Home Page
Mensajes y comunicados de SOMI
Historia del Teatro
Carlos Somigliana
Fundación Somi
Obras estrenadas
Dramaturgia
NUEVO:
Sobrepoco, la columna de B.C.
Sobretodo,
Revista digital de crítica e investigación teatral
Textos de autores argentinos contemporáneos
Teatro Abierto
Taller En busca de la herencia... 2001
Libros y videos
Staff
Mail
 
Síganos
por Facebook
 
 
Comprar entradas en Alternativa Teatral
 
Textos de Autores Argentinos Contemporáneos
 
Los siameses
de Griselda Gambaro
 


GAMBARO, Griselda (Buenos Aires, 1928) Inicialmente, autora de novelas que posteriormente adapta a teatro. Vinculada a las experiencias renovadoras del Instituto Di Tella, estrena varias obras en la década del 60: "El Desatino", "Viejo Matrimonio"; "Las Paredes", "Los Siameses"; "El Campo". Posteriormente, estrena "Nada que Ver" (1972); "Solo un Aspecto" (1974); "Real Envido, Decir Sí" (1981); "La Malasangre" (1982); "El Despojamiento" (1983); "Puesta en Claro" (1986); "Antigona Furiosa" (1986) "Penas sin Importancia" (1990). Sus obras han sido estrenadas, traducidas y publicadas en varios países. Se han realizado también varios estudios y análisis de su producción, en Argentina y en el Exterior.



REPARTO:
Lorenzo
Ignacio
Dos policías: El Sonriente
El Gangoso
Tres acompañantes para un entierro:
El viejo
Viejo 2º
El muchacho (joven)

PRIMER ACTO

ESCENA I


INTERIOR DE UNA PIEZA AMUEBLADA CON UNA PEQUEÑA MESA DE PINO, UN BANQUITO, TRES SILLAS, UN ROPERO DESTARTALADO Y DOS CAMAS DE UNA PLAZA CON LOS COLCHONES A LA VISTA, SIN SABANAS, AUNQUE CON DOS FRAZADAS ORDINARIAS A LOS PIES. SOBRE LA MESA, UNA BOTELLA CON AGUA Y DOS VASOS. EN UN RINCON, EN EL SUELO, UNA PILA ALTISIMA DE DIARIOS VIEJOS. UNA PUERTA QUE DA A LA CALLE. ALEJADA DE ESTA PUERTA, PERO TAMBIEN SOBRE LA CALLE, UNA ALTA VENTANA CERRADA, SIN CORTINAS. OTRA PUERTA, CON UNA GASTADA CORTINA DE LONA, CONDUCE A UN PATIO INTERIOR.
AL LEVANTARSE EL TELON, LA ESCENA APARECE VACIA UNOS INSTANTES. SE ESCUCHAN LUEGO LOS PASOS DE ALGUIEN QUE VIENE CORRIENDO ATROPELLADAMENTE. ENTRA LORENZO Y EN SEGUIDA CIERRA LA PUERTA CON LLAVE, COMO SI ALGUIEN LO PERSIGUIERA. CON INMENSO ALIVIO, SE APOYA CONTRA LA PARED Y EMPIEZA A REIR A CARCAJADAS. ES EVIDENTE QUE ACABA DE ESCAPAR DE UN PELIGRO Y LO FESTEJA, AUNQUE LA FATIGA LE CORTA LA RISA, LA VUELVE ESPASMODICA. POCO A POCO, CESA DE REIR. UNA PAUSA.


LORENZO : (RESPIRANDO CON AGITACION) ¡Me escapé! Puedo... correr mejor solo... que... acompañado. (SE PALMEA CON CARIÑO) ¡Qué corrida! (INCLINANDOSE, TANTEA Y PALMEA SUS PANTORRILLAS) ¡Músculos de corredor! Sí, son músculos de corredor, fuertes, resistentes. ¿Por qué no me habré dedicado al deporte? Mi nombre en los periódicos. El gran... gran... gran... (SE VA DESLIZANDO, PEGADO A LA PUERTA, HASTA QUEDAR SENTADO EN EL SUELO, EXHAUSTO) Podría... haber seguido... corriendo... hasta... hasta... (BRUSCAMENTE RECUERDA ALGO QUE LE CAUSA GRACIA Y ROMPE A REIR) ¡Ignacio, el pobre Ignacio con sus piernas de goma! (SIN PODER DETENERSE, RIE CON ESTERTORES DE FATIGA. SE INTERRUMPE SOLAMENTE CUANDO MUEVEN EL PICAPORTE Y GOLPEAN A LA PUERTA. SE OYE LA VOZ ENTRECORTADA Y ANGUSTIADA DE IGNACIO) VOZ DE IGNACIO : ¡Abrime, Lorenzo! ¿Por qué cerraste con llave? ¡Abrí! (LORENZO ESCUCHA CON CIERTO AIRE DE ATENCION CORTES Y NO CONTESTA) ¡Abrí, que se acerca! ¡No seas loco! ¡Abrí!
LORENZO : (SIN MOVERSE) ¡Ya va! (BAJA, CASI PESAROSO) Está frito.
VOZ DE IGNACIO : (CADA VEZ CON MAYOR URGENCIA) ¡Abrí de una vez! ¿Por qué cerraste?, ¡Maldito seas! (DESESPERADO) ¡Se me viene encima! ¡Abrí!
LORENZO : (CON ACENTO TRANQUILIZADOR, PERO SIN MOVERSE) ¡Te abro! ¿Estás solo?
VOZ DE IGNACIO : ¡Abrime!
LORENZO : ¡En seguida! ¡Lo que pasa es que se me enganchó una uña!
VOZ DE IGNACIO : ¿Por qué cerraste?
LORENZO : ¿No me creés? Se me... enganchó en el pantalón. Inverosímil.
VOZ DE IGNACIO : ¡Abrí!
LORENZO : ¿Estás solo?
VOZ DE IGNACIO : ¡Dobló la esquina! (CASI LLORANDO DE DESESPERACION) ¡Por favor, abrime, por favor, abrime! (GOLPEA, AGITA EL PICAPORTE)
LORENZO : (FASTIDIADO) ¡No rompas la puerta! ¿Estás solo? Es lo que te pregunté. (ALZA LA VOZ. CON BUENA VOLUNTAD) ¿Escuchás? ¿Te paso un papelito debajo de la puerta? (SE LEVANTA, TOMA UN PAPEL DEL CAJON DE LA MESA Y ESCRIBE ALGO, PRIMERO DE PIE, LUEGO TOMA UNA SILLA Y SE SIENTA. ESCRIBE LENTAMENTE, CON DIFICULTAD Y PARSIMONIA. IGNACIO SIGUE GOLPEANDO LA PUERTA)
VOZ DE IGNACIO : ¿Por qué no me abrís? (DESESPERADO) Te... te... te conseguiré una chica. ¡Me alcanza! ¡No seas cretino! ¡Lorenzo, Lorenzo!
LORENZO : (LEVANTA LA VISTA DEL PAPEL, SE INCORPORA Y SE APOYA SOBRE LA MESA. PREGUNTA, TRANQUILO) ¿Está cerca? ¿Escuchás? ¡Te pregunto si está cerca! A ver si abro y me salta encima. No quiero sorpresas. ¿Está cerca? ¿Escuchás? (ATIENDE UN MOMENTO, PERO SOLO SE OYEN LOS "¡ABRI, ABRI!" DESESPERADOS DE IGNACIO Y SUS GOLPES CONTRA LA PUERTA. LORENZO, DESPECTIVO) No, no escuchás nada. Tu miedo no te permite escuchar nada. (SE SIENTA NUEVAMENTE) Mejor que escriba también esto. (DELETREA MIENTRAS ESCRIBE LENTAMENTE) Querido IGNACIO : te pregunto si está cerca... (LEVANTA LA CABEZA Y SE RASCA DUBITATIVAMENTE EL MENTON. DE PRONTO, SE ESCUCHA UN ALARIDO DE IGNACIO Y LAS SACUDIDAS DE UN CUERPO VIOLENTAMENTE ARROJADO Y GOLPEADO CONTRA LA PUERTA. LORENZO, ENSIMISMADO) ¿Escribo lo del miedo o no? No, va a ofenderse. ¡Cuántas delicadezas! (ALZA LA CABEZA Y ESCUCHA. TRANQUILAMENTE PESAROSO) Van a romper la puerta. (SE LEVANTA Y PASA EL PAPELITO DEBAJO DE LA PUERTA) Esperá, te paso el lápiz. (LO HACE) ¡Contestame por escrito! ¡Quiero saber si estás solo! (ESCUCHA CON EL MISMO AIRE DE ATENCION CORTES LOS GOLPES Y SACUDIDAS. LOS ALARIDOS DE IGNACIO SE HAN TRANSFORMADO EN GEMIDOS QUE DISMINUYEN Y CESAN. LORENZO PEGA EL OIDO CONTRA LA PUERTA. SILENCIO. GOLPEA CON LOS NUDILLOS. LLAMA SUAVEMENTE) ¿Ignacio? (UNA PAUSA) ¡Ignacio! (UN RONQUIDO COMO RESPUESTA! ¿No podés hablar? ¿Hay gente? (SILENCIO) ¿Recibiste mi esquela? (SE APARTA, FASTIDIADO) ¡se calla, se calla! ¿Cómo vamos a entendernos? (SE ACERCA OTRA VEZ A LA PUERTA, BAJO) ¿Estás solo? ¿Se fue? (POR CONTESTACION, UN RONQUIDO AFIRMATIVO. LORENZO, CASI TRISTEMENTE) ¿Por qué no fuiste a otro lado? Las puertas cerradas son puertas cerradas. (UNA RISITA) Las puertas abiertas están abiertas, desde el principio. Se ve en los chicos. Yo, de chico, daba todos los juguetes, quería hacerme simpático. (DESCUBRIENDOLO, FELIZ) No se ve en los chicos, no tengo nada que ver con el chico que fui: no doy nada, cierro las puertas (RIE) Fui un niño parricida. ¿Y vos, Ignacio? Nacimos juntos y no me acuerdo de cómo eras antes. (UN SILENCIO) ¿No podés contestarme algo, una línea? Me aburre hablar solo. (SE AGACHA Y ESPIA POR EL OJO DE LA CERRADURA) ¿Qué es lo que hay ahí? ¿Tu cabeza? Veo todo negro, ¿Qué es? Apartate un poco. ¿Se lo escribo? (DUDA) No, es inútil. Es casi analfabeto. (MIRA NUEVAMENTE Y RIE) ¡Te fuiste al suelo! (VE ALGO QUE LO IMPRESIONA Y DEJA DE REIR. SE VUELVE, RECOSTANDOSE CONTRA LA PUERTA Y CIERRA LOS OJOS. CON APESADUMBRADO ASOMBRO) ¡Oh! ¡Cómo te dejó! ¡Qué lástima! ¡Ignacio, Ignacio!, ¿Me oís? ¿Te desmayaste? (SE SUJETA EL COSTADO CON AMBAS MANOS COMO SI LO ATACARA SUBITAMENTE UN DOLOR INTENSO) ¡Ay! (CAE DE RODILLAS Y SE ARRASTRA HASTA LA MESA, DE UN CAJON SACA UNAS PASTILLAS Y TOMA ALGUNAS CON UN VASO DE AGUA. DE RODILLAS VUELVE HACIA LA PUERTA. LASTIMERO) Ignacio, levantate, te necesito. (PERMANECE RECOSTADO CONTRA LA PUERTA, MECIENDOSE CON GEMIDOS DE DOLOR)
VOZ DE IGNACIO : (LEJANA Y DEBIL) Lorenzo...
LORENZO : (ALERTA) ¡Sí!
VOZ DE IGNACIO : Abrí la puerta.
LORENZO : (DUDA, SE MUERDE LOS LABIOS) ¿Se fue?
VOZ DE IGNACIO : Sí. Se fue.
LORENZO : (DESCONFIADO) ¿Estás seguro? ¿Si vuelve?
VOZ DE IGNACIO : (DESFALLECIDO) No. (UNA PAUSA) No. No va a volver.
LORENZO : ¿Cómo lo sabés? Nos pegará a los dos. Si me ve, recordará que estábamos juntos y empezará a repetir golpes de nuevo.
VOZ DE IGNACIO : No.
LORENZO : Y no me pegará a mí solo. Un golpe a mí, otro a vos. Recibirás otra ración, ¿para qué? No la aguantarás. Tené paciencia, ¿eh? Dormí, ¿por qué no dormís un poco? Los golpes se te curarán durante el sueño. Descansá.
VOZ DE IGNACIO : Dame agua.
LORENZO : (VOLUNTARIOSO) Sí, sí, agua te doy. ¡Cómo no! Toda la que quieras. (SE LEVANTA AGILMENTE, SIN MANIFESTAR AHORA NINGUN DOLOR, Y LLENA UN VASO CON AGUA. SE ENCAMINA CON DECISION HACIA LA PUERTA, LA VE CERRADA Y, SIN INMUTARSE, SE INCLINA Y HACE DESLIZAR EL AGUA POR DEBAJO. LA EMPUJA CON UNA ESCOBA. CARIÑOSO) ¿Podés? (MIRA POR EL OJO DE LA CERRADURA) Despacio... Despacito... No te atores. ¿Qué escupís? (AGRAVIADO) ¿Mi agua? (MIRA. RIE DIVERTIDO) ¡Un diente! ¡Justo el del medio! Tu belleza... (RIE) ¿Dónde ha ido a parar? ¡Ahora podés trabajar en un circo! (SE INTERRUMPE SINCERO) Lo siento. No quería herirte.
VOZ DE IGNACIO : (EXANIME) Lorenzo. Lo... ren... zo.
LORENZO : (CON PESAR) No me llamés. ¿Qué te pasa? No puedo abrir. Si vuelve, nos pegará a los dos. Es un tipo fuerte, muy bruto. No hará distingos. No dirá: a éste le pegué y ahora lo dejo tranquilo, pobre tipo. Me dedico a éste, (SEÑALANDOSE) a mí. No dirá eso. Te pegará otra vez, pobre Ignacio. En cambio, si te ve en el suelo, todo sangrante, sin diente... Tiene aspecto animal, pero nadie le pega a un caído. Supongo... Y si fueras un cadáver, todavía estarías más seguro.
VOZ DE IGNACIO : Lorenzo...
LORENZO : (MUY IRRITADO) ¡Lorenzo, Lorenzo! ¡No abro! ¡Dejame en paz!
VOZ DE IGNACIO : Me duele todo... el cuerpo...
LORENZO : (COMPASIVO) ¿Querés más agua? ¿Sabés lo que voy a hacer? Me acostaré aquí, en el suelo. ¿Estás conforme? No quiero que te sientas solo, Ignacio. ¿Te sirve de algo, te consuela? (SE TIENDE LARGO A LARGO JUNTO A LA PUERTA. BOSTEZA) ¡Qué sueño! (IGNACIO RASCA LA PUERTA. FASTIDIADO) ¿Qué rascás? Si hacés ruido, imposible cerrar los ojos. (CESA EL RUIDO. BOSTEZA) Estoy cansado, después de la corrida... ¿Vos, no? (UNA PAUSA) ¡Podrías contestar! (SE LEVANTA Y ESPIA POR EL OJO DE LA CERRADURA. DESPECHADO) Se durmió. Es un caballo para dormir. (SE ACUESTA Y PONE LOS BRAZOS CRUZADOS DEBAJO DE LA CABEZA) ¡Qué incómodo! (SE INCORPORA SOBRE UN CODO Y MIRA CON ANSIEDAD LAS CAMAS. SE LEVANTA Y RECOGE UNA ALMOHADA) Dormiré en el suelo, lo prometí. Pero la cabeza no tiene nada que ver con mis promesas. Además, lo más delicado está en la cabeza. No es cuestión de arriesgar el material. (GOLPEA CON LOS NUDILLOS) Ignacio, ¿estás de acuerdo? (UN SILENCIO) Gracias, sabía que comprenderías. (SE ACUESTA) Sí, estoy más cómodo. (CRUZA LAS PIERNAS Y AGITA UNA EN EL AIRE. SE PREGUNTA, VOLUBLEMENTE) ¿Fue mi culpa, fue su culpa, quién tiró la piedra? (CANTURREA) ¿Quién le pone el cascabel al gato? (SINCERO) Sospecho que... la piedra la tiré yo. ¿Pero quién es capaz de distinguir algo entre los dos? Yo no puedo. Somos iguales. Esa es nuestra desgracia. Somos tan iguales que nuestras acciones se confunden. (DIVERTIDO) En una palabra: no se distingue la mano que arrojó la piedra. ¡Pobre Ignacio! ¡Qué paliza! (SE LEVANTA Y MIRA POR EL OJO DE LA CERRADURA. DESPECHADO) ¡Cómo duerme! Ronca. Está todo sucio de sangre. ¿Cómo puede dormir así? ¡Qué sucio! ¿No estará muerto, no? (ESPIA UN MOMENTO EN SILENCIO. CHISTA) ¡Ignacio, Ignacio! (UNA PAUSA) No. Respira. (RIE TEMBLOROSO) No se hubiera perdido mucho. Pero aún no estoy curado, lo necesito. Como enfermero deja bastante que desear. ¡Es tan negligente con mis pastillas! (LANZA OTRA OJEADA POR LA CERRADURA) ¡Pobrecito! Le cambió la cara. Ahora no van a confundirnos. (SE ACUESTA) ¡Qué incómodo es esto! No estoy acostumbrado, me duelen los huesos. El ronca. Y yo no puedo dormir. Es injusto. (UNA PAUSA) como me duelen los huesos, el arrepentimiento no me importa nada. Y sin embargo, tengo que estar arrepentido. (MIRA LA CAMA. SE LEVANTA Y TIRA HACIA AFUERA EL COLCHON. LO ARRASTRA HASTA LA PUERTA. VA A ACOSTARSE, MIRA EL COLCHON DE LA CAMA DE IGNACIO, LO SACA TAMBIEN Y LO COLOCA ENCIMA DEL OTRO CON EVIDENTE SATISFACCION. SE ACUESTA) Ahora sí. (SALTA) ¡Qué cómodo! Puedo pensar. De nuevo, estoy arrepentido. Debo hacer algo para compensar lo de la paliza. ¿Bastará dormir en el suelo? Sí, sí, basta y sobra. (SE SUJETA LAS RODILLAS CON LAS MANOS Y AGITA LAS PIERNAS EN EL AIRE, COMO SI CORRIERA. DIVERTIDO) ¡Corriendo con sus piernas de goma! (BOSTEZA. AGARRA UNA DE LAS FRAZADAS POR LA PUNTA Y LA ARRASTRA HACIA EL. SE CUBRE. CANTURREA) ¡Pa- pa-pa-pa-! (SIN CONVICCION) ¡Pobre Ignacio...! Si tuviera a mi chica en el colchón... (SORBE GOLOSAMENTE)
VOZ DE IGNACIO : (LEJANA Y DEBIL) Lorenzo... Lo...ren...zo... (ARAÑA LA PUERTA. LORENZO SE DA VUELTA Y SE ACURRUCA MAS BAJO LA MANTA. RIE ENTRE SUEÑOS. SE ESCUCHA SOLO EL ARAÑAR DE LA PUERTA HASTA QUE CESA COMPLETAMENTE)


ESCENA 2


LA MISMA HABITACION, A LA MAÑANA SIGUIENTE. LOS COLCHONES HAN DESAPARECIDO. LORENZO APARECE CON EL OIDO PEGADO CONTRA LA PUERTA. ESTA RECIEN PEINADO Y SE HA PUESTO UN SACO. ESCUCHA. UN SILENCIO.


LORENZO : ¡Ignacio! Ignacio, ¿Cómo estás? ¿Cómo? ¡No te escucho! Hablá más alto. Ignacio, quiero salir. (UN SILENCIO) Dejá libre la puerta, por favor.
VOZ DE IGNACIO : Abrime.
LORENZO : ¿Otra vez? ¿Por qué no te vas? Tengo que salir.
VOZ DE IGNACIO : ¡Abrime!
LORENZO : (FASTIDIADO) ¡Te dije que no! Andate. Yo no te conozco.
VOZ DE IGNACIO : Está bien: no me conocés. Yo tampoco. ¡Pero abrime!
LORENZO : ¿Cómo puedo abrirte si no te conozco? (RIE) Mucho riesgo, querido. ¿Vendés algo? (MURMULLO FURIOSO E ININTELIGIBLE DE IGNACIO. LORENZO ENTIENDE PORQUE EXCLAMA, OFENDIDO) ¿Qué? ¡No necesito! ¡Dejame salir!
VOZ DE IGNACIO : ¡Y vos entrar! ¡Abrí!
LORENZO : (CAMBIANDO DE TONO) ¿Te hizo bien la lluvia anoche? Te habrá refrescado la cara. (ESPIA POR EL OJO DE LA CERRADURA) No veo nada. (RIE) Ahora sí. Tenés la camisa abierta y veo tu ombligo. Te hicieron mal el nudo. (GOLPES VIOLENTISIMOS EN LA PUERTA. RETROCEDE) ¡Eh! ¡Calma! Yo debiera ser el impaciente. Hace tres horas que quiero salir. ¡Tres horas! ¿Por qué no te vas? Caminá hasta la esquina y tomá un colectivo. Así no nos veremos. Hay que descansar de la gente. Por unos días, dormí en la calle. No te pasará nada. Te harás más hombre. (UNA RISITA) ¡Te hace falta! (ESPIA OTRA VEZ) ¿Ignacio? (SILENCIO) ¡Ignacio! (CON SUMA CAUTELA, ENTREABRE LA PUERTA. PERO IGNACIO, QUE HA ESTADO AGUARDANDO OCULTO, TRABA LA PUERTA CON EL PIE Y LA EMPUJA TAN VIOLENTAMENTE QUE LORENZO VA A PARAR AL SUELO. OFENDIDO) ¡Qué delicado! (ENTRA IGNACIO. NO SE PARECE EN NADA A LORENZO. LE FALTA EL DIENTE DEL MEDIO Y TIENE LA CARA AMORATADA. SE SECA LA BOCA CON UN PAÑUELO MANCHADO DE SANGRE Y LO DEJA SOBRE LA MESA. LORENZO SE INCORPORA RAPIDAMENTE. CON ASCO) ¡No seas sucio! (ARROJA EL PAÑUELO AL SUELO; CON EL MISMO GESTO DE ASCO, LO CORRE CON EL PIE HASTA UN RINCON. IGNACIO SE DESPLOMA SOBRE UNA SILLA, MIRA HACIA LAS CAMAS CON INTENCION DE ACOSTARSE)
IGNACIO : ¿Dónde están los colchones?
LORENZO : Afuera, en el patio.
IGNACIO : (MUY CANSADO) Traelos.
LORENZO : No. Los llevé ahora.
IGNACIO : Quiero acostarme.
LORENZO : Dormí de noche. Necesitan ventilarse. Si no, son criaderos de chinches. No quiero mugre en la pieza.
IGNACIO : ¿Por qué no abriste la puerta?
LORENZO : (PARA GANAR TIEMPO) ¿Por qué no te abrí la puerta? (BREVE SILENCIO) Te lo expliqué por escrito. No me contestaste. (SE DIRIGE HACIA LA PUERTA, LA ABRE, BUSCA ALGO EN EL SUELO; VUELVE CON UN TROZO DE PAPEL ARRUGADO Y ROTO) Lo manchaste todo con el agua. No se lee una palabra. ¿Para qué me gasto?
IGNACIO : (EXHAUSTO) Traé los colchones.
LORENZO : (NEGANDO CON LA CABEZA) Se ventilan. (IGNACIO SE PONE DE PIE) Tampoco vayas a buscarlos. Los até con un alambre. No quiero chinches. (IGNACIO SE DIRIGE A UNA DE LAS CAMAS Y SE ACUESTA SOBRE EL ELASTICO. LORENZO LO MIRA, SE QUITA EL SACO, LO CUELGA DE LA SILLA Y SE ACUESTA AL LADO DE IGNACIO)
IGNACIO : (CON FASTIDIO) ¿Qué hacés? ¿No tenés tu cama?
LORENZO : Me gusta sentirme acompañado. Es horrible dormir en el suelo, solo como un perro. Dormir no, padecer insomnio.
IGNACIO : ¡Me hubieras abierto la puerta, cretino! ¡Rajá a tu cama! (LORENZO RONCA SUAVEMENTE) Lorenzo, ¿estás dormido? (CON CUIDADO, EMPIEZA A EMPUJARLO HACIA EL BORDE. PERO LORENZO NO ESTA DORMIDO. CUANDO ESTA A PUNTO DE CAER FUERA DE LA CAMA, SUJETA LA MANO DE IGNACIO Y CON UN ENVION LO ARROJA AL SUELO)
LORENZO : ¿Querías tirarme?
IGNACIO : No.
LORENZO : ¿Qué decís? ¿Tenés una papa en la boca? No se entiende nada.
IGNACIO : ¿No ves que me dio una trompada en los dientes?
LORENZO : No, no vi. Si yo estaba de este lado. (SE SIENTA EN LA CAMA) Pasé mala noche. Dormí en el suelo. Lo sabías, ¿no?
IGNACIO : Sí.
LORENZO : No estoy acostumbrado. Te oí roncar.
IGNACIO : (DISCULPANDOSE) Tengo el sueño fácil.
LORENZO : Yo no. Ayudame a hacer ejercicio.
IGNACIO : ¿Ahora? No tengo ganas, Lorenzo.
LORENZO : Yo sí. Te pegaron, pero roncaste. Sonreí. (IGNACIO LO MIRA, SERIO. LORENZO, CON UN SINCERO, CONMOVEDOR DESEO DE VERLO SONREIR) Sonreí. (IGNACIO SONRIE. SU SONRISA ES BONDADOSA E INGENUA, UN POCO RIDICULA POR LA AUSENCIA DEL DIENTE. LORENZO NO PUEDE DEJAR DE APROVECHAR SU VENTAJA) Sonreíste: estás de acuerdo. (LOS DOS EMPIEZAN A CAMINAR POR LA PIEZA. SE PEGAN, COSTADO CONTRA COSTADO, Y EJECUTAN EL MISMO PASO)
IGNACIO : Lorenzo...
LORENZO : ¿Qué?
IGNACIO : Quisiera... quisiera... cortar el nudo.
LORENZO : ¿Qué nudo?
IGNACIO : ¿Por qué no te vas?
LORENZO : (LO MIRA SIN DEJAR DE CAMINAR Y RIE) ¡Esta sí que es buena! ¿A qué se debe?
IGNACIO : Buscate otro amigo. Un desgraciado.
LORENZO : (SOLICITO) ¿Sos desgraciado?
IGNACIO : Te aprovechás.
LORENZO : ¿Yo? ¿De quién? Ignacio, Ignacio, no seas injusto. Me mortificás. ¿Adonde voy a irme? No adonde sino, ¿cómo?
IGNACIO : ¿Cómo? Podés irte a un hotel.
LORENZO : (RIENDO) ¡No soy millonario!
IGNACIO : A una pensión. Podés vivir... en una pensión, ¿no?
LORENZO : Sí, sí, puedo, ¿pero no entendés? ¿Cómo? ¿Qué hago con vos? ¿Venís conmigo?
IGNACIO : No. Me quedo aquí. Es mi casa. La de mis padres.
LORENZO : Tus padres fueron mis padres.
IGNACIO : No. Mis padres fueron míos y no tuyos.
LORENZO : Se avergüenzan de mí. Todo el mundo se avergüenza de mí. Hasta mis padres.
IGNACIO : ¿Qué decís?
LORENZO : Por otra parte, no podemos separarnos. Estamos pegados, comemos juntos, respiramos juntos. ¿Ves? Caminamos, caminamos y estamos pegados.
IGNACIO : Yo pienso que sí. Podemos separarnos. (SE PARA)
LORENZO : (AGRESIVO) ¡Seguí dando vueltas! Necesito cien vueltas diarias para empezar bien mi día. Si no, tiempo perdido.
IGNACIO : (VACILA) No doy más.
LORENZO : (LE PEGA UN GOLPE EN LAS COSTILLAS. DURAMENTE) ¡Arriba! ¡Derecho! (CAMINAN EN SILENCIO UNOS SEGUNDOS. LUEGO LORENZO ROMPE A REIR) ¡Cómo corrías ayer! ¡Qué piernas! Mostrámelas.
IGNACIO : ¿Para qué?
LORENZO : Bajate el pantalón. (IGNACIO SE BAJA EL PANTALON. LORENZO LE MIRA LAS PIERNAS Y ESTALLA DE RISA) ¿No dije? (LO PELLIZCA FUERTEMENTE. IGNACIO GRITA) Goma, espuma de goma. ¿Cómo vas a correr con estas piernas? Todas torcidas. (MORTIFICADO, IGNACIO SE SUBE LOS PANTALONES. LORENZO SE SIENTA Y ORDENA COMO UN SEÑOR) Alcanzame el diario.
IGNACIO : ¡Qué cómodo sos!
LORENZO : Fui educado así. Te lo expliqué mil veces. No es por gusto que soy cómodo.
IGNACIO : (SE DIRIGE AL MONTON DE DIARIOS VIEJOS Y RECOGE UNO AL AZAR) Tomá. (LE DA EL DIARIO Y SE ACUESTA EN LA CAMA)
LORENZO : (SE DISPONE A LEER, ACOMODANDOSE EN LA SILLA. LANZA UNA CONSTERNADA EXCLAMACION) ¡Diablos! ¡Mataron a Kennedy! (IGNACIO NO ESCUCHA. LORENZO SE LEVANTA Y LO SACUDE FRENETICAMENTE, DEMUDADO) ¿Oíste? ¡Mataron a Kennedy!
IGNACIO : (TRANQUILO) Hace tiempo.
LORENZO : ¡Ayer! ¡Aquí dice ayer!
IGNACIO : Es un diario viejo.
LORENZO : ¡Maldito seas! aquí dice ayer. ¿Por qué me diste este diario? ¡Lo hiciste a propósito! (SE SIENTA Y APOYA EL ROSTRO CONTRA LA MESA)
IGNACIO : (LO MIRA, SE LEVANTA LENTAMENTE. SE INCLINA SOBRE LORENZO E INTENTA CONSOLARLO) ¿Qué te importa? Sucedió hace mucho.
LORENZO : (LEVANTA LA CABEZA, DEMUDADO) Pero... pero, hermanito, si eso pueden hacerle a Kennedy, ¿qué no nos harán a nosotros? el tenía escolta. ¡Yo no tengo nada, yo no tengo nada!
IGNACIO : ¿Qué escolta vas a tener? ¿Para qué?
LORENZO : ¡Para cuidarme a mí! Esto creció mucho y yo sigo igual, solo, sin amparo. Mirá mi piel, Ignacio. No me protege, me rasguñás y sale sangre.
IGNACIO : No tengas miedo. (CASI A SU PESAR) Estoy... estoy yo.
LORENZO : (CON LA VISTA BAJA) Dame mis pastillas. (IGNACIO SE DIRIGE HACIA EL CAJON DE LA MESA, TOMA LAS PASTILLAS Y LE SIRVE A LORENZO COMO SE SIRVEN LAS PASTILLAS COMUNES. LORENZO, FURIOSO) ¡Así no! ¡Se toman con agua!
IGNACIO : ¡Si son pastillas de menta!
LORENZO : ¡No te importa! Me hacen bien, por eso las tomo. (IGNACIO LE SACA SUAVEMENTE EL DIARIO QUE TIENE SOBRE LAS RODILLAS SIN QUE LORENZO PAREZCA ADVERTIDO Y LO SUSTITUYE POR OTRO. TRAE EL AGUA Y LORENZO TOMA SUS PASTILLAS) Quedate aquí.
IGNACIO : Voy a buscar una silla.
LORENZO : (SUJETANDOLO POR LA ROPA) ¡No! Quedate aquí. (IGNACIO SE COLOCA EN CUCLILLAS JUNTO A LA SILLA DE LORENZO. LORENZO TOMA NUEVAMENTE EL DIARIO Y LO DESPLIEGA. LEE Y SONRIE) ¡Ignacio! Aquí no dice nada de Kennedy. Ni lo menciona.
IGNACIO : Bueno.
LORENZO : ¿Pasó hace mucho?
IGNACIO : (QUE SE ADORMILA) ¿Qué?
LORENZO : Lo de Kennedy.
IGNACIO : Sí, eras chiquito. (UNA PAUSA) De meses.
LORENZO : ¿Estábamos pegados entonces? (ANTES DE QUE IGNACIO PUEDA CONTESTAR) Claro. Estábamos más cerca de nuestro nacimiento. Y esto, el estar pegados, es de nuestro nacimiento. (IGNACIO, QUE POCO A POCO SE HA IDO CAYENDO Y ESTA A PUNTO DE SENTARSE EN EL SUELO, BUFA CON FASTIDIO. LORENZO ADVIERTE LAS DOS COSAS Y LE PEGA UN PUNTAPIES EN LAS CANILLAS) Te vas para abajo y me tirás. ¿Creés que soy de fierro? (PENSATIVO) La operación fue un fracaso.
IGNACIO : (PARA QUE SE CALLE) Sí, sí. (BRUSCAMENTE) Yo nunca pisé un hospital.
LORENZO : (AGRESIVO) ¡Yo sí!
IGNACIO : (HIPOCRITA) Muy bien. Las operaciones de ese tipo son siempre un fracaso.
LORENZO : (FELIZ) ¡Si lo sabrás! (UNA PAUSA) Pero estamos sueltos, separados. Lo que ocurre, en esas operaciones, es que no pueden salvar a los dos, uno queda arruinado. Para dejar a un tipo en perfectas condiciones, al otro tienen que arruinarlo. forzosamente. ¿Qué teníamos nosotros en común? ¿Qué te falta? (INTENTA TOCARLO)
IGNACIO : (APARTANDOLE LAS MANOS) ¡Nada!
LORENZO : Algo debe faltarte. Yo estoy entero. Uno de los dos morirá joven. ¡Y Yo sé quién es! (MIRA SIGNIFICATIVAMENTE A IGNACIO Y RIE CON SATISFACCION. GOLPEAN A LA PUERTA. LORENZO CESA DE REIR. CON SOSPECHA) ¿Esperás a alguien?
IGNACIO : No.
LORENZO : (IDEM) ¿No invitaste a ninguna chica? No es la primera vez que lo hacés.
IGNACIO : (ASOMBRADO) ¿Yo?
LORENZO : Sí.
IGNACIO : ¿Cuándo? Siempre trato de que no te des cuenta, que estés lejos.
LORENZO : (RIE) ¿Creés que soy tonto? Me escondo detrás de la cortina. Muchas veces lo hice. Veo todo. Escucho. Es peor escuchar que ver. Algo repugnante.
IGNACIO : (FURIOSO) ¡Me alegro! (SE LEVANTA, AGITADO) Estabas aquí, veías todo. ¡Degenerado!
LORENZO : (CASI HUMILDEMENTE) No, degenerado no soy. Tenía necesidad de saber. No es posible que yo falle siempre.
IGNACIO : ¿Por qué te escondiste? Ver a los otros no cura.
LORENZO : (PACIFICAMENTE) ¡Quién sabe! No me oculté por capricho: podrías haberte inhibido. Además, no aprendí nada.
IGNACIO : ¡Me gusta! ¡Asqueroso!
LORENZO : ¿Por qué? ¿Hablás por resentimiento? (PENSATIVO) Sí, sí, todo lo que hacés es bien rudimentario. En cambio, si hubieras sabido que te espiaba, te hubieras esmerado más, ¿no? (RIE) Te avisaré. ¡Ah, ah! ¡No sabía que tenías esas predilecciones!
IGNACIO : ¡No te permito! (SE ATORA INDIGNADO) ¡Qué... que yo tengo...! (NUEVAMENTE GOLPEAN EN LA PUERTA, PERO COMO SI ALGUIEN SE ENTRETUVIERA EN TAMBORILEAR UNA CANCION)
LORENZO : Tienen paciencia, ¿eh?
UNA VOZ AGRIA : ¿Quieren abrir?
LORENZO : (HACIA LA PUERTA) ¿Quién es? (FUERTES SONIDOS GANGOSOS) Un perro. (BRUSCAMENTE) Vendrán a buscarte por la pedrada.
IGNACIO : (SORPRENDIDO) ¿A mí?
LORENZO : ¡Dame una moneda!
IGNACIO : ¿Para qué?
LORENZO : ¡Dame una moneda, te digo! ¡Rápido! ¡Tengo una idea! (IGNACIO BUSCA EN SUS BOLSILLOS Y LE DA UNA MONEDA. LORENZO LA GUARDA EN LA MANO MIENTRAS SACA DEL INTERIOR DEL CAJON DE LA MESA UNA ALMOHADILLA PARA SELLOS, UNOS SELLOS, UN TALONARIO DE TELEGRAMAS. ARRANCA UN FORMULARIO Y ESCRIBE ALGO RAPIDAMENTE, OCULTANDOLO DE LA VISTA DE IGNACIO. BUSCA ENTRE LOS SELLOS, ELIGE UNO, SELLA EL FORMULARIO Y LO DOBLA. SUS GESTOS SON RAPIDOS Y PRECISOS)
IGNACIO : ¿De dónde sacaste ese sello de correos? ¿Lo robaste?
LORENZO : (AGRESIVO) ¿Qué te importa? Mejor prevenir que curar. (GUARDA TODO, MENOS EL TELEGRAMA, EN EL INTERIOR DEL CAJON) Si te buscan por la pedrada, no te conozco. Te aviso para que no te ofendas. Abrí.
(IGNACIO SE DIRIGE HACIA LA PUERTA Y ABRE. EN EL VANO, APARECEN DOS POLICIAS: EL SONRIENTE Y EL GANGOSO. VISTEN TRAJES COMUNES. EL SONRIENTE, NO OBSTANTE SUS ARREBATOS DE COLERA O FASTIDIO, HABLA SIEMPRE CON UNA SONRISA MUY ANCHA Y ABIERTA, COMO LLENA DE DIENTES. EL GANGOSO TIENE EL ROSTRO MUY BLANCO Y EXPRESION ADORMILADA; ABRE MUCHISIMO LA BOCA PARA HABLAR, MARCANDO EXAGERADAMENTE LAS SILABAS, PERO SOLO GANGUEA, Y ESTO OCASIONALMENTE)
EL SONRIENTE : Buenas tardes. ¿Podemos pasar?
IGNACIO : (VOLVIENDOSE HACIA LORENZO) Te buscan.
LORENZO : ¿A mí? ¿Está seguro?
IGNACIO : ¿Por qué no me tuteás?
(LOS DOS POLICIAS ENTRAN EN EL CUARTO. EL GANGOSO SE DIRIGE DIRECTAMENTE HACIA UNA SILLA Y SE DESPLOMA SOBRE ELLA, MURMURANDO ALGO ININTELIGIBLE)
EL GANGOSO : (MARCANDO MUCHO, PERO SIN EMITIR NINGUN SONIDO) ¡Podrían tener un sillón!
LORENZO : (ATERRADO) ¿Qué dice?
EL GANGOSO : (IDENTICO JUEGO)
LORENZO : (IDEM) ¿Qué? ¿Qué dice?
EL SONRIENTE : (FASTIDIADO) ¡Podrían tener un sillón! ¡Eso dice!
LORENZO : (SONRIENDO SERVIL) No lo pensamos. No se nos ocurrió comprar un sillón. A veces, uno se abandona y no piensa comprar ni siquiera lo más esencial. Si hubiéramos sabido... que el señor... quería... un sillón... hubiéramos... un sillón... (SONRIE INTERMINABLEMENTE HASTA QUE LA SONRISA SE LE PETRIFICA EN LA CARA. UN SILENCIO PENOSO)
EL GANGOSO : ¿Quién es el dueño de la casa?
IGNACIO : (MIENTRAS LORENZO, INQUIETO, SE VA ACERCANDO A EL) ¿Qué es lo que dice? ¿Por qué no escribe?
EL SONRIENTE : (FASTIDIADO) ¿Qué va a escribir? ¿Es mudo acaso? (BRUSCAMENTE) ¿Ustedes... ustedes son sordos?
LORENZO : (SE APARTA DE IGNACIO. SEÑALA A IGNACIO, VOLUBLE) El señor tiró la piedra, si es lo que desea saber. Sí, por gusto. Había un chico en la calle y le tiró una piedra. Por pura diversión. (IGNACIO LO MIRA ESTUPEFACTO. LORENZO, CADA VEZ CON MENOS CONVICCION, INTENTANDO HACER UN CHISTE) Pero a su vez recibió una pedrada en la cabeza. Así que... piedra por piedra... y pedrada... por... pedra...da...
IGNACIO : ¿Estás loco? ¿Por qué me echás la culpa?
LORENZO : ¿Acaso no estás lleno de magullones? Por algún motivo te pegaron.
EL GANGOSO : ¿Quién es el dueño de casa?
LORENZO : (DESESPERADO) ¿Cómo?
EL GANGOSO : (EXASPERANDOSE) El patrón, ¿quién es?
LORENZO E IGNACIO : (CON DISTINTOS GRADOS DE DESESPERACION)
¿Qué dice?
EL GANGOSO : (HACIENDOLE SEÑAS A LORENZO PARA QUE SE ACERQUE, GANGUEA ALGO RAPIDAMENTE)
LORENZO : (RESTREGANDOSE LAS MANOS CON DESESPERACION) No entiendo. ¡No entiendo! (APASIONADAMENTE, SEÑALANDO A IGNACIO) Yo no fui. El maldito... fue éste. ¡Qué resentido! ¡Pegarle a un chico con una piedra! ¡Le rajó el mate!
IGNACIO : ¿Qué?
EL SONRIENTE : (CON FASTIDIO, MIENTRAS LORENZO SONRIE ALIVIADO) ¡Cuernos! ¿Quién le pregunta algo? ¿Ninguno de los dos entiende lo que dice? ¿Qué habla? ¿Chino?
LORENZO : (COMIENZA A RASCARSE COMO SI TUVIERA PULGAS. NO ENTIENDE PALABRA. DE PRONTO, SE LE ILUMINA EL SEMBLANTE. SE ACERCA A EL SONRIENTE CON GESTO COMPLICE Y AFABLE) Escuche, el señor es sordo. (SEÑALA A IGNACIO) Completamente sordo. Tenía razón usted. Es sordo como una acequia.
IGNACIO : (CORRIGE INVOLUNTARIAMENTE) Como una tapia.
LORENZO : ¿Se da cuenta? El mismo lo reconoce. Es sordo como una tapia. Y encima, sólo escucha lo que quiere.
EL SONRIENTE : (RIE) Ya me parecía que uno de los dos andaba mal de los oídos. Sólo escucha lo que quiere, ¿eh? Odio la duplicidad. (ALZA LA VOZ COMO SE HABLA A LOS SORDOS Y MIRA A IGNACIO CON SOSPECHA) El dueño de casa, ¿quién es?
LORENZO : (RAPIDO) Yo no. El tiene los títulos de propiedad. Yo sólo vine a entregar este telegrama.
EL GANGOSO : (QUE SE HA ADORMILADO SOBRE LA SILLA, LEVANTA LA CABEZA Y MURMURA ALGO, LA G DE TELEGRAMA REPETIDA, UN "GGGGG" RODANDO POR LA GARGANTA)
LORENZO : (RECOGE EL TELEGRAMA SOBRE LA MESA) De acuerdo. ¡Muy cierto lo que dice! Aquí está el telegrama. El sello del correo está intacto. No lo abrió todavía. No se interesa demasiado por sus asuntos, hay que confesarlo. O disimula. ¿Quieren leerlo, señores?
IGNACIO : (RIE BONDADOSA Y CONDESCENDIENTEMENTE) Lorenzo, ¿Cómo van a tragarse ese cuento?
(EL SONRIENTE ABRE EL TELEGRAMA, LO LEE Y EXITADO, TRATA DE DESPERTAR A EL GANGOSO QUE HA VUELTO A AMODORRARSE)
LORENZO : (SE APARTA DE IGNACIO Y RIE CON FALSEDAD) No te hagás el inocente, Ignacio. (RECTIFICA) No se haga el inocente, señor. (A LOS POLICIAS) Señores, ¿leyeron el telegrama? ¿Acaso no dice?: Felicitaciones por el golpe, Ignacio. Firmado: el jefe.
EL SONRIENTE : (ADMIRADO) Sí. ¡Exactamente! Adivinó. ¿Cómo hizo?
LORENZO : (MODESTO) Leo a través del papel.
EL SONRIENTE : (IDEM) ¡Maravilloso!
IGNACIO : (A LORENZO) Callate. ¿Qué decís? ¿Creés que son tontos para tragarse eso?
LORENZO : (SECO) No me comprometa. El tonto es usted.
IGNACIO : (ALTERADO, ABRE EL CAJON Y COLOCA TODO, ALMOHADILLA, SELLO, FORMULARIOS, ENCIMA DE LA MESA. OBSERVA TRIUNFANTE A LOS POLICIAS. TODOS, INCLUSO LORENZO, MIRAN SIN PRESTAR ATENCION. MIRAN COMO SI NO HUBIERAN VISTO NADA.)
EL SONRIENTE : (AGITANDO EL TELEGRAMA) ¿Quién es el jefe?
IGNACIO : ¿Quién? Está inventado. Miren esto. (EMPUJA LOS UTILES HACIA LOS POLICIAS, PERO ELLOS OBSERVAN INDIFERENTES. UN MINUTO DE ESPERA. VUELVE A EMPUJAR LOS UTILES HACIA LOS POLICIAS, MIRANDOLOS, HASTA QUE CAEN AL SUELO)
EL SONRIENTE : (PATEA LOS UTILES DEBAJO DE LA MESA. A LORENZO) ¿Quién es el jefe? (SEÑALANDO A IGNACIO) Este no va a cantar por las buenas.
LORENZO : No sé. Solamente traje el telegrama. Debe ser el patrón de él, el cerebro.
EL GANGOSO : (BOSTEZA, SE DESPABILA, Y DIRIGE UNA PREGUNTA A LORENZO. ESTE NO ENTIENDE, SE ASUSTA, RECULA HACIA IGNACIO Y, SIN VOLVERSE, TIENDE LA MANO HACIA ATRAS, BUSCANDO A TIENTAS. EL GANGOSO REPITE LA PREGUNTA, GANGUEANDO HISTERICA, FRENETICAMENTE)
LORENZO : (SE ACERCA A IGNACIO, BAJO) Ignacio, querido, ¿qué dice? Me preguntó algo. No entiendo nada. ¿Por qué no habla más claro? ¿Qué dice?
IGNACIO : (LO APARTA) No sé. Estás asustado. Debiera romperte la cara.
LORENZO : (ASOMBRADO) ¿A mí?
EL GANGOSO : (GANGUEA ALTO E HISTERICO. LORENZO SE APRIETA MAS CONTRA IGNACIO, LE TIEMBLAN LOS LABIOS)
EL SONRIENTE : (AVANZA HACIA ELLOS, LA CARA CONGESTIONADA, HISTERICO) ¡Le ruego que escuche! (LORENZO SE APRIETA MAS CONTRA IGNACIO Y HUNDE EL ROSTRO EN EL HUECO DEL HOMBRO. EL SONRIENTE LLEGA HASTA ELLOS, LOS MIRA Y DA A IGNACIO UNA VIOLENTISIMA BOFETADA) ¡Sacuda la cabeza!
LORENZO : (SE APARTA Y EMPIEZA A TENTARSE. SE DESPLOMA SOBRE UNA SILLA. RIE CONVULSIVA Y FRANCAMENTE POR EL ALIVIO) ¡Ah, ya entiendo! ¡Qué buena idea! ¡Cómo cuando entra agua en los oídos! Un sacudón y se destapan. ¡Sacudí la cabeza, Ignacio! (LOS POLICIAS LO ACOMPAÑAN CON LA RISA, TRANQUILOS, BONACHONES. LORENZO, AL SONRIENTE) ¿El señor había preguntado...?
EL SONRIENTE : ... ¿Quién es usted?
LORENZO : (DESENVUELTO) Vamos, como decir qué vela llevo en este entierro. Pues ninguna, señor, ninguna. Soy mensajero de correos. El señor Ignacio me demoró con su charla. No podía sacármelo de encima. Confío librarme ahora, gracias a ustedes.
IGNACIO : (ESTALLANDO, INDIGNADO) ¡Cortá el nudo! ¡Cortá el nudo, Ignacio!
EL SONRIENTE : (CON SUSPICACIA) ¿Qué nudo?
LORENZO : Ya ven. Está lleno de misterios. Sospechen. Es lo que hacía yo mientras me daba charla. Sospechá, me decía. ¿Por qué un tipo va a hablarle a un mensajero de correos de su novia? ¿Para qué? ¿Para que se la robe? Hablando de robos, la novia roba en las tiendas. Me dio una propina. No se puede decir que sea magnánimo. (SIEMPRE CON EL PUÑO CERRADO, SE ACERCA A LOS POLICIAS. ELLOS JUNTAN LAS CABEZAS Y ESPERAN HASTA QUE ABRE LA MANO Y MUESTRA LA MONEDA. ENTONCES ASIENTEN Y OBSERVAN CON ADMIRACION)
IGNACIO : (INDIGNADO) ¡Vos me pediste una moneda, Lorenzo!
LORENZO : ¡Porque si no...! Podía esperarla sentado.
EL SONRIENTE : (SACA UN PAÑUELO Y TOMA CON INFINITAS PRECAUCIONES LA MONEDA. SEÑALANDO A IGNACIO) Está listo. Debe tener sus huellas digitales. (GUARDA EL PAÑUELO EN EL BOLSILLO)
LORENZO : ¿Puedo irme? Debo entregar otros telegramas. (CON GESTOS MUY RAPIDOS, SACA NUEVOS UTILES DEL CAJON, ESCRIBE DOS TELEGRAMAS, LOS CIERRA Y LOS SELLA)
IGNACIO : ¡Ya ven! ¡Los escribe él mismo!
LORENZO : (DIGNAMENTE) Por necesidad. Me voy.
IGNACIO : ¿Qué lío hiciste? ¿Cómo te vas a ir? Estamos pegados.
LORENZO : (CON ACTITUD) ¡Qué descaro! ¿Dónde? (BARRE EL AIRE A SU COSTADO CON LA MANO ABIERTA) Cuando te conviene. Soy libre. Tome las cosas con calma. (COMIENZA A MARCHAR HACIA LA SALIDA, PERO IGNACIO SE PEGA A EL. FURIOSO) ¿Qué te agarró?
IGNACIO : ¡No querías irte porque estábamos pegados!
LORENZO : (LE PEGA UN PUÑETAZO EN LAS COSTILLAS) ¡Dejame tranquilo, idiota! (OBSERVA A LOS POLICIAS QUE MIRAN, INTERESADOS. ENTRE DIENTES) ¡Quedate en tu lugar! ¡No me sigas!
EL SONRIENTE : Espere. (UNA PAUSA) ¿Hace mucho que lo conoce?
LORENZO : (EMPUJANDO FURIOSAMENTE A IGNACIO POR UN LADO, PERO MANTENIENDO LAS FORMAS POR EL OTRO, MIENTRAS HABLA A LOS POLICIAS) ¿A éste? Lo conozco del barrio, de traerle telegramas. Todos del mismo estilo.
EL SONRIENTE : (MUY AMABLE) Siéntese unos minutos, entonces. (LORENZO VUELVE AL CENTRO DEL CUARTO Y SE SIENTA. IGNACIO SIGUE PEGADO A EL Y SE SIENTA A SU LADO, EN CUCLILLAS. EL SONRIENTE, INTERESADO) ¿Qué tiene?
LORENZO : (SONRIENDO FORZADAMENTE) Nada. Manías.
EL SONRIENTE : (SACA EL PAÑUELO Y SE SUENA LAS NARICES. CON INDIFERENCIA, VE RODAR LA MONEDA. LUEGO SACA UN ATADO DE CIGARRILLOS Y LE OFRECE UNO A LORENZO. AFABLE) Sírvase. Cuéntenos, querido, todo lo que charló. Cuando se les va la lengua se pierden solos. Los pierde la vanidad. Hablo por experiencia.
LORENZO : (FUMA MAL, PIENSA, NO SABE QUE INVENTAR) Habló... por los codos. (SE MIRA LOS CODOS Y SONRIE, DISTRAIDO. VE A IGNACIO Y LE PEGA OTRO GOLPE) ¡Cargoso!
EL SONRIENTE : ¿Quién es el jefe? ¿Lo averiguó?
LORENZO : (SE LE ILUMINA LA CARA) Sí, sí. Lo averigüé. charló mucho. El jefe es él. Asaltó un banco. han dado muchos golpes. Déjeme ver. (SE LEVANTA, PATEANDO A IGNACIO QUE LO SIGUE, DOCIL, OBSTINADAMENTE, Y EMPIEZA A REVOLVER EN LA PILA DE DIARIOS VIEJOS. LOS DESECHA ARROJANDOLOS POR EL AIRE. ENCUENTRA EL DIARIO QUE BUSCA Y LO DESPLIEGA AL LADO DE EL SONRIENTE, APARTANDO SIEMPRE A IGNACIO A MANOTAZOS) Lea. Es evidente que cometió este robo. cuatro millones. (ADMIRADO, A IGNACIO, COMO SI LO CREYERA SINCERAMENTE) ¿Robaste cuatro millones?
IGNACIO : (INCREDULO, DOLORIDO) ¡lorenzo, no son tan imbéciles para creerte! ¡Te estás embrollando!
LORENZO : (FEROZMENTE CONTENTO) ¡No! ¡Y apartate!
IGNACIO : No puedo... Tengo ganas de sentir a alguien cerca...
LORENZO : ¡Acostate con tu abuela!
IGNACIO : No, no... Lorenzo, tengo miedo.
LORENZO : ¡Hubieras actuado honestamente! ¿Leyó el diario, señor?
EL SONRIENTE : (HA DESPLEGADO EL DIARIO, LO HOJEA. COMENTA RIENDO) ¡Qué curvas! (SE APARTA CON PESAR DE LA FOTO Y DESPIERTA A EL GANGOSO) ¡Caza gorda! (EL GANGOSO ECHA UNA OJEADA SIN INTERES, SONRIE APACIBLEMENTE Y VUELVE A ADORMILARSE. EL SONRIENTE, ALZANDO CUATRO DEDOS) Aquí dice: cuatro asaltantes.
LORENZO : (SIN INMUTARSE) Sí, coartadas. cuádruple desdoblamiento de la personalidad. Para eso, éste se pinta solo. Es hábil. (INTENTA APARTAR A IGNACIO PATEANDOLO, PERO IGNACIO SE AFERRA A EL TENAZMENTE, LORENZO, FURIOSO) ¡Dejame tranquilo! (CAMINA HACIA LA PUERTA, PERO IGNACIO LO SIGUE. MASCULLA) ¡Qué falta de tacto! ¡Qué inoportuno! Quedate en tu lugar. ¿Qué manía es ésta de pegarte a mí? ¡Sanguijuela! (SONRIE DIENTES PARA AFUERA HACIA LOS POLICIAS, MIENTRAS EMPUJA FEROZMENTE A IGNACIO) ¡No seas infeliz! ¡Desgraciado!
IGNACIO : (EN VOZ BAJA) Por favor, Lorenzo. Aclará que son todas mentiras. Pueden creerlas. Nunca se sabe. Aclaralo.
LORENZO : ¡Yo no aclaro nada! ¡Quiero vivir tranquilo! ¡Y soltame!
IGNACIO : (APRISIONA A LORENZO Y LO VUELVE HACIA LOS POLICIAS. FEBRIL, MIENTRAS LORENZO FORCEJEA INTENTANDO LIBRARSE) Yo explicaré todo. A Lorenzo se le ocurrió tirar piedras a una lata. Y luego vio a un chico y le tiró las piedras en la cabeza. Por poco no se la rompe. No lo hizo por maldad. Fue sin... querer. El es... así... (LORENZO LE PEGA UN PUNTAPIE. IGNACIO, FURIOSO) ¡Lo hizo apropósito! Y después me cerró la puerta... y un tipo que nos vio juntos... me rompió la cara. ¡A mí me la rompió! (A LORENZO) ¡Ahí está! ¡Lo dije todo! ¿Por qué no te habrás guardado tus mentiras? ¡Maldito impotente! ¡Todo lo arruinás porque no pensás más que en eso!
LORENZO : (ALTERADO) ¿Qué yo no pienso más que en eso? ¡Tengo mujeres a montones! ¡Sarnoso! ¿a quién molieron a golpes? ¡A los inocentes los dejan tranquilos! ¡Mirate la cara! ¡Parece un tomate aplastado!
EL SONRIENTE : (SE LEVANTA Y TOCA A LORENZO EN EL HOMBRO. TRANQUILIZADOR) No se preocupe. siempre acusan. (SEÑALANDO EL DIARIO Y EL TELEGRAMA) Por suerte, tenemos las pruebas.
LORENZO : (SONRIE) Gracias, señor. Me alegro de que sean testigos de esta escena: un hombre honrado nunca es tan violento. Peor que un pero. (A IGNACIO, GRITANDO) ¡Pero querés dejarme en paz!
IGNACIO : No, no.
LORENZO : (SIEMPRE APRISIONANDO, TUERCE EL CUELLO HACIA EL SONRIENTE. MUNDANO) ¿Sería usted tan amable de... de ayudarme?
EL SONRIENTE : (IDEM) ¡Cómo no!
LORENZO : (MUNDANO) empújelo hacia atrás. Yo tiraré hacia adelante.
(EL SONRIENTE ASIENTE REPETIDAMENTE CON LA CABEZA, SE QUITA EL SACO Y LO DEPOSITA CON CUIDADO EN EL RESPALDO DE LA SILLA. TOMA A IGNACIO POR LA CINTURA Y FORCEJEA HACIA ATRAS. EL GANGOSO DESPIERTA; LANZANDO COMO UN SONIDO DE GARGARAS, SE LEVANTA Y SE UNE AL GRUPO. IGNACIO CAE AL SUELO, PERO SIN SOLTAR A LORENZO QUE CAE CON EL. EL SONRIENTE SE ARROJA SOBRE ELLOS Y TRATA DE SEPARARLOS, MIENTRAS EL GANGOSO TOMA A IGNACIO POR LAS PIERNAS Y EMPUJA HACIA CUALQUIER LADO. IGNACIO PEGA UN ALARIDO)
LORENZO : (GRITANDO) ¡Maldito idiota! ¡Dejame solo! ¡Dejame solo! (LOGRA SEPARARSE MIENTRAS IGNACIO RUEDA POR EL PISO DEBAJO DE LOS POLICIAS QUE GOLPEAN. EL SONRIENTE CON LA SONRISA MAS EXASPERADA A MEDIDA QUE AUMENTE SU ENTUSIASMO. EL GANGOSO GANGUEA CADA VEZ MAS FRENETICAMENTE. AL MISMO TIEMPO, SE ESCUCHAN LOS GRITOS DE IGNACIO. LORENZO SE ABALANZA HACIA LA PUERTA, LA ABRE Y EXTIENDE LOS BRAZOS CON UNA EXCLAMACION DE DELICIA) ¡Ah, qué aire fresco, qué aire fresco!


SEGUNDO ACTO

ESCENA 3



LA MISMA HABITACION, UNO O VARIOS DIAS DESPUES. UNA ESCALERA APOYADA CONTRA LA PARED, JUNTO A UN CEPILLO DE MANGO LARGO. ENTRA LA LUZ DEL DIA POR LA VENTANA. LORENZO ESTA EN LA PIEZA, MARTILLANDO LA PATA DE UNA SILLA. SILBA, MUY CONTENTO. TERMINA DE MARTILLAR, APOYA LA SILLA SOBRE EL SUELO. LA SILLA SE BAMBOLEA Y SE CAE.

LORENZO : (CONTENTO) ¡Excelente! ¡Qué mano! (COMO LA SILLA SE CAE, LA APOYA CONTRA LA PARED. TOMA EN SEGUIDA, UNOS DIARIOS Y UN GRAN TARRO DE COLA Y PEGA LOS DIARIOS SOBRE LOS VIDRIOS. LA LUZ SE VA CUBRIENDO POCO A POCO. LORENZO, DESCONCERTADO) No se ve nada... (BAJA A TROPEZONES DE LA ESCALERA, CONSIGUE ENCENDER LA LUZ ELECTRICA) De cualquier forma, odio la luz. Estoy bien solo... Me siento... ¡bien! Quizás soy un hombre sano y él me enferma. Pero si vuelve... (RIE) Tengo una idea, ¡Una magnífica idea! No es una luz como inteligencia, pero comprenderá. Más claro: agua. (SACA DEBAJO DE LA CAMA UNA VIEJA Y SUCIA VALIJA DE CARTON. LA ABRE SOBRE A CAMA. CON ASCO) ¡qué sucio! Como para prestarle algo. Huele a milanesas. (BUSCA POR LA PIEZA, LEVANTA UN COLCHON Y SACA DEBAJO UN PAR DE MEDIAS QUE COLOCA EN LA VALIJA. SACUDE UN ZAPATO HASTA QUE CAEN OTRAS MEDIAS, MUY POLVORIENTAS, ATADAS CON UN NUDO, QUE TAMBIéN GUARDA EN LA VALIJA. HACE LO MISMO CON UNA CAMISETA AGUJEREADA QUE SACA DE UN CAJON) ¿Qué más tiene? Un pantalón. Tiene dos pantalones, uno puesto. (BUSCA EN LOS CAJONES) ¿Dónde estará? (CON UNA EXCLAMACION DE ALEGRIA LO DESCUBRE EN EL SUELO, DEBAJO DEL CEPILLO DE LIMPIEZA. LO SACUDE) Está mojado. (LO DOBLA, LO COLOCA DENTRO DE LA VALIJA) Pondré la valija en el pasillo; si regresa, se dará cuenta de la intención. No quiero compromisos. Un tipo que tiene líos con la policía, no es bueno tenerlo cerca. O pondré la valija en la puerta de calle. Si alguno se la lleva mala suerte. (CIERRA LA VALIJA, LA LEVANTA CON MUCHA FUERZA, PERO LA VALIJA NO TIENE PESO Y LA FUERZA LE SOBRA. DESCONCERTADO) ¡No pesa nada...! Pondré los diarios. Verá que no tengo mala voluntad. Lo mío y lo tuyo. Aquí empieza la buena voluntad. si lo tuyo no existe, mala suerte. Los diarios los compró Ignacio. Que se los lleve. (LLENA LA VALIJA CON LOS DIARIOS VIEJOS, LOS PRENSA CON ESFUERZO Y LA CIERRA. ALZA LA VALIJA Y LA COLOCA EN EL SUELO) Ahora sí, pesa. (UN SILENCIO) ¡Me siento bien! (ASPIRA Y ESPIRA PROFUNDAMENTE) Dos colchones. Juntaré los dos colchones y... (DECIDIDO) empezaré a mirar mujeres. (SUBE EN EL BANQUITO Y ABRE LA VENTANA. SE ASOMA CON MEDIO CUERPO AFUERA, SACA UN PEINE DEL BOLSILLO Y SE PEINA) Probaré con lo primero que venga. Gorda o flaca, vieja o joven. Para probar, no debo tener pretensiones. (CON UNA RISITA) ¡Basta que no carezca de lo esencial! (MIRA. CON ASCO) ¿Y ésta? ¿De dónde salió? ¡Qué seca! Está bien conformarse, ¡pero no tiene nada! (SE VUELVE HACIA EL INTERIOR DE LA PIEZA, COMENTANDO) ¿Viste, ignacio, qué? (SEPARA EN SECO, FURIOSO) Con dos colchones es más fácil, me arruinaba los programas. (VUELVE A MIRAR) ¿Y eso? ¡Es una vaca! Si la traigo, me asfixia. ¡Y toda pinturrajeada! ¡Qué asco! ¡La cara que tendrá al levantarse! ¡Mejor acostarse con un cuco! (SACA MEDIO CUERPO AFUERA, AHORA EN DIRECCION OPUESTA Y GRITA) ¡Eh! ¿Cree que con las tetas se hace todo? ¡Gorda! (RIE, PERO SE INTERRUMPE BRUSCAMENTE Y CIERRA LA VENTANA, ASUSTADO) ¿Me habrá escuchado? (BAJA DEL BANCO, VA HACIA LA PUERTA DE ENTRADA Y LA CIERRA CON LLAVE) ¡Qué mala suerte! EStaba en la esquina, besar esa cara... Era un buey... (RIE SIN GANAS) ¡Claro, la vaca con el buey! ¡Je, je! Tengo tiempo. Hoy va a caer alguna en mis brazos. paciencia. Ahora estoy solo. La casa es mía, los colchones son míos. Alquilaré esta pieza y viviré de rentas. Las mujeres son interesadas. (ABRE UNA HENDIJA DE LA VENTANA Y ESPIA. SE TRANQUILIZA Y ABRE DEL TODO, ACODANDOSE SOBRE EL MARCO) ¡Qué escasez de mujeres! ¿Dónde se habrán metido? Pero tengo todo el tiem... (VE ALGO Y ENMUDECE) ¿Cómo es posible? (TRASTORNADO) ¡No hay seguridad para nada, no se puede confiar en nadie! (CIERRA APRESURADAMENTE LA VENTANA. DA UNOS PASOS POR LA PIEZA, REFREGANDOSE LAS MANOS EN UNA FORMA EXTRAÑA, COMO SI APLAUDIERA, MUY NERVIOSO. VE LA VALIJA, LA RECOGE) Pondré la valija en la calle, así comprenderá... Más claro: agua. (ABRE CON DECISION. EN EL UMBRAL ESTA IGNACIO, EL MISMO ASPECTO, SOLO EL AIRE UN POCO MAS APALEADO. LORENZO MUDA DE COLOR, BALBUCEANDO) Hola...
IGNACIO : (CON VOZ RONCA) ¿Te vas?
LORENZO : (BALBUCEA) No... Te llevaba... la... la valija...
IGNACIO : ¿Adonde?
LORENZO : ¿Adonde?... Creí que todavía estabas... en la... (UNA ARCADA) Me siento ... mal... (ANTE SU SORPRESA, IGNACIO LE PASA DELANTE SIN MIRARLO, CRUZA LA HABITACION Y SE ACUESTA EN LA CAMA. LORENZO PASA TAMBIEN AL INTERIOR, SE SIENTA EN UNA SILLA JUNTO A LA MESA. UN SILENCIO. MUNDANO) ¿De qué querés que te hable? (UN SILENCIO. PIERDE SEGURIDAD) Me siento... descom... puesto... (COMIENZA A TEMBLAR VIOLENTAMENTE, ES SINCERO, PERO EXAGERA. UN SILENCIO. DE REPENTE) ¿Por qué tenés esa voz?
IGNACIO : Estuve resfriado. Me quedé ronco.
LORENZO : ¿Cómo estás?
IGNACIO : MAL.
LORENZO : (ASOMBRADO) ¿Mal? ¿Por qué? (CON SOSPECHA) No reconozco tu voz. ¿Sos Ignacio o mandaste a otro? Sos muy capaz. (SE ALZA SOBRE LA SILLA Y LO MIRA. SOCIABLE) ¿Cómo te trataron?
IGNACIO : Me pusieron el diente.
LORENZO : ¿Sí? ¡Qué amables! Eran simpáticos. A mí me resultaron simpáticos, ¿Y a vos? Claro, tirarle piedras a un chico no produce buen efecto a nadie, menos a ellos que deben cuidar...
IGNACIO : No fue por la piedra.
LORENZO : (MAS ANIMADO POR LA CHARLA) ¿No? ¿Ah, por el robo de los cuatro millones? (SONRIE) ¿Lo creyeron? ¡Fue un chiste! Si estaban los formularios, el sello de correos, todo estaba encima de la mesa.
IGNACIO : Tampoco fue por eso. Les caí... sospechoso. (TRISTE Y HERIDO) Lorenzo, ¿por qué me hiciste eso?
LORENZO : (EXCUSANDOSE COMO UN NIÑO) ¿Qué te hice? No te hice nada. Les caíste sospechoso. Es decir... no les caíste simpático. Igual te hubieran... (NO QUIERE REIR, PERO SE TIENTA) ¡Por eso! ¡Qué me contás! ¡El simpático resulté yo! ¡Qué alegría me da... resultar simpático! ¡Yo, el simpático! (RIE DESBORDADO MIENTRAS IGNACIO LO MIRA. SE DETIENE POCO A POCO, DESVIA LA VISTA CONCIENTE DE LA MIRADA DE IGNACIO, COLOCA LOS CODOS SOBRE LA MESA Y EMPIEZA A RASCARSE LA CABEZA. UN PENOSO SILENCIO)
IGNACIO : Lorenzo...
LORENZO : (SOLICITO) Sí, sí, querido, a tus órdenes.
IGNACIO : Algún día... te... te reviento.
LORENZO : (PALIDECE, SE LLEVA LAS MANOS HACIA EL COSTADO) Ignacio... me siento mal. Te... te necesito.
IGNACIO : ¡Ojalá revientes!
LORENZO : (APOYA EL ROSTRO CONTRA LA MESA Y COMIENZA A LLORAR) No quise... hacerte mal... Sólo pensé... en la casa. Me gusta... esta casa. Me gusta... (LEVANTA LA CABEZA) la forma en que reís. Por eso te hago perradas, para que te rías lo menos posible.
IGNACIO : ¿Qué ganás?
LORENZO : no pierdo. Cada vez... que reís me quitás algo, lo que no es mío. ¿Y por qué? ¿Por qué yo me río así? (SONRIE CON UNA MUECA, RIE ESTERTOROSO) ¡No me gusta! (CON DESALIENTO) Deseo tu forma de reír... y... y no hay caso. No lo consigo, Ignacio... (SILENCIO DE IGNACIO) No quería que te lastimaran. Somos hermanos, nacimos juntos. Si te morís, puedo quedarme con todo, con las camas... y... y las sillas... y... pero no quiero que te mueras. ¡No quiero, no quería hacerte mal, Ignacio! (LLORA) ¡Soy un cretino, un cretino! (IGNACIO SE INCORPORA Y LO MIRA. LORENZO LLORA, PERO MENOS SINCERAMENTE AHORA, ESPIA POR EL RABILLO DEL OJO EL EFECTO DE SU LLANTO, EXAGERA LEVEMENTE)
IGNACIO : (APLACADO) Lorenzo, Lorenzo...
(LORENZO MUESTRA UNA PAYASESCA Y TRIUNFANTE SONRISA HACIA UN LADO, LUEGO SE VUELVE HACIA IGNACIO Y LE MUESTRA EL ROSTRO APENADO, ARREPENTIDO)


ESCENA 4


LA MISMA HABITACION. LORENZO ESTA DELANTE DE LA MESA PONIENDOSE UNOS GUANTES DE GOMA CON GESTOS DE CIRUJANO. TIENE AIRE CONTENTO Y ATAREADO. SOBRE LA MESA, PAPEL, TINTA, UN LIBRO. DESDE LA PUERTA QUE DA AL PATIO, IGNACIO ARROJA UN AVION DE PLASTICO QUE PEGA A LORENZO EN LA CABEZA.

LORENZO : (SE VUELVE FURIOSO) ¿Qué hacés? Así vas a adelantar mucho. Si cada vez que armás un juguete, te entretenés jugando, vas a adelantar mucho. Después te quejás de que no tenemos plata.
IGNACIO : (RECOGE EL AVION) ¿Por qué no me ayudás un poco?
LORENZO : ¿Yo? Sólo trabajo por placer. Y también por placer, me aburro.
IGNACIO : ¿Para qué te pusiste esos guantes?
LORENZO : (MUY DIGNO) No hablábamos de mí. Pero te contestaré. No quiero ensuciarme las manos. ¿Terminaste el trabajo?
IGNACIO : No.
LORENZO : Apurate. Sabés bien que soy inútil para ganarme la vida.
IGNACIO : (MIENTRAS SE DIRIGE AL PATIO) Hoy lo termino. (VUELVE EN SEGUIDA CON UNA BOLSA DE ARPILLERA LLENA DE JUGUETES DE PLASTICO, LA VACIA EN EL SUELO, SE SIENTA Y COMIENZA A ARMARLOS)
LORENZO : (COMIENZA A ESCRIBIR CUIDADOSAMENTE. LUEGO ENSOBRA) Por favor, no pasés otra vez por la panadería. El pan parecía de piedra.
IGNACIO : (DISCULPANDOSE) Yo les pedí pan viejo, para que no se clavaran.
LORENZO : ¡Qué idiota! (UNA PAUSA) Igual tienen todas porquerías.
IGNACIO : (CON CALOR) ¡No, no!
LORENZO : ¡Te digo que sí! El patio desborda de pan viejo. Van a venir las ratas.
IGNACIO : (FELIZ) Más pan compro más puedo hablarle.
LORENZO : ¡Tenés un gusto! pero sobre gustos, no hay nada escrito. Esa chica es un esperpento.
IGNACIO : Es linda. (TIMIDAMENTE) Me gustaría casarme, vivir aquí.
LORENZO : (INDIFERENTE) ¿Quién te lo impide?
IGNACIO : Pero tres en una pieza...
LORENZO : Yo sobro, ¿no?
IGNACIO : No.
LORENZO : A veces, sos de una vileza increíble. Me doy cuenta de que sobro. Está bien. Casáte. Caín.
IGNACIO : No, no. Seguiremos viéndonos, serás amigo de Inés también.
LORENZO : Ah, ¿Se llama Inés?
IGNACIO : Sí.
LORENZO : ¿Qué harás con el padre?
IGNACIO : ¿Con quién?
LORENZO : Con el padre. No la deja ni a sol ni a sombra.
IGNACIO : Le hablaré.
LORENZO : Te romperá los dientes. Es un gallego muy nervioso. ¡La cuida al esperpento ese!
IGNACIO : Hay muchos vivos. En la panadería, entran muchos vivos. Cuando agarran el pan, estiran demasiado el brazo y la tocan.
LORENZO : Debe gustarle. Y el padre, ¿qué hace?
IGNACIO : Los saca a empujones. A mí también me mira con malos ojos. Ayer me empujó.
LORENZO : ¡También! ¿Por qué no esperaste a que la chica desarrollara?
IGNACIO : Tiene quince años.
LORENZO : Pero igual es un esperpento.
IGNACIO : ¿No te gusta? ¿Lo decís seriamente?
LORENZO : ¡Hum! Podría pasar, salvo la cara. Tiene las piernas torcidas, las manos ordinarias y, de arriba abajo es toda de una pieza: sin cintura. Podría pasar, pero no es mi tipo.
IGNACIO : (SE LEVANTA Y SE ACERCA A LA MESA. LORENZO OCULTA TODO CON LAS MANOS) ¿Qué escribís?
LORENZO : Cartas. Me escribo cartas.
IGNACIO : ¿Por qué tenés las Memorias de una Princesa Rusa?
LORENZO : Busco inspiración. Nadie me manda cartas. Es triste.
IGNACIO : Yo te escribiré.
LORENZO : ¡A buena hora! Usé tu papel. ¿Por qué no le hiciste imprimir tu nombre?
IGNACIO : ¿Para qué?
LORENZO : ¡Qué lelo! ¡Para que sepa que es tuyo! Está todo manoseado. Alguna vez podrías lavarte las manos.
IGNACIO : Es cierto. Inés es muy limpia. Ni siquiera tiene mugre bajo las uñas. Lorenzo, ¿de verdad no te molesta irte a vivir solo? Podrías venir cuando quisieras. Esta sería tu casa, también. (SONRIE) Además, no estoy seguro.
LORENZO : (GENUINAMENTE SORPRENDIDO) ¿Con quién? ¿Conmigo?
IGNACIO : Sí. Me hiciste muchas perradas.
LORENZO : ¿Yo? Sí, sí, te hice perradas. ¿Pero sabés por qué? Soy desdichado. Las chisto, las chisto, y es como si lloviera.
IGNACIO : Insistí.
LORENZO : Y si alguna me diera corte, ¿qué pasaría? Podrían quedarse años sobre el colchón.
IGNACIO : Insistí. Las mujeres son raras, a algunas hasta les gusta esperar. No te desanimés por eso. Insistí, pero sin chistarlas. No les gusta, no son perros.
LORENZO : (ENOJADO) ¡Cada cuál tiene su estilo!
IGNACIO : ¡Pero el tuyo no conduce a nada!
LORENZO : ¡Sarnoso! (SE CONTIENE, HIPOCRITA) Vas a estar cómodo aquí, cuando yo me valla. (SONRIE EXTRAÑAMENTE)
IGNACIO : ¿Por qué sonreís así? ¿Qué estás tramando?
LORENZO : ¡Nada! Me alegro por tu felicidad.
IGNACIO : (LO MIRA EN SILENCIO, LUEGO, CONMOVIDO) ¿Cambiaste?
LORENZO : (SINCERO) Sí, sí. Cambié.
IGNACIO : (RIE) Lorenzo, quién sabe... ¡la mando al cuerno!
LORENZO : (IDEM) ¡No, no! ¡Por mí, no!
IGNACIO : Bueno, no. No podría. Pero la puedo ver afuera. Convencer al padre. Aquí está el hermano, el amigo.
LORENZO : (LO MIRA LIMPIAMENTE) Yo. Podría ser... (CONTENTO, IGNACIO SACA MEDIO PAN DEL BOLSILLO Y EMPIEZA A COMERLO. LORENZO QUEDA ABSTRAIDO. RECOGE LAS CARTAS) Voy a echar estas cartas al correo. (SE SACA LOS GUANTES DE GOMA Y SE PONE UNOS GRUESOS MITONES DE LANA. ES EVIDENTE SU CUIDADO DE NO TOCAR LAS CARTAS CON LAS MANOS DESNUDAS)
IGNACIO : (AL VER LOS MITONES) ¿Qué hacés? Van a tomarte por loco.
LORENZO : No. (SE PONE LAS CARTAS EN EL BOLSILLO) ¿Por qué hablás con la boca llena? Se te ve la comida. Das asco.
IGNACIO : (TRAGA) Hace calor.
LORENZO : Por eso mismo. Hace calor y transpiro. la lana absorbe el sudor. En verano, voy a vestirme todo de lana. (RIE) Si vas a entregar los juguetes, pasá por la panadería. Pasá todos los
días de hoy en adelante. ¿Conquistaste a Inés? Conquistarás al padre.
IGNACIO : (SE ADELANTA, LO GOLPEA AMISTOSAMENTE CON EL PUÑO) ¡Lorenzo!
LORENZO : (SONRIENTE Y AMISTOSO) Voy a entregar esto, no sé si personalmente o por correo. Podríamos pasear un poco antes.
IGNACIO : ¿Personalmente? ¿Pero a quién le escribiste?
LORENZO : A mí mismo. No repitas las preguntas. ¿No querés pasear? Me siento bien, pero me agradaría tener un último recuerdo de estos paseos. En el fondo, soy un sentimental. (RIE. PASEAN, LOS BRAZOS RECIPROCAMENTE COLOCADOS SOBRE LOS HOMBROS. MARCAN EL MISMO PASO)
IGNACIO : (RIE TAMBIEN) ¿Un último recuerdo?
LORENZO : (MUY RISUEÑO) ¿Un último recuerdo, dije? Claro, ¡si te casás! (DESPUES DE UN MOMENTO, VUELVE A REIR. SIN SABER EL MOTIVO, IGNACIO LO ACOMPAÑA EN LA RISA, FELIZ. PASEAN)


ESCENA 5


LA MISMA HABITACION, DIAS DESPUES. SOLO HAY UNA CAMA AHORA. LA MESA ESTA LLENA DE PAN Y PAQUETES DE PANADERIA, ENVUELTOS EN PAPEL BLANCO, ATADOS CON UNA CINTITA. LORENZO ESTA SUBIDO EN EL BANCO, ASOMADO A LA VENTANA, CON MEDIO CUERPO AFUERA, CHISTANDO A LAS CHICAS.

LORENZO : (EMOCIONADO) ¡Dios mío, qué belleza! (ANGUSTIADO) ¿Qué le digo? ¡Pronto! ¿Ignacio, no se te ocurre nada? (SE VUELVE, LO BUSCA CON LA MIRADA) ¿Dónde se metió? (CHISTA NUEVAMENTE HACIA AFUERA) Amorcito. A...mor...ci...to... ¡Qué ojazos! (DEBE RECIBIR ALGUN DESAIRE, PORQUE SE QUEDA INMOVIL, PERPLEJO; LUEGO SE ASOMA NUEVAMENTE Y GRITA, FURIOSO) ¡Porquería! (UN SILENCIO) ¿Qué pretenden? Yo les miento. Tienen ojos de pajarito, piernas con músculos de boxeador, torcidas. (SE TOMA EL COSTADO, LLAMA) ¡Ignacio! (FURIOSO) ¡Ignacio! (ENTRA IGNACIO POR LA PUERTA QUE DA AL PATIO, HA PERDIDO SU AIRE DE FELICIDAD) Me duele.
IGNACIO : (SECO) Acostate, si te duele.
LORENZO : Sabés que acostado no me pasa. (IGNACIO SILBA, INDIFERENTE. LORENZO, ALTERADO) ¿Todavía te dura? ¿De qué me acusás ahora? No te hice nada.
IGNACIO : No sé si no me hiciste nada.
LORENZO : ¡Ah, bueno! ¡No sabés y me acusás! ¿Qué mosca te picó? Te vas a agarrar una pulmonía durmiendo en el patio. ¿Por qué no te marchás directamente?
IGNACIO : Sí, me voy.
LORENZO : Sí, me voy. Pero después volvés. Es tu casa.
IGNACIO : ¡Guardátela! (CON FURIOSO PESAR) ¡No puedo verte más la cara! ¡A nadie le puedo ver más la cara!
LORENZO : (ATENTO A LO QUE LE INTERESA) Me das la casa, pero sin papeles. Cualquier día podés venir y decirme: raje.
IGNACIO : (ENCOLERIZADO) ¿Qué querés que haga? ¿Escritura?
LORENZO : No. Pero testamento sí podrías hacer.
IGNACIO : (CADA VEZ MAS RABIOSO) ¡No tengo a nadie! Nadie te la va a reclamar.
LORENZO : Nunca se sabe.
IGNACIO : ¡Te regalo la casa! Pero primero te mato. (LO TOMA POR LA CAMISETA Y EMPUJA)
LORENZO : (RETROCEDE ATEMORIZADO, SINCERAMENTE ENTRISTECIDO) Ignacio, Ignacio, hermanito...
IGNACIO : (LO SUELTA. APENADO) ¿Por qué me pegó el gallego, Lorenzo? Tengo que desquitarme con alguno. ¿Por qué me pegó?
LORENZO : ¡Qué se yo!
IGNACIO : ¡Sólo por mirarla!
LORENZO : La gente es así: ¡loca!
IGNACIO : Me golpeaba y me decía: ¡escríbale inmundicias a su madre! ¡A mi madre!
LORENZO : ¡No tenés!
IGNACIO : Escrib... (SOSPECHA ALGO, MIRA A LORENZO QUE GUARDA UNA EXPRESION INOCENTE) ¿Qué escribías el otro día? ¿A quién?
LORENZO : A mí mismo. Mañana recibiré las cartas. Pero no te las dejaré leer.
IGNACIO : Sabés imitar mi letra, sabés copiar...
LORENZO : Nunca pude falsificar tu letra perfectamente. Sos casi analfabeto.
IGNACIO : Pero una vez falsificaste billetes de banco.
LORENZO : Todavía tengo. (UNA PAUSA, SINCERO) Ignacio, ¿cómo iba a hacerte eso? ¿Escribirle inmundicias a una chica de quince años? ¡En tu nombre!
IGNACIO : Sí. (LO MIRA. UNA PAUSA) Sos inocente. Inocente.
LORENZO : (EMOCIONADO) Sí, ¿te das cuenta? La inocencia es lo peor que hay en mí. (UNA PAUSA, SONRIENTE) ¿Te pasaste con la hija?
IGNACIO : No. Me pegó por mirarla.
LORENZO : ¿Y no avisó a la policía?
IGNACIO : ¿Por qué iba a avisar?
LORENZO : (APARTE, PENSATIVO) Tantas precauciones, ¿para qué? Me asé con los guantes de lana. ¡Idiota! ¡Gallego idiota! Pero no es inventiva lo que me falta. (SE ACERCA A LA MESA Y CORTA UN PEDAZO DE PAN)
IGNACIO : ¿Por qué tanto pan? ¿Quién te lo dio?
LORENZO : La plata.
IGNACIO : Sos un tacaño. ¿Para qué ibas a comprar tanto pan? ¡Y masitas!...
LORENZO : (SE ACERCA, DESENVUELVE UN PAQUETE DE MASITAS. LAS REVUELVE GROSERAMENTE, NO CONCLUYE DE ELEGIR, LAS QUE DESECHA LAS TIRA AL SUELO) ¡Qué porquería! (CORTA OTRO PEDAZO DE PAN. MASTICANDO, MUY ORDINARIO, TRIUNFANTE) Pensá lo que quieras. Tengo mis rebusques.
IGNACIO : ¿Dónde?
LORENZO : En las panaderías. Las mujeres me buscan.
IGNACIO : ¿Qué mujeres? (LORENZO CONTESTA CON UN TCH, TCH, SATISFECHO. IGNACIO) Me voy. Ahora sí me voy.
LORENZO : (INSTANTANEO, SACA LA VALIJA DEBAJO DE LA CAMA) Aquí está tu valija. (TIRA PAN Y MASITAS AL SUELO Y ABRE LA VALIJA SOBRE LA MESA)
IGNACIO : (SE ACERCA) ¿Por qué la forraste?
LORENZO : Podés agradecerme el trabajo, ¿no? El fondo está lleno de grasa. ¿Qué hacías adentro? ¿La comida?
IGNACIO : Te la presté para un picnic y se te rompió el paquete con milanesas.
LORENZO : Ah, pero pasó tiempo, ¿no? La grasa se seca.
IGNACIO : (MANSAMENTE) Soy muy descuidado. (EMPIEZA A BUSCAR) ¿Dónde está mi ropa?
LORENZO : Si no tenés. (IGNACIO PONE UNA CAMISETA DENTRO DE LA VALIJA. SACA UN PANTALON DEBAJO DEL CEPILLO DE LA LIMPIEZA, LO SACUDE Y LO GUARDA. LORENZO) Podés llevarte mi cepillo de dientes.
IGNACIO : No quiero.
LORENZO : ¡Cuánto orgullo!
IGNACIO : (REVISANDO EL ROPERO, LLENO DE TRAJES) ¿De dónde sacaste tanta ropa?
LORENZO : Querido, tengo mis rebusques. No necesito a las mujeres. ¿Qué creíste? No soy un inútil.
IGNACIO : ¿Pasaste billetes falsos? (UNA PAUSA) Entonces... el pan...
LORENZO : ¡Lo compré! Y en otra panadería. (RIE POR LA NARIZ, CON UN SOPLIDO)
IGNACIO : (SONRIE, RIE LUEGO, INCREIBLEMENTE ALIVIADO. SE SIENTAN LOS DOS Y ACERCAN LUEGO LAS SILLAS. SE PALMEAN MUTUAMENTE LAS RODILLAS. IGNACIO) Y toda esa ropa...
LORENZO : Para ambos.
IGNACIO : (RIENDO) ¡No sos tan bestia!
LORENZO : ¡No, no soy!
IGNACIO : Te mantuve todos estos años...
LORENZO : ¡Y yo como la hormiguita! (RIEN LOS DOS. SIN GOLPEAR EN LA PUERTA, ENTRAN LOS DOS POLICIAS: EL SONRIENTE Y EL GANGOSO. IGNACIO DEJA DE REIR, SORPRENDIDO. LORENZO SIGUE RIENDO POR LA NARIZ, CON UN SOPLIDO, TRANQUILAMENTE. EL GANGOSO SE ACERCA A LA VALIJA Y AGITA EL CONTENIDO EN EL AIRE. GANGUEA ALGO QUE NO SE ENTIENDE)
EL SONRIENTE : (TRADUCE RISUEÑO) ¡Pájaro que robó, voló!
IGNACIO : (COMO EL GANGOSO CONTINUA SACUDIENDO LA VALIJA) ¡Está vacía! (LOS DOS POLICIAS LO MIRAN SONRIENTES. EL GANGOSO, MUY DIVERTIDO, MUEVE LA BOCA SIN QUE SE ESCUCHE PALABRA. IGNACIO, SONRIENDO DESCONCERTADO) ¡No entiendo!
EL SONRIENTE : (MIENTRAS EL GANGOSO COMIENZA A SACUDIR DE NUEVO LA VALIJA; MUY RISUEÑO) ¡No, no está vacía!
CON EVIDENTE PLACER, EL GANGOSO EMPIEZA A ARRANCAR EL PAPEL. CAE UNA LLUVIA DE BILLETES FALSOS)
LORENZO : (DEJA DE SOPLAR. SORPRENDIDO, SIN ENFASIS) ¡Billetes falsos! ¡Oh, qué puerco! (VUELVE A SOPLAR POR LA NARIZ HASTA QUE SE ATORA Y DEBE LANZAR LA RISA COMO UN CHORRO, VIOLENTAMENTE, A CARCAJADAS)


ESCENA 6


LA VEREDA DE LA CARCEL EN PRIMER PLANO. LA CARCEL, DETRAS, ES UN SIMPLE TELON PINTADO. UN VIEJO ESTA SENTADO EN EL CORDON DE LA VEREDA, MOVIENDO LOS PIES EN FORMA EXTRAÑA. NUNCA APARTA LOS OJOS DE SUS PROPIOS PIES. DESPUES DE UN MOMENTO, ENTRA LORENZO. SE HA DISFRAZADO DE JUDIO, CON UN LARGO SOBRETODO NEGRO HASTA LOS TOBILLOS, SOMBRERO REDONDO DEL QUE ESCAPAN LOS TIRABUZONES DE UNA PELUCA. HABLA NORMALMENTE. DIRIGE UNA DISIMULADA MIRADA A LA CARCEL Y SE ACERCA AL VIEJO QUE NO DEJA DE MOVER LOS PIES Y NUNCA LO MIRA, POR LO TANTO.

LORENZO : (CORTES) ¿Usted hace mucho que está aquí, señor?
EL VIEJO : me siento aquí todas las tardes, a tomar fresco. En mi casa no hay sillas, no hay aire: me ahogo.
LORENZO : Busco un muchacho bajito, muy oscuro, picado de viruelas, con los dientes salidos para afuera y anteojos. ¿Lo conoce?
EL VIEJO : No.
LORENZO : Es mi hijo. Le pegó a un tipo con cara de infeliz. le faltaba un diente, acá, en el medio... (SE SEÑALA, DETENIENDOSE) ¿No puede mirar?
EL VIEJO : No.
LORENZO : No importa. Ya se lo pusieron. ¿Lo conoce? ¿Lo vio por acá?
EL VIEJO : No importa. (UNA PAUSA) Se llama... Horacio... o Ignacio. Le pregunto si lo vio porque quiero romperle la cara. Le pegó a mi hijo.
EL VIEJO : No veo a nadie. Trato de no mojarme los pies. La alcantarilla está tapada. No corre el agua y desborda. si me mojo estoy listo. A mi edad, es grave. Un resfrío lleva a la tumba.
VOZ DE IGNACIO : (DESDE LEJOS) ¡Lorenzo! ¡Lo...ren...zo!
EL VIEJO : ¿Lo llaman a usted?
LORENZO : ¿Está loco? ¿Dónde vio a un judío llamarse Lorenzo? (SUSPICAZ) ¿No se llama usted Lorenzo?
EL VIEJO : No. Hace mucho que vengo acá, no veo a nadie, no me llama nadie.
(SE VUELVE A ESCUCHAR LA VOZ DE IGNACIO, LEJANA, LLAMANDO. POR CONTESTACION, LORENZO DOBLA EL BRAZO EN UN GESTO EXPRESIVO Y SE MARCHA, FURIOSO)
EL VIEJO : (PENSATIVO) Si traigo un palito, podré destapar la alcantarilla. entonces, el agua correrá y podré mirar a la gente de cuando en cuando. No pude contestarle al señor como debía. Tomar fresco es lindo, pero sin ver a nadie resulta aburrido a la larga. La vida debe ser amena, porque si no, uno piensa demasiado en la muerte, (RIE) concluye por desearla. Con un palito, correré a un costado toda la inmundicia y el agua correrá. Seré feliz. (MIENTRAS HABLA, ENTRA LORENZO DISFRAZADO DE CIEGO. USA EL MISMO SOBRETODO, PERO SE HA CAMBIADO LA PELUCA, LLEVA UNA DE LARGOS CABELLOS SOBRE LOS HOMBROS. USA ANTEOJOS NEGROS Y EMPUÑA UN BASTON CON EL QUE TANTEA EL CORDON DE LA VEREDA. CUANDO LLEGA AL VIEJO, LO GOLPEA SAÑUDAMENTE, PERO COMO SI NO HUBIERA ADVERTIDO SU PRESENCIA)
LORENZO : (GOLPEANDO) ¿Qué hay aquí? ¿Qué hay aquí?
EL VIEJO : (SIN DEJAR DE MOVER LOS PIES, CUBRIENDOSE CON LOS BRAZOS) ¡Ay! ¡Ay, hermano, aquí estoy! Un viejo.
LORENZO : ¿Un viejo? Perdone. ¿Lo lastimé?
EL VIEJO : No.
LORENZO : ¿Podría darme una ayuda?
EL VIEJO : ¿Por qué?
LORENZO : Soy ciego.
EL VIEJO : ¿Ciego? ¡Qué desgracia? No tengo.
LORENZO : Los viejos son siempre miserables. ¿Para qué? si en la tumba no le entrarán más que los huesos. ¿cuánto mide? ¿Uno setenta? Deje todo afuera, tacaño. Se la harán más chica.
EL VIEJO : (SINCERAMENTE ASUSTADO) ¿Más chica? ¿Cree? A mí siempre me gustó estar cómodo. No soy tacaño. (REVUELVE EN SUS BOLSILLOS, A TIENTAS TIENDE UNA MONEDA QUE LORENZO RECOGE AVIDAMENTE) tome, no tengo más. Cuidado con el agua.
LORENZO : ¿Hay agua?
EL VIEJO : Sí, desborda por la alcantarilla. El día que consiga un palo, la destapo. Pero es difícil conseguir un palo.
LORENZO : ¡Ah, por eso me mojaba los pies!
EL VIEJO : ¿Usted viene seguido por aquí? Ya ve, nunca lo he visto. Me gustan los ciegos: no ven.
LORENZO : Vengo todos los días. ¿sabe por qué? Es un lugar óptimo para la limosna. (SEÑALA LA CARCEL) Los de allí son buenos. El personal, claro. Había uno de los presos que me puteaba. ¿Nunca lo vio?
EL VIEJO : No.
LORENZO : Hace rato que no lo escucho. Lo habrán dejado libre. ¿Usted no vio si lo dejaban libre?
EL VIEJO : Nunca veo a nadie. También puede ser que haya muerto.
LORENZO : (CONTENTO) ¿Usted cree?
EL VIEJO : Sí. Mejor para usted. Es feo que lo puteen a uno. (ACCIDENTALMENTE TOCA EL BASTON DE LORENZO) ¿Tiene un palo?
LORENZO : Es un bastón.
EL VIEJO : Un bastón puede servir. ¿Me lo presta?
LORENZO : ¿Quiere hacerme matar? Sin bastón, me caigo.
EL VIEJO : Siéntese acá. Cuide de no mojarse los pies. Con el bastón, puedo destapar la alcantarilla. ¡Démelo! (A TIENTAS, TIENDE LA MANO)
LORENZO : (LE DA UN GOLPE CON EL BASTON) ¡Quédese quieto! (SE PONE EL BASTON BAJO EL BRAZO) Si está muerto, no vengo más. ¿Pero quién le puede hacer caso a este viejo? Desvaría. (REZONGA FURIOSO MIENTRAS SALE) ¡Pérdida de tiempo!
EL VIEJO : ¿Por qué me pegó? Usted también es un viejo. Y ciego, para colmo de males. (MOVIENDO A TIENTAS LA MANO, PRIMERO CON PRECAUCION, Y LUEGO MAS LIBREMENTE) ¿Dónde está? Présteme el bastón. Nadie se lo va a llevar por delante. Yo lo cuidaré. Me gusta cuidar a los ciegos. Présteme el bastón. (ESPERA) ¿No contesta? ¿Se fue? (DESPUES DE UNA PAUSA) Contésteme, ¿se fue? (UNA PAUSA, SUSPIRA)Sí, se fue. ¡Qué carácter! No me gustan los ciegos: no ven nada, no quieren que los otros lo vean. el bastón hubiera sido ideal. Hubiera podido empujar toda la inmundicia, con la ano me da asco. Así tomo fresco, pero no lo disfruto. ¡Qué egoísta! ¿Qué le hubiera costado? (ENTRA LORENZO ARRASTRANDO UN CARRITO LLENO DE CACHIVACHES. AL PASAR DELANTE DEL VIEJO SE LE CAE UN MANGO CON UN RESTO DE ESCOBA. EL VIEJO SE LO APROPIA AVIDAMENTE Y SIN LEVANTARSE, MOVIENDO LOS PIES, PARA EVITAR EL AGUA, SE VA ARRASTRANDO HACIA UN COSTADO, DONDE EMPIEZA A RASPAR LA ALCANTARILLA, MUY CONTENTO, CASI FEBRIL. LORENZO SE HA RAPADO LA CABEZA, TIENE UN TRAJE A RAYAS Y UN PAÑUELO A PINTITAS EN EL CUELLO. RECUERDA VAGAMENTE A UN PRESO DE UN CAMPO DE CONCENTRACION, AUNQUE SU ASPECTO ES MUCHO MAS SALUDABLE. SE DETIENE Y MIRA ANSIOSAMENTE HACIA LA CARCEL)
LORENZO : (MUY BAJO) ¡Ignacio...! (SE INCLINA, ACOMODANDOSE UNA ZAPATILLA Y LLAMA, CON LA VISTA CLAVADA EN EL SUELO, Y UN HILO DE VOZ) ¡Ignacio...! (BREVE PAUSA) Pero no vayas a llamarme por mi nombre, idiota. No me comprometas. Sólo me intereso por tu salud. No me comprometas: mal de muchos, consuelo de tontos.
EL VIEJO : (CONTENTO, SIN DEJAR DE MOVER LOS PIES) ¡La destape! ¡Corre el agua! Había mal olor. Pero no puedo dejar de mover los pies. ¡Estoy tan acostumbrado!
LORENZO : (AGRIO) ¿Tiene algo para vender?
EL VIEJO : ¡No!
LORENZO : ¡Entonces no me dé charla! (GRITA) ¡Compro botella, cama vieja, trapoviejoignacio, diario viejo!
(SALE EL SONRIENTE. MIRA A AMBOS LADOS DE LA CALLE Y LLAMA A LORENZO, SIN RECONOCERLO)
EL SONRIENTE : ¡Venga!
LORENZO : (ATERRADO, SE VUELVE HACIA EL VIEJO) ¡Lo llama!
EL VIEJO : (INCORPORANDOSE LENTAMENTE) No, no, a usted.
EL SONRIENTE : ¡Venga!
LORENZO : (DILIGENTE, VA HACIA EL VIEJO Y CON UN EMPUJON LO HACE AVANZAR HACIA EL SONRIENTE) ¡Vaya!
EL SONRIENTE : (A LORENZO) Gracias.
(LORENZO SE APRESURA A EMPUÑAR EL CARRITO Y LO EMPUJA HACIA LA SALIDA. PERO ALLI TROPIEZA CON EL GANGOSO, A QUIEN ACOMPAÑA UN MUCHACHO. EL GANGOSO ABRE LOS BRAZOS Y EMPUJA TAMBIEN A LORENZO)
EL GANGOSO : ¿Por qué tanto apuro? (A EL SONRIENTE) ¿Alcanzan?
LORENZO : (ATONITO) ¿Habla?
EL GANGOSO : (QUE HABLA NORMALMENTE Y QUE TAMPOCO LO RECONOCE. SORPRENDIDO) Sí. Siempre. ¿Por qué?
LORENZO : No, no. Decía. Yo... yo estuve mucho tiempo mudo. Después me curé, con un susto. Ahora hablo de corrido. De chiquito tampoco hablaba. No sabía con quién.
EL SONRIENTE : ¿Quién le pregunta algo?
LORENZO : (VOLUNTARIOSO) ¡Nadie! Felizmente, nadie me pregunta nada. La tierra es libre. (SE EMBROLLA) Nadie pregunta... nadie contesta. Cuando hablamos es...cuando...
EL GANGOSO : (AFABLE) Bueno, sí. Basta, querido. Su cara... me resulta conocida.
LORENZO : ¿Mi cara? Por supuesto. ¡Hay miles come ésta! Da asco de vulgar. Mire, mire mi perfil. ¡No vale nada!
EL SONRIENTE : ¡Se nos hace tarde!
EL GANGOSO : Este viejo y este idiota..
LORENZO : (ULTRAJADO, EN VOZ BAJA) Idiota, ¿idiota yo?
EL GANGOSO : ...¿Alcanzarán para el trabajo?
EL SONRIENTE : Sí. Usted, vacíe el carrito.
LORENZO : (VOLUNTARIOSO) Sí, sí. ¡Cómo no! A sus órdenes. (DILIGENTEMENTE, ARROJA LA CARGA DEL CARRITO AL SUELO, BOTELLAS, RESTO DE ESCOBA, UNA PALANGANA OXIDADA)
EL GANGOSO : (JUZGANDO EL CARRITO) ¿No será chico?
EL SONRIENTE : No se preocupe. Si es chico, lo doblamos.
JOVEN : Doblamos, ¿qué?
LORENZO : ¡Habló!
EL SONRIENTE : ¡La carga! En fila, por favor.(TODOS SE COLOCAN EN FILA, LORENZO SE APRESURA A OCUPAR EL PRIMER LUGAR. HACIENDO ADEMAN DE QUE ESPEREN, LOS POLICIAS SALEN Y VUELVEN AL INSTANTE TRAYENDO UN CUERPO, EL DE IGNACIO, ENVUELTO EN UN GENERO ESCASO. LO SUBEN AL CARRITO. TIENEN DIFICULTAD EN ACOMODARLO. LA CABEZA QUEDA OCULTA, PERO SE LES ESCAPA UNA BRAZO, UNA PIERNA, Y ESTO SE REPITE VARIAS VECES. ENTRE EL CUERPO MUERTO QUE NO QUIERE ACOMODARSE Y LOS POLICIAS QUE SE EMPEÑAN EN HACERLO, HAY UNA LUCHA OBSTINADA, DE CONTENIDA VIOLENCIA. FINALMENTE, LOS POLICIAS OPTAN POR DOBLARLE LA CABEZA SOBRE LAS PIERNAS. DESDE EL INTERIOR DE LA CARCEL, ALGUIEN ARROJA UNA PALA. CAE DE LLENO SOBRE LORENZO QUE PEGA UN GRITO DE DOLOR.)
EL SONRIENTE : Iremos al campo. EStá fresco, brilla el sol. Caminaremos lentamente. No lo tomemos como un trabajo.
LORENZO : Yo no lo tomo. ¡No lo es!
EL VIEJO : ¡Me llevan a pasear!
EL GANGOSO : Justamente, a pasear.
EL SONRIENTE : ¿Todos contentos?
LORENZO Y EL VIEJO : ¡Sí, todos contentos!
EL SONRIENTE : Entonces, ¡al campo! (LORENZO SE APODERA POR FUERZA DE LA EMPUÑADURA DEL CARRITO QUE EL VIEJO PRETENDIA ARREBATARLE Y EMPUJA CON FUERTE JADEO, ENCABEZANDO LA FILA. SALEN)


ESCENA 7


UN CAMPO PELADO. LOS DOS POLICIAS ESTAN SENTADOS SOBRE EL PASTO CON LAS PIERNAS CRUZADAS. RESPIRAN HONDO Y ALTERNADAMENTE, CON PLACER. EL GANGOSO HUELE UNA FLOR CON DELECTACION. EL VIEJO Y EL JOVEN ESTAN DETRAS DE ELLOS, DE PIE. LORENZO EMPUÑA LA PALA Y CAVA. EN UN EXTREMO, EL CARRITO. UN SILENCIO.

EL VIEJO : (TIMIDAMENTE) Había una vaca en el camino. ¿La vieron? (NADIE LE PRESTA ATENCION. OTRO SILENCIO. SE ACERCA A LORENZO, LE TOCA EL HOMBRO CON UN DEDO. LORENZO SE VUELVE. EL VIEJO, SEÑALANDO LA PALA. CON TIMIDEZ) ¿Me permite? Me gustaría... dar unas paladas. Hacer un poco de ejercicio. (ANSIOSO) Es una buena oportunidad, ¿sabe?
LORENZO : (LO MIRA HOSCAMENTE) La pala me la tiraron a mí. Soy el más capacitado, el más fuerte. Lo siento (LE DA LA ESPALDA Y SIGUE CAVANDO. EL VIEJO QUEDA INMOVIL, ANSIOSO, SIN CREER POR COMPLETO SU FRACASO)
JOVEN : Déjelo. Se arregla solo.
LORENZO : ¡Sí! ¡Me arreglo solo!
EL VIEJO : En el camino, había una vaca. Nunca había visto una vaca, tan cerca. (LLEVANDOSE EL DORSO DE LA MANO A LA MEJILLA) Hubiera querido... tocarla. Tienen la piel sedosa, caliente. Y parecía buena... Una buena vaca parecía... (UN SILENCIO)
LORENZO : ¡Qué me importa! ¡Déjeme trabajar!
EL VIEJO : (VUELVE A LLAMAR A LORENZO, TIMIDA Y ANSIOSAMENTE) Permítame... (TIENDE LA MANO Y LORENZO, DE MAL MODO, ABANDONA LA PALA. EL VIEJO, CON UNA SONRISA, LA TOMA Y APENAS SI ALCANZA A DAR TORPEMENTE DOS PALADAS CUANDO YA LORENZO SE LA ARRANCA DE LAS MANOS)
LORENZO : No sabe.
EL VIEJO : (MORTIFICADO) ¡Démela! (POR RESPUESTA, LORENZO, JADEANTE, SOPLA CON LO QUE QUIERE SER UN SILVIDO) Y para colmo, no me atreví a tocarla... La vaca. Me quedé con el deseo. (DESESPERANZADO) ¿Para qué destapé la alcantarilla? A mi edad... quedarse con un deseo. Con dos...
LORENZO : (DEJA DE CAVAR) Ya está.
EL SONRIENTE : ¿Ya está? ¡Muy bien!
(LOS DOS POLICIAS SE ACERCAN AL CARRITO Y TIRAN DE LAS PUNTAS DEL GENERO. IGNACIO CAE AL SUELO. LORENZO SE ACERCA RAPIDAMENTE. MIRA Y SE DEMUDA)
LORENZO : ¡Dios mío!
JOVEN : (MAS BAJO) ¡Dios mío!
LORENZO : ¡Ignacio, hermanito!
EL SONRIENTE : ¿Qué pasa?
LORENZO ; (TOCANDO A IGNACIO CON EL PIE) ¿Quién es éste? Yo no lo conozco. (APRESURADO) Ni me importa. Cada cual tiene el destino que merece. Este... éste habrá hecho sus buenas cretinadas.
JOVEN : Cállese.
LORENZO : ¡Me hace callar!
EL GANGOSO : (OSCURO) No lo haga callar.
LORENZO : ¡Me gusta! ¿Para qué se mete?
EL SONRIENTE : (AFABLE) ¡Muchachos! ¡No discutan! Terminen pronto. Oscurece. Quiero ver a mis chicos antes de que se duerman.
LORENZO : (RIE TEMBLOROSAMENTE) ¡Como yo! (EL VIEJO SE APURA Y EMPUJA A IGNACIO DENTRO DEL HOYO, ARREBATA LA PALA, APROVECHANDO LA DISTRACCION DE LORENZO Y, MUY FELIZ, CONSIGUE DAR UNAS PALADAS, PERO LORENZO LO VE, LE HACE UNA ZANCADILLA Y LO ARROJA AL SUELO. SE APODERA DE LA PALA Y LA MANEJA CON RAPIDEZ. APISONA LA TIERRA CON FUERTES GOLPES DADOS DE PLANO CON LA PALA. EL VIEJO SE APARTA, VEJADO. LORENZO, A LOS POLICIAS, CON UNA SONRISA DE SERVILISMO) ¡Listo! Trabajo cumplido. Fue un placer. (VE EL GENERO EN EL SUELO, LO DOBLA EN CUATRO Y LO ENTREGA A LOS POLICIAS)
EL GANGOSO Y EL SONRIENTE : ¡Gracias a todos!
LORENZO : (DECEPCIONADO) ¿Cómo gracias a todos? Yo trabajé más. Son testigos.
EL GANGOSO Y EL SONRIENTE : (SIN ESCUCHARLO) ¡Hasta pronto, muchachos! Se repetirá. ¡Gracias otra vez! ¡Hasta pronto! (SE VAN, LLEVANDOSE LA PALA Y EL CARRITO. UN SILENCIO)
LORENZO : ¡Hijos de puta! ¡Me robaron el carro!
EL VIEJO : (PESAROSO Y AGRAVIADO) Sólo quería hacer un poco de ejercicio. ¿Por qué no me dejó?
LORENZO : ¡Váyase! Usted no sirve para nada.
EL VIEJO : Y para colmo, me quedé con el deseo de tocar a la vaca. No tendré otra oportunidad.
JOVEN : La encontrará a la vuelta.
EL VIEJO : No... Se habrá ido a dormir. Y buena... una buena vaca parecía... Y usted...
LORENZO : (LADRA) ¿Yo, qué?
EL VIEJO : ¡Su padre! ¡Cuéntele a su padre lo que me ha hecho! Verá. Ofender a un viejo... (VA HACIA LA SALIDA Y SE PARA) Por dos paladas... (SALE)
LORENZO : (FURIOSO) ¡Termínela, inútil! No tengo padre. Ya debiera estar enterrado. ¡Muérase! (SE VUELVE HACIA EL JOVEN, QUE HA PERMANECIDO DE ESPALDAS, DE PIE JUNTO A LA TUMBA. ALTERADO) Y usted. ¿Qué hace? ¿Por qué no se va?
JOVEN : ¿Lo conocía?
LORENZO : ¿A quién?
JOVEN : (SEÑALANDO LA TUMBA) A éste.
LORENZO : (AGRESIVO) No. A su abuela tampoco la conozco.
JOVEN : Pensé... que usted lo conocía. Tenía los ojos abiertos, grises.
LORENZO : Los hubiera cerrado. (RIE ANGUSTIOSAMENTE) Se le habrán llenado de tierra.
JOVEN : (SE VUELVE OTRA VEZ DE ESPALDAS) Cállese...
LORENZO : ¡Cállese usted! ¡Metido! ¡Porquería! ¿Por qué no se va? (ENTRELAZA LOS DEDOS DE LAS MANOS UNIDAS, SALTA SOBRE EL OTRO Y, MARTILLANDO CON LAS MANOS UNIDAS, LO GOLPEA VIOLENTAMENTE ENTRE LOS HOMBROS) ¡Váyase, váyase, le digo! (EL MUCHACHO SE ALEJA INCLINADO, CON LA CABEZA OCULTA ENTRE LOS HOMBROS PARA PROTEGERSE DE LOS GOLPES, Y SALE, TRASTABILLANDO. LORENZO) ¡Va a tirarme de la lengua a mí! ¿Quién lo conoce? ¿Qué se yo si tenía ojos grises? Vaya a comprometer a... a... a... (A FALTA DE OTRA PALABRA, ESTALLA) ¡a su abuela! (VUELVE Y SE SIENTA AL LADO DE LA TUMBA. TODAVIA FURIOSO) ¿Escuchaste, Ignacio? ¡Quería comprometerme! (UN SILENCIO. LLAMA, DESCONFIADO,, PROBANDO) Ignacio... ¡Ignacio! (ESPERA) No tengas miedo, no te llamo más. Probaba. Quería estar seguro. Peores sorpresas me has dado en vida. Y ahora, de muerto, ¡me jorobás! ¿Qué ganas tenés de estar muerto? ¿Eh? ¿Para qué? ¡Para jorobarme! (SIN MOVERSE) Me voy. Son veinte cuadras hasta casa, hasta "mi" casa. Quedó todo para mí, las paredes, las puertas. Quedó todo para mí, incluso lo que más me molestaba, tu risa. (HUMILDEMENTE) Yo quería tu risa, Ignacio. Y quería... tu paciencia... ¡Qué aguante! De verdad, ¿nacimos juntos, eras mi hermano? (RIE, PERO CESA EN SEGUIDA) Me molestaba también... lo que pensabas. (ENOJADO) ¿Por qué pensabas que yo era tu hermano? No dejaste un minuto de pensarlo, me daba cuenta. No podíamos vivir en el mismo cuarto, compartir nada. Yo no quería compartir nada, ¡idiota! (UN SILENCIO. SIN MOVERSE) Me voy. A ver si tengo tu sonrisa. (SONRIE CON UNA SONRISA HORRIBLE, FORZADA, SOLO DE DIENTES) Sí, sí. Es la tuya, lo siento. me voy. (UN SILENCIO. SIGUE SENTADO, INMOVIL, POCO A POCO DESAPARECE LA SONRISA. SE ARREBUJA) Qué frío. Me voy, ahora sí, me voy. (SE QUEDA INMOVIL, UN SILENCIO. TIMIDA, DESOLADAMENTE) Ignacio, Ignacio... (SE DOBLA EN UNA POSE SEMEJANTE A LA DE IGNACIO EN EL CARRITO, LA CABEZA SOBRE LAS RODILLAS. UN GRAN SILENCIO)

FIN
 
 

Av Roque Sáenz Peña 943
C1035AAE Buenos Aires, Argentina
E-mail info@teatrodelpueblo.org.ar
Esta sala cuenta con el apoyo del
Instituto Nacional del Teatro
y de Proteatro