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Tenemos la involuntaria tendencia a hacer rodar una pelota de fútbol antes de darle un puntapié.


PERSONAJES:
MEJIA
SIMON
ESTER


EL CUARTO DONDE SE DESARROLLA LA ACCION ESTA UBICADO EN EL PRIMER PISO DE UNA CASA VIEJA. LA PUERTA DE ENTRADA SE HALLA A LA IZQUIERDA, EN UNO DE LOS LATERALES, Y ABRE HACIA EL DESCANSO DE UNA ESCALERA QUE CONDUCE A LA CALLE. ADEMAS CUENTA CON UNA VENTANA QUE DA AL EXTERIOR, CERRADA EN ESTOS MOMENTOS.
EN EL MISMO LATERAL DONDE SE ENCUENTRA ESTA PUERTA DE ENTRADA SE UBICA UNA PEQUEÑA COCINA, SEPARADA POR UNA PARED CON UNA ABERTURA SIN PUERTA DEL AMBITO PRINCIPAL. EN EL LATERAL CONTRARIO, OTRA PARED SIN PUERTA, EN REALIDAD UNA PEQUEÑA ARCADA, CONDUCE A UN SEGUNDO CUARTO, DEPENDIENTE DEL PRIMERO, USADO COMO DEPOSITO; ALLI, AL FONDO, EN LA OSCURIDAD, SE HALLA EL BAÑO.
EL RECINTO SE UTILIZA COMO TALLER DE CERRAJERIA. ESTANTERIAS Y VARIOS MUEBLES DE CAJONES, ARRINCONADOS CONTRA LAS PAREDES, COBIJAN HERRAMIENTAS Y ELEMENTOS AFINES CON LA ACTIVIDAD. SE SUMA UNA LARGA MESA, UBICADA EN EL CENTRO, CON UNA MORSA DE HIERRO INSTALADA EN UN EXTREMO. DEL TECHO CUELGA UNA UNICA LUZ, DESTINADA A ILUMINAR LA MESA DE TRABAJO Y, COMO CONSECUENCIA, EL RESTO DE LA HABITACION. EL AUSTERO MOBILIARIO SE COMPLETA CON ALGUNAS SILLAS; SE PUEDE ADVERTIR QUE LA MITAD, POR LO MENOS, PRESENTAN DETERIOROS QUE LAS HACEN INUTILIZABLES.
TODO ES GRIS, SUCIO DE MUGRE: LAS PAREDES MANCHADAS, LAS PUERTAS Y LA VENTANA SUCIAS DE GRASA ALREDEDOR DEL PICAPORTE Y DE LA FALLEBA, LOS VIDRIOS OPACOS A CAUSA DE LA TIERRA ACUMULADA.
UN TELEFONO PERMANECE SOBRE UNA REPISA COLGANTE, UBICADA ESTA EN UN RINCON.

MEJIA ENTRA AL RECINTO. RESPIRA AFANOSAMENTE, FATIGADO, CONSECUENCIA DE HABER TENIDO QUE CORRER PARA LLEGAR HASTA AQUI Y, PARA COLMO, VERSE EN LA OBLIGACION DE TREPAR LA ALTA ESCALERA DE LA CASA. DEJA LA PUERTA ABIERTA A SUS ESPALDAS, MIENTRAS INVITA CORDIAL, PERSUASIVO -SIEMPRE ENTRECORTADO POR LA FATIGA- A ALGUIEN QUE LLEGA DETRAS SUYO.

MEJIA : Pase, pase... Ya llegamos.
MEJIA, QUIEN VISTE PANTALON Y CAMISA, GUARDA LAS LLAVES EN EL BOLSILLO Y DETIENE SU INTENCION DE SEGUIR CAMINO HACIA EL DEPOSITO CONTIGUO, ADVERTIDO DE QUE SU ACOMPAÑANTE, TAMBIEN MUY FATIGADO, PERMANECE EN EL UMBRAL, HACIENDO CASO OMISO DE LA INVITACION. GIRA Y LO MIRA INTERROGANTE.

SIMON : ¡Ufff, qué corrida! Uno ya no está para estos trotes... No sé usted, pero lo que es yo... (ADVIERTE QUE MEJIA SIGUE MIRANDOLO, A LA ESPERA. SE EVADE, ESCONDIENDO SU DESCONFIANZA) ¿Aquí es?
MEJIA : Aquí, sí. Pase. ¿Qué esperaba encontrar? ¿Un palacio?
SIMON : (FESTEJA RIENDO) ¡Un palacio! Ridículo... Un palacio...
MEJIA : ¿O todavía sigue desconfiando...?
SIMON : (DESECHA LA SUGERENCIA CON UN GESTO COLERICO) Déjese de macanas... ¡Termine con esa música, amigo! ¡Yo no tengo miedo!
MEJIA : (BURLON) Adelante entonces. Entre y cierre esa puerta. Se llena de mosquitos.

(SIMON SE AGACHA PENOSAMENTE Y RECOGE UNA VALIJA DE BAJA CALIDAD QUE HABIA DEJADO A SUS PIES -POR CIERTO LE ESTORBA-. LUEGO ENTRA Y CIERRA LA PUERTA. VISTE TRAJE Y CORBATA, TRANSPIRA COPIOSAMENTE -SE SECA CONTINUAMENTE CON UN PAÑUELO ARRUGADO-; LA INDUMENTARIA NADA ADECUADA LO EXPONE A SUFRIR AUN MAS LOS RIGORES DE UN FEROZ DIA DE VERANO)

MEJIA : Me parece mejor así... Sin desconfianza...
SIMON : ¿Con llave?
MEJIA : No hace falta.
SIMON : ¡Mal hecho! Camino libre para los ladrones. Esas herramientas que veo allí cuestan una fortuna... ¡Mucha plata...!

(SIMON SE INTERRUMPE PORQUE MEJIA NO LO ESCUCHA, SINO ABANDONA DE PRISA EL RECINTO Y DESAPARECE DENTRO DEL DEPOSITO. SE OYE EL GOLPE DE UNA PUERTA AL CERRARSE)
(SIMON SUPERA SU FATIGA PARA ESPIAR CON PREMURA E INQUIETUD POR TODOS LOS RINCONES, TAMBIEN LA COCINA Y EL DEPOSITO, PERO SIN DEJAR LA HABITACION, ASOMANDOSE RECELOSAMENTE A TRAVES DE LAS PUERTAS. NO DESCUBRE NADA PERTURBADOR Y ESA CERTEZA LO VA TRANQUILIZANDO. RECIEN PARECE ADVERTIR LAS MOLESTIAS QUE LE PRODUJO LA VALIJA -CARGADA DE UN LADO A OTRO EN EL CURSO DE SU RAPIDA INSPECCION-, Y LA ARROJA DESAPRENSIVAMENTE EN UN RINCON, BAJO EL TELEFONO. LUEGO SACA UN ATADO DE CIGARRILLOS DEL BOLSILLO. EN ESE MOMENTO REGRESA MEJIA, SE SIENTE OBLIGADO A OFRECERLE UNO, PERO CON AMABILIDAD RETICENTE)

SIMON : ¿Fuma?
MEJIA : Gracias, no fumo.
SIMON : ¡Suerte, amigo! Apenas me quedan dos. (SE LLEVA UN CIGARRILLO A LOS LABIOS, LO ENCIENDE) Despues tendría que bajar a comprar.
MEJIA : (LO ACUSA, SEÑALANDO EL CIGARRILLO CON UN DEDO) Ahí tiene la causa de que no pueda correr veinte metros sin caerse al suelo.
SIMON : Cierto, sí... Pero quién consigue dejarlo. Yo no aguanto sin fumar. Además a usted no se lo ve mejor que a mí.
MEJIA : Enseguida me recupero. ¿Tiene necesidad de ir al baño?
SIMON : ¿Al baño? No, yo no.
MEJIA : Por cualquier cosa está allí, al fondo. (SEÑALA EL INTERIOR DEL DEPOSITO) Yo no aguantaba más.
SIMON : ¿No hay nadie aquí?
MEJIA : (BURLON) Nadie que yo sepa... (INDICA VAGAMENTE EL RECINTO Y LOS CONTIGUOS) Puede entrar y fijarse. Mirar debajo de la mesa...
SIMON : (DESECHA LA PROPUESTA CON UN GESTO MALHUMORADO) Si usted lo dice... Pregunté por preguntar... (MEJIA RIE MORDAZ, NO LE CREE) Déjese de joder, ¿quiere?
MEJIA : ¿Por qué no se sienta? Póngase cómodo. Lo veo muy tenso.
SIMON : (MASCULLANDO SU FASTIDIO) Y sigue con la misma música.

(MEJIA LE DA LA ESPALDA. DE PRONTO GIRA, RAPIDAMENTE, Y PATEA EL PISO CON UN PIE, LO QUE PRODUCE UN ESTALLIDO, PARECIDO A UN DISPARO. SIMON SE SOBRESALTA, RETROCEDE A LA DEFENSIVA, SE CUBRE)

MEJIA : (RIENDO) ¿Ve? ¿Ve cómo tengo razón? Tenso, un pedazo de acero... Si uno lo toca seguro que suena: ¡tiiinnn!, como una cuerda de violín.

(SIMON QUEDA SIN ARGUMENTOS. SUSPIRA, RECUPERADO DEL SUSTO, CONTENIENDO SU IRRITACION)

SIMON : ¿Dónde puedo sentarme?
MEJIA : (SEÑALA LAS SILLAS) Tenga cuidado, algunas no están muy bien... Las patas rotas.
SIMON : (PROBANDO UNA SILLA) Con tal que sirva para apoyar el culo... (SE SIENTA Y, ALIVIADO, ESTIRA LAS PIERNAS) La corrida y esa escalera me mataron.
MEJIA : Esta es una casa muy vieja.

(SIMON SE ACARICIA LAS PIERNAS Y TERMINA TANTEANDOSE LOS PIES, QUE SON LOS QUE REALMENTE LE DUELEN)

MEJIA : Debían regalar los ladrillos.
SIMON : (SE DESCONCIERTA, NO ENTIENDE) ¿Qué?
MEJIA : Digo... Debían encontrar los ladrillos tirados por la calle (SIMON SIGUE SIN ENTENDER) Por eso hacían semejantes paredes, tan altas.
SIMON : (COMPRENDE, SE TRANQUILIZA) ¡Ah, sí!... ¿Cierto, no? Así era antes.
MEJIA : Ahora le hacen tres pisos en lugar de uno.

(AHORA ES SIMON QUIEN HA DEJADO DE ATENDER A MEJIA - EMBARCADO EN UN TEMA QUE NO LE INTERESA-, Y SE DEDICA A QUITARSE LOS ZAPATOS QUE LE MORTIFICAN LOS PIES)

SIMON : Estos zapatos que me dieron me hacen doler los pies. Me aprietan una barbaridad en la punta. Justo allí tengo un callo...
MEJIA : ¿Se los dieron?
SIMON : Sí, claro. No son los míos (SE ACARICIA Y FRIEGA LOS PIES DOLORIDOS) Vaya a saberse dónde pudieron ir a parar los míos. Me obligaron a entregarlos. Todo, los zapatos, la ropa... ¿A quién se los voy a reclamar ahora? Casi nuevos. Seguro que algún guardián se los llevó y los usó... Ya los habrá gastado también y tirado a la basura. (RIE, BURLANDOSE DE SU DESGRACIA)
MEJIA : (DESPECTIVO) Mala gente. No tenían derecho.
SIMON : (SE ALZA DE HOMBROS) Así es la cosa, amigo, qué se le va a hacer. No se puede protestar...
MEJIA : ¿Y el resto?
SIMON : ¿El resto?
MEJIA : ¿Eso que lleva puesto...?
SIMON : Ah, no. Es lo mío... Este traje es el que llevaba cuando caí. Y la camisa y la corbata... Me devolvieron todo. Un poco pasado de moda, ¿no?
MEJIA : A quién le importa eso. Sirve para vestirse decentemente, con eso basta.
SIMON : Parece que a nadie le quedó bien. Me lo guardaron en una bolsa de plástico, de ahí que esté tan arrugado... ¡Pero mis zapatos! Ya le dije, casi flamantes... (SE SIGUE ACARICIANDO LOS PIES) Para colmo tuvimos que correr. ¡Y esa escalera de mierda! Creí que no llegaba, que los pies se me iban a reventar: ¡pafff!, como una naranja (PAUSA) ¿Lo mojaron a usted?
MEJIA : (ASIENTE, FASTIDIADO) Tengo la espalda empapada.
SIMON : (RIE, BURLON) ¡Joderse, amigo!
MEJIA : (MOLESTO) ¡Todavía me toma el pelo!
SIMON : ¡También usted! A quién se le ocurre pararse a decir discursos. ¿Usted creyó que esos pibes lo iban a escuchar? ¡No! ¡Si tenían toda la sana intención de mojarnos de arriba a abajo! Había que salvarse, disparar lo más rápido posible.
MEJIA : (COLERICO) ¡Mocosos!
SIMON : ¡Eh! No se ponga así. Son chicos. ¿Acaso cuando usted era...?
MEJIA : ¡No! ¡Se equivoca! Jugábamos entre nosotros, quedábamos hechos sopa, pero nada de mojar a cualquiera, a la gente que pasaba por la calle.
SIMON : (IRONICO) ¡Qué educadito! Una monada de criatura...
MEJIA : Le tenía miedo a las palizas de mi viejo, eso es lo que pasa. ¿Lo mojaron a usted?
SIMON : Un poco el pantalón... Apenas...
MEJIA : ¡Ahora comprendo! Por eso le hace tanta gracia.
SIMON : (RIE DIVERTIDO, BURLANDOSE DE MEJIA) ¡Carnaval, carnaval! ¡Y al que no le gusta, que se joda!
MEJIA : (FASTIDIADO) Lindo criterio. ¡Muy bien!

(SIMON SIGUE RIENDOSE, BURLANDOSE DE MEJIA. SACA UNA MATRACA DEL BOLSILLO Y LA HACE SONAR)

MEJIA : (SORPRENDIDO) ¿Y eso? ¿Se la regalaron al salir?
SIMON : No, no... Cómo se le ocurre. No hacen esta clase de regalitos, amigo. Dan sermones... ¡Ufff!, una lata que no terminaba nunca, para qué contarle. Se la quité a uno de los chicos.
MEJIA : (ASOMBRADO) ¿Se la quitó?
SIMON : ¿No me vio usted? (MEJIA NIEGA CON LA CABEZA) Delante suyo... ¿Usted vio a ése que hacía un bochinche bárbaro?... (MEJIA VUELVE A NEGAR CON LA CABEZA) Ese chiquito, de pantalón azul...
MEJIA : No lo vi, Simón. Era un montón de chicos...
SIMON : Se la quité y listo, así no jode más a nadie.
MEJIA : ¡Salvaje!
SIMON : ¡Peor usted, que les quiso pegar!
MEJIA : ¿Cómo que les quise pegar? ¿De dónde sacó eso? Quería convencerlos de que a nosotros no tenían que mojarnos.
SIMON : ¿No les tiró un sopapo?
MEJIA : ¡De ninguna manera!
SIMON : ¿Soy ciego yo?
MEJIA : ¡Ciego no! ¡Pero medio bruto, sí! ¿Cómo se le ocurre que yo le voy a dar un golpe a un mocosito que apenas sobresale del suelo?
SIMON : (HERIDO EN SU AMOR PROPIO) ¿Medio bruto? Y ex- presidiario... Se olvidó de eso. Es importante. Medio bruto y expresidiario para colmo.
MEJIA : (RETROCEDE, AMISTOSO) Simón, yo no quise decir eso.
SIMON : (IRONICO) ¿Ahora soy sordo también?
MEJIA : Lo dije, sí, pero no lo quise decir.
SIMON : ¿A qué está jugando? ¿Lo dijo pero no lo quiso decir? ¿Quién lo entiende a usted?
MEJIA : Uno usa palabras que... (SE CONFUNDE, NO SABE COMO EXPLICARSE)
SIMON : Aunque no hubiera dicho nada, amigo, a mí no me engaña. (MEJIA LO MIRA EXTRAÑADO, SIMON LO ACUSA CON EL DEDO) Usted conmigo no se siente a gusto. Cállese, no diga nada. Me di cuenta en el viaje... No se lo veía cómodo. como si le molestara que yo estuviera sentado al lado suyo. ¿Tenía miedo de que lo vieran sus amistades? Oiga, no crea que todo el mundo se iba a dar cuenta que yo acabo de salir de la cárcel... No me pusieron un cartel en el pecho. Además usted es peor que yo, mucho peor...
MEJIA : (PREFIERE NO CONTINUAR CON EL TEMA) Enseguida le aviso al jefe que ya está aquí.
SIMON : ¡Eso, eso! Lo hubiera hecho apenas entramos. Cuánto más pronto le avisa, más pronto me saca de encima.

(MEJIA DESOYE EL REPROCHE: VA AL TELEFONO Y COMIENZA A DISCAR UN NUMERO)

SIMON : (LO INTERRUMPE) ¿Y después qué va a pasar?
MEJIA : (CORTA LA COMUNICACION) Veremos qué dice él. Es el que da las órdenes.
SIMON : (ASIENTE) Háblele de una vez.

(MEJIA VUELVE A MARCAR Y SIMON HACE SONAR SU MATRACA DE CARNAVAL. MEJIA INTERRUMPE EL GESTO, SE VUELVE HACIA SIMON Y LO OBSERVA. ESTE LE DEVUELVE LA MIRADA)

MEJIA : (AMABLE, CUIDANDO EL TONO) No podría oír nada con el ruido que hace usted.
SIMON : (ACEPTA CON UN MOVIMIENTO DE CABEZA Y ARROJA LA MATRACA SOBRE LA MESA) Hable tranquilo.

(MEJIA, POR FIN, DISCA EL NUMERO)

MEJIA : ¿Hola, jefe? Sí, aquí yo... (PAUSA) Tengo a Simón (PAUSA) Sí, está aquí, conmigo... (PAUSA, LUEGO AHOGA EL AURICULAR Y COMENTA CON SIMON) Me pregunta si usted desconfió algo, si aceptó venir enseguida o hizo muchas preguntas...
SIMON : (FASTIDIADO) Dígale, de parte mía, que se vaya al carajo.
MEJIA : (AHOGA LA RISA) ¿No sabe con quien se mete, eh?
SIMON : (SIMULA ASUSTARSE) ¡Uhhh!, cierto, tiene razón... Vea cómo tiemblo.
MEJIA : (VUELVE AL TELEFONO) ¿Jefe? (PAUSA) ¿Qué hacemos? (PAUSA) No, no, está tranquilo. Bastante dispuesto el hombre... (VUELVE LA ATENCION A SIMON, AHOGANDO EL AURICULAR) De nuevo con lo mismo... (VUELVE AL TELEFONO) Yo lo veo bien, jefe. Me gusta, parece buen elemento (PAUSA) Lo que usted diga, jefe... (PAUSA) Sí, sí... Muy bien... Quedamos en eso (PAUSA) De acuerdo, de acuerdo...(PAUSA) No se preocupe, no va a haber problemas... Yo le explico y el caballero va a entender... (PAUSA) Muy bien, jefe. Pierda cuidado. Chau (CORTA LA COMUNICACION, A SIMON) Se puso muy contento... (ADVIERTE QUE SIMON, EN REALIDAD, AGUARDA OTRA RESPUESTA) Por el momento tenemos que esperar.
SIMON : ¿Cuánto?
MEJIA : No me lo dijo.
SIMON : (SE IRRITA) ¿Pero cuánto? ¿Una hora, un día, un año?
MEJIA : ¿Tiene apuro?
SIMON : ¡Aquí hace un calor bárbaro! No se puede soportar. Salgamos, vamos a tomar un poco de fresco a la calle.
MEJIA : (NIEGA CON FIRMEZA) Va a llamar por teléfono. En cualquier momento.
SIMON : Escuche, amigo... Vengo de estar nueve años encerrado, entre paredes como éstas...
MEJIA : (SARCASTICO) Con rejas.
SIMON : (FURIOSO) ¡No se haga el chistoso! Quiero salir, ver gente, ir con alguna mujer...
MEJIA : Ah, ¿ese es su problema?
SIMON : ¡Uno de mis problemas! ¡Pero a usted qué le importa! ¡Y a ése del teléfono, menos todavía! Que Simón se jorobe, que espere sentado en esta silla de mierda hasta que... Esto es peor que la cárcel, amigo, allá no hacía tanto calor, se abrían las ventanas y corría fresco. Las rejas no paran el viento...
MEJIA : ¿Nueve años?
SIMON : Nueve años, sí señor. Me dieron quince pero salí a los nueve por buena conducta... (REACCIONA, VUELVE A ENOJARSE) ¡Pero si usted lo sabe! ¡Para qué me lo hace repetir! ¿Ya hablamos de eso, no? ¡Y ahora de nuevo con la misma música! ¿Qué le pasa, anda mal de la memoria? ¡Nueve años, nueve años! ¡Y no me lo pregunte más!
MEJIA : No es tanto. Conozco gente que se pasó media vida.
SIMON : ¡Yo también conozco! ¡Tipos con perpetua! ¿Y eso qué tiene que ver? Depende de lo que hayan hecho.
MEJIA : ¿Y usted qué hizo?
SIMON : ¿Yo? (SINCERAMENTE ASOMBRADO) ¿No diga que no lo sabe?
MEJIA : No me lo dijo. Ahora no me acuse de que yo lo sabía.
SIMON : Yo supuse que... (RECELOSO) ¿Cómo es eso? ¿Raro, no? Sabe todo, todo... ¿Menos eso?
MEJIA : (SE ALZA DE HOMBROS) No lo sé.
SIMON : (NO LE CREE) ¡Vamos!
MEJIA : Le doy mi palabra.
SIMON : No hay caso, yo tengo razón... (MENEA LA CABEZA) Ustedes se equivocaron de persona. Se confundieron... (ACUSA A MEJIA) Usted fue el que se equivocó. Lo mandaron a buscar a otro y se confundió conmigo...
MEJIA : ¿De nuevo con esas macanas? Creí que se le habían ido de la cabeza.
SIMON : No, tengo ese asunto acá, bien metido. (SE GOLPEA LA CABEZA) ¿Cómo quiere que no piense así? No se entiende sinó. ¿Por qué yo? Dígame, ¿por qué yo?
MEJIA : (SE ALZA DE HOMBROS) Cuestión del jefe. Pero usted no lo quiere entender.
SIMON : Se equivocó, se equivocó. Usted fue el que se equivocó. Ya su jefe se lo va a decir.
MEJIA : (SUSPIRA, HASTIADO) ¿Simón se llama usted, no?
SIMON : Simón, sí señor.
MEJIA : Llegamos a lo de antes. A mí me dijeron que fuera a buscar a un tal Simón. Salía a la mañana. ¿Salió otro Simón?
SIMON : No, ni Simón ni nadie. Salí yo solo. Creo que mañana sueltan al flaco Díaz... Recién mañana.
MEJIA : ¿La descripción que me dieron? ¿El físico, el color de pelo...?
SIMON : Encaja conmigo, de acuerdo.
MEJIA : ¿Entonces?

(SIMON SUSPIRA, SE HA QUEDADO SIN ARGUMENTOS)

MEJIA : Pero no me dijeron por qué cayó preso.
SIMON : (RIE) Se les pasó el dato...(SERIO) Pero seguro que lo saben, ¿eh? No se lo dijeron a usted, pero ellos... Su jefe mejor dicho...
MEJIA : ¿Por qué lo pescaron?
SIMON : (EVASIVO) Metí la pata.
MEJIA : (BURLON) ¡Qué novedad! Si no fuera por eso no hubiera ido a parar a la galera.
SIMON : ¡Ah, miren lo que dice el señor! No están todos los que son, amigo, también encierran inocentes. La justicia se equivoca.
MEJIA : Otra novedad.
SIMON : Puedo contarle cosas terribles. Un muchacho que yo conocí, estaba conmigo, en el mismo pabellón, se puede decir que nos hicimos amigos, algo amigos... Se comió no sé cuánto tiempo por asesinato... Asesinato premeditado.
MEJIA : Grave eso.
SIMON : La tía, la tía que vivía con ellos amaneció estrangulada. Había sido el vecino, entró por la ventana a robar. Creyó que la vieja tenía fortuna, vaya a saber qué... Lo descubrieron tarde, el chico ya se había cortado las venas... ¡Delante mío, amigo! ¡Delante mío!...(TRATA DE CALMARSE) Ufff, una barbaridad... No tiene algo para tomar. Tengo la lengua seca, me muero de sed.
MEJIA : Agua.
SIMON : (DESPECTIVO) ¿¡Agua!? ¿Por qué no me ofrece orín de caballo? Vaya y tráigase un buen par de cervecitas heladas.
MEJIA : Puede llamar... (SEÑALA EL TELÉFONO)
SIMON : Atiendo yo, vaya tranquilo.
MEJIA : Me corresponde a mí.
SIMON : (FASTIDIADO) ¡Ahora con eso también! ¡Siempre tiene problemas usted! Si no es una cosa es la otra...
MEJIA : Usted es nuevo, Simón, no conoce las reglas. No se ponga a discutirlas entonces. Las cosas son así y listo. ¡Aguántese!

(MEJIA DEJA EL RECINTO Y ENTRA A LA COCINA. SIMON QUEDA RUMIANDO SU CONTRARIEDAD)

VOZ DE MEJIA : Todavía está a tiempo. Puede renunciar si no le gusta.

(SIMON NO CONTESTA)
(MEJIA REGRESA CON UN ABOLLADO JARRO DE LATA LLENO DE AGUA. SE LO OFRECE A SIMON. ESTE LO ACEPTA A REGAÑADIENTES)

SIMON : (TOMA LA TEMPERATURA DEL RECIPIENTE) Caliente.
MEJIA : Imposible conseguir hielo.
SIMON : ¿Algún vecino...?
MEJIA : En esta casa no vive nadie. Inhabitable. Llueve por los techos, fallan las cañerías... Este es el único lugar que más o menos se puede usar, todavía.
(SIMON BEBE PERO RETIRA LOS LABIOS ENSEGUIDA, MOSTRANDO UN PROFUNDO DESAGRADO)

SIMON : ¡Puajjj!... ¡Qué asqueroso es esto!
MEJIA : Basta Simón, basta por favor. Deje de quejarse. Cualquiera diría que viene de un hotel de lujo.
SIMON : Ahora soy un hombre libre, ¡por qué no voy a poder tomar agua helada! (DEJA EL JARRO SOBRE LA MESA) Gracias por esta exquisitez.

(MIENTRAS TANTO MEJIA HA APRETADO UN MODELO DE LLAVE EN LA MORSA. COMIENZA A TRABAJAR EN EL, DEVASTANDOLO CON UNA PEQUEÑA LIMA)

SIMON : (CURIOSO) ¿Qué hace? ¿Trabaja en días feriados?
MEJIA : Tengo un montón de trabajo atrasado. Van a venir a buscarlo y no hay nada terminado. Perdí todo el día yéndolo a buscar a usted. Supuse que iba a salir más temprano, como me dijeron.
SIMON : Eso creía yo también. Pensé que a las siete, a las ocho a más tardar, iba a estar en la calle. Pero me hicieron hacer un montón de trámites. Papeles, sellos, me sacaron una fotografía... Hasta me obligaron a almorzar allí... Y después vino la charla del director... (REMEDA LA VOZ DEL DIRECTOR) En este momento cumplimos en devolver un hombre recuperado a la sociedad, espero que sepa comportarse como un ciudadano que ha pagado su deuda... (CON SU VOZ) ¡Anteojudo del carajo! ¡En el motín casi lo matan al imbécil ese, lo tuvieron toda la noche apretado contra la pared, con un cuchillo acá, en el cogote!
MEJIA : (ASIENTE) Pero al fin los liquidaron a todos.
SIMON : ¿Está enterado, eh?
MEJIA : Por ese tiempo adentro había gente nuestra. Algunos cayeron en ese asunto...
SIMON : ¡Fue una carnicería! ¡Los bajaban como moscas!
MEJIA : Veo que usted se salvó.
SIMON : Yo no me metí. No tuve nada que ver con eso y ni me molestaron.
MEJIA : Raro, ¿no?
SIMON : ¿Raro?
MEJIA : Los muchachos contaron que todos estaban de acuerdo...
SIMON : (REACCIONA COLERICO) ¡Qué le importa, amigo! ¡No me metí porque no quise meterme! ¿Acaso uno ya no es grande, con criterio para decidir si tiene que hacer una cosa o no?
MEJIA : Cálmese. Yo estoy totalmente de acuerdo con usted.

(PAUSA)
(SIMON, SIEMPRE CURIOSO, OBSERVA EL TRABAJO DE MEJIA)

SIMON : (AFIRMA) Eso es una llave.
MEJIA : Acertó el caballero. Y esto es un taller de cerrajería.
SIMON : Como no hay ningún cartel...
MEJIA : Por la falta que hace. Para qué gastar en un cartel. La gente me conoce, tengo mi clientela. Además yo no vivo de esto.
SIMON : Una pantalla, ¿eh?
MEJIA : Acertó de nuevo. Lo felicito.
SIMON : ¿A qué se dedican ustedes? (MEJIA NO CONTESTA) ¿Narcóticos? ¿Contrabando? (MEJIA SE NIEGA A RESPONDER) Narcóticos es lo mejor. Peligroso, pero se gana bien. Hay que saber cuando parar, y mandarse a mudar al Caribe... Usted sabe, esos países chiquitos... ¡Ahí quién lo encuentra! ¡Ni que lo busquen con la Interpol!

(MEJIA DEJA DESVANECER EL DIALOGO, NO LO ALIENTA CON SU MUTISMO. SIMON SE TRAGA SUS PREGUNTAS, PERO COMO NO ES HOMBRE DE PERMANECER CALLADO MUCHO TIEMPO, VUELVE A INTERRUMPIR)

SIMON : Sabe que yo lo conozco a usted... Bueno, lo ubico de alguna parte.
MEJIA : (ABSORVIDO EN SU TRABAJO) ¿De dónde puede ser, a ver?
SIMON : ¿Nunca estuvo allá me dijo?
MEJIA : Nunca.
SIMON : ¿Seguro?
MEJIA : ¿Para qué le voy a mentir? Nunca estuve preso.
SIMON : Sabe cuidarse, eso está muy bien... (PAUSA) Pero si no es de allá, de dónde entonces...
MEJIA : Antes, a lo mejor me conoce de antes.
SIMON : También puede ser, claro (RIE) Yo no me pasé toda la vida en cana. ¿Pero antes? ¿De dónde? ¿A usted no le pasa lo mismo?
MEJIA : (NIEGA CON LA CABEZA) Creo que la primera vez que lo vi fue hoy.
SIMON : Yo a usted lo conozco, lo conozco... (FUERZA LA MEMORIA) Dónde vi esa cara...
MEJIA : ¡Eh, Simón! Deje de mortificarse por eso.
SIMON : (RIE, ADVERTIDO DE LO ABSURDO QUE SIGNIFICA PONER TANTO INTERES EN EL ASUNTO) Por lo menos sirve para pasar el tiempo, hasta que llame el jefe.
MEJIA : Si es por eso hablemos de otra cosa. Cuénteme cómo la pasó allá.
SIMON : ¿En la cárcel?
MEJIA : ¿También es un tema, no? Se pasa el tiempo.
SIMON : (ASIENTE CON LA CABEZA) También... Cierto. La pasé bastante bien. No me puedo quejar de nada.
MEJIA : ¿Contento?
SIMON : ¡Eh, no es para tanto! A uno le faltan cosas, amigo.Mujeres, por ejemplo... Yo hace nueve años que no...

(SIMON SE INTERRUMPE, ALERTA A UN SONIDO QUE VIENE DE LA CALLE: PITOS, BOMBOS Y PLATILLOS, EL INCONFUNDIBLE PERO AUN DISTANTE CHIPUM CHIPUM DE UNA COMPARSA CARNAVALESCA)

SIMON : ¿Qué es eso?
MEJIA : (ESCUCHA) ¿Eso? (SIMON ASIENTE) Una comparsa. Una comparsa de carnaval. Ahora van a empezar a desfilar por aquí adelante. Hacen un concurso en el club de la otra cuadra, el club del barrio... Todos los años es lo mismo.
SIMON : Lindo espectáculo, ¿no?
MEJIA : (ASIENTE) Lindo.

(PAUSA)
(SIMON CONTINUA ESCUCHANDO, CON EXPRESION ATENTA Y COMPLACIDA)

SIMON : Esto me hace acordar cuando era pibe. Era una cosita así y ya salía con la murga del barrio. Me ponían al frente... Claro, era tan chiquitito que en otro lado me pisaban. Con una galera y un frac blanco.
MEJIA : Habrá sido divertido.
SIMON : Muy divertido.
MEJIA : En cambio yo no tuve esa suerte. No me dejaban.
SIMON : (NO ENTIENDE) No lo dejaban... ¿Qué?
MEJIA : Disfrazarme. Ni tampoco salir con la murga. Idea de mis viejos, decían que era cosa de gente ordinaria.
SIMON : ¡Berretines! ¡De puro estirados nomás! Mire lo que ganaron con eso. ¡Flor de malandrín les salió! (MEJIA RIE, FESTEJA LA OCURRENCIA DE SIMON) ¿No es nada raro. eh? Yo conocí asesinos, ladrones de alto vuelo, que eran hijos de buena familia.
MEJIA : Lo que sea, Simón. A mí no me dejaban.
SIMON : ¡Qué estupidez! No digo ahora, que el carnaval está muriendo... Me dijeron que cada año que pasa es peor.
MEJIA : Ajá. Cada año es peor. Cada vez más triste, a la gente le interesa menos.
SIMON : Pero antes había que disfrazarse, era de rigor.
MEJIA : Espere, espere Simón, que a su tiempo yo me vengué. A mi hija la disfracé siempre, desde que era muy chiquita. Y lo primero que hice fue mostrárselas, pasárselas por la cara.
SIMON : ¡Muy bien hecho, viejos de mierda!
MEJIA : (RIE) Pero no resultó, Simón. ¡Quedaron embobados! ¡Quién los entiende! Conmigo tanta historia, y con la nietita cambió todo. Si los hubiera visto, ¡desmayados de gusto! Un año de dama antigüa, el otro de campesina rusa...
SIMON : (RIE) ¿Y este año de qué?
MEJIA : Ya es una señorita. Muy ocupada con sus novios. Uno pierde el control, ¿sabe? Crecen y se le escapan de las manos...
SIMON : ¿Qué edad tiene?
MEJIA : Diecinueve, diecinueve años.
SIMON : ¡Diecinueve años! ¡Seguro que es un pimpollo!
MEJIA : (HALAGADO) ¡Eh, Simón! Queda mal que el padre...
SIMON : Cambiando de tema, amigo... ¿No podríamos conseguir alguna putita? Para usted y para mí, yo no tengo problemas en compartir... ¿Tiene una cama, o un catre?... Yo conozco un lugar... Bueno, eso era antes, ahora no sé si sigue existiendo... Cerca del puerto... ¿Usted me puede decir si sigue...? Sabe amigo, me prometí que al salir lo primero que iba a hacer era eso.
MEJIA : (ABANDONA SU TRABAJO Y LO DETIENE CON UN GESTO: LA MANO EN ALTO) Se la pedimos al jefe, Simón. El le va a conseguir una.

(SIMON LO MIRA ADMIRADO, SINCERAMENTE SORPRENDIDO)

MEJIA : (CON UN ENTUSIASMO QUE QUIERE SER CONTAGIOSO) ¡Las tiene al lado, Simón, al alcance de la mano!
SIMON : ¿Tan fácil es la cosa?
MEJIA : ¡Ufff! ¡Fácil, fácil! (SE DIRIGE AL TELEFONO) ¿Cómo la prefiere? ¿A ver? Diga, Simón. ¿Rubia, morocha, flaca, gorda...?
SIMON : (RIE) ¿Usted cree que estoy en condiciones de elegir? Rubia o morocha, me da lo mismo... Una mujer es lo que quiero. Si está buena, mejor, pero...
MEJIA : Un momento, Simón... (DISCA EL NUMERO DE PRISA, AGUARDA HASTA QUE LE CONTESTAN) ¿Hola, jefe? (GRITA) ¡Jefe! (TIENE DIFICULTADES PARA COMUNICARSE CON SU INTERLOCUTOR, DEBIDO AL RUIDO PRODUCIDO POR LA COMPARSA, AHORA PASANDO MUY CERCA DE LA VENTANA) ¡Jefe! ¿¡Me escucha!? (FUERZA EL OIDO) ¡Yo no le oigo casi nada! ¡Discúlpeme jefe! ¡Mejor voy a cortar para llamar después! (PAUSA) ¿Qué? ¡Repita que no lo oigo! (PAUSA) ¡Quiere pedirle algo, es por eso! (PAUSA) ¡No oigo, no oigo nada! ¡Corto y luego lo llamo! (CORTA LA COMUNICACION) Qué batifondo, madre mía. No oía nada...
SIMON : (A LOS GRITOS) ¡A mí esos bombos me hacen saltar de la silla! (SIN DEJAR SU ASIENTO, COMIENZA A CONTONEARSE AL COMPAS MONOTONO DE LA PERCUSION CARNAVALESCA, COMO SI FUERA UN INTEGRANTE MAS DE LA COMPARSA) ¡Cómo si tuviera hormigas en el culo!

(MEJIA DEJA EL TELEFONO, SE ACERCA A LA VENTANA Y LA ABRE. COMO LOGICA CONSECUENCIA, EL SONIDO DE LA COMPARSA SE OYE CON MAYOR FUERZA Y ESTREPITO)

SIMON : (DETIENE SU BAMBOLEO Y GRITA UNA PREGUNTA, SORPRENDIDO) ¿Esa ventana se podía abrir?
MEJIA : (ASOMADO A LA VENTANA, OBSERVANDO EL PASO DE LA COMPARSA DELANTE DE LA CASA, TAMBIEN GRITA SU RESPUESTA) ¿Por qué no?
SIMON : ¡Qué picardía! ¡Asándonos aquí adentro y esa ventana se podía abrir!
MEJIA : ¡Se llena de mosquitos!
SIMON : (URGIDO PARA ASOMARSE TAMBIEN POR LA VENTANA, LUCHA CON SUS ZAPATOS, TRATANDO DE CALZARSELOS) ¡Pero entra algo de fresco! ¡Déjese de joder!
MEJIA : (LEYENDO EL NOMBRE DE LA COMPARSA, INSCRIPTO EN ALGUN ESTANDARTE) Los dandys... Los dandys del norte. Estos ganaron el año pasado.

(SIMON DESISTE DE CALZARSE, NO PUEDE CON LAS DIFICULTADES, Y OPTA POR USAR LOS ZAPATOS A MODO DE CHANCLETAS. ARRASTRANDOLOS SE ACERCA A LA VENTANA Y SE ASOMA AL EXTERIOR. VUELVE A CONTONEARSE AL COMPAS DE LOS BOMBOS - EXCITADO E INCONTENIBLE COMO UN NIÑO-, LUEGO DEJA LA VENTANA, SE LIBERA DE LOS ZAPATOS Y, DESCALZO, DESFILA AL RITMO PAUSADO Y MONOCORDE. POR FALTA DE ESPACIO, RODEA VARIAS VECES LA MESA QUE SE HALLA EN EL CENTRO DEL RECINTO. TOMA LA MATRACA Y COMIENZA A HACERLA SONAR, AUMENTANDO EL BOCHINCHE HASTA NIVELES INTOLERABLES)
(MEJIA RIE, DIVERTIDO ANTE LA ACTITUD ASUMIDA POR SIMON)
(EL GRUESO DE LA COMPARSA PASA POR FIN, ALEJANDOSE Y DECRECIENDO, POR CONSECUENCIA, LOS RUIDOS)
(SIMON DEJA DE CONTONEARSE Y DE TOCAR LA MATRACA; SE DEJA CAER, RENDIDO, EN LA SILLA DE SIEMPRE)
(MEJIA, DE PASO HACIA SU MESA DE TRABAJO, LE ACERCA LOS ZAPATOS DE DOS PATADAS. SIMON LOS RECOGE PERO NO LOS CALZA, VUELVE A USARLOS COMO CHANCLETAS)
(MEJIA RETOMA SU TAREA)
(PAUSA)
(SIMON LA SOBRELLEVA CON ANSIEDAD, MIRANDO A MEJIA, AGUARDANDO ALGUNA REACCION DE SU PARTE. ESTE NO CAE EN LA CUENTA DEL MUDO INTERROGATORIO, INTERESADO COMO ESTA EN SU TAREA. ENTONCES SIMON DECIDE PREGUNTAR)

SIMON : ¿Y? (MEJIA LO MIRA SIN ENTENDER) ¿Y la putita esa que le iba a pedir al jefe?

(MEJIA SE GOLPEA LA FRENTE, REMARCANDO SU OLVIDO. DEJA LA TAREA Y CORRE AL TELEFONO)

SIMON : (RIE) Cómo se nota que usted no anda necesitado.
MEJIA : (MIENTRAS DISCA EL NUMERO) Se me pasó, Simón... Ese asunto de la comparsa... Y usted que se puso a bailar como un loco. ¡Muy bien, eh! El año que viene puede participar en el concurso.
SIMON : (RIE) ¿Por qué no?
MEJIA : (DESVIA LA ATENCION, LO ESCUCHAN DESDE EL OTRO LADO) ¿Hola jefe? (PAUSA) Ahora sí, sí, lo más bien... Le juro que no le oía ni medio... (PAUSA) Una comparsa que pasó por aquí adelante... (PAUSA) Disculpe si lo molesto, jefe. Quisiera pedirle algo...

(SIMON SIGUE, PENDIENTE, LA CONVERSACION TELEFONICA DE MEJIA. CON GESTOS MECANICOS, LA ATENCION PUESTA EN LO MENCIONADO, COMIENZA A ESPANTARSE LOS MOSQUITOS QUE REVOLOTEAN POR ENCIMA DE SU CABEZA)

MEJIA : ... Un favor, jefe, pero no para mí. Para Simón... (PAUSA) Adivine jefe, adivine qué... (RIE, PAUSA) ¿No entiende? Bueno, es que el hombre dice que hace nueve años que no... (PAUSA) ¡Eso, jefe! ¡Claro, adivinó! ¿No tiene alguna mocosita a mano? (PAUSA, LUEGO AHOGA EL AURICULAR Y CONSULTA A SIMON) Quiere saber su gusto. Se lo dije yo, sabía que iba a preguntar...
SIMON : (IMPACIENTE) ¡Lo mismo da!
MEJIA : Si puede elegir por qué no va a hacerlo. Déle, aproveche.
SIMON : Gordita entonces. Es mi gusto.
MEJIA : (AL JEFE) Dice que gordita...
SIMON : (SUBRAYA A LOS GRITOS) ¡Proporcionada, amigo! ¡Que no me vaya a mandar una vaquillona porque se la mando de vuelta!
MEJIA : ... Proporcionada, jefe... (PAUSA) Yo creo que lo interpreto, déjeme elegir a mí... (PAUSA, MEJIA MEDITA UN INSTANTE) ¿Anda Ester por allí? (PAUSA) ¿Si? (PAUSA) Mándela a ella entonces. Estoy seguro que le va a gustar. Además esa cochina se las sabe todas (RIE, PAUSA) ¿Cuánto? (PAUSA) Bueno, el hombre tiene hormigas, pero creo que puede esperar un poco... (CONSULTA A SIMON) ¿Media hora?
SIMON : ¡Sí, espero señor! ¡Media hora no es nada, no estoy tan desesperado!
MEJIA : (AL JEFE) Hecho jefe, el hombre espera. (PAUSA) Muy bien, jefe. Chau... Y gracias. (CORTA LA COMUNICACION) Listo, servido el caballero. Media hora, tal vez un poquito más. La chica se tiene que arreglar un poco, usted sabe cómo son las mujeres.
SIMON : (DE UN MANOTON APLASTA UN MOSQUITO QUE LE HA PICADO UNA MANO) Hay mosquitos.
MEJIA : (FASTIDIADO) ¡La ventana! Le avisé que entran por allí. Aviones no mosquitos.
SIMON : (ESTUDIANDO EL INSECTO REVENTADO) ¡Bombarderos!

(MEJIA INGRESA A LA COCINA, VUELVE ENSEGUIDA CON UNA MAQUINA DE ECHAR INSECTICIDA)

SIMON : Preparado, eh?
MEJIA : Sino aquí no se podría vivir.

(MEJIA COMIENZA A ESPARCIR INSECTICIDA POR EL RECINTO, LOGRANDO, A POCO, UE SE FORME UNA NUBE ESPESA. SIMON TOSE)
SIMON : ¡Ehhh! ¡Pare! ¡Pare un poco! ¿Qué quiere hacer conmigo? ¿Matarme? (SIGUE TOSIENDO)
MEJIA : (SE DETIENE) ¿Cómo quiere que haga?
SIMON : (SE PONE DE PIE Y SIEMPRE ARRASTRANDO LOS ZAPATOS, CALZADOS A MODO DE CHANCLETAS, CORRE HACIA LA PUERTA) Nosotros vamos afuera... A respirar un poco de aire fresco... (MANOTEA EL PICAPORTE PERO LA PUERTA NO ABRE. SIMON TOMA NOTA DEL PERCANCE, ATACADO POR UN SUBITO RECELO. CONSIGUE DISIMULARLO, SIN EMBARGO) Por un rato al menos, hasta que se vaya esta humareda que hizo usted... Vamos, usted también, le va a hacer mal. Nos quedamos en el pasillo, desde ahí va a oír si suena el teléfono.

(MEJIA NO CONTESTA, HACIENDO CASO OMISO DE LA INVITACION. DESAPARECE DENTRO DE LA COCINA, DONDE VA A GUARDAR LA MAQUINA)

SIMON : (AL INVISIBLE MEJIA) ¿Se va a quedar aquí? ¿Con este aire viciado?
VOZ DE MEJIA : Salga usted, a mí no me hace nada.
SIMON : (BROMEA) Alma de mosquito. (INTENTA ABRIR, NO LO CONSIGUE. VUELVE A INTENTARLO Y FRACASA NUEVAMENTE. ALTERADO) ¡Oiga!... ¿Qué es lo que pasa con esta puerta?

(MEJIA REAPARECE EN EL RECINTO. INTERROGA A SIMON CON LA MIRADA, AL PARECER NO SABE A QUE SE REFIERE)

SIMON : ¿Por qué no abre esta porquería? ¿Qué tiene?
MEJIA : Le pedí que no la cerrara con llave.
SIMON : ¡No la cerré con llave! ¡Tampoco tuve la llave en la mano! ¡Nunca, usted no me la dio! (INTENTA INFRUCTUOSAMENTE ABRIR LA PUERTA)

(SIMON, ENCEGUECIDO DE TERROR, SE APARTA DE LA PUERTA Y TOMA DISTANCIA PARA ARREMETER CONTRA ELLA)

SIMON : (AMENAZANTE) ¡Yo se la tiro abajo!

(MEJIA, CON LLAMATIVA TRANQUILIDAD, SE ADELANTA AL INMINENTE EMPELLON DE SIMON Y TIENTA EL PICAPORTE: TAMPOCO PUEDE ABRIRLA. ENTONCES SACA SUS LLAVES DEL BOLSILLO, METE UNA EN LA CERRADURA,LA HACE GIRAR Y CONSIGUE ABRIR LA PUERTA. SOSTIENE LA HOJA ABIERTA E INVITA A SIMON)

MEJIA : Salga... (SIMON, RECELOSO, DESCONFIADO, NO SE MUEVE) ¿Dijo que quería tomar aire?
SIMON : Yo me voy, amigo. (PRESUROSO, LUCHA PARA CALZARSE SUS ZAPATOS)
MEJIA : ¿Dónde va a ir?

(SIMON, AFANANDOSE CON LOS ZAPATOS, NO CONTESTA)

MEJIA : ¿Qué digo cuándo llame el jefe?
SIMON : Que me fui, qué otra cosa le puede decir.
MEJIA : ¿Y Ester? Eso está muy mal, Simón, la chica viene para aquí... Viene por usted.
SIMON : Disfrútela usted. Yo ya me voy a conseguir alguna en otra parte. No se aflija por mí. Las ganas me las voy a sacar.
MEJIA : ¿Renuncia? (SIMON NO CONTESTA; SIGUE CON SUS ZAPATOS, SE HA CALZADO UNO Y AHORA INTENTA CALZARSE EL OTRO) ¿No va a trabajar con nosotros?
SIMON : Sabe una cosa, amigo, yo sigo sosteniendo lo mismo: ustedes están equivocados conmigo. Vaya a saberse quién se cree que soy. Pero yo estoy seguro que necesitan otra persona... No soy un tipo de agallas, caí por... Cómo decirle... ¿No soy un delincuente, entiende? En la penitenciaría hay tantos que con mucho gusto trabajarían para ustedes. Gente con experiencia, amigo, no yo que...
MEJIA : No nos interesa.
SIMON : ¿Y yo sí? ¿Por qué yo?
MEJIA : Dijo que sabía manejar automóviles.
SIMON : ¡Hace más de diez años que no toco un volante! (AL FIN CONSIGUIO CALZARSE; PRESUROSO, VA EN BUSCA DE LA VALIJA) Creo que ya no sabría con qué pie tengo que apretar el acelerador... (DECIDIDO, SE DIRIGE A LA PUERTA. GRITA UNA ORDEN) ¡Déjeme pasar!
MEJIA : (SE HACE A UN LADO, DEJANDOLE LA PUERTA LIBRE) Eso nunca se olvida, con un poco de práctica...
SIMON : ¡Pero yo me olvidé! (CON UN PIE EN EL UMBRAL) Tampoco quiero líos. Puedo caer de nuevo... Triste amigo, no me gustaría.
MEJIA : Nosotros trabajamos con las máximas seguridades.
SIMON : Eso es fácil decirlo, pero cuando la cosa se pone fea, los que pagan los platos rotos son los de abajo... Eso sí que lo sé, amigo, les pasó a la mitad de los que estaban allá conmigo.
MEJIA : Tenemos muy buenos abogados. Lo mejor de lo mejor.
SIMON : (INDIGNADO) ¡Chupatintas, chupatintas de mierda, eso es lo que son! ¡No me nombre a esa gente! ¡Qué hicieron conmigo! ¡Cómo me ayudaron! La ley marcaba quince años y me dieron quince años! ¡No me salvaron de un día siquiera!

(MEJIA ACEPTA LA DECISION Y LOS ARGUMENTOS DE SIMON CON UN ASENTIMIENTO DE CABEZA. ABANDONA LA PUERTA, DANDOLE AL OTRO TODAVIA MAYOR LIBERTAD PARA IRSE. VUELVE A SU TAREA EN LA MESA)
(LA ACTITUD DESCONCIERTA A SIMON, QUIEN PIERDE BRIO, NO ATINA A MARCHARSE)
(PAUSA)

MEJIA : (METIDO EN SU TRABAJO) ¿Dónde va a ir?
SIMON : (SE ALZA DE HOMBROS) Donde pensaba ir... Pero usted vino a buscarme, me llenó la cabeza con ese ofrecimiento... Yo pensaba... (SE INTERRUMPE)
MEJIA : ¿Dónde?
SIMON : A la casa de mis viejos. No tengo otra parte.
MEJIA : Le van a cerrar la puerta en la cara. Usted mismo me lo dijo.
SIMON : Mi viejo, es mi viejo... Nunca quiso perdonarme... Pero con la vieja es distinto. Más blanda. Y ahora que estoy en libertad vamos a ver si lo convencemos. El director dijo que ya soy igual a todos. Igual a usted... No,no usted no, si usted es un delincuente...
MEJIA : ué hizo usted, a ver? Por qué no me lo dice de una buena vez?
SIMON : Una pavada de nada, lo que pasa es que mi viejo exagera, se lo tomó a la tremenda. Muy propio de él. Tuve mala suerte, sabe?
MEJIA : (BURLON) Si lo agarraron... Bastante mala suerte.
SIMON : No es por eso.Claro que también es mala suerte... Le robé la cartera a una viejita.
MEJIA : (DESCONFIADO) Por eso no dan quince años.
SIMON : Se olvidó de mi mala suerte. Yo pegué el tirón... ¿Así, ve? Le agarré la cartera y tiré... Quería arrancársela.
MEJIA : Hasta ahora todo normal. Si se la quería quitar, tenía que arrancársela. Las viejas andan por la calle con la cartera apretada. Como si llevaran oro adentro.
SIMON : ¿No me diga que usted practica...?
MEJIA : ¡No practico nada! Pero lo sé. Siga.
SIMON : Esa vieja se agarró de la correa como una desesperada. Y se vino al suelo, la arrastré... Pegó con la cabeza: ¡pafff!... Quedó seca ahí nomás, ni gritó siquiera.
MEJIA : ¿Dónde fue eso?
SIMON : Cerca de aquí. Pasamos con el taxi, recién, cuando veníamos para acá... Un baldío.
MEJIA : ¿Baldío?
SIMON : Bueno, un potrero... Qué sé yo, un terreno lleno de yuyos... Y sigue tal cual... Raro, ¿no? Después de tantos años, ya debían haber construído algún edificio allí. La zona vale...
MEJIA : ¿Y qué hacía la viejita en un potrero?
SIMON : (ASOMBRADO Y MOLESTO) ¡Eh, basta amigo! Usted parece de la policía. Son muchas preguntas... Como un interrogatorio.
MEJIA : (RIE) Tiene razón. Soy un poco curioso, eso es lo que pasa.
SIMON : Pero yo le voy a contestar... Sí, para que me deje de joder de una buena vez. No sé qué hacía la viejita allí. Pregúnteselo a ella.
MEJIA : ¿Me dijo que murió?
SIMON : (RIE) Murió, sí.
MEJIA : ¿Entonces qué era? ¿Una broma...?
SIMON : (SIEMPRE RIENDO) Una broma, claro.
MEJIA : De pésimo gusto.
SIMON : (BURLON) Uy, qué delicado el señor... Qué finura. (LO REMEDA SARCASTICAMENTE) De pésimo gusto, Todos ustedes son iguales, amigo. Todos... (MEJIA LO MIRA, NO ENTIENDE QUE HAY DETRAS DE ESA AFIRMACION DE SIMON) Ustedes, sí, no se haga el papanatas que le queda mal.
MEJIA : (FASTIDIADO) Termine, Simón. No sé qué dice ahora. Termine y váyase.
SIMON : Claro que me voy... Ya... (DESPECTIVO) Ladrones de guante blanco. Todos ustedes son así. No se juntan con los malandrines, nada de rozarse con tipos como yo... (MEJIA VUELVE A MIRARLO, LLENO DE EXTRAÑEZA) Hasta allá hacían rancho aparte. Se bañaban todos los días, comían en mesa aparte... Claro, si siempre andaban con montones de plata en los bolsillos. Compraban a los guardianes y los trataban como a señoritas. No importaba que fueran asesinos sanguinarios... En cambio a nosotros, la carroña: ¡leña, leña y leña!
MEJIA : (PERSUASIVO) Simón... Se está llenando de mosquitos.
SIMON : ¡También entran por la ventana!
MEJIA : ¿Se va o no se va?
SIMON : Me voy, claro que me voy... (PESE A SU AFIRMACION, TAN ROTUNDA, NO SE LO VE MUY DECIDIDO)
MEJIA : Tengo que decirle algo antes... (MOLESTO, AGITA LOS BRAZOS ESPANTANDO LOS MOSQUITOS QUE REVOLOTEAN A SU ALREDEDOR)
SIMON : ¿Quiere convencerme, eh?
MEJIA : (SE ALZA DE HOMBROS, DESECHANDO LA FRASE) Quiero evitarle una sorpresa bastante fea, eso es todo (PAUSA) Su madre murió.

(SIMON SE SACUDE, SORPRENDIDO. SE TOMA UNA PAUSA PARA ASIMILAR LA NOTICIA)

SIMON : (DESCONFIADO, NO QUIERE CREER) ¿Murió?
MEJIA : Hace dos años. Cáncer.
SIMON : ¿Dos años? Hace dos años que no tengo noticias de ella. No venía a visitarme. Creí que no podía zafarse del viejo, él no la dejaba...
MEJIA : Todo coincide entonces.
SIMON : ¿Cómo lo sabe usted?
MEJIA : Recorté el aviso fúnebre... (SACA UNA BILLETERA DEL BOLSILLO Y DE SU INTERIOR UN RECORTE DEL DIARIO. SE LO OFRECE A SIMON) Tome, vea... No está su nombre. Parece que ya no pertenecía a la familia. Su hermana, el hijo político... Hasta el nietito, el hijo de su hermana, supongo. Pero usted no figura.

(SIMON DEJA LA VALIJA A SUS PIES Y SALVA EL TRECHO QUE LO SEPARA DE MEJIA. TOMA EL RECORTE Y LO LEE CON ANSIEDAD)

MEJIA : ¿Es su madre, no? ¿O me equivoco? Sería lamentable que se tratara de una confusión.
SIMON : (ASIENTE, APESADUMBRADO) Parece que sí.
MEJIA : (CON FIRMEZA) Es, yo se lo aseguro.
SIMON : (ESTALLA) ¡Viejo de mierda! ¡Esto fue cosa suya! ¡Ni avisarme siquiera!

(MEJIA, COMPRENSIVO, LE PONE UNA MANO EN EL HOMBRO Y LE SEÑALA UNA SILLA)

MEJIA : Siéntese Simón... Trate de tomárselo con un poco de calma... (SIMON MENEA LA CABEZA, RABIOSO) Sí, sí, comprendo, pero qué le va a hacer, ya no hay remedio...

(SIMON OBEDECE. COMO UN MUÑECO MECANICO SE SIENTA LENTAMENTE, LEYENDO Y RELEYENDO EL RECORTE)

SIMON : Qué le costaba avisar... Yo tengo derecho... Soy el hijo... ¡El único hijo varón!

(MEJIA ACUDE A LA PUERTA, ENTRA LA VALIJA Y LUEGO CIERRA AQUELLA)

SIMON : ¿Cáncer?
MEJIA : Con suerte, si puede decirse eso. Una agonía corta. Casi ni sufrió.
SIMON : Habrá preguntado por mí... ¡Seguro! Dígame, amigo...
MEJIA : (ESBOZA UNA SONRISA) No sé Simón, cómo se le ocurre... Me entero de cosas, pero hasta un punto lógico.

(PAUSA)

SIMON : Pobrecita.

(PAUSA)

SIMON : Tiene que haber preguntado por mí... Yo era el preferido. Con mi hermana no se llevaba... Perro y gato.

(MEJIA VUELVE A SU TAREA)
(SIMON QUEDA EN LA SILLA, SUMIDO EN SUS CAVILACIONES Y EN SU DOLOR)
(PAUSA LARGA)
(POR LA CALLE SE VA ACERCANDO UNA NUEVA COMPARSA. EN REALIDAD EL RUMOR YA SE HA HECHO OIR ANTES, EN EL CURSO DE LA CONVERSACION DE LOS DOS HOMBRES, PERO AHORA ES EVIDENTE QUE SE HALLA BASTANTE CERCA. MEJIA DEJA SU LABOR PARA ACERCARSE A LA VENTANA Y ASOMARSE AL EXTERIOR. BUSCA LLAMAR LA ATENCION DE SIMON, COMPARTIR CON EL EL NUEVO ESPECTACULO, PERO ESTE SE HALLA AUSENTE, AJENO A TODO)
(LA PAUSA SE PROLONGA HASTA QUE EL CHIPUM CHIPUM SE ESCUCHA CON MAYOR ESTREPITO, CONSECUENCIA LOGICA DE PASAR FRENTE A LA CASA)
(SIMON ESTALLA, COMO SI EL BATIFONDO CARNAVALESCO HUBIERA ACTUADO DE DETONANTE)

SIMON : ¡Carajo! (TOMA LA MATRACA, O SEA LO QUE TIENE MAS A MANO, Y LA ARROJA CON FURIA HACIA LA CALLE)

(LA MATRACA PASA DISPARADA POR EL HUECO DE LA VENTANA. MEJIA, CON UN GESTO INSTINTIVO, SE AGACHA PARA EVITAR EL IMPACTO. LUEGO SE ASOMA, CON EL PROPOSITO DE AVERIGUAR SI LE HA DADO A ALGUIEN)

SIMON : Si lo tengo delante mío le juro que... (SE ESTRUJA LAS MANOS, COMO SI SE TRATARA DE APRETAR EL CUELLO DE SU PADRE ODIADO)

(SIN EMBARGO EL ESTALLIDO DE RABIA DE SIMON SE DILUYE EN SEGUNDOS. LA ANGUSTIA PUEDE MAS E INMEDIATAMENTE ES SACUDIDO POR EL LLANTO INCONTENIBLE; ESCONDE EL ROSTRO ENTRE LAS MANOS Y LLORA DESCONSOLADAMENTE. SUS SOLLOZOS SE OYEN APAGADOS, -O NO SE OYEN DEL TODO- AHOGADO POR EL INCESANTE GOLPEAR DE BOMBOS Y PLATILLOS)
(CUANDO LA COMPARSA COMIENZA A ALEJARSE, MEJIA DEJA LA VENTANA Y SACA UNA BOTELLA DE LICOR GUARDADA EN UNO DE LOS ARMARIOS. RECUPERA EL JARRO DE LATA Y ARROJA EL RESTO DE AGUA A LA CALLE. VUELCA UN CHORRO DE BEBIDA EN SU INTERIOR)
(SE ACERCA A SIMON Y LE OFRECE EL JARRO)

MEJIA : Tómese un trago, le va a hacer bien.

(SIMON ACEPTA Y, HACIENDO ESFUERZOS PARA SUPERAR EL TRANCE, TOMA EL JARRO. SORPRENDIDO, MIRA EL INTERIOR, HUELE EL CONTENIDO Y LUEGO DICE A MEJIA, APOYANDOSE EN UNA SONRISA TRISTE)

SIMON : Creí que en esta casa solo había agua. De la canilla para colmo.
MEJIA : Eso marea, y el jefe lo puede necesitar esta misma noche... ¿Qué le digo si se me emborracha? No, no hay justificación.
SIMON : Quién puede emborracharse con este sorbito.
MEJIA : Sírvase más (OFRECE, CON UN GESTO, LA BOTELLA QUE HA DEJADO SOBRE LA MESA)
SIMON : No, gracias. El coñac no es bueno para un día de calor como el de hoy... (BEBE UN SORBO Y SE ESTREMECE POR EFECTO DEL ALCOHOL) Fuego por dentro, fuego por fuera...
MEJIA : Está por llegar Ester, ¿no la pensará recibir con esa facha?
SIMON : (SE TOCA EL ROSTRO CON LA PUNTA DE LOS DEDOS) ¿Qué tengo?
MEJIA : Los ojos colorados... Como si hubiera llorado.
SIMON : ¿El baño está allí, no?
MEJIA : (ASIENTE) Una puerta blanca, la única que va a encontrar.
SIMON : (SE PONE DE PIE) Me voy a lavar un poco.
(SIMON DESAPARECE DENTRO DEL DEPOSITO)
(MEJIA CONTINUA CON SU TAREA, LIMANDO UNA LLAVE)
(CUANDO SIMON REGRESA, ESTE ECHA MANO A SU ULTIMO CIGARRILLO. ARROJA EL ATADO VACIO)

SIMON : El último... Ahora sí que hay que bajar a comprar.

(MEJIA NO CONTESTA, CON PALPABLE DELIBERACION)

SIMON : A lo mejor esa chica... ¿Cómo dijo que se llamaba?
MEJIA : Ester.
SIMON : Ester, sí... A lo mejor viene con cigarrillos.
MEJIA : (ASIENTE) Con toda seguridad. Esa tiene todos los vicios encima.
SIMON : Yo no creo que tarde mucho. Ya pasó la media hora.
MEJIA : Sí, ya tiene que estar aquí.

(PAUSA)

SIMON : ¿Usted dijo que me necesitaban para manejar un auto?
MEJIA : Sí, para eso. Chofer.
SIMON : Si me dejan practicar un poco... Vi que el tránsito está más enloquecido que antes. Muchos semáforos. Podría chocar y romper el automóvil.
MEJIA : Lo va a entender. Ya sabemos que tiene que practicar, todo lo que necesite. El jefe no es ningún imbécil.
SIMON : Acepto entonces.

(MEJIA NO LE CONTESTA, PARECE NO OIRLO)
(PAUSA)

SIMON : ¿En qué andan ustedes?
MEJIA : Eso depende. Nunca es lo mismo.
SIMON : ¿Tienen abogados...? Ya me lo dijo, lo sé. Pero yo vuelvo a preguntar. Quiero estar seguro, me gustaría saber si puedo sentirme defendido. Usted comprenda... Si me agarran otra vez, yo ya tengo antecedentes...
MEJIA : (BURLON, OCULTANDO APENAS SU DESPRECIO) Ladrón de viejas.
SIMON : (FESTEJA) ¡Ladrón de viejas! (PAUSA) Le mentí. No fue por eso.
MEJIA : (SUBITAMENTE DEJA SU TAREA Y LO MIRA, ALERTA) ¿Entonces?
SIMON : (TRATA DE EVADIRSE) ¿Entonces qué? Ya está preguntando de nuevo...
MEJIA : Fue usted quien me buscó la lengua.
SIMON : Esa historia de la vieja no era cierta.
MEJIA : Me mintió, sí, me mintió.
SIMON : Linda música, ¿eh? Y usted se la tragó.

(MEJIA, REMARCANDO SU FASTIDIO, DEJA DE PRESTARLE ATENCION Y VUELVE A SU TAREA)

SIMON : ¡Eh! Ahora somos compañeros. No se enoje.

(MEJIA SE OBSTINA EN SU ACTITUD)

SIMON : Violación.

(MEJIA FRENA LA LIMA EN EL AIRE, MIRA A SIMON)

MEJIA : ¿Violación? (SIMON, BASTANTE INCOMODO, ASIENTE) ¿De menores?
SIMON : Violación y todo lo que viene detrás.
MEJIA : No le entiendo. ¿Todo lo que viene detrás? Si ya empezó a decir, sea claro, por favor. Sinó cállese la boca.
SIMON : Bueno, amigo... La piba murió.
MEJIA : Ahora se explica lo de los quince años.
SIMON : Se explica, sí, Clarito como el agua. Ya ve que no soy un tipo de avería... Allá me tenían por poca cosa, ¿sabe? ¡Me despreciaban! Valía más cualquier raterito que yo... Cuando organizaron el asunto del motín, me dejaron de lado. Ni me tuvieron en cuenta. Me enteré cuando se estaba quemando todo, cuando me ahogaba con el humo... (PAUSA) Tengo miedo que ustedes se porten igual conmigo. Si no les voy a servir prefiero que me lo digan ahora, Usted sabe, sabe cómo es la gente que anda con usted... Lo que puede llegar a pensar el jefe...
MEJIA : Tal vez ya esté enterado y no le importa.
SIMON : Tiene que saberlo, ¡claro que sí! Están enterados de todo, justo eso se les va a pasar... Allá adentro ustedes deben tener informantes.
MEJIA : (ASIENTE) Los tenemos.
SIMON : ¡No dije yo!
MEJIA : Y yo lo sabía.
SIMON : ¿Entonces por qué...? (ESTALLA) ¡Qué hijo de puta es usted...! ¡Si los sabía por qué me estuvo jodiendo todo el tiempo con esa música: qué hizo, qué hizo, qué hizo...!
MEJIA : (LO INTERRUMPE, GRITANDO MAS FUERTE) ¡La nena se llamaba Ester! ¡Ester! ¡Estercita!
SIMON : (SACUDIDO, TRATA DE EVADIRSE AUNQUE SABE A QUE SE REFIERE MEJIA) ¿Qué nena?
MEJIA : Era alta, quizás demasiado crecidita para su edad... Claro, salió a la madre... Para colmo estaba desarrollando y ... Sí, iba a ser como la madre: carnes duras, bien plantada... ¡Flor de hembra, Simón, flor de hembra!

(SIMON RIE, NERVIOSO, DESCONCERTADO, SIN ENTENDER TODAVIA HACIA ADONDE APUNTA MEJIA)

MEJIA : Estaba muy orgullosa de sus pechos.. Bah, pechos... Apenas cabían en un puño, una cosa de nada, pero la mocosa ya pedía usar corpiño... (RIE TRISTEMENTE, COMO RECORDANDO) Había que oírla protestar... Decía que no estaba bien, que todas las mujeres... (SE INTERRUMPE Y PREGUNTA A SIMON, CON TRANQUILIDAD) ¿Cómo hizo para meterla adentro del potrero?
SIMON : ¡Qué se yo... Qué me viene con esas ahora...!
MEJIA : (SUBITAMENTE ENFURECIDO, AMENAZANTE) ¿Qué engaños usó? ¡Conteste! ¿Por la fuerza? ¿La llevó por la fuerza? Confesó que la agarró de un brazo pero no quedó claro, ¿sabe? La policía supone, supone... Muchas suposiciones, caballero, y a mí no me gustan... Yo le hubiera dado trompadas y trompadas hasta que confesara todo, paso a paso, con claridad... Hasta los mínimos detalles... Se conformaron con una reconstrucción de porquería, una obra de teatro que armaron allí, en el baldío ese... Quiero que me lo cuente ahora, que me saque todas las dudas... ¿Cómo fue?
SIMON : ¿Su jefe le pidió que...? A ver, déme con él, quiero aclarar las cosas sinó no sigo...
MEJIA : ¡De qué jefe me habla, idiota! Ese teléfono no funciona. ¡Está desconectado!

(SIMON ES SACUDIDO POR LA NOTICIA. MIRA EL TELEFONO, SIN DESCUIDAR A MEJIA QUE PERMANECE AL ACECHO, ATENTO A SUS REACCIONES. RECELOSO, PASO A PASO, SIMON SE DIRIGE AL APARATO. ESTIRA UNA MANO Y SE LLEVA EL AURICULAR A LA OREJA. ACCIONA LA HORQUILLA, UNA, DOS, TRES VECES, HASTA QUE SE CONVENCE QUE LO DICHO POR MEJIA ES CIERTO. SUELTA EL TUBO, ASUSTADO)

SIMON : ¡Mierda! (BUSCA CON LA MIRADA POR DONDE ESCAPAR) ¡En qué anda usted! ¡Este jueguito no me gusta nada! ¡Me quiere joder...!
MEJIA : (LO INTERRUMPE) Venía de sus clases de piano, Simón. Lunes, miércoles y viernes. Ese lunes no llegaba, ya tenía que estar en casa y no aparecía... Comencé a preocuparme. La madre no tanto, suponía que se había quedado de charla con la profesora. La quería mucho, era su alumna preferida... Solían conversar después de clase, pero siempre avisaban por teléfono. Para que estuviéramos enterados...

(MEJIA SE INTERRUMPE CUANDO SIMON PEGA UN SALTO PARA ALCANZAR EL LUGAR DONDE HA DEJADO SUS ZAPATOS. INTENTA CALZARSELOS, EN UNA RIDICULA OPERACION QUE DEBIDO A LAS DIFICULTADES CONOCIDAS NO CONSIGUE CUMPLIR DE NINGUNA MANERA)
(MEJIA, CON UN GESTO IGUALMENTE VELOZ, TOMA UN PALO QUE, ESCONDIDO EN ALGUNA PARTE, SIN DUDA GUARDABA PARA SER UTILIZADO EN LA OCASION. SE ACERCA LENTAMENTE A SIMON, SIN APRESURARSE, CON EL EVIDENTE PROPOSITO DE GOLPEARLO)
(SIMON COMPRENDE QUE ENTRETENIENDOSE CON SUS ZAPATOS SE EXPONE A LO PEOR. DESECHA CALZARSE, TOMA LA VALIJA DE UN MANOTON Y CORRE HACIA LA PUERTA. ACCIONA EL PICAPORTE PERO ESTA, COMO ANTES, NO ABRE)
(UNA SONRISA DE TRIUNFO SE DIBUJA EN EL ROSTRO DE MEJIA. DETIENE SU AVANCE SOLO UN SEGUNDO, EL NECESARIO PARA APLASTAR CON EL PIE EL CIGARRILLO QUE, EN SU DISPARADA, SIMON PERDIO EN EL SUELO)

MEJIA : (MORDAZ) No se preocupe. Después le compro un paquete.

(SIMON, ACORRALADO, INTENTA FORZAR EL PICAPORTE. ADVIERTE QUE NO PODRA ABRIR LA PUERTA, ENTONCES TOMA DEBIDA DISTANCIA PARA ARREMETER CONTRA ELLA Y DERRIBARLA DE UN EMPELLON)
(MEJIA REACCIONA DE PRISA, SE AVALANZA Y DA CON EL PALO EN LA ESPALDA DE SIMON. ESTE SE CURVA, AULLANDO DE DOLOR)
(MEJIA VUELVE A GOLPEAR, ESTA VEZ EN LA CABEZA. SIMON, LANZADO CON VIOLENCIA, SE LLEVA UNA SILLA POR DELANTE ANTES DE DAR DE BRUCES EN EL SUELO. AHI QUEDA, ATURDIDO, INCAPAZ DE REACCIONAR, PERO SIN HABER PERDIDO EL CONOCIMIENTO)
(MEJIA LO LEVANTA TOMANDOLO DE LA ROPA, ACTUANDO CON TOTAL DESPRECIO POR EL OTRO. A LOS EMPELLONES LO UBICA EN LA SILLA QUE SIMON OCUPO HASTA AHORA. LO SOSTIENE PARA QUE NO CAIGA DEL ASIENTO, PUESTO QUE EL HOMBRE ESTA CERCA DE SER UN SACO INERME, INCAPAZ DE MANTENERSE EN LA SILLA POR SUS PROPIOS MEDIOS. CON UNA MANO, MEJIA LO RETIENE MIENTRAS QUE CON LA OTRA RESCATA UNA SOGA GUARDADA EN UN CAJON. CON PARSIMONIA Y HABILIDAD ATA A SIMON AL RESPALDO DE LA SILLA QUITANDO MOVILIDAD A SUS BRAZOS. CONCLUYE UN TRABAJO PERFECTO)
(MEJIA TOMA EL JARRO DE LATA Y OBLIGA QUE SIMON BEBA UN SORBO DE COÑAC. SIMON OBEDECE Y LUEGO SACUDE LA CABEZA, REANIMADO POR EL ALCOHOL. MIRA A MEJIA, ATERRORIZADO)

MEJIA : ¿Mejor ahora?
SIMON : Me duele.
MEJIA : Dentro de muy poco nos va a contar todo. Queremos saber, hasta los mínimos detalles.

(MEJIA LE DA LA ESPALDA Y BUSCA ALGO EN UN CAJON DE OTRO MUEBLE. ENCUENTRA Y SACA UNA FOTOGRAFIA ENMARCADA: UNA NIÑA SENTADA FRENTE A UN PIANO. LA COLOCA SOBRE LA MESA, DELIBERADAMENTE AL ALCANCE DE LA MIRADA DE SIMON)

MEJIA : (SEÑALA LA FOTO) ¿REcuerda? Era una noche oscura, claro... Y usted es mal fisonomista. A mí no me reconoció... (PAUSA) La foto es de aquella fecha. Vea qué bonita. Una obra de arte... (RIE) De la foto le hablo, no vaya a creer otra cosa. Como si estuviera viva, delante suyo, mirándolo... (SIMON EVADE LA MIRADA PERO MEJIA LO TOMA DE LOS CABELLOS Y LO OBLIGA A GIRAR LA CABEZA) Sabe que tenía condiciones para concertista. Por lo menos eso decía la profesora. Yo repito, nada más... (FUERZA UNA RISA) No quiero que me acusen de ser un padre baboso, de esos que andan desparramando elogios: que mi hija esto, que mi hija lo otro...

(MEJIA SE INTERRUMPE PORQUE GOLPEAN LA PUERTA, CON LOS NUDILLOS. SE ACERCA A LA PUERTA Y PREGUNTA)

MEJIA : ¿Quién es?
VOZ DE MUJER : Yo, Ester.

(MEJIA ACCIONA LA CERRADURA CON SUS LLAVES, ABRE LA PUERTA. DEJA PASO A UNA MUJER DESPROVISTA DE CUALQUIER ATRIBUTO QUE PUEDA CONFUNDIRLA CON LA PROSTITUTA ESPERADA. SU ASPECTO CORRESPONDE AL DE UNA AMA DE CASA VESTIDA PARA SALIR, CON LOS IMPRESCINDIBLES Y OBLIGADOS TOQUES DE UNA COQUETERIA FEMENINA NADA EXAGERADA. MEJIA Y ELLA NI SIQUIERA SE SALUDAN. ESTER SE DETIENE UN INSTANTE PARA OBSERVAR EL CUADRO, QUE EVIDENTEMENTE NO LA TOMA POR SORPRESA)
(MEJIA SE DESINTERESA DE INMEDIATO DE LA MUJER; PONE ATENCION, EN CAMBIO, AL RUMOR DE OTRA COMPARSA QUE SE ACERCA LENTAMENTE)

MEJIA : (SEÑALA LA CALLE, DIRIGIENDOSE A SIMON) Otra.

(MEJIA SE ACERCA A LA VENTANA Y SE ASOMA. ESTER VA DETRAS Y TAMBIEN LO HACE, CON UNA CURIOSIDAD ALGO DISTANTE)

MEJIA : (DELIBERADAMENTE TEATRAL, SIMULA ADMIRACION, DIRIGIENDOSE SIEMPRE A SIMON, COMO SI ESTER NO ESTUVIERA EN EL CUARTO) ¡Ah! ¡Estos sí que son buenos! ¡Qué maravilla! Dan gusto, si viera usted. ¡Flor de espectáculo! Creo que se ganan el concurso. ¡No puede discutirse! Mucha imaginación, colorido, buenas ideas...

(MEJIA Y ESTER SIGUEN OBSERVANDO EL PASO DE LA COMPARSA, CADA VEZ MAS CERCA DE LA VENTANA)

MEJIA : Yo tengo que votar. Soy miembro del jurado, ¿sabe Simón? Lo forman entre los vecinos y como yo soy viejo en el barrio... Bueno, me pusieron en el jurado. No es una tarea desagradable. Honoraria, no vaya a creer otra cosa. El club apenas se hace cargo de lo que consumimos en la mesa... (PAUSA) Pero creo que éstos barren con todo los premios. Ya va a ver como tengo razón.

(LA CONTINUA MARCHA DE LA COMPARSA DELANTE DE LA VENTANA ES OBSERVADA POR LA PAREJA; MEJIA LO HACE COLMADO DE UNA ADMIRACION SIMULADA, QUE LO LLEVA A APLAUDIR SOLITARIAMENTE, EN UN GESTO CASI RIDICULO)
(POCO A POCO EL CONJUNTO SE VA ALEJANDO, LLEVANDOSE EL SONIDO DE BOMBOS Y PLATILLOS)

MEJIA : (POR PRIMERA VEZ SE DIRIGE DIRECTAMENTE A ESTER) Bueno... Voy para allá. El veredicto tiene que estar a las doce. Si no encuentro nada mejor, voy a votar por los de recién.
SIMON : (ATERRADO) ¿Me va a dejar aquí? ¿Atado?
MEJIA : (A SIMON) Vuelvo enseguida. le voy a traer cigarrillos. Me imagino que se muere de ganas. No se moleste en pedirle a Ester, ella no fuma.

(MEJIA SACA SUS LLAVES Y ABRE LA PUERTA. SE DETIENE UN INSTANTE EN EL UMBRAL)

MEJIA : (A SIMON) ¿Rubios o negros?
SIMON : ¡Váyase a la mierda!
(MEJIA RIE, LUEGO SALE Y CIERRA LA PUERTA TRAS EL)
(ESTER SE APOYA EN LA VENTANA, EL CODO EN EL ALFEIZAR, DESDE ESA POSICION MIRA A SIMON, CON EXPRESION EQUIVOCA, NO SE SABE SI CON ODIO, CURIOSIDAD O DESINTERES. SIMON REHUYE LA MIRADA, PERO A POCO SE ENVALENTONA Y SE LAS DEVUELVE CARGADAS DE RENCOR. SIN DECIR UNA SOLA PALABRA, EL HOMBRE INTENTA LIBERARSE DE LAS ATADURAS, HACIENDO ESFUERZOS QUE NO LO LLEVAN A NINGUN RESULTADO PERO INQUIETAN FUGAZMENTE A LA MUJER, SIQUIERA DURANTE EL TIEMPO EN QUE AQUEL TIRONEA DE LAS SOGAS. ESTER SE TRANQUILIZA CUANDO SIMON DESISTE, AGOBIADO POR EL FRACASO Y CANSADO)
(ESTER ADVIERTE LA BOTELLA DE LICOR. DEJA LA VENTANA Y VA A RECOGERLA. CON ELLA EN LA MANO, BUSCA DONDE SERVIRSE. ENCUENTRA EL JARRO DE LATA Y COMPRUEBA QUE GUARDA COÑAC EN SU INTERIOR. DESECHA LA BOTELLA Y BEBE UN SORBO DEL JARRO, PERO SE AHOGA, TOSE Y DEBE RECURRIR A UN PAÑUELO DE SU CARTERA)
(UNA VEZ CALMADA, TOMA ASIENTO EN UNA SILLA QUE POR RARA COINCIDENCIA SE HALLA PROXIMA AL LUGAR DONDE PERMANECE LA FOTOGRAFIA. LA VISION SUBITA, INESPERADA DE ESTA IMAGEN LA SACUDE, LA PERTURBA. POCO A POCO VA ALCANZANDO PARA ELLA UN GRADO DE CORPORIZACION, HASTA QUE AL FIN SE CREE DELANTE DE SU HIJA EN VIDA EN CAMBIO DE UNA SIMPLE FOTOGRAFIA INANIMADA. PARA ELLA DESAPARECE TODO LO DEMAS, EL REDEDOR Y ESE HOMBRE ATADO A UNA SILLA, TAN PROXIMO A ELLA, Y QUEDA FIJADA A ESA VISION ALUCINADA. EL ROSTRO DE ESTER SE SUAVIZA CON UNA SONRISA MATERNAL, CARGADA DE TERNURA)

ESTER : Ester, Estercita... Mi chiquita... ¡Hola! Soy yo, yo... Tu mamá... Tu mamita... A ver querida, ¿qué vamos a escuchar hoy? Toque, toque mi niñita... Toque lo que acaba de aprender... Su mamita la quiere escuchar...

(LA ESCENA VA ALCANZANDO UN GRADO DE PATETISMO QUE PARALIZA AL MISMO SIMON, QUIEN OBSERVA A LA MUJER EN SU DELIRIO QUEDANDOSE TIESO, INMOVIL)

ESTER : ... Toque Ester... Si sabe que a su mamita le gusta mucho escucharla... Se pone muy contenta de oír lo que su nenita aprendió hoy... ¿A ver, qué? ¿Un vals? ¿Un valsesito?... Sí, claro que quiero oírlo... Qué importan los vecinos, si es muy lindo nadie va a venir a protestar. ¡Lo tuyo no es barullo, es música! ¡Buena música!... Les gustará tanto como a mí... Toque, toque mi nenita... Toque que su mamita quiere escucharla... (PERO ES ELLA QUIEN SIMULA TOCAR UN PIANO IMAGINARIO, FORMADO EL TECLADO POR EL BORDE DE LA MESA. ACOMPAÑA EL MOVIMIENTO DE SUS MANOS CON EL TARAREO DE UNA COMPOSICION DE PRINCIPIANTE) Talán, talán, tan, tan, tan... Talán, talán... (ESTER SE ENTUSIASMA) ¡Muy bien! ¡Muy bien! ¡Vean cómo aprende mi nena!... ¡Muy bien querida, muy bien!... Talán, talán, tan, tatán, tan... Ah, siempre con esos pelos cayendo sobre la frente, siempre lo mismo... ¿Por qué no le hacés caso a mamita? Peinate con rodete... Tan, talán, tatán, tan... El rodete queda muy lindo en una nena de tu edad... Ya sé, ya sé... (RIE DIVERTIDA) Ya sé que ya no sos una nena... Y yo sigo llamándote así... Talán, tatán, talán, tan, tan... Señorita, se-ño-ri-ta... (VUELVE A REIR, SIEMPRE DIVERTIDA) Tan, talán...La señorita Ester... ¡Futura concertista!... Talán, tan, tatán... ¡Tu nombre en la marquesina de los teatros!... Tan, talán, tan, tan... Y tu mamita en primera fila... Tan, tatán... ¡Y papá también!... Talán, tatán, tatán... ¡Los dos muy bien vestidos!... Tantatán... ¡A esos teatros hay que ir muy elegantes!... Talán, tan, tatán... ¡La madre de la artista de largo!... Tan, tan, tatán... ¡Y el padre de traje negro!... Tan, tatán, tan... (SIN EMBARGO EL ENCANTO SE VA ROMPIENDO IRREMISIBLEMENTE, POCO A POCO. ESTER SE ALEJA DE ESA ALUCINACION Y VA INGRESANDO A LA REALIDAD. PERO SE OBSTINA EN SEGUIR, EN DESCONOCER EL FIN DEL DELIRIO, LUCHA POR PEMANECER ATADA A LA VISION IMPRIMIENDO MAYOR VELOCIDAD A SUS MOVIMIENTOS, TARAREANDO MAS DE PRISA, ALENTANDO DE CONTINUO A LA EJECUTANTE, COMO SI POR OBRA DE LA CELERIDAD PUDIERA MANTENER EL SUEÑO DE TENER A SU HIJA DELANTE. GRUESOS LAGRIMONES COMIENZAN A SURCAR SU ROSTRO, INDICADORES DE QUE CADA VEZ LA CERTEZA DE QUE TODO ES IRREAL ALCANZA MAYOR FUERZA PARA ELLA. POR ULTIMO SU MIMICA Y SUS EXCLAMACIONES PIERDEN CONVICCION, SUS MOVIMIENTOS SE TRANSFORMAN EN ALGO MECANICO, EJECUTADOS SIN CALOR, COMO UNA SIMPLE PARODIA DE LO QUE ELLA ESTUVO HACIENDO HASTA HACE POCO FIRMEMENTE CONVENCIDA. POR FIN TODO SE LE DERRUMBA, NO PUEDE SOSTENER MAS LA TEATRALIDAD FALSA DE SUS GESTOS Y DEJA QUE SUS MANOS RESBALEN DE LA MESA, COLGANDO LAXAS, SIN VOLUNTAD. TRATA DE AHOGAR UN GRITO DE DOLOR, QUE NO OBSTANTE SURGE, DISTORSIONADO Y DESGARRADOR. LA CABEZA CAE SOBRE SU PECHO Y LLORA SILENCIOSAMENTE)

(SIMON, SUPERADA LA EXTRAÑA ATRACCION PRODUCIDA POR LA ESCENA, APROVECHA ESTA CIRCUNSTANCIA -ESTER LLORANDO PERMANECE AJENA A EL TANTO COMO ANTES, DURANTE SU DELIRIO- E INTENTA NUEVAMENTE LIBERARSE DE LAS ATADURAS. EMITE QUEJIDOS CONTENIDOS, CONSECUENCIA DE SUS ESFUERZOS DESESPERADOS, Y ESTO TERMINA POR PONER EN SOBREAVISO A LA MUJER. ELLA VUELVE A HACERSE CARGO DE SU ENTORNO, SE SECA LAS LAGRIMAS APRESURADAMENTE, CON EL DORSO DE LA MANO)
(SIMON NO SOPORTA LA MIRADA, PARECIERA QUE LE MARCAN SU NUEVO FRACASO, LA INUTILIDAD DE SUS ESFUERZOS, Y VIOLENTO, FUERA DE SI, DESCARGA SU RABIA CONTRA LA MUJER, TIRANDOLE UNA PATADA QUE REBOTA, INOCUA, CONTRA EL RESPALDO DE LA SILLA DONDE ELLA SE HALLA SENTADA. ESTER REACCIONA DE FORMA MAS VIOLENTA AUN, SE PONE DE PIE DE UN SALTO Y MANOTEA LA CARTERA: DEL INTERIOR SACA UN FILOSO CUCHILLO CON EL CUAL ATACA A SIMON. DIRIGE LA PUNTA DEL ARMA AL CUELLO DEL INDEFENSO PRISIONERO, PERO EL AZAR ACUDE EN AYUDA DE ESTE: SUENA EL TELEFONO. EL TIMBRAZO HACE REACCIONAR A ESTER, QUIEN CONTIENE LA PUÑALADA A CENTIMETROS DEL BLANCO. SIMON, TIESO POR EL MIEDO, NO ATINA SIQUIERA A MOVERSE, LA MIRADA CLAVADA EN LA HOJA QUE BRILLA MUY CERCA DE SUS OJOS. LA AMENAZA DE ESTER SE DILUYE, BAJA EL ARMA Y MIRA EL TELEFONO QUE SIGUE SONANDO. DEJA EL CUCHILLO SOBRE LA MESA Y TIENTA A IR HACIA EL TELEFONO. SU MIRADA TROPIEZA CON LA FOTOGRAFIA Y PREFIERE, ANTES, ESCONDERLA, GUARDARLA DENTRO DE UN CAJON. RECIEN DESPUES SE ACERCA AL APARATO Y ATIENDE)

ESTER : Sí, jefe, yo, Ester... (PAUSA) No, no se preocupe... (PAUSA) Todo bien, jefe, sin problemas... (PAUSA) Claro que sí, cuando llegue el momento... (PAUSA) Lo tenemos en cuenta... (PAUSA) Le agradezco mucho, jefe... (PAUSA) Salió, usted sabe ese asunto en que se metió... (PAUSA) Sí, sí, como si entendiera algo de eso... (PAUSA) Pero le debe gustar... (PAUSA) Y, si aceptó ser miembro del jurado... (RIE, POSIBLEMENTE SU INTERLOCUTOR TAMBIEN) Le agradezco la llamada, jefe... (PAUSA) Sí, sí, descuide, lo vamos a tener al tanto... (PAUSA) Adiós... Y agradecidos (CORTA LA COMUNICACION)

(ESTER VUELVE A LA MESA Y A LA SILLA. DEL INTERIOR DE LA CARTERA SACA POLVOS Y COSMETICOS. TERMINA DE SECARSE LAS LAGRIMAS CON EL PAÑUELO Y, PARSIMONIOSAMENTE, SE DEDICA A RECOMPONER SU AUSTERO MAQUILLAJE, MIRANDOSE EN UN REDONDO Y PEQUEÑO ESPEJO DE MANO)
(CUANDO CONCLUYE CON SU ARREGLO, SE OYEN LAS LLAVES EN LA PUERTA. ES MEJIA, QUIEN REGRESA. TRAE UN ATADO DE CIGARRILLOS EN LA MANO, QUE HA ABIERTO ANTES DE ENTRAR)

SIMON : (SUPLICA A MEJIA) ¡Ya pagué por eso! ¡Me tragué nueve años! ¡No le basta eso...!

(SIMON NO PUEDE SEGUIR CON SU RUEGO: MEJIA LO OBLIGA A CALLAR ENTERRANDOLE PRACTICAMENTE UN CIGARRILO ENTRE LOS LABIOS)

MEJIA : (A ESTER) ¿Habló? ¿Dijo algo este caballero?
ESTER : No, ni una palabra. (PAUSA) Habló él.
MEJIA : Ajá.
ESTER : Le hice saber que no lo necesitábamos.
MEJIA : (ASIENTE COMPLACIDO) De acuerdo... (SE LLEVA UN CIGARRILLO A LOS LABIOS) Hable Simón. Queremos oírlo... Cuente cómo fue... (REACCIONA DE PRONTO, PARECE HABER RECORDADO ALGO DIVERTIDO) ¿También le mentí, eh? (SEÑALA CON UN DEDO EL CIGARRILLO EN LA BOCA) Somos un buen par de mentirosos. Usted y yo. Fumo, yo fumo. Y bastante. Ester me regaña siempre, pero qué quiere... Bueno, usted lo sabe, no se puede con el vicio.

(MEJIA ENCIENDE EL CIGARRILLO DE SIMON, QUIEN PITA ANSIOSAMENTE, Y LUEGO EL SUYO)
(COMIENZA A HACERSE OIR EL RUMOR DE OTRA COMPARSA)

MEJIA : Ganó la que yo decía nomás. Todos estuvieron de acuerdo. Fue unánime, casi no hubo discusión. Esos muchachos estaban fuera de competencia, muy por encima de los demás.
(MEJIA SE ACERCA A LA VENTANA Y SE ASOMA OBSERVANDO A LA COMPARSA AUN DISTANTE, UE AHORA SE APROXIMA EN DIRECCION CONTRARIA, REGRESANDO DEL PUNTO DONDE CONCURRIO. LA MIRADA DE SIMON SE DILATA. CUANDO ADVIERTE CIERTOS PREPARATIVOS QUE, INSENSIBLEMENTE, SE ORGANIZAN A SU ALREDEDOR: ESTER, ANTE LA MUDA APROBACION DE MEJIA, SE PONE DE PIE Y TOMA EL CUCHILLO ABANDONADO SOBRE LA MESA)
MEJIA : (VOLVIENDO SU ATENCION A LA CALLE) ¡Qué vitalidad la de estos chicos! Aturden cuando vienen, aturden cuando se van... ¡Chipum, chipum! ¡Ah, quién tuviera veinte años! Eso de tenerlos en un rincón del corazón es un consuelo que a mí no me conforma. (RIE DIVERTIDO POR SU OCURRENCIA)

(MEJIA CONTINUA OBSERVANDO, ACOMPAÑANDO EL RITMO CON UN LEVE BAMBOLEO DE CADERAS, PERO SIN DEJAR DE DIRIGIR; SOLO CON LA MIRADA, RESPONDIENDO A UN ACUERDO PREVIO QUE NO TIENE NECESIDAD DE SER EXPLICITADO; LOS MOVIMIENTOS DE ESTER. ELLA CONCLUYE SUS EVOLUCIONES PLANTANDOSE DELANTE DE SIMON, EL CUCHILLO EN LA MANO)
(LUEGO DE CONCLUIDO EL DESPLAZAMIENTO DE LA MUJER, AMBOS PERMANECEN EN SUS LUGARES, EN EVIDENTE ACTITUD DE ESPERA. SIMON SE INQUIETA -LA QUIETUD DE LOS OTROS ANIMA LA SUYA-, SE REMUEVE EN LA SILLA, REINICIA LOS DESESPERADOS TIRONES PARA SOLTARSE. NADIE SE PREOCUPA POR EL, A EXCEPCION DE ESTER QUE, FRENTE A SIMON, LO MIRA CON MAS CURIOSIDAD QUE RECELO)

SIMON : Voy a hablar... (LLAMA A MEJIA) ¡Oiga, usted! (MEJIA DEJA DE OBSERVAR POR LA VENTANA Y GIRA PARA PRESTARLE ATENCION) Si eso es lo que quieren, voy a hablar. Les voy a contar cómo fue.
MEJIA : (MIENTRAS ASIENTE CON LA CABEZA) Muy bien (LUEGO CIERRA LA VENTANA, PERO ARRIMANDOLA, SIN ASEGURARLA CON LA FALLEBA. DE ESTE MODO EL SONIDO DE LA COMPARSA SE OYE MAS, MUCHO MAS APAGADO)

(MEJIA SE ACERCA A SU MUJER Y AMBOS OBSERVAN A SIMON, A LA ESPERA DE SU RELATO. ESTE DUDA, TRAGA SALIVA, LE CUESTA LARGARSE A HABLAR. NO OBSTANTE SE OBLIGA A HACERLO, CONVENCIDO QUE DE ESA UNICA MANERA FRENARA LA VENGANZA QUE, PRESIENTE, NO TARDARA EN CAER SOBRE EL)

SIMON : Bueno...
MEJIA : (ORDENA, EXIGENTE) ¡Por el principio, Simón!
SIMON : Ella acostumbraba a pasar delante del café...
MEJIA : ¿Ella?
SIMON : La... La... La chica.
MEJIA : ¿Qué café?
SIMON : El de la esquina... (FASTIDIADO) Si usted sabe.
MEJIA : (ASIENTE) Siga.
SIMON : Pasaba todas las noches... No, no, todas las noches no... Algunas... A veces yo esperaba que pasara y no, no pasaba...
MEJIA : Lunes, miércoles y viernes, nada más.
SIMON : ¿Venía de estudiar el piano (MEJIA SE NIEGA A CONTESTAR LA PREGUNTA) Usted dijo eso, recién...
MEJIA : (ORDENA, MOLESTO) ¡Siga, siga!
SIMON : Estoy contando...
MEJIA : ¡Se está yendo por las ramas!!
SIMON : (ACEPTA, ASINTIENDO) Bueno... Los muchachos me hacían bromas. Se la habían tomado conmigo... Decían que era un estúpido porque la... La... Su... Bueno, la hija de ustedes me miraba. Usted sabe, me miraba de una forma... Con intención... Ellos decían eso, yo, la verdad, nunca me di cuenta...
MEJIA : ¿De qué muchachos está hablando?
SIMON : La barra, la barra del café. Nos reuníamos allí... Ya ni me acuerdo de los nombres, tampoco de cuántos éramos...
MEJIA : Eso no tiene ninguna importancia. ¡Adelante, Simón!
SIMON : Sigo, sí, sigo... Pero no me apure, déjeme recordar... (PAUSA) Esa noche, la noche esa...
MEJIA : La noche del asesinato.
SIMON : Bueno, sí... Esa noche... Yo estaba algo tomado. No mucho, pero estuvimos festejando desde la tarde... CAda uno que llegaba pagaba una copa... No sé qué festejábamos, ya ni me acuerdo... Yo no estaba acostumbrado a tomar tanto y me hizo mal. Soy de mala bebida, me da por pelear, por buscar camorra, con cualquiera que se me cruce... Se lo dije a mi abogado, era un buen argumento, creía yo...
MEJIA : ¡Siga, siga! ¡Eso no le interesa a nadie!
SIMON : Bueno, sigo... Yo no estaba bien de la cabeza, bastante mareado... No se puede decir borracho, pero eso fue... Por eso... No sabía lo que hacía... Los muchachos se dieron cuenta y en vez de dejarme tranquilo empezaron de nuevo con esa música... Y vea lo que son las cosas, me pareció que tenían razón, que era cierto. Si yo no hacía algo era un estúpido... Y pasó la chica, justo en el peor momento. A lo mejor si hubiera pasado antes, o tardado un poco, un poquito nomás... Pero en ese momento yo era capaz de hacer cualquier cosa (CORTA PAUSA, INTERRUMPIDA POR MEJIA QUIEN GOLPEA EL PISO CON EL PIE PARA OBLIGARLO A CONTINUAR) Me levanté de la mesa y la seguí. Cuando salía a la calle los muchachos se largaron a aplaudirme (SE INTERRUMPE NUEVAMENTE)
MEJIA : (IMPACIENTE) ¡Siga, siga! ¡Qué pasó después!
SIMON : Qué sé yo lo que pasó después... TRAto de recordar, pero... Al principio traté de hablarle, de buen modo... Pero no sé por qué terminé dándole un empujón... Me insultó, creo... Tropezó y se fue al suelo. Yo no quise tirarla, pero era una plumita de liviana... También puede ser que a mí se ma haya ido la mano... No me explico. Después la agarré de un brazo y la metí en el potrero. Tuve miedo de que la gente la vea tirada en el suelo... La arrastré, no puedo negarlo... Fui un bruto...
MEJIA : ¿Ella se resistía?
SIMON : Claro que se resistía. Y lloraba.

(SIMON SE INTERRUMPE DESPAVORIDO: ESTER NO AGUANTA MAS Y SE ABALANZA SOBRE EL, EL CUCHILLO BUSCANDO LA ENTREPIERNA. SIMON GRITA, SE DEFIENDE PATALEANDO)
(MEJIA AHOGA TODOS ESTOS RUIDOS ABRIENDO LA VENTANA; EL SONIDO DE LA COMPARSA, PASANDO DELANTE DE LA CASA, CUBRE CUALQUIER OTRO. LA COMPLICIDAD DE MEJIA LLEGA HASTA ALLI, LUEGO SOLO ATINA A CONTEMPLAR EL DESARROLLO DE LOS SUCESOS, SIN TOMAR PARTICIPACION ALGUNA)
(ESTER, MIENTRAS TANTO, HA CONSEGUIDO, A LOS TIRONES, ARRANCAR LOS PANTALONES DE SIMON. RETROCEDE CON LA PRENDA EN LA MANO Y LA ARROJA A CUALQUIER PARTE. TOMA NUEVO IMPULSO Y VUELVE A ATACAR A SU VICTIMA. EL ENSORDECEDOR BARULLO DE LA COMPARSA AHOGA EL AULLIDO ANIMAL, SOBREHUMANO DEL HOMBRE A QUIEN UNA ESTER ENSANGRENTADA Y ENLOQUECIDA LE ARRANCA EL SEXO)


FIN
 
 

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