANA : A ver... pónganse de espaldas.
(LOS DOS SE PONEN ESPALDA CONTRA ESPALDA)
ANA : Y... mucha diferencia no hay... Alberto es más petiso.
ALBERTO : ¿No te digo? Si soy más petiso y el Bizco me llegaba acá; quiere decir que era petiso. Bien petiso.
ESTEBAN : (BUSCANDO DESESPERADAMENTE UN ARGUMENTO) Mirá, si hubiera sido tan petiso, le hubiéramos dicho el Petiso ¿no?
ALBERTO : ¿Qué estás diciendo, Esteban? ¿Cómo le vas a decir Petiso a un bizco?
ESTEBAN : ¿Y qué? ¿Acaso no le decíamos Ruso al gordo Braguinsky?
ANA : Por supuesto. Si ese se inflaba y desinflaba a cada rato. Ruso era siempre.
(SE HACE UN SILENCIO. ESTEBAN MUY ENCULADO)
ESTEBAN : (PARA EL MISMO, PERO PARA QUE LO OIGAN LOS DEMAS) Petiso... si... cómo no...
ALBERTO : Sí, petiso, petiso. ¿O ya no te acordás la fama que tenía?
(ESTEBAN LO MIRA INTERROGANTE)
ALBERTO : (TAPANDOSE EL CUERPO PARA QUE ANA NO LO VEA, HACE EL GESTO, SEPARANDO LAS MANOS, DE UN MIEMBRO DESCOMUNAL)
ESTEBAN : ¿Pero qué tiene que ver Alberto?
ANA : (QUE HA VISTO EL GESTO) ¿Cómo que tiene que ver? Tiene mucho que ver. De uno setenta para abajo todos. De uno setenta para arriba nadie.
(ESTEBAN Y ALBERTO LA MIRAN DESCONCERTADOS Y HERIDOS EN SU AMOR PROPIO)
ALBERTO : ¿Pero y vos qué sabes de eso?
ANA : Nada. Yo digo lo que decían ¿no? El Bizco era famoso.
ALBERTO : (LUEGO DE UNA PAUSA) ¡Pero dejame de joder!
(AGARRA UNA SILLA, LA GOLPEA CONTRA EL PISO Y SE SIENTA, MUY ENCULADO, DANDOLES LA ESPALDA)
(EN ESE MOMENTO ADVIERTEN QUE LAURA HA TOMADO UNA FOTO DE LA CAJA Y LA ESTA MIRANDO PENSATIVAMENTE)
ANA : ¿Qué hace?
(LAURA NO CONTESTA. DE PRONTO SE LARGA A REIR EN FORMA HILARANTE)
ANA : (FURIOSA) Deje eso... ¡Cómo se atreve! (A ESTEBAN) ¡La culpa es tuya! ¡Vos la trajiste!
(ESTEBAN LE ARREBATA LA FOTO A LAURA Y SE LA METE EN EL BOLSILLO)
ESTEBAN : (A LAURA) ¡Si quiere reírse váyase afuera! ¡Puede volver al velorio de su abuelo!
LAURA : (CALLANDOSE DE GOLPE, EN TONO BAJO, CASI IMPLORANTE) No, por favor... hace mucho frío... (SOLLOZANDO) ¡No quiero volver allá! No quiero...
(VUELVE A SENTARSE Y SE QUEDA MUY QUIETA EN SU SILLA)
ALBERTO : ¡Qué desgracia, Dios mío, qué desgracia!
(ANA Y ESTEBAN SE MIRAN, NO SE LES OCURRE NADA. ANA HACE UN GESTO DE IMPOTENCIA Y VA HACIA LA COCINA A PREPARAR LA CENA. ESTEBAN SE SIENTA FRENTE A LA CAJA DE FOTOS. EMPIEZA A REVOLVER. SACA UNA)
ESTEBAN : Están las del casamiento...
(LAURA NO PUEDE REPRIMIR UNA CARCAJADA. ANA Y ESTEBAN LA MIRAN AMENAZADORAMENTE. LAURA SE TAPA LA BOCA CON LAS MANOS)
ANA : (DOLORIDA) Salieron horribles.
ESTEBAN : Pero no, si estás muy linda. (DIRIGIENDOSE A LAURA MAS QUE A ANA, REMARCANDO EXAGERADAMENTE LAS PALABRAS) Un poco gordita, pero era como se usaba entonces...
(RAPIDAMENTE COMO PARA DISTRAER A ANA, SACANDO OTRA FOTO DE LA CAJA) A ver... ¿Quién es éste?
ANA : (TODAVIA DISGUSTADA) ¿Cuál?
ESTEBAN : (SEÑALANDO) Este.
ANA : El Cholo. Un amigo de mi viejo, pobre.
ESTEBAN : ¿Por qué pobre?
ANA : Una historia, pobrecito, no te das una idea...
(DURANTE TODA ESTA ESCENA ANA IRA PONIENDO LA MESA)
ANA : Sabés que el Cholo era muy tímido. Estuvo como veinte años de novio con una tipa que no lo quería. Esas cosas de antes, ¿viste? Los padres la obligaron. Pero cuando él se declaró, ella le dijo: "Mire Cholo, yo lo acepto con la condición de que usted tome una cucharada de vinagre en ayunas hasta que nos casemos". El Cholo hacía cualquier cosa por ella, imaginate, lo tenía loco... Ella por B o por C siempre postergaba el casamiento. El Cholo ya no daba más.
ESTEBAN : La gastritis.
ANA : ¡Qué gastritis! Le quitaba el apetito al pobre. Al final era piel y huesos. Pasaron como 20 años. El Cholo ya no daba más. Hasta que un día se animó y le preguntó cuando se casaban.
ESTEBAN : (INTERESADISIMO) ¿Y ella qué le dijo?
ANA : ¿Sabés lo que le contestó la desgraciada? "Cuando la mierda se le haga pickle" (NINGUNO DE LOS DOS SE RIE. ANA VA HACIA LA COCINA)
ALBERTO : (CASI INDIGNADO, A ESTEBAN) ¡Yo no sé de dónde saca esas historias!... Lo único cierto es que era tímido. Yo nunca en mi vida le conocí una novia. A ver, dame la foto.
(ESTEBAN LE PASA LA FOTO A ALBERTO)
ALBERTO : Pero claro, ¿no te digo?, éste es Alfonso, un amigo de mi viejo. (HACE UNA PAUSA, SE EMPIEZA A REIR) ¿Sabés que era tan callado que cuando se murió nadie se dio cuenta?
ESTEBAN : (RIENDOSE TAMBIEN) ¡No me jodas!
ANA : (QUE REGRESA LLEVANDO VASOS, PLATOS, ETC...) Pobre Cholo. ¿Sabés que cuando se murió nadie se dio cuenta? De callado que era. Estaba almorzando con unos amigos y parece que le agarró un síncope. Recién se avivaron cuando el mozo vino a cobrar la cuenta.
ALBERTO : (MUY IRRITADO) Ese era Alfonso.
ANA : ¿Y yo qué dije?
ALBERTO : Vos dijiste Cholo.
ANA : Es lo mismo.
ALBERTO : ¿Cómo lo mismo?
ANA : A Alfonso le decían Cholo.
ALBERTO : (FURIOSO) Alfonso era Alfonso y el Cholo era el Cholo.
(SALE DANDO UN PORTAZO)
ANA : ¿Pero qué le pasa? No lo voy a saber yo que era amigo de mi viejo...
ESTEBAN : Está muy afectado Ana, lo dejó mal la muerte del Bizco,
ANA : Pero si no está seguro...
ESTEBAN : Peor. Si tuviera la seguridad estaría más tranquilo.
ANA : Yo no sé... Estábamos tan bien, charlando de lo más contentos, hasta que agarró el diario; Mirá que yo le digo que para qué lo lee; si para lo único que sirve es para amargarse. Menos mal que lo compramos nada más que los domingos.
(SE HACE UNA PAUSA)
LAURA : Hoy es martes.
ANA : ¿Qué?
LAURA : Digo, que hoy es martes.
(SE HACE UN SILENCIO, ANA Y ESTEBAN SE MIRAN, LOS DOS SE PRECIPITAN SOBRE EL DIARIO QUE HA QUEDADO EN LA MESA. ESTEBAN LO AGARRA, LEE)
ESTEBAN : Domingo 26 de agosto.
(ANA CORRE A LA COCINA DONDE TIENE PINCHADO UN CALENDARIO)
ANA : (BUSCANDO CON EL DEDO) Agosto, martes 28.
(SE MIRAN. EN ESE MOMENTO ENTRA ALBERTO EMPILCHADO DE PUNTA EN BLANCO)
ANA : ¿Adónde vas?
ALBERTO : Al velorio del Bizco.
ANA : Escuchame Alberto...
ALBERTO : No me digas nada. Voy y se acabó. Esta situación no la soporto.
ANA : No podés.
ALBERTO : ¿Cómo que no puedo? ¿Quién me lo va a impedir?
ESTEBAN : Hoy es martes.
ALBERTO : Sí, ¿Y qué?
ESTEBAN : El diario era del domingo.
(ALBERTO QUEDA PETRIFICADO. LUEGO VA HACIA EL DIARIO. LO TOMA, LEE LA FECHA. EMPALIDECE. LUEGO, TOTALMENTE DESTRUIDO SE SIENTA EN UNA SILLA)
ALBERTO : No puede ser.
ESTEBAN : Martes 28 de agosto.
ALBERTO : ¿Y ahora qué hago? ¿Qué hago?
ANA : Mandamos un telegrama y listo.
ALBERTO : (DESESPERADO SE MESA LOS CABELLOS) ¡Qué hago! ¡Qué hago!
ANA : Bueno, tranquilizate, te va a hacer mal.
ALBERTO : ¡Qué desgracia, Dios mío, qué desgracia! Quién se podía imaginar que le podía pasar esto si siempre estaba enfermo.
ESTEBAN : Y bueno, si siempre estaba enfermo...
ANA : No. Alberto dice que la gente que siempre está enferma vive cien años. Y los que nunca tienen nada, se mueren jóvenes.
ESTEBAN : (DERRUMBANDOSE SOBRE UNA SILLA TOTALMENTE DESENCAJADO) ¡Ay, Dios mío!
ANA : ¿Qué te pasa?
ESTEBAN : Yo tengo una salud de hierro.
ANA : ¡Ay, ESteban!
ESTEBAN : (INTERRUMPIENDOLA CON VOZ DE PANICO) ¡Me siento bien!
(ANA CORRE HACIA LA BOTELLA DE ESTEBAN, LA AGARRA, AGARRA LA COPITA, LA SIRVE, SE LA ALCANZA A ESTEBAN)
ANA : Tomá, te va a hacer bien.
ESTEBAN : (RECHAZANDO LA COPITA CON HORROR) ¡No, no quiero!
ANA : (PENSANDO RAPIDAMENTE) ¡hace mal al hígado!
(ESTEBAN RECHAZA CON VIOLENCIA LA COPITA, LE QUITA LA BOTELLA Y SE LA EMPINA)
ANA : Tranquilizate, en un ratito te vas a sentir mal.
ALBERTO : (QUE HA ESTADO HACIENDO GESTOS DE UNA PERSONA QUE SE AHOGA) ¡Abrí la ventana!
ANA : ¿Qué te pasa?
ALBERTO : Me falta el aire.
(ANA CORRE HACIA LA VENTANA. ANTES DE QUE LLEGUE, ALBERTO LA INTERRUMPE)
ALBERTO : Traeme las pastillas.
(ANA GIRA CORRIENDO HACIA EL BARGUEÑO. SACA DEL CAJON UN FRASQUITO, CORRER HACIA ALBERTO)
ALBERTO : (GRITANDO) ¡No abriste la ventana!
(ANA CORRE HACIA LA VENTANA. LA ABRE)
ESTEBAN : (DESESPERADO) ¡Se terminó el licor de huevo!
ANA : (PIENSA) ¡Tengo chocolate!
ESTEBAN : ¡Dame!
(ANA CORRE HACIA EL BARGUEÑO, SACA UNA BARRA DE CHOCOLATE, SE LA ENCHUFA A ESTEBAN)
ALBERTO : Me falta el aire.
(ANA CORRE HACIA EL DIARIO, LO TOMA Y EMPIEZA A APANTALLAR A ALBERTO)
(DE PRONTO, DEJANDO DE APANTALLAR, SE TOMA LA CABEZA CON LA OTRA MANO)
ALBERTO : ¿Qué te pasa?
ANA : No sé. Estoy mareada.
ALBERTO : Es el bocho, dale seguí.
ANA : (VOLVIENDO A APANTALLAR) Es el bocho, el bocho, el bocho...
ESTEBAN : (MASTICANDO CHOCOLATE) Es lo que yo digo. Si estás bien de acá (SE TOCA LA CABEZA) todo va bien, si no (HACE EL GESTO DEL PULGAR PARA ABAJO)
(DE PRONTO ANA, DEJANDO DE APANTALLAR A ALBERTO, SE DERRUMBA SOBRE UNA SILLA Y SE TOMA LA CABEZA ENTRE LAS MANOS)
ANA : ¡Por amor de Dios!
ESTEBAN : ¿Qué te pasa?
ANA : No puedo más.
ESTEBAN : Pero Ana, quedate tranquila. Te digo que es el bocho.
ANA : Ya lo sé.
ESTEBAN : Cuando uno está bien de acá... (SE SEÑALA LA CABEZA)
ANA : ¿Por qué no te vas a la puta madre que te parió?
(SE HACE UN SILENCIO PROLONGADO, LA SITUACION SE VA SERENANDO LENTAMENTE. LOS TRES QUEDAN CADA UNO EN SU SILLA, CON SUS PROPIOS PENSAMIENTOS. DE PRONTO, LAURA SACA DE SU BOLSO UNA FLAUTA Y SE PONE A TOCAR. ES UNA MELODIA LEJANA Y MUY DULCE. NINGUNO DE LOS TRES LA MIRA. DE PRONTO LAURA SE INTERRUMPE)
LAURA : Cuando yo era chica... (INTENTA CONTAR ALGO)
ANA : (INTERRUMPIENDOLA) Cuando yo era chica (LAURA VUELVE A TOCAR), cuando yo era chica y me asustaba por algo, me ponía a llorar y me escondía en el galponcito del fondo. No podían sacarme de ahí hasta que se me pasaba. No sé, me daba vergüenza. No entiendo qué me pasó. (SE LEVANTA) Bueno, voy a servir la comida.
ALBERTO : Yo no tengo ganas.
ESTEBAN : Yo tampoco.
ANA : Entonces ¿hago café? (NADIE LE CONTESTA)
(LAURA SIGUE TOCANDO CASI EN SORDINA. ANA, LENTAMENTE COMIENZA A ORDENAR EL AMBITO. DOBLA EL DIARIO PROLIJAMENTE, CIERRA LA CAJA DE FOTOS COMO PARA GUARDARLA. EN ESE MOMENTO ADVIERTE UNA FOTO QUE HA QUEDADO EN EL SUELO. LA RECOGE, LA MIRA, SE QUEDA PENSATIVA)
ANA : Mirá, cuando salí Reina del Citrus, Era muy linda ¿no? (A ALBERTO) ¿No es cierto que era muy linda?
(ALBERTO SE ENCOGE DE HOMBROS, NO CONTESTA)
ESTEBAN : Claro.
ANA : Era muy linda.
(NADIE CONTESTA. SE HACE UNA PAUSA. ANA, SUVITAMENTE, COMIENZA A LLORAR)
ESTEBAN : ¿Pero qué te pasa, Ana?
ANA : Era preciosa ¿no, Esteban?
ESTEBAN : Claro que eras preciosa. Eras la mina más linda del pueblo. Cuando te pusiste de novia con Alberto, todos lo envidiaban.
ANA : ¿De veras?
ESTEBAN : Sí.
ANA : Contame...
ESTEBAN : (VACILA, NO SABE MAS QUE DECIR) Bueno, eso, que eras preciosa, que te parecías a Lana Turner.
ANA : Lana Turner era rubia.
ESTEBAN : Vos te parecías a Lana Turner, pero morocha.
(ANA SE SECA LAS LAGRIMAS, SE SONRIE)
ANA : Sí. Una vez me lo dijeron. Que me parecía a Lana Turner.
(VUELVE A MIRAR LA FOTO)
ANA : No me voy a olvidar nunca de esa noche. Cuando hicimos el desfile de carrozas. Yo iba en la de adelante de todas, con mi vestido de organza y una mantilla. Iba parada en la parte de arriba del camión.
ALBERTO : (CON TONO CANSADO) Iba sentada en un jeep que prestó el regimiento, y no me digas que no, que yo mismo fui con los muchachos a pedirlo.
ANA : No fue así. El jeep iba atrás con las princesas. ¿Te vas a acordar mejor que yo? Iba parada en la parte de arriba del camión. Así ¿ves?
(SE COLOCA EN UNA POSE MUY ARTIFICIAL Y LEVANTA LA MANO COMO SALUDANDO A UNA MULTITUD. EL SONIDO DE LA FLAUTA AUMENTA)
ANA : (COMO ILUMINADA) Estaba tan arriba, que casi podía tocar los cables de la luz. Había viento y la falda de mi vestido flotaba y a mí me parecía estar en una nube. (CADA VEZ MAS EMOCIONADA) Cuando llegamos a la plaza y vi los farolitos de colores que se balanceaban y el palco lleno de flores, y vi que todos agitaban los pañuelos, se me erizó la piel, te juro...
ALBERTO : (A ESTEBAN) Hacía un frío de cagarse.
ANA : (QUE NO LO OYE) Tenía el pelo suelto hasta los hombros y los brazos al aire. Sentí que me tiraban flores. Y cuando llegué al palco, estaba el Intendente, me dijo: "Majestad" y me ofreció la mano para que bajara.
ESTEBAN : (TOTALMENTE PRENDIDO AL JUEGO) ¡Majestad! (LE HACE UNA REVERENCIA)
(ANA, A SU VEZ, DEVUELVE LA REVERENCIA EN FORMA EXAGERADA. CUANDO INTENTA ENDEREZARSE, QUEDA RIGIDA SIN PODER HACERLO, SE TOMA DEL BORDE DE LA MESA, MIENTRAS APARECE EN SU ROSTRO UNA EXPRESION DE INTENSO DOLOR. EL SONIDO DE LA FLAUTA SE APAGA)
ESTEBAN : ¿Qué te pasa?
ANA : Nada.
ESTEBAN : Pero te pasa algo, no me digas que no.
ANA : (VIOLENTA) Te digo que nada.
ALBERTO : (A ESTEBAN, INDIFERENTE) El lumbago.
ESTEBAN : ¿Qué?
ALBERTO : Siempre que hace un esfuerzo le aparece, y después le agarra ciática.
ESTEBAN : ¿Te duele mucho?
(ANA NO CONTESTA)
ALBERTO : (YENDO HACIA EL BARGUEÑO, MIENTRAS SACA UN TUBO DE CREMA) No te preocupes. Unos buenos masajes y se le pasa.
(ALBERTO LA OBLIGA A ANA A SENTARSE. LA MANEJA COMO SI FUERA UN MUÑECO. LA DOBLA, LE SUBE LA ROPA, LE PONE LA CREMA Y LA MASAJEA)
ALBERTO : Es el frío. Este invierno le agarró tres veces.
ESTEBAN : (TRATANDO DE CONSOLAR A ANA) Le pasa a todo el mundo)
ALBERTO : ¿Por qué no te acostás un rato?
(LA AYUDA A LEVANTARSE. ANA, RENGUEANDO CON LA MAYOR DIGNIDAD POSIBLE, VA HACIA LA PUERTA INTERIOR. ANTES DE LLEGAR, SE DA VUELTA Y DICE CON LA VOZ ESTRANGULADA POR LA ANGUSTIA)
ANA : ¿Qué pasó? ¿Qué pasó?
(NI ALBERTO NI ESTEBAN LE CONTESTAN. ANA INGRESA AL INTERIOR. SE HACE UN SILENCIO. PROLONGADO. NINGUNO DE LOS DOS SABE QUE HACER. ALBERTO TOMA OTRA PASTILLA DEL FRASQUITO. ESTEBAN TRATA DE SERVIRSE OTRA COPITA. COMPRUEBA QUE LA BOTELLA ESTA VACIA. TOMA LA BOTELLA DE GINEBRA DE ALBERTO Y SE SIRVE. SIN QUERER TIRA LA COPITA QUE SE VUELCA SOBRE LA MESA. SE METE LA MANO EN EL BOLSILLO PARA SACAR EL PAÑUELO PARA LIMPIAR Y SE LE CAE LA FOTO QUE HABIA GUARDADO ALLI. ESTEBAN LA RECOGE. LA MIRA FIJO Y SE PONE A TEMBLAR VISIBLEMENTE)
ALBERTO : ¿Qué te pasa?
(ESTEBAN SE APOYA EN LA MESA COMO PARA NO CAERSE)
ALBERTO : Dame eso. (LE QUITA LA FOTO A ESTEBAN, LA MIRA Y TIENE UNA REACCION PARECIDA, DE PRONTO LA ROMPE)
ALBERTO : ¡La Reina del Citrus y la puta madre que lo parió!
ESTEBAN : Pero no, Alberto, no le hagas eso...
ALBERTO : (VA HACIA EL TACHO DE BASURA DE LA COCINA. VACILA. SE VUELVE, PONE LOS PEDACITOS EN UN PLATO Y LES PRENDE FUEGO)
ESTEBAN : (ALTERADO) Va a ser mejor que me vaya.
ALBERTO : (CON ALARMA) Es temprano todavía.
ESTEBAN : Ya son más de las diez...
ALBERTO : Y bueno. Comemos algo y después te vas.
ESTEBAN : Pero no, Alberto, es muy tarde. Me tengo que ir hasta Berazategui...
ALBERTO : Con más razón. No te vas a ir con el estómago vacío. Aunque sea un cacho de salamín.
ESTEBAN : No tengo ganas.
ALBERTO : ¿Te hago un café entonces? Bien calentito para el viaje.
ESTEBAN : (DE MALA GANA) Bueno...
(ALBERTO VA HACIA LA COCINA, CALIENTA EL CAFE Y SE LO SIRVE A ESTEBAN QUE LO TOMA PARADO COMO SI ESTUVIERA EN UN BAR)
ALBERTO : ¿Pero qué hacés? Dale, sentate...
(ESTEBAN SE SIENTA. SE QUEDA EN SILENCIO)
ALBERTO : Estaba pensando... (ESTEBAN LO MIRA) Qué cagada lo del Bizco ¿no?
ESTEBAN : (RESENTIDO) Vos dijise que era un hijo de puta.
ALBERTO : ¿Que yo dije qué?
ESTEBAN : Que era un hijo de puta. Que te cagaba con la guita.
ALBERTO : ¿Cuándo dije eso?
ESTEBAN : Hace un rato. Dijiste que era un hijo de puta.
ALBERTO : (PIENSA) Lo habré dicho cariñosamente. ¡Puta, ché, hay que entender los matices!
ESTEBAN : ¿Qué matices? Dijiste que te afanó la bicicleta.
ALBERTO : Yo no dije que me afanó la bicicleta. Dije que no me la devolvió, que no es lo mismo.
ESTEBAN : ¿Ah, no? ¿No es lo mismo?
ALBERTO : ¿Pero qué te pasa? ¿Estás en pedo?... Vos me dijiste que lo querías mucho.
ESTEBAN : ¿Que yo dije qué?
ALBERTO : Que lo querías mucho. Cuando llegaste y te conté lo del Bizco, me dijiste: "Yo lo quería mucho".
ESTEBAN : No me acuerdo. (SE AGARRA LA CABEZA)
ALBERTO : Oíme, Esteban, cuando vos entraste...
ESTEBAN : (INTERRUMPIENDOLO EXASPERADO) Terminála.
ALBERTO : ¿Pero qué te pasa?
ESTEBAN : No sé, creo que voy a vomitar.
ALBERTO : ¡Andá al baño! (ESTEBAN SE ENCAMINA HACIA EL INTERIOR)
ALBERTO : ¿Querés que te acompañe? (ESTEBAN SALE SIN CONTESTAR)
(ALBERTO Y LAURA QUEDAN SOLOS. SE HACE UNA LARGA PAUSA)
ALBERTO : (COMO PENSANDO EN OTRA COSA) Así que se murió su abuelo.
LAURA : Sí.
ALBERTO : (IGUAL) Y claro. Si fumaba como un hijo de puta y chupaba y morfaba como un cerdo.
(LAURA NO CONTESTA. ALBERTO SE PARA FRENTE A ELLA)
ALBERTO : Yo hago ejercicios todas las mañanas. me levanto a las 5 y me voy a hacer footing a Palermo. Nadie me da la edad que tengo. A ver ¿usted, qué edad me da?
LAURA : Cincuenta.
(ALBERTO ACUSA EL RECIBO Y SE DERRUMBA SOBRE UNA SILLA)
ALBERTO : (RESENTIDO, CON MALIGNIDAD) No se haga ilusiones con Esteban.
LAURA : No entiendo.
ALBERTO : No le gustan las mujeres.
LAURA : Ya escuché.
ALBERTO : Y entonces...
LAURA : No es lo que usted piensa. Es un hombre grande.
ALBERTO : (MUY IRRITADO POR LO DE "HOMBRE GRANDE") ¿Entonces, a qué carajo vino?
LAURA : Me dió lástima.
ALBERTO : ¿Le dió lástima? ¿Que Esteban le dió lástima? (SE RIE FORZADAMENTE) ¡Usted es una atrevida! (GRITANDO DESAFORADO) ¡A mí nadie me de más de cuarenta y nueve! Para que lo sepa. (DEPRIMIENDOSE) Debe ser porque hoy no me afeité.(VOLVIENDO A GRITAR) Estoy en lo mejor de la vida. No como usted que está en una edad de mierda. A ver ¿qué edad me dijo que tenía?
LAURA : Veinte.
ALBERTO : (CASI LLORANDO) Una edad de mierda. Uno no está seguro de nada... no sabe qué va a ser de su vida... ¡Cómo se atreve a sentir lástima por Esteban!
LAURA : (SUAVEMENTE) Estaba pálido y temblaba.
ALBERTO : (INDIGNADO) ¡Esteban tiene una salud de hierro!
LAURA : Dijo que iba a desmayarse.
ALBERTO : Bueno, ahora está perfectamente. Puede irse cuando quiera. (GRITANDO) ¡Esteban está espléndido!
(EN ESE MOMENTO SE ABRE LA PUERTA Y APARECE ESTEBAN. SU ASPECTO ES LAMENTABLE. A TODAS LUCES HA VOMITADO, TIENE EL PELO MOJADO Y EN DESORDEN, LA CAMISA DESABROCHADA, LA CORBATA TORCIDA. SE SECA LA TRANSPIRACION CON UN PAÑUELO. SE ARRASTRA PENOSAMENTE HASTA UNA SILLA ADONDE SE DERRUMBA TEMBLOROSO)
ESTEBAN : No puede ser. Era tan joven. La gente hoy día no se muere a los cincuenta. (PAUSA) Hace años que nadie se muere a los cincuenta.
ALBERTO : Es lo que yo digo. Para mí fue un accidente.
ESTEBAN : Seguro... un accidente.
(SE HACE UNA PAUSA MUY LARGA. CADA UNO QUEDA CON SUS PENSAMIENTOS. DE PRONTO ESTEBAN, COMO QUIEN TIENE UNA REVELACION)
ESTEBAN : ¡Alberto! Si fue un accidente lo están velando.
ALBERTO : ¿Qué estás diciendo, Esteban? Hoy es martes. El velorio fue ayer.
ESTEBAN : Te digo que no. Cuando es un accidente los llevan a la morgue. Al día siguiente los velan. El entierro es mañana.
(SE HACE UN SILENCIO. LOS DOS HAN QUEDADO MIRANDOSE FIJAMENTE)
ALBERTO : ¡Pero claro! ¿Cómo no nos dimos cuenta?
ESTEBAN : Estamos a tiempo.
(ALBERTO SACA CON MUCHA ANSIEDAD SU BILLETERA, LA REVISA, SE REVISA LOS BOLSILLOS, ETC...)
ALBERTO : ¿Dónde está el aviso?
ESTEBAN : ¿Qué aviso?
ALBERTO : El aviso fúnebre.
(ESTEBAN LO MIRA)
ALBERTO : La dirección busco. Para ir necesitamos la dirección.
ESTEBAN : (PENSANDO) Lo tenía Ana. Ella te lo saco... (DE PRONTO MIRA EL SUELO FIJAMENTE, LO MIRA A ALBERTO, VUELVE A MIRAR EL SUELO) ¡Lo rompió! en mil pedacitos...
(SE HACE UNA PAUSA. DE PRONTO, LOS DOS SE ARROJAN AL PISO. EMPIEZAN A BUSCAR ARRASTRANDOSE Y ESCARBANDO COMO DOS PERROS ENFURECIDOS)
ALBERTO : La puta que lo parió a las mujeres.
ESTEBAN : No te pongas nervioso. Cuando uno se pone nervioso las cosas no aparecen.
ALBERTO : No estoy nervioso. Y no me des órdenes, ocupate de lo tuyo.
(ESTEBAN, DE PRONTO SE INCORPORA, QUEDA DE RODILLAS MIRANDOSE FIJAMENTE EL DEDO INDICE QUE APUNTA CON LA YEMA HACIA SU CARA)
ESTEBAN : (MUY EXCITADO) Encontré algo.
ALBERTO : ¿Qué encontraste?
ESTEBAN : No sé. Es muy chiquito. (GIRANDO EL DEDO APUNTA HACIA LA CARA DE ALBERTO) Dale, fijate.
(ALBERTO MANOTEA LOS ANTEOJOS, SE LOS PONE. QUEDAN LOS DOS ENFRENTADOS DE RODILLAS)
ALBERTO : (CON DESILUSION) Stella Maris...
ESTEBAN : No sirve. (SE SACUDE EL DEDO CON VIOLENCIA. LOS DOS VUELVEN AL SUELO FRENETICAMENTE)
ALBERTO : (DE PRONTO, INCORPORANDOSE A MEDIAS CON UN PAPELITO EN LA MANO LEE, CASI SOLLOZANDO) ¡Orlando García!...
ESTEBAN : (QUE HA ENCONTRADO OTRO, EXULTANTE DE FELICIDAD) ¡Que en paz descanse! (SIGUEN BUSCANDO DEBAJO DE LA MESA, SILLAS, ETC... A MEDIDA QUE VAN ENCONTRANDO LOS PAPELITOS TRATAN DE ARMARLOS SOBRE EL PISO COMO SI FUERA UN ROMPECABEZAS)
ALBERTO : (EXCITADO) ¡Velatorio!
ESTEBAN : (MAS EXCITADO TODAVIA) ¡Pollo frito!
(SE HACE UN SILENCIO)
ALBERTO : (MAS EXCITADO TODAVIA) Me estás cargando.
ESTEBAN : Pero no, cómo te voy a cargar, Alberto...
ALBERTO : (AGARRANDOLO DE LAS SOLAPAS Y SACUDIENDOLO) ¡Hijo de puta! Vos nunca lo quisiste.
ESTEBAN : (AGARRANDOLO A SU VEZ DEL CUELLO Y SACUDIENDOLO) Repetí lo que dijiste. Repetí lo que dijiste.
ALBERTO : ¡Hijo de puta, dije! ¡Hijo de puta!
(LOS DOS SE REVUELCAN POR EL SUELO TIRANDOSE MANOTAZOS, TROMPADAS, ETC...)
LAURA : (ASUSTADA, LLORANDO Y TRATANDO DE SEPARARLOS) ¡Es del otro lado!
ALBERTO : (SERENANDOSE) ¿Qué?
LAURA : (LLORANDO Y TEMBLANDO) Es del otro lado...
ESTEBAN : ¿Cómo del otro lado?
LAURA : (IGUAL) Del otro lado del aviso. (LOS DOS LA MIRAN) Del otro lado del aviso debe haber otro aviso. (SE HACE UNA PAUSA)
ESTEBAN : Es lo que yo decía. Pollo frito.
ALBERTO : (DESPRENDIENDOSE DE ESTEBAN) Claro, no lo había pensado... debe ser una rotisería...
ESTEBAN : (PASANDOSE LA MANO POR EL SACO EN TONO TRAGICO) Me arrugaste el saco...
ALBERTO : (VOLVIENDO A LA BUSQUEDA) No pierdas tiempo ahora, después Ana te lo plancha...
(ALBERTO SIGUE BUSCANDO. ESTEBAN HA QUEDADO INMOVIL)
ALBERTO : (DE PRONTO CON UN GRITO DE TRIUNFO) ¡Acá está! ¡Yo sabía que lo iba a encontrar! (LEE) ¡Triunvirato 2307!
ESTEBAN : (SACANDOSE OSTENSIBLEMENTE UN PAPELITO QUE LE HA QUEDADO PEGADO EN EL SACO) Avenida del Trabajo 6503.
(SE HACE UNA PAUSA. LOS DOS QUEDAN EN EL PISO. SU AIRE ES DE DERROTA. ALBERTO SACUDE LA CABEZA DESOLADO. TRATA DE INCORPORARSE, NO PUEDE. ESTEBAN LO AYUDA. SE LEVANTAN LOS DOS PENOSAMENTE ABRAZADOS. SE DESPLAZAN HACIA LAS SILLAS. PARECEN DOS VIEJITOS. SE SIENTAN)
(EN ESE MOMENTO ENTRA ANA. SE HA SACADO LOS ZAPATOS DE TACO ALTO. TIENE PANTUFLAS, UN BATON GASTADO. VA HACIA LA COCINA, SE PONE UN DELANTAL)
ALBERTO : (SIN CONVICCION, A ESTEBAN) ... Solamente que nos dividiéramos, que vos fueras para un lado y yo para el otro...
ESTEBAN : No sé Alberto, no sé... Es demasiado tarde.
(ESTEBAN SE PONE EL SOBRETODO, ABRE LA PUERTA COMO PARA SALIR Y QUEDA DETENIDO MIRANDO EL EXTERIOR. LAURA TOMA SUS COSAS Y LO SIGUE COMO PARA SALIR CON EL)
ESTEBAN : Está lloviendo a cántaros... (CIERRA LA PUERTA, EMPIEZA A QUITARSE EL SOBRETODO. LAURA LO MIRA FIJAMENTE. ESTEBAN BAJA LA CABEZA Y LAURA SALE DE LA HABITACION DANDO UN PORTAZO)
(DESDE LA COCINA SE ESCUCHA LA VOZ DE ANA)
ANA : Voy a servir la comida... no puedo estar esperando toda la noche... vamos, vamos, que se enfría... (PONE LA SOPERA EN LA MESA Y, DESDE ALLI, VUELVE A LLAMARLOS)
ANA : (RECONVINIENDOLOS COMO A DOS CHICOS) Cuando yo era chica, la hora de la comida era sagrada... Teníamos que estar todos... y pobre del que llegaba tarde. Ese se quedaba sin postre.
ESTEBAN : (COMENZANDO A DESPLAZARSE HACIA LA MESA) ¡Guay de que fueras a hablar o a leer en la mesa!
ALBERTO : Una vez el tío Francisco se puso a silbar, y mi viejo le dio un cachetazo.
ANA : ¿Qué estás diciendo? Ese fuiste vos. Como si fuera hoy me acuerdo la vergüenza que me dio (A ESTEBAN) Estábamos de novios, imaginate, yo era la primera vez que iba a comer a la casa. Este se puso a silbar y el viejo le dio un cachetazo que lo tiró de la silla
ALBERTO : Fue el tío Francisco.
ANA : Como si fuera hoy me acuerdo... Era joven pero me acuerdo. (SE INTERRUMPE, GIRA LA CABEZA Y ADVIERTE QUE LAURA NO ESTA)
ANA : ¿Dónde está la chica?
ALBERTO : ¿Qué chica?
ANA : La que vino con Esteban.
ESTEBAN : (SORPRENDIDO) ¿Cuándo?
ANA : Hace un rato... (VACILA, NO SABE COMO EXPLICARLO) La que venía del velorio... Una rubia, gordita, con los ojos azules. (ESTA DESCRIPCION FISICA DEBE SER EXACTAMENTE LA OPUESTA A LA QUE CORRESPONDA A LA ACTRIZ QUE DESEMPEÑE EL PAPEL DE LAURA. EN SU ESTRENO EN BUENOS LA ACTRIZ ERA MORENA Y EN EXTREMO DELGADA)
ALBERTO : Azules no, eran negros.
ANA : ¿Pero vos qué sabés? Si no la miraste en toda la noche, eran azules, bien azules.
ALBERTO : Serían azules, pero con pintitas negras, ¿no es cierto, Esteban?... ¿Es cierto, o no es cierto?
ESTEBAN : ¿A mí qué me preguntan?
ALBERTO : Y bueno... si no lo sabés vos, que la invitaste a casa...
ESTEBAN : (INDIGNADO) ¿Que yo la invité?... ¡Vos estás loco, Alberto!... ¿Cómo voy a invitar a tu casa a una tipa que no conozco?
(ANA MIRA SU PLATO QUE ESTA SIN SERVIR. ES EL PLATO DONDE ALBERTO QUEMO LA FOTO. ANA LO TOMA Y SOPLA LAS CENIZAS QUE DESPARRAMAN EN EL AIRE)

FIN
 
 

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