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Equívoca fuga de señorita, apretando un pañuelo de encaje sobre su pecho
de Daniel Veronese
 
Personajes:
MADRE
PADRE
AMIGO
AMIGA
CARTERO

Madre y Padre en su casa

MADRE:
Otra vez... (Pausa) Por favor...

PADRE:
No...

MADRE:
Por favor... una vez más

PADRE:
(Pausa. Lee una carta) "No pudiendo permanecer más en este encierro, me voy apretando sobre mi corazón este pañuelito de encaje que me acompañará hasta que se pierda en algún camino, y con él, lo juro, perderé la última posibilidad de recordar. Hubiese querido que las cosas sucedieran de otra manera. Pero ya es tarde para mí. Adiós, para siempre... Martina"

MADRE:
Para siempre...

PADRE:
(Pausa) Así decidió decirlo (Pausa. Cierra la carta. La guarda) Se nos fue (Pausa) Al menos se pudo ir diciendo todo lo que quiso.

MADRE:
¿Qué tendríamos que haber hecho para que se quedara? Yo no lo sé

PADRE:
Nunca lo vamos a saber (Ella intenta ir hacia la puerta. El la abraza) No ¿Dónde vas a ir ahora? Quedate aquí

MADRE:
Nuestra mente no llega a tanto. No resolvemos dificultades menores ¿Como vamos a hacer para sobrellevar esto?

PADRE:
(Pausa. Sonríe agriamente) El tiempo todo lo cura

(La Madre le pega una bofetada. Larga pausa)


MADRE:
Tenés razón, es mejor no salir a la calle ahora. Ah, pero vas a ver, ya van a empezar a preguntar. Esos amigos, los vecinos, sus compañeros de clase, todos, conozco a la gente. Y este muchacho que todos los días viene con la excusa de arreglarnos la cocina. Es obvio que venía por Martina. Ni se por qué lo dejanos entrar. Ella es tan chiquita para esas cosas...

PADRE:
Me pegaste

MADRE:
(Pausa) Ya no puedo pegarle a nadie. Una triste mañana, antes del desayuno, me encontré sin mi brazo derecho (Llora)

PADRE:
Querida, habrá que empezar a imaginarse la vida sin ella

MADRE:
¿Pero qué le pedís a una madre? ¿Qué olvide...?

PADRE:
Sí, mi amor.

MADRE:
No se puede olvidar (Toma una foto enmarcada. La arroja al piso) Recuerdos... Los recuerdos me van a reventar los ojos ¿Anoche, como todas las noches, cuando entraste a arroparla y a apagar la luz del velador...?

PADRE:
Tenés que tranquilizarte un poco

MADRE:
¿Pero no pudiste darte cuenta de que esto iba a pasar?

PADRE:
Anoche dormía, como todas las noches

MADRE:
No, como todas las noches no. Seguro que ayer no estaba descansando

PADRE:
Parecía soñar con ángeles

MADRE:
No era con ángeles con lo que soñaba. Soñaba con un camino que la alejaba de todo lo conocido, de su familia. Nos guste o no nos guste, su mente ya estaba preparando la fuga mientras todo parecía estar en su sitio. ¿Su ropa ya colgaba de la percha?

PADRE:
Querida, sabés que...
MADRE:
(Interrumpiéndolo) Contestá ¿Le llevaste el vaso de agua? ¿Lo pusiste sobre su mesita de luz, lo tapaste con la carpetita gris de lino? Contestá

PADRE:
Sí, sí, lo hice

MADRE:
(Pausa) Ese es el sitio en que deben estar las cosas en esta casa, cuando todo está en orden.

PADRE:
¿Entonces?... Nosotros no podemos sentirnos culpables.

MADRE:
(Pausa) No

PADRE:
Nos fue imposible darnos cuenta de lo que estaba tramando. Por lo menos nos tiene que quedar esa alegría serena, esa tranquilidad en el alma.


(Larga pausa. Larga congoja. El Padre le muestra la carta a la Madre)


PADRE:
Mirá... Dobló el papel prolijamente en cuatro partes simétricas. Cada doblez en el lugar justo.

MADRE:
Al menos pudo ser prolija una vez en la vida

PADRE:
Ser prolija parecía que era su mayor desesperación ¿Recordás como se esforzaba por perfumar su cuarto cuando recibía a sus compañeros de la escuela... a su amiga preferida? Parecía no tener otra necesidad que la de mejorar y hacer feliz a quienes la querían bien

MADRE:
Pero me abandona

PADRE:
Nos abandona. A vos y a mí. A los dos

MADRE:
¿Nunca vas a comprenderme? Seguramente no nos verá nunca más a ninguno de los dos, pero esa hija es a mí a quién decidió abandonar

PADRE:
¿Qué decís?

MADRE:
Me odiaba

PADRE:
Te adoraba

MADRE: Sabés que no

PADRE:
A nadie quería más en este mundo que a su madre

MADRE:
Mentís

PADRE:
No...

MADRE:
Basta. Mentís (Pausa) Te lo agradezco, pero tengo que aprender sola a enfrentar esta realidad. Los dos sabemos que no era a mí a quién quería más. Era a vos

PADRE:
Pero... si a vos siempre te sonreía cuando veía que lavabas su ropa de cama... cuando le preparabas su comida preferida... cuando le planchabas...

MADRE:
¿Qué tiene que ver eso? Escúchenlo ¿Ese es todo el cariño que una hija debe brindar a su madre? A vos te permitía entrar a su pieza a arroparla por las noches

PADRE:
No podés hablar así, ahora

MADRE:
¿A quién le pedía que la despertase por la mañana?

PADRE:
¿Cómo podés estar tan equivocada? Pero si cada noche lo único que le importaba era poder soñar con su madre. Y tambien a la mañana su primer pensamiento iba dirigido a vos: ¿Está bien mamá? me preguntaba ni bien yo tocaba su puerta

MADRE:
¿Por mí preguntaba? Nadie me lo había dicho

PADRE:
Pero, Martina... ¿Por qué no iba a estar bien? ¿Por qué me preguntás eso? Porque anoche tuve un sueño, en dónde mamá ya no estaba más a mi lado... (Pausa) y vos tampoco, papito... (Pausa) Querida, nada se puede hacer con los sueños... Ella, con los ojos húmedos... ¿nada se puede?

MADRE:
Es que nadie sabe quién domina a los sueños. Pareciera que en los sueños uno no es uno, es otra persona que no quiere ser

PADRE:
Eso mismo le explicaba yo. Pero, hija, lo que uno siente realmente se demuestra durante el día, ahí tenés que ser buena y cariñosa. Olvida las sombras de la noche... Mamá está bien, está muy bien, está en la cocina, esperándote...

MADRE:
Sí, es cierto, esperándola siempre, cada mañana la esperaba. Me sentaba en esta silla. Solo tenía ojos para verla salir de su cuarto

PADRE:
Entonces, papito, me levanto y voy corriendo a besarla. Y lo hacía (Pausa) ¿O no? Si me parece estar viéndolo ¿O no éramos nosotros tres, esos seres embriagados de felicidad que se sentaban alrededor de esta mesa, estirando los brazos...

MADRE:
(Sonriendo) Sí, ¿te acordás? los estirábamos para alcanzarnos, parecía que se nos iban a despegar del cuerpo de la alegría

PADRE:
Y... y nos tomábamos las manos con fuerza, apretando así... hasta que se ponían rojas... y desayunábamos juntos? (Pausa) ¿No era así, cada mañana?

MADRE:
Sí... (Pausa) Y después... un beso muy grande para el padre

PADRE:
Sí. Después sí, un beso a mí, pero solo si había necesidad, si quedaba tiempo, sino nada... nada

MADRE:
Mi amor... ¿Tenías celos?
PADRE:
No ¿Qué decís? Si ver esa escena matinal era mi mayor anhelo ¿Cual podía ser el mayor deleite para un padre como yo? Yo era un camino entre ustedes, era un mensajero. Tanto amor entre madre e hija necesitaba un dique, una contención, yo era quién las protegía, quién...

MADRE:
Esta bien, no sigas, por favor. Un poco de piedad

PADRE:
Pero no estoy mintiendo, no, de ninguna manera

MADRE:
No... ya lo sé

PADRE:
¿Y entonces...? (Pausa) De ahora en más quiero que los dos la recordemos preferiendo a la madre, antes que al padre

MADRE:
Vení aquí. Ya entendí (El se acerca para que ella lo bese) Sos muy bueno conmigo

PADRE:
Estoy seguro que vos tambien quisiste serlo con ella

MADRE:
(Pausa) Nos quería a los dos ¿Está bien?

PADRE:
(Sonriendo tristemente) Nos quiso a los dos por igual, si así lo querés. Esta bien. Así debió ser en una casa como la nuestra
MADRE:
(Larga pausa) Querido... (Lo acerca a la mesa) Como cualquier mañana...

PADRE:
Pero hoy...

MADRE:
(Interrumpiéndolo) Por favor, no me digas nada. Lo necesito. Sentate ahí. No conozco otra forma de poder sobrellevar esto (Pausa. Padre se sienta. Madre mira una silla vacía. La señala. Larga pausa) Nadie diga nada. Ya lo sé. Siempre lo supe. Lo llevo grabado a fuego (Se toca la sien) Té con leche y dos tostaditas... ¿no? (Pausa. Sonríe)

PADRE:
Con un poquito...

MADRE:
Sí, con un poquito de miel... (Señala dónde está sentado el Padre) Mate cocido... (Padre asiente) Claro... (Pausa) Café para mí. Solo

PADRE:
¿Y si probaras...?

MADRE:
Dije café solo

PADRE:
(Pausa) El café siempre te alteraba un poco

MADRE:
Me mantenía alerta, que no era lo mismo (Pausa) De todas formas sabés que nunca pude tomarlo sin que ella me sacara la taza de la boca (Pausa) ¿Cuando no me sacó algo de la boca?

PADRE:
Hay que comprender a los chicos. Hay una edad en que se ponen rebeldes, después se les pasa ¿Nunca te conté las cosas que hacía yo de chico?

MADRE:
(Sonríe) Sí, me acuerdo (Deja de sonreir) Pero antes cuando los hijos se volvían rebeldes los encadenaban a las patas de la mesa

PADRE:
Claro, eso era normal en nuestros tiempos, ahora...

MADRE:
(Interrumpiéndolo) Ahora cambiaron las costumbres. Gracias a eso, una madre se levantó, despreocupada, como cualquier mañana, y no encontró nada atado a su mesa... Y esa madre debe comprender que, de ahora en más, sus días serán siempre así, en soledad ¿Pero, cómo sobrellevar esa soledad? Nadie se lo explica

PADRE:
A muchas personas les pasa. Hay que tratar de ser fuerte
MADRE:
Basta de mentiras. Si se que sentís lo mismo que yo. Mirame...

PADRE:
No...

MADRE:
(Ella le toma el rostro y le habla, a los ojos) A muchas personas bondadosas y que dieron lo mejor de sí durante toda una vida, se les incendia la casa con todos sus muebles dentro, pierden todo... todo su pasado dentro... ¿Qué es lo que pasa? (Pausa) Respondeme, por favor

PADRE:
(Pausa) Lloran...

MADRE:
¿Por qué?

PADRE:
Porque nada les queda en pie

MADRE:
Sí, lloran, porque nada les queda en pie... pero en algún momento esas mismas personas van a olvidar lo que perdieron, porque encontrarán otro lugar dónde vivir, dónde depositar sus huesos. Pero, mirá nuestros cuerpos. Nosotros ya no tendremos otra hija ¿Es cierto o no?

PADRE:
Si, es cierto

MADRE:
¿Y esos que, un día cualquiera, caminando por la calle, se golpean la cabeza con una piedra sucia y rugosa, y pierden la conciencia para siempre? Estarán destinados a marchar por la vida con una expresión tan melancólica que da mucha pena, es cierto, pero... ¿por quién es que sufren si no recuerdan nada? Si hasta me dan risa... Yo me pregunto siempre cuando los veo pasar por la calle ¿Qué añoran en realidad? Contestame

PADRE:
Nada añoran, porque nada tiene quién nada siente

MADRE:
Así es (Pausa) Pero nosotros no, querido. Nosotros no tuvimos esa suerte. Ningún golpe nos va a distraer ¿Y esta casa? Esta casa está quemándome los ojos, pero mirá... allí estará siempre la pieza de ella, su ropa, su silla vacia... recordándonos que algo falta, estará esa carta... (Pausa. Lo besa dulcemente. Cae vencida en una silla) estará esa carta... (Larga Pausa) Otra vez (Pausa) Otra vez...

PADRE:
(Pausa. Saca la carta. La mira) ¿No crees que ya es tarde para nosotros? (Pausa) Tendría que romperla

MADRE:
¿Qué decís? (Pausa) Por favor... Solo algún párrafo

PADRE: (Abre lentamente la carta. Lee) "Me voy... apretando... (Pausa) sobre mi pecho..." (Se detiene)

MADRE:
Seguí... (El Padre no sigue) Seguí... (Intenta sacarle la carta de la mano. El Padre se lo impide) ¿Pensás que a mi sí me gusta escuchar esas cosas? Inútil, inútil...

PADRE:
Ah... mi cabeza esta loca, desencajada...

MADRE:
Ya todo será inutil en mi vida. Seguí...

PADRE:
(Levantando la voz) Basta... Ya no hay que leerla más (Pausa) ¿Por qué torturarnos de esa manera?

MADRE:
¿Qué clase de padre sos? ¿No perdiste una hija, como yo?

PADRE:
¿Cómo podés...? (Se quiebra. Pausa) Si hace unos días un desconocido en una calle me hubiese apoyado su navaja en el cuello, diciéndome: Señor, mi hija hace de mí un ser infeliz, ya no sé que hacer para que me respete y me quiera... Por eso he estado espiando su casa, todas las mañanas. Se que usted tiene una hija maravillosa. Es hora que me la entregue... o este cuchillo probará su carne. Usted decide

MADRE:
¿Qué decís? ¿Qué querés decirme? No entiendo ¿Alguien, en un oscuro callejón, te ha pedido que le entregues a Martina, amenazándote con un cuchillo y no me habías dicho nada?

PADRE:
No, no, es solo mi imaginación torturada que delira (Pausa) ¿Qué creés que le hubiera contestado si eso hubiera pasado? ¿Pensás que hubiera entregado a Martina? Eso pensás de mi

MADRE:
Dios mío... no lo sé, no lo sé... ¿Con el filo rozándote el cuello...?

PADRE:
Sí. Con una pequeña gota de sangre queriendo asomarse... (Pausa) Lo lamento amigo, no puedo hacerlo. Tanto mi vida como la de mi señora esposa floreció el día en que Martina irrumpió por un orificio entre sus piernas. Como un sol naciente, esa niña, desde ese día ilumina nuestro porvenir. Es el único recuerdo grato que puedo almacenar en mi triste existencia. Por eso, lo lamento por usted. Aquí lo tiene, corte mi cuello si quiere, pero ese pedido no puedo satisfacerlo.

MADRE:
(Pausa) Entonces... ¿sufrís como yo? (Lo abraza. Pausa)

PADRE:
Hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance.

MADRE: (Pausa) ¿Será todo esto un mal sueño? (Pausa) ¿Y si cerramos los ojos, hasta que sangren, y cuando los abrimos nuestra Martina está sentada en su silla...? (Cierra los ojos, ocultándolos con sus puños)

PADRE:
No, mi amor, abrí los ojos... abrilos (Le abre los ojos a la fuerza) Mirá, no está. Es una realidad. (Ambos se quiebran. Larga pausa) Ya es nuestra hora. Nos guste o no nos guste (Señalando la puerta de calle) Esa puerta se cerrará con llave para siempre... Nadie más entrará a esta casa

MADRE:
Querido...

PADRE:
Va a ser lo mejor. Solo nos tenemos vos y yo, solo en nosotros podemos confiar. Si no pudimos confiar en nuestra hija, ¿en quién más vamos a poder confiar?


(El Padre va pesadamente hacia la puerta para cerrarla con llave. Se detiene. Apoya su oido en la puerta)


MADRE:
¿Qué...?

PADRE:
Alguien llora detrás de la puerta

MADRE:
¿Qué decís? (Se abalanza a la puerta. Se detiene) ¿Es ella? ¿Mi pequeña... arrepentida? (El Padre va a abrir la puerta) No, no... Esperá... No abras
PADRE:
¿Qué estás diciendo?

MADRE:
¿Y todo este sufrimiento que tuvimos que soportar por su carta, dónde va a parar?

PADRE:
¿Preferirías que nuestra hija, la que se adueño por completo de nuestras vidas desde la tarde en que decidió por fin llamarnos papá y mamá... se congele ahí afuera pensando que todo lo que vivió hasta hoy fue mentira y...?

MADRE:
No, no, sí sabés que no...

(Pausa. Padre va a abrir)

MADRE:
Mi corazón está débil y mustio

(Padre abre la puerta. Pausa. Entra timidamente el Amigo. Pausa. La Madre comienza a llorar)

PADRE: No se quede ahí, pase a la cocina


(El Amigo va a la cocina)


MADRE:
(Larga pausa) Alguien va a tener que decírselo. Yo no tengo fuerzas (Pausa. Gritando) Ya no hay necesidad de que esté en la cocina. No hay nada que no funcione ahí adentro. Las hornallas, el calefón, todo funciona...

(El Amigo viene de la cocina. Se queda mirándolos. Larga pausa. Sonríe)

PADRE:
Que contraste grotesco se debe producir entre su expresión... y la nuestra.

AMIGO:
No se preocupen por mi, pueden llorar tranquilos. No hay porque mostrar solo la felicidad. Se que en esta casa siempre intentaron ser francos conmigo.

MADRE:
(Se acerca al Amigo) Casi un hijo... (Lo besa en las mejillas. LLorisqueando) Le abrimos nuestro hogar porque nunca dejó de entrar sonriente y trabajar con alegría.

AMIGO:
Cerrar los ojos a las preocupaciones, ese es el lema de mi sufrida madre. Pruebe.

MADRE:
Ya lo creo que probaría.

PADRE:
Tiene que comprendernos. Hoy es un día muy especial

AMIGO:
Tambien para mí. Hoy no venía a revisar su cicina. Hoy traía una noticia para ustedes

MADRE:
¿Una noticia...? (Pausa) ¿Qué noticia?

AMIGO:
Bueno... Ella y yo...

MADRE:
¿Ella? (Al Padre) Dice ella. ¿Se refiere a...?

AMIGO:
Su hija, señora... Martina y yo... nos veíamos y...

MADRE:
Ustedes se veían (Al Padre) ¿Qué nos quiere decir?

AMIGO:
Quiero decir que queremos... casarnos
PADRE:
¿Casarse?

MADRE:
No puede ser

PADRE:
¿Por qué su madre y yo no sabíamos nada?

AMIGO:
Bueno... pronto se iban a enterar. Solo lo sabían nuestros amigos más íntimos.

MADRE:
¿Intimidad? ¿Este muchacho habla de intimidad y su madre no lo sabía?

AMIGO:
Ella quería darles la sorpresa personalmente, pero soy un poco ansioso y por lo que veo me adelanté

MADRE:
(Con violencia) ¿Fué usted el que convenció a mi hija para que se fuge de esta casa?

AMIGO:
¿Qué dice? Hablamos de casarnos, sí, pero venir a vivir aquí, junto a ustedes...

(La Madre ríe, cínicamente)


AMIGO:
No comprendo. Pensé que la noticia los iba a alegrar. Me conocen bien. Cada mañana de este último año estuve reparando su cocina

MADRE:
(Al Padre) ¿De dónde salió este joven que se presenta aquí, solo, como un perro y dice esas cosas sobre él, mi hija y mi cocina, con esa familiaridad que me enferma? Sacálo de nuestra casa

AMIGO:
Señora... Si yo tuviese padres que me quisieran, sin duda, en este momento tan importante para mí, estarían aquí, detrás mío. Mi padre sosteniéndome, dándome ánimos con su mano en mi hombro, detrás mi madre, con la suya en el brazo de mi padre. Pero estoy hablando de personas que no cuentan en mi vida. En cambio ustedes que sí aman a su hija parece como si...

MADRE:
(Lo interrumpe) Yo ya no podré nunca más sentirme una madre. Vivimos con una desconocida. Nunca supimos quién dormía en esa habitación

AMIGO:
¿Como puede hablar así?

MADRE:
Nunca le importó nada de nadie, ni de usted, tampoco
AMIGO:
(Pausa) ¿Está tratando de alejarme de aquí? (Pausa. Saca un papel. Se lo ofrece al Padre) Lea. Me la trajo el correo, hoy, muy temprano
PADRE:
(Mira la carta. A la Madre) Es de Martina (Leyendo) "Cuanto amor..." dice la carta... "cuanto cariño recibo en este lugar. Si el destino, con su garra cruel, me condenase a permanecer inmóvil para siempre, pero al cuidado de este techo y de quienes lo habitan, diría sin dudarlo... sí, aquí quiero pasar el resto de mi vida. Solo aquí, en esta compañía seré feliz... Martina"

AMIGO:
(Arrebatándole la carta de la mano) ¿Qué tiene que decirme ahora?

MADRE:
Inmóvil para siempre, dice... Endurecida, de piedra, de cal, aún así la querría aquí, sentada a mi lado (Al Padre) ¿Soy una mala madre por pensar así?

PADRE:
Sabés que no

AMIGO:
¿Leyó bien? (Pausa) Por eso pensé que era hora de hacerles conocer nuestras intenciones... (Pausa) Pero me encuentro con este recibimiento

MADRE:
Mi pequeña endurecida (Llora)

AMIGO:
¿Pero por qué es tan doloroso que su hija me quiera?

MADRE:
¿Es que usted no entiende, insensato?

PADRE:
Tambien nosotros recibimos una carta de ella... (Se la alcanza para que la lea) No podemos participar de su alegría. Tiene que comprender, no podemos decir que ganamos un hijo porque acabamos de perder una hija.

MADRE:
No sería cierto

PADRE:
Sería engañarnos y eso no está bien a nuestra edad


(El Amigo se tambalea, dejando caer el papel)


PADRE:
¿Qué le pasa? (Lo sostiene)

AMIGO: Nada, ya estoy bien... (Toma nuevamente el papel y lo relee. Se tambalea nuevamente)

PADRE:
Pero... ¿qué es lo que le pasa?

AMIGO:
Son estos párrafos: "me voy apretando sobre mi corazón este pañuelito de encaje..." (Le da el papel) Tome su carta... ¿Qué necesidad hay de llegar a tanta crueldad?

PADRE:
Sí... Es hielo para el corazón de un padre...

MADRE:
Es una brasa ardiente que quema las entrañas de una madre... (Llora)

AMIGO:
(Pausa) Los comprendo ahora

MADRE:
(Al Padre) ¿Que nos comprende ahora, dice?

PADRE:
Sí (Al Amigo) Gracias, necesitamos comprensión

MADRE:
(Pausa. Se acerca al Amigo. Le acaricia las mejillas) Si hubiésemos tenido otro hijo, sin duda hubiéramos querido uno parecido a usted (Al Padre) ¿Miento?

PADRE:
(Sonríe compasivamente) ¿Mentiste alguna vez?

MADRE:
Pero solo tenemos una hija y...

PADRE:
Querida... Teníamos, debés decir, de ahora en más

MADRE:
Teníamos... Sí, tengo que empezar a olvidarla. No es facil. Ah, si todo el mundo comenzara a odiarla como se merece...

AMIGO:
Esa es una actitud justificada en una madre. Pero comprendan que mi caso es otro. A mí me ama

MADRE:
Ayer tambien lo creíamos nosotros, pero hoy...

AMIGO:
(Pausa. Incómodo) Lo dice el papel. No lo digo solo yo. Elige vivir a mi lado ¿Les queda alguna duda?

PADRE:
Hijo... pero si recibir una carta como esa habría sido para mí... como si el corazón se me reacomodara en el lugar más tibio del cuerpo
AMIGO:
Ella y yo, para siempre

MADRE:
(Pausa) Siempre y cuando no haya equivocado las cartas a la hora de ensobrarlas

AMIGO:
¿Qué dice?

MADRE:
¿Ella está en su casa, ahora?

AMIGO:
No...

MADRE:
¿Dónde está? ¿Dónde está mi hija, ahora?

AMIGO:
No sé... Pensaba encontrarla aquí, como todas las mañanas, despues del desayuno

MADRE:
(Al Padre) Cuanto cariño... cuanto amor recibo en esta casa, dice en la carta ¿De qué casa hablaba así?

PADRE:
De nuestra casa

AMIGO:
No... Es una locura lo que está pensando

PADRE:
Pero sintió un ligero desmayo al leer nuestra carta. ¿Por qué?
MADRE:
Como si esas palabras hubieran sido dirigidas a usted

AMIGO:
No, no hubiese querido recibir eso, es cierto, pero eso no quiere decir que... (Pausa) ¿Qué locura es esta? Ella nunca me diría esas cosas, señora... Conocen mis modales. Soy una persona muy correcta, muy medida...

MADRE:
(Señalando la carta del Amigo) Esa carta... démela

AMIGO:
No

MADRE:
(Al Padre) Ahora sí está claro en mi cabeza. No quería preocuparnos por su momentánea ausencia durante el desayuno. Escribió esa carta para seguir demostrándonos su amor y su confianza como lo hacía día a día

AMIGO:
Tambien a mí, en esa cocina, todos los días me demostraba su amor, a escondidas de ustedes. Lamento decirles esto, pero no estaban al tanto de todo lo que pasaba en esta casa.
MADRE:
No tengo necesidad de vigilar a una hija en la que deposito toda mi confianza. Sabemos muy bien lo que pensaba de usted y de todo el mundo

AMIGO:
Ayer mismo, señora, me arrojó contra los azulejos y me hizo prometer que nunca la dejaría. Si no se lo prometía, era capaz de cualquier cosa.

MADRE:
Ayer no se separó del lado de su madre en todo el día (Al Padre) ¿Miento?

PADRE:
Es cierto. Nunca mentís

MADRE:
Por eso no está aquí, sabía que él hoy también vendría como todas las malditas mañanas y no quería encontrárselo... (Mira su carta) porque esa carta... (Le saca la carta de la mano al Amigo y le entrega la suya) Cada cosa en el lugar que le corresponde

AMIGO:
¿Qué hace?

MADRE:
No está tan seguro ahora ¿no? Hace bien, hace bien.

AMIGO:
(Para sí) ¿Cómo puedo dudar así de lo que hasta hace unos minutos me trajo hasta aquí?

PADRE:
¿No fue lo suficientemente amable con ella?

MADRE:
Uno cosecha lo que siembra (Al Padre) De su boca nunca salió un elogio para él. Se ve que no lo tenía en un buen concepto

AMIGO:
Devuélvame esa carta

MADRE:
No le corresponde

AMIGO:
Señora, los abandonos se calculan hasta el mínimo detalle. No se deja nada librado al azar. Mire con que cuidado dobló cada carta. Habrá revisado una y mil veces que papel ponía en cada sobre. Deme esa carta, por favor

MADRE:
(Gritando) Empieza a disgustarme como antes.

PADRE:
Calma, calma...

AMIGO: Sí, tengo que tranquilizarme. No van a poder conmigo ¿Cómo llegué hasta aquí? Feliz. Me sentía feliz cuando entré a esta casa. Eso es lo que pasa en realidad, no esta pesadilla que quieren hacerme creer.

MADRE:
Mi esposo lo oyó llorar detrás de la puerta

AMIGO:
Idiota de mí. LLoraba de felicidad porque iba a presentarme como novio a mis padres políticos. La carta, démela

MADRE:
Mire mis ojos. Yo estoy más segura que usted.

PADRE:
Ah... Yo querría estar seguro en este momento. Necesito la plena seguridad de que mi hija aún ama este hogar y que es a usted al que desprecia

AMIGO:
Ni lo piense. Martina vive feliz solo desde el día que me crucé en su camino. Su vida era un martirio en esta casa

MADRE:
(Al Padre) Hacelo callar, hacelo callar (Al Amigo) Nadie la quiere como nosotros. Nunca nadie la podrá querer como nosotros

AMIGO:
(La enfrenta, gritando) Mentira, mentira...

PADRE:
Basta... por favor... (Al Amigo) No es la forma. Por lo visto se cree en el derecho de pensar que solo usted tiene razón

AMIGO:
Mi carta es prueba suficiente.

MADRE:
Lo siento. Su carta es nuestra carta, ahora


(El Amigo se abalanza sobre la carta que tiene la Madre)


PADRE:
(Deteniéndolo) No... ¿qué intentaba hacer? Por favor, mire nuestros cuerpos. No se aproveche de su juventud y su fuerza.

AMIGO:
(Calmándose. Larga Pausa) Tiene razón. No sé que iba a hacer. Perdón señora. Estoy un poco nervioso, dije cosas indebidas

MADRE:
Ya lo creo que sí. Si ella estuviera aquí...


(Golpean la puerta de calle. Amigo se abalanza a abrir. Entra Amiga)

MADRE:
(Madre va corriendo a abrazarla) Querida, por fin alguien que puede decir cuanto cariño recibía nuestra hija

AMIGA:
(Señalando al Amigo) ¿Qué hace aquí? ¿Qué es lo que pasa en esta casa? (Va a la pieza de Martina y vuelve) Martina no está en su habitación ¿Dónde está?

MADRE:
No sabemos. Solo sabemos que nos quiso dejar esta carta por la mañana

AMIGA:
¿Una carta?

MADRE:
Sí, y hay quién todavía insiste que... (Le alcanza el papel)

AMIGO:
No, esa carta fué escrita para mí

MADRE:
Cállese, nadie conoce a una hija mejor que su madre

AMIGO:
(A la Amiga) Será mejor que lea esto primero. Es el papel que les dejó a ellos (Le da tambien su papel para que lo lea)

MADRE:
(Al Amigo) Sepa que siempre que nos hablaba de usted no podía evitar de hacernos un gesto desagradable con la lengua que no tengo porque repetir en este momento

AMIGA:
(Casi a punto de desmayarse) Ah...

PADRE:
¿Qué le pasó? Sosténgase de mí

AMIGA:
(Recomponiéndose) Ya estoy bien... Es que de pronto me faltó el aire. (Sonríe nerviosamente) Sentí mi cuerpo cayendo al vacío, destrozando una debil telaraña tejida con la ingenua presunción que podía soportar el peso del mundo entero (Temblando, sostiene la carta con dos dedos) Nadie puede hacerse ilusiones despues de haber recibido eso (Le da la carta al Amigo. Se abraza a la Madre) No la quiero tener en mi poder ni un minuto más. Y pensar que al recibir mi carta...

MADRE:
¿Vos tambien recibiste una carta de Martina?

AMIGA:
Sí... Abráceme usted tambien, mamá

MADRE:
¿Mamá? (Al Padre) ¿Qué significa?

AMIGA:
Perdóneme. Permítame en este día llamarla mamá. Yo ya sé que no lo es, pero hay momentos en que solo una madre puede calmar tanta incertidumbre

MADRE:
¿Pero por qué tanto nerviosismo? Tus manos no paran de temblar

AMIGA:
¿Es malo ser conformista?

MADRE:
Claro que no, querida

AMIGA:
(La besa) Gracias, gracias. Pensar que vine a pedirle explicaciones a Martina por tanto misterio en mi carta ¿Qué habría sido de mí, si esa carta hubiera sido la mía? (Toma la carta que trajo el novio) En cambio esta...

MADRE:
(Le saca la carta de la mano) Esta carta es nuestra

PADRE:
(A la Amiga) ¿Pero qué dice su carta?

AMIGA:
Es muy extraña. Escuchen todos: (Saca y lee la tercer carta) "Sitio es este, que no impide que mis actos los realice con total libertad, lo que debería permitir que toda joven como yo se sintiera conforme ¿Pero estaría verdaderamente a gusto aquí, si me quedo? o ¿no extrañaría el inconfundible aroma de esta casa si me voy? No lo sé. Martina".

PADRE:
Es muy oscura

AMIGA:
Sí, pero su confusión frente a lo que siente es muy clara, muy precisa

MADRE:
Pero no se puede afirmar nada. En cambio mi carta...
AMIGO:
Esa es mi carta

MADRE:
Ya es hora que vaya aceptando su destino, la suya es la que ahora tiene en la mano, es el despreciado de la historia

AMIGO:
Pero si usted dice que hubo un error en las cartas ¿Por qué no piensa que debió haber recibido la de ella y no la mía? Y que ella es la que merecía esto...

AMIGA:
¿Error? (Sonríe nerviosamente) Hablan de un error con una liviandad que me espanta ¿Esa carta para mí? ¿Por qué?

AMIGO:
¿Por qué no? Miremos las tres cartas. Las tres son idénticas. Dobladas de la misma forma. Es cierto. Pudo haber una equivocación

AMIGA:
(Pausa. Al Padre) Ustedes... ustedes me conocen ¿Por qué Martina iba a querer enviarme esa nota a mí?

PADRE:
Tranquila...

AMIGA:
Pasé toda mi infancia en esta casa jugando ¿Se acuerdan? Siempre tenía miedo de irme sola y me fuí quedando y quedando... (Implora a la Madre) Señora, por favor...

MADRE:
(Pausa) Sí. Eran como hermanas, es cierto

AMIGA:
Si para mí no existe otro hogar que no sea este ¿O yo no era como una hija más para ustedes? (Al Padre) A veces, hasta nos confundían

PADRE:
Eso era cuando pasaban mucho tiempo juntas, siempre pegadas como gemelas sin separar.

MADRE:
Es cierto, siempre una encima de la otra

PADRE:
(A la Madre) ¿Te acordás? Teníamos que correrles un poco el pelito de la cara para saber quién era quién. Ahí nos dábamos cuenta enseguida

AMIGO:
Pero tambien le faltó el aire al leer la carta

AMIGA:
Es que es una carta... (A la Madre) Por favor...

MADRE:
(Pausa. Al Padre) ¿Ahora debemos creer en todo el mundo? No lo sé... Ya no lo sé

AMIGA:
(Pausa) Desconfían de mí (A la Madre) Sepa usted que no estaba enterada de todo lo que hacía su hija

PADRE:
A la madre le contaba todo

AMIGA:
¿Les contó que soñábamos vivir las dos solas en una misma casa?

AMIGO:
A mí no me contó eso

MADRE:
(Al Amigo) Usted, cállese. Es una mentira

AMIGA: ¿Por qué? ¿Dos mujeres solas no pueden encontrar la felicidad, tambien?

MADRE:
(Al Padre) ¿Qué tengo que escuchar? ¿Qué pretende hacernos creer esta criatura, por Dios?

AMIGO:
Ah... mi vida no había sido complicada hasta este momento. Les juro que mis conversaciones con Martina fueron simples y correctas. Nunca me atreví a otra cosa, creí que portarme bien era suficiente para no estar solo, pero ahora... siento que los tiempos cambian (Cambia su carta por la de la Amiga)

AMIGA:
(Quemándole la carta en sus manos) No, ¿qué significa esto?

AMIGO:
Si hubo un error en las cartas prefiero al menos la que me dé una esperanza, aunque sea remota

AMIGA:
No, yo sabía. No debería haber venido aquí. Tonta de mí. Tendría que haberme quedado en mi casa, esperando que Martina golpeee mi ventana, como todas las tardes

MADRE:
Ella no va a volver por tu casa. Jamás

AMIGA:
Cállese.

MADRE:
Ya hace tiempo que no soportaba verte

AMIGA:
Martina me admira, se copia mis gestos...

MADRE:
Pero, ¿qué decís? Vos intentabas a toda costa que mi hija se te pareciera, desde muy chica, pero, no hay nada que hacer, ella tiene el temperamento de la madre

AMIGA:
Es hora que se entere. En mi casa, su hija me hace sacar los vestidos del ropero y se los pone uno por uno, para parecerse a mí.

MADRE:
Tu cuerpo es distinto al cuerpo de Martina. Todos los cuerpos de las mujeres del mundo son y serán distintos al de mi hija. Martina es esbelta, espigada, es un arbolito verde y fresco, injertado en el pantano de la envidia ¿Queda claro? Siempre tuviste celos del cuerpo de mi hija. Lo observabas con una dureza que daba miedo. No te creas que no me daba cuenta

AMIGA:
¿Qué dice?

MADRE:
¿Qué te creías? Cuando se encerraban las dos a jugar y me dejaban afuera, yo me apoyaba de espaldas en la puerta del cuarto. Las madres tenemos un ojo especial en la espalda.

AMIGA:
Miente, miente... En esta casa, nunca pudimos jugar a solas... Nadie vaya a creerle lo que está diciendo.

MADRE:
Ella te sentía una amiga peligrosa (Al Amigo) y a usted tambien, a todos. Me lo decía cada noche antes de dormirse. Quería estar solo con su madre (A la Amiga) Nunca la miraste como se debe mirar a una buena amiga, no señor, y ella se daba cuenta

AMIGA:
Yo la miraba con estos ojos claros, sinceros, que ustedes ven ahora enrojecidos de dolor por lo que tengo que escuchar. No... ella nunca podría escribirme algo semejante. Ni puedo tener en mis manos este papel.

MADRE:
(Riendo) Vas a tener que acostumbrarte

AMIGA:
Hay tres cartas y alguien debe ser el perdedor. Estoy segura que no soy yo

MADRE:
Ni nosotros


(La Amiga le arrebata la primer carta a la Madre)


MADRE:
No, esa carta no

AMIGA:
Lo siento, no me culpen por hacer esto. Les estoy muy agradecida porque a veces me trataron mejor que mis padres, pero quiero esta carta para mí.

AMIGO:
(Intercepta a la Amiga y cambia su carta por la de ella. Riendo de felicidad) Ahora todo está volviendo a la normalidad

(Amiga intenta recuperar su carta. La Madre hace lo mismo. Pelea general. Las cartas van quedando destrozadas. Todos se revuelcan intentando reconstruir pedacitos de la primera carta. De a poco la imposibilidad de reconstruirla los va calmando)

PADRE:
Miren... ¿De qué nos sirvió? A nadie le queda nada. Estamos aquí sin las cartas, sin Martina...

(Golpean. Todos quedan paralizados)

MADRE:
Es ella. Ahora sí ¿Quién más...?

(Golpean nuevamente. Madre corre a abrir. Entra el cartero con un pañuelo en una mano y una valija en la otra)
MADRE:
¿Quién es usted? (Cartero le muestra el pañuelo) ¿Trae algo para una madre? Déme eso (Arrancándoselo de la mano, se anticipa al Amigo y a la Amiga. Se apoya el pañuelo en el pecho. Pausa) Sí, mi corazón dice que es el pañuelo de mi hija

CARTERO:
Es un alivio para mí, señora ¿Podría sentarme? Hace horas que vengo tratando de encontrar esta casa. No sabía dónde tenía que entregarlo. Míren bien. Hay un mensaje escrito en ese pañuelo.

AMIGO:
¿Mensaje? (A la Madre) Léalo

MADRE:
(Abre el pañuelo y lee) "Tres cartas ayer escribí. Con cuidado, las doblé y metí cada una en su sobre. Pero un instante después de arrojarlas al buzón, me pregunté: ¿Habré puesto realmente cada carta en el sobre correcto? (Pausa) Sí, no hay posibilidad de duda, ya soy una mujer madura..." dice... (Pausa. Deja caer el pañuelo)

AMIGO:
¿Escucharon todos? Eso significa que... mi carta era... (Busca entre los pedacitos del suelo)

AMIGA:
(Tomando el pañuelo. Sigue leyendo) "Pero inmediatamente me volví a preguntar: sin embargo, ¿si estoy tan segura, por qué me pregunto esto ahora?... Porque solo soy una mujer que duda en este crucial momento de su vida" (Cierra el pañuelo) Firma... Martina...

MADRE:
¿Qué decís? ¿Entonces, cree que pudo haber cometido un error...? (Al Padre) Querido, nuestra carta era entonces...

AMIGA:
O la mía... (Se abalanzan a buscar los pedacitos de papel)

PADRE:
(Al Cartero) ¿Por qué tenía usted el pañuelo de mi hija?

AMIGO:
Va a ser mejor que diga de dónde la sacó.

CARTERO:
A eso vine. A traer un poco de tranquilidad a esta casa ¿Me puedo sentar ahora?
MADRE:
¿Quién es usted?

CARTERO:
Soy su cartero, señora, el que cada día les entrega la correspondencia

MADRE:
¿Nuestro cartero?
CARTERO:
Sí. No pueden reconocerme porque estoy sin el uniforme reglamentario, claro (Pausa) ¿No me creen? (Pausa)

AMIGO:
Va a ser mejor que diga la verdad ¿Dónde está Martina?

CARTERO:
Déjenme explicar. Todo empezó esta madrugada. Cuando estaba preparándome para mi día de trabajo, escuché unos ruidos en el galponcito que tengo en el fondo de casa. Es dónde guardo mi vieja bicicleta, con la correspondencia ya preparada para repartir. Me extrañó mucho que a pesar de los ruidos ningún perro ladrara, ¿no?... (Pausa. Sonríe) Antes necesito contarles algo que me hace sentir muy orgulloso. Es solo un minuto ¿Podría? (Al Padre) ¿Tienen perros aquí, señor?

PADRE:
No

CARTERO:
Yo sí. Tengo cinco perros adorables que me ayudan siempre en mi trabajo, hacen más llevadera mi miserable vida de cartero. Son todos negros, todos de ojos brillantes y todos tienen la boca entreabierta así (Muestra sus dientes) ¿Se los imaginan? Los cinco iguales. Solo yo puedo diferenciar uno del otro. Nadie más puede. Hay uno que siempre es el más remolón del grupo, cuando hay que ponerse a trabajar, otro tiene ciertas costumbres nocturnas que heredó de su padre, hay uno siempre con sueño cuando hay que seleccionar las cartas, otro se suele desvelar cuando no encontramos el domicilio correcto, pobre, y ladra y se entristece como si le arrancaran el corazón, y el quinto no, el quinto es docil... muy docil... pero cuidado, no hay que confiarse, solo con quien respeta y reconoce, es decir su amo. Pero todos, como dije antes, de ojos brillantes, lo que es indicativo en un perro negro de boca entreabierta, que es un buen guardián. Para eso están, para eso los ato todas las noches al lado de mi bicicleta, para que cuiden las cartas (Pausa) Sin embargo, esta madrugada algo pasaba en ese galpón, pero no se escuchaba ni el mínimo gruñido ¿Qué hace la gente en esa situación, teniendo cinco perros guardianes? Va a ver que pasa (Pausa) Yo me acerqué despacio y me asomé a una ventanita del cuartito... Y ahí dentro la ví (Pausa) Casi una niña, pelo castaño, revuelto... de estatura mediana...

MADRE:
Mi hija... ¿en su casa?

PADRE:
¿Pero que hacía ahí?

CARTERO:
Ustedes son los padres. Ustedes deberían conocer las costumbres nocturnas de esa jovencita (Pausa) Se los voy a decir. La niña estaba metiendo sus manos en las bocas babeantes de mis feroces perros negros

PADRE:
¿Qué dice?

CARTERO: Lo que escucha. Por eso ninguno podía ladrar y avisarme que alguien andaba por ahí. Con esa carita dulce... ¿Quién la hubiese creído capaz?

MADRE:
No puede ser... con el terror que siempre le tuvo a los animales...

CARTERO:
Sin embargo, señora, le aseguro que esas manitos iban de uno en uno, con una rapidez, con una gracia que daba miedo. Pobrecitos. Eso es muy doloroso para ellos. Debe ser como tener una sanguijuela dentro de la boca (Mirando fijamente a los ojos de la Madre) Alguien le tuvo que haber enseñado esa forma dañina de apretar las lenguas de los perros, porque si no...

MADRE:
¿Qué dice? (Al Padre) Hacelo callar, hacelo callar

CARTERO:
Fué muy feo para mí tener que presenciar eso. Los cinco en fila y sus ojitos preguntando ¿qué hicimos nosotros para tener que sufrir así?

AMIGO:
No, no puede ser verdad. Pero si los perros en la calle saltan de alegría cuando ella se les acerca.

CARTERO:
(Al Amigo) ¿Me quiere decir que estoy mintiendo?

AMIGO:
¿Y por qué tendría que creerle?

CARTERO:
Mis animales estaban sufriendo, los conozco como si fuesen mis hijos (Pausa. Lo toma de las solapas) Quizás a usted, ahora mismo tendría que hacerle algo parecido en esa lengua a ver si deja de hablar un poco.

AMIGO:
(Soltándose) ¿Qué hace? Déjeme

CARTERO:
No le debe gustar, ¿no?... Bueno, a mí tampoco me gusta que se lo hagan a mis perros. Y todo para que no pudieran avisarme que ella estaba ahí ¿Pero qué está haciendo con esas manos, señorita, que está haciendo, por Dios? La tuve que agarrar de los pelos para alejarla de mis animales y...

PADRE:
Basta (Pausa) Basta...

CARTERO:
(Pausa) Están dudando de lo que digo. Me doy cuenta. Todos. (Señala al Amigo) Usted me mira feo

AMIGO:
Es que habla de ella como si fuera, no sé...

MADRE: (Al Cartero) Sepa que a ella no le gustaba meterse en las casas de los extraños, señor. No es capaz de ir a ningún lado sola (Al Padre) ¿Miento?

PADRE:
No, querida

MADRE:
¿Por qué iba a meterse, entonces, en el galpón de un desconocido y lastimar a esos pobres animalitos? Debe estar equivocado

CARTERO:
(Pausa) Les cuesta creer lo que están escuchando... Pero les traje ese pañuelo. Mírenme bien... Soy el cartero. Todos me conocen, me ven pasar por la calle siempre sonriendo... soy confiable, servicial... atento (Pausa. Comienza a irse)

MADRE:
¿A dónde va?

CARTERO:
No me gusta cuando se duda de mí. Ya tienen su mensaje

AMIGA:
(Se apoya en la puerta de calle, cortándole el paso) Espere...

CARTERO:
¿Qué significa esto?

MADRE:
Entienda, señor, que lo que cuenta nos pone un poco nerviosos

AMIGA:
Necesito que alguien me diga, por favor, qué hacía a esas horas de la madrugada... (Al cartero) ¿qué buscaba en su casa, que no pudiera encontrar en la mía?

CARTERO:
(Pausa) La señorita quería sacar de mi bolso tres cartas que ayer había escrito para comprobar si estaba cada una en el sobre correspondiente "Nunca más podré ser feliz si no me deja revisarlas", me decía, llorando. "Si es que cometí un error tengo que remediarlo ahora que todavía estoy a tiempo" ¿Se puede entender?

AMIGA:
Entonces sufría...

CARTERO:
Tambien había hecho sufrir a mis cinco perros. No fué capaz de golpear mi puerta y pedirme por favor, como haría cualquier persona... Yo la hubiera llevado al galponcito. Con gusto le hubiese dejado sacar sus cartas y así evitar...

AMIGA:
(Interrumpiéndolo) Pero supongo que usted habrá comprendido que en una situación desesperada como esa...

CARTERO:
Es mejor que no suponga nada de mí, señorita (Pausa) Por favor, entiéndanme, ustedes a mí, tambien. Soy un hombre de poca educación, sin familia, que vive solo para sus perros. (Pausa) Ellos habían sido los danmificados, así que pensé que lo mejor era que los perros se encargaran de la situación.

AMIGO:
Está bromeando

CARTERO:
¿Broma? (Al Padre) ¿A usted le parece que es broma lo que estamos tratando? ¿Se creen que es facil para mí venir a contarles esto?

AMIGO:
¿Pero, cómo un perro...?

CARTERO:
La dejé encerrada en el galponcito con los perros, con los cinco

MADRE:
¿Encerrada? ¿Cómo, que la dejó encerrada? ¿Con qué derecho...?

CARTERO:
Sí, sí, sé que no tengo perdón. La dejé encerrada y me fuí a hacer el reparto. Pero que momentos feos pasé, señora. Pedaleaba, pedaleaba, y cuanto más trataba de alejarme de mi casa, más fuerte escuchaba esos gritos dentro de mi cabeza. Nunca hice el reparto con tanto nerviosismo. Me sentía inmensamente culpable ¿Se dan cuenta? A la vuelta, bajo el sol del mediodía, mi corazón me pedía que apurara el pedaleo, presagiando lo peor...

PADRE:
Dios mío ¿Qué es lo que viene a decirnos? ¿Qué encontró? Dígalo de una vez

CARTERO:
(Pausa. Sonríe) No sé, ni sabré nunca lo que pasó dentro de ese galponcito durante mi ausencia, pero no tenía ni un rasguño. Estaba sentada en un rincón del patio. Solo tenía la ropa un poco desgarrada. El remolón, le lamía una pierna. Los demás por ahí... Ella, con ese pañuelo en el pecho. Me acerqué. Me miró a los ojos, alargó su mano, me sonrió... Llévelo, por favor... Leí el mensaje y... (Pausa) Me destrozó el corazón

MADRE:
Mi niñita...

CARTERO:
Después de lo que había tenido que soportar por mi culpa, ¿qué menos podía hacer yo que entregarlo? ¿Dónde? ¿A qué dirección?... Pero, no dijo una palabra más... cerró su boca, y así se quedó, sentada en el patio... (Pausa) Así es que pasé toda la tarde tratando de encontrar el destinatario de este mensaje (Sonríe) pero por suerte... (Pausa) Eso es todo (Pausa. Intenta irse)

PADRE:
(Impidiéndoselo) ¿Pero por qué está aquí diciéndonos estas cosas? ¿Qué es lo que quiere que hagamos?

CARTERO: ¿Hacer? Creo que nada pueden hacer por ahora, solo tienen que esperar que decida regresar

AMIGO:
(Va hacia la puerta) No me voy a quedar de brazos cruzados

CARTERO:
Si piensa ir a mi casa debo recordarle que no sabe dónde queda

AMIGO:
Lo voy a seguir cuando salga

CARTERO:
Puede estar muy lejos para usted

AMIGO:
No me importa

AMIGA:
A mí no me da miedo. Yo voy a ir, también

MADRE:
También nosotros. Iremos adelante de todos (Al Padre) Tenemos que ser los primeros en encontrarla

CARTERO:
¿Pero no comprendieron todavía porque estoy aquí? Yo vine para que ustedes no se preocuparan por su ausencia y...

MADRE:
Mi hija necesita ver a su madre, lo presiento

CARTERO:
Señora... ¿Cree que ella puede recibirla, ahora? Esa niña soportó estar encerrada durante horas con mis feroces perros... y nada... Leyeron ese mensaje. Solo le atormenta no haber podido revisar sus sobres. No va a poder resistir mirar a los ojos de la persona que ama, si con una de sus cartas la hizo sufrir ¿Y a quién ya no significa nada en su vida? ¿Y si a la persona que no desea volver a ver nunca más, quizás, hoy por la mañana le envió, por un descuido, la carta que le asegura su amor? No podrá soportarlo todavía. Lo ví en sus ojos

MADRE:
¿Le preocupa eso, ahora, después de haber sometido a nuestra niña a semejante situación? Mi esposo tendrá que encargarse de usted.

CARTERO:
No me torture más, señora. Me equivoqué, pero luego hice todo lo que pude para reparar mi falta... No quisiera equivocarme de nuevo. Yo mismo la voy a traer cuando ella me lo pida, se lo prometo. Solo hay que darle un poco de tiempo.

AMIGA:
Tendría que haberle dejado revisar las cartas. Todo esto se podría haber evitado y ahora sabríamos la verdad... Amarga para algunos, dulce para otros

AMIGO:
(Al Cartero, amenazante) ¿Se da cuenta de que, en este momento, usted se merecería que yo lo haga sufrir como usted la hizo sufrir a ella? Mire mis brazos

CARTERO:
Basta ¿Hasta cuando van a martirizarme? Soy una persona que también sufre. No tiene perdón lo que hice, ya lo sé. No quiero justificarme, pero comprendan también lo que sentí cuando la ví a la madrugada retorciéndole la lengua a mis perros, comprendan lo que significan esos perros en mi vida (Al Padre) ¿Tienen perros aquí?

PADRE:
Ya le dije que no

CARTERO:
Deberían tener algunos, son muy buena compañía, cuando uno está solo tanto tiempo (Mira la mesa) ¿Aquí desayunaba con ustedes?

MADRE:
Sí, ahí se sentaba mi hija

CARTERO:
¿Té con leche y dos tostaditas?

MADRE:
Sí, con un poquito de... (Pausa) ¿Cómo adivinó?

CARTERO:
(Pausa) Ah... Había pasado tanto tiempo que casi no recordaba. En un tiempo tambien se sentaba alguien en mi mesa a desayunar. Era una niña, también (Pausa) Sí, eso desayunaba. Pero un buen día se fué (Sonríe) Lo había olvidado (Pausa) ¿Cómo me dijo que se llamaba su hija?

MADRE:
Martina

CARTERO:
Martina... (Pausa) No... no se llamaba así la niña de la que yo hablo (Pausa) Es inútil, no recuerdo el nombre (Va hacia la puerta de calle. Se detiene) Mis perros son un poco brutos. Le desgarraron un poco la ropa

MADRE:
Ya lo dijo

CARTERO:
(Pausa) ¿Podría darme un abrigo para ella?

(Pausa. La Madre va a la habitación. Vuelve con un tapado. Se lo da al Cartero que lo mete en la valija)

CARTERO:
Gracias, con esto alcanzará. Le va a hacer falta si quiere volver esta misma noche. Parece que va a bajar la temperatura, ¿no?

MADRE:


(Pausa. Cartero se encamina a la puerta)
MADRE:
Espere... ¿Mi hija no le anticipó, en algún momento... para quién de nosotros tenía que haber sido cada carta?

PADRE:
(Pausa) Si lo sabe, dígalo

CARTERO:
No... lo lamento

MADRE:
¿Tampoco se lo preguntó?

CARTERO:
No. Yo no podía saber la importancia que tenía eso para ustedes.

MADRE:
(Pausa) Claro


(Pausa. Cartero se va)


AMIGA:
(Larga Pausa. Al Padre) ¿Volverá hoy Martina, a decirnos, por fin, a quién pertenecía cada carta?

PADRE:
No lo sé

MADRE:
(Al Padre) Vamos a tener que ser más comprensivos con nuestra hija, cuando regrese. Pasó por un momento difícil así que nada de preguntas odiosas. (Al Amigo y Amiga) Primero va a tener que descansar y recuperar fuerzas (Al Padre) Todo tiene que volver a estar en su sitio. Voy a prepararle la habitación como le gustaba, no olvidarnos de colgar su ropa perfumada, ni de su vaso de agua bajo la carpetita...

AMIGA:
(Interrumpiéndola) No se adelante. Si vuelve aquí es solo porque se enterará que estamos reunidos, esperándola, no porque haya decidido quedarse con ustedes. Yo voy a esperarla porque ya sé cual será su elección

MADRE:
Querida, pero si tus manos tiemblan todavía

AMIGA:
Mis manos van a tener que empezar a calmarse ahora

MADRE:
Las de la madre están serenas. Miren

AMIGO:
Yo soy el único que no tiene dudas aquí. Me iría si tuviese la mínima duda

MADRE: Usted cállese (Pausa) Yo les pediría ya mismo, a los dos, que abandonen mi casa si mi intuición no fuera la mejor para mi esposo y para mí ¿Entendido? (Al Amigo) Pero siéntese por ahí ¿No pretenderá esperar parado? La espera puede resultarle larga.

AMIGO:
Yo solo quiero fijar mi mirada en esa puerta

MADRE:
Como quiera, pero le aviso que también los ojos de esta madre, mientras resista, estarán clavados en la puerta (Pausa. Va hacia la habitación con un vaso con agua. Se detiene. Al Padre) Es extraño, pero todavía no puedo asociar a este hombre con la persona que siempre trajo las cartas a esta casa.

PADRE:
(Pausa) Quizás si hubiera tenido puesto el uniforme...

MADRE:
Quizás (Pausa) Sí, él mismo lo dijo. Debe ser eso, porque así, realmente... no parecía el mismo.

(Madre entra en la habitación de Martina. Larga Pausa. Sale corriendo de la habitación hacia la puerta de calle. Sale a la calle. Pausa. Entra, lentamente. Se sienta frente a la mesa. Mira a todos)

MADRE:
Que gracioso

PADRE:
¿Qué es lo gracioso?

MADRE:
Lo que digo siempre... ¿Hay que confiar en todo el mundo? ¿Qué había dicho ese hombre? Todos escuchamos perfectamente (Pausa) Antes de irse dijo que quería llevarse un abrigo, porque si Martina decidía volver esta misma noche iba a necesitarlo y... (Pausa) ¿Dijo eso o estoy volviéndome loca? Contéstenme, por favor

PADRE:


MADRE:
Bueno, andá a ver. La ventana de la habitación, que da a la calle, abierta de par en par y... (Padre corre a la habitación. Pausa. Para sí) Yo pensé, ¿cómo voy a negarle un tapado para Martina si ella va a necesitarlo y...? (Pausa. Al Amigo y a la Amiga) Alguien se llevó casi toda la ropa de Martina

AMIGA:
¿Cómo? ¿Su ropa?

AMIGO:
¿Pero, cuando?

MADRE:
Recien. Tuvo que haber sido... (Pausa) No lo entiendo. Hace unos minutos cuando entré a buscar el tapado, estaba todo acomodado en los cajones, en las perchas, en los armarios, como siempre, y ahora... ¿Pueden creerlo? Los estantes vacios... los cajones por el piso como si... como si una jauría hubiese pasado... (Al Padre, que viene de la habitación) Cuando regrese... vamos a tener que... que comprarle... algo de ropa (Larga Pausa) Hace un poco de frío

AMIGA:
Sí (Pausa) Parece como si comenzara a bajar un poco la temperatura.
MADRE:
¿Cerraste las ventanas de su habitación?

PADRE:
Sí...

AMIGO:
Yo... creo que tendría que ir a mi casa a prender la calefacción para mis padres

MADRE:
(Pausa) ¿No va a esperar a que ella regrese? (Sonríe) Que tonto ¿No era que sus padres no contaban en su vida? Conteste

AMIGO:
(Pausa) De todas maneras...

MADRE:
Que tonto, que tonto

AMIGO:
Volveré en unos minutos, o tal vez tarde un poco más... (Se va, lentamente)

MADRE:
Ah, juventud, juventud. Mírenlo. Primero dice amar desesperadamente a nuestra hija, hasta parecía que iba a morir si no... (Pausa) Y de pronto olvida todo como... como... (Pausa) Mejor, mucho mejor, nunca me cayó del todo bien ese muchacho (A la Amiga, señalándole un lugar en la mesa) Vos sentate ahí. Hay que hacer un esfuerzo. Acomodarnos como podamos (Pausa. Ella no se mueve. Pausa. A la Amiga) Ponete ahí, te dije (Pausa. Tiernamente) ¿Querés comer algo?

AMIGA:
No... También yo... No querría preocupar a mis padres. No saben dónde estoy. Salí apurada, sin avisar...

MADRE:
(Pausa) ¿Te vas a ir, también? (Pausa) Por mí te podés ir y no volver nunca más (Amiga sale. Madre, asomándose medio cuerpo al exterior) ¿Pero no se dan cuenta que en cualquier momento, Martina aparecerá y...? (Pausa. Entra) Mejor así. Par de tontos (Pausa. Buscando) ¿No viste la carpetita gris de lino? ¿Estaría también en la pieza?... (Pausa. Suspira) Un par de tontos (Observa la casa) Hoy tuvimos un día tremendo, mirá la casa dada vuelta (Cae vencida en una silla. Pausa. De pronto comienza a reir a carcajadas) Estoy pensando, que quizás todo se trate de una tremenda confusión. Escuchá, pudo pasar así... quizás ese hombre no se parecía a nuestro cartero, porque en realidad no era nuestro cartero. Golpeó aquí creyendo que esta era la casa que buscaba... y no... Ese mensaje era para, no sé... otra familia... A cualquiera le puede pasar, ¿no? Claro que sí... claro que sí (Pausa) Y quizás en cualquier momento nuestro cartero, el de siempre, en el que depositamos toda nuestra confianza, pase una carta de Martina, solo para nosotros, ¿eh?, para sus padres, por debajo de nuestra puerta y... (Pausa) Porque, realmente, decime... esa historia de esa niña metiendo las manos en las bocas de, no sé que infernal cantidad de perros feroces y... y malolientes seguramente, como si nada pasara... realmente... (Sonríe) No, es imposible que una madre no reconozca a su hija... (Pausa) Bueno, parece que ya no hay nada que hacer. Realmente comienza a hacer frío. No esperemos gran cosa tampoco. Esta casa siempre fué fría y oscura. Y hoy se nota que realmente va a hacer frío. Fué una verdadera suerte enviarle a Martina ese abrigo por medio de nuestro carte... (Mira hacia la habitación. Se frena bruscamente. Larga pausa. Con amargura) La espera puede ser muy larga (Pausa. Toma el pañuelo. Tratando de recomponerse) Pero no, no y no... Yo, la madre, estoy segura que muy pronto por esa puerta... muy pronto, mi hija...

PADRE:
(Interrumpiéndola) Ya nadie puede estar seguro de lo que sucede ahí afuera... Nadie

(El Padre va hacia la puerta de calle y la cierra con llave. Lentamente, la madre hunde su cara en el pañuelo de su hija)

FIN
 
 

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